DEVOCIONALES
Un sueño
Si tú luchas en busca de un futuro mejor, amas a Jesús y nunca te apartaste de su amor y a pesar de eso parece que todo te va mal, y no obstante, mantienes tu amor y tu fidelidad por Cristo, créeme que Dios te va a colocar en los lugares más altos.
Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. Génesis 37:5
La historia de José es una historia de sueños. La Biblia lo llama “José, el soñador”. El centro de sus sueños era Dios. Aquella tarde cuando sus hermanos lo vendieron y fue llevado a Egipto, una tierra distante; miró por última vez, desde la colina hacia las tiendas de su padre e hizo una promesa a Dios: “Señor, no sé a dónde voy, ni a donde me llevan, pero pase lo que pase, cueste lo que cueste, nunca dejaré de amarte. Las personas pueden quitarme la libertad, pueden intentar acabar con mis sueños, pueden arrancarme los brazos, las piernas e inclusive alejarme de mi familia. Voy a un país donde no tengo amigos y nadie me conoce. Voy como esclavo, tal vez para comenzar lavando platos y limpiando baños, pero voy contigo, y pase lo que pase nunca dejaré de amarte." El amor de Cristo inspiró la vida de José todos los días. Fue vendido como esclavo y se mantuvo fiel delante de las más audaces tentaciones. Y ¿Cuál fue la recompensa que recibió por su fidelidad? La prisión.
En este mundo, no siempre tu fidelidad va a traerte como recompensa el cielo. En esta tierra, a veces, la fidelidad va a traerte hambre, pobreza, renuncia y hasta el desprecio de tus amigos. No te preocupes. Si Jesús está contigo, si le has entregado la vida a Cristo, vayas a donde vayas, el Señor irá contigo y desde la prisión, desde la mazmorra, desde la desgracia, te va a levantar y te va a hacer un príncipe, porque tú eres hijo del reino, has nacido para serlo y finalmente, llegarás a serlo.
José es el hombre que nunca dejo de amar a Dios. Por su amor a Dios descendió a las profundidades del dolor y del sufrimiento, pero también fue levantado de allí hasta las cumbres más elevadas. Llegó a ser el segundo hombre más poderoso de Egipto, una nación pagana.
Si tú luchas en busca de un futuro mejor, amas a Jesús y nunca te apartaste de su amor y a pesar de eso parece que todo te va mal, y no obstante, mantienes tu amor y tu fidelidad por Cristo, créeme que Dios te va a colocar en los lugares más altos.
Haz de este día un día de sueños y que el más grande de todos, sea permanecer fiel a Dios hasta el fin, a pesar de la incomprensión de tus hermanos, porque “Soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía.”
La buena voluntad de Dios
No salgas de tu casa sin la seguridad de que has renovado tu manera de pensar a través del estudio y la meditación de la Palabra de Dios. Si lo haces, ciertamente hoy será un día de victoria y las cosas que aparentemente, se presentaban sin solución, serán superadas porque una cosa es luchar solo y otra, completamente diferente, luchar sabiendo que Jesús está a tu lado.
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2
¿Cómo sería tu vida si fuese solo el cumplimiento de la voluntad de Dios? ¿Dónde estarías si siempre hubieses hecho la voluntad de Dios? El texto de hoy afirma que la voluntad de Dios para ti, es agradable y perfecta.
El Apóstol Juan lo dice de otra manera: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” Prosperidad en todas las cosas, no solo en la vida espiritual. Dios desea lo mejor de lo mejor, para ti. Esa es la voluntad “agradable y perfecta” del Señor. Pero eso no se cumple en tu vida por acaso. Existe una condición para el cumplimiento de esta promesa. Y la condición es: “No te conformes con la manera de pensar de las personas que viven en estos días, sino renuévate por el conocimiento de la Palabra de Dios.” El resultado es que comprobarás la buena voluntad de Dios para ti.
La palabra comprobar, en griego es dokimazo que tiene la connotación de hacer suyo un concepto, después de haberlo analizado. ¿Quieres saber cuál es la voluntad agradable y perfecta de Dios para tu vida? ¿Quieres que esa voluntad se haga una realidad en tu experiencia? Necesitas renovarte. No puedes acomodarte a la manera de pensar de los seres humanos.
La mayoría de las personas de nuestro tiempo consideran a Dios un detalle sin mucha importancia. El “dios energía” está de moda, porque no demanda compromiso. A la energía tú la usas y cuando no la necesitas más, la descartas, pero Dios no es simple energía, es una persona y con una persona tienes que relacionarte con compromiso. Ella necesita estar presente en tus decisiones, proyectos y planes.
Hoy es una oportunidad de conocer la agradable y perfecta voluntad de Dios pata ti. Por eso, no salgas de tu casa sin la seguridad de que has renovado tu manera de pensar a través del estudio y la meditación de la Palabra de Dios. Si lo haces, ciertamente hoy será un día de victoria y las cosas que aparentemente, se presentaban sin solución, serán superadas porque una cosa es luchar solo y otra, completamente diferente, luchar sabiendo que Jesús está a tu lado. “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
Crecer más y más
Hoy tienes delante de ti un nuevo día. Cada día es una nueva oportunidad, es una hoja en blanco que Dios te da para que escribas una nueva historia, es la oportunidad de corregir los errores de ayer, de sacar las lecciones de los fracasos y de seguir andando y creciendo y abundando más y más.
Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. 1 Tesalonicenses 4:1
El crecimiento es la ley de una vida saludable. El día que paras de crecer te condenado a muerte. Pero crecer involucra dolor. Tal vez por eso mucha gente se resiste a crecer. Prefiere acomodarse y vive sin enfrentar desafíos, sin escalar las montañas de la vida.
En el versículo de hoy, el Apóstol Pablo habla de crecimiento en la vida espiritual. El primera paso del crecimiento es el aprendizaje. “De la manera como aprendisteis” dice Pablo. Por su vez, el primer paso del aprendizaje es la ignorancia, no en el sentido de torpeza, sino en el de reconocer que no sabes.
En la vida cristiana esto te lleva a la Palabra de Dios. El estudio diario de la Biblia es el camino hacia el crecimiento. No el estudio como un deber, sino como la experiencia maravillosa de estar en comunión con Jesús. La Biblia es la carta de amor que Jesús te escribió, es la manera de comunicarse contigo, de mostrarte los peligros del camino, de enseñarte las veredas de justicia y conducirte al destino glorioso que te tiene preparado.
