DEVOCIONALES

Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Resplandecerás!

Haz de Jesús el centro de tu experiencia diaria. Búscalo cada mañana antes de correr atrás de tus sueños. No vayas solo atrás del brillo. El brillo seduce, engaña y mata. Si no, pregúntale a la mariposa. Te responderá con sus alas heridas, con su dolor y con su muerte.

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga. Mateo 13:43

Cristian quería brillar. Como estrella en medio del cielo azul. Como explosión del firmamento en el despertar de la mañana. Brillar con luz propia. Ser aplaudido, aclamado, homenajeado. 

En sus interminables noches de delirio, se soñaba andando por las calles. Las multitudes corriendo atrás de él en busca de un autógrafo. Se imaginaba rodeado de chicas guapas, sonriendo para las cámaras, empañado por los flashes, agitando la mano para sus admiradores.

Y brilló. Su deslumbramiento fue corto. Estrella fugaz. Se apagó consumida por el tiempo.

¡Cuántas estrellas, como Cristian, brillaron en esta vida! Unas más, otras, menos. Aplaudidas, aclamadas, casi idolatradas. El tiempo las apagó. Hoy solo quedan recuerdos.

¡Tiempo! ¡Oh tiempo inexorable! Tiempo impiedoso, implacable, cruel. Nadie escapa de tus manos. Tu sombra avanza asustadora sobre cualquier mortal.

Pero el texto de hoy habla de un brillo que jamás acaba. Nada tiene que ver con aplausos, fama o dinero. Tiene que ver con vida y con justicia. Tiene que ver con el reino del Padre.

El reino del padre no es un reino material. No lo puedes ver ni tocar. Los sentidos no lo perciben. Es necesario mirarlo con los ojos de la fe. Fe es creer, confiar, sacar el pie del barco y colocarlo en el agua.

Para brillar en el reino del Padre necesitas salir del materialismo que te rodea. Debes abrir las alas y volar hacia la dimensión de los valores eternos. Está lejos de la carne, tiene que ver con el espíritu.

Pero ¿Cómo hacer todo eso más fácil, más comprensible, más humano?

Haz de Jesús el centro de tu experiencia diaria. Búscalo cada mañana antes de correr atrás de tus sueños. No vayas solo atrás del brillo. El brillo seduce, engaña y mata. Si no, pregúntale a la mariposa. Te responderá con sus alas heridas, con su dolor y con su muerte.

Hoy es un nuevo día. ¡Brilla! No te intimides delante de las nubes oscuras que te rodean, no retrocedas, avanza, lucha, trabaja, pero recuerda que, cuando esta vida acabe, solo “los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Limpio corazón

¿Qué pasa si colocas en tu mente, cosas buenas y cosas malas, al mismo tiempo? Tu mente deja de ser kataros. Se vuelve agua envenenada. Entonces, al llegar el momento difícil, el agua no calma tu sed. Está contaminada y puede provocarte la muerte.

Jesús desea lo mejor para ti. Quiere que seas feliz y camines diariamente sin temor. Por eso te aconseja a no contaminar la fuente de tu corazón.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Mateo 5:8

Eugenio cerró el libro que leía, una novela de crimen, sexo y sangre. Se levantó del sofá, frente a la hoguera, se dirigió hacia la ventana y la abrió para ver qué es lo que sucedía allá afuera. El perro ladraba con insistencia.

Su rostro, caliente por el ardor intenso de los leños, sintió el aire helado de la noche de invierno. Llamó a su perro, un pastor alemán. El animal se acercó al amo y volvió, ladrando, hacia el pequeño bosque del lado.

-¿Quién anda ahí?- 

El grito de Eugenio quebró el silencio de la noche. La única respuesta que obtuvo fue un fuerte gruñido del perro que corría, enloquecido acercándose al bosque.

Eugenio quedó por un momento estático pensando qué hacer. Sus ojos reflejaban miedo. Había oído tantas historias de asaltos y él estaba solo, aquella noche. Quiso entonces pensar en Dios, pero su mente, contaminada por la historia que estaba leyendo, solo daba lugar al miedo y su corazón temblaba. Involuntariamente, empezó a ver las escenas de violencia relatadas en la novela y se sintió más solo y desamparado que nunca.

¿Qué tiene que ver esta historia con el versículo de hoy? El texto habla de un corazón puro. Jesús dijo en el sermón del monte que los que tienen el corazón puro son felices. Eugenio no tenía el corazón puro en aquel momento. Acababa de colocar basura en su mente. Sus temores aquella noche, no venían del bosque, ni del ladrido desesperado de su perro, sino de su mente y de las escenas de horror y sangre que acababa de colocar en ella. Su corazón estaba contaminado y él no podía ver a Dios cuando más lo necesitaba.

La palabra puro en el original griego es Kataros, que significa entre otras cosas, “que no tiene mescla.” Como el aceite, que no contiene agua.

¿Qué pasa si colocas en tu mente, cosas buenas y cosas malas, al mismo tiempo? Tu mente deja de ser kataros. Se vuelve agua envenenada. Entonces, al llegar el momento difícil, el agua no calma tu sed. Está contaminada y puede provocarte la muerte.

Jesús desea lo mejor para ti. Quiere que seas feliz y camines diariamente sin temor. Por eso te aconseja a no contaminar la fuente de tu corazón.

Sal de casa hoy, dispuesto a colocar solo cosas buenas en tu mente. No lo olvides: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Sin sangre no hay remisión

Y fue eso lo que sucedió en la cruz del Calvario. El justo murió por los injustos, el santo, entregó su vida por los pecadores. Y el hombre no tuvo que hacer nada. Solo recibir. Por gracia, sin pagar nada.

Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Hebreos 9:22

Existen preguntas que el versículo de hoy, responde. ¿Por qué tuvo que morir Jesús? ¿Qué sucedió en la cruz? Para entenderlo necesitamos remontarnos al Edén. Dios le había dicho al ser humano que si desobedeciese moriría. Adán y Eva desobedecieron y por tanto deberían morir. No solo ellos. Todos nosotros. La biblia afirma que todos pecamos, que no hay justo ni siquiera uno y en consecuencia todos estamos condenados a la muerte. San Pablo dice que la paga del pecado es la muerte. No hay remisión de pecados sin derramamiento de Sangre.

El problema es que el hombre no quiere morir. Desea ser perdonado y continuar viviendo. Pero Dios y su palabra son eternos. Si su palabra declaró que el pecador debe morir, la muerte de pecador tiene que cumplirse. Pero el hombre no quiere morir, y Dios lo ama, y tampoco desea que muera.

Ahí aparece un dilema. La justicia divina demanda la muerte del pecador y la misericordia de Dios desea salvar al hombre. ¿Qué hacer? En ese contexto se levanta la persona maravillosa de Cristo. Él se ofrece voluntariamente. Viene a la tierra como ser humano. Era Dios, completamente Dios, nunca dejó de ser Dios, pero asumió la naturaleza humana. Fue hombre, completamente hombre y por los siglos de los siglos, nunca más dejara de ser hombre.

Al venir a esta tierra Jesús fue tentado en todo, pero sin pecado. Por ser Dios ya tenía la vida. Pero como ser humano, conquistó también la vida. Fue obediente hasta la cruz. Nadie podía apuntar un pecado en Él. Fue completamente victorioso. Y ahora se presenta a su Padre y le dice: “Padre, la ley dice que el pecador debe morir y que el justo debe vivir. Yo fui a la tierra y viví una vida justa. Por tanto conquisté la vida. Ahora, en tu palabra no hay nada que diga que no puede haber un intercambio. Entonces, la muerte que el hombre merece, la quiero morir yo y la vida que yo conquisté, como ser humano, se la quiero donar al hombre. 

Y fue eso lo que sucedió en la cruz del Calvario. El justo murió por los injustos, el santo, entregó su vida por los pecadores. Y el hombre no tuvo que hacer nada. Solo recibir. Por gracia, sin pagar nada.

Todo lo que tienes que hacer ahora es creer que Jesús te ofrece la vida, y aceptarla, porque “casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Sin Dios eres nada

Por eso hoy, antes de abrir las ventanas de tu vida al nuevo día vuelve los ojos a Dios, como la flor hacia el sol, buscando vida. Abre tu corazón al espíritu, como la tierra seca al rocío de la mañana. No salgas solo. Andar solo es andar a ciegas. Vivir solo es morir en vida. El arcoíris pierde su color. Resta solo agua. Sin sabor, ni color. Acuarela muerta. Flor marchita.

De Jehová son los pasos del hombre; ¿Cómo, pues, entenderá el hombre su camino? (Proverbios 20:24)

-No fui yo, no pude haber sido yo-se lamenta Hilda. Y llora. Llora el dolor de su realidad.

La joven tiene solo 15 anos. Una flor que desabrocha a la vida, regada con sus propias lágrimas. Lágrimas de dolor. Gotas de arrepentimiento.

Mueve la cabeza de un lado para otro e insiste:

-No fui yo.

Como si negar la realidad pudiese hacerla volver atrás, escoger otro camino, buscar otra vereda.

-¿Cómo fui capaz de destruir el sueño de mis padres y el mío? No, no puede ser yo.

Pero era. Había sido ella misma la que jugando al “amor”, se descubriera esperando un niño. Ella, que no pasaba de una simple niña.

Nadie entiende las razones del alma. El corazón es misterioso e incomprensible. Te confunde, te engaña, te miente. Te hace creer que vas al paraíso y te conduce a  la muerte.

Los años pasan. Creces. Te vuelves adulto. Y el corazón te sigue traicionando. No logras comprenderlo. Lloras repetidas veces la leche derramada. El agua que se fue, que se perdió, llevando tus sueños tierra adentro, a mojar la semilla del dolor, haciéndola brotar en forma de experiencia.

Te preguntas: ¿Por qué? Gritas: ¡No fui yo! Pero eres tú y  lo sabes. El texto de hoy es tu respuesta. Al Señor le pertenecen tus pasos. Solo él sabe las verdaderas necesidades de tu loco corazón. Tú no. Tú piensas que lo sabes. Imaginas que entiendes todo. Crees saber a dónde vas pero el tiempo se encarga de mostrarte cómo estabas equivocado.

Solo en Jesús tus desencuentros se encuentran. Sólo en Él tus desvaríos se descubren. Únicamente en Dios dejas de correr y correr buscando lo que no sabes. En Él, finalmente, tu no ser se transforma en ser.

Por eso hoy, antes de abrir las ventanas de tu vida al nuevo día vuelve los ojos a Dios, como la flor hacia el sol, buscando vida. Abre tu corazón al espíritu, como la tierra seca al rocío de la mañana. 

No salgas solo. Andar solo es andar a ciegas. Vivir solo es morir en vida. El arcoíris pierde su color. Resta solo agua. Sin sabor, ni color. Acuarela muerta. Flor marchita.

Jamás te olvides que:De Jehová son los pasos del hombre; ¿Cómo, pues, entenderá el hombre su camino?”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡No hay diferencia!

El amor cautiva, transforma, genera valor para soñar, vivir y luchar. Por eso Jesús te amó y se entregó por ti. Para devolverte la dignidad y la autoestima que el pecado te quitó.

Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan. Romanos 10:12

El avión había decolado y la niña todavía lloraba. En silencio. Tal vez pensando que en la intimidad de sus sentimientos nadie la veía. Pero después del escándalo que  había ocurrido dentro del avión, antes del despegue,  sería imposible dejar de verla.

Un hombre rico y famoso había tomado el lugar que le pertenecía a ella y nadie fue capaz de sacarlo de allí. Yo no lo oí, pero otro pasajero aseguró que el hombre le dijo a la chica:

-¿No sabes quién soy?

La chica pobre no sabía. Tampoco tuvo el valor de exigir que se respetase un derecho suyo. Aceptó “voluntariamente” viajar en otro lugar.

¡No hay diferencia! ¡Qué tremenda declaración de Pablo en un mundo de tanta diferencia! ¿Cuál es la razón que el Apóstol da, para que no haya diferencia? La riqueza de Cristo. 

Riqueza en griego, es plouteo, que a la letra significa abundancia, cantidad más que suficiente para todos. Ora, si tenemos un Dios abundante, ¿por qué la mezquindad de pensar que alguien vale más, o menos, que el otro?

Pero la realidad de esta vida es el preconcepto. Raza, posición social, religión, dinero, cualquier cosa es motivo para sentirse superior o inferior. 

En el texto de hoy Pablo afirma que las heridas causadas por el preconcepto pueden ser curadas, cuando invocas el nombre del Señor. A partir de ese momento, tu valor se mide por la sangre derramada en la cruz. Tu valor y el mío son extrínsecos. Quiere decir, no valemos por lo que somos o tenemos, sino por el amor de Jesús derramado a raudales en aquella montaña solitaria.

