DEVOCIONALES
Misericordioso
Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia. Salmos 103:8
Washington, la capital americana, se pone cada vez más triste. El otoño se va. Se aproxima el invierno. El frio llega. El calor desaparece.
El frio me incomoda. No me gusta. Para mí es sinónimo de tristeza. El mundo queda menos colorido, la vida se marchita. Como las hojas, que ayer se mostraban acuarela esplendorosa, y hoy yacen en el suelo, muertas.
Cuestión de gustos. A otros no les agrada el verano. Y la vida continúa. ¿Dije vida? No es de vida que habla la carta que alguien me entregó anoche al fin de la reunión. La historia que tengo en mis manos es una triste historia de muerte, de fracasos, de chascos y traición.
Ya escuché tantos dramas en la vida. Nada más podría asustarme. Pero cada vez, que leo algo como esto, me siento incapaz de hacer alguna cosa, a no ser orar.
La persona se pregunta si después de todo lo que hizo, aún existe perdón para ella. Se juzga y se condena. Se condena a muerte. Pero no tiene fuerzas ni valor para ejecutar la sentencia. Entonces busca a Dios y se pregunta si Dios puede amarla a pesar de su pasado grotesco.
Y aquí está el versículo de hoy diciendo que Dios es misericordioso y clemente. La palabra clemente, viene del hebreo channun que significa en realidad, gracia que no acaba nunca. Como si fueses un caminante en el desierto, buscando una gota de agua para salvar la vida y mitigar la sed y repentinamente encontrases un channun, un manantial que no tiene fin.
Ese es Dios. Su amor no tiene límites. Su grandeza absorbe tu culpa y la hace nada. Su misericordia esta siempre dispuesta a darte una página en blanco para que escribas una nueva historia. Su clemencia te espera. Sabe que un día, cuando tus fuerzas ya no existan, cuando el peso de la culpa te lleve a pensar en la muerte como la única salida, vendrás a Él en busca de consuelo.
¿Por qué demorar si sientes hoy, que la misericordia divina toca la puerta de tu corazón? ¿Qué es lo que te detiene? ¿Por qué buscas fuentes de agua envenenada si Jesús te ofrece el agua de vida? ¡Ven a Él! ¡Ahora! Mañana puede ser demasiado tarde.
No salgas de casa hoy sin repetirte a ti mismo: “Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia.”
Más gratitud
En ese instante verás cómo, del fondo de tu ser, de allí dónde solo había un ser tímido y pesimista, nace un guerrero con actitud victoriosa y partes para la lucha sabiendo que aunque tengas que sangrar, la victoria está asegurada.
¿Qué esperas? Sal a tus actividades diarias “Dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.”
Dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Efesios 5:20
El versículo de ayer hablaba de la gratitud “en todo.” Hoy, el apóstol Pablo te lleva a seguir creciendo en la experiencia cristiana: No es suficiente agradecer a Dios “en todo”. Es necesario llegar al punto de ser grato “por todo.” Hasta por el dolor y las lágrimas. Por la muerte, inclusive. Por las cosas que no entiendes y que te hacen sufrir. Por el misterio de las injusticias, que te deja el corazón partido.
El mundo en el que vives es un mundo de dolor. El pecado trajo sufrimiento y muerte. La tristeza hoy, es una ley de esta vida. Sufren los buenos y los malos. Nadie está inmune al dolor.
Entonces, Dios toma el dolor y lo transforma en un instrumento educativo. Es en el sufrimiento que creces y te haces grande. Es su fuego que te conduce al valle de la purificación. Como el oro y como el diamante, que en el fuego de las dificultades y en el dolor del esmeril, se hacen más puros.
Tal vez no lo entiendas hoy. Quien sabe en este momento tu mundo cae a los pedazos. Miras hacia delante y nada ves. Las sombras te asustan. Y ahora viene San Pablo a decirte que debes ser agradecido por todo.
¿Cómo serlo, cuando el dolor te asfixia? Entonces, déjame decirte por qué es necesario ser agradecido.
Cuando dices “Gracias Señor”, reconoces que, por tras del dolor y de las lágrimas, hay alguien allá arriba. Al hacerlo, tu inconsciente se siente seguro, aunque no lo percibas conscientemente. La noche continúa, pero tu cielo se ilumina de estrellas y puedes caminar aunque que el sol, todavía no haya salido.
Por eso hoy, dirige tus ojos a Dios y dile: “Señor, no entiendo nada. Desde mi punto de vista, lo que me está sucediendo parece absurdo e injusto, pero tú eres mi Dios y aunque no entiendo, ni imagino porque permites que sufra, acepto tu plan soberano en mi vida y te agradezco.”
En ese instante verás cómo, del fondo de tu ser, de allí dónde solo había un ser tímido y pesimista, nace un guerrero con actitud victoriosa y partes para la lucha sabiendo que aunque tengas que sangrar, la victoria está asegurada.
¿Qué esperas? Sal a tus actividades diarias “Dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.”
Gratitud
Solo que esa actitud es posible únicamente cuando estás “en Cristo Jesús”. Por eso hoy, antes de partir para la lucha del día, sé agradecido y ten la seguridad que tu vida está escondida en el Señor Jesús, porque “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”
Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. 1 Tesalonicenses 5:18
El texto de hoy presenta tres ideas. La primera es “Dad gracias en todo”. La gratitud en la vida del cristiano no necesita una causa. Debe ser una manera de encarar la vida.
El segundo pensamiento es que la “voluntad de Dios para nosotros” es que vivamos siempre agradecidos. Una actitud agradecida es el camino divino para llevarte a una vida realizada y feliz.
Finalmente, Solo puede vivir una actitud permanente de agradecimiento, la persona que está “en Cristo Jesús.”
De acuerdo con este consejo divino debemos agradecer no solo por las cosas buenas que nos suceden sino, inclusive, por las cosas tristes y desagradables que se presentan en el camino. ¿Por qué? “porque esta es la voluntad de Dios.” En esta vida tal vez nunca logres entenderlo. Pero la verdad es que Dios jamás se equivoca. Aun cuando el dolor toca tu vida, Dios tiene un propósito educativo para ti.
