DEVOCIONALES
¿Quién soy yo?
Hoy, sale un nuevo sol. El mismo que se ocultó ayer, pero puede ser diferente para tí, si recuerdas que un día saliste de las manos de Dios y aunque la vida te sonrió y conquistaste montañas elevadas, continúas siendo criatura dependiente e instrumento al servicio de la humanidad.
Entonces Moisés respondió á Dios: ¿Quién soy yo, para que vaya á Faraón, y saque de Egipto á los hijos de Israel? (Éxodo 3:11)
En los ojos de Arí merodeaba la locura. El desequilibrio insano de días y noches recibiendo la visita de sus propios fantasmas. Noches sin fin y sin sueño. Días de tormento y de agonía. En esas circunstancias, la muerte era apenas un paso hacia el vacío. La muerte para aquel joven empresario, se le había antojado siempre, oscura como sus noches y vacía como su alma.
Nadie es capaz de cumplir la misión de la vida sin entender primero la esencia de su ser. ¿Quién eres tú? ¿De dónde viniste y a dónde vas?
¿Eres fruto de la casualidad, a través de un fenómeno natural llamado evolución, o saliste de las manos de un creador que te colocó en esta vida con una misión? La visión de futuro de cualquier persona depende de su visión de pasado.
Por eso Moisés, cuando recibió la misión de libertar al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, le preguntó a Dios: “¿Quién soy yo?” Partir para el cumplimiento de la misión sin conocer la esencia del ser, puede ser trágico. Lo fue con Arí. En la cúspide del éxito, creyó que era un semidiós, incapaz de cometer errores. La cabellera rubia y los ojos azules lo engañaron. Muchas veces llegó a soñar que el mundo estaba a sus pies y que los seres humanos eran sus vasallos.
Creció. Prosperó. Aparentemente había realizado sus sueños cuando se perdió en medio de las llamas de sus delirios. Sus ojos empezaron a brillar con un brillo extraño, comenzó a dar órdenes inconexas, irracionales, infantiles y la familia percibió que estaba ausente. Lejos de la razón, sumergido en el mar de sus alucinaciones.
Pasó el resto de su vida en una clínica de reposo. Aullaba en las noches como un lobo. Su lamento se perdía en la inmensidad de un universo del cual solo era una partícula y no el dueño, como siempre había pensado.
Hoy, sale un nuevo sol. El mismo que se ocultó ayer, pero puede ser diferente para tí, si recuerdas que un día saliste de las manos de Dios y aunque la vida te sonrió y conquistaste montañas elevadas, continúas siendo criatura dependiente e instrumento al servicio de la humanidad.
Haz de este día un día de reflexión y recuerda: “Moisés respondió á Dios: ¿Quién soy yo, para que vaya á Faraón, y saque de Egipto á los hijos de Israel?”
Afirmados
Existe un plan divino y maravilloso para cada vida. Nadie vino al mundo por acaso. La felicidad consiste en descubrir y llegar al lugar exacto para el que fuimos creados. A veces, por las cosas de esta vida, perdemos el rumbo, nos deformamos, creamos aristas y es necesario que pasemos por el esmeril del dolor
Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. (1 Pedro 5:10)
Marlon lucía terrible. El accidente le había deformado el rostro y lo había confinado a una silla de ruedas. A pesar que todo el mundo le sugería agradecer a Dios por haberle salvado la vida, el joven atleta de 23 años, no entendía por qué Dios había permitido que le ocurriera aquel accidente que terminó con sus sueños de una medalla olímpica.
No era culpado del accidente. El conductor del otro vehículo, dirigía ebrio y fue Marlon el que sufrió las peores consecuencias. ¡Injusto! Desde cualquier punto de vista. Menos de la perspectiva divina.
La promesa de hoy afirma que los hijos de Dios no están libres de las dificultades sino que, después de haber padecido un poco, Él los afirmará, fortalecerá y perfeccionará.
Me gusta le expresión perfeccionará. En griego es Kataritzo. Significa cortar una piedra para que quepa en el lugar exacto.
Existe un plan divino y maravilloso para cada vida. Nadie vino al mundo por acaso. La felicidad consiste en descubrir y llegar al lugar exacto para el que fuimos creados. A veces, por las cosas de esta vida, perdemos el rumbo, nos deformamos, creamos aristas y es necesario que pasemos por el esmeril del dolor para ser kataritzo. O sea, perfeccionados y lapidados a fin de ocupar el lugar exacto para el que fuimos creados.
Marlon entendió el propósito divino del dolor, años después, cuando por causa del accidente tuvo que desarrollar otros dones que hubieran quedado adormecidos si continuase con su carrera de atleta.
Hoy, solo agradece a Dios. Sabe que el Señor, en su sabiduría infinita, aprovechó el trágico accidente para llevarlo al lugar exacto.
Por eso hoy, no te desanimes delante del dolor. Recuerda siempre que “El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.”
Prestar atención
Nadie es feliz solo porque desea serlo. Todo el mundo anhela llegar al valle encantado de la prosperidad. Pero es imposible hacerlo sin seguir las instrucciones.
Por eso el consejo de hoy es “Atiende con diligencia, las cosas que has oído.”Diligencia requiere trabajo y esfuerzo. Ninguna instrucción conduce a la realización si la persona no está dispuesta a pagar el precio: obediencia estricta a las instrucciones.
Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. (Hebreos 2:1)
Seguramente, en algún lugar del mundo, alguien leerá estas líneas mientras el dolor de la derrota atormenta su alma. Alguien que consume apresurado las últimas frases de su propia historia, seguramente querrá atesorar en su corazón el consejo de hoy. Alguna persona que desea borrar el pasado y empezar como si jamás hubiera terminado, seguramente entenderá lo que Dios quiere decirle.
Pero, seguramente también alguien alrededor de la tierra, leerá lo que estoy escribiendo y será como si nunca hubiera leído nada. No prestará atención mientras él otro lee en voz alta. Se olvidará y será como si la semilla jamás hubiera caído en el terreno de su corazón.
Es la ley de la vida. No todos escuchan. Y si escuchan no oyen. Y si oyen no guardan. La semilla cae en terrenos diferentes. El propio Señor Jesucristo lo dijo en forma de parábola.
