DEVOCIONALES

Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Le es pecado de omisión

La vida cristiana es una vida llena de acción. Acciones buenas a favor de Dios y de los semejantes. Observa a tu alrededor. ¿Qué cosa es necesaria ser hecha? No te quedes de brazos cruzados. No te omitas. Porque “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.”

Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.(Santiago 4:17)

¿Oíste alguna vez hablar del “pecado de pensamiento” y del “pecado de omisión.”? Ambos pecados son aspectos de una misma realidad, que es el pecado.

El pecado comenzó cuando Adán y Eva se alejaron de Dios, y lejos de Dios, el ser humano es capaz de hacer las peores atrocidades. Ni tú ni yo podemos imaginar lo que seríamos capaces de hacer si Dios no estuviese en el control de la vida.

El pecado empieza en la mente. Es la idea absurda de creer que puedes vivir sin Dios. Es alejamiento, rebeldía. La Busca de los propios caminos e intereses, sin tener en cuenta a Dios.

Por eso en los tiempos de Israel, cuando un leproso era curado, tenía que mostrarse al sacerdote y lo primero que este hacía era examinarle la cabeza. La lepra era símbolo del pecado y el examinarle la cabeza también era simbólico. Es en la cabeza que el pecado empieza, es con las ideas. Son los pensamientos.

Los seres humanos vivimos muy preocupados en evitar los actos pecaminosos, pero nuestra cabeza es un nido de pecado. Un día escuché a un predicador decir: Hay gente que nunca entraría a un motel con una mujer que no es su esposa, pero, para ser un pecador, no lo necesita hacer, porque su cabeza ya es un motel.

El otro aspecto del pecado es la omisión. No basta hacer cosas malas. No hacer cosas buenas también es pecado. Un ejemplo de eso encontramos en la parábola de los talentos.

Dos de los siervos fueron aprobados por el Señor. Uno fue reprobado. Él no había hecho nada de malo desde el punto de vista moral. Simplemente se había quedado de brazos cruzados. ¿Quién podría haberlo condenado por eso? Pero el Señor de la parábola reprobó esa actitud.

Desde el punto de vista divino no basta, no odiar, es necesario amar. No es suficiente no robar, hay que trabajar. El cristianismo no es una simple colección de prohibiciones, sino una experiencia dinámica y exuberante de acciones positivas.

La vida cristiana es una vida llena de acción. Acciones buenas a favor de Dios y de los semejantes. Observa a tu alrededor. ¿Qué cosa es necesaria ser hecha? No te quedes de brazos cruzados. No te omitas. Porque “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

La Señal

Pero Jesús vino a librarnos de la mediocridad y el conformismo. Vino a libertarnos de la ignorancia y de la miseria. La salvación que Él ofrece no tiene solo que ver con la vida eterna que recibirás por ocasión de su retorno triunfante a este mundo, sino también con una vida de prosperidad en esta tierra.

Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. (Lucas 2:11-12)

Elmer cree que nació para sufrir. En su opinión, el cristiano debe ser pobre y sufridor. Cristo lo fue. Si el Maestro, no tuvo comodidades en la tierra, ¿Por qué, sus seguidores deberían tenerlas?

Se casó a los 22 años. Hoy, tiene dos hijos y la familia pasa por necesidades extremas. La esposa deja a los niños en una guardería y trabaja todo el día. Regresa en la noche cansada y encuentra al esposo leyendo la Biblia, sin haberse dado siquiera, el trabajo de recoger a los niños. El dinero que Rosa trae no es suficiente para mantener a la familia.

Últimamente el hogar de Elmer y Rosa está deteriorado. Ya discuten la posibilidad de una separación, pero él, no la acepta, bajo el pretexto de que “esa no es la voluntad de Dios”.

¿Cuál es la voluntad de Dios? ¿Qué la familia sufra porque “Cristo sufrió”?

Cristo, es el nombre de Jesús que expresa su misión redentora. Cristo, no nació para vivir. Vino a morir. Nació bajo la sombra de la cruz, vivió a la sombra de la cruz y fue clavado en la cruz.