Julián, un empresario mexicano de éxito en los Estados unidos, me dijo eso, un día mientras viajábamos por tierra, de Menfis a Knoxville. El sol incendiaba el horizonte anunciando que el día se iba. Los ojos de Julián, fijos en la carretera, no disimulaban su emoción al recordar las circunstancias difíciles que lo obligaron a salir de su país para salvar su vida.
Su padre, un matador de alquiler había, provocado a un jefe de la mafia mexicana que explotaba el tráfico de drogas en la frontera. El temible traficante había condenado a muerte a toda la familia. La madre de Julián y dos hermanos suyos ya habían sido asesinados. Al joven atlético de cabellos ondulados y rostro fino no le quedó otro camino sino aventurarse a ir ilegalmente al país vecino.
-Si no hubiese sido por aquel incidente, yo nunca hubiese salido de mi patria, me dijo, y mire usted, yo no sabía que Dios me estaba dirigiendo a una vida de prosperidad y éxito.
Eso es lo que Pablo quiere decir en el versículo de hoy cuando aconseja dar gracias a Dios en todo. El Señor nunca falla.
Solo que esa actitud es posible únicamente cuando estás “en Cristo Jesús”. Por eso hoy, antes de partir para la lucha del día, sé agradecido y ten la seguridad que tu vida está escondida en el Señor Jesús, porque “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”
¡Qué promesa!
Por tanto no desesperes. Busca a Jesús todos los días. Escóndete en sus brazos, refúgiate en sus fuerzas. El enemigo puede venir a ti con todos los ejércitos de sus ángeles malignos, pero en Jesús estarás seguro.
Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. 2 Pedro 1:4
Otoniel ama a Jesús. Se dejó encontrar por el Salvador una noche de delirio, horror y sufrimiento. Lenguas de fuego y de infierno lamían su cuerpo herido mientras se debatía entre la vida y la muerte, víctima de una dosis exagerada de cocaína. Sombras sin forma se acercaban de él, amenazadoras. Figuras grotescas, frutos de su imaginación enferma.
En su desesperación clamó a Jesús y recibió la respuesta. Al salir de la clínica de recuperación. Era un hombre transformado. Su vida es uno de los grandes testimonios del poder transformador de Jesucristo.
Lo que Otoniel no entiende es ¿Por qué continúa sintiendo ganas de hacer cosas malas si ya está convertido? El versículo de hoy trae la respuesta para todas las personas que, como Otoniel, tratan de andar en los caminos de Dios pero descubren que dentro de ellas hay una fuerza extraña que las empuja hacia el mal.
Pablo dice que hay una “corrupción en el mundo a causa de la concupiscencia.” El apóstol se está refiriendo a la naturaleza pecaminosa con la cual todos nacimos, después de la entrada del pecado. A esa naturaleza no le gusta andar en los caminos de Dios y es la fuente de todos los deseos malos.
Lamentablemente, esa naturaleza nos acompañará hasta el día de la venida de Cristo. Solo entonces, “esto mortal, será vestido de inmortalidad y esto corruptible, de incorruptibilidad.”
A pesar de eso, la promesa divina es alentadora. Él nos librará de este “cuerpo de muerte” y viviremos en paz por toda la eternidad.
Por tanto no desesperes. Busca a Jesús todos los días. Escóndete en sus brazos, refúgiate en sus fuerzas. El enemigo puede venir a ti con todos los ejércitos de sus ángeles malignos, pero en Jesús estarás seguro.
El hecho de haber fallado ayer no quiere decir que hoy perderás la batalla. Todas las huestes angelicales están atentas a tu decisión. Decidir es tu parte. El resto, déjalo con Jesús. Y recuerda: “Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. (2 Pedro 1:4)
Recompensa
Cada vez que extiendes la mano para ayudar al necesitado, abres las ventanas de tu vida, para que el sol entre e ilumine cada rincón sombrío de tu corazón. Una vida centralizada en las propias carencias y necesidades está aprisionada en la oscuridad del egoísmo. No tiene alegría. Lo que llama felicidad, no es otra cosa sino carcajada hueca, vacía y sin sentido.
Y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. Isaías 58:10
Gente sincera cree que la vida cristiana es una colección de obligaciones. Muchas personas tienen miedo de leer la Biblia. No quieren más deberes. Y ahora viene Dios, en el versículo de hoy, dándote otra orden: “Ayuda al que necesita.”
La pregunta que sube a tu mente tal vez sea: “¿Por qué debo ayudar?” El problema con los seres humanos es que, frecuentemente pensamos que las recomendaciones bíblicas son una especie de fardo que hay que cargar. Pero cuando Dios dejó sus consejos no fue con el propósito de hacer de la vida de sus hijos, una carga pesada. Lo que tenía en mente era hacerte una persona feliz y realizada.
El texto de hoy trae una de las promesas más bellas de la Biblia. Es una promesa condicional. Primero viene la condición: “Si dieres tu pan al hambriento y saciares al alma afligida.” Después viene la promesa “en las tinieblas nacerá tu luz y tu oscuridad será como medio día.”
Norma era una joven sumergida en las aguas turbias de la depresión. La vida no tenía color para ella. Las sombras de la tristeza se apoderado de su alma por varios años, a raíz del rompimiento de un noviazgo prolongado.
Un sicólogo cristiano le dio un día una receta aparentemente sin sentido. Ella debía visitar un barrio pobre llevando comida para niños necesitados. Al principio, los padres la llevaban casi por la fuerza. Era parte de su tratamiento. En poco tiempo sin embargo, la luz empezó a iluminar la vida de esta joven. Contemplar la alegría y gratitud de esos niños que no tenían que comer, fue el remedio para la depresión.
Cada vez que extiendes la mano para ayudar al necesitado, abres las ventanas de tu vida, para que el sol entre e ilumine cada rincón sombrío de tu corazón. Una vida centralizada en las propias carencias y necesidades está aprisionada en la oscuridad del egoísmo. No tiene alegría. Lo que llama felicidad, no es otra cosa sino carcajada hueca, vacía y sin sentido. No pasa del grito desesperado de un alma envuelta en la sábana oscura de sus temores y miedos.
Por eso hoy, antes de iniciar las actividades del día recuerda que “Y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía.”