Pero al abrir el Libro Sagrado tienes que renunciar a tus propios conceptos y reconocer que Dios conoce el camino mejor que tú. Este es un proceso que lleva toda la vida y Pablo le llama a este proceso, crecimiento. Dice: “Así, abundéis más y más.”
Abundancia es el resultado de llevar los consejos divinos en serio. Dios es un Dios de abundancia. Jesucristo dijo en cierta ocasión: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.” Pero en la vida espiritual, abundancia no es el fruto del esfuerzo, sino de la humildad, de la dependencia divina y de la sumisión a las enseñanzas de la Palabra de Dios.
Hoy tienes delante de ti un nuevo día. Cada día es una nueva oportunidad, es una hoja en blanco que Dios te da para que escribas una nueva historia, es la oportunidad de corregir los errores de ayer, de sacar las lecciones de los fracasos y de seguir andando y creciendo y abundando más y más.
Empieza el día con la seguridad de que el consejo de Dios se ha hecho realidad en tu experiencia. Recuerda las palabras de Pablo: “Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más.”
No te dejaré
Parte hoy, pero sigue al Maestro. Con Él, la derrota se transforma en victoria y hasta los fracasos son solo oportunidades de aprendizaje. Y recuerda, “Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó.”
Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó. 2 Reyes 2:4
Hay momentos tristes en la vida. Y este era uno de esos. Había llegado la hora de la partida. Partir, siempre es morir un poco, pero mientras vivas en este mundo, muchas veces tendrás que partir. No existen sueños realizados sin partir, no hay nuevos desafíos sin partir; sin partir te quedas. Siempre hay nuevas fronteras que conquistar, el cielo es azul e infinito, para los que creen en Jesús.
Para Elías, había llegado la hora de partir. Y le dijo a su discípulo Eliseo, “quédate aquí.” ¿Quedarse? ¡Jamás! Quedarse no es morir un poco, es morir definitivamente. La respuesta del alumno fue inmediata, “no te dejaré.” De cierta manera encontramos aquí a Elías como un símbolo de Jesús. En cierta ocasión, el Señor también les dijo a sus discípulos: “¿Queréis iros vosotros también?” La respuesta de Pedro, como la de Eliseo, no se dejó esperar: “¿A quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna.”
Seguir al maestro no es siempre fácil. Muchas veces es más cómodo dejarlo partir, quedarse, acomodarse a la mediocridad, a la rutina y a la monotonía de las cosas tradicionales. Pero para vivir una vida que valga la pena ser recordada, es necesario partir. No, como un loco, sin saber a dónde ir; no como un rebelde para desperdiciar la vida sin rumbo, no como una hoja de papel que el viento lleva sin dirección, sino en pos del Maestro, andando por donde Él anduvo, viviendo su vida, siguiendo sus pasos, haciendo sus obras.
La vida está hecha de decisiones. Todos los días, cada hora, siempre, tenemos que decidir qué haremos. ¿Te quedarás o partirás? De esas decisiones dependerá tu futuro, porque un día, cuando llegues al fin de la jornada en esta tierra, habrá llegado el momento de partir o quedarte. Quedarte significará morir eternamente, desaparecer en el polvo de las decisiones equivocadas. Pero partir, significará ir con Jesús, a quien no lo dejaste en esta tierra, por quién viviste, a quién dedicaste la vida.
Parte hoy, pero sigue al Maestro. Con Él, la derrota se transforma en victoria y hasta los fracasos son solo oportunidades de aprendizaje. Y recuerda, “Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó.”
A los que aman a Dios
Haz de este día un día de confianza en Dios. En primer lugar entrégale el corazón a Jesús y después, confía en Él, aunque las cosas no salgan como tú deseas porque “sabemos que a los aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”
Y sabemos que a los aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28
Seguramente este versículo te parece familiar. Es uno de los versículos que consuela a las personas en los momentos de dolor y de prueba. El sentido principal es que nada les sucede a los hijos de Dios, sin un propósito. Dios sabe por qué permite que el dolor llegue a la vida del cristiano. Pero el texto no es la simple promesa de que todo dolor tiene un propósito; si te pones a analizar el con detenimiento verás que la promesa es solo para los que “aman a Dios.”
Si le entregas el corazón a Jesús, te colocas en las manos de un Dios que jamás pierde el control de las cosas. El mundo puede estar cayendo a los pedazos pero tu vida está segura porque, aunque los hijos de Dios también sufren en esta tierra, el dolor para ellos tiene un propósito formativo. Es en el dolor que creces, es en medio a las lágrimas que aprendes a depender de Dios.
Pero, ¿Por qué sufren los hijos de Dios? Hay varios motivos. El principal, es que vivimos en un mundo de pecado, donde el dolor es como la lluvia o como el sol, que cuando llega, llega para justos e injustos. Sin embargo, en el contexto de Romanos 8, los hijos de Dios muchas veces sufren porque no saben lo que es bueno para ellos. Eso es lo que dice el versículo 26 “Y de igual manera el espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”
Esta declaración es dramática. No sabemos pedir lo que debemos. Somos como niños, creemos que una golosina es la cosa más deliciosa del mundo pero la mamá sabe que necesitamos comer verdura, y nos la hace comer a la fuerza. Quedamos contrariados, lloramos, pero un día cuando el niño crece, no le resta otra cosa sino agradecer a la madre.
Lo mismo sucede con nosotros. Nos engolosinamos con las cosas de esta vida y si las perdemos, creemos que Dios nos ha abandonado y no nos ama, pero el tiempo se encarga de mostrarnos cómo estábamos engañados.
Haz de este día un día de confianza en Dios. En primer lugar entrégale el corazón a Jesús y después, confía en Él, aunque las cosas no salgan como tú deseas porque “sabemos que a los aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”
Misericordia y gracia
En momentos como esos, acuérdate de la promesa de hoy. Nada tienes que temer. Confía en el amor maravilloso de Dios, a pesar de tus deslices, a despecho de tus incoherencias. Dios te ama y el Señor Jesús pagó el precio de tus rebeldías en la cruz del calvario.
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4:16
Tendría 6 o 7 años, cuando un equipo profesional de futbol llegó a mi ciudad. Los jugadores famosos de aquella época caminaban por las calles céntricas. Todos los niños se acercaban a pedir autógrafos. Las máquinas fotográficas no eran tan comunes como hoy, y el fotógrafo de la ciudad estaba haciendo una fiesta particular. Yo, curioso, como cualquier niño, caminaba al lado de la multitud, pero tímido, como siempre, no me atrevía a acercarme de jugadores tan famosos a los que conocía solo por la radio y los periódicos.