El texto de hoy dice que la señal de que Jesús era el Cristo, sería encontrarlo “envuelto en pañales, acostado en un pesebre”.

Pobreza, sufrimiento, limitaciones. Todo eso lo acompañó a lo largo de su existencia. Fue perseguido. Huyó a una tierra extranjera para salvar su vida. Las zorras tenían cuevas y los pajaritos nidos, pero Él, nunca tuvo dónde reclinar la cabeza.

¿Todo eso para qué? Para que tú vivas la vida abundante. Su pobreza es tu riqueza. Sus limitaciones, tu abundancia, Su muerte, tu vida.

Nadie tiene el derecho de vivir una vida sin ambiciones alegando que Cristo fue pobre. La pobreza es una de las consecuencias que el pecado trajo a este mundo. Por lo tanto, mientras exista el pecado existirá pobreza. Pero Jesús vino a librarnos de la mediocridad y el conformismo. Vino a libertarnos de la ignorancia y de la miseria. La salvación que Él ofrece no tiene solo que ver con la vida eterna que recibirás por ocasión de su retorno triunfante a este mundo, sino también con una vida de prosperidad en esta tierra.

Con Cristo las cosas eran diferentes. Él vino a sufrir y a morir. Era la única forma de salvarte. Por eso dijo el ángel: “Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre”.

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¿Dónde está tu hermano?

No podemos acabar con el hambre mundial, pero podemos dar un pan al vecino. No podemos llevar consuelo a millones de personas que mueren sin Cristo y sin esperanza pero podemos hacer una oración y llevar palabras de ánimo al que trabaja a nuestro lado.

Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? (Génesis 4:9)

Caín vive en todos nosotros después de la entrada del pecado. Tal vez seriamos incapaces de quitar la vida de alguien pero para tener el espíritu de Caín no basta matar, es suficiente ignorar la existencia del hermano.

El pecado te hace perder la visión de la realidad. Te escondes detrás de los árboles, como lo hicieron Adán y Eva en el jardín. Ignoras el dolor de los otros y exclamas como Caín “¿Soy yo guarda de mi hermano?” La respuesta divina es: Sí lo eres, aunque no lo quieras aceptar. No puedes vivir solo para ti y para los tuyos. Necesitas abrir los ojos a las necesidades de las otras personas, al medio ambiente, a las injusticias de este mundo.

Nosotros no vamos a resolver los problemas ecológicos o sociales de la tierra, pero podemos contribuir para disminuirlos. No podemos acabar con el hambre mundial, pero podemos dar un pan al vecino. No podemos llevar consuelo a millones de personas que mueren sin Cristo y sin esperanza pero podemos hacer una oración y llevar palabras de ánimo al que trabaja a nuestro lado.

No basta evitar mis pecados personales y tratar de ser bueno. Buen padre, buen esposo, buen ciudadano, buen miembro de iglesia. Es necesario hacer algo para aliviar los terribles problemas que el pecado trajo a esta tierra. Si es necesario votar contra las injusticias hay que votar. El cristiano no puede omitirse y permitir que las fuerzas del mal sigan dominando las circunstancias.

Por otro lado no puedes caer en la tentación de pensar el mundo cae a los pedazos por culpa de la injusticia social. Al contrario, la injusticias social es el resultado de un mal profundo, arraigado en la naturaleza humana, que la Biblia llama pecado. Ningún partido político por bien intencionado que sea será capaz de resolver los problemas del mundo porque la raíz está en el corazón humano y solo Jesús es capaz de cambiar el corazón humano y sus motivaciones.

Busca a Jesús. Vive en compañerismo diario con Él, pero no te aísles del mundo ni dejes de extender la mano al prójimo que necesita de ti, porque “Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Su propia sangre

Desde la primera hasta la última página de la Biblia, esa sangre aparecería como un hilo rojo, mostrándole al ser humano, que la única solución para el problema del pecado es la sangre de Jesús.

Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (Hechos 20:28)

La sangre solucionó el pecado para Adán y Eva. Allí estaba la primera pareja escondida detrás de un árbol, desnuda. Había intentado cubrir su desnudez con hojas de higuera. ¿Qué había logrado? ¡Nada! Continuaban desnudos y ridículos. Esto nos prueba que las intenciones humanas para resolver el problema del pecado, por mejores que parezcan, no pasan de pobres hojas de higuera. Nada solucionan. Solo disfrazan. Y disfrazan mal.

Pero Dios apareció y proveyó un corderito. Ese cordero, que era símbolo del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, fue sacrificado. Su sangre mojó el suelo del Edén. Aquella sangre inmaculada mojaría, más tarde, el suelo de la historia.

Desde la primera hasta la última página de la Biblia, esa sangre aparecería como un hilo rojo, mostrándole al ser humano, que la única solución para el problema del pecado es la sangre de Jesús.

En todo esto, ¿Cuál fue la participación humana? ¿Qué es lo que el hombre hizo? ¡Nada! El cordero pertenecía a Dios. La iniciativa de buscar al hombre desesperado fue de Dios, la idea del sacrificio fue de Dios, las ropas de pieles de ovejas que cubrieron la desnudez de la pareja, fueron confeccionados por Dios. El ser humano recibió todo sin hacer nada. Solo por gracia.

Este mensaje se repite una y otra vez a lo largo del AT. En el incidente del sacrificio de Isaac, ambos, padre e hijo entendieron que Dios es el único que puede proveer el cordero. Cuando Isaac le preguntó a Abran, dónde estaba el cordero, la respuesta de Abraham fue: “Dios proveerá.”

Efectivamente, Dios proveyó. En el momento en que el cuchillo había sido levantado, Dios dijo: “No hagas mal al muchacho.”

Tú y yo solo vivimos haciendo mal. Después intentamos resolver el problema cubriendo nuestra desnudez con hojas de higuera y escondiéndonos de Dios. Pero ¡qué grande es la gracia de Jesús, que te busca incansablemente, hasta encontrarte!

¿Por qué vivir entonces angustiado y desesperado por el peso de la culpa? Hay perdón para ti. “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño…para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Mucho más, ahora

La eternidad no será suficiente para cantar loores de gratitud a Dios por el don maravilloso de Jesucristo. Él ve en ti un potencial que nadie es capaz de ver. Te acepta como eres, pero te ve como lo que un día, transformado por su amor, llegarás a ser.

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. (Romanos 5:10)

El tema de la gracia jamás será entendido por la limitada mente humana. ¿Cómo entender que el Dios todopoderoso, creador del cielo y la tierra, se hiciera hombre y viniera a morir en la cruz del calvario para salvar al ser humano? Pasarán siglos. En la eternidad estudiaremos este asunto y jamás lo entenderemos. Por eso Dios ilustró la gracia en la muerte del cordero. Un animal inocente, que no tenía culpa era llevado al altar y era sacrificado para que el pecador recibiese el perdón.

Cuando las manos del pecador se extendían con el cuchillo empuñado en dirección de la garganta del animalito. Al ver aquel inocente ser, morir, sin dar un gemido, el pecador podía tener una leve idea de lo que Jesús haría por él, en la cruz.

Los judíos creen que la interpretación cristiana de Isaías 53 es una inmoral. Esta posición parece demasiado dura, pero ellos explican “Que un hombre malo muera por sus delitos, eso es justo y moral. Pero que un ser bueno, que no le hizo mal a nadie, muera por los delitos de los pecadores, eso es inmoral.”

Tal vez sí. Desde el punto de vista humano, con toda seguridad. Pero Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros. Difícilmente alguien moriría por un amigo, imagínate morir por un enemigo. Nosotros éramos enemigos de Dios y sin embargo el Señor Jesús entregó su vida por nosotros.

La eternidad no será suficiente para cantar loores de gratitud a Dios por el don maravilloso de Jesucristo. Él ve en ti un potencial que nadie es capaz de ver. Te acepta como eres, pero te ve como lo que un día, transformado por su amor, llegarás a ser.