Pero el consejo de hoy es “Atiende con diligencia las cosas que has oído.” ¿De qué sirve tener un mapa en las manos si no estás dispuesto a obedecer sus instrucciones? La palabra de Dios contiene las instrucciones que llevan al puerto deseado de la felicidad. Nadie puede darse el lujo de ignorarla.
El camino hacia el fracaso está alfombrado de vidas que conocieron las Escrituras pero las desobedecieron. Intentaron ser felices a su manera, siguiendo sus propios impulsos y un día despertaron en las montañas frías de la infelicidad.
Nadie es feliz solo porque desea serlo. Todo el mundo anhela llegar al valle encantado de la prosperidad. Pero es imposible hacerlo sin seguir las instrucciones.
Por eso el consejo de hoy es “Atiende con diligencia, las cosas que has oído.”Diligencia requiere trabajo y esfuerzo. Ninguna instrucción conduce a la realización si la persona no está dispuesta a pagar el precio: obediencia estricta a las instrucciones.
Haz de este día un día de victorias y conquistas. Sacude el polvo de la derrota. Hecha la mediocridad a un lado. No te conformes con lo que lograste hasta aquí. Existen montañas que todavía no fueron conquistadas. Ellas te aguardan a lo lejos. Sigue con fe, pero recuerda: “Es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.”
Manera de vivir
Haz de este día un día de justicia y santidad. Santidad cristiana no significa andar todo el tiempo con la biblia debajo del brazo y preocupado en descubrir lo que es pecado. Santidad es la maravillosa experiencia de andar con Jesús. Todos los días, en todos los momentos. Y esa experiencia puede empezar para ti hoy.
Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir! (2 Pedro 3:11)
Vivimos en un mundo materialista. Las cosas espirituales parecen utopía. Hay gente sincera que piensa que el cielo, la tierra nueva, las mansiones celestiales y la segunda venida de Cristo, son cosas que están solo en la imaginación de gente fanática. Pero la Biblia está llena de escenas dramáticas que muestran que en todos los tiempos hubo gente incrédula que un día tuvo que enfrentarse con la realidad de las cosas.
En los tiempos de Noé, por ejemplo, muchos hombres llegaron al punto de considerar que Noé estaba loco. Nunca había llovido, ¿Por qué tendría que llover ahora?
Pero un día, el futuro que parecía irreal y distante, llegó, y las puertas del arca se cerraron, el cielo se puso oscuro, empezó a llover. Muchos corrieron a pedir ayuda a Noé, pero Noé no pudo hacer nada. Manos invisibles habían cerrado el Arca y sol Dios podría abrirla.
La Biblia afirma que cuando Jesús se manifieste en las nubes de los cielos, habrá gente que, llorando, dirá: “Pasó la ciega, se acabo el verano y nosotros no hemos sido salvos.” Dejaste pasar tu oportunidad, no tomaste las cosas espirituales a serio, te dejaste contagiar por la filosofía materialista de nuestros días, no fuiste capaz de mirar hacia el futuro, no fuiste capaz de valorizar las promesas divinas, la bendición, la salvación. Ahora, se acabó la oportunidad, ya es demasiado tarde, ya no hay más bendición.
Todos nosotros un día, pasaremos por el momento dramático semejante a este. Gente que vivió como si el presente nunca fuese terminar. Vivió sin mirar al cielo.
Por eso el texto de hoy advierte: Todo lo que ves a tu vuelta acabará. Esta tierra no es eterna. Jesús vuelve para ponerle un punto final a la historia del pecado. Ya que esto es lo que va a suceder ¿Por qué no vivir con esa expectativa en el corazón y andar sabiendo que nuestro verdadero hogar se aproxima?
Haz de este día un día de justicia y santidad. Santidad cristiana no significa andar todo el tiempo con la biblia debajo del brazo y preocupado en descubrir lo que es pecado. Santidad es la maravillosa experiencia de andar con Jesús. Todos los días, en todos los momentos. Y esa experiencia puede empezar para ti hoy.
No olvides.” Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!”
Bienaventurado
Hoy puede ser el día de victoria, que tanto esperabas. Hoy puedes levantarte de las cenizas. Camina por la vida sin temor. Levanta la frente en alto. Tu enemigo está a tus pies. La hora final le llegó. Hoy es tu oportunidad.
Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. (Santiago 1:12)
El otoño se va. Aquí en los Estados unidos, el invierno llegó. Los copos de nieve ya empiezan a caer como pedacitos encantadores de algodón. Pero lo que me impresiona es la resistencia de las hojas delante del frío destructor. No mueren conformadas, luchan. Su lucha es una explosión de colores maravillosos. Verde, amarillo, rojo anaranjado, en fin. Como si un pintor hubiera pasado por la naturaleza derrochando toda su arte.
Las hojas mueren resistiendo hasta el fin. Mueren, la muerte gloriosa de los inconformados con la situación. Mueren derramando la última gota de vida para alegría de los hombres.
Si las hojas fuesen gente. La bienaventuranza de hoy sería para ellas. Soportan los vendavales del invierno hasta la muerte. Su corona de vida es el festival colorido de su muerte.
Dios jamás habría presentado esta bienaventuranza si la victoria sobre el pecado no fuese segura. Al morir Jesús en la cruz y al resucitar el tercer día, estaba clavando la estocada fatal en el corazón del enemigo de las almas.
Satanás hoy, es un enemigo derrotado, agonizante, gimiendo los estertores de la muerte. No tiene más derecho de vencer a nadie. No tiene condiciones. Todo lo que puede hacer es tentarte. Obligarte a ceder, no. Si caes es porque de alguna manera decidiste caer. Si hay algo que el enemigo no puede hacer es obligarte a hacer lo que no quieres.
Haz como las hojas. Resiste. No estás solo. Cuando caes de rodillas, Dios envía millares de ángeles para auxiliarte. La batalla es dura, pero la victoria es segura.
Hoy puede ser el día de victoria, que tanto esperabas. Hoy puedes levantarte de las cenizas. Camina por la vida sin temor. Levanta la frente en alto. Tu enemigo está a tus pies. La hora final le llegó. Hoy es tu oportunidad.
Sal, en el nombre de Jesús y enfrenta todo lo que venga por delante, sabiendo que a tu lado marcha, alguien que no conoce la derrota. Y no te olvides: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.”
Buscar a Dios
Nada hay en tu vida que el Señor Jesús no pueda sanar. La enfermedad del pecado es la peor de todas las enfermedades porque no solo mata el cuerpo sino también el espíritu. Pero a lo largo de la historia, Dios siempre ha cumplido su promesa en la vida de los que se han acercado de Él con fe.
Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. (2 Crónicas 7:14)
Rigoberto, despertó con el rostro amarillo, ojeras profundas y una horrible sensación pastosa en la boca. Como un autómata, se levantó y se dirigió al baño. El encuentro con su imagen, ante el espejo, le produjo una sensación horrible de nauseas, Casi no se reconoció.
Se lavó la cara con jabón, como si en aquel acto, quisiese borrar de su mente el recuerdo de la noche de pecado que había vivido.
No era la primera vez. El joven de ojos grises y sonrisa de niño ingenuo, sabía que no podía continuar con aquella vida. Conocía los principios bíblicos desde niño. Pero eso no hacía mucha diferencia. Cuando la tentación surgía se tornaba una pobre e indefensa víctima de las tendencias que cargaba en su naturaleza.
Después de pecar, se sentía sucio, inmundo, indigno del amor de Dios y con ganas de morir. Le había prometido a Dios tantas veces, que su vida cambiaría, pero cuanto más lo intentaba, más se hundía en la arena movediza de sus pobres intenciones.
Un día, en su desesperación, tomó la Biblia y encontró el versículo de hoy. “Si mi pueblo buscare mi rostro, yo sanaré sus tierras.” Decía la promesa.
Sanar sus tierras. Era eso lo que Rigoberto necesitaba. Sus tierras estaban enfermas de pecado. Nada podía hacer él, para resolver ese problema, a no ser buscar a Dios.
La palabra buscar, en hebreo es baqash, literalmente significa desear. Todo lo que Rigoberto necesitaba hacer era desear, mirar a Jesús y decirle: “Señor, yo no puedo. Si depende de mí, estoy perdido. Por eso vuelvo los ojos a ti, ¿Puedes hacer algo por este humilde pecador?” En ese momento viene el cumplimiento de la promesa divina. “Yo sanaré tu tierra.”
Esa promesa continua válida para tí. Nada hay en tu vida que el Señor Jesús no pueda sanar. La enfermedad del pecado es la peor de todas las enfermedades porque no solo mata el cuerpo sino también el espíritu. Pero a lo largo de la historia, Dios siempre ha cumplido su promesa en la vida de los que se han acercado de Él con fe.
¿Qué harás tú con la promesa? Sal para la batalla de hoy, recodando que “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.”
Tus vestiduras
La definición de dignidad como aparece en el texto de hoy, no es merecimiento, no es la recompensa por el buen comportamiento. No soy digno por lo que hago o dejo de hacer, sino por lo que creo y acepto.
Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignas. (Apocalipsis 3:4)
Las personas en Sardis eran dignas. Dignidad, perfección, rectitud, justicia. Cualidades deseadas, que al mismo tiempo asustan. ¿Quién se atrevería a decir que es digno? Mucho menos Charles.
No es que Charles sea malo o que sea un pecador contumaz, es simplemente un hijo de Dios que lucha todos los días para vivir conforme a las enseñanzas de la palabra de Dios. Charles es la imagen de muchas personas que van a la iglesia toda semana. Es un buen ciudadano, buen padre, buen amigo, buen empleado pero de ahí a decir que es digno, perfecto, recto y justo, hay mucha distancia. Por lo menos, eso piensa charles.
Su problema es que no sabe qué padrones usar para medir su dignidad, su justicia, su perfección y su rectitud. El se mide por aquello que le parece correcto, por lo que los otros dicen, por lo que hace, come, o viste.
El legalismo hace de la propia vida, el centro de la experiencia cristiana. Se concentra en la opinión de las personas, y no en Dios, ni en su amor. El legalismo despoja a la ley de la gracia, la deja, fría, seca y sin vida.
La definición de dignidad como aparece en el texto de hoy, no es merecimiento, no es la recompensa por el buen comportamiento. No soy digno por lo que hago o dejo de hacer, sino por lo que creo y acepto.
Las personas de Sardis eran dignas porque poseían vestiduras blancas. Esas vestiduras son el símbolo maravilloso de la justicia de Cristo. Esas personas no esgrimen su propia justicia sino que se esconden en la justicia de Cristo, se visten con las ropas del cordero y Dios las ve como si nunca hubieran pecado.
Hoy es un nuevo día, apodérate de la justicia de Cristo, no dirijas los ojos hacia tus propias consecuciones, ni confíes en lo que eres capaz de hacer. Si lo haces quedarás frustrado. Confía en el Señor Jesús. Por eso no salgas para enfrentas las luchas de este día sin arrodillarte y pedir que la gracia maravillosa de Cristo cubra tus pecados. Y recuerda las palabras de Jesús: “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignas.”
Venid a mí
Nadie jamás vino a Jesús y volvió frustrado. Él es el agua de vida que calma la sed del alma. El pan que satisface el hambre del espíritu. Millones lo han buscado y han recibido el bálsamo curador de la paz que inunda el corazón del cansado peregrino.
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. (Mateo 11:28)
Buenos Aires despierta perezosa, esta mañana, metida en una niebla espesa. Me levanto y bajo al restaurante del hotel a desayunar. En mi mesa tengo un par de medialunas y una taza de chocolate con leche. A mi lado, en otra mesa, una pareja discute la relación hecha pedazos. No se importa con los otros.
En el clímax de la discusión, el hombre golpea la mesa con violencia, se levanta y vocifera: “Estoy cansado de esta vida miserable. No quiero verte más. Me voy.”
Y se va. Quién sabe a dónde. Toma la avenida 9 de julio y desaparece. La señora lo sigue en lágrimas.
Subo a mi cuarto. Mi ventana da al Obelisco. Me quedo un rato observando aquella joya arquitectónica, símbolo de esta ciudad cosmopolita. Después, recordando el triste incidente del desayuno, empiezo a escribir.
“Estoy cansado de esta vida miserable.” Dijo aquel hombre, antes de partir. Todos los días, hay gente que despierta cansada. No es cansancio físico. Ojalá lo fuera. Para ese tipo de cansancio hay remedio. Pero, ¿Qué haces con el cansancio del alma? ¿A dónde vas cuando las sesiones de psicoanálisis no resuelven tu problema, ni los somníferos logran que duermas? El cansancio de vivir lleva al ser humano a la inercia emocional. Ama sin amar. Camina sin observar. No disfruta de las cosas bellas que la vida ofrece. Simplemente sigue el rumbo de la existencia, sin alegría.
Más de dos siglos atrás, el Señor Jesucristo dijo: “Venid a mi todos los que estáis cansados.” Esta es una invitación a los que están cansados de vivir las agruras cotidianas, a los que luchan y no alcanzan, a los derrotados, a los que cayeron en la rutina agobiante de trabajar sin motivación.
Nadie jamás vino a Jesús y volvió frustrado. Él es el agua de vida que calma la sed del alma. El pan que satisface el hambre del espíritu. Millones lo han buscado y han recibido el bálsamo curador de la paz que inunda el corazón del cansado peregrino.
Hoy puede ser tu día de encuentro con Jesús. Es tan simple. Solo abrir el corazón y decirle que no puedes. Aceptar tus limitaciones humanas y confiar en su poder divino. No salgas hoy, a enfrentar las cosas que te esperan allá afuera sin repetir la promesa de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
Consuelo
Para que por dos cosas inmutables, en las cuales, es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. (Hebreos 6:18)
Con el rostro descompuesto por la noche sin dormir, el cigarrillo, el café y el alcohol, Ériko se incorporó del sofá y aparentando un aire de indiferencia con la vida, se aproximó, tambaleando, de la ventana.
El panorama desde donde él estaba, era un espectáculo impresionante. El sol despuntaba en el horizonte recortando las siluetas de los edificios en el centro de Richmond, pero a él no le importó eso. Sin pensar dos veces, se lanzó al abismo.
Vivía en un pequeño apartamento del décimo piso. Sus únicos compañeros, en los últimos días, habían sido los libros esparcidos por el suelo, un gato, la soledad de divorciado y una montaña de cuentas a pagar.
Las autoridades llegaron a la conclusión de que el descendiente de italianos, cometió suicidio porque estaba ebrio y no sabía lo que hacía.
La verdadera explicación la había dejado él, escrita en un papel garabateado con letras que anunciaban muerte. Desesperado por los problemas familiares y financieros que atravesaba, no vio solución. No encontró un rayo de luz en su noche oscura.
Pena que Ériko ignorase el versículo de hoy. Es imposible que Dios mienta. Sus promesas son seguras. Y los que corren para apoderarse de la esperanza que tenemos en Él, son consolados.
La esperanza es la luz en medio de la oscuridad. No la ves. La sientes en tu corazón. Es una voz que te dice: “No todo está perdido. Necesitas confiar en Jesús. Él siempre cumple sus promesas. Jamás miente.”
Mientras vivas en este planeta de dolor y aflicciones, las nubes de las dificultades, oscurecerán tus días, muchas veces. En esas horas, la esperanza es la palanca que te levanta, la fuerza que te impulsa, la motivación que la victoria requiere.
No desanimes. Hoy es un nuevo día. Hay sol por encima de las nubes que anuncian lluvia. La tormenta pasará. Nada dura para siempre. Solo la esperanza. La biblia fue escrita “Para que por dos cosas inmutables, en las cuales, es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.”
Tu Justicia
Cuando encuentres en tu camino muchas voces llamándote a transitar por los caminos que te llevan a la destrucción y a la muerte, acuérdate que tú eres santo, separado para un propósito especial. No eches las perlas a los puercos. Tú eres una joya preciosa, de un valor infinito.
Entonces nacerá tu luz como el alba y tu santidad, se dejará ver en seguida; tu justicia irá delante de ti y la gloria de Jehová será tu retaguardia. (Isaías 58:8)
La santidad es algo que no se puede ocultar, pero al mismo tiempo, es como el perfume; resultar empalagosa, cuando usada sin medida.
Imagínate con el cuerpo sudado después de haber corrido durante una hora. No encuentras agua y para resolver el problema, te secas el sudor con la toalla y te colocas perfume para disfrazar el olor del sudor. ¿Qué resultaría? No es necesario responder.
Ahora imagínate debajo de la ducha dejando que el agua limpia resbale por tu cuerpo. Después, al salir a la calle, te colocas dos gotitas de un perfume delicioso. Estoy seguro que todas las personas te van a mirar mientras caminas. No existe mejor fragancia que la de un perfume colocado con discreción en un cuerpo limpio.
La santidad es el perfume espiritual del cristiano. No hay cómo pasar desapercibido cuando el perfume de Cristo está reflejado en tu vida. “Tu luz nacerá como el alba y tu santidad se dejará ver en seguida” dice el profeta.
Pero, ¿qué es santidad? La palabra santo, en el original griego encierra el significado de algo que fue separado para un propósito especial. Es la consciencia de que no eres un ser común, de que perteneces al rey del universo, de que fuiste comprado con sangre, de que eres parte de la familia real.
Por eso, cuando encuentres en tu camino muchas voces llamándote a transitar por los caminos que te llevan a la destrucción y a la muerte, acuérdate que tú eres santo, separado para un propósito especial. No eches las perlas a los puercos. Tú eres una joya preciosa, de un valor infinito. El Señor Jesucristo lo dejó todo en el cielo y vino a esta tierra a buscarte porque tiene un propósito especial para tú.
Sal hoy por los caminos de la vida, pero sal con la consciencia de tu santidad. Pero recuerda que no existe santidad sin justicia. Busca a Jesús y su justicia y no importa que haya una montaña de dificultades y tentaciones a tu frente, serás lo más precioso que Jesús tiene en esta vida y vivirás como tal. “Entonces nacerá tu luz como el alba y tu santidad, se dejará ver en seguida; tu justicia irá delante de ti y la gloria de Jehová será tu retaguardia.”
Consolados para consolar
Si eres consciente de que no puedes fabricar amor, necesitas ir a la verdadera fuente del amor que es Dios. Dios no solo tiene amor, ni solo muestra amor, o apenas da amor. Él es el propio amor. Cuando ofrece amor, se ofrece a sí mismo, cuando muestra amor, se muestra a sí mismo.
Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos. (Filemón 1:7)
Existen personas cuya influencia consoladora es admirable. Filemón era una de ellas. “Por ti han sido consolados los corazones de los santos.” Le dice Pablo. La mayoría de los seres humanos tenemos dificultad para observar el dolor de las personas afligidas que viven a nuestro lado. Es propio de nuestra naturaleza pensar en nosotros mismos y ver las circunstancias adversas que surgen todos los días. El espíritu de queja e la insatisfacción se apodera del corazón. Casi siempre creemos que a los otros les va bien y solo a nosotros nos salen mal las cosas.
¿Cuál era la razón de la vida inspiradora de Filemón? Su amor. Pablo habla de gozo y consolación “en tu amor.” Una vida sin amor es incapaz de ver el dolor ajeno. Vive apenas concentrada en su propio dolor.
Pero hay que entender que el amor no es algo que tú fabricas. Por más que te esfuerces, que lo intentes y que tengas fuerza de voluntad, la triste realidad es de tu amor, el mío y el de todos los seres humanos está manchado por la terrible mancha del egoísmo. Así somos, desde la entrada del pecado a este mundo. Egoístas, incoherentes y absurdos en nuestra manera de amar. Decimos que amamos al conyugue, pero, ¿A dónde se va ese amor cuándo descubrimos que fue infiel? Decimos que amamos al hijo, pero ¿Qué sucede cuándo descubres que él hizo algo contra ti?
Por lo tanto, si eres consciente de que no puedes fabricar amor, necesitas ir a la verdadera fuente del amor que es Dios. Dios no solo tiene amor, ni solo muestra amor, o apenas da amor. Él es el propio amor. Cuando ofrece amor, se ofrece a sí mismo, cuando muestra amor, se muestra a sí mismo. Sin él, no existe amor. Dios es la misma esencia del amor. Y el ser humano, solo puede reflejar, aunque sea pálidamente el verdadero amor, en la medida en que viva conectado al Dios Amor.
Haz de este día un día de amor y de consolación. Mira a tu al derredor y consuela al que está triste. Quién sabe un día alguien diga de ti lo que Pablo dijo de Filemón: “Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos.”
Él sabe
El corazón. Esa es la clave de un cristianismo con significado; el corazón lleno de amor hacia Dios, el corazón que busca estar a Su lado, el corazón que anhela el compañerismo permanente de Jesús.
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Filipenses 4:19
¿Has pensado alguna vez, por qué tienes que orar contándole todo a Jesús, si Él conoce bien lo que sucede contigo? La verdad es que el propósito de la oración no es informarle nada a Dios. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta,” afirma el versículo de hoy. ¿Entonces por qué hay que orar? El propósito de la oración es cultivar el compañerismo con Jesús, conversar con Él, tener consciencia de su presencia. Es como la experiencia de los novios que se encuentran para conversar. ¿De qué hablan? De todo y de nada. Lo que importa no es lo que dicen sino el momento de compañerismo, el estar al lado de la persona amada.
Muchos creen que orar es simplemente pedir. ¿Ya imaginaste como sería la vida de dos personas enamoradas si solo se encontrasen para pedirse cosas? La tragedia del ser humano es que vive solo, intenta vencer solo, se atreve a alcanzar sus sueños, solo. Y el resultado, es que se hiere y hiere a las personas amadas que viven a su lado.
Jesús desea entrar en tu vida, formar parte de tus planes, luchar a tu lado para hacerlos realidad y el instrumento para permanecer a tu lado es la oración. No por causa suya sino por tu causa. Eres tú el que necesita tener consciencia de que no estás solo. Saber que Jesús está contigo te infunde valor, determinación, optimismo y la voluntad de levantarte y continuar luchando, a pesar de las circunstancias adversas que te pueden rodear.
En los tiempos de Jesús, los fariseos habían caído en el formalismo de una religión vacía. Creían que el simple cumplimiento de deberes y obligaciones les garantizaba la salvación. “Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí.” dijo el Señor en aquella ocasión.
El corazón. Esa es la clave de un cristianismo con significado; el corazón lleno de amor hacia Dios, el corazón que busca estar a Su lado, el corazón que anhela el compañerismo permanente de Jesús.
Haz de este día un día de compañerismo con el Señor. Mientras caminas, juegas, estudias, trabajas o lo que hagas, ten consciencia de que no estás solo, conversa con Él como si estuviese sentado a tu lado mientras diriges tu vehículo. Y recuerda la oración de Pablo: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
Obras
La victoria es posible con Jesús. Por eso el libro de Apocalipsis está lleno de promesas para los vencedores. La victoria no es una fantasía, ni una utopía, ni algo reservado solo para los que tienen mucha fuerza de voluntad. La victoria es un presente de amor que Jesús ofrece a los que con humildad lo buscan.
El cual pagará a cada uno conforme a sus obras. (Romanos 2:6)
Por algún motivo, muchos cristianos no entienden el lugar de las obras en la experiencia espiritual. Las obras no salvan a nadie. La Biblia enseña con claridad meridiana que la salvación es únicamente por la gracia maravillosa de Jesús. Este mensaje está presente desde el libro de Génesis cuando un cordero, que simboliza a Jesús, es sacrificado para resolver el problema de la desnudez humana; pasando por el pueblo de Israel, donde cada israelita tenía que ofrecer a Dios un corderito, como expiación por su pecado, hasta el libro de Apocalipsis, que termina diciendo “La gracia del Señor esté con todos vosotros.”
Pero el texto de hoy es también claro al afirmar que el resultado final de la gracia, son las buenas obras y que al fin, seremos juzgados por lo que hicimos o dejamos de hacer. La gracia no está reñida con las obras. Ambas tienen lugar en la experiencia de una persona que ha entregado su vida a Jesús. La gracia es la causa de la salvación, las obras, son el resultado. La confusión sucede cuando cambiamos los papeles y pensamos que las obras, nos califican para la salvación, o ya que fuimos salvos en Cristo, no necesitamos preocuparnos por las obras.
La otra confusión sucede cuando queremos que las buenas obras sean el resultado de nuestro esfuerzo. Si para alguna cosa vale el esfuerzo humano es para buscar a Jesús y mantener con Él, compañerismo diario a través de la oración, del estudio de la Biblia y de la testificación.
¿Por qué se necesita esfuerzo? Porque la naturaleza humana, que todavía cargamos, nos lleva lejos de Dios. No es natural que ella quiera vivir en comunión con Jesús.
Pero el hecho de que nos sea natural no significa que debas quedarte vegetando en el terreno de la mediocridad espiritual y aceptar pasivamente una vida de derrotas espirituales.
La victoria es posible con Jesús. Por eso el libro de Apocalipsis está lleno de promesas para los vencedores. La victoria no es una fantasía, ni una utopía, ni algo reservado solo para los que tienen mucha fuerza de voluntad. La victoria es un presente de amor que Jesús ofrece a los que con humildad lo buscan.
Haz de este día un día de victorias espirituales y de muchas obras, sabiendo que Dios, “pagará a cada uno conforme a sus obras.”
Sígueme
Ahora ya todo ha pasado. El sol aparece sonriente a la orilla del mar de Galilea, cuando el Señor se presenta a sus discípulos. Pedro no tiene siquiera el valor de levantar la mirada. ¿Qué decir? ¿Cómo justificar que lo ha negado? Es Jesús el que toma la iniciativa. Gracias a Dios, siempre es Jesús el que parte en dirección del hombre caído, es Él, el que busca, el que llama y finalmente encuentra al pecador.
Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme. (Juan 21:19)
Julio del año 58. Roma está en llamas. Se murmura en la ciudad que el autor del incendio es Nerón, pero se culpa a los cristianos. Muchos de ellos, cubiertos de betún, son quemados vivos. Pedro corre una suerte diferente. A él lo crucifican de cabeza para abajo. Por lo menos eso afirma la tradición. Muerte heroica la de Pedro. Diferente, de aquel hombre cobarde que juró no conocer al Maestro, la noche en que el Salvador del mundo fue crucificado.
Aquella noche triste; la más triste de las noches tristes, la miseria del hombre había llegado a su expresión más audaz. Y en medio de aquella tragedia, tal vez Pedro y Judas fuesen los símbolos de la manera como el ser humano reacciona delante del sacrificio de Cristo.
Judas se suicidó. No fue capaz de resistir el peso de la culpa. Sus carnes fueron hechas pedazos por los perros, al día siguiente. Pedro también sintió el peso abrumador de la consciencia. El martillo de la culpa lo golpeó sin piedad, pero el Apóstol creyó en la promesa de perdón de Jesús y lloró arrepentido de su traición.
Ahora ya todo ha pasado. El sol aparece sonriente a la orilla del mar de Galilea, cuando el Señor se presenta a sus discípulos. Pedro no tiene siquiera el valor de levantar la mirada. ¿Qué decir? ¿Cómo justificar que lo ha negado? Es Jesús el que toma la iniciativa. Gracias a Dios, siempre es Jesús el que parte en dirección del hombre caído, es Él, el que busca, el que llama y finalmente encuentra al pecador.
Tú conoces bien la historia. Después de preguntarle tres veces si lo ama, le anuncia a Pedro, el triste fin que le espera si desea seguirle. Y él acepta. Ya no va al Maestro atraído por el reino, por las luces o por las bendiciones. Eso es asunto del pasado. Su motivación ahora es el amor y cuando el amor llena tu corazón, toma también posesión de tus ojos, de tu mente, en fin, de tu ser entero. Ya no ves las dificultades, ni los problemas, ni las amenazas que te esperan. El amor te constriñe, te arropa en su manto y te hace avanzar seguro en medio de la tormenta.
Si Pedro murió, como la tradición describe, poco importa. Importa que muriera sirviendo a su Señor y testificando de su amor. Por eso hoy, tú también sal a enfrentar las dificultades, recordando que “Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.”
Contados
Pueda ser que tú, ni yo valgamos nada en sí, pero tu valor reside en lo que significas para Jesús y para él, no tienes precio, como no tenía su sangre derramada en la cruz. Entonces, sal hoy para enfrentar los desafíos del día, sabiendo que vales mucho y que “aun tus cabellos están todos contados.”
Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Mateo 10:30
El dolor es como el viento en medio del desierto; sopla inclemente, castiga, duele, hace sufrir. Y en esas horas te sientes solo y abandonado. Es humano. Hasta el Señor Jesús en la hora de dolor pensó que su Padre lo había abandonado.
El otro día conversé con un jovencito de 13 años de edad, estaba desabrochando a la vida, tenía todo el futuro por delante, pero decía: “¿Qué futuro? A nadie le importa siquiera que existo.” Lo decía porque nunca había conocido a sus padres y había sido criado por una amiga de la mamá.
Bueno, yo sé que hay momentos en que todo parece complicado y nos sentimos como hojas secas arrastradas por el viento, pero entonces viene la afirmación de Jesús, registrada en el versículo de hoy. Aunque pienses que a nadie le importa tu existencia, a Jesús si le importa, “pues aun tus cabellos están contados.”
¿No es animadora la promesa divina? ¿Quién se importa con un cabello? Nadie. ¿Y cuántos cabellos hay en las cabezas de todo el mundo? ¡Incontables! Nadie se daría el trabajo de contarlos. ¿Para qué? ¿Qué importancia tiene un cabello? Para Dios, mucha. Tanto así que se interesa. ¿Y tú no vales más que un cabello?
Yo sé que este mundo es cruel. Más crueles somos los seres humanos que cuando queremos hacer sentir insignificante a una persona sabemos qué decir y cómo decirlo. Pero si tú eres una de esas personas heridas por la vida. Si te sientes solo y abandonado. Si crees que nadie te ama. Si hay horas en que al mirarte en el espejo de la vida tú tampoco te aceptas. Piensa en la figura maravillosa que Jesús usa el versículo de hoy para decirte que tú eres muy importante para Él.
Tu valor no se mide por lo que tienes o por lo que eres, sino por lo que Dios piensa de ti. En casa de mis padres hay un sombrero viejo y gastado por el tiempo. No vale nada. Cualquier persona que no conoce la historia podría echarlo a la basura, pero para mis hermanos y yo, aquel sombrero no tiene precio. Fue el sombrero de nuestro padre.
El valor de aquel sombrero no está en el objeto en sí, sino en lo que ese viejo sombrero significa para nosotros.
Pueda ser que tú, ni yo valgamos nada en sí, pero tu valor reside en lo que significas para Jesús y para él, no tienes precio, como no tenía su sangre derramada en la cruz. Entonces, sal hoy para enfrentar los desafíos del día, sabiendo que vales mucho y que “aun tus cabellos están todos contados.”
En su muerte
Hoy puede ser ese día. Solo es necesario creer. La mente humana jamás será capaz de entender, pero aunque no lo sientes, ni lo entiendes, lo vives y esa vida se traduce en obras de amor hacia Dios y hacia los semejantes.
Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Romanos 6:4
¿Alguna vez imaginaste cómo te sentirías si, de repente despiertas y te descubres dentro de un ataúd, enterrado vivo? Bueno, un chino sobrevivió a su propia "muerte" después de ser enterrado aún con vida, por equivocación, durante tres horas, informa el diario "China Daily" del 28 de junio del año 2006. El siniestro suceso tuvo lugar en el condado de Tengxian, en una región del sur de China, cuando los médicos decretaron la "muerte" de Liang Jinshi, un diabético de 40 años.
El cuerpo de Liang fue enterrado pero, tres horas después de la ceremonia, su esposa acudió a la tumba, donde, en medio del silencio sepulcral, escuchó la voz de su esposo. La mujer, asustada, avisó a los hermanos de Liang, el "cadáver" fue exhumado del ataúd, y para sorpresa y alegría de la familia, Liang seguía con vida. Los médicos señalaron que los arañazos en el ataúd demuestran que Liang permaneció vivo, en coma, y con respiración, y no descartan que se trate de un caso de catalepsia.
La catalepsia es un estado nervioso patológico en el que se suspenden las sensaciones y se inmoviliza el cuerpo y ha provocado a lo largo de la historia, el enterramiento de muchas personas aún con vida.
En el versículo de Hoy Pablo dice que en el momento del bautismo, somos sepultados con Jesús. Pero debemos tener cuidado de que realmente hemos muerto al pecado. Enterrar a una persona viva, tanto en la vida física, como en la espiritual, puede resultar en tragedia.
El peor testimonio que puede haber para denegrir la imagen del cristianismo es una persona que nunca murió a la vida pasada y viste la camiseta del cristianismo, pero el milagro de la conversión es un trabajo sobrenatural que el Espíritu Santo realiza en la experiencia de las personas que se acercan a Jesús con fe.
Hoy puede ser ese día. Solo es necesario creer. La mente humana jamás será capaz de entender, pero aunque no lo sientes, ni lo entiendes, lo vives y esa vida se traduce en obras de amor hacia Dios y hacia los semejantes.
Entonces, hoy, antes de salir para las labores cotidianas, recuerda que: “somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.”
Os restituiré
¿Cuántas veces tendrá que llamarte el Señor Jesús para que entiendas que sin Él, nada de lo que logres en este mundo tiene sentido? ¿Cuántas veces tendrá que dormir a la intemperie, esperando que le abras el corazón?
Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros. Joel 2:25
Restituir, en el original hebreo, es shalam. Literalmente significa estar en paz con Dios. Hubo muchos periodos tristes en la historia de Israel. La tristeza no era el problema, el problema era que se alejaban de Dios siguiendo sus propios caminos y el resultado de esa actitud de terquedad humana era triste: desgracia, derrota, humillación delante de los enemigos, tierras desiertas o en la mejor de las hipótesis, destruidas por las plagas.
Pena que los seres humanos solo percibimos tas tragedias del cuerpo: hambre, necesidad, falta de abrigo. Cosas útiles, tal vez, pero apenas consecuencias de la raíz de todos los problemas que es el alejamiento de Dios.
Sin embargo la historia nos muestra que cada vez que el pueblo desobediente, se arrepentía de su actitud rebelde y se volvía de sus malos caminos, la promesa divina era promesa de restitución. El pacto de paz que el pueblo había violado, era restaurado por el Señor y en consecuencia las bendiciones regresaban como si nunca se les hubiesen retirado.
La tragedia de la humanidad es que solo espera las bendiciones pero no desea regresar de corazón a los caminos de justicia. Multitudes llenan estadios en busca de una bendición material, pero el corazón continúa vacío porque el verdadero problema es el distanciamiento de Dios.
Por eso, a lo largo de la Biblia encontramos una y otra vez la invitación divina a regresar. En Génesis Dios llega al jardín y llama a sus hijos: ¿Dónde están?” En apocalipsis, el último libro de la Biblia, las últimas palabras son: “Y el Espíritu y la esposa dicen ven y el que diga ven y el que tiene sed venga.”
¿Cuántas veces tendrá que llamarte el Señor Jesús para que entiendas que sin Él, nada de lo que logres en este mundo tiene sentido? ¿Cuántas veces tendrá que dormir a la intemperie, esperando que le abras el corazón?
Hoy es el día de buena nueva. Hoy es el día de salvación. No salgas de casa sin la seguridad de que te has devuelto al Señor. “Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros.”
Bendito
Por eso hoy, sal para el cumplimiento de tus deberes con la frente en alto. Eres un príncipe en el reino de Dios. Nada le debes al enemigo. Tu vida fue clavada en la cruz del calvario, en la persona de Jesús. Eres libre para soñar, para vivir, para volar hacia el destino glorioso que Jesús te preparó desde antes de la fundación del mundo.
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Efesios 1:13
Cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra se dirigió un día a cierto grupo de personas y les dijo: “Vosotros sois hijos del diablo y las obras de vuestro padre, el diablo queréis hacer.” Personalmente creo que esta fue una de las declaraciones más fuertes de Jesús. Quiere decir, fuertes, desde nuestro punto de vista, pero El Señor no los estaba agrediendo, simplemente estaba describiendo la situación triste del ser humano natural.
El ser humano, solo necesita nacer para pertenecer al reino de las tinieblas. No es una opción. Todos nacemos en pecado y destituidos de la gloria de Dios. Pero nadie se va a perder por eso, porque Dios proveyó el remedio y el remedio es Jesús. Ese es el mensaje del texto de hoy. Pablo resalta a Dios como el Padre de Jesucristo, no porque Jesús sea menos Dios que el Padre, sino porque quiere resaltar la bendición espiritual con la que fuimos bendecidos en los lugares celestiales, al pasar de nuevo, a formar parte del reino de Dios, al volver a ser hijos de Dios.
Juan lo dice de otra forma. Amados, ahora somos hijos de Dios.” ¿Y antes éramos hijos de quién? Antes, cuando no conocíamos a Jesús, cuando vagábamos sin rumbo en el reino de las tinieblas, cuando nos dirigíamos inexorablemente hacia la muerte, cuando no teníamos esperanza, y si la teníamos, estaba limitada solamente a las cosas pasajeras de este mundo, éramos hijos del pecado.
Pero todo eso ya pasó. Es historia. Una historia triste, tal vez, pero quedó enterrada en el polvo del olvido porque el Señor Jesucristo vino a este mundo y no tuvo vergüenza de llamarse nuestro hermano, al asumir nuestra naturaleza y cargar nuestros pecados.
Por eso hoy, sal para el cumplimiento de tus deberes con la frente en alto. Eres un príncipe en el reino de Dios. Nada le debes al enemigo. Tu vida fue clavada en la cruz del calvario, en la persona de Jesús. Eres libre para soñar, para vivir, para volar hacia el destino glorioso que Jesús te preparó desde antes de la fundación del mundo. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.”
Juicios insondables
Cuantas veces pensamos que Dios nos abandonó o que no se importa con nuestros problemas.
Pero el sol del día eterno llegará cuando Jesús aparezca en las nubes de los cielos, y ese día entenderemos que los pedregullos que cargamos eran los diamantes más preciosos.
¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus camino! Romanos 11:33
La noche estaba oscura en medio del desierto. El aullido de los chacales la volvía más tétrica y asustadora. Tres jinetes cabalgaban en silencio, aprovechando que el sol dormía. Caminar durante el día sería suicidio. Nadie podía soportar las inclemencias del calor.
Al llegar al lecho seco de un río, el guía les ordenó: ¡Alto! Los tres jinetes obedecieron al instante. Le habían prometido al guía que le obedecerían en todo, aunque las órdenes fuesen aparentemente sin sentido.
A pesar del cansancio lo jinetes bajaron de los caballos y colocaron pedregullos en sus bolsos, conforme a la orden del guía. ¿Para qué? Preguntaban en su corazón, ¿Por qué no aprovechamos la noche para avanzar?
Continuaron el viaje descontentos, refunfuñando en su interior, molestos con las órdenes incoherentes del extraño beduino. En medio de las sombras se escuchó la voz del hombre del desierto. “Mañana, al salir el sol ustedes estarán felices y al mismo tiempo tristes.” Y desapareció.
Ellos avanzaron solos, extenuados del viaje agotador; dos de ellos inclusive arrojaron algunos pedregullos al ver que el guía no los acompañaba. Las horas pasaron. El sol salió esplendoroso y brillante. Era hora de parar y descansar, pero antes metieron las manos al bolsillo para ver los pedregullos y no podían creer lo que veían. Eran diamantes de mucho valor, estaban ricos, pero inmediatamente la tristeza se apoderó del corazón. ¿Por qué no habían recogido más? ¿Por qué no aceptaron las órdenes del guía sin reclamar?
La vida es así. Caminamos en el desierto de un mundo lleno de tinieblas y no podemos ver lo que encontramos en el camino. Cuantas veces pensamos que Dios nos abandonó o que no se importa con nuestros problemas. Cuantas veces discutimos sus maravillosos designios. Vez por otra, inclusive, pensamos que es injusto al permitir que el dolor llegue a muestra vida.
Pero el sol del día eterno llegará cuando Jesús aparezca en las nubes de los cielos, y ese día entenderemos que los pedregullos que cargamos eran los diamantes más preciosos.
Comienza este día con la determinación de aceptar los planes divinos sin discutir, ni reclamar. Di como Pablo: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus camino!”
Un sueño
Si tú luchas en busca de un futuro mejor, amas a Jesús y nunca te apartaste de su amor y a pesar de eso parece que todo te va mal, y no obstante, mantienes tu amor y tu fidelidad por Cristo, créeme que Dios te va a colocar en los lugares más altos.
Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. Génesis 37:5
La historia de José es una historia de sueños. La Biblia lo llama “José, el soñador”. El centro de sus sueños era Dios. Aquella tarde cuando sus hermanos lo vendieron y fue llevado a Egipto, una tierra distante; miró por última vez, desde la colina hacia las tiendas de su padre e hizo una promesa a Dios: “Señor, no sé a dónde voy, ni a donde me llevan, pero pase lo que pase, cueste lo que cueste, nunca dejaré de amarte. Las personas pueden quitarme la libertad, pueden intentar acabar con mis sueños, pueden arrancarme los brazos, las piernas e inclusive alejarme de mi familia. Voy a un país donde no tengo amigos y nadie me conoce. Voy como esclavo, tal vez para comenzar lavando platos y limpiando baños, pero voy contigo, y pase lo que pase nunca dejaré de amarte." El amor de Cristo inspiró la vida de José todos los días. Fue vendido como esclavo y se mantuvo fiel delante de las más audaces tentaciones. Y ¿Cuál fue la recompensa que recibió por su fidelidad? La prisión.
En este mundo, no siempre tu fidelidad va a traerte como recompensa el cielo. En esta tierra, a veces, la fidelidad va a traerte hambre, pobreza, renuncia y hasta el desprecio de tus amigos. No te preocupes. Si Jesús está contigo, si le has entregado la vida a Cristo, vayas a donde vayas, el Señor irá contigo y desde la prisión, desde la mazmorra, desde la desgracia, te va a levantar y te va a hacer un príncipe, porque tú eres hijo del reino, has nacido para serlo y finalmente, llegarás a serlo.
José es el hombre que nunca dejo de amar a Dios. Por su amor a Dios descendió a las profundidades del dolor y del sufrimiento, pero también fue levantado de allí hasta las cumbres más elevadas. Llegó a ser el segundo hombre más poderoso de Egipto, una nación pagana.
Si tú luchas en busca de un futuro mejor, amas a Jesús y nunca te apartaste de su amor y a pesar de eso parece que todo te va mal, y no obstante, mantienes tu amor y tu fidelidad por Cristo, créeme que Dios te va a colocar en los lugares más altos.
Haz de este día un día de sueños y que el más grande de todos, sea permanecer fiel a Dios hasta el fin, a pesar de la incomprensión de tus hermanos, porque “Soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía.”