Herencia
Por eso haz de hoy un día de esperanza. Cierra los ojos e imagina esa herencia incorruptible e inmarcesible que te espera en los cielos.
Para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros.
1 Pedro 1:4
A Marcelo no le gusta esperar. Creo que a nadie le gusta. El ser humano es apresurado por naturaleza. La paciencia es virtud de pocos. Y sin embargo Dios desea desarrollar en sus hijos la paciencia: El arte bendito de esperar.
Las mejores cosas de la vida no las encuentras en un par de días. Si plantas una semilla de naranja tendrás que esperar tres o cuatro años para saborear su delicioso fruto.
Marcelo cree que la vida es corta como para “desperdiciarla” esperando. Vive una vida loca y sin restricciones, anhela devorar con los ojos todos los placeres del mundo. Y sufre. Porque la vida está hecha de tiempo y el tiempo demora en pasar.
Piensa en el amor con que la madre espera ansiosa la llegada del hijo que carga en su vientre. Habla con él como si el ya pudiese entender las cosas, dialoga, le pide opiniones, como si el bebe fuese un adulto que pudiese responder. Es que para la madre el niño ya existe aunque todavía no haya nacido.
Eso es justamente lo que Dios desea que suceda con los seres humanos. Nos habla de herencia. Algo que no se deteriora, no se contamina y no se acaba jamás, pero que todavía está en los cielos.
No la puedes tocar pero la puedes ver con los ojos de la fe. La puedes imaginar, añorar y esperar sabiendo que las promesas divinas nunca fallan.
Dios sabe que la fuerza de la esperanza es lo que le da valor al ser humano para enfrentar los peligros del camino mientras todavía no llegamos al hogar.
Por eso haz de hoy un día de esperanza. Cierra los ojos e imagina esa herencia incorruptible e inmarcesible que te espera en los cielos.
Marcelo dice: ¿Para qué quiero cielos si estoy en la tierra?
Sí Marcelo, tú estás en la tierra, pero aunque no lo creas esta tierra es pasajera. Acaba como acaba el día. Se va como se van los años y la juventud y ¡ay de aquel que solo vivió para el presente!
El futuro puede parecer distante. Pero llega. Escríbelo en las tablas de tu corazón y mientras ese día no llega, recuerda que es necesario prepararse “Para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros.”
Galardón
Por eso hoy, a pesar de las posibles injusticias que puedas estar sufriendo, enfrenta las circunstancias más difíciles, recordando que “Ciertamente hay galardón para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra.”
Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra. Salmos 58:11
¿Qué si hay motivos para entristecerse y ponerse nervioso delante de las circunstancias injustas en este mundo? ¡Claro que los hay! Y muchos, todos los días. En todos los lugares.
A césar, por ejemplo, lo despidieron hoy del empleo por no endosar una mentira del jefe.
-Nadie va a morir por eso. No estamos matando, ni robando. Si no estás de acuerdo, me pruebas que tienes la mente estrecha y no necesito ese tipo de gente en mi empresa,-le dijo el dueño, antes de despedirlo.
Al salir a la calle, César sintió que la tierra temblaba bajo sus pies. ¿Qué hacer? ¿A dónde ir? ¿Cómo enfrentar ahora los compromisos? Con su sueldo pagaba a la universidad y le faltaba solo 5 meses para graduarse.
-Es injusto Dios mío, es injusto, repetía mientras se encaminaba al paradero del ómnibus en medio de la multitud indiferente.
Entonces dime, ¿hay motivos para entristecerse y ponerse nervioso delante de las circunstancias injustas de este mundo?
Sin embargo, el versículo de hoy afirma que a pesar de esas injusticias, hay un Dios que juzga en la tierra.
Esta no es una esperanza de justicia futura, allá en el cielo. En las dos frases del versículo, el salmista habla en tiempo presente. “Hay galardón” y “Dios juzga.” No dice habrá ni juzgará, sino hay y juzga.
Quiere decir que aunque el pecado domina el planeta trayendo dolor, injusticia y muerte, Dios no permanece indiferente al sufrimiento de sus hijos. Puede parecer que sí. Pero el tiempo, (y no necesita ser mucho) te probará que El Señor está atento a lo que te sucede.
César encontró empleo en una empresa en la que permanece hasta hoy. Después de su graduación creció mucho dentro de la empresa. Hoy es uno de los gerentes.
El exjefe, fue preso en medio a un escándalo público y gente inocente, como César fue involucrada por apoyar la mentira, con miedo de perder el empleo.
Por eso hoy, a pesar de las posibles injusticias que puedas estar sufriendo, enfrenta las circunstancias más difíciles, recordando que “Ciertamente hay galardón para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra.”
¡Adelante!
¡Despierta! ¡Es hora de luchar y de vencer! El reino es de los valientes y los valientes lo conquistan. Mucho más, si estás seguro que la tuya, no es una lucha solitaria. Jesús está a tu lado dispuesto a inspirarte y sostener tus manos cuando estás cansado.
Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios. Lucas 9:62
¡No desanimes! Aunque todo te parezca perdido. Hay agua allá en el fondo, continúa cavando. Muchos han muerto de sed a la orilla del río. Faltaba apenas unos pasos, pero miraron hacia atrás, y sus nombres se hicieron polvo en la carretera de la vida.
Alejandro el Grande agonizaba un día, de sed en el desierto de Gedrosia durante la conquista de Persia. Se vio tentado a abandonar la idea de conquistar el mundo de sus días. Estaba cansado y sus soldados estaban muriendo uno a uno. Sentía que no tenía fuerzas para seguir adelante y se sentó a la sombra de una roca esperando el momento final.
Mientras esperaba la muerte, vio a una hormiga intentando vencer la dificultad de un montículo, cargando una paja. Cayó una, dos, tres veces. El desanimado jefe de los ejércitos griegos contó 38 veces, hasta que el diminuto animal logró vencer el obstáculo. Entonces se preguntó a sí mismo, avergonzado: ¿No soy mejor que una hormiga?
En ese instante, en medio del calor infernal, apareció un soldado con un casco lleno de agua fresca y la ofreció a su rey. Alejandro esperó que los soldados se percaten del hecho y se acercasen, movidos por la curiosidad.
El poderoso conquistador, tomó el casco, derramó el agua lentamente, ante los ojos atónitos de los soldados, y dijo: “demasiado para un solo hombre y demasiado poco, para todos.” Este hecho levantó el ánimo de la tropa y fue de allí que partieron para la conquista de Persia. Lo que vino después lo registró la historia.
Por eso, ¡No desanimes! La vida está hecha de luchas y dificultades. Si no fuese así tal vez no fuese desafiante el hecho de vivir. Al nacer, entraste en la lucha de esta vida, pusiste tu mano sobre el arado. Entonces sigue adelante, venciendo el calor del medio día, el frio inclemente de la noche oscura, o la helada madrugada de tu propia inexperiencia.
¡Despierta! ¡Es hora de luchar y de vencer! El reino es de los valientes y los valientes lo conquistan. Mucho más, si estás seguro que la tuya, no es una lucha solitaria. Jesús está a tu lado dispuesto a inspirarte y sostener tus manos cuando estás cansado.
No salgas hoy de tu casa sin recordar las palabras de Jesús: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.”
Usa tu Don
Toma este nuevo día como un día de servicio. Aprovecha cada minuto para usar el don que Dios te dio a favor de otros. Edifica vidas. Haz felices a las personas que están a tu vuelta y recuerda el consejo de Pablo: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”
Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. 1 Pedro 4:10
Erik, vivía como si no necesitase de nadie. En cierta ocasión, mientras un incendio destruía la casa de un vecino y todos corrían de un lado para otro tratando de ayudar, él miraba de brazos cruzados. Entonces alguien le preguntó:
-¿No vas a hacer nada? ¿Te vas a quedar solo mirando?-
-Cada uno cuida de su vida –respondió levantando los hombros y se alejó como si nada estuviese sucediendo.
La indiferencia parece ser el mal de nuestro siglo. Las personas están tan ocupadas en resolver sus propios problemas que llegan al punto de pensar que son las únicas que existen y necesitan de ayuda.
Pero el consejo de Pedro es que, si queremos ser realizados y felices, debemos vivir a servicio de los otros. Es interesante el modo como Paulo empieza el versículo de hoy. “Cada uno”, dice. La responsabilidad de ministrar los dones del Espíritu no es colectiva. Empieza con el individuo. Nadie puede esconderse atrás de los otros, bajo pena de caer en la arena movediza de la indiferencia.
Cada uno, “según el don que ha recibido.” Nadie vino al mundo sin algún don y todos somos responsables por administrar ese don en favor del ser humano. El ejercicio del don para ayudar al semejante hace de la persona altruista y victoriosa.
La palabra ministrar, en griego es diakoneo, que significa servir. El secreto de una vida realizada es el servicio. Vivir solo en función de las propias necesidades sin importarse con las necesidades ajenas torna el corazón en un pozo de egoísmo.
La diferencia entre un manantial y un pozo es que el manantial deja correr sus aguas y por eso permanece limpio y transparente. El pozo no. El pozo guarda, retiene, y esconde. Con el tiempo sus aguas se corrompen y solo sirven para provocar la muerte.
Toma este nuevo día como un día de servicio. Aprovecha cada minuto para usar el don que Dios te dio a favor de otros. Edifica vidas. Haz felices a las personas que están a tu vuelta y recuerda el consejo de Pablo: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”
Propósito eterno
No estás en este mundo por acaso. Desde antes de la fundación del mundo, Dios quería que tu vida fuese sin mancha. La mancha no consiste solo en actos malos. La peor de las manchas es la deterioración del maravilloso carácter de Jesús en tu vida.
No fue así que saliste de las manos del creador. Tu destino es glorioso.
Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él. Efesios 1:4
Odiel anhela vivir la vida en su plenitud. “El cielo es el límite” se repite a sí mismo y corre sin frenos por la carretera peligrosa de la vida. Es joven. Demasiado joven tal vez, para haber pasado por la escuela del sufrimiento. Por eso cree que el dolor solo existe para los que se permiten ese “lujo.”
Sus padres sufren. Observan la desenfrenada carrera del hijo único. Quisieran decidir por él, pero no es posible. Llega un momento en que, a los padres, solo les resta orar para que al hijo le vaya bien. Cualquier palabra de advertencia levanta más el muro de separación que el propio hijo coloca.
Odiel detesta la palabra santo. La relaciona con adultos fanáticos que obligan a los jóvenes a vivir sin alegría ni gozo. A su mente vienen seres tristes, con el ceño fruncido y amargura en las palabras. Cada vez que oye hablar de la santidad, piensa en lo que esta “prohibido” hacer,
Pero santidad, según el versículo de hoy, tiene poco que ver con dejar de hacer cosas malas o practicar cosas buenas. Santidad, en el sentido literal de la palabra, significa haber sido “apartado para un propósito especial.” La consciencia de ese propósito es la que te lleva a vivir una vida diferente.
No estás en este mundo por acaso. Desde antes de la fundación del mundo, Dios quería que tu vida fuese sin mancha. La mancha no consiste solo en actos malos. La peor de las manchas es la deterioración del maravilloso carácter de Jesús en tu vida. En griego la palabra mancha es amomos, que significa imperfecto, defectuoso.
No fue así que saliste de las manos del creador. Tu destino es glorioso. El propósito para tu existencia es la perfección, pero algo sucedió a lo largo del camino y hoy, el propósito divino se está deteriorando en ti.
Santidad es volver al estado de plenitud que Jesús anhela. Un estado en el que, el mayor beneficiado eres tú. Por eso, no salgas hoy por los caminos desafiantes que este día te presenta, sin tomar consciencia del propósito divino para tu vida y sin recordar que “nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.”
Alabar
Así mismo, puedes clamar a Dios que Él está dispuesto a venir en tu auxilio y hacer por ti, lo que tú no puedes hacer por tus propias fuerzas.
Hoy es un nuevo día. Día de agradecer, alabar y bendecir el nombre de Dios. Alabar es un seguro contra el pesimismo. El desánimo jamás se apoderará de un corazón agradecido.