De repente, un jugador moreno, bajito, llamado Vides Mosquera, me llamó. Yo miré a todos los lados, no podría llamarme a mí. Él no me conocía y yo era apenas un niño en medio de la multitud, pero era verdad, me estaba llamando a mí. Jamás me olvidé de él, y siempre acompañé su trayectoria aunque jamás jugó por el equipo de mi preferencia.
Distancias aparte, hoy pienso en el trono de Dios, el rey del universo. ¿Cómo acercarnos del Señor si no pasamos de pobres pecadores? No merecemos, no somos dignos. Todos estamos destituidos de su gloria y condenados a muerte eterna, no hay justo ni siquiera uno, no hay quien haga el bien. No, de hecho, no tenemos ningún derecho.
Pero el versículo de hoy dice que podemos ir confiadamente a él. ¿Por qué? Hay dos motivos: su misericordia y su gracia. Por su misericordia Dios no nos da lo que merecemos que es la muerte y por su gracia, nos da lo que no merecemos, que es la vida.
Alcanzar misericordia y hallar gracia. ¿Dónde? Junto al trono del Señor. ¿Para qué? Para el oportuno socorro. Ah cómo necesitamos de auxilio y socorro. Hay momentos en la vida en que te sientes tan lejos de Dios, como si Él te hubiese abandonado. Lo necesitas tanto, pero te sientes tan distante y piensas que todo está perdido.
En momentos como esos, acuérdate de la promesa de hoy. Nada tienes que temer. Confía en el amor maravilloso de Dios, a pesar de tus deslices, a despecho de tus incoherencias. Dios te ama y el Señor Jesús pagó el precio de tus rebeldías en la cruz del calvario.
Por eso hoy, sal de tu hogar sin temor, recordando el consejo bíblico: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”
Mi gozo
Haz de este día un día de obediencia. Aunque algunos principios de la Palabra de Dios, te parezcan anticuados, pasados de moda, aunque las personas a tu alrededor no te comprendan, o se rían de tu respeto por las advertencias divinas, continúa adelante, sabiendo que el Señor desea para ti una vida feliz y victoriosa, y para eso te dejó sus mandamientos.
Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Juan 15:10 y 11
La promesa de Dios para hoy es: “Que mi gozo esté en vosotros.” ¿Cuándo estará el gozo de Jesús en nosotros? Cuando le obedezcamos. Así de simple, sin complicaciones. Pero mira cómo son las cosas, muchos piensan que los mandamientos del Señor están allí para crearnos problemas, para quitarnos la libertad, para ser un fardo horrible de cargar, pero Jesús viene y dice que ellos están allí para traernos gozo. Dice que la obediencia a esos mandamientos hace que nuestro gozo sea cumplido. ¿No es extraordinario?
Pero veamos por qué la obediencia produce gozo. Es que el ser humano fue creado originalmente, para obedecer. Su naturaleza original en la creación, era una naturaleza obediente. Es verdad que después de la entrada del pecado el hombre adquirió la naturaleza pecaminosa desobediente, pero la desobediencia es una experiencia intrusa, es fruto de la entrada del pecado. En el fondo, el ser humano se deleita en hacer la voluntad de Dios, quiere decir, obedecer le produce gozo.
Aunque la naturaleza pecaminosa te lleva por los caminos de la desobediencia y, de alguna manera te proporciona placer, te trae al mismo tiempo, el peso de la culpa, el fardo atormentador de saberte rebelde, el instinto de muerte que el pecado lleva consigo. Si el hombre supiese eso, hasta por el motivo egoísta de ser feliz, trataría de obedecer.
Claro que el que ha nacido del Espíritu no obedece para tener gozo, obedece porque ama a Dios y reconoce su soberanía, pero el resultado, el fruto de eso, es una vida feliz.
Haz de este día un día de obediencia. Aunque algunos principios de la Palabra de Dios, te parezcan anticuados, pasados de moda, aunque las personas a tu alrededor no te comprendan, o se rían de tu respeto por las advertencias divinas, continúa adelante, sabiendo que el Señor desea para ti una vida feliz y victoriosa, y para eso te dejó sus mandamientos.
Empieza tus deberes hoy, pero piensa una vez más en las palabras de Jesús: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.”
¿Me amas?
Todos los días y en todos los lugares somos llamados a presentar el carácter de Jesús delante de los hombres. El mayor acto de lealtad que el Señor espera de ti es una vida digna de su nombre. No es fácil, cuando las personas se ríen de tus valores en la universidad, o en la calla o en el lugar de trabajo. Es difícil ser honesto cuando la honestidad parece haber pasado de moda.
Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: sí Señor; tú sabes que te amo. Le dijo; pastorea mis ovejas. Juan 21:17
Fue a la orilla del mar, mientras el sol se levantaba en el horizonte, entre ruido de olas y canto de las gaviotas que el Señor le preguntó a Pedro, si lo amaba. Tres veces. Parecía no entender la respuesta de Pedro, como si de pronto las palabras no fuesen suficientes para explicar lo que el discípulo deseaba explicar.
Había sido una pregunta simple, y por más que Pedro buscaba ser simple en su respuesta, el maestro de las cosas simples, insistía una y otra vez.
De pronto, Pedro entendió que la respuesta que el Maestro esperara no era solo una declaración teórica de amor. Las palabras, por más que describan los paisajes y sentimientos más bellos, son incapaces de decir lo que solo el corazón puede decirlo. En una mirada tal vez, o en una sonrisa. No sé.
Jesús le estaba hablando a Pedro de lealtad. La lealtad es un valor humano, fruto del amor. A través de la historia el hombre ha sido capaz de actos de heroísmo por lealtad hacia su país, a sus compañeros, a sus amigos o a su familia.
La lealtad se relaciona con el honor y la confianza, virtudes que son difíciles de ganar y fáciles de perder. Pero el discípulo había fallado la prueba de la lealtad. A veces es más fácil morir por Jesús, que vivir por Él. El Señor no les había pedido a sus discípulos que mueran por Él. Era Jesús que moriría por ellos. El maestro deseaba que ellos vivieran por Él y para Él. E infelizmente Pedro falló.
Todos los días y en todos los lugares somos llamados a presentar el carácter de Jesús delante de los hombres. El mayor acto de lealtad que el Señor espera de ti es una vida digna de su nombre. No es fácil, cuando las personas se ríen de tus valores en la universidad, o en la calla o en el lugar de trabajo. Es difícil ser honesto cuando la honestidad parece haber pasado de moda. No es fácil ser puro en un tiempo en que la pureza parece ser una pieza de museo de la edad media.
