DEVOCIONALES
El camino
¡Jesús es el camino! ¡Búscalo hoy, en humildad! ¡Sométete a Él! Síguelo por donde quiera que vaya y tu vida cobrará el brillo de las vidas victoriosas. Amanecerá un nuevo día y no tendrás miedo de vivirlo. Marcharás en la fuerza del que te llamó para escribir una página en la historia de los vencedores.
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Juan 14:6
Les acababa de hablar de mansiones celestiales, sin dolor y sin tristeza. Un mundo perfecto de eterna felicidad. Les acababa de decir que Él estaría preparando esas mansiones y que vendría a llevarlos.
La promesa era demasiado bonita para ser verdad. Especialmente cuando se vive en un mundo dónde todos los días enfrentas las agruras de la vida y de la muerte.
Entonces Tomás, el discípulo al que le gustaba tener pruebas de todo lo que se le decía, preguntó. “Señor, no sabemos cómo llegar allá. Por favor, muéstranos el camino.” Fue en estas circunstancias que el Maestro les respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.”
Es triste querer llegar a algún lugar sin conocer el camino. Pierdes tiempo y esfuerzo. Te frustras, te desengañas y hasta llegas a pensar que te han mentido. Entonces abandonas tus sueños y esperanzas y caes en el terreno del cinismo. El cínico finge que vive y no vive. Hace de cuenta que ama pero odia. Parece que sonríe y sin embargo llora. Y no se incomoda con lo que los otros o él mismo piensen. Pierde la sensibilidad.
-¿Para qué seguir luchando? -me preguntaba el otro día una persona. -Me he esforzado para ser feliz y nada he logrado. ¿Vale intentar de nuevo en un mundo lleno de injusticias?
¡Vale sí! El secreto es encontrar el camino, en medio de tantos caminos engañadores, seductores y atractivos. Caminos que te prometen luces y fuegos de artificio, fama, poder y placer, pero te llevan al pozo de la angustia, a las cuevas tenebrosas de la culpa y del cinismo.
En medio de todo eso, suena la voz mansa de Jesús diciendo: “Yo soy el camino.” ¿Es este mismo “Yo soy” que se le presentó a Moisés en las arenas del desierto? Sí, es este el mismo Dios eterno que le da sentido a una vida escondida en la montaña de los errores humanos. Es el mismo Dios que saca a Moisés de entre las ovejas y lo lleva a conducir un pueblo rumbo a la tierra de sus sueños.
¡Jesús es el camino! ¡Búscalo hoy, en humildad! ¡Sométete a Él! Síguelo por donde quiera que vaya y tu vida cobrará el brillo de las vidas victoriosas. Amanecerá un nuevo día y no tendrás miedo de vivirlo. Marcharás en la fuerza del que te llamó para escribir una página en la historia de los vencedores.
Por eso hoy, no te atrevas a enfrentar las luchas que el día te trae sin recordar las palabras de Jesús: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
¡Salvará!
Jesús también desposó a su iglesia después de haberla encontrado abandonada y haberla salvado. Por eso hoy, vale recordar que “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”
Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Mateo 1:21
Jacinta no pensó dos veces para aceptar la propuesta de atravesar la frontera y partir en busca del sueño americano. Sabía de los peligros que la aguardaban pero su indómita naturaleza de mujer sufrida le decía que no hay recompensa sin dolor. Y partió.
Fueron días terribles de hambre, sed, cansancio, miedo, terror y abuso. Los primeros días acompañó el ritmo de los hombres, en las largas caminadas nocturnas, a través del desierto. Después fue perdiendo las fuerzas y en una oportunidad quedó retrasada. Un “coyote” aprovechó la oportunidad y abusó de ella.
Con la autoestima por los suelos y la dignidad como papel estrujado, Jacinta llegó a pensar que no había valido la pena aventurarse. Fue violada cuatro veces y después abandonada en el desierto. Los “coyotes” pensaban que la joven no sobreviviría al calor infernal del desierto. Pero se engañaron.
Un día, cuando ella misma pensaba que la muerte se aproximaba inexorable, un extraño la encontró y la salvó. Las autoridades los encontraron y ambos fueron presos y deportados. Aquel hombre que la salvó podía haber seguido su camino solo y habría alcanzado su objetivo, pero decidió ayudar a Jacinta. El precio de su nobleza fue la prisión. Jacinta vivió para contar la historia.
El versículo de hoy afirma que la misión de Jesús era salvar. Nos encontró un día muriendo en el desierto de esta vida, sin ideales y sin sueños. A veces, sin dignidad ni respeto propio. Podría haber seguido su camino de largo, pero paró, lo dejó todo allá en el cielo y aceptó pagar el precio de nuestra redención.
Éramos esclavos. Todos estábamos condenados a morir puesto que la paga del pecado es la muerte, pero el Señor Jesús te amó tanto que acepto morir en tu lugar.
Jamás podremos entender amor como ese. Que alguien muera por un justo, dice Pablo, es razonable, pero Jesús mostró su amor por nosotros en el hecho de que siendo pecadores él aceptó morir en nuestro lugar.
Jacinta y el desconocido que la salvó, hoy son esposos y tienen tres hijos. Un año después del triste incidente, volvieron juntos a los Estados Unidos y hoy se alegran en la belleza del evangelio.
Jesús también desposó a su iglesia después de haberla encontrado abandonada y haberla salvado. Por eso hoy, vale recordar que “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”
Todo viene de Él
Por eso, no importa cuál sea la lucha que tú enfrentas, comienza este día seguro de que “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”
Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:13
La noche avanza y avanzan también sus pesadillas. Braulio no Duerme. Fantasmas imaginarios invaden su noche solitaria y la transforman en preámbulo de muerte. Siempre es así, desde los quince años, cuando empezó a usar cocaína. Ya pasaron siete largos años. Tiempo de dolor, de promesas no cumplidas, de lágrimas y de abandono.
Braulio sufre más, al ver el sufrimiento de sus padres. Los ama, aunque ellos no lo crean. Daría la vida para verlos felices y orgullosos del hijo primogénito, pero no tiene voluntad. El vicio se ha apoderado completamente de él.
Pero esta noche es diferente. El hombre que habla en la televisión habla de esperanza, de restauración, de una nueva vida. Cuenta historias de vidas destruidas por los vicios y de la manera maravillosa cómo Dios restauró esas vidas. Y Braulio quiere creer y no puede. Ya creyó en tanta cosa y nada dio resultado. Tiene miedo de seguir frustrándose y engañando a sus padres. Por eso decide mudar de canal. Entonces sucede algo imprevisto. Las cámaras cierran en el rostro de la persona que habla en la televisión y sin querer, el joven drogadicto se encuentra cara a cara conmigo y oye mi voz:
-No eres tú, es Dios el que lo hará. Tus promesas son promesas de arena. Tú no tienes fuerza de voluntad. Lo que estás sintiendo en este momento ya es el trabajo del Espíritu Santo en tu corazón. Deja que Dios termine lo que está comenzando a hacer.
Y Braulio cree. Acepta el milagro divino, y continúa viendo el programa. Cuando termino de hacer el llamado, el muchacho se arrodilla delante de la televisión y llora. “Señor, dice, yo no tengo fuerzas, no soy nadie, no puedo ni quiero. Pero si el querer y el hacer es tuyo, entonces opera el milagro en mi vida y libértame de este vicio.”
Conocí a Braulio años después. Un día, mientras esperaba mi vuelo en el aeropuerto de Dallas, un joven elegante, maletín de ejecutivo en la mano, se aproximó de mí y me preguntó:
-¿Usted es el Pastor Bullón?
Al oír mi respuesta, me abrazó con emoción y me dijo: No sabe cómo le agradezco a Dios porque aquella noche triste, de mi triste vida, Él lo usó a usted como instrumento para traer esperanza a mi corazón.
Por eso, no importa cuál sea la lucha que tú enfrentas, comienza este día seguro de que “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”
Dios sabe
En vez de rumiar tus tristezas y preocupaciones, sólo, dando lugar a la ansiedad, cuéntale a Jesús, lo que te está perturbando. El versículo de hoy dice “No hagáis como ellos” ¿Quiénes ellos? Los que no conocen a Jesús. Los que tratan de resolver sus problemas solos, creyendo que la fuerza de voluntad o la disciplina mental son suficientes para salir de las dificultades.
No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. Mateo 6:8
Si Deus conoce tus necesidades antes que le pidas cualquier cosa, ¿Por qué necesitas orar? Muchos piensan que la oración tiene como propósito informar a Dios la situación difícil por la que están pasando pero, no es así. El propósito principal de la oración es la comunicación con Dios.
¿Imaginaste como sería la vida si las personas se aproximasen unas de las otras solo para pedirse cosas? Sería una aproximación egoísta y sin significado. Las personas conversan por el simple placer de conversar, para cultivar el compañerismo, la amistad y para conocerse mejor.
La oración nada más es sino conversar con Dios. ¿De qué? De todo. Orar es abrir el corazón a Dios, como a un amigo. ¿De qué conversan los amigos? De todo: Deportes, noviazgo, cocina, trabajo, carro, finanzas y a veces de cosas insignificantes e irrelevantes, solo para pasar tiempo con el amigo.
¿Es Jesús para ti el mejor amigo? Entonces ábrele tu corazón. Pasa tiempo con él a solas. Sepárate de las multitudes y en tu cuarto dile a tu mejor amigo todo lo que estas sintiendo. Tus tristezas, dolores, alegrías, sueños y frustraciones.
Al hacer eso no le estás informando de nada. Jesús ya sabe lo que te está sucediendo, pero cuando tú se lo cuentas algo extraordinario sucede dentro de ti. Al levantarte de tus rodillas, ves las dificultades de una perspectiva diferente. El temor, las dudas y la desconfianza desaparecen y te sientes con valor para enfrentar los embates de la vida.
En vez de rumiar tus tristezas y preocupaciones, sólo, dando lugar a la ansiedad, cuéntale a Jesús, lo que te está perturbando. El versículo de hoy dice “No hagáis como ellos” ¿Quiénes ellos? Los que no conocen a Jesús. Los que tratan de resolver sus problemas solos, creyendo que la fuerza de voluntad o la disciplina mental son suficientes para salir de las dificultades.
Hoy es un nuevo día. Ayer ya se fue. Puede haber sido un ayer lleno de momentos tristes, pero ya es pasado. Abre las ventanas de tu corazón a los nuevos desafíos que la vida te presenta. Nada está perdido cuando estás con Jesús, pero no salgas sin recordar el consejo del maestro: “No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.”
Dios te librará
Pobre no es solo el que no tiene que comer sino también el que tiene demasiado para comer pero que llora el vacío del alma. Lo maravilloso es que Dios se preocupa por ambos. ¡Clama a Él! ¡Suplica su ayuda! El está siempre listo a extender la mano a los que buscan su auxilio. Él conoce tus necesidades mejor que nadie, sabe tus dolores y tristezas, la soledad de tu alma, la angustias de tu corazón.
Porque él librará al menesteroso que clamare, Y al afligido que no tuviere quien le socorra. Salmos 72:12
Estoy en la esquina de las calles 7 de setiembre y ouvidor, en el centro de Rio de Janeiro. Hay mucha gente. Gente de todos los colores, formas y tamaños. Estudiantes con cuadernos y libros en la mano. Gente apresurada que corre al trabajo, gente que anda, vendedores ambulantes, compradores y personas que simplemente pasean. Unos tristes, otros alegres. Serios, sonrientes, amargados, en fin. Gente de todos los tipos y todas las razas.
En la misma esquina, sentado en el suelo, hay un mendigo que levanta la mano pidiendo auxilio. Nadie lo mira, las personas están demasiado preocupadas con sus propios problemas para darse el trabajo de siquiera mirar a alguien que extiende la mano.
Es la escena de todos los días y todos los lugares. Gente necesitada de un lado. Personas indiferentes, del otro. ¿Qué hacer? “La vida es así” Parecen pensar las personas. “Es el pan cotidiano de los mortales” “Nadie puede hacer nada por nadie”. Y cada uno sigue el ritmo de su vida huyendo de la pobreza, ajeno a la pobreza de los otros.
Hay momentos en la vida en los cuales literalmente no tienes a dónde ir. Necesitas de ayuda, sientes que tu embarcación se está hundiendo. Las tinieblas de la desesperación rodean tu vida y el miedo te paraliza. Menesteroso y afligido, no sabes a quién pedir socorro.
En el mundo hay personas que no ayudan porque no quieren. Otras no ayudan porque no pueden. Pero el versículo de hoy habla de un Dios que puede y quiere ayudarte. Un Dios que se preocupa por tus necesidades físicas y emocionales. La palabra menesteroso, ebyoun en hebreo, se refiere a alguien que necesita ayuda material, pero la palabra afligido, anyi, está relacionada con las carencias del espíritu y de las emociones.