Bueno es alabarte, oh Jehová, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo. Salmos 92:1
Vivió cantando. Desde pequeño. La música corría por sus venas. Había nacido para cantar.
Al principio de su carrera exaltó el nombre de Jesús. Reconocía a Dios cómo el dador de todo lo bueno que tenía. Después vinieron la fama, los aplausos y el dinero. Y se olvidó que su voz era un talento que Dios le había confiado. Se perdió en la selva del reconocimiento humano, las luces y la gloria terrena. Dejó de glorificar el nombre del creador y aceptó la gloria para sí.
Tuvo un fin triste. La trágica mañana del lunes 17 de agosto de 1977, hallaron su cadáver en el piso del baño del hotel donde estaba hospedado. Había muerto por una dosis exagerada de barbitúricos. Algunos creyeron que cometió suicidio.
El versículo de hoy dice que es bueno cantar. Pero antes del verbo cantar, viene el verbo alabar, que literalmente quiere decir rendir gracias.
Cuando el cántico es la expresión de un corazón agradecido, le hace un bien tremendo al espíritu. El corazón tiene ganas de seguir viviendo y las dificultades se vuelven pequeñas.
Al reconocer que existe un Dios Todopoderoso, tú sabes que no estás solo y que nada ni nadie será capaz de destruirte.
Las tormentas pueden llegar. En este mundo, los hijos de Dios no están liberados de tempestades, pero serás capaz de andar, como Pedro, victorioso y sin temor, en medio de los vientos contrarios.
Por eso el Salmista dice que es “bueno” alabar a Dios. Alabar es reconocer que tú eres criatura y que Dios es Dios. Mientras no te olvides de este principio básico estás seguro. Pero cuando intentes invertir los papeles y hacerte el dios de tu propia existencia te metes en dificultades y lo percibes solo cuando tu embarcación se está hundiendo.
Así mismo, puedes clamar a Dios que Él está dispuesto a venir en tu auxilio y hacer por ti, lo que tú no puedes hacer por tus propias fuerzas.
Hoy es un nuevo día. Día de agradecer, alabar y bendecir el nombre de Dios. Alabar es un seguro contra el pesimismo. El desánimo jamás se apoderará de un corazón agradecido.
Repite junto al salmista: “Bueno es alabarte, oh Jehová, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo.”
¿A dónde?
¡Ven a Jesús! Acaba de nascer el sol de un nuevo día. Mira como te sonríe. ¡Despierta! Sal de la oscuridad del dolor del rencor y de la autocompasión rumbo a la claridad del alivio, del perdón y del optimismo. No corras. No trates de esconderte. La presencia de Jesús en tu vida solo traerá bendiciones, quebrará el poder de tus temores, te libertará y te dará alas para volar.
¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz. Salmos 139 :7, 12
Si alguna vez has soñado con ir al espacio, tu sueño se puede volver realidad por unos cuantos millones de dólares. La Agencia Espacial Rusa ofrece este servicio hacia la Estación Espacial Internacional, por la suma de 20 millones, a bordo de la nave Soyuz. Pero apúrate. Al parecer hay reservaciones hasta por 1 año. Ahora, si quieres ir allá para esconderte de Dios, ¡Olvídate! El espíritu de Dios te seguirá y te perseguirá hasta encontrarte.
¿Te preguntaste ya, por qué los malhechores escogen la noche para cometer sus fechorías? ¿Por qué los lugares de pecado abren sus puertas durante las horas oscuras? Existe en el subconsciente del ser humano la idea de que las sombras pueden protegerlos de los demás.
¡Quién sabe puedan! De los otros seres humanos. No de Dios. El versículo de hoy afirma que para Dios “la noche resplandece como el día.” Para Él no existe noche, ni oscuridad, ni sombras, ni oscuridad. Dios es la propia luz. Su mundo es transparente, iluminado y limpio.
La oscuridad no te esconde de nada, te envuelve con su sábana negra para asfixiarte en la prisión de tu culpa. Te sofoca, te enloquece, te hace perder la noción del orden. Crea fantasmas imaginarios. Tus propios fantoches. Aquellos nacidos en tu vida de penumbras.
Dios quiere que vivas en la luz de su presencia. Por eso te llama, te sigue y quiebra el poder de las tinieblas. No hay distancia capaz de esconderte, ni tinieblas que impidan que te vea y te cuide.
¡Ven a Jesús! Acaba de nascer el sol de un nuevo día. Mira como te sonríe. ¡Despierta! Sal de la oscuridad del dolor del rencor y de la autocompasión rumbo a la claridad del alivio, del perdón y del optimismo. No corras. No sigas corriendo. No trates de esconderte. La presencia de Jesús en tu vida solo traerá bendiciones, quebrará el poder de tus temores, te libertará y te dará alas para volar en dirección del azul infinito de tus sueños.
Empieza la jornada de este día preguntándote a ti mismo: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz.”
Ansiedad
El consejo de Pablo es: “Agradece a Dios por lo que tienes.” Si lo haces percibirás que la paz de Dios inunda tu corazón y en vez de que tus pensamientos se pierdan en las atrocidades que algunos millonarios hacen con el dinero, tus pensamientos se concentrarán en las maravillas del amor de Dios como la vida, la salud y las mañanas nuevas de cada día trayendo desafiantes oportunidades.
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:6-7
En este mundo hay millonarios. Literalmente, no saben qué hacer con el dinero. Lo desperdician. Lo malgastan. No saben más qué inventar para agradar a sus sentidos.
En Manhattan, por ejemplo, en la calle 60 este, está ubicado el restaurante Serendipity 3. Allí se vende el exclusivo helado “Frozen Hot Chocolate”. Las tres erres son para resaltar la exageración y sofisticación del codiciado postre.
Para probar esta delicia hay que pagar 25 mil dólares. Está hecho con una mezcla de 28 tipos de chocolate, incluyendo los 14 más caros del mundo. Viene cubierto con una hoja de 5 gramos de oro comestible y servido en una copa de cristal y oro de 18 quilates, adornado con un brazalete de oro y diamantes en su base.
La gente que se da este lujo usa una cuchara de oro decorada con diamantes de color chocolate. Para complementar la experiencia, el postre incluye una trufa, “La Madeleine” del famoso Chocolatier Fritz Knipschildt.
Cuando lees noticias como esta, con seguridad se apodera de ti una mescla de sentimientos. De repente estás pasando por uno de esos momentos difíciles. Sin empleo, sin dinero y sin perspectivas. ¿Dónde está Dios que permite una incoherencia de estas? ¿Por qué unos tienen demasiado y otros nada poseen?
El versículo de hoy dice “por nada estéis afanosos.” La palabra afanosos, en griego, es merimnao, y significa preocuparse demasiado por lo que no se tiene. El consejo de Pablo es: “Agradece a Dios por lo que tienes.” Si lo haces percibirás que la paz de Dios inunda tu corazón y en vez de que tus pensamientos se pierdan en las atrocidades que algunos millonarios hacen con el dinero, tus pensamientos se concentrarán en las maravillas del amor de Dios como la vida, la salud y las mañanas nuevas de cada día trayendo desafiantes oportunidades.
Sal hoy, dispuesto a olvidarte de las dificultades. Agradece a Dios por lo poco o lo mucho que tienes. No te olvides del consejo de Pablo: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”
En medio de ti
La vida no acabó. Aunque tus sentimientos lo digan en voz alta. La vida continúa. Hay sol allá afuera y las flores desabrochan anunciando el nacimiento de un nuevo día. Despierta. Hay una multitud de ángeles dispuestos a cantar en coro tu victoria.
Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos. Sofonías 3:17
No lo ves. Yo sé que no lo ves. Hay momentos en que por más que lo necesites y lo quieras, no lo ves. Las nubes del dolor y de la tristeza son tan densas que no te permiten verlo. En esos momentos solo resta la fe.
¿Cómo entender que la persona que un día te juró amor eterno, de repente mira a tus ojos y casi con indiferencia te dice: “Acabó, necesito de un tiempo para pensar”? ¿Pensar qué? ¿Qué el amor no era amor? ¿Que no sabía lo que estaba haciendo, que se engañó?
La promesa bíblica de hoy es que El Señor está en medio de ti. Aunque no lo veas. Aunque el corazón herido te grite llorando que Dios también te abandonó. Aunque quisieras dormir y nunca más despertar. Dios está en medio de ti, poderoso y te salvará.
¿Te salvará de qué? En los tiempos de Sofonías Dios le estaba prometiendo a Israel, salvarlo de sus enemigos. La destrucción se aproximaba. El pueblo temía y la promesa llegó a través del profeta.
Tu situación hoy, es diferente. No hay ejércitos enemigos amenazando tu integridad física. Pero la promesa es válida todavía. Dios te salvará del dolor, de las lágrimas, de esa noche oscura que estás viviendo.
Si Dios cree que es lo mejor para ti, trabajará en el corazón de la persona amada que se fue. Pero tal vez sea tu corazón, en el que el Señor necesite trabajar. Para encontrar la felicidad en familia, es necesario primero ser feliz a solas.
La vida no acabó. Aunque tus sentimientos lo digan en voz alta. La vida continúa. Hay sol allá afuera y las flores desabrochan anunciando el nacimiento de un nuevo día. Despierta. Hay una multitud de ángeles dispuestos a cantar en coro tu victoria.
En el nombre de Jesús, repítete a ti mismo: “estoy vivo.” Eso es lo que importa. Pueda ser que estés herido, pero estás vivo y con eso que te resta de vida, Dios todavía puede escribir la más linda historia. Recuerda: “Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos.”
Dios puede
Ese Dios no duerme ni dormita en las páginas de la biblia. Esas historias no son ingenuas invenciones de la mente humana para lograr que los niños duerman. Sucedieron con seres humanos semejantes a ti y pueden ser también una realidad en tu experiencia si con fe te apoderas de esas promesas.
Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que le pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros. Efesios 3:20
Las hermanas de Lázaro le habían enviado mensajeros a Jesús pidiéndole que por favor, viniese con urgencia a ayudarlas. Lázaro, aquel a quién Jesús amaba, estaba enfermo.
El Señor no fue. Demoró más de la cuenta. Cuando finalmente llegó, ya era demasiado tarde. Lázaro, no solo había muerto, sino que sus carnes habían entrado en estado de descomposición.
El lamento de Marta fue desgarrador:
-Señor, si hubieses venido mi hermano no habría muerto.
¿Se había equivocado Jesús? ¿Le salieron mal los cálculos? ¿Por qué no atendió inmediatamente el pedido de dos hermanas angustiadas?
Lo que vino a seguir, confirma la promesa del versículo de Hoy. Jesús resucitó a Lázaro. Marta y María habían pedido solo una curación. Jesús, aparentemente no atendió su pedido. Él tenía algo más grande: una resurrección.
Cuando las cosas no salen cómo quisieras que saliesen. Cuando Dios, aparentemente, tarda en responderte, no desesperes. La promesa es que Él hará cosas más grandes de las que le pediste.
Dios es poderoso. No te atrevas a dudar de su poder. Todo puede estar perdido, desde el punto de vista humano. No para Dios. Él es poderoso. Abrió el mar rojo. Hiso caer maná del cielo. Cerró la boca de los leones. Derrotó a un gigante solo con una pequeña honda y dos piedrecitas.
Ese Dios no duerme ni dormita en las páginas de la biblia. Esas historias no son ingenuas invenciones de la mente humana para lograr que los niños duerman. Sucedieron con seres humanos semejantes a ti y pueden ser también una realidad en tu experiencia si con fe te apoderas de esas promesas.
Por eso no temas. Si miras por la ventana y observas miles de “soldados” armados hasta los dientes, dispuestos a destruir tu vida, confía en Dios. En el nombre de Jesucristo, enfrenta tus temores. Tal vez ellos sean tus peores enemigos. Pero también serán vencidos si antes de salir para las luchas que te esperan, recuerdas que a tu lado está “Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que le pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.”
Me hallareis
Tu corazón. Es todo lo que el Señor busca. Abrir el corazón es una figura que los escritores bíblicos usan para referirse a la entrega del ser.
¿Quién es Dios para ti? ¿Dónde está Dios para ti? No salgas hoy de tu casa sin la seguridad de que Él va contigo. “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.”
Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Jeremías 29:13
Silvio no se siente feliz. Se pregunta muchas veces: ¿Qué sucede conmigo? No encuentra respuestas. Tiene valores cristianos. Los aprendió cuando era niño. Hoy, esos valores están presentes en su día a día. Es un buen ciudadano. No roba, no mata y paga honestamente sus impuestos. Pero tampoco ora ni estudia la palabra de Dios.
Las pocas veces que Silvio quiso hablar con Dios lo sintió muy distante. Últimamente cree que Dios no pasa de una “motivación necesaria” para ser bueno.
El versículo de hoy responde la pregunta de Silvio. Para tener un Dios real, no basta buscarlo. Hay que hacerlo de “todo corazón.” Todo, significa la concentración de las facultades completas del ser en la busca. No puede existir división. O eres o no eres. Ser a medias te hace sentir vacío, ausente, lejano.
El problema de una busca dividida no está con Dios. Es el ser humano el que corre una carrera sin fin. No encontrar, lo frustra, lo hiere, le hace perder la fe. Pasa a dudar y cuando la duda se apodera del corazón eres una nube que vuela sin rumbo y sin dirección.
A lo largo de mi vida he encontrado muchos Silvios. Personas maravillosas que no entienden el vacío del corazón. Luchan para encontrar pero tienen la impresión de que Dios se esconde de ellos.
No es verdad. Es el Señor Jesús que lo dejó todo un día para venir a buscarte. “He venido a buscar y salvar lo que se había perdido”, dijo un día.
Te busca de día y de noche. En la primavera y en el otoño te llama su voz. Cuando eres joven o cuando el invierno de la vida va emblanqueciendo tus cabellos sigue insistiendo. Jamás se cansa de llamarte.
Pero el Profeta Jeremías parece decir lo contrario. Coloca la responsabilidad en ti. ¿Sabes por qué? El se estaba dirigiendo a una nación que luchaba por agradar a Dios, se esforzaba por cumplir lo que consideraba “requerimientos divinos.” Trabajaba con todas sus fuerzas. Pero no entregaba el corazón. Era un pueblo dividido entre la apariencia y la sinceridad.
Tu corazón. Es todo lo que el Señor busca. Abrir el corazón es una figura que los escritores bíblicos usan para referirse a la entrega del ser.
¿Quién es Dios para ti? ¿Dónde está Dios para ti? No salgas hoy de tu casa sin la seguridad de que Él va contigo. “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.”
Contentamiento
El consejo de San pablo no es una apología de la mediocridad. Dios colocó en el ser humano la capacidad de soñar para mirar lejos, pero a medida que avanzas, sé feliz y agradecido a Dios por lo que tienes. Haciendo así, solo ganas porque “Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento.”
Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento. 1 Timoteo 6:6
EL teléfono celular suena en el momento exacto en que empiezo a escribir este devocional. No puede haber peor hora. Es un amigo que llama para preguntar cómo está el clima por aquí. Estoy corriendo contra el tiempo para entregar los manuscritos a la editora. Necesito concentrarme, pero de vez en cuando, el celular distrae mi atención.
Al terminar la llamada, me pregunto: ¿Cómo viví sin celular y fui feliz? Nadie murió. Viví bien. Nada de lo que debía ser hecho dejó de ser hecho. ¿Por qué, entonces el celular hoy, es considerado una herramienta indispensable? ¿Acaso los ejecutivos que construyeron las grandes empresas del pasado tenían celulares?
No quiero disminuir la importancia de la tecnología. Mucha cosa llegó para facilitar la vida, pero ¿Siempre es así? ¿Cuál es el límite entre la necesidad y el consumismo?
Henry David Thoreau, filósofo y poeta americano del siglo XIX decía que la riqueza de una persona es directamente proporcional al número de cosas sin las cuales él puede vivir.
La cultura de consumo en la que vivimos nos hace sentir infelices porque no tenemos todo lo que la propaganda nos quiere vender. El ser humano de nuestros días no se satisface con nada, siempre quiere lo que se inventa de nuevo. “Muchos saben el precio de todo pero no saben el valor de nada.” Dijo alguien. El negocio de la propaganda es ofrecer y el nuestro, comprar. Y entonces llegamos a la conclusión de que ganamos poco. Y somos infelices.
Se cuenta la historia de un campesino que vio llegar a su nuevo vecino descargando los enseres domésticos más adelantados y sofisticados.
-Vecino, le dijo, si necesita de algo, avíseme, yo le enseñaré cómo se vive sin eso.
El versículo de hoy, habla de contentamiento. En el original griego la palabra es Autarkeia, que significa, ser feliz con lo que se tiene, disfrutar al máximo de lo que se posee.
El consejo de San pablo no es una apología de la mediocridad. Dios colocó en el ser humano la capacidad de soñar para mirar lejos, pero a medida que avanzas, sé feliz y agradecido a Dios por lo que tienes. Haciendo así, solo ganas porque “Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento.”
Tiempo para todo
Hoy es un nuevo día. Haz correr las cortinas de tu vida. Deja entrar al sol. Es tiempo de vivir, de evaluar, de corregir, si es necesario. Por eso, busca a Jesús y permite que Él guíe tus pasos a lo largo de este día, recordando que “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.”
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Eclesiastés 3:1
Jugaba al amor libre. “Mientras espero al hombre cierto, me divierto con los errados.” Decía. Y su carcajada, como cascada de aguas salvajes, se perdía entre las piedras de montañas sin fin. Jugaba su propio partido. Como si la vida no tuviese reglas. Corría como una gacela, por los prados atractivos de una sociedad liberal. Nadaba en las aguas turbulentas de la nueva moral, descendía a las profundidades de aquel mar embravecido, atraída por los corales y peces multiformes.
Un día quiso salir. Le faltaba oxígeno. Intentó regresar a la superficie y se dio cuenta que había ido demasiado lejos. Murió de sida, a los 28 años.
¡Gabriela, Gabriela! Tu piel canela estaba demasiado blanca el día de tu entierro. Tus ojos vivos no tenían luz. ¿Qué hiciste con tu vida? ¿Por qué no respetaste el tiempo? ¿Por qué jugaste con tu tiempo y te fuiste antes de tiempo?
Hay dos pensamientos en el versículo de hoy. El primero es que existe un determinado tiempo para todo. La vida no es la sucesión accidental de hechos. No debe serlo. Me alimento cuando puedo, trabajo cuando se me antoja, duermo si sobra tiempo. No. Es necesario establecer un programa de actividades y seguirlo conscientemente.
El segundo pensamiento es que, lo que hay que hacer, hay que hacerlo a su debido tiempo. Ni antes, ni después. Invertir el orden puede ser fatal. Al ser humano sin embargo, no le gustan reglas. Quiere hacerlo todo de acuerdo a las circunstancias y conforme a su voluntad.
¿Imaginaste un partido de futbol dónde cada jugador siga sus propias reglas? ¿Cómo terminaría? Creo que ni empezaría.
Existe un juez que determina lo que se puede o no se puede hacer y especifica el momento de hacerlo. El tiro libre no puede ser disparado sin la orden del juez. El gol no puede ocurrir después que el juez hace sonar el silbato indicando el fin del partido.
Si en cosas tan simples como el futbol, existen reglas, ¿Por qué no debería existirlas en la vida?
Hoy es un nuevo día. Haz correr las cortinas de tu vida. Deja entrar al sol. Es tiempo de vivir, de evaluar, de corregir, si es necesario. Por eso, busca a Jesús y permite que Él guíe tus pasos a lo largo de este día, recordando que “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.”
¿Sabes pedir?
Po eso, hoy, suplica la dirección del Espíritu para que te de discernimiento y sabiduría en lo que tengas que pedirle a Dios. “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”
Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Romanos 8:26
¿Cuántas veces oraste y tuviste la sensación de que Dios no te respondió? En cierta ocasión el propio Señor Jesucristo dijo que pedimos y no recibimos porque pedimos mal.
No sabemos. De hecho, aunque pidamos con toda sinceridad, no sabemos hacerlo. Si supiésemos, con toda seguridad Dios respondería todas nuestras oraciones.
Tal vez la razón de nuestras peticiones equivocadas sea nuestra propia humanidad y el limitado concepto que tenemos del bien y del mal. El egoísmo arraigado en nuestra naturaleza, nos lleva a pedir y pedir teniendo como eje central, nuestros deseos, orientados por intereses momentáneos y pasajeros.
Glaucia deseaba ser madre. Diez años después de casada no concebía y empezó a obsesionarse con la idea. Suplicaba a Dios, pedía a todos que orasen por ella y se había endeudado buscando dinero para pagar a los mejores especialistas e intentar los métodos más sofisticados.
Quedó embarazada. Pasó casi los nueve meses sin moverse y el niño nació. Aquel día fue un día de fiesta. Ella pensaba que Dios la había oído y atendido sus súplicas.
Ya pasaron 20 años y hoy, Glaucia cree que insistir con Dios fue la peor decisión de su vida.
-Si pudiese volver 20 años atrás, aceptaría la voluntad del Señor para mi vida, escribió en una carta dramática en la que contaba la vía dolorosa que pasaba por causa del hijo rebelde.
¿Se equivocó Glaucia, al insistir con el Señor, para que le diese un hijo? No sé. Yo también soy un ser humano. Pero el versículo de hoy dice que aunque nosotros, no sepamos pedir, el Espíritu de Dios viene en nuestro auxilio para suplir nuestra debilidad.
La palabra debilidad, en el original griego es astenia, que literalmente significa enfermedad. ¿Qué enfermedad? La enfermedad del pecado que nos acompañará hasta el día de la venida de Cristo. Hasta ese día, a pesar de haber sido convertidos, continuaremos con la tendencia humana que nos lleva a insistir como un niño, para conseguir lo que queremos.
Po eso, hoy, suplica la dirección del Espíritu para que te de discernimiento y sabiduría en lo que tengas que pedirle a Dios. “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”
Espera en Dios
Es que Dios no solo reconstruye lo que está destruido sino que “te hace de nuevo.” El pasado desapareció. Solo existe un presente en el que acabas de entrar y un futuro maravilloso para recorrer.
Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. Isaías 40:29-31
Hace una hora que camino y corro bajo los cedros, de un parque natural de los Estados Unidos. En este país hay muchos. Llenos de vegetación y fauna natural. Ardillas traviesas que coquetean con los extraños, venados que corren asustados cuando se aproxima un transeúnte y aves. Muchas de ellas, hermosas, coloridas y esplendorosas.
Estoy cansado. Esta es la última vuelta que doy antes de bañarme y sentarme delante de la computadora para escribir el devocional. El cansancio trae a mi mente el versículo de hoy. Dios promete dar esfuerzo al cansado y multiplicar las fuerzas del que está agotado.
En esta vida muchas veces sientes que no tienes fuerzas. Ya diste de ti todo lo que eras capaz de ofrecer pero sientes que estás perdiendo el control de la embarcación. El mar de las dificultades te asusta y no sabes qué hacer. Lo peor es que de una actitud tuya depende el bienestar de otras personas. Hay hijos que te miran como a un héroe que jamás se cansa y nunca desiste.
En la soledad de tu alma, sin embargo, tú sabes que eres apenas un ser humano. Un padre o una madre que lucha para llevar la familia adelante. No una máquina infatigable que cumple mecánicamente sus funciones.
¿Qué hacer cuando nadie comprende tu debilidad? ¿A dónde ir cuándo sientes que las fuerzas están llegando al límite?
El versículo de hoy dice que hasta los muchachos se fatigan y se cansan y los jóvenes flaquean y caen, pero los que esperan en El Señor, tendrán “nuevas fuerzas.” Dios no te promete aumentar la fuerza, sino dar nuevas fuerzas. Como si recién entrases a la lucha. No descansado, sino nuevo.
Es que Dios no solo reconstruye lo que está destruido sino que “te hace de nuevo.” El pasado desapareció. Solo existe un presente en el que acabas de entrar y un futuro maravilloso para recorrer.
Por eso hoy, no mires a tus fuerzas casi agotadas. Mira a Jesús y recuerda que “Él, da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”