La base para esa confianza es el versículo de hoy. Si Jesús te amo y se entregó por ti, cuando vagabas en el terreno enemigo, mucho más ahora, que eres parte de su reino. Él te tomará de la mano y te guiará a los pastos verdes y a las aguas tranquilas. Te conducirá de victoria en victoria, hasta la victoria final.

Con esa seguridad en tu corazón, enfrenta las luchas de este nuevo día, “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Caminos!

Un día Jesús tuvo que subir la angosta calle que lo llevó a la muerte para que tú salieses de las calles traicioneras de este mundo y encontrases el Camino. Aquel que con seguridad, te llevará a la vida eterna.

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. (Romanos 3:24)

-¡Perdí mi carrera, mi familia, mi libertad, en fin, perdí mi vida! ¡No me queda nada!

La voz ronca, quebrada y triste de Juana, no escondía el volcán de sentimientos que atormentaban su corazón. Escondía sus ojos atrás de unos lentes oscuros, baratos, de esos que compras en la calle por 3 dólares.

La calle. Tal vez la calle fuese su desgracia. Fuera en la calle que encontrara gente que la llevó a la drogadicción y finalmente a la cárcel. En la calle sufrió, paso hambre y durmió. ¡La calle! ¡Ah calles abarrotadas de gente! Calles asfaltadas. Más peligrosas que las trillas angostas de la jungla. Calles sin alma, sin compasión, calles de muerte.

Todo eso era pasado. En la cárcel, privada de su libertad, fue, irónicamente, donde halló la verdadera libertad.

Madrugada fría de Junio, piso helado de cemento, comida de puercos en el suelo, disputada por ratas y cucarachas. ¿Por qué es necesario llegar al extremo de la vida para reconocer que Jesús es la única salida? En el frío lacerante de aquella celda solitaria, pagaba el castigo por causa de una indisciplina. Allí, Juana se acordó de un versículo de la biblia que oía todas las mañanas a través del radio de otra presidiaria. “Somos justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención en Cristo”.

En el dolor, el corazón se torna sensible. En la derrota se aprende. En la soledad se piensa. Juana sintió, pensó y aprendió. Aceptó a Jesús como su salvador y ese fue el inicio de una nueva vida.

Redención no es solo salvación. Redención significa libertad porque alguien pagó el precio. El precio no fue oro ni plata, sino la preciosa sangre de Jesucristo. Él sufrió, fue encarcelado y murió para que tú pudieses vivir. Nada, ni nadie tiene el derecho de quitarte esa libertad.

Un día Jesús tuvo que subir la angosta calle que lo llevó a la muerte para que tú salieses de las calles traicioneras de este mundo y encontrases el Camino. Aquel que con seguridad, te llevará a la vida eterna.

Por eso hoy, antes de salir a la calle en busca de tus sueños, recuerda que “Somos justificados por su gracia, por la redención que hay en Cristo Jesús”.

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Hay poder en la cruz

La cruz es un monumento a la misericordia y a la gracia de Jesús. Por su misericordia Dios no nos da la muerte que merecemos, y por su gracia nos da la vida que no merecemos.

Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. (Lucas 23:42)

Conocí a Andrés en una de las ciudades más violentas del mundo. Tenía fama de malo. Había pasado varios años en la prisión pagando sus crímenes. Fue en la cárcel que se encontró con el Señor Jesucristo.

Una noche helada de invierno, Andrés agonizaba. Temblaba de frio, casi congelado, esperando la muerte. Fue en esas condiciones que me oyó a través de la radio de un compañero de celda. Aquella noche, el Espíritu de Dios tocó su corazón. Había oído muchas veces hablar de Jesús pero creía que la religión era cosa de personas débiles. Él siempre se había considerado valiente.

Armado hasta los dientes había llevado dolor a mucha gente. Era malo y cruel. Había escogido el camino del crimen cuando era apenas un adolescente y culpaba a la sociedad por no haberle dado otro camino a escoger. Aquella noche moría poco a poco y la muerte lo asustó. En la casi penumbra de su agonía entendió que Dios lo amaba y quería darle un nuevo corazón. Suplicó. Clamó a Jesús por una segunda oportunidad y adormeció.

A la mañana siguiente vio entrar el sol por la ventana. Se encontraba en la enfermería de la prisión. Los rayos del sol eran insistentes a pesar de la fuerte neblina. “Yo estaba vivo -me dijo, sin poder esconder la emoción- yo no había muerto. Dios me estaba dando una segunda oportunidad.

En el mismo momento de su muerte, hace más de dos mil años, un ladrón también fue tocado por la escena de la agonía de Cristo. El ladrón sabía que debía morir. Él había pecado, había vivido una vida de desobediencia, había rechazado el amor y los consejos divinos, pero el sufrimiento de Jesús tocó su corazón y en el último minuto de su vida, aceptó la muerte de Cristo en su favor.

Desde aquel día y a lo largo de la historia millones de seres humanos han sido transformados por Jesús, pero todos ellos, de una manera u otra, han tenido que aceptar. De nada vale el sacrificio de Cristo, sin aceptación personal.

La cruz es un monumento a la misericordia y a la gracia de Jesús. Por su misericordia Dios no nos da la muerte que merecemos, y por su gracia nos da la vida que no merecemos.

No salgas hoy de tu casa sin recordar que un ladrón “Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Moriréis

¿Hay solución para este drama? Hay sí. Jesús es la vida. La desobediencia trajo la muerte, pero Jesús trajo la vida. Ahora solo resta correr a los brazos de Jesús y encontrar nuevamente la vida.

Pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. (Génesis 3:3)

La orden divina era clara: ¡Moriréis! A pesar de eso Adán y Eva escogieron el camino de la desobediencia. Si pudiésemos resumir en una palabra lo que es el pecado, la palabra sería rebelión. En el cielo, Satanás se rebeló contra Dios, y en el Edén, Adán y Eva, también se rebelaron contra El Creador.

Al leer el relato de la entrada del pecado a este mundo, la idea de rebelión es clara; a pesar de que la palabra, no es usada. Pero, cuando Eva decidió ser la dueña y señora de su propio destino, se estaba rebelando contra Dios. Ella decidió confiar en la palabra del enemigo. Creyó que realmente Dios no quería su crecimiento, que la limitada a la esfera humana, privada de niveles superiores de desarrollo, y entonces se colocó contra el orden de las cosas establecido por Dios.

El pecado de Adán, podría ser considerado peor, si existe un pecado peor que el otro. Adán pecó conscientemente. Eva fue engañada y creyó en las mentiras del enemigo, pero Adán decidió a propósito, morir con Eva y con esta actitud, también se rebeló contra el creador.

Entonces apareció el resultado inmediato de la rebelión. El ser humano empezó a deteriorarse, a descomponerse, a entrar en putrefacción espiritual. La palabra traducida como morir, Shachat, en hebreo, da la idea de un cadáver que entra en lenta pero irreversible des composición. Eso empezó a suceder con Adán y Eva. Comenzaron a deteriorarse física, como espiritualmente.

El primer sentimiento extraño que surgió en el corazón de ellos fue el miedo. Se escondieron de Dios. Ellos abandonaron a Dios, Dios que los creó. Ellos se rebelaron, echaron a un lado los consejos divinos, decidieron escoger su propio camino. Y para vivir la vida de ese modo, nada mejor que irse lejos de Dios.

Pero las consecuencias fueron más allá de la simple separación de Dios. Empezaron a separarse entre sí. Comenzaron a discutir, a acusarse, a sentirse solos, tristes, avergonzados. Todo eso era parte de la deterioración espiritual a la que voluntariamente se habían condenado.

¿Hay solución para este drama? Hay sí. Jesús es la vida. La desobediencia trajo la muerte, pero Jesús trajo la vida. Ahora solo resta correr a los brazos de Jesús y encontrar nuevamente la vida. Pero recuerda: “pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Solo Jesús

La verdadera comunión con Cristo tiene dos aspectos. El primero es el tiempo que se pasa con Cristo orando y estudiando la Biblia. El segundo es tener presente a Jesús a lo largo del día, en todas las actividades que se realiza. Para que esta segunda experiencia sea posible, es necesario participar de la primera.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos. (Efesios 2:4-6)

Las palabras de San Pablo revelan que Jesús es el Señor y autor de nuestra salvación. Es mediante Cristo que recibimos la vida, solo por Él, un día nos sentaremos en tronos celestiales, en fin, todo el proceso y las bendiciones de la salvación tienen como eje principal el amor, la obra y el sacrificio infinito de Jesús.

Los seres humanos tenemos la tendencia a teorizar las cosas pero el cristianismo no es relación con una teoría o con un cuerpo de creencias fundamentales, a pesar de que todo eso, forme parte de la experiencia cristiana.

La columna vertebral del cristianismo es Jesús. En realidad, todo es Jesús. La vida no es un período de tiempo que el corazón late, es Jesús. Él dijo “yo soy la vida.” La verdad no es un cuerpo de doctrinas, es Jesús. Él afirmó “yo soy la verdad.” La justicia no es algo que recibimos de Jesús, es el propio Señor Jesús; Jeremías dijo “en sus día Judá será salvo e Israel estará seguro y este es el nombre por el que será llamado: Señor, justicia nuestra.” La salvación, no es solo un don que recibimos, es el mismo Jesús. Un día Él entro a la casa de Zaqueo y dijo, “hoy ha entrado la salvación a esta casa.”

Jesús es el inicio el medio y el fin de la experiencia cristiana y ser cristiano, es vivir una vida de comunión diaria con Jesús. Sin embargo el peligro que muchos cristianos corren, es el de teorizar también la experiencia cristiana. Creer que compañerismo con Cristo es simplemente, cantar y mencionar a Jesús en todo momento.

Sin duda esto es bueno. Pero no es suficiente. Porque la verdadera comunión con Cristo tiene dos aspectos. El primero es el tiempo que se pasa con Cristo orando y estudiando la Biblia. El segundo es tener presente a Jesús a lo largo del día, en todas las actividades que se realiza. Para que esta segunda experiencia sea posible, es necesario participar de la primera.

Cuando al empezar el día, separas tiempo para meditar y orar, es como si estuviese abasteciendo el vehículo de combustible. Si el tanque está lleno, el vehículo va a andar, sino, te quedarás parado en cualquier lugar de la carretera.

Haz de este día un día de victoria en Cristo porque “Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

El reino de Dios!

¿Estás viviendo una vida mejor desde que conociste a Jesús? ¿O solo cambiaron tus conceptos religiosos, pero no cambió tu vida? ¿Eres feliz y disfrutas de vida abundante, o vives ansioso por cumplir lo que has aprendido, y angustiado porque no lo logras?

Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. (Lucas 17:21)

De acuerdo a la declaración de Jesús, el reino de los cielos ya está entre nosotros. ¿A qué se refería? A su propia persona. Quien tiene a Jesús en su corazón ya tiene el reino de los cielos.

Es verdad que solo iremos al cielo cuando Jesús vuelva, pero también hay otra verdad que no puede ser ignorada: Para los cristianos, el reino de los cielos empieza en esta tierra. Jesús lo dijo. Y tal vez Paulo nos ayude a entender mejor, al decir que los que nacieron en Cristo han pasado de muerte para vida. En el momento que aceptas a Jesús ya empiezas a disfrutar de los beneficios de la vida eterna que recibirás en su plenitud, cuando Jesús vuelva.

¿Por qué en su plenitud? Porque mientras vivas en esta tierra todavía vas a envejecer, vas a perder a tus seres queridos, te vas a enfermar, o vas a ser tocado por la muerte.

Pero por otro lado, al conocer la verdad y los consejos bíblicos, empiezas a vivir con mejor calidad de vida. Dejas de fumar, de beber, de comer desordenadamente. Sigues los consