DEVOCIONALES

Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Ángeles

Sal hoy de tu casa en el que te hospedas con la seguridad de que en ningún momento estás solo. Dios tiene un equipo de ángeles enviados a la tierra para trabajar a favor de los que le temen y le buscan de todo corazón.

“¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” Hebreos 1:14

El brillo de esa mirada de ojos azules desapareció en la puerta dibujando  una sonrisa. El joven médico salió del cuarto dejando a la familia sin entender nada. El médico anterior les había dicho que el niño ya estaba con muerte cerebral. Inclusive, les había sugerido que ese era el momento, si deseasen hacer la donación de los órganos. Por eso todos quedaron atónitos con la llegada del otro médico. El joven rubio, de ojos azules y guardapolvo blanco entró sin dar explicaciones, acarició la frente del niño, le tomó el pulso y salió.

Pero el brillo de la mirada de aquel hombre, les trajo alivio en medio al dolor. Nadie dijo nada. Se miraron uno al otro percibiendo inexplicablemente que la esperanza había regresado a sus corazones.

Un minuto después, el niño se quejó. Como un relámpago, todos volvieron los ojos hacia él. Gritos de alegría y emoción invadieron los corredores del hospital. El pequeño paciente continuó quejándose mientras médicos y enfermeras invadieron el cuarto respondiendo a los gritos de la familia. 

Jamás se pudo entender el milagro. Mucho menos la presencia de un médico joven, rubio, de ojos azules, en el cuadro de médicos, de aquel hospital. “Fue un ángel”, afirma la familia. Y el texto de hoy declara que los ángeles existen y son espíritus ministradores a favor de los hijos de Dios en esta tierra.

Muchas veces esos ángeles cobran forma humana para presentarse a los seres humanos. Como en las oportunidades en que los ángeles se presentaron a Abrahán y a otros personajes bíblicos.

El peligro que corremos con relación a los ángeles es el de caer en el misticismo y creer que toda persona buena es un ángel, o en la incredulidad y creer que los ángeles no existen. 

Sal hoy de tu casa o del hotel en el que te hospedas con la seguridad de que en ningún momento estás solo. Dios tiene un equipo de ángeles enviados a la tierra para trabajar a favor de los que le temen y le buscan de todo corazón. No te olvides de la pregunta que el autor de la epístola a los hebreos hace, respecto a esos seres celestiales: “¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Rescatados!

Estábamos vendidos al pecado. Le pertenecíamos al diablo. Nos habíamos entregado a él voluntariamente. Quedaríamos así de por vida, pero apareció la persona maravillosa de Jesús y pagó el precio de nuestro rescate. ¿Cuál es ese precio? La vida. Su vida. Nosotros habíamos pecado y merecíamos morir, pero el señor Jesús murió en nuestro lugar y ahora nosotros estamos salvos.

Y sabiendo que fuisteis rescatados… no con cosas corruptibles… sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. 1 Pedro 1:18,19

Rescate es el precio que se paga para devolverle la libertad a un prisionero. En los tiempos de Pedro había por lo menos seis millones de esclavos en el imperio romano y era fácil entender el concepto de rescate.

Un esclavo le pertenecía al dueño de por vida. El esclavo no tenía derecho de soñar, de anhelar,  ni de hacer planes futuros, no tenía el derecho de ir ni de venir y ni siquiera de amar porque hasta sus hijos le eran arrebatados por el Señor para ser vendidos. El esclavo nacía, vivía y moriría así, a no ser que una persona bondadosa, lo comprase y le devolviese la libertad. Había esa gente buena. Eran pocos pero los había. Y ese acto de comprar a un esclavo para dejarlo en libertad era llamado de rescate o redención. 

La biblia usa la misma palabra para definir lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz. Estábamos vendidos al pecado. Le pertenecíamos al diablo. Nos habíamos entregado a él voluntariamente. Quedaríamos así de por vida, pero apareció la persona maravillosa de Jesús y pagó el precio de nuestro rescate. ¿Cuál  es ese precio? La vida. Su vida. Nosotros habíamos pecado y merecíamos morir, pero el señor Jesús murió en nuestro lugar y ahora nosotros estamos salvos.

Aquella noche en el Getsemaní, el Señor Jesús sudó gotas de sangre por causa del sufrimiento. Jesús no era un loco suicida que quería morir. El era un ser humano como tú y como yo y como todo ser humano tenía el instinto de conservación, no quería morir. Pero su amor por ti fue más grande y aceptó la muerte. Era la única forma de rescatarte. Como un cordero fue llevado al matadero y murió en silencio.

La pena por el pecado ya fue pagada. Ahora solo te resta aceptar el sacrificio de Cristo en tu favor.

¿No te parece que este es motivo para vivir agradecidos a Dios eternamente?

Haz de éste, un día de gratitud, de adoración y de alabanza a Dios por su amor infinito. “sabiendo que fuisteis rescatados… no con cosas corruptibles… sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¿Hasta cuándo?

Hoy puede ser un día diferente para ti. Todo día puede serlo. Observa que aunque la luz del sol es la misma todos los días, siempre existe un nuevo matiz en cada amanecer.

Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey. 1 Samuel 16:1

Samuel era un profeta. Pero también era un ser humano. Los profetas eran seres humanos con todas las virtudes y los defectos de cualquier ser humano. Su amigo, el rey Saúl había sido destituido del trono por Dios. Continuaba en el cargo, pero para Dios era como si él no existiese. Y Samuel lloraba, por causa de la nostalgia tal vez, por miedo del futuro quien sabe. 

Dios sí sabía el motivo de la tristeza del profeta. A pesar de los designios divinos y aunque Dios no aceptaba más a Saúl, como rey, Samuel se aferraba al pasado y se negaba a entender que las cosas cambian y que era necesario avanzar.

Una noche Dios habló con Samuel y le preguntó: ¿Por qué lloras? Cada vez que Dios pregunta algo al ser humano no es porque no sabe sino porque quiere que el hombre piense. Pensar es la mejor manera de entender. Lo que Dios quería es que Samuel entendiese que la vida tiene etapas. Es triste cuando el adulto se comporta como niño o cuando el joven tiene la actitud de un anciano.