Pobre no es solo el que no tiene que comer sino también el que tiene demasiado para comer pero que llora el vacío del alma. Lo maravilloso es que Dios se preocupa por ambos. ¡Clama a Él! ¡Suplica su ayuda! El está siempre listo a extender la mano a los que buscan su auxilio. Él conoce tus necesidades mejor que nadie, sabe tus dolores y tristezas, la soledad de tu alma, la angustias de tu corazón.
Ni un gorrión muere, ni un hilo de cabello cae, sin que Dios sepa. ¿Por qué no correría en tu auxilio? Por eso hoy, a pesar de las circunstancias difíciles que puedas enfrentar, recuérdate de la promesa divina: “Porque éllibrará al menesteroso que clamare, Y al afligido que no tuviere quien le socorra.”
El fin del dolor
Llegó la hora de volver a casa. Y ese día está llegando. La concretización final de nuestra esperanza. El sueño, hecho realidad. Hoy aceptamos todo eso por la fe, pero pronto, más pronto de lo que piensas, la trompeta sonará y nadie más te hará llorar, nadie más te hará sentir inferior, no más desempleo, no frustraciones, no más dolor ni lágrimas.
Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. 1 Corintios 15:54
La esperanza del cristiano no se limita a la resurrección sino que va hacia la eternidad. Una vida eterna sin los problemas de este mundo. San Pablo dice que cuando resucitemos, “esto mortal, será vestido de inmortalidad y esto corruptible, será vestido de incorruptibilidad.”
¿Sabes lo que eso significa? Resucitaremos con una naturaleza transformada. Las tendencias pecaminosas habrán llegado al fin. No existirá más la lucha interior que te lleva a la desesperación de querer servir a Dios y no poder. Creo que de todas las bendiciones de la vida eterna, esta, es la más significativa. Volveremos a tener la naturaleza de Adán antes de la caída. Nahúm dice que el pecado no se levantará por segunda vez.
Claro que también habrá una transformación física. El cojo saltará, el ciego verá y el mudo hablará. El que murió consumido por el cáncer, resucitará completamente curado y con un cuerpo sin ningún tipo de molestias. Pero para que todo esto sea una realidad, es necesario que Jesús vuelva. Nuestra esperanza está centralizada en Jesús y en su retorno triunfante a este mundo. Ese será el punto final a la historia del pecado. La salvación y todo lo que Jesús hizo en la cruz del calvario, no tendría mucho sentido sin la segunda venida. ¿Cuál sería el mérito de la salvación? ¿Viviríamos salvos, por la eternidad en este mundo de dolor, pecado y muerte? ¿Continuaríamos enterrando a nuestros seres queridos arrancados por la muerte? ¿Continuaría la explotación, miseria y traición del ser humano? ¡No! Jesús viene para decir: ¡Basta!
Llegó la hora de volver a casa. Y ese día está llegando. La concretización final de nuestra esperanza. El sueño, hecho realidad. Hoy aceptamos todo eso por la fe, pero pronto, más pronto de lo que piensas, la trompeta sonará y nadie más te hará llorar, nadie más te hará sentir inferior, no más desempleo, no frustraciones, no más dolor ni lágrimas.
Yo quiero prepararme para ese día. ¿Lo quieres tú también?
Despierta aun nuevo día pero recuerda que pronto, muy pronto, cuando “esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.”
Dios no falla
Deposita toda tu confianza en Dios. Conócelo. Cree en él. Dios jamás desamparó a los que lo buscan. Y recuerda: “En ti confiarán los que conocentu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscan.”
En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron. Salmos 9:10
La voz de Douglas sonaba a tragedia cuando me llamó. El reloj indicaba exactamente 9:50, hora del este. Para él sin embargo, ya era noche. El fin de los tiempos había llegado. Los ahorros de toda su vida estaban aplicados en la bolsa de valores y de repente todo se desmoronaba delante de sus ojos sin que pudiese hacer nada para salvar su patrimonio.
Por eso me llamó. Se acordó de Dios y quería que yo le ayudase a orar para ver si podía salvar algo, en medio de todo aquel terremoto financiero.
En Nueva York, las bolsas parecían enloquecidas. Como un carro sin dirección, precipicio abajo. En Europa el caos no era menor. Rusia y Brasil tuvieron que cerrar el pregón de la bolsa después de una caída brutal de 15% para ver si los ánimos se calmaban.
En Portland, donde yo estaba, el tránsito en medio del día sombrío, se me antojaba el desfile fúnebre de muchas carrosas, al ritmo insistente de una llovizna gris e sin vida.
EEUU vive uno de los peores momentos de su historia. Se perdió la confianza en el sistema financiero. El país del sueño americano parece un gigante herido, tambaleante, tratando de descubrir qué es lo que está sucediendo. El fantasma de la recesión avanza implacable. Familias de clase media están devolviendo sus casas porque no tienen condiciones de pagar. Todos, de una forma u otra, se ven amenazados por un futuro sombrío e incierto a corto plazo.
En medio de toda esa turbulencia como es bueno escuchar la voz de Dios diciendo: “En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscan.”
Confiar en el Señor es el secreto para salir victorioso de todos los embates de la vida. Tal vez el consejo te parezca muy simple. ¿De qué sirve confiar en Dios cuando todos los ahorros de tu vida se están haciendo humo? ¿La caída de la bolsa va a parar solo porque confías en Dios? No. Tal vez no. Seguramente no.
Pero los que confían en el Señor no desesperan, no enloquecen, ni piensan que la única salida es la muerte. Los que conocen a Dios saben que Dios puede levantar a sus hijos de las cenizas, como lo hizo con Job.
Deposita toda tu confianza en Dios. Conócelo. Cree en él. Dios jamás desamparó a los que lo buscan. Y recuerda: “En ti confiarán los que conocentu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscan.”
Transformación
Mirar a Jesús no es algo romántico. No necesitas quedarte absorto, contemplando el retrato de Jesús. Mirar a Jesús significa buscarlo todos los días a través del estudio de la Biblia, de la oración y de la meditación. Si haces eso el carácter de Jesucristo irá reproduciéndose lentamente en tu vida y serás cada día más semejante e Él.
Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. 2 Corintios 3:18
Mirar a Jesús todos los días, como en un espejo. Ese es el secreto de la transformación. El Apóstol Juan es el mejor ejemplo de esa metamorfosis espiritual. Llegó un día a Jesús, cargando una personalidad deformada por el pecado. El pecado deforma las cosas bellas que Dios creó. Al salir de las manos del creador, Adán y Eva eran semejantes a Dios en su carácter. Pero el pecado deterioró en ellos esa imagen. Así, cuando Juan se aproximó de Jesús traía la deformación del pecado. Un temperamento explosivo, egoísta y orgulloso. Su apodo era “El hijo del trueno”. ¿Te imaginas cómo era el carácter de este hombre para que llevase ese apodo?
Gracias a Dios que, lo que realmente importa en la vida no es lo que eres, sino lo que llegarás a ser transformado por el poder divino. Juan buscó a Jesús de todo corazón. Lo buscó en todos los momentos. Lo observaba, lo contemplaba, lo miraba y lo admiraba. Se quedaba a su lado en los momentos de paz y de conflicto. En las horas buenas y en las horas malas. El resultado es que cuando Juan llegó a ser un anciano y estaba solo en la isla de Patmos, su apodo ya no era más “El hijo del trueno” sino, el discípulo del amor.
¿En qué momento cambió la vida de Juan? Nadie podría decirlo. La transformación que el Espíritu Santo opera en el ser humano, es lenta, progresiva e inadvertida por el propio ser humano. Los otros ven. Los que están a tu vuelta perciben. Tú no. Tú te sientes cada vez más indigno e insuficiente.
Mirar a Jesús no es algo romántico. No necesitas quedarte absorto, contemplando el retrato de Jesús. Mirar a Jesús significa buscarlo todos los días a través del estudio de la Biblia, de la oración y de la meditación. Si haces eso el carácter de Jesucristo irá reproduciéndose lentamente en tu vida y serás cada día más semejante e Él.
Por eso hoy, antes de salir para las luchas de un nuevo día, lleva a Jesús tus cargas. Llévale la montaña de promesas que no cumpliste, tus decisiones de arena, tus determinaciones humanas y dile: “Señor, yo solo no puedo, necesito desesperadamente de ti, ven y habita en mí.” Porque “mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”
Sufrimientos
El dolor es una realidad del mundo de pecado en el que vivimos. Puede ser grotesco, irracional e injusto, pero es el pan de nuestro día a día. Sufren los justos y también los injustos. La diferencia es que el sufrimiento de los justos es gloria. Te purifica, te burila, te limpia, trabaja el bello diamante que se esconde en ti.
Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas, si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. 1 Pedro 2:20
Aquel día amaneció triste. Más triste que cualquier otro. La neblina densa que envolvía la ciudad parecía el presagio de algo funesto. Por lo menos a Susana, le daba la impresión de que aquel día marcaría su vida para siempre.
El reloj de pared indicaba tres de la tarde en la escuela donde ella trabajaba. Repentinamente se oyó un rumor lejano como el lamento triste de muchas voces. A medida que los segundos transcurrían y las cosas empezaron a ser agitadas Susana percibió que se trataba de un terremoto.
Lo primero que la joven maestra hizo, instintivamente, fue correr en dirección de los niños como la gallina busca a sus polluelos para protegerlos. Fue inútil. Los niños, desesperados no obedecían la voz de la maestra y corrían, como cabritos enloquecidos, de un lado para otro. Los segundos parecían una eternidad y la tierra temblaba como un gigante herido. Cuando el peligro pasó solo restó un coro de gritos de dolor y un escenario fúnebre de sangre, cuerpos heridos, y muerte.
Conocí a Susana años después del terremoto. Todavía cargaba en su inconsciente el peso de la culpa. Como si ella hubiese sido la causante de aquella tragedia.
-Hice todo lo que pude pero no logré protegerlos- me dijo, refiriéndose a los seis niños muertos en aquella ocasión. Y después, con los ojos bien húmedos me preguntó:
-¿Por qué es necesario sufrir en este mundo?
Tal vez el versículo de hoy, sea tu respuesta Susana. El dolor es una realidad del mundo de pecado en el que vivimos. Puede ser grotesco, irracional e injusto, pero es el pan de nuestro día a día. Sufren los justos y también los injustos. La diferencia es que el sufrimiento de los justos es gloria. Te purifica, te burila, te limpia, trabaja el bello diamante que se esconde en ti.
Ya el dolor de los injustos no tiene sentido. Es como la herida purulenta que va destruyendo lenta, imperceptible pero completamente.
El cristianismo no te protege del dolor. Le da una nueva orientación a tu sufrimiento. Te hace grande, te ennoblece y te prepara para conquistas más grandes. Solo ten la seguridad de que en el momento del dolor estés en los brazos de Jesús. Pues “¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas, si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.”
Seguridad
Solo en Jesús, desaparecen los miedos y temores. En Él no hay más lugar para la inseguridad. En Jesús tenemos acceso. Por eso hoy, recibe inspiración para una nueva jornada, pensando en las palabras de Pablo: “En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él.”
En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él. Efesios 3:12
¿Alguna vez has pasado por la dolorosa experiencia de ser rechazado? O peor, ¿Entraste a algún lugar sin haber sido invitado y tuviste miedo de ser descubierto y expulsado?
La seguridad es una de las necesidades básicas del ser humano. El niño, necesita sentirse seguro para tener un desarrollo equilibrado. La vida sin seguridad es una permanente sensación de ausencia. Ausencia de alegría, de plenitud, de realización. Ausencia de la propia vida.
Te sientes ajeno, extranjero, peregrino. Nada te pertenece ni perteneces a nadie. Eres, sin ser. Existes sin vivir. Te perturba la pregunta inconsciente: “¿Para qué estoy en este mundo? ¿Qué hago aquí? ¿De dónde vengo y a dónde voy?”
El versículo de hoy trae una de las más bellas promesas de seguridad. Pablo escribiendo a los efesios les promete seguridad y acceso. Les dice que no es más necesario andar por la vida sintiendo que no tienen derecho a nada. Acceso. ¿Entiendes? Puedes entrar, las puertas están abiertas para ti. Tienes derecho. Nadie te va a preguntar: “¿Por qué estás aquí?”
A pesar de que la promesa divina que Pablo presenta se refiere a la seguridad y acceso a la vida eterna, es válida también para los desafíos que esta vida te presenta. Para vencer, necesitas un corazón seguro y no hay seguridad interior si Jesús no está presente. Una de las cosas maravillosas que Jesús hace en es colocar en orden tu mundo interior. Él limpia lo que tiene que ser limpiado, arregla lo que tiene que ser arreglado, saca lo que tiene que ser retirado, en fin, Él coloca paz en tu corazón, retira de tu vida la permanente sensación de culpa que te paraliza y te imposibilita de alcanzar la victoria en cualquier área de la vida.