Cuando el viento helado de la indiferencia humana te haga sentir inferior; cuando te mires al espejo y los patrones de belleza impuestos por los órganos de comunicación te hagan sentir feo; cuando el fuego del preconcepto te queme y parezca derretir tus sueños; mira a la cruz del calvario y recuerda que Jesús no hubiera entregado la vida por ti si no valieses.

El amor cautiva, transforma, genera valor para soñar, vivir y luchar. Por eso Jesús te amó y se entregó por ti. Para devolverte la dignidad y la autoestima que el pecado te quitó.

Antes de salir hoy, para enfrentar la vida como ella es y no como te gustaría que fuese, recuerda que: “No hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Le veremos

Hay un ideal elevado. Demasiado elevado desde la lógica humana. Un día “seremos como Él.” ¡Qué blanco! ¡Continuar avanzando! A pesar de nuestras posibles caídas. Levantarse y proseguir al blanco, porque con toda seguridad, un día lo alcanzaremos por la gracia maravillosa de Jesús.

Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. 1 Juan 3:2

El Apóstol Pablo es enfático al afirmar que en el cielo “le veremos tal como Él es.” Se refiere a Jesús y creo que será el momento más emocionante para la raza humana. Porque en esta tierra, mientras Jesús no regrese, solo podemos relacionarnos con Él por la fe, separando diariamente tiempo para estudiar su Palabra y para orar. Pero en el cielo, podremos verlo cara a cara, tal como Él es. ¿No es extraordinario? 

Quiero estar allá y sentir el abrazo de Jesús. Agradecerle por haberme permitido llegar allí, decirle que en esta tierra prediqué su Palabra por la fe y traté de servirle en humildad. Pero creo que jamás tendré palabras para agradecerle porque me amó. Si un día llegue a su presencia no será porque haya hecho algo bueno para merecer esa bendición, sino únicamente por el amor precioso de Dios.

El versículo de hoy, trae otro pensamiento de ánimo y esperanza: La vida cristiana es una vida de crecimiento. Juan dice: “ahora somos hijos de Dios”. ¿Y antes? Sin duda vagábamos en el reino del enemigo intentando encontrar la manera de ser feliz, sin lograrlo. Pero “ahora” esto es, en el presente, toda esa vida antigua pasó, hemos crecido; pero no hemos llegado aún al ideal que Dios tiene para nosotros. Aun no se ha manifestado lo que hemos de ser.” Dice el Apóstol. 

Hay un ideal elevado. Demasiado elevado desde la lógica humana. Un día “seremos como Él.” ¡Qué blanco! ¡Continuar avanzando! A pesar de nuestras posibles caídas. Levantarse y proseguir al blanco, porque con toda seguridad, un día lo alcanzaremos por la gracia maravillosa de Jesús. 

Un día “le veremos”. ¡Este será el fin de nuestro peregrinaje! Habremos llegado al fin de la jornada de dolor y sufrimiento que el pecado trajo a esta tierra. Nadie más te hará sufrir, la muerte no arrancará más seres queridos de tus brazos. No tendrás que llorar tus derrotas por causa de la naturaleza pecaminosa que te perturba de día y de noche. No habrá más promesas no cumplidas, ni decisiones que duran solo una semana. He aquí todo será hecho nuevo.

¿Te gustaría estar allá? Hoy es el día de buena nueva. Hoy es el día de salvación. Recuerda: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Vuestra luz

Hoy, al comenzar un nuevo ve a Jesús, permite que su presencia santifique tu vida, deja que su carácter se reproduzca en tu vida, que tus pensamientos sean los suyos y que tus acciones sean el resultado natural de tu compañerismo con Él.

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.  Mateo 5:16

De todas las órdenes dadas por Jesús tal vez esta, es una de las que confunde al ser humano. No es que no le guste brillar, al contrario. Vivimos en un mundo donde todos quedan deslumbrados por las luces. Cada año, miles se inscriben en programas de televisión soñando con 15 minutos de fama. Multitudes hacen largas Filas en busca del nuevo celular que apareció en el mercado, se endeudan para tener un carro de último modelo a fin de ser vistos. 

¿Quién no desea  brillar? Infelizmente no es de ese tipo de brillo que habla la Biblia. El texto de hoy se refiere al carácter, a lo que soy cuando las luces se apagan, a lo que hago cuando nadie me ve. El carácter es el sello de la personalidad. Se manifiesta de dentro para fuera. Es el resultado de algo que sucede en el interior. Se nutre de las horas de meditación, estudio de la Biblia y de la oración.

Mira al cielo, ¿Qué ves? ¿El sol? El astro rey fue hecho para brillar. Es fuente de calor, luz y energía. 

Mira otra vez al cielo, ¿Qué ves? ¿La luna? La luna también brilla y proporciona luz. ¿Cuál es la diferencia entre ambos? El sol brilla por que es la fuente, la luna porque refleja la luz del sol. Esta es la lección de hoy.

Si deseas brillar de verdad, necesitas comprender que eres luna y no sol, que tu brillo no viene de ti sino de Dios. Cuando recibes su luz, tu brillo es consecuencia. De otro modo tu vida se transforma en una permanente desesperación por aparecer, aunque para eso, tengas que transitar caminos peligrosos que te conduzcan a la muerte.

No existe nada más triste que intentar brillar solo por fuera, aparentado y mostrando una faceta que solo existe en público.

Hoy, al comenzar un nuevo ve a Jesús, permite que su presencia santifique tu vida, deja que su carácter se reproduzca en tu vida, que tus pensamientos sean los suyos y que tus acciones sean el resultado natural de tu compañerismo con Él. 

Búscalo de todo tu corazón “para que, así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” 

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Se acabó

Haz de este día un día de meditación y reflexión. Escucha la voz de Dios que te habla a través de su palabra. No dejes a Jesús tocando en vano las puertas de tu corazón rebelde. Y recuerda que, “El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.”

El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová. 1 Samuel 16:14

Saúl dijo no al Señor. Una y otra vez. Varias veces, en repetidas ocasiones. Jugó con la misericordia divina, creyó que el Señor estaría siempre a su lado, que nunca lo dejaría, ni lo abandonaría. 

Saúl, como Sansón, o como judas, pensaba que podía decidir cuándo oír, o no oír la voz de Dios. Creía que el amor de Dios siempre estaría a su disposición. Y lo estaba, porque en la Biblia, Dios afirma: “Con amor eterno te he amado.” 

Si el amor es eterno, no acaba nunca. Podrán secarse las fuentes de las aguas del mundo y el amor de Dios continuará siendo el mismo. Podrán desaparecer todas las montañas, y el amor de Dios continuará siendo. Los seres humanos vendrán y se irán y Dios los continuará amando. El problema no está con el amor divino, ni con su paciencia, ni con su misericordia, sino con el corazón humano.

Un día, amaneció como cualquier otro día, en la vida de Saúl. Por lo menos él pensaba así, pero no sabía que su corazón se había endurecido al punto de no escuchar más la voz de Dios. El escritor bíblico, usando una expresión muy propia del ser humano afirma: “El Espíritu de Dios se apartó de Saúl.” La vedad era que Saúl había llegado al punto en que el trabajo del Espíritu Santo no tenía más ningún valor para él.

Y como ninguna casa puede estar vacía, vino el enemigo y se apoderó del corazón del hombre que un día, Dios escogiera para ser el rey de su pueblo. Y “lo atormentaba.” La palabra hebrea para “atormentar” es bawat, que significa aterrorizar, desequilibrar, llenar de miedo. 

Una vida llena de miedo está condenada al fracaso. Ve fantasmas donde no existen, encuentra dificultades dónde solo hay oportunidades. El problema de Saúl, no eran las sombras que aparecían en forma de figuras misteriosas, sino el hecho de que no oía más la voz de Dios. Había jugado tanto con la misericordia divina que cuando la quiso de nuevo, descubrió que su loco corazón no era más capaz de creer en el amor de Dios.

Haz de este día un día de meditación y reflexión. Escucha la voz de Dios que te habla a través de su palabra. No dejes a Jesús tocando en vano las puertas de tu corazón rebelde. Y recuerda que, “El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Me libró!

No temas delante de las voces que se levantan contra ti. No huyas. No busques salidas fáciles. El Dios de David es también el tuyo.

Me libró de poderoso enemigo, y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo. 2 Samuel 22:18

Virginia pasea por la orilla del río. Mira hacia abajo. Busca alguna cosa. De vez en cuando se agacha y mete algo en el bolso grande del delantal. Dejó su casa temprano y ha caminado dos horas para llegar al río. 

Bajo la sombra de un enorme sauce, se detiene a examinar el resultado de su búsqueda y sonríe con sonrisa de Monalisa. Piedras. Muchas piedras. Grandes y pequeñas. Con el bolso lleno, camina decidida hacia el agua. Hacia adentro, hacia la corriente, hacia la parte más profunda.

Mira al cielo, se hace la señal de la cruz y suspira. Siente el cosquilleo del pedregullo en sus pies, el frío en sus pantorrillas. Sonríe nuevamente, al notar que su plan está funcionando. No le sucederá como la otra vez, que se metió al río pero salió flotando. Salió mojada y triste. Mojada de derrota.  Y al regresar a casa tuvo que mentirle al esposo y decirle que se había caído al río.

Esta vez no tendrá que mentir. No flotará. Ahora será definitivo. La muerte la espera allá en el fondo del río.

Fue así de simples que Virginia Woolf, una de las más extraordinarias escritoras inglesas del siglo pasado, cometió suicidio en 1941. Su cuerpo, ya en estado de descomposición fue encontrado a la orilla del río por dos niños que jugaban distraídos.

En la carta de despedida que dejó a su esposo decía entre otras cosas. “Me persiguen las voces y no logro soportarlas”.

¿Quién no se ha sentido perseguido alguna vez? En el lugar de trabajo, en la escuela, en el vecindario y hasta en la familia ¿No has sentido, la mirada sarcástica o hiriente de alguien que no te simpatiza?

La vida de David, el autor del texto de hoy, fue también una vida perseguida. Enemigos gratuitos aparecían todos los días. Voces agresivas, maldosas, calumniadoras. Su propio hijo Absalón se levantó contra él, ambicionando el trono. Solo que David, al contrario de Virginia, sabía a dónde ir en busca de ayuda.

No temas delante de las voces que se levantan contra ti. No huyas. No busques salidas fáciles. El Dios de David es también el tuyo. Puede serlo, si en este momento, antes de partir para la lucha de la vida, tomas tiempo para arrodillarte y declarar con confianza:”Me libró del poderoso enemigo, y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo”. Sí, la lucha todavía no comenzó paro Dios ya te libró.

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¿Qué harás con Dios?

Servir a Dios con corazón perfecto. La palabra hebrea para “perfecto” es Shalem, que significa, integridad, totalidad, plenitud, pero también significa paz. En otras palabras, no es posible tener paz en el corazón ni ser feliz, si no se sirve a Dios de manera completa e integra. Un servicio a medias, destruye la paz de individuo. O eres o no eres. O le sirves o no le sirves.

Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre. 1 Crónicas 28:9

Brillaba el sol, imponente, en el cielo azul. Miles de personas reunidas en la plaza de Jerusalén, aguardaban el discurso del rey. Entre ellos, jefes de las tribus, líderes de las divisiones de guerra, ministros de estado, oficiales poderosos y soldados.

Silencio sepulcral. Siempre que el rey hablaba era así. ¿Qué tendría para decir? David ya era anciano. Había tenidos momentos de gloria, había probado, también, el sabor amargo de la derrota, había reído, llorado. En fin, había vivido.

Llegara el momento de entregar el reino a su sucesor. El elegido por Dios era Salomón, su hijo. El pueblo estaba reunido en la plaza para oír el discurso de sucesión.

El texto de hoy fue extraído de ese discurso. El anciano rey miró al joven príncipe y le dijo:”Y tú Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario”.

Según David, estos serían los secretos de un reinado feliz. En hebreo el verbo reconocer es yadá que significa, “tener consciencia de”. Si Salomón quisiese ser un rey próspero y feliz, debería tener consciencia permanente de que Dios.  Si por esas cosas de la vida, él joven rey se olvidase de Dios, comenzaría su decadencia.

El otro secreto era: Servir a Dios con corazón perfecto. La palabra hebrea para “perfecto” es Shalem, que significa, integridad, totalidad, plenitud, pero también significa paz. En otras palabras, no es posible tener paz en el corazón ni ser feliz, si no se sirve a Dios de manera completa e integra. Un servicio a medias, destruye la paz de individuo. O eres o no eres. O le sirves o no le sirves. Servirle por la mitad es destructivo. Te roba la paz y la tranquilidad de espíritu.

El consejo de David a su hijo Salomón vale también para ti y para mí, hoy. No salgas de tu casa sin la seguridad de que el Señor Jesús va contigo. Sírvelo de manera íntegra y sé feliz. Recuerda las palabras de David: “Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Libres!

Cuando no conocías a Jesús estabas bajo la condenación de la ley. Al aceptar al Señor como tu salvador ya no vives más bajo la ley sino bajo la gracia. La gracia no te libra de la ley, te libra de las consecuencias del pecado, de la condenación de la ley. La gracia existe porque existe la ley. Si acabas con la ley, acabas con la gracia.

Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

Romanos 6:14

Ni siquiera el azul esmeralda del mar del Caribe es capaz de arrancar la tristeza de su corazón. Olavo mira al mar y su visión se pierde en el infinito, en aquel punto donde parece que el cielo y el mar se vuelven una sábana de terciopelo que se eleva hacia alturas insondables.

¡Cielo, ah cielo! Cómo le parece tan distante, tan ajeno. Él no merece nada de eso. Su vida llena de errores lo atormenta implacablemente. Últimamente no logra dormir. El martillo de la consciencia lo golpea de día y de noche. Se siente sucio, pecador, inmundo.

Olavo ignora que todos los seres humanos estamos condenados, porque todos pecamos. No hay justo, ni siquiera uno. La paga del pecado es muerte. No hay salida para la tragedia humana. Mejor dicho, no habría, si no fuese el amor maravilloso de Dios, que permitió que el Señor Jesucristo se hiciese hombre y viniese a este mundo a morir en lugar del pecador.

En la cruz del calvario, Jesús pagó con su muerte el pecado de todos los tiempos, de todos los seres humanos. Lo único que necesitas hoy es apoderarte de ese sacrificio y aceptarlo como tuyo.

¿Cuánto pagas por eso? Nada. Absolutamente nada. Es de gracia. Gracia es el don de Dios a través del cual aceptas la salvación sin merecer. Por su misericordia no recibes lo que mereces: la muerte. Por su gracia, recibes lo que no mereces: la vida.

La ley dice: “El que pecare ciertamente morirá”. La gracia proclama: “Tú pecaste y mereces morir, pero Jesús sufrió la muerte que merecías y si crees en Él, estás salvo”.

Cuando no conocías a Jesús estabas bajo la condenación de la ley. Al aceptar al Señor como tu salvador ya no vives más bajo la ley sino bajo la gracia. La gracia no te libra de la ley, te libra de las consecuencias del pecado, de la condenación de la ley. La gracia existe porque existe la ley. Si acabas con la ley, acabas con la gracia.

Hoy puede ser un día diferente en tu vida. Un día de gracia, de amor y de misericordia. Hoy puede ser un día sin el tormento de la culpa, un día de libertad, de victoria y de realización. Las cosas viejas pasaron. Con Jesús todo puede empezar de nuevo. Cada día es una nueva oportunidad de victoria  “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

El clamor de mi pueblo

¿Cuál es el mejor momento? Cuando hayas crecido, madurado y aprendido. Nada triste ocurre en tu vida, sin un propósito didáctico. Tu exactor quiere destruirte, pero Dios toma las circunstancias difíciles y las transforma en instrumentos de edificación y crecimiento.

Dijo Dios Jehová: bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores, pues he conocido sus angustias. Éxodo3:7

Felipe llega temprano al trabajo, todos los días. Realiza más de lo que su responsabilidad demanda. Es siempre el último en salir. Cualquier empresa disputaría los servicios de Felipe. ¿Quién no quiere un empleado inteligente, acomedido y listo a ir más allá de sus obligaciones?

Sin embargo el jefe de Felipe, le dificulta la vida. Lo provoca y trata de irritarlo para ver si él pierde la paciencia.

Últimamente, Felipe anda desanimado. Cree que de cierta manera, Dios está siendo injusto con él.

 -Parece que Dios se olvidó de mí –se queja.

Regresa  a  casa cansado, frustrado y a punto de explotar. Pero el texto de hoy, afirma que  “Dios ve la aflicción de su pueblo.” Siempre. Aunque  parezca que no.

Siglos atrás, Israel, como Felipe, sufría por causa de sus exactores. ¿Sabes a que se dedica un exactor? A exacerbar, a irritar y a causar enfado sin motivo. Tú puedes hacer lo mejor, con la mejor buena voluntad, pero para el exactor, nada de lo que haces está bien. A él no le importa tu trabajo.  Lo que desea es sacarte de tus casillas y si tú reaccionas, él usa tu reacción para decir que no vales.

A los exactores los encuentras en todos los lugares y en cualquier circunstancia. En el lugar donde trabajas, en tu hogar, en la escuela y hasta en la iglesia. Están siempre a tu alrededor, perturbando tu paz.

Delante de esas injusticias haz lo que Israel hacía. Clama a tu Dios. No te quejes, ni te lamentes. Los lamentos satisfacen el hambre del exactor.

Dios le dijo a Moisés: “Bien he visto la aflicción de mi pueblo y he conocido su clamor y he conocido sus angustias.” Nada está oculto a los ojos de Dios. A veces, te puede dar la impresión de que El cerró sus ojos, tapó sus oídos y cruzó los brazos. No es verdad. Dios está siempre atento. Esperando el mejor momento para entrar en acción.

¿Cuál es el mejor momento? Cuando hayas crecido, madurado y aprendido. Nada triste ocurre en tu vida, sin un propósito didáctico. Tu exactor quiere destruirte, pero Dios toma las circunstancias difíciles y las transforma en instrumentos de edificación y crecimiento.

 Solo necesitas esperar y aprender. Entonces Dios dirá: He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto y he oído su clamor a causa de sus exactores, pues he conocido sus angustias.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Clama!

Amaneció un nuevo día, mira por la ventana. ¿Solo ves nubes negras y tormenta? No importa. Por tras de esas nubes oscuras, brilla un sol indestructible. Ninguna tormenta será capaz de apagar su llama viva. Pero el sol es apenas un astro. Más allá de los planetas y las estrellas. Por encima del cosmos inaccesible está el creador del Sol. Es tu Dios Altísimo.

Clamaré al Dios Altísimo. Al Dios que me favorece. Salmos 57:2

Genaro fue despedido del empleo hace un mes. La esposa, deprimida, fue a parar al hospital. Los exámenes médicos revelaron que ella tenía un cáncer terrible y no sabía. Para completar el cuadro de tragedia, este es el cuarto mes que Genaro no paga al banco el préstamo de la casa y está amenazado de perder el inmueble.

Hay momentos así en la vida. Tú sales a la calle. Las personas corren de un lugar a otro en pos de sus sueños, pero a nadie le importa lo que te sucede a ti. Te sientes solo y olvidado hasta de Dios.

Es natural. El salmista también pasó por momentos difíciles en su vida. Todos pasamos. A veces el sol brilla esplendoroso, el cielo azul no trae una nube que opaque la belleza de tu día, pero de repente, cuando menos lo esperas, parece que todo se pone de cabeza para abajo y pierdes el control de la situación.

Cuando la noche envolvió la vida del salmista el dijo:”Clamaré al Dios altísimo, Al Dios que me favorece”. El verbo “favorecer” en el original hebreo es Gamar, que literalmente significa, realizar todo, hacer todo.

El Dios del salmista era un Dios Altísimo que podía hacer todo. Ese Dios no duerme en las páginas de la Biblia. Es también tu Dios, vivo y actuante. Por tanto, Genaro, clama a tu Dios. El verbo clamar en hebreo es qara’. Significa llorar a gritos, derramar el alma a Dios, reconocer como un niño indefenso, que necesitas la ayuda del padre.

A veces, Dios permite que lleguemos a un momento sin perspectivas, sin salidas, sin ventanas, para que solos, en la oscuridad de nuestros temores, en el dolor de nuestras heridas y en la desesperación de nuestra incapacidad aprendamos a depender del Dios altísimo.

Amaneció un nuevo día, mira por la ventana. ¿Solo ves nubes negras y tormenta? No importa. Por tras de esas nubes oscuras, brilla un sol indestructible. Ninguna tormenta será capaz de apagar su llama viva. Pero el sol es apenas un astro. Más allá de los planetas y las estrellas. Por encima del cosmos inaccesible está el creador del Sol. Es tu Dios Altísimo. Clama a Él, sin miedo. Él te entenderá y te oirá, porque un día, lo dejó todo y vino a buscarte en la persona maravillosa de Jesús.

Antes de iniciar la carrera de la vida hoy, arrodíllate y di en tu corazón: “Clamaré al Dios altísimo. Al Dios que me favorece.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Unidos!

Mucha gente se desespera porque no sabe distinguir los problemas de los conflictos. La vida es la permanente solución de problemas. Desde que le levantas hasta que te acuestas en la noche, estás solucionando problemas. No existe vida sin problemas. Pero los problemas no son cataclismos destructores sino, desafíos de crecimiento.

Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables. 1 Pedro 3:8

El paradero del ómnibus está colmado de personas esta mañana fría de invierno, en las calles del barrio Chacarita, en la ciudad de Buenos aires. Max no ve a la gente. Su cuerpo está allí pero su mente vaga sin rumbo por los agrestes campos minados de los conflictos familiares. Cree no resistir más. Piensa que tal vez la separación sea la única salida. Lo que lo incomoda y lo confunde es el hecho de que ama a su esposa y no entiende por qué dos personas que se aman no pueden vivir en armonía.

El conflicto  de hoy comenzó porque no había leche para el desayuno.

-Te dije que la compraras anoche –casi gritó ella, encolerizada.

-¿Y por qué en lugar de pedirme, no la compraste tú? Respondió él, en el mismo tono.

A partir de allí, se dijeron cosas terribles, se sacaron en cara errores pasados y, finalmente él, salió de casa golpeando la puerta.

En el texto de hoy, Pedro dice que los conyugues deben tener “un mismo sentir”, deben ser “compasivos y misericordiosos”, el uno con el otro. Parece una meta distante, imposible de ser alcanzada. Por lo menos para Max y su joven esposa.

Lo que ellos ignoran es que el matrimonio es la única escuela dónde uno se matricula pero nunca se gradúa. La vida en pareja es una vida de constante aprendizaje.

Mucha gente se desespera porque no sabe distinguir los problemas de los conflictos. La vida es la permanente solución de problemas. Desde que te levantas hasta que te acuestas en la noche, estás solucionando problemas. Cada hora, cada minuto. No existe vida sin problemas. Pero los problemas no son cataclismos destructores sino, desafíos de crecimiento. Un problema mal resuelto sí, se transforma en conflicto, y conflictos pueden ser fatales.

Lo que la esposa de Max podría haber hecho esta mañana es preguntar:

-¿Querido, compraste leche?

Creo que Max hubiera respondido: “No mi amor, pero la compro en un minuto”.

Después, más calmos podrían sentarse a conversar sobre los constantes “olvidos” de Max.

Antes de iniciar tus actividades hoy recuerda: “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¿Corrección o castigo?

Haz de este día un día se sumisión a la justicia divina. Jamás pierdes al hacerlo. Creces, ganas y tienes la garantía de la vida eterna.

¿No eres tú desde el principio, Oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová para juicio lo pusiste; y tú Oh Roca, lo fundaste para castigar. Habacuc 1:12

“Yo solo quería ser feliz, nunca fue mi intención traer dolor a tanta gente” decía Patricia, con la cabeza entre las manos, sollozante y desesperada.

Tal vez no quisiese. Nadie quiere en sana consciencia hacer sufrir a las personas que ama, pero la vida es así, entras a un tobogán y solo despiertas cuando el dolor es una realidad. Patricia es el típico ejemplo de alguien que no quiso ajustar su vida a las enseñanzas divinas. “No me gusta le religión –decía- porque una no tiene libertad. ¿Por qué Dios tiene que decir todo lo que debo hacer?”

El texto de hoy habla de 4 atributos divinos: su eternidad, su santidad, su justicia y su poder. De estos 4, el más difícil de ser aceptado por el ser humano sea, tal vez, la justicia.

Después de la entrada del pecado el ser humano se tornó independiente. Se apoderó de la vida que le fue confiada. Se hizo el Señor de su propio destino. ¿Cuál fue el resultado? Dolor, tristeza, sufrimiento y muerte.

Cuando la serpiente se presentó a Eva en el Jardín, vino con una idea seductora. “No necesitas de Dios. La obediencia tiene como único propósito conservarte en el plano de una simple criatura. Tú puedes ser más que eso.  Puedes decidir lo que es bueno o malo para ti.”

Eva cayó. Adán también. Continuamos cayendo todos los días.  En las horas de dolor y desesperación acudimos al poder divino. En los momentos de enfermedad y muerte, pensamos en la eternidad de Dios. Cuando el pecado mancha nuestra vida al punto de asfixiarnos, nos recordamos de su santidad, pero en momento ninguno aceptamos su justicia. Por lo menos no, la justicia de la que habla Habacuc en el texto de hoy. 

El profeta usa la palabra hebrea Mishpat, que significa literalmente, el hecho de decidir un caso. Si Dios es Justo es Él, el que decide. El ser humano tiene derecho de aceptar o rechazar el camino que Dios le presenta, pero no tiene el derecho de escoger el mal y llamarlo bien. Dios es el único que se atribuye el derecho de decidir lo que es correcto o incorrecto, moral o inmoral.

Haz de este día un día se sumisión a la justicia divina. Jamás pierdes al hacerlo. Creces, ganas y tienes la garantía de la vida eterna. Di como Habacuc: “¿No eres tú desde el principio, Oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová, para juicio lo pusiste.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¿En quién confías?

¿Qué es lo que hace Dios por ti? No siempre te libra del problema como resultado de un acto milagroso. Pero con toda seguridad coloca paz en tu corazón, te da una visión diferente de las cosas, te inspira y usa tus propios talentos para salir de la hora difícil.

En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá. 2 Reyes 18:5

Francisco miró un día a sus padres y les dijo:

-Siempre respeté la fe de ustedes, ahora por favor, les suplico que ustedes respeten mis convicciones.

A los 30 años de edad el joven ejecutivo, nacido en un hogar cristiano, consideraba parte de sus sueños realizados. Hablaba cinco idiomas y viajaba por el mundo cerrando grandes negocios para la empresa que representaba. Alto, bonito, atlético, jugaba tenis tres veces por semana. Lleno de dinero y rodeado de bellas mujeres, había llegado a la conclusión de que sus padres eran gente demasiado simple y que la fe de ellos los había relegado al ostracismo. 

¿Alguna vez estuviste disfrutando de un día esplendoroso de cielo limpio y sol brillante? ¿Ni una nube quebrando el azul intenso del terciopelo cósmico y repentinamente, en cuestión de segundos, todo cambió y la tormenta tomó desprevenidos a todos?

Bueno, fue eso lo que le sucedió a Francisco. Solo que no había cielo en su vida. Por lo menos, no, el que infunde esperanza en las horas cruciales.

Lo perdió todo. De la noche a la mañana. Perdió el empleo, la salud y acabó en la prisión. Él nunca supo explicar quien colocó droga en su valija.

¿Podría haber sido víctima de un acto de venganza, si estuviese bien con Dios? Claro que podría. Los que confían en el Señor no están libres de traiciones y maldades. El problema de Francisco es que en la hora del dolor, estaba solo. Los cinco idiomas que hablaba, el dinero, la brillante carrera profesional, nada fue capaz de librarlo de aquella situación injusta. Una mañana fría del mes de Junio, lo encontraron colgado dentro de la celda. Se había ahorcado.

Con Ezequías sucedió diferente. El texto de hoy habla de este extraordinario rey joven. El brillo del éxito no lo mareó. La fama y el poder no le hicieron olvidar de Dios y en los momentos de mayor dificultad, él sabía en quien depositar su confianza.

¿Qué es lo que hace Dios por ti? No siempre te libra del problema como resultado de un acto  milagroso. Pero con toda seguridad coloca paz en tu corazón, te da una visión diferente de las cosas, te inspira y usa tus propios talentos para salir de la hora difícil.

Por eso hoy, antes de salir para las luchas de la vida recuérdate de Ezequías que, “En Jehová Dios de Israel, puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre los reyes de Judá.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Corazón sabio

Haz como Salomón. Ve a Dios y confiésale tus temores, dile que necesitas de un corazón entendido para llevar al pueblo que tienes bajo tu responsabilidad, a su destino glorioso.

Da pues a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿Quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? 1 Reyes 3:9

Lucia tiene 25 años y muchas ganas de vivir. Sus cabellos rubios brillan más que nunca, esta mañana, iluminados por los rubios rayos del sol. Es su primer día de trabajo desde que recibió la promoción. Sabe que entre los compañeros hay gente herida. Personas que se consideran con más derecho a ocupar el cargo que le confiaron a ella. Está feliz, pero una nube de temor aparece en su cielo azul. Le preocupa la posibilidad de que sus compañeros no acepten una persona tan joven, como jefe.

Salomón también era joven cuando Dios le confió un cargo de mucha responsabilidad. Su misión sería administrar justicia entre los hijos de Israel. El joven rey, como Lucia hoy, vio también una nube de temor intentando nublar su cielo azul. ¿Qué hizo entonces? Fue al Señor en oración y le suplicó: “Da pues a tu siervo corazón entendido.”

La expresión “corazón entendido” en hebreo es Jokmaj, que literalmente significa equilibrio, sabiduría, sentido común. Podría ser definido como la capacidad de ser justo y hacer felices a las personas.

Todos los días, en todos los lugares, estamos siendo cartas abiertas y leídas por los que nos rodean. Nadie es una isla. No es posible esconderse ni omitirse.

La responsabilidad que Dios te confió, a través de la decisión de seres humanos, es la oportunidad que te da de hacer felices a las personas que te rodean.

Si permites que el orgullo y la soberbia se apoderen de tu corazón, cometerás errores crasos. Pensarás que porque eres jefe, no puedes equivocarte, querrás tener siempre la razón. ¡Mentira! No pasas de un simple ser humano. Más observado, más criticado y más condenado, tal vez, pero un ser humano y nada más.

Hay gente que piensa que no se debe confiar grandes responsabilidades a jóvenes. ¿Por qué no? Ser joven no es defecto. Defecto es permitir que la soberbia te haga pensar que de repente, sabes todo.

Haz como Salomón. Ve a Dios y confiésale tus temores, dile que necesitas de un corazón entendido para llevar al pueblo que tienes bajo tu responsabilidad, a su destino glorioso.

No partas hoy, para el cumplimiento de tus deberes diarios, sin hacer la oración del sabio: “Da pues a tu siervo, corazón entendido para juzgar a tu pueblo y para discernir entre lo bueno y lo malo, porque ¿Quién podrá gobernar este pueblo tan grande?”

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Tu misión

Una de las bendiciones de vivir en compañerismo diario con Jesús es que te sientes realizado y feliz cumpliendo tu misión. El amor de Jesús llena tu corazón de tal forma que no andas mirando a los lados para ver quién tiene qué, o quién llega a dónde. Solo miras para adelante y corres en el cumplimiento de tu misión. El resultado es que todos llegan y las personas que conviven que contigo también son felices, porque cuando todas las piezas de un automóvil funcionan a perfección, el vehículo marcha bien.

Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Jueces 9:8

Sabiduría es saber para qué sirves y por qué estás en esta tierra. Conozco personas desesperadas para escalar puestos y no miden consecuencias para alcanzar sus objetivos. Jamás piensan si tienen talento para realizar el trabajo que ambicionan, lo único que les importa es alcanzar el cargo deseado, sin preguntarse si Dios los ha llamado para ese trabajo. Después se frustran y frustran a los otros. En el fondo se saben derrotados y tratan de disimular la derrota con manifestaciones de autoritarismo.

La parábola de hoy muestra alegóricamente la sabiduría del olivo. ¿Ser rey? ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Solo porque todo el mundo quiere serlo? No. Déjenme tranquilo en mi misión de olivo. Dios me dio la capacidad de producir aceite y lo haré bien hecho hasta el fin de mis días.

Una de las bendiciones de vivir en compañerismo diario con Jesús es que te sientes realizado y feliz cumpliendo tu misión. El amor de Jesús llena tu corazón de tal forma que no andas mirando a los lados para ver quién tiene qué, o quién llega a dónde. Solo miras para adelante y corres en el cumplimiento de tu misión. El resultado es que todos llegan y las personas que conviven que contigo también son felices, porque cuando todas las piezas de un automóvil funcionan a perfección, el vehículo marcha bien.

Hoy es un día de nuevos desafíos. Tus desafíos no son los del otro. No quieras hacer el trabajo del otro y descuidar el tuyo. Para, piensa y medita. Sé consciente de tu misión sin importarte si el trabajo de tu vecino es más bonito o más encantador que el tuyo. No te compares con nadie. Dios te hizo único en el mundo. Simplemente cumple tu misión y descubre una dimensión de la vida más significativa y fascinante, ah, y no te olvides que “Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?”  

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Consulta a Dios

¿Qué grande desafío tienes hoy delante de ti? ¿Ya consultaste a Dios y a su Palabra para ver si estás siguiendo el camino correcto? ¿Aprueba Dios lo que vas a hacer o te estás dejando seducir por el brillo de las cosas y la belleza de la apariencia?

Aconteció después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel, consultaron a Jehová, diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a pelear contra los cananeos? Jueces 1:1

El matrimonio de Marta y Pedro había durado solo dos años. Los primeros meses, la joven pareja creía que el paraíso existía en esta tierra. La convivencia se encargó de mostrar la realidad de cada uno. El carácter mezquino e egoísta de uno y el temperamento explosivo y celoso del otro, transformaron en poco tiempo, el paraíso en infierno.

Cuando conversé con Marta, acababa de salir del segundo matrimonio. Pero, lo que la llevó a buscarme no fue esta segunda decepción.

-He perdido 200 mil dólares en una inversión que prometía lucros atrayentes –me dijo angustiada- Era todo el dinero que había logrado juntar en mi vida; inclusive vendí mi auto para invertir. La inversión prometía retorno rápido pero me engañé. ¿Por qué nada me sale bien en la vida?

Tal vez el texto de hoy responda  la pregunta de Marta. Israel había llegado a la frontera de la tierra prometida y ahora debería tomar posesión de aquella tierra fructífera. Apoderarse de la tierra, significaba para aquel pueblo, luchar. Nada que vale la pena se conquista sin trabajo. Los hijos de Israel tenían una empresa de dimensiones gigantescas delante de sí. ¿Qué hicieron? Fueron a Dios y le consultaron.

¿Acaso ellos no sabían que Dios los había conducido hasta aquel lugar, en cumplimiento de sus promesas? Sabían, sí. A pesar de eso, consultaron una vez más con Dios. Nadie pierde por consultar a Dios. La orientación divina te da la seguridad que necesitas en los momentos más difíciles.

Si lees el relato completo de las conquistas de Israel, verás solo victorias. No podría haber sido de otro modo, si estaban siguiendo las instrucciones divinas.

¿Qué grande desafío tienes hoy delante de ti? ¿Ya consultaste a Dios y a su Palabra para ver si estás siguiendo el camino correcto? ¿Aprueba Dios lo que vas a hacer o te estás dejando seducir por el brillo de las cosas y la belleza de la apariencia?

No creas todo lo que tu corazón te dice: consulta con Dios, con tus padres o con tus amigos de más experiencia. Siempre hay personas sabias a tu alrededor. Recuerda que Israel fue victorioso porque: “los hijos de Israel consultaron a Jehová diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a pelear contra los cananeos?”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¿Por qué?

No comiences las actividades de este nuevo día sin examinar las motivaciones de tu corazón para seguir a Jesús. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué te conviene? ¿Por qué lo amas? ¿O simplemente porque naciste en la iglesia y siempre dijiste que eras un cristiano?

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? (Lucas 6:46)

En los tiempos apostólicos, no era fácil llamar a Jesús de Señor. El emperador era el único que podía llevar ese título y no aceptaba que los súbditos de su imperio, llamasen a otra persona de Señor. Por lo tanto, aceptar a Jesús como señor era colocar la cabeza a premio. Un asunto de vida o muerte. Reunirse en un lugar público y cantar loores a Jesús como señor era afrentar al emperador. Mucha gente era encarcelada y moría en los circos, despedazada por los leones, como resultado de su desobediencia a la orden del César. Sin embargo, la historia muestra que había cristianos fieles y valerosos que, a pesar de las amenazas de muerte, continuaron adorando al Señor Jesús.

Hoy, las cosas han cambiado. Hoy, nadie es amenazado por reconocer a Jesús como Señor, pero el diablo usa otra estrategia con la generación de nuestros días. Ha hecho que la profesión de la fe, no pase de un asunto teórico.

Multitudes cantan a Jesús. Miles se reúnen en estadios y auditorios gigantescos levantando las manos al cielo y dando hosannas al nombre de Jesús, pero ¿cuántos están dispuestos a obedecerle? 

Aceptar a Jesús como Señor es aceptar su soberanía. Su voluntad expresada en su palabra, está por encima de mis creencias, preferencias, o gustos. Mi humanidad debe caer postrada a pies y en humildad debo aceptar sus enseñanzas. No cuenta lo que yo deseo, o lo que a mí me parece, sino lo que dice la Palabra de Dios. Eso es aceptar su señorío y soberanía. 

La pregunta que debo hacerme es ¿Hasta qué punto Jesús es el Señor de mi vida? ¿Hasta qué punto estoy dispuesto a serle fiel?

Hoy, Jesús no me pide que muera por Él. Lo que Jesús desea es que viva por Él, en medio de la cultura moderna, pero sin contagiarme de ella. 

No comiences las actividades de este nuevo día sin examinar las motivaciones de tu corazón para seguir a Jesús. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué te conviene? ¿Por qué lo amas? ¿O simplemente porque naciste en la iglesia y siempre dijiste que eras un cristiano?

La única seguridad de andar en los caminos de Dios es conocer su Palabra y obedecer sus enseñanzas. De otro modo, te arriesgas a oír la voz del Maestro diciendo: ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”

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