Tal vez por eso hay gente que prefiere aislarse del mundo para entregarse a Dios, pero Él quiere que tu entrega diaria a Él, sea tu testimonio, en medio de un mundo contaminado por el existencialismo desprovisto de sustancia.
Haz de este día un día de testificación personal. Respóndele a Jesús que tú lo amas y que por amor a Él estás dispuesto a vivir los principios de sus enseñanzas. Ah, y recuerda que Jesús “Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: sí Señor; tú sabes que te amo.”
No temas al hombre
Decirte que no hay nada amenazador delante de ti, que no existen dificultades o desafíos sería negar la realidad. Claro que los hay. Siempre los hubo y los seguirá habiendo, pero si tienes presente que a tu lado está el Señor, enfrentarás la lucha con la certidumbre de que tu enemigo ya es un enemigo vencido. Haga lo que haga contra ti, no pasa de paja seca que el viento lleva.
Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno? Isaías 51:12
Mientras vivas en este mundo los enemigos aparecerán todos los días intentando traer dolor a tu corazón. Los encontrarás, en el vecindario, en el lugar de trabajo y hasta en medio de la familia. Pero también pueden ser, una circunstancia difícil, una enfermedad, un momento de adversidad, en fin.
El consejo divino de hoy es una palabra de advertencia. No temas al enemigo, míralo de frente, a los ojos, no huyas, no corras, no te escondas. Hay dos motivos para proceder de este modo. El primero es que Dios es tu consolador. La palabra consolador, aquí no se refiere únicamente al que ofrece palabras de ánimo, sino mas bien, al que da fuerza para enfrentar a las personas y a las circunstancias, a pesar de cuán poderosas puedan ser o parecer.
La otra razón para no temer al enemigo es que “el hombre es mortal y el hijo del hombre como el heno.” El heno es paja seca que lleva el viento. No tiene sustancia, ni contenido, solo apariencia. Si te pones a pensar, la mayoría de las personas, cosas o situaciones que a veces te amedrentan, solo parecen temibles. Tu imaginación es la que hace de ellas, amenazas terribles. Son como los espanta pájaros, con apariencia de feos y malos, pero si te aproximas de ellos verás que son incapaces de hacerte algún mal.
El Dios maravilloso que te hizo esta promesa no conoce derrota y jamás ha fallado con aquellos que han depositado su confianza en Él.
Decirte que no hay nada amenazador delante de ti, que no existen dificultades o desafíos sería negar la realidad. Claro que los hay. Siempre los hubo y los seguirá habiendo, pero si tienes presente que a tu lado está el Señor, enfrentarás la lucha con la certidumbre de que tu enemigo ya es un enemigo vencido. Haga lo que haga contra ti, no pasa de paja seca que el viento lleva.
Sal hoy para la batalla del día seguro de la victoria. Coloca tus temores en las manos de Dios. No huyas. Ningún peligro tiene el derecho de asustar al hijo de Dios. Y recuerda la promesa del Señor: “Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno?”
Acaba la carrera
Haz de este día, un día de llegada. Termina lo que empezaste. No abandones la carrera. Ve hasta el fin. Di como Pablo: “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.”
Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Hechos 20:24
Aquel 31 de diciembre parecía una feria dominical de los pueblos de interior y sin embargo el escenario era el centro de una de las ciudades más grandes del mundo.
Gente, mucha gente. Un grupo interminable de atletas, partiendo como si fuese el éxodo judío. Miles, vestidos de todos los colores. Rojo, azul, amarillo, violeta, en fin. En los ojos, un denominador común: el deseo de llegar a la meta. Se estaba dando inicio a la maratón de San silvestre, en el Brasil.
Entre los miles de atletas, profesionales y aficionados que partían, había un hombre de sesenta años. Cabellos emblanquecidos por el tiempo, arrugas prominentes y mirada de león hambriento. Parecía una fiera vieja, observando a las gacelas que jamás alcanzaría.
Ricardo Fonseca, pasará a la historia, no como el campeón de resistencia en la carrera de 15 kilómetros por las calles del centro de San Pablo, sino como el campeón de insistencia y perseverancia. Llegó en último lugar, cuatro horas atrás del campeón. Pero llegó. Arrastrando los pies, extenuado, sin importarse con el tiempo ni la posición de su llegada. Su única preocupación dijo al final, era llegar, completar la carrera. “Nunca dejé nada a medio hacer, dijo sonriendo, aprendí de niño que no existe peor derrota que la carrera que no se acaba.”
Daba la impresión de repetir el versículo de hoy, en otra versión. Cientos de años atrás, Pablo había dicho, que lo único que le interesaba, aún arriesgando su vida era “terminar la carrera.”
Hay mucha gente fracasada porque empieza un trabajo y no lo termina. Se desanima. Calcula que no llegará primero y abandona la carrera. Su sendero está encarpetado de disculpas maravillosas. De tanto inventarlas, pasa a creer que son verdaderas. Campeones de la explicación. Jamás llegan. Ni en último lugar. Simplemente no llegan.
Haz de este día, un día de llegada. Termina lo que empezaste. No abandones la carrera. Ve hasta el fin. Di como Pablo: “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.”
Obediencia
¿Cuál es el desafío de tu vida? ¿Cuáles son tus sueños? ¿A dónde quieres llegar? Piensa en la experiencia de Israel delante del desafío de Josué. Tu esfuerzo y tu trabajo serán inútiles si no te organizas y si no abres la Palabra de Dios con el corazón dispuesto a obedecer los consejos divinos.
El pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos y a su voz obedeceremos. Josué 24:24
La palabra obediencia no encaja mucho en la mente de los jóvenes. De una manera u otra, la relacionan con falta de libertad. Pero lo que más desea el joven es ser libre, vivir sin cercas, ni rejas, ni prohibiciones, ni nada parecido, por lo tanto, la obediencia parece no formar parte de un diccionario moderno. Estoy hablando de la obediencia a Dios, porque cuando se trata de obedecer a los hombres, nadie duda en someterse a las reglas. Desde el deportista que en el campo debe obedecer las reglas del juego, pasando por los conductores que necesitan someterse a las reglas del tránsito y acabando con el lugar del trabajo, donde existe un horario de entrada, otro de salida y es necesario respetar las reglas de la empresa.
Pero cuando se trata de Dios, las cosas cambian. “Soy libre” parece ser el grito desesperado del joven de nuestros días. “Nadie tiene que decirme lo que debo hacer o no hacer.” “Cada uno sabe lo que es bueno.” Sin embargo en el mundo espiritual las cosas no son diferentes del campo de deportes o del trabajo. La organización y la obediencia son parte del orden, y Dios es un Dios de orden.
En el momento de la creación EL Espíritu se movía sobre la tierra desordenada y vacía. Su propósito era colocar la tierra en orden. Esto muestra que tú saliste de las manos de un Dios de orden y jamás podrás ser completo y feliz, si no te devuelves al orden. La obediencia es parte del orden.
En los tiempos de Josué, el pueblo estaba delante del enorme desafío de conquistar la tierra prometida. Aquella tierra era el glorioso destino a donde Dios quería conducir a su pueblo. Con ese propósito lo había libertado de la esclavitud de Egipto. Pero Dios sabía que sin orden, nadie llega a lugar ninguno. Por eso Josué desafió a su pueblo al orden y a la obediencia, y la respuesta del pueblo fue unánime y positiva.
¿Cuál es el desafío de tu vida? ¿Cuáles son tus sueños? ¿A dónde quieres llegar? Piensa en la experiencia de Israel delante del desafío de Josué. Tu esfuerzo y tu trabajo serán inútiles si no te organizas y si no abres la Palabra de Dios con el corazón dispuesto a obedecer los consejos divinos.
Tu Padre conoce el camino, mejor que tú. Obedécele, colócate en sus manos y déjate conducir por él y hoy, antes de correr en pos de tus sueños recuerda: “El pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos y a su voz obedeceremos.”
Dame entendimiento
Haz de este día un día de sabiduría. Nadie, perdió jamás por oír los consejos divinos. Nunca, alguna persona terminó en caminos de muerte y locura por andar en la senda mostrada por el Señor. Aunque te parezca ridículo, aunque tus amigos se rían de ti, aunque tus compañeros se burlen o digan que eres anticuado, sigue los principios eternos y serás sabio y feliz.
Dame entendimiento, guardaré tu ley y la cumpliré de todo corazón. Salmos 119:34
¿Crees que para ser libre y feliz debes quebrar todos los tabús? Depende de lo que llames tabú. Lindomar, por ejemplo, piensa que llegar virgen al matrimonio es un tabú; que eso funcionaba en el siglo pasado pero que ahora el mundo ha cambiado y “todos lo hacen.” Pero la pureza está entre los diez principios eternos establecidos por Dios para la felicidad del ser humano. Y si el propósito de esos principios es la felicidad, es imposible ser feliz quebrándolos o echándolos a un lado, como si fuesen algo sin importancia.
El texto de hoy, expresa el clamor del salmista en busca de entendimiento. La Palabra entendimiento puede ser traducida también como sabiduría. Sabiduría es diferente de conocimiento. El conocimiento es solo el almacenamiento de conceptos, pero la sabiduría es el empleo adecuado de esos conceptos. Existe mucha gente que sabe mucho, pero ignora la manera de usar ese conocimiento provechosamente.
El versículo de hoy enseña que la manera sabia de vivir es respetando y practicando los consejos divinos expresados en los principios eternos de su Palabra. Seguir esos principios no siempre es fácil, porque vivimos en un tiempo cuando Dios no pasa de un simple detalle, de un ser despersonalizado, de una energía creadora y nada más. El hombre moderno toma los principios divinos y racionaliza en torno de los, filosofa, los interpreta a su manera, discute, argumenta, en fin, hace cualquier cosa, menos obedecerlos.
El resultado es el desvarío loco y alucinado de su corazón. Corre de un lado para otro en busca de sosiego y no lo encuentra, se hunde en las profundidades más oscuras de sus instintos en busca de un sentido para la vida y solo encuentra confusión y oquedad. Pero se resiste a volver los ojos a Dios y a los eternos principios de su Palabra.
Haz de este día un día de sabiduría. Nadie, perdió jamás por oír los consejos divinos. Nunca, alguna persona terminó en caminos de muerte y locura por andar en la senda mostrada por el Señor. Aunque te parezca ridículo, aunque tus amigos se rían de ti, aunque tus compañeros se burlen o digan que eres anticuado, sigue los principios eternos y serás sabio y feliz.
No salgas a enfrentar los desafíos de hoy sin recordar la oración del salmista: “Dame entendimiento, guardaré tu ley y la cumpliré de todo corazón.”
El cimiento de tu trono
Inútilmente, algunos cristianos sinceros pretenden mostrar al Dios del Antiguo testamento como el Dios de la justicia y al del Nuevo testamento como el Dios del amor. ¿Qué tipo de Dios sería ese que mudase su manera de ser? Dios es eterno y en Él no existe mudanza ni sombra de variación. Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.
Justicia y derecho son el cimiento de tu trono; misericordia y verdad van delante de tu rostro. Salmos 89:14
¿Te siente triste, solo y abandonado? ¿Crees que porque caíste, el amor de Dios te abandonó y estás a merced de su justicia? Entonces, piensa el versículo de hoy. La justicia, la verdad y la misericordia de Dios son la esencia de su propio ser y el fundamento de todas sus acciones. La Biblia afirma este concepto una y otra vez. En Dios, los tres atributos se funden, son uno, no existe división.
A los seres humanos nos resulta difícil entender esto, porque después de la entrada del pecado, nuestra naturaleza trae la división como parte de su estructura. Dividimos nuestro ser, nuestros sentimientos, nuestras intenciones y en consecuencia dividimos el hogar, los valores y los principios y los conceptos.
Al pensar en la cruz del Calvario, por ejemplo, cuantas veces decimos que allí se expresó el amor de Dios, para aplacar su justicia, pero en Dios su justicia y su misericordia jamás estuvieron una contra la otra. Todos sus actos estuvieron motivados por su amor, por su misericordia y por su verdad.
Pensemos en la primera escena dolorosa de este mundo cuando Adán y Eva tuvieron que abandonar el jardín del Edén por causa de su pecado. ¿Era la justicia de Dios la que demandaba que el ser humano abandonase el jardín? Sí, pero era su misericordia también. Permitir que el hombre caído continuase comiendo del árbol de la vida sería perpetuar el pecado y entonces el ser humano viviría eternamente la tragedia del dolor y de la muerte. Por tanto en aquel momento crucial y a lo largo de la historia el amor, la verdad y la misericordia, divinas siempre actuaron juntas.
Inútilmente, algunos cristianos sinceros pretenden mostrar al Dios del Antiguo testamento como el Dios de la justicia y al del Nuevo testamento como el Dios del amor. ¿Qué tipo de Dios sería ese que mudase su manera de ser? Dios es eterno y en Él no existe mudanza ni sombra de variación. Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.
Sal esta mañana a cumplir tus deberes, seguro de que caminarás a la luz de la verdad, amparado por la justicia del Padre y protegido por su misericordia, porque “Justicia y derecho son el cimiento de tu trono; misericordia y verdad van delante de tu rostro.”
Santidad
Pueda ser que las cosas a tu alrededor no anden como te gustaría que anden. De repente, nada te sale bien, por más que te esfuerzas, pero no desanimes. Si colocas tu vida en las manos de Dios, todo es un asunto de tiempo. Ten paciencia. El plano maravilloso de Dios para ti se cumplirá más tarde o más temprano.
Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. 2 Corintios 7:1
¿A qué promesas se refiere el Apóstol Pablo? Él dice que esas promesas deberían motivarnos a vivir una vida limpia y a crecer en la experiencia de la santidad. Pero, ¿de qué promesas habla? Para saber es necesario leer el capítulo anterior y allí, entre otras cosas Pablo habla del amor maravilloso de Dios hacia sus hijos, después en el capítulo 7, él empieza diciendo que estas promesas, deberían motivarnos a crecer en la santidad.
El resumen del discurso de Pablo es el amor. Sin amor no existe vida cristiana, el cumplimiento de los mandamientos, sin amor es apenas una vida de moralismo vacío y sin sentido. Para Pablo, el amor es la motivación de la santidad. Crecemos en santidad porque lo amamos, y lo amamos porque Él nos amó primero.
La palabra santo en griego, significa, “separado para un propósito especial.” Somos santos cuando entendemos que vivimos en este mundo pero no somos de este mundo, cuando entendemos que somos humanos, como cualquier ser humano, pero tenemos un propósito especial en la vida. Al entender esto, nos damos cuenta de, cuánto nos ama el Señor y el único camino es retribuir ese amor. ¿Cómo lo hacemos? Creciendo cada día en el camino de la santidad, es decir, entendiendo y viviendo cada día de acuerdo al elevado propósito que Dios tiene para nosotros.
Jamás pierdas de vista ese propósito. Es verdad que vives en medio de seres humanos que corren solo atrás de sus interese humanos, sin darle importancia a los valores del espíritu, pero tú no eres un ser humano más, tú eres el sueño de Dios.
Pueda ser que las cosas a tu alrededor no anden como te gustaría que anden. De repente, nada te sale bien, por más que te esfuerzas, pero no desanimes. Si colocas tu vida en las manos de Dios, todo es un asunto de tiempo. Ten paciencia. El plano maravilloso de Dios para ti se cumplirá más tarde o más temprano.
El Señor Jesús está a tu lado, dispuesto a conducirte a tu glorioso destino y te ha prometido su poder y su amor a lo largo del camino, entonces, “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.”
Aún rebosarán
Pero lo bueno es que esas promesas son también para ti. Si por algún motivo, desaprovechaste el pasado o lo usaste para causarte dolor y destrucción, vuelve los ojos a Dios, en arrepentimiento, y escucha la voz del Señor: “Clama aún, diciendo: así dice Jehová de los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, y escogerá todavía a Jerusalén.”
Clama aún, diciendo: así dice Jehová de los ejércitos:
Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, y escogerá todavía a Jerusalén. Zacarías 1:17
Nada está perdido para los que se vuelven a Dios. Aunque las cosas no anden bien en tu vida como consecuencia de tus errores, si te entregas a Dios con sinceridad de corazón, sus promesas continúan válidas.
Era eso lo que sucedía con el pueblo de Israel en los tiempos de Zacarías. Habían abandonado al Señor, habían tomado el control de su vida en las propias manos, creyeron que no necesitaban de Dios, que Él les restringía la libertad, y decidieron vivir solos, como si Dios no existiese.
Lo que me impresiona del amor divino es que los dejó irse. El precio del amor es la libertad. Pena que para entender esto, muchas veces es necesario llegar a la tierra de la esclavitud. Ahora Israel sufría las consecuencias de sus decisiones equivocadas. Había permanecido mucho tiempo en el exilio babilónico, Jerusalén estaba destruida, sus campos, otrora floridos y productivos, abandonados y sin vida.
Pero en medio de la humillación y el sufrimiento los hijos de Israel se acordaron de Dios, se arrepintieron y clamaron al Dios eterno que los había sacado de la tierra de Egipto y los había conducido milagrosamente hacia la tierra de la libertad, y Dios les escuchó el clamor. Un remanente volvió del exilio y el Señor levantó al profeta Zacarías, para decirles que, a pesar de todo lo que habían hecho, y a despecho de cómo ellos habían pretendido arruinar el plan de Dios, sus promesas continuaban válidas.
Jerusalén todavía sería la grande capital de la fe, y en sus tierras correrían los hijos de Israel conforme al plan original de Dios. Imagino cómo debe haberse sentido el enemigo al ver que todo lo que hiciera para que las promesas divinas jamás se cumplieran, el plan de Dios continuaba en pie.
Pero lo bueno es que esas promesas son también para ti. Si por algún motivo, desaprovechaste el pasado o lo usaste para causarte dolor y destrucción, vuelve los ojos a Dios, en arrepentimiento, y escucha la voz del Señor: “Clama aún, diciendo: así dice Jehová de los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, y escogerá todavía a Jerusalén.”
Lloro en gozo
¿Estás viviendo el invierno crudo de tu vida? ¿Sientes que no tienes más fuerzas para resistir? No desesperes, Dios nunca permitirá que llegue a tu vida una prueba que no puedas soportar. Cuando la noche parece más oscura es cuando de un momento a otro el sol del nuevo día va a despuntar en el horizonte.
Y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. Jeremías 31:13
La noche dura solo doce horas. En la peor de las hipótesis, catorce; o veinte en las tierras polares; pero no importa su extensión, el día viene. Es una ley de la vida. No existe noche sin día. En esta vida, todo acaba, acaban las cosas buenas, los momentos felices desaparecen, la juventud se va, la primavera se hace invierno, en fin. Pero si es verdad que las cosas buenas acaban, también acaban las cosas malas.
La promesa que Dios presenta en el versículo de hoy es justamente acerca del fin de las cosas malas. El dolor, la tristeza y las lágrimas llegarán al fin. En esta tierra, parcialmente, pero cuando Jesús vuelva colocará un punto final a la historia del pecado y consecuentemente, las lágrimas y al dolor, desaparecerán para siempre.