Inútilmente el ser humano trata de colocar armonía a su mundo interior echando mano de los recursos de disciplinas
Existencialistas. Eso que la nueva era llama de “armonía interior” nada más es sino la paz que Jesús promete a los que reconocen su insuficiencia y lo buscan. En Jesús. Solo en Jesús, desaparecen los miedos y temores. En Él no hay más lugar para la inseguridad. En Jesús tenemos acceso. Por eso hoy, recibe inspiración para una nueva jornada, pensando en las palabras de Pablo: “En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él.”
Dios oirá
Las preguntas de hoy son: “¿Hacia a dónde te diriges? ¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿Estás zozobrando en las turbulentas y destructoras aguas del vicio? ¡Clama a Dios! Él oirá tu clamor, correrá en tu dirección, te extenderá la mano y hará nacer un nuevo día para ti.
Sabed, pues, que Jehová ha escogido al piadoso para sí; Jehová oirá cuando yo a él clamare. Salmos 4:3
El mar, aquella tarde, parecía un potro herido por mil espuelas. Las olas reventaban enloquecidas, con sonido de tragedia y sabor de muerte. Y era justamente la muerte la que se acercaba de Lidia, amenazadora e inminente. La joven rubia, de sardas en el rostro, sentía que sus fuerzas habían llegado al límite. Extenuada, agostada y desesperada, veía llegar el fin de su corta existencia. Nacida en un hogar ateo, sentía que en su vida, no había lugar para las cosas del espíritu. Y sin embargo aquella tarde gris, sin gaviotas, ni sol, ni alegría; aquella lúgubre tarde, al sentir que nada más podía hacer para salvarse, elevó los ojos al cielo y clamó: “!Señor, sálvame!”
La respuesta no demoró. Desmayó y perdió consciencia de las cosas. Pero cuando despertó, percibió que estaba viva. Un pescador, que retornaba para casa por causa de la tormenta, la había visto y la había rescatado.
Lidia es hoy una enfermera cristiana que dedica su vida a Dios y a la humanidad, en un país africano. Ella conoce de manera práctica lo que el versículo de hoy quiere decir: “Dios ha escogido al piadoso para sí.”
Dios tiene un plan maravilloso para ti. A veces, por esas cosas de la vida, pierdes el rumbo de tus ideales y empiezas a correr atrás de valores pasajeros, olvidando el sueño de Dios para tu vida. Y las propias circunstancias adversas del camino que escogiste, son el instrumento de Dios para traerte de vuelta a la realidad de tus ideales.
Dios te ha escogido. Nada ni nadie será capaz de destruir el sueño divino para ti. Por eso estará siempre dispuesto a oírte y a extenderte la mano cada vez que lo necesites y lo busques.
Las preguntas de hoy son: “¿Hacia a dónde te diriges? ¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿Estás zozobrando en las turbulentas y destructoras aguas del vicio? ¡Clama a Dios! Él oirá tu clamor, correrá en tu dirección, te extenderá la mano y hará nacer un nuevo día para ti.
Nada está perdido para los que creen en Dios. Nunca es tarde para los que reconocen que no tienen fuerzas y vuelven los ojos a Él, en busca de ayuda. Por eso hoy, antes de salir para los afanes de un nuevo día recuérdate que:”Jehová ha escogido al piadoso para sí; Jehová oirá cuando yo a él clamare.”
¡Acercaos!
Hoy es el día de buenas nuevas, hoy es el día de salvación. Si por esas cosas de la vida has sido manchado por la lepra del pecado, si tus manos están sucias y tu corazón no soporta más vivir la hipocresía de una vida doble. Si desear ser auténtico y plenamente feliz, ven a Jesús hoy, antes de partir para las actividades del día.
Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. (Santiago 4:8)
Según el versículo de hoy, el pecado conduce a tres actitudes destructivas. Primero, separa de Dios. Por eso el consejo es “Acercaos a Dios.” En segundo lugar, ensucia la vida, lleva a cometer hechos desastrosos y acciones inmundas. Por eso el consejo es: “Limpiad las manos.” Y finalmente hace caer en la hipocresía, en la duplicidad de vida. Exteriormente el ser humano es “maravilloso”, pero interiormente está cayendo en pedazos y sintiéndose sucio. Por eso la advertencia es: “Purificad vuestros corazones.”
El corazón es la cuna de los pensamientos y de las intenciones. Todo comienza allí. Allí se urden los planes más siniestros. Nacen como pequeños monstruos inofensivos y van creciendo y tomando formas grotescas. Después, el tiempo se encarga de llevar el mensaje a las manos. Ellas realizan lo que el corazón proyecta.
El verbo limpiar, en griego, es katarizo, que significa literalmente ser purificado. Tiene implicaciones espirituales y no simplemente morales y físicas. Pena que los seres humanos nos preocupamos solo con lo que se ve. Los ojos ven la lama, la sociedad ve y condena el desvío moral por causa del bienestar público. Pero a Dios le preocupa la implicación espiritual.
Esta es la razón por la que Santiago dice: “Acercaos a Dios.” Devolverse a Dios es la única solución para los desvaríos del corazón humano. En vano la criatura intenta soluciones que sustituyan el plan establecido por el creador. El verbo limpiar, es usado en la Biblia, en el noventa por ciento de los casos, en la voz pasiva, dando a entender que el ser humano no puede purificarse. Él, solo puede acercarse a Dios. Herido, inmundo, sangrando, destruido, acabado, putrefacto como el leproso. Es Dios el que lo limpia, lo purifica, lo cura, lo restaura y lo hace una nueva criatura.
Hoy es el día de buenas nuevas, hoy es el día de salvación. Si por esas cosas de la vida has sido manchado por la lepra del pecado, si tus manos están sucias y tu corazón no soporta más vivir la hipocresía de una vida doble. Si desear ser auténtico y plenamente feliz, ven a Jesús hoy, antes de partir para las actividades del día.
Presta oídos al consejo de Santiago: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.”
¡Permaneced!
Hoy puede ser un día de victoria con Jesús. Pasar tiempo con Él, de mañana, es como llenar el tanque del Carro con el combustible que lo hará funcionar a lo largo del día.
Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Juan 15:4
Vicente cree que es imposible ser cristiano. Se ha esforzado para andar en los senderos que aprendió desde su niñez, pero por más que lucha, no alcanza su objetivo. Eso lo deja frustrado y triste.
El joven de porte altivo y mirada desafiante es un vencedor en otras áreas de la vida. A los 28 años, es el presidente de una empresa que nació en un cuarto de su casa. Hoy, tiene como sede, un edificio entero de 5 pisos. En la vida profesional Vicente es un vencedor.
-¿De qué me vale todo eso, si cuando nadie me ve soy un pobre esclavo de mi naturaleza? -se pregunta angustiado- y parece no encontrar la respuesta por ningún lado.
La respuesta para su pregunta está en las palabras de Jesús registradas en el texto de hoy. El objetivo que este joven empresario persigue en la vida espiritual son los frutos. Busca victorias, realizaciones, quiere vivir la satisfacción de una vida espiritual realizada. Es auténtico. Rechaza la hipocresía y la mentira. La vida doble que lleva lo atormenta. No es feliz.
Jesús dice que los frutos son resultados de algo simple: relacionamiento. “Permaneced en mí y yo en vosotros” –dice. Y concluye: “Sin mí nada podéis hacer”.
Vicente no tiene tiempo para relacionarse con Jesús. El éxito empresarial es el resultado de su trabajo incansable. Se levanta casi de madrugada y se acuesta bien tarde, después de un día agotador de actividades y decisiones.
Él, ama a Jesús y respeta los principios de la iglesia. Por lo menos, se esfuerza para respetarlos, aunque en la intimidad sabe que es un pobre derrotado. Cree que relacionarse con Jesús es asistir semanalmente a los cultos y tratar de ser bueno, pero la vida ya le mostró que eso no da resultado. Falta algo y todavía no lo ha descubierto.
Relacionamiento, desde el punto de vista bíblico es pasar tiempo diario con Jesús, estudiando la Biblia y orando. No existe sustitución para estas actividades de la vida devocional. Si no pasas tiempo diario con Jesús, simplemente no te relacionas con Él, a pesar de lo que creas o lo que digas.
Hoy puede ser un día de victoria con Jesús. Pasar tiempo con Él, de mañana, es como llenar el tanque del Carro con el combustible que lo hará funcionar a lo largo del día.
No salgas corriendo para las actividades de la vida. Recuerda el consejo de Jesús: “Sin mí, nada podéis hacer.”
Dios se revela
El Señor desea comunicarse contigo no solo a través de su Palabra sino también a través de la naturaleza. Cuídala, obsérvala, protégela y trata de aprender las lecciones que ella te puede proporcionar.
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y la expansión denuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría.” Salmo 19:1 y 2
Dios es un Padre de amor que se interesa en la vida de sus hijos. Él no te creó y te dejó abandonado a tu triste destino. Desea guiarte y llevarte al puerto deseado de la felicidad. El problema es que en este mundo hay tantas voces que te dicen lo mismo y a veces, tienes dificultad para identificar la voz de Dios. Pero Él siempre está a tu lado, llamándote e invitándote a vivir una experiencia de amor con Él.
El versículo de hoy dice que la naturaleza cuenta la gloria de Dios. Te habla de muchas maneras. Mediante el canto del pajarito, en el desabrochar de una flor; de manera dulce, en la brisa mansa de la tarde calurosa; o de manera enérgica en la voz del trueno, pero te habla. La pregunta es ¿Entiendes lo que la naturaleza te dice? ¿Tienes tiempo para parar y observar lo que sucede a tu vuelta o vives demasiado ocupado y ansioso con las cosas de esta vida?
Es una pena que a veces el ser humano, al observar la belleza de los astros y de la naturaleza, empieza a adorar a las cosas creadas y no al creador. Cuánta gente se pierde en los recovecos del misticismo y de la astrología, en lugar de volver los ojos al Dios maravilloso que creo todo aquello. La próxima vez que veas un arcoíris, el vuelo de una mariposa, o el nacer del sol, trata de escuchar la voz de Dios.
El Señor desea comunicarse contigo no solo a través de su Palabra sino también a través de la naturaleza. Cuídala, obsérvala, protégela y trata de aprender las lecciones que ella te puede proporcionar.
Haz de este día un día de observación. Por el camino en que te diriges a tu trabajo, a tu colegio; en el jardín de tu casa, o de la universidad; en la calle, en fin. Para, observa lo que Dios creo, levanta los ojos al cielo, mira el cielo azul o cubierto de nueves y pregúntate a ti mismo: “¿Qué lecciones quiere ensenarme Dios a través de las cosas simples que la naturaleza me muestra?” Ah, y no te olvides: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y la expansión denuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría.”
Confianza
No desistas. Lo primero que Dios hará en tu vida es colocar paz en tu corazón y después, curado de tus ansiedades, Él te usará a ti mismo como el instrumento poderoso para hacer maravillas.
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Isaías 26:3
Los dos últimos años fueron muy difíciles para Jaime. Desempleado, con la autoestima por los suelos y el hogar al borde del colapso, no resistió a la tentación de encaminarse por las tenebrosas avenidas de la deshonestidad. Al principio todo iba bien. En pocos meses había logrado ganar lo que no pudo hacer honestamente en varios años. Con dinero en el bolsillo, aparentemente su vida volvió a la normalidad. Tuvo paz exterior. Pero pasaba noches enteras sin dormir, castigado por el peso de la culpa. Así mismo, creyó que valía la pena.
Repentinamente. Cuando pensaba que nadie lo descubriría, su delito se hizo de conocimiento público y además de la vergüenza y el escándalo, acabó en la prisión.
La paz que el profeta menciona en el texto de hoy, no es la paz del cuerpo, sino del alma. La paz que realmente vale. Aquella que organiza tu mundo interior y te prepara para los embates de la vida.
Pena que a veces el ser humano confunde las cosas. Busca la paz exterior a cualquier costo aunque para eso tenga que violar la propia consciencia. Después, en el silencio de su insomnio no se explica lo que sucede. Solo sabe que algo lo perturba por dentro, lo hace infeliz. Es como el martillo que golpea sin parar, incomodado, hiriendo, asfixiando.
El profeta Isaías habla hoy de la paz que nace de la confianza en alguien que nunca falla. Menciona la perseverancia como condición para recibir esa paz. Dice:”Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera.” Perseverar, en el original hebreo es camak, que literalmente significa “descansar la mente en algo.”
Yo sé que es difícil descansar cuando el mar a tu redor está agitado. Cuando no hay dinero para atender las necesidades de la familia, cuando la enfermedad toca la puerta o la muerte te merodea. Sin embargo, el consejo del Profeta no falla. En los momentos más difíciles, coloca la mente en Dios y descansa en Él, aunque aparentemente nada acontezca, aunque te parezca infantil.
No desistas. Lo primero que Dios hará en tu vida es colocar paz en tu corazón y después, curado de tus ansiedades, Él te usará a ti mismo como el instrumento poderoso para hacer maravillas.
Por eso hoy, aunque solo veas sombras a tu vuelta, parte para la lucha recordando que Dios “guardará en perfecta paz a los que en Él perseveran.”
Nos amó
Por eso hoy, antes de enfrentar las vicisitudes de la vida, piensa un poco en el amor maravilloso de Dios por ti. Y que eso te inspire a vivir un nuevo día. ”Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él crea no se pierda mas tenga vida eterna.”
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16
-Nunca, nadie me amó- se queja Germán, con la cabeza entre las manos, en señal de derrota.
Es el cuadro de la desesperación, de la impotencia, la aceptación elocuente del fracaso.
Germán es homosexual. Abusaron de él cuando era solo un niño de ocho años.
-Es injusto lo que la vida hizo conmigo- se lamenta.
Durante algún tiempo, el joven moreno de cabellos acaracolados y sonrisa triste trató de racionalizar su pecado. Argumentó que era un asunto de preferencia sexual y que los tiempos habían cambiado.
Tal vez los tiempos cambiasen. Quién sabe la cultura de nuestros días intentase aceptar cualquier desvío de conducta como algo normal. Pero el grito angustiado de su corazón, no cambiaba. Germán sabía que había salido de las manos de Dios y nunca sería completo si no se devolviese a Él. Su corazón buscaba el retorno a la plenitud, que solo podría ser encontrada en el Creador.
Germán era despreciado, rechazado dejado de lado, a pesar que se unía a grupos reivindicatorios y exigía que se respetasen sus derechos. De aquel rechazo nacía su tristeza, su sonrisa melancólica, y las lágrimas que derramaba a solas cuando se encontraba entre cuatro paredes y sentía la ausencia de Dios.
Una noche triste de sus tantas tristes noches, me vio hablando en la televisión. Lo que tocó su corazón fue saber que era importante para Dios a pesar de que él siempre había creído que no le importaba a nadie.
Saber que Dios lo había amado tanto, que diera a su Hijo Unigénito para morir en la cruz, por él, lo conmovió. Se sintió más malo que nunca, sucio, indigno. Pero, misteriosa, incomprensible e incoherentemente feliz. Aquel momento, fue el comienzo de una nueva experiencia. Aquella noche, delante de la televisión, el joven de sonrisa melancólica y cabellos acaracolados, entendió que su valor no radicaba en lo que era, sino en lo que Jesús había hecho por él en la cruz del Calvario.
Por eso hoy, antes de enfrentar las vicisitudes de la vida, piensa un poco en el amor maravilloso de Dios por ti. Y que eso te inspire a vivir un nuevo día. ”Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él crea no se pierda mas tenga vida eterna.”
En gloria
San Pablo habla de “Cristo, vuestra vida.” No existe vida cuando estás lejos de Jesús. El es la vida. Todo lo que el ser humano viva separado de la fuente de la vida es un remedo de vida, frustración, vacío, busca incansable, simple sobrevivencia.
Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él, en gloria. Colosenses 3:4
Estaba delante de mí, en la escalera eléctrica que nos conducía a la plataforma del tren, en el aeropuerto de Dallas. Delante de mí estaba ella, como tantas otras personas. Me llamó la atención por un simple detalle: lloraba. Discretamente, como si tuviese vergüenza de mostrar sus sentimientos.
Por algún motivo que no sé explicar, me conmueven las lágrimas. Quisiera andar con un pañuelo, enjugando el llanto de todas las personas tristes, pero me descubro insignificante, limitado, incapaz de hacerlo. Y sin embargo me continúa doliendo el dolor ajeno. No me deja ser feliz. No, plenamente. Me recuerda que vivo todavía en el imperio de la tristeza y de la muerte, donde llorar sea tal vez, la mejor manera de sacar el veneno que destruye el alma.
Nunca sabré como se llamaba la mujer triste que vi llorar en el aeropuerto de Dallas. Pero sé que la vida, siempre será incompleta sin Jesús.
El texto de hoy habla de vida y de gloria. Se refiere a la gloria que recibirán los redimidos cuando Jesús se manifieste de manera victoriosa y triunfante a este mundo. Pero su aplicación es alentadora hoy, mientras todavía transitamos por el desierto de esta vida.
San Pablo habla de “Cristo, vuestra vida.” No existe vida cuando estás lejos de Jesús. El es la vida. Todo lo que el ser humano viva separado de la fuente de la vida es un remedo de vida, frustración, vacío, busca incansable, simple sobrevivencia.
Yo no sé, si la mujer del aeropuerto, conocía a Jesús. No tuve tiempo de hablar con ella. Bajó del tren un corredor antes del mío. La vi marcharse, con su porte de ejecutiva, sus ropas caras y sus lágrimas.
Me quedé pensando en el dolor de aquella mujer, en su lucha interior, en sus dificultades familiares, en sus sueños frustrados y tuve ganas de escribir este devocional para decirte que la vida solo vale la pena ser vivida con Jesús. Con Él, hasta el dolor tiene sentido. Inclusive las lágrimas, significan esperanza. La esperanza de que un día todos los que Creímos en Jesús, “seremos manifestados en gloria.”
La dimensión del amor
Pablo dice que el amor sano es sincero, auténtico y sin fingimiento. Se muestra como es. No se coloca máscaras. No se esconde, no camina en las sombras, no combina con penumbra.
Ese tipo de amor no es pasivo, es movido a la acción. Extiende la mano en dirección del necesitado. Renuncia, a veces, a favor del otro. Paradójicamente el mayor beneficiado no es el amado, sino el que ama.
El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Romanos 12:9
Leo, observó maravillado la danza de las figuras extrañas, ataviadas de ropas orientales: tres mujeres, moviéndose seductoramente en el palco. Se acercó y vio con asombro que eran jóvenes y hermosas. Tenían los ojos verdes. Relucientes como esmeraldas. La figura de sus cuerpos en movimiento cautivó su mirada por varios minutos. Al terminar el show, se acerco de una de ellas. Era morena, de rostro triste. Su tristeza no combinaba con la danza que acababa de presentar.
Fue algo inexplicable. Solo una hora de conversación y ambos llegaron a la “conclusión” de que estaban profundamente enamorados. Así comenzó una historia de dolor, angustia y muerte.
Meses después, Leo no pudo soportar el dolor de verse engañado. Su mundo quedó en tinieblas y sus emociones perturbadas, le hicieron cometer un crimen que lo llevaría a la prisión por varios años. Todo sucedió la noche en que ella le dijo que nunca lo había amado. Se había casado con él, solo por causa de su dinero.
-¿Cómo puedes decir eso si pasamos tantos momentos maravillosos? Preguntó el joven engañado, en el límite de la desesperación.
- Fingí. Simplemente fingí. –Fue la respuesta dura y fría.
Lo que sucedió después, lo contaron los periodistas, con lujo de detalles.
El amor sea sin fingimiento, dice Pablo, escribiendo a los romanos. Él no se refiere solo al amor de una pareja. El consejo sirve para todas las circunstancias que el amor involucra. El amor es el sistema circulatorio de las relaciones humanas. Cuando la sangre llega, sana, a cada miembro del cuerpo lleva salud y lo capacita a ejercer sus funciones.
Pablo dice que el amor sano es sincero, auténtico y sin fingimiento. Se muestra como es. No se coloca máscaras. No se esconde, no camina en las sombras, no combina con penumbra.
Ese tipo de amor no es pasivo, es movido a la acción. Extiende la mano en dirección del necesitado. Renuncia, a veces, a favor del otro. Paradójicamente el mayor beneficiado no es el amado, sino el que ama.
Por eso, hoy, proponte amar, sin máscaras. Recuerda el consejo sabio: “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.”
Grandes cosas
¿Tienes miedo que el pueblo no entienda tu actitud? ¿El Señor ha colocado la certidumbre en tu corazón pero sabes que los otros no te entenderán? No te preocupes. Lo único que debe importarte es que lo que vas a realizar, es la orden de Dios.
Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre, Y su misericordia es de generación en generación. A los que le temen. Hizo proezas con su brazo. Lucas 1:49-50
El sol despunta, en las montañas de Judá. Una jovencita camina pensativa. Túnica y sandalias viejas. Tristeza y alegría en el rostro. Vez por otra se toca el vientre. Quiere sentir el palpitar de la vida que se genera dentro de ella.
La mescla de sus sentimientos nace de la confusión. Su mente es un remolino de ideas. Se siente feliz por llevar dentro de sí, alguien tan especial. Al mismo tiempo la tristeza la envuelve. Sabe que el pueblo la condenará, al enterarse de la noticia.
Llega a una ciudad escondida entre las montañas. Todos llegamos. Si partes, acabas llegando. Es una ley de la vida.
Al llegar, el niño salta dentro de su vientre y su prima percibe. Hay cosas que no se pueden ocultar.
Fue en esas circunstancias que la joven ora. “El Poderoso me ha hecho grandes cosas”, dice. ¿De qué grandes cosas habla? ¿Qué grandes cosas había hecho el Poderoso con ella? “Hizo proezas con su brazo”, sigue diciendo. ¿A qué se refiere?
El texto de hoy fue sacado de la oración que María hizo cuando visitó a su prima Elisabeth para darle la noticia de su embarazo. El niño era Jesús.
Tú y yo hoy, sabemos que María había recibido un privilegio. Había sido escogida entre millones de seres humanos para ser la madre del Salvador. “Bendita tú entre las mujeres; y bendito el fruto de tu vientre”, la había dicho su prima.
Elizabeth, tú y yo, lo entendemos. Siempre hay gente que te entiende. Pero no todos están dispuestos a hacerlo.
La multitud, seguramente hablaría pestes al enterarse que una joven, que aún no había convivido con su prometido esposo, estaba en cinta. Sería motivo de chacota y burla. Lenguas venenosas se encargarían de desfigurar la situación. Pocos creerían que aquel niño, era fruto del Espíritu Santo.
Y sin embargo María creía que el “Poderoso” había hecho grandes cosas con ella. La joven miraba más allá de la tormenta.
¿Tienes miedo que el pueblo no entienda tu actitud? ¿El Señor ha colocado la certidumbre en tu corazón pero sabes que los otros no te entenderán? No te preocupes. Lo único que debe importarte es que lo que vas a realizar, es la orden de Dios y, aunque los otros no te entiendan, enfrenta el desafío diciendo: “Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre, Y su misericordia es de generación en generación. A los que le temen. Hizo proezas con su brazo.”
Conforme a tu Palabra
La pureza, simplicidad y humildad de una niña como María, nos ensena el secreto del éxito. Hoy, los grandes maestros de Liderazgo, escriben acerca del líder siervo. Parece el gran descubrimiento de la última década. Las empresas envían a sus ejecutivos a asistir a seminarios, para aprender algo, que la Virgen María, con su actitud desprovista de pretensiones, ensenó siglos atrás.
Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia. Lucas 1:38
Uno de los seres más conocidos del planeta es María, la madre de Jesús. La niña simple, de 16 anos que un día puso su vida al servicio de Dios, se convirtió en una persona admirada y seguida en los cuatro lados de la tierra. Su nombre atraviesa tiempo, cultura, raza, e idioma. Brilla en la memoria y en las emociones de millones de seres humanos.
No corrió atrás de la fama, no buscó gloria. Quiso apenas servir. “He aquí la sierva del Señor, dijo, hágase conforme a tu palabra”. Y sin embargo, es reverenciada por todas las generaciones.
“Dios da barba a quien no tiene quijada” –me decía un día de esos, Anny. Su sueño era ser estrella de televisión y pensaba que yo podría ayudarla de alguna forma. “Usted conoce mucha gente –me dijo con un brillo de expectativa en los ojos- He luchado, he tocado puertas, me he esforzado, pero estoy lejos de ver mi sueño hecho realidad. ¿Por qué, personas que no quieren ser famosas, consiguen todo?”.
Quizá sea por eso Anny. Sin duda, es por eso. La fama, el dinero, el poder, el prestigio no pueden ser el objetivo de la vida. La verdadera motivación debe ser el servicio. Lo otro es consecuencia.
Si haces de tu vida, una obsesión por alcanzar cosas. Puedes, inclusive conseguirlas, pero, ¿De qué te valen? Continuaras insatisfecha y vacía. Correrás entonces atrás de las sensaciones alucinantes del placer, pensando que es eso, lo que falta para llenar el vacío de tu corazón, y un día, descubrirás que desperdiciaste los mejores años de tu vida, corriendo en pos de pompitas de jabón. Ilusión. Espejismo. Sentirás un sabor amargo en la boca. Sabor de derrota. Tristeza obsesiva. Depresión.
La pureza, simplicidad y humildad de una niña como María, nos ensena el secreto del éxito. Hoy, los grandes maestros de Liderazgo, escriben acerca del líder siervo. Parece el gran descubrimiento de la última década. Se habla y se enseña cómo desarrollar la inteligencia emocional. Las empresas envían a sus ejecutivos a asistir a seminarios, para aprender algo, que la Virgen María, con su actitud desprovista de pretensiones, ensenó siglos atrás.
Por eso hoy, antes de salir en busca de tus sueños, para y piensa. ¿Cuáles son tus motivaciones? Al hacerlo, piensa en la Virgen María que dijo: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.”