La etapa de Saúl había pasado. La causa de su destitución no es el tema de este devocional. El pensamiento que deseo destacar es que había llegado la hora de terminar una etapa y comenzar otra pero el profeta se resistía a hacerlo.

Existen personas para quienes los tiempos antiguos siempre fueron mejores. Puede ser. El asunto no es si antes fue mejor o peor. Lo que importa es que el presente está en tus manos y es necesario vivirlo. Cada vez que vives el presente mirando hacia el pasado corres el riesgo de chocar contra cualquier obstáculo. Hay mucha gente herida porque no miró para frente. Trató de vivir el presente mirando para atrás.

Hoy puede ser un día diferente para ti. Todo día puede serlo. Observa que aunque la luz del sol es la misma todos los días, siempre existe un nuevo matiz en cada amanecer.

Por lo tanto, prepárate para los grandes desafíos y las victorias que el Señor Jesús preparó para ti, pero no te olvides de lo que Dios le preguntó a Samuel: “¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Conocedores del bien

Tienes un nuevo día delante de ti. Y cada nuevo día trae una nueva oportunidad. No esperes llegar como Carlos, al fondo del pozo, para reconocer que necesitas de Jesús. El mal existe, pero no tiene nada de bueno para enseñarte. El bien, sin embargo, es un mundo inagotable de conquistas y aventuras del espíritu. Escoge el bien.

Sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Génesis 3:5

La mirada vacía y sin rumbo de Carlos se perdía en la oscuridad de la fría noche de sábado. Con un resto de cigarro que había encontrado en la calle, pensó: “¡Llegué al  fondo del pozo! Se alguien me hubiese dicho que eso iba a ocurrir conmigo, simplemente me reiría de él, pero ahora, ¿qué sobró de mi?”

Carlos había vivido durante años, lo que muchos llaman “sueño.” Libre, sin tener que dar satisfacción a nadie, iba y venía por donde quería, a la hora que quería. ¿La iglesia de sus padres? ¿Quién necesitaba del peso de la iglesia para malograr el sueño? –Pensaba- la iglesia te ciega, No te permite ver. La Biblia es un libro de fanáticos y solo sirve para reprimir las ganas de ser feliz. 

Pero ahora el cuadro de felicidad que había dibujado, era un garabato y el sueño, se había convertido en una pesadilla.

Una de las armas del enemigo es iludir. El texto de hoy es una prueba de eso. Acusa a Dios de no querer la felicidad de sus hijos, de impedir que sus hijos vean “lo bueno que hay en esta vida.” 

Ese tipo de discurso es fuertemente aplaudido por la sociedad moderna que insiste en probar todo, experimentar todo, vivir todo. Dios es un Dios de opciones y una de esas opciones es conocer lo malo, pero por más que esa manera de pensar, parezca cultura, conocimiento y aprendizaje; conocer siempre trae frustración y amargura al alma.

Era noche fría de sábado y Carlos se levantó, echó el cigarro a la basura, y dijo: ¡Estoy cansado de conocer el mal! Voy a buscar lo que es bueno. Las palabras no habían salido de sus labios cuando el Señor Jesús, le abrió los brazos y lo recibió.

Tienes un nuevo día delante de ti. Y cada nuevo día trae una nueva oportunidad. No esperes llegar como Carlos, al fondo del pozo, para reconocer que necesitas de Jesús. El mal existe, pero no tiene nada de bueno para enseñarte. El bien, sin embargo, es un mundo inagotable de conquistas y aventuras del espíritu. Escoge el bien y no le hagas caso al enemigo, cuando venga y te diga: “Sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¿Vacío?

Cuando el Señor Jesús, en cierta ocasión dijo que no se debía temer a los que matan el cuerpo, sino al que mata el espíritu estaba hablando justamente de lo que Dolores sentía. Las grandes necesidades no son las del cuerpo. Lo que le da sentido a las consecuciones materiales es la satisfacción interior y esa satisfacción solo puede proporcionarla Jesús.

Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma, no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. Mateo 10:28

Dolores llegó a la casa cansada del trabajo y encontró las luces apagadas, un silencio asustador, profundo y las cosas bañadas de soledad. Antes de encender la luz trató de escuchar. Nada. Solo el vacío, ese vacío que duele en el interior y va creciendo lentamente hasta llegar a los ojos. 

Hacía dos años que había salido de la casa de sus padres esperando encontrar su “espacio.” Ahora tenía demasiado espacio aunque su departamento, de un solo cuarto, era pequeño.

Aquello que la joven abogada llamaba de “su espacio” en realidad era libertad para vivir sin restricciones. Le molestaba que los padres le estuviesen hablando de lo que debía o no debía hacer. Se consideraba suficientemente grande para escoger su propio camino. Y lo hizo.

Al principio, todo le parecía fascinante. Tenía un buen empleo, automóvil propio y estaba pagando el pequeño apartamento que comprara. Vivía la vida sin reglas. No quería siquiera oír hablar de ellas. Se dejaba llevar por el instinto y empezó a experimentar sensaciones que jamás imaginó que existiesen.

Pero los días fueron pasando. Y las cosas empezaron a parecerle demasiado huecas. Esto la llevó a continuar buscando nuevas sensaciones, pero su vida parecía una pompita de jabón. Bella y atractiva por fuera y sin nada por dentro.

El vacío de aquella tarde, al llegar a casa, en realidad era el vacío de su corazón. Físicamente, todo le iba bien, interiormente, caía en pedazos y se negaba a aceptarlo.

Cuando el Señor Jesús, en cierta ocasión dijo que no se debía temer a los que matan el cuerpo, sino al que mata el espíritu estaba hablando justamente de lo que Dolores sentía. Las grandes necesidades no son las del cuerpo. Lo que le da sentido a las consecuciones materiales es la satisfacción interior y esa satisfacción solo puede proporcionarla Jesús.

La soledad del espíritu, el hambre del corazón y la sed del alma, son experiencias tan traumáticas que transforman la vida en una rutina torturante y sin sentido, capaz de anular inclusive las ganas de vivir.

Por eso hoy, acuérdate de las palabras de Jesús: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Dependencia y plenitud

El secreto de una vida plena es la permanencia. “Permaneced en Mí” dijo Jesús. ¿Cómo se permanece en Jesús? Buscándolo todos los días, abriéndole el corazón cada mañana y diciéndole: “Señor, yo no sé vivir solo. Necesito de tí. Enséñame a caminar por los caminos de victoria.” Esto significa renuncia del propio yo y dependencia de Jesús.

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15:5

En esta vida todo pasa. Pasa el tiempo, el verano, la época de las lluvias, las palabras, en fin. Un día te miras en el reflejo del agua y descubres que la juventud también pasa.

El otro día alguien me dijo: “Siempre me decían joven. Joven para aquí, joven para allá. Hasta que un día me sorprendí cuando una buena señora, en el mercado, me llamó de señor. Entonces corrí para la casa, me miré en el espejo y descubrí espantado que la señora tenía razón. Yo había dejado de ser un joven. Me había vuelto un señor.”

Infelizmente cuando se es joven, da la impresión de que la juventud es eterna, que las oportunidades estarán siempre allí al alcance de las manos. Tal vez por eso un poeta renegado escribió: “La juventud es un don precioso que se desperdicia en la mano de los jóvenes.”

¿Qué hacer para que al llegar a los años maduros, puedas mirar para atrás y saber que valió la pena haber vivido? El versículo de hoy trae la respuesta. ¿Quieres frutos? ¿Plenitud de frutos? ¿Frutos abundantes? Entonces recuerda que “Yo soy la vid”, dice Jesús. Tú, solo eres la rama. Una rama separada de la vid está condenada al fuego. Para nada sirve. Pero una rama conectada a la vid, recibirá vida y el resultado será fruto abundante en todas las áreas.

La palabra que destaca en el versículo de hoy es el verbo permanecer. Expresa continuidad, durabilidad, persistencia. Contrario a fugacidad o intermitencia. El secreto de una vida plena es la permanencia. “Permaneced en Mí” dijo Jesús. ¿Cómo se permanece en Jesús? Buscándolo todos los días, abriéndole el corazón cada mañana y diciéndole: “Señor, yo no sé vivir solo. Necesito de tí. Enséñame a caminar por los caminos de victoria.” Esto significa renuncia del propio yo y dependencia de Jesús. Una dependencia que lejos de llevarte a la esclavitud o al servilismo, te conduce a la realización y a la vida llena de significado.

Hoy pude ser la media vuelta de tu vida. Si hasta aquí sientes que tus esfuerzos son infructuosos, si trabajas con ahínco pero nada da resultado, conéctate a Jesús, aprende a depender de Él y prepárate para los frutos abundantes porque Él dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.”  

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

El amor

Levántate, asómate a la ventana. Ha empezado un nuevo día Y para ti puede ser una linda experiencia de compañerismo con Jesús. No te asustes con las tormentas que ves aproximarse, escóndete en Jesús. Vive a su lado y prepárate para ver las maravillas que Él es capaz de hacer en tu vida.

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece.

1 Corintios 13:4

Intentemos definir el amor. Digo “intentemos,” porque si Dios es amor, definir el amor, será tan difícil cuanto definir a Dios. La palabra imposible, se encuadraría mejor.

Lo que me impresiona de las enseñanzas bíblicas es que los escritores no enfatizan definiciones y conceptos. Eso sería caer en el terreno peligroso de la teoría desprovista de practicidad. El énfasis de los escritores sagrados está en la aplicación de los conceptos teóricos. Por eso, en la Biblia resulta difícil encontrar una definición teórica del amor; más bien, encontramos la descripción del amor en la vida práctica. 

Esa descripción está registrada en el versículo de hoy. El propósito de Pablo es llevarnos a pensar en este tipo de amor y compararlo con la manera como nosotros amamos. 

¿Cómo sería nuestro hogar si estas características del amor estuviesen presentes en cada miembro de la familia? Pero estas características son propias del amor, fruto del Espíritu, y los frutos no aparecen de un momento a otro, involucran crecimiento y desarrollo. 

No te desesperes si mañana mismo, no aparecen estas características en tu amor. Simplemente ve a Jesús, búscalo cada día en oración, suplícale que desarrolle en ti la capacidad de amar con un amor auténtico y te sorprenderás con los resultados.

Fue eso lo que sucedió en la vida del apóstol Juan. Él llegó a Jesús como “el hijo del trueno,” pero en la convivencia diaria con Jesucristo, se fue desarrollando en él, el amor de Dios, apareció el fruto del Espíritu; y cuando lo encontramos en la isla de Patmos, años más tarde, ya no es más el “hijo del trueno.” Se ha transformado en el “discípulo del amor.”

Levántate, asómate a la ventana. Ha empezado un nuevo día Y para ti puede ser una linda experiencia de compañerismo con Jesús. No te asustes con las tormentas que ves aproximarse, escóndete en Jesús. Vive a su lado y prepárate para ver las maravillas que Él es capaz de hacer en tu vida.

Ah, y recuerda que “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

O eres o no eres

Haz de este día un día de revisión de tus fuentes. Coloca en tu mente mensajes que alimenten y edifiquen a la naturaleza de Cristo. Revisa tu biblioteca, la colección de tus discos o tus videos. Piensa en los lugares a dónde vas cuando navegas en el internet. En fin, hazte la vida cristiana más fácil. Dios está siempre dispuesto a dar fuerzas al cansado. Nada hay que Él no pueda hacer en tu vida, si con humildad lo buscas.

Hermanos míos, ¿puede la higuera producir aceitunas, ó la vid higos? Así ninguna fuente puede hacer agua salada y dulce. Santiago 3:12

Diego se despertó jadeando. Había tenido pesadillas toda la noche. Al amanecer el nuevo día y mirarse en el espejo vio las marcas de una noche mal dormida. Hace tiempo que Diego vivía un tormento y sabía que era necesario cambiar de rumbo. Se quedaba hasta altas horas de la noche mirando películas de terror. Después, esas imágenes volvían a su inconsciente durante las horas de reposo y dificultaban su descanso.

Pero la angustia de Diego iba más allá. Como el Apóstol Pablo se arrodillaba muchas veces y clamaba a Dios: “¿Por qué hago el mal que no quiero y el bien que deseo, no puedo?”

El versículo de hoy trae la respuesta. ¿Puede una fuente hacer agua salada y dulce al mismo tiempo? La respuesta es obvia. Eres lo que lees, oyes y miras. Son los mensajes que colocas en tu mente, los que alimentan a la naturaleza de Cristo o a la naturaleza pecaminosa que habitan dentro de ti. Si deseas andar en los caminos de Dios, tendrás necesariamente que alimentar a la naturaleza de Cristo.

La incoherencia en el comportamiento de Diego era que anhelaba ser un buen cristiano, alimentando a la naturaleza mala. En el momento de hacer las cosas, su mente decía una cosa, teóricamente sabía qué camino seguir, pero el cuerpo lo llevaba a andar por senderos extraños.

Si eres higuera, afirma Santiago producirás higos, pero la tragedia de muchos es que siendo higuera quieren producir aceitunas. Y eso no funciona. Es contrario a la naturaleza.

Haz de este día un día de revisión de tus fuentes. Coloca en tu mente mensajes que alimenten y edifiquen a la naturaleza de Cristo. Revisa tu biblioteca, la colección de tus discos o tus videos. Piensa en los lugares a dónde vas cuando navegas en el internet. En fin, hazte la vida cristiana más fácil.

Dios está siempre dispuesto a dar fuerzas al cansado. Nada hay que Él no pueda hacer en tu vida, si con humildad lo buscas.

Antes de ir a tus actividades diarias, recuera la pregunta de Santiago: “Hermanos míos, ¿puede la higuera producir aceitunas, ó la vid higos? Así ninguna fuente puede hacer agua salada y dulce.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Confía

Jesús le dijo más a Pedro. Le dijo que otra de las maneras de sentir menos el dolor y las dificultades es estar ocupado en testificar a los otros del amor de Dios. “Una vez vuelto, confirma a tus hermanos.” Una vida centralizada en uno mismo es con frecuencia una vida llena de ansiedad. Cuanto más miras al reloj, parece que el tiempo no corre, pero cuando te olvidas de la hora y empiezas a trabajar, el tiempo vuela.

Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. Lucas 22:32

¿Cómo haces para tener fe? ¿Cómo haces para seguir esperando cuando nada de lo que esperas sucede? Si al menos existiera en el aire un tímido olor a promesas que se cumplen, pasos lejanos de la persona amada que regresa, si crujiera alguna hoja seca a tus espaldas diciéndote que has recuperado la audición perdida. Pero nada de lo que esperas sucede y escuchas desanimado lo que las otras personas cuentan de los hechos extraordinarios que Dios hace en su vida.

El otro día alguien me dijo: “Tengo la impresión que cuanto más espero en Dios, más Él se ha olvidado de mi.”  Jesús sabía que ese tipo de pensamientos iba asaltar muchas veces la mente de sus hijos. Por eso un día le dijo a Pedro: “He rogado por ti, para que tu fe no falte.”

Fe es confianza. Cuando tú conoces a una persona sabes que puedes confiar en ella. Tienes la seguridad de que no te fallará. Puede, inclusive demorar por circunstancias que después sabrás, pero estás seguro que no te fallará. La conoces bien.

Esto, te lleva de nuevo a Jesús. No es posible tener fe en Jesús y en sus promesas si no convives a diario con Él. Esa convivencia te lleva a conocerlo, y entonces tienes la seguridad que aunque aparentemente sus promesas demoran, Él no te abandonó. Está ahí, cerca de ti, esperando el momento oportuno para mostrarte la salida.

Me anima la idea de saber que Jesús está en este momento rogando al Padre por mí, para que mi fe no falte. Es que la única manera de ser feliz en este mundo de tinieblas es saber que aunque demore, la luz del nuevo día brillará.

Jesús le dijo más a Pedro. Le dijo que otra de las maneras de sentir menos el dolor y las dificultades es estar ocupado en testificar a los otros del amor de Dios. “Una vez vuelto, confirma a tus hermanos.” Una vida centralizada en uno mismo es con frecuencia una vida llena de ansiedad. Cuanto más miras al reloj, parece que el tiempo no corre, pero cuando te olvidas de la hora y empiezas a trabajar, el tiempo vuela.

Haz de este día un día más de convivencia con Jesús y de servicio a las personas. No temas de nadie ni de nada. No desesperes si las cosas que esperas todavía no sucedieron y toma las palabras de Jesús como si fuesen para ti: “Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Ten fe

Tú eres un hombre valiente, el texto lo afirma. ¿Valiente? ¡Tanto Gedeón, como el Pablo de nuestra historia, nada tienen de valiente! Al contrario, ellos parecen inseguros, miedosos y ansiosos. ¡Pero no es así que Dios te ve! La gran es la visión de Dios. En el texto de hoy Dios tiene la visión de un Gedeón victorioso porque lo ve no como es, sino como será, por el poder divino.

Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente. Jueces 6:12

06:30h de la mañana. El despertador grita a todo volumen que ya es hora de despertar, pero, ¿Cómo, si él ni siquiera durmió? Se arrastra por la sala para no despertar a nadie en casa. Las  sandalias deslizándose por el piso parecen una multitud gritando al unísono: “No lo lograrás.”

07:30h de la mañana. Dentro del auto, mientras  lleva a los hijos para la escuela Pablo guarda silencio durante el camino. En el asiento trasero los hijos juegan un juego electrónico portátil. En otros tiempos les hubiese pedido que hicieran menos ruido, pero hoy no tiene fuerza ni para eso. Por lo menos ese ruido apaga un poco el grito de su corazón: “¡No lo lograrás!”

8:00 de la mañana. Hijos en la escuela, transito lento, en la radio las noticias de la mañana, la previsión del tiempo, y en el corazón la ansiedad de quien tiene que presentar un proyecto nuevo a un grupo exigente de clientes. El material es bueno, la presentación en el proyector está bien hecha, pero el temor continúa.  El sabe que en el mundo de los negocios un buen  proyecto no es suficiente. La lucha es intensa, feroz casi insana. Cualquier persona hace un buen proyecto. El necesita más. Necesita aquel contrato, ero Pablo es un ser humano común  y tiene en su corazón las luchas comunes del día a día, el peso de la ansiedad, el fardo de la inseguridad, la inquieta pregunta: ¿Y si no lo logro? Pablo es en verdad la imagen de un hombre temeroso, con miedo, asustado.

El texto de hoy fue escrito para un hombre como  Pablo. Un hombre que tenía un encuentro con personas difíciles, con gente que no le gustaba negociar, gente pesada. Y en su desesperación muestra que es todo, menos un hombre listo para la batalla. Gedeón cargaba en su corazón la misma pregunta de Pablo y de muchos otros: ¿Será que voy a lograrlo? 

Tú eres un hombre valiente, el texto lo afirma. ¿Valiente? ¡Tanto Gedeón, como el Pablo de nuestra historia, nada tienen de valiente! Al contrario, ellos parecen inseguros, miedosos y ansiosos. ¡Pero no es así que Dios te ve! La gran es la visión de Dios. En el texto de hoy Dios tiene la visión de un Gedeón victorioso porque lo ve no como es, sino como será, por el poder divino.

Al comenzar un nuevo día clama a Dios, entrégale tu vida, sal a la lucha con fe, ve al campo de batalla y vence. Pero antes, recuerda: “Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado valiente.”  

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Engaño

Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana. Daniel 8:25

Sagacidad, astucia, engaño. Armas mortales en las manos del enemigo de Dios. A fin de cuentas él solo tiene dos maneras de llevarte a la destrucción. Por la fuerza o por el engaño. La fuerza no le da mucho resultado. A lo largo de la historia, cada vez que ha usado la fuerza, el pueblo de Dios ha sido más fiel. En el dolor y la persecución los hijos se vuelven al Padre en busca de protección.

Ya el engaño es un arma que le da buenos resultados. Te hace creer que el camino que sigues te lleva a la vida y sin embargo te conduce a la muerte. Disfraza la verdad, la camufla y te convence del error.

El versículo de hoy es una profecía que habla de las actividades del enemigo de Dios disfrazado. “Con sagacidad hará prosperar el engaño en su mano.” Aquí se habla de prosperidad, de aparente victoria. Llegará un momento en la historia en que el bien dará la impresión de haber sucumbido delante del mal. Las personas serán confundidas. Llamarán al mal, bien y al bien, mal. 

Al ver que multitudes lo siguen, la profecía añade que “su corazón se engrandecerá” Llegará al punto de pensar que es Dios y reclamará la adoración de todos. Como esto no sucederá porque siempre existirán personas fieles a la Palabra de Dios, “sin aviso destruirá a muchos” completa el profeta Daniel. ¿Puedes creer que en el fin de los tiempos habrá gente que será perseguida por no juntarse a la mayoría?

La única manera de ser vacunados contra el engaño es conocer la verdad y la verdad es la Palabra de Dios.

¿Qué harás con ella? ¿La guardarás en el estante de libros? ¿La colocarás en la sala como una pieza de decoración? ¿O la abrirás deseoso de conocer el plan que Dios tiene para ti?

Has de este día, un día de estudio de la Biblia. El tiempo que gastas en tu devoción personal es una inversión para la vida eterna. No salgas sin la certidumbre de que el Señor Jesús va contigo. Y no te olvides: “Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Extiende la mano

“El que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado” declara el texto de hoy. Bienaventurado significa feliz. No existe felicidad más grande que extender la mano al que necesita. Una vida centralizada en las propias necesidades es como el pozo de agua sin salida. En poco tiempo acaba malográndose.

Peca el que menosprecia a su prójimo; Mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado. Proverbios 14:20

El hombre de barba blanca y ropas viejas espera en silencio. La espera se hace larga y ya está anocheciendo. Hace meses que se junta a los otros mendigos de la ciudad para recibir un plato de sopa que una señora caritativa sirve a los indigentes.  Aquella esquina de Humboldt y La ensenada, se ha convertido en la esquina salvadora de personas como él, que si no fuese por el amor de aquella señora, dormirían con hambre. 

El desconocido se pasa la mano por la barba y parece inquieto. Nunca antes había tenido que esperar tanto. No es impaciencia, ni enfado, sino más bien la extraña sensación de que la mujer no vendrá, de que no volverá, de que se ha ido para siempre y que los pobres de la plaza volverán a tener hambre en las noches frías de aquella ciudad sin alma.

Tres días después, cuando las sombras de la noche aprisionan de nuevo a la metrópoli, aparecen dos jóvenes trayendo el perol de sopa. Los mendigos gritan de alegría, y aplauden. El hombre de barba blanca y ropas viejas no. Se queda parado, observando, casi confirmando su presentimiento. Algo terrible ha pasado. Puede intuirlo.

Los jóvenes confirman la mala noticia. Doña Ana, la buena señora ha muerto. Los jóvenes son sus hijos y aseveran que descansó con una sonrisa en los labios, pero que antes de morir, les suplicó que no se olvidasen de llevarle la sopa a los pobres.

“El que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado” declara el texto de hoy. Bienaventurado significa feliz. No existe felicidad más grande que extender la mano al que necesita. Una vida centralizada en las propias necesidades es como el pozo de agua sin salida. En poco tiempo acaba malográndose.

Haz de este día un día de amor y generosidad. Sé un manantial. Brota y corre para regar los corazones tristes. Sé como el trigo. Aunque tengas que desaparecer en la tierra, que tus obras renazcan en una espiga llena para continuar siendo una bendición, porque: “Peca el que menosprecia a su prójimo; Mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Fe, amor y esperanza

Por eso, no salgas hoy para los embates del día sin la seguridad de que pasaste tiempo para conocer a Jesús. Sé como los tesalonicenses a quienes Pablo les dijo: “Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.”

Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo. 1 de Tesalonicenses 1:3

Una vez más Bernardo dejó que se marchara. En realidad siempre la había dejado ir, desde que la conociera.  Siempre había estado tan ocupado como para intentar conocerla. No es que no lo hubiera querido hacer, no, no era eso. Era la vida, la agitación propia de un mundo donde el que no camina ligero, come el polvo de los que van adelante.

Lo que le dolía es que Estela no era la primera esposa que perdía. Ya era la tercera vez que fracasaba. Lo que él llamaba amor era apenas el sentimiento romántico que desaparece con el tiempo.

El versículo de hoy, habla de la constancia como característica de la vida madura de un cristiano. Pablo, escribiendo a los tesalonicenses destaca tres frutos que aparecen en la vida de un cristiano que pasan tiempo conociendo al Señor Jesús: fe, amor y esperanza.

La fe que el Apóstol menciona no es apenas el asentimiento intelectual de una doctrina sino la experiencia que obra, que produce y que se exterioriza en acciones. Asentimiento intelectual sin acciones no es fe. Por lo menos no, desde el punto de vista bíblico.

La segunda característica es el amor, no simplemente como una declaración romántica floreada de palabras bonitas, sino como un principio que se manifiesta en dedicación, renuncia y entrega a Dios y a los semejantes.

Y finalmente la esperanza. No solo como el deseo de que suceda algo de bueno en el futuro sino como la actitud constante de creer en Dios aunque las circunstancias lo empujen a uno a dudar del amor de Dios y del cumplimiento de sus promesas.

Estas características solo aparecen en la vida de la persona que separa todos los días tiempo para pasar con Jesús. Los matrimonios de Bernardo fracasaron porque aunque casado, no se daba tiempo para conocer a la persona amada. Sin conocimiento, no existe confianza y sin confianza, no puede haber ni fe, ni amor, ni esperanza.

Por eso, no salgas hoy para los embates del día sin la seguridad de que pasaste tiempo para conocer a Jesús. Sé como los tesalonicenses a quienes Pablo les dijo: “Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Prosperidad y mandamientos

Hoy comenzaste tu día haciendo una buena decisión: cultivar la comunión con Dios, seguirlo, no apartarte de Él. El resultado la obediencia natural a los mandamientos. Será una experiencia tan placentera como beber una limonada fría en una tarda caliente de verano. Ese es el secreto de la prosperidad y de la victoria.

Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés. 2 Reyes 18:6

¿Algún día lo lograré? –se pregunta. El éxito de sus  padres la asusta. Thais es una chica llena de sueños, planes y proyectos. Acaba de graduarse en medicina. Los padres, ambos médicos, son famosos, con carreras sólidas y excelente reputación en el ámbito profesional. Personas importantes acuden a la clínica de sus padres y todo ese éxito la cohíbe y la asusta. ¿Cuál  es el secreto de la prosperidad? ¿Cuál era el secreto de sus padres?

El versículo de hoy menciona el secreto de la prosperidad y el éxito en la vida del rey Ezequías, y enseña una lección que debe ser llevada en cuenta por todo aquel que desea ser un vencedor. Todo lo que fue escrito en la Biblia fue escrito para nuestra edificación. El plan de Dios es mostrarte el camino y enseñarte a andar.

El problema de mucha gente es que  quiere tener éxito pero usa los tres puntos del versículo de hoy, en orden inversa. Nota el orden correcto: Seguir Dios, no apartarse de Él y después  guardar sus mandamientos. Este último es consecuencia y no causa.

Algunos sinceros hijos de Dios piensan que pueden lograr que Dios los ame más, haciendo algo. ¡Eso es imposible! ¡Nada que yo haga hará que Dios me ame más, así como no hay nada que yo haga, para que Dios me ame menos!

Guardar los mandamientos solo vale si es una consecuencia de seguir a Dios y no apartarse de Él. La obediencia es un fruto del relacionamiento correcto con la fuente de la obediencia que es Jesús.

Hoy comenzaste tu día haciendo una buena decisión: cultivar la comunión con Dios, seguirlo, no apartarte de Él. El resultado la obediencia natural a los mandamientos. Será una experiencia tan placentera como beber una limonada fría en una tarda caliente de verano. Ese es el secreto de la prosperidad y de la victoria.

Thais, João, Marcos, Luisa, no importa tu nombre, ni tus sueños; no importa los gigantes que necesitas vencer. Lo que importa es que has descubierto el secreto de la prosperidad. Haz como Ezequías, “Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés.” 

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Propósito del dolor

En ese momento, sin saber a dónde ir, se acordaron de Jesús y volvieron los ojos hacia Él en busca de ayuda. A partir de ese momento, la vida cristiana de esas personas se volvió una vida exuberante y llena de frutos para la gloria de Dios.

Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Juan 15:2

El versículo de hoy muestra el lugar de las pruebas en la vida del cristiano. El ser humano no fue creado para sufrir. El dolor es una experiencia intrusa en la vida del hombre y vino después de la entrada del pecado al mundo. El dolor, nace en la mente del enemigo, pero Dios, en su infinito amor, lo toma y lo transforma en un instrumento de crecimiento y purificación para el ser humano. Eso es lo que dice Juan 15: 2 “y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”

El verbo “limpiar”, en griego, es kathairo, e involucra la idea de purificación a través del sufrimiento. El verbo más adecuado sería “purgar”. ¿Ya tomaste purgante alguna vez? Es horrible, pero más horrible son los efectos colaterales, el dolor de estómago, la incomodidad, el malestar, pero a pesar de eso, aceptas el purgante porque sabes que te estás limpiando de las impurezas. 

Jesús hace lo mismo con nosotros, al permitir que el dolor llegue a nuestra vida. Él desea que crezcamos, que seamos limpios, ¿Para qué? Para que llevemos más fruto. Es en el dolor que se aprende a depender de Dios, es a través de las lágrimas que muchas veces encontramos lo que habíamos perdido hace mucho tiempo, la maravillosa experiencia de comunión con Cristo.

Conozco más de una persona en cuya vida el dolor fue redentor. Mientras las cosas iban bien, cayeron en la monotonía de la vida y dejaron a Jesús en un segundo plano. Perdieron el primer amor, se volvieron miembros de un club religioso y nada más. Pero de repente el cielo azul de esas personas se cubrió de nubes cargadas de lluvia. De un momento a otro empezó la tormenta y la embarcación parecía zozobrar.

En ese momento, sin saber a dónde ir, se acordaron de Jesús y volvieron los ojos hacia Él en busca de ayuda. A partir de ese momento, la vida cristiana de esas personas se volvió una vida exuberante y llena de frutos para la gloria de Dios.

Por eso, si hoy no hay sol en tu horizonte, recuerda que “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Cuidado!

El sufrimiento es una experiencia intrusa en la vida humana. Es lógico que sientas repulsión por el dolor. Pero, es necesario aprender a confiar en el amor divino. Dios jamás te prometió que en esta tierra no serías tocado por el dolor, pero prometió que en el momento de las lágrimas, Él estará a tu lado listo a enjugarlas y a fortalecerte para pasar en medio del vendaval sin amilanarte.

No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. Eclesiastés 5:2

La habitación estaba vacía, pero se respiraba recuerdos en cada uno de sus rincones, añoranzas con sabor de amargura, gemidos de un corazón hecho pedazos. Trozos de dolor, de incomprensión y de revuelta. 

Los recuerdos se esparcían aquí y allí. La imagen de un niño pequeño jugando con sus carritos de madera, le hacía volver al pasado. Un pasado que de tanto doler, se hacía presente a cada amanecer.

Alba se mordió los labios y maldijo a Dios. Lo hacía todos los días desde la trágica mañana que contempló a su hijo sin vida. En su corazón de madre triste ya no había lugar para la fe. Se negaba a seguir aceptando la idea de un Dios que permitía la muerte de un inocente.

El sabio Salomón en el versículo de hoy advierte: ¡Cuidado! “No te des prisa con tu boca.” No permitas que el sentimiento te lleve a decir algo de lo que más tarde te arrepientas. Y la razón que el escritor bíblico presenta, para ser cauteloso con lo que se dice en el momento del dolor es que “Dios está en el cielo y tú sobre la tierra.” No es posible entender los infinitos misterios divinos con la finita mente humana. “Mis pensamientos no son los tuyos.” Afirma el Señor a través de Isaías.

Yo sé que si perdiste un ser querido inesperadamente o si el dolor, en otra de sus muchas formas, ha tocado tu vida, la tendencia natural del ser humano es no aceptar la realidad. Es que ni tú, ni yo, ni nadie fue creado para sufrir. El sufrimiento es una experiencia intrusa en la vida humana. Es lógico que sientas repulsión por el dolor. Pero, por otro lado es necesario aprender a confiar en el amor divino. Dios jamás te prometió que en esta tierra no serías tocado por el dolor, pero prometió que en el momento de las lágrimas, Él estará a tu lado listo a enjugarlas y a fortalecerte para pasar en medio del vendaval sin amilanarte.

Por eso hoy, sacude el polvo de la insatisfacción y a pesar de las adversidades, marcha tomado de la mano de tu Padre. Y “No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¿Cuál es el camino?

Esto sacude la idea de que vida cristiana es solo vivir en una comunión teórica con Jesús, o que el cristianismo fervoroso, se limita a hacerle una declaración romántica de amor a Jesús y cantarle, lleno de emoción. Todo eso es bueno, pero la vida cristiana es más que solo eso. Es vivir los principios de la Palabra de Dios.

Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Juan 14:5

La preocupación del ser humano siempre fue encontrar el camino que lo lleve a la felicidad. En cierta ocasión, Tomás le preguntó a Jesús, “Señor, muéstranos el camino.” Y la respuesta del Maestro fue: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” Jesús es el camino y la verdad. 

No existe nada más concreto y absoluto que Jesús. Infelizmente, vivimos en días cuando la verdad, para los seres humanos, se ha hecho relativa. El pluralismo y el relativismo, son dos filosofías que están impregnadas en todo. El pluralismo enseña que desde el momento que no existe un solo ser humano, es lógico, que no puede haber solo un concepto correcto. Pluralismo viene de ahí, de la palabra plural, muchos. 

Consecuentemente nace el relativismo, porque se existen muchas maneras de pensar no puede existir una sola verdad, sino muchas, por tanto la verdad es relativa, mejor dicho, depende de lo que cada uno quiera pensar. 

Pero cuando Jesús afirmó que Él es la verdad, estaba yendo contra el pluralismo y el relativismo. La verdad, desde el punto de vista bíblico es absoluta y está basada en la Palabra de Dios. Jesús lo dijo en su oración sacerdotal: “Santifícalos en tu verdad, tu Palabra es la verdad.” 


Pero, al final de cuentas, la verdad ¿es Jesús o es la Palabra de Dios? Ambos. Jesús es el verbo, la palabra de Dios que se hiso carne y vino a habitar entre nosotros. En Jesús, la palabra no era solo teoría, Él era la Palabra hecha carne y vivida.

Esto sacude la idea de que vida cristiana es solo vivir en una comunión teórica con Jesús, o que el cristianismo fervoroso, se limita a hacerle una declaración romántica de amor a Jesús y cantarle, lleno de emoción. Todo eso es bueno, pero la vida cristiana es más que solo eso. Es vivir los principios de la Palabra de Dios. 

Disponte a vivir los principios bíblicos, aunque las personas se burlen de tus convicciones o piensen que vives en la “edad de la piedra.” Deposita tu confianza en Jesús, acepta las enseñanzas de su Palabra y no digas como Tomás: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Refugio

Cómo es bueno entonces tener un refugio en Dios. Correr a sus brazos, esconderte en su regazo, conversar con Él en oración y de allí, salir sin temor para enfrentar las luchas de la vida

No hay santo como Jehová; Porque no hay ninguno fuera de ti, Y no hay refugio como el Dios nuestro. (1 Samuel 2:2)

Las montañas del Colorado se muestran blancas esta mañana. Es el invierno, que llegó temprano y vistió los picos con su sábana de nieve. Contemplando el paisaje desde el avión, escribo este devocional. “No hay refugio como el Dios nuestro,” dice el texto.

Tú solo comprendes el valor del refugio cuando la tormenta llega o el peligro acecha. Si alguien anduviese perdido en estas montañas majestuosas, moriría sin un refugio. El refugio es la cueva salvadora, el escondrijo dónde estás a salvo del enemigo.

Esta vida es una permanente lucha. Hay un enemigo que quiere destruir las cosas más preciosas que Dios te dio. No quedará satisfecho mientras no te vea postrado a sus pies. Tratará de destruir tus sueños, planes e ideales. Colocará barreras en el camino. Usará a los otros y muchas veces tus propias debilidades para alcanzar su objetivo.

Pero la promesa de hoy es que tú tienes un Dios que jamás falla. En las horas de dolor y lágrimas. Cuando piensas que llegaste al fin. Él es santo. No hay otro como Él. Será refugio en el momento de crisis.

¿En qué sentido es refugio? Cuando vas a Él, a través de la oración, Dios elimina el temor y coloca paz en tu corazón. Un corazón sin temor es capaz de mirar salidas que el miedo impide. Está probado que en las horas de mayor peligro, lo que provoca más tragedias es el pánico y no el accidente en sí. El pánico tiene sus raíces en el miedo.

Tal vez este sea tu problema más grande. El miedo te incapacita de vencer, te hace huir hasta de una hormiga, te lleva a imaginar dificultades que no existen y te paraliza.

Cómo es bueno entonces tener un refugio en Dios. Correr a sus brazos, esconderte en su regazo, conversar con Él en oración y de allí, salir sin temor para enfrentar las luchas de la vida.

No salgas hoy de casa sin correr a los brazos de tu refugio eterno. Cuéntale tus temores. Dile tus tristezas. Abre tu ser a Él y recibe la inspiración y fuerza para vencer. Jamás estás acabado, si tienes un refugio. Y recuerda: “No hay santo como Jehová; Porque no hay ninguno fuera de ti, Y no hay refugio como el Dios nuestro.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Mi elección diaria

El ser humano no es más que un niño. Va por la vida queriendo hacer todo solo, y solo, se hiere, sufre y llora. Así es hoy, lo fue en el pasado y lo será hasta que Jesús vuelva.

En aquel día mirará el hombre a su Hacedor, y sus ojos contemplarán al Santo de Israel. Isaías 17:7

Júlia esbozó una linda sonrisa al recibir su regalo. Era el día de su cumpleaños y ella estaba soñando con ese presente por mucho tiempo; hablaba sobre él de día y de noche; a toda hora, en todo lugar.

Su papá se aproximó y le dijo:

-Hijita, déjame armar eso. Yo puedo ayudarte.

-¡No papito! Yo puedo sola.

Pasados 20 minutos vino el llanto. El juguete soñado, ansiado, hablado y cantado por mucho tiempo estaba roto y sin condición de ser usado. Con los ojos llenos de lágrimas la niña miró a su padre y le dijo: Papá, ¿puedes ayudarme? ¿Arreglas mi juguete?

El ser humano no es más que un niño. Va por la vida queriendo hacer todo solo, y solo, se hiere, sufre y llora. Así es hoy, lo fue en el pasado y lo será hasta que Jesús vuelva.

El texto de hoy muestra esa realidad. El pueblo de Israel tenía un pacto establecido con Dios: Ustedes me obedecen y yo los cuido. Simple. Bastaba seguir ese acuerdo y la vida sería buena, sin dolor, ni lágrimas. Pero por más simple que pareciera, Israel insistía en ir por otro camino.

Se comprometió con la idolatría de los pueblos que lo rodeaban, puso de lado el pacto y al propio Dios. En varias ocasiones el Señor lo llamó de vuelta, lo invitó a sus brazos, lo buscó como a una manada perdida pero el pueblo simplemente dijo: ¡No! La consecuencia era inevitable.

Un día el poderoso ejército de Asiria vino con toda su fuerza, lo derrotó, lo esclavizó y lo humilló. Sobraron dolor, vergüenza, sufrimiento, y el pueblo, dice el texto de hoy, se acordó de Dios. ¿En esa hora? No, que Dios no lo oyese más, inclusive porque Dios siempre oye a su hijo; pero ¿tenía que esperar ese momento? Tantas invitaciones, mensajes, llamados y nada, pero cuando el dolor, la tristeza y la vergüenza llegaron, Israel se acordó de Dios.

En la vida existen opciones. Una de ellas es aceptar la protección divina cuanto todo va bien, y la otra es buscar a Dios cuando todo va mal. En ambas Dios oye, te salva del dolor y te da la protección que necesitas, pero, ¿en qué situación piensas que es mejor buscarlo?

Antes de comenzar un nuevo día repite: “Hoy oiré tu voz mi Creador, mis ojos estarán en ti Santo de Israel.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Estaré Contigo

Tal vez, este consejo te llega mientras saboreas el sabor amargo de la derrota. Lloras la lagrima de los sueños frustrados. Los castillos que construiste, se desmoronaron en un instante. Vinieron las ondas de la crisis y descubriste que habías edificado sobre la arena. Miras a todos los lados y tratas de descubrir qué es lo que salió mal.

Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. (Josué 1:5)

Moisés había muerto y su cuerpo había sido enterrado. La despedida había sido, dolorosa y dulce. Reflexiva y estremecedora. Inevitable.

Cuando un líder muere, el pueblo se ve desorientado. Pierde su punto de referencia, vacila a veces, mira al futuro con temor. Fue en esas circunstancias que Dios se dirigió a Josué, el nuevo líder y le dijo las palabras mencionadas en el versículo de hoy.

La promesa involucraba relación. Dios estaría con el joven líder, no lo dejaría, ni lo desampararía. Dios siempre está con los que reconocen su fragilidad y lo buscan. La pregunta es: ¿Está el ser humano con Dios?

Dios nunca abandona a sus criaturas. Es la criatura, en sus locos arrebatos de independencia, que abandona al dador de la vida. Al principio, todo le parece fascinante. Vivir sin reglas y correr por los pastos engañosos del existencialismo le pareces la aventura que siempre soñó.

El tiempo, sin embargo, se encarga de mostrarle la insensatez de su decisión. En lugar de encontrar las montañas deseadas de la victoria, desciende a los abismos oscuros y solitarios de la derrota. Se asusta e intenta inútilmente encontrar la salida.

Dios, sabía que Josué corría el riesgo de conducir el pueblo a la muerte. Por eso se le presentó una noche y le recordó que la condición para conquistar los grandes desafíos de la vida era estar en Él.

Tal vez, este consejo te llega mientras saboreas el sabor amargo de la derrota. Lloras la lagrima de los sueños frustrados. Los castillos que construiste, se desmoronaron en un instante. Vinieron las ondas de la crisis y descubriste que habías edificado sobre la arena. Miras a todos los lados y tratas de descubrir qué es lo que salió mal.

Vuelve tus oídos al consejo de hoy. ¿Está Dios contigo? ¿Tienes la seguridad que el brillo seductor del éxito no te llevó a abandonarlo? Luchaste solo. Corriste solo. Y cuando el enemigo apareció, no pudiste hacerle frente.

Por eso hoy, no salgas de casa sin recordar la promesa divina: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.”

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