Pero mientras vivas en este mundo no estarás ajeno al dolor y al sufrimiento. Cuando menos esperes, cuando piensas que tu sol brilla esplendoroso y tu cielo está más azul que nunca, puede aparecer la tormenta. No te asustes. El dolor es la ley de este mundo de pecado.
A pesar de eso, no te concentres en el dolor, sino en la promesa que Dios te hace. El enemigo puede traer dolor a tu vida hoy y mañana, pero vendrá el tercer día en que el enemigo tendrá que darse en retirada.
Así fue con Jesús. Aquel viernes de tarde cuando el Salvador expiró en la cruz del calvario, el enemigo pensó que había vencido. Todo el plan de salvación parecía que había desmoronado. El sábado, mientras Jesús reposó en la tumba, el enemigo continuó celebrando su aparente victoria, pero al tercer día, la muerte tuvo que dar lugar a la vida. Las entrañas de la tierra se abrieron y el Señor Jesús resucitó victorioso. Y con su resurrección nos enseñó la lección más extraordinaria para enfrentar el dolor: Siempre hay un tercer tiempo, en que la noche tendrá que dar lugar al día, en que el invierno, se esconderá de la primavera.
¿Estás viviendo el invierno crudo de tu vida? ¿Sientes que no tienes más fuerzas para resistir? No desesperes, Dios nunca permitirá que llegue a tu vida una prueba que no puedas soportar. Cuando la noche parece más oscura es cuando de un momento a otro el sol del nuevo día va a despuntar en el horizonte.
Por eso, hoy, a pesar de las nubes negras que pueden oscurecer tu día parte para enfrentar los desafíos de la vida, seguro de la promesa divina: “Y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor.”
No alcanzaron
La razón es que ella limita el “futuro mejor,” a cosas y comodidad material. Lo que ella no sabe es que podrá conseguir todos los bienes del mundo y continuará vacía, porque el futuro mejor no está limitado a las tristes fronteras de esta tierra. Nascimos para volar y mientras vivamos escarbando la tierra en busca de oro, jamás descubriremos las bellezas del cielo azul y del espacio infinito.
Porque Dios tenía reservado algo mejor para nosotros, para que no fueran ellos perfeccionados aparte de nosotros. Hebreos 11:40
La señora que arreglaba esta mañana mi cuarto del hotel es una emigrante que llegó a los estados unidos cruzando el río. Era apenas una niña de 10 años cuando un día sus padres decidieron venir a los Estados Unidos, en busca de un “futuro mejor.”
¿Futuro mejor?
-Mire señor, me dijo, este es el “futuro mejor” que logré: ser una simple mucama.
Sus manos llenas de callos, su rostro marcado por arrugas profundas, que la vida le abrió, su sonrisa nostálgica, adormecida en algún momento de su triste historia, describían el dolor y el sufrimiento que las circunstancias le habían impuesto.
Me quedé pensando mucho tiempo en su historia y salí a caminar. Me había propuesto andar cinco kilómetros. Y aunque había mucha naturaleza a lo largo de mi camino, la historia de la mucama seguía molestándome. Como si fuese mi propia historia, como si yo también, un día, hubiese “cruzado el río” buscando un futuro mejor.
Al fin de cuentas ¿No es lo que todos buscamos? ¡Un futuro mejor! ¿Lo alcanzaste? O tú también, como aquella señora miras a tu presente y piensas que no valió la pena haber “cruzado el río”.
Lo que me intriga es el hecho de que esa buena señora llega al trabajo en su propio auto, vive en casa propia, no tiene necesidad de pagar alquiler y sus hijos estudian en la universidad del estado. Quiere decir, de alguna manera, su situación ha mejorado. Si hubiese permanecido en su país no tendría las cosas que ha logrado aquí. Con trabajo es verdad, enfrentando las dificultades de una vida dura, sin duda, pero ha logrado cambiar el destino de su familia, porque la próxima generación, con toda seguridad no tendrá más, las privaciones que ella tuvo cuando niña.
Pero ella no es feliz. Su corazón continúa vacío y llora la angustia de buscar y buscar sin encontrar. La razón es que ella limita el “futuro mejor,” a cosas y comodidad material. Lo que ella no sabe es que podrá conseguir todos los bienes del mundo y continuará vacía, porque el futuro mejor no está limitado a las tristes fronteras de esta tierra. Nascimos para volar y mientras vivamos escarbando la tierra en busca de oro, jamás descubriremos las bellezas del cielo azul y del espacio infinito.
Vuelve los ojos a Dios. Lo que realmente vale no está en esta tierra, “porque Dios tiene reservado algo mejor para ti."
Como una madre
Lo que quiero decirte es el Señor Jesús ya pagó el precio de tu culpa. Mereces lo peor, por lo que hiciste, pero Jesús asumió tu culpa y pagó el precio con su vida. A ti solo te resta aceptar o rechazar. Aceptar, porque el perdón no le puede ser otorgado a nadie por la fuerza o rechazar porque eres libre, inclusive para decir no.
Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo. Isaías 66:13
Todavía es temprano. Del lado de fuera veo un árbol que empieza a florecer anunciando que el invierno se va. Al fondo hay unos pinos tiernos bañados de rocío. Parecen llorar. Las gotas depositadas en sus ramos caen, como lágrimas de una naturaleza con nostalgia del sol. Mejor dicho, nada es perfecto. Un sol esplendoroso brillando esta mañana completaría la belleza del paisaje, pero vivimos en un mundo marcado por el dolor y la tristeza.
Hablando de tristeza, anoche, me entregaron una carta. Al Es la historia de una madre que se enteró que su hija, de apenas 16 años, estaba embarazada. ¿Qué hacer en esas circunstancias? Ella cerró los ojos e imaginó el “escándalo” que eso significaría para la familia. Imaginó el futuro de la hija cuyos sueños parecían desmoronarse, imaginó también el futuro de un niño sin padre. Ella jamás había conocido a su padre y eso le había dejado en el alma un vacío difícil de llenar. Asustada veía repetirse la historia y no soportó. En un momento de rabia y desesperación obligó a la hija a realizar un aborto.
Todo parecía resuelto, pero de repente, el fantasma de la culpa empezó a atormentarla de día y de noche. Verdugos implacables la perseguían en sus noches de pesadilla, mientras ella corría con las manos ensangrentadas, atormentada por el grito de un niño sin rostro que le gritaba: “Abuela no me mates por favor.” Ella escribió deseando la muerte.
Nada justifica lo que hiciste llevada por la desesperación. El pecado es pecado justamente por eso, te hace creer que es la solución pero te hunde en la arena movediza de tus tormentos interiores. Pero no quiero hablarte hoy, de lo que hiciste o no hiciste. No quiero decirte que cuando una vida surge en el vientre de una mujer, no es por causa del error de los seres humanos, sino por la voluntad de Dios y si Él permitió es porque, aunque tú no lo entiendas, Dios tenía un plan maravilloso para esa vida.
Lo que quiero decirte es el Señor Jesús ya pagó el precio de tu culpa. Mereces lo peor, por lo que hiciste, pero Jesús asumió tu culpa y pagó el precio con su vida. A ti solo te resta aceptar o rechazar. Aceptar, porque el perdón no le puede ser otorgado a nadie por la fuerza o rechazar porque eres libre, inclusive para decir no.
No salgas hoy de tu casa sin meditar en la promesa bíblica: “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo.”
Él os dio vida
A lo largo de mi vida he visto tantos milagros como este. ¿Qué puede hacer el ser humano delante de ese poder? Nada, a no ser someterse y aceptarlo. Por eso, hoy, antes de iniciar tus actividades diarias recuerda que “Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.”
Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muerto en vuestros delitos y pecados. Efesios 2:1
Monte Olivo es una pequeña ciudad, en el interior del estado de Carolina del Norte; una ciudad sin mucho atractivo, simple, llena de sembríos de frijoles y tabaco. Aquí hay una iglesia hispana formada mayormente por guatemaltecos, gente también simple, pero de un corazón tamaño del mundo. El otro día almorcé en la casa de uno de ellos y me contó la historia de su conversión. En aquella época él ganaba 300 dólares por semana y con eso mantenía a la esposa y a los dos pequeños hijos, quiere decir, intentaba mantenerlos, porque además de ser una pequeña cantidad de dinero, lo gastaba todo con los amigos y la bebida.
Un domingo llegó a casa al anochecer. Había recibido su pago el viernes de tarde y se había puesto a beber con los amigos hasta el domingo. El lunes de mañana despertó para ir al trabajo, el cuerpo adolorido, el sabor amargo de la derrota en la boca y la resaca sacudiéndole el alma. Al salir de casa notó que los hijos y la esposa no tenían qué comer. La esposa simplemente lo miraba y no decía nada, estaba ahí en un rincón de la sala, como resignada a esa triste situación. Los niños pequeños, observándolo asustados, como si mirasen a una persona extraña que nada tenía que ver con ellos.
-Pastor -me dijo el muchacho, con los ojos llenos de lágrimas- no pude resistir más. Sentí como un puñal clavado en mis carnes. ¿Qué estaba haciendo yo con esa mujer y con esos niños? Salí como un loco, corrí por las calles de la ciudad, entré a una iglesia y me entregué a Jesús. Ese día llegué tarde al trabajo, pero ese día mi vida cambió definitivamente. Dios obró un milagro en mi vida.
Almorcé con esa linda familia. Un hogar feliz. Los ojitos de los niños brillaban de emoción, miraban a su padre como si fuese un gran héroe; la esposa también lo miraba con ojos llenos de amor y admiración. Y yo, a un lado de la mesa sentía el corazón apretado al ver un milagro más, realizado por Jesús.
Después me fui, andando, pensando en la vida. Levanté los ojos al cielo y me pareció ver el rostro de Jesús preguntándome: “¿Crees que valió la pena haber muerto en la cruz?
Nada dije. Apenas sonreí y continué andando. A lo largo de mi vida he visto tantos milagros como este. ¿Qué puede hacer el ser humano delante de ese poder? Nada, a no ser someterse y aceptarlo. Por eso, hoy, antes de iniciar tus actividades diarias recuerda que “Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.”
¿Amor?
No continúes hiriéndote, solo por “miedo de sentirte sola.” Al fin de cuentas, la soledad, no es apenas una condición, es un estado de ánimo. Viviendo sin Jesús, puedes sentirte sola, a pesar de tener la compañía de otra persona.
El que no ama no ha conocido a Dios porque Dios es amor. 1 Juan 4:8
Esta semana recibí la carta de una joven cristiana que mantiene, una relación amorosa con un hombre casado. Es una carta dolorosa. Ella siente que lo ama pero que ese amor la está destruyendo.
¿Qqué podría decirle? ¿Qué Dios está triste? ¡Claro que está! Pero la tristeza divina, no nace apenas del hecho de que ella está transgrediendo un mandamiento, sino de la realidad dolorosa de que ella no es feliz.
¿Sabes? El amor es algo que Dios te confió para que contemples las facetas desconocidas y lindas de la vida; para que te sientas viva, para que veas el mundo más lleno de colores y de melodías. Porque el Amor viene de Dios. “Dios es amor,” dice Juan. Pero cuando el amor es confundido con la pasión, se convierte en un motivo de infelicidad y te sumerge en el caos interior.
Pensemos más, en la chica de la carta. Ella no se siente bien destruyendo a una familia, ni hiriendo el corazón de Dios. Tanto así que me escribe pidiendo ayuda. Pero no se da cuenta que cayó en la red de un hombre casado y está condenada a sufrir grandes decepciones y a perder el respeto por sí misma. Porque en esta vida, nadie es valorado si no se valora a sí mismo y nadie puede ser feliz, si no está en paz con Dios y consigo mismo.
¿Qué es lo que lleva a esta muchacha a conformarse viviendo un “amor” que no es amor? ¿Puede alguien, como aquel “novio,” no traicionarla a ella un día, como hoy, está traicionando a la esposa? ¿Se puede confiar en un hombre así?
Ella dice que comenzó esa relación porque tenía miedo de quedarse sola, pero ¿acaso relacionarse sentimentalmente con una persona casada, no implica que ella continuará sola, compartiendo apenas los pocos momentos que le sobren a él?
Cuando la soledad te abruma o te entristece y te hace sentir que hay algo de errado en ti, es inútil que te aferres a alguien que te va a usar como un objeto, haciéndote sentir aún más triste y más sola.
Podría haber respondido esta carta diciéndole a la chica que ponga un punto final a esa situación, porque esa no es la voluntad de Dios, pero sé que Dios no es un Dios egoísta que solo está preocupado en que sus hijos le obedezcan, sino que Él es un padre amoroso que desea su bienestar.
No continúes hiriéndote, solo por “miedo de sentirte sola.” Al fin de cuentas, la soledad, no es apenas una condición, es un estado de ánimo. Viviendo sin Jesús, puedes sentirte sola, a pesar de tener la compañía de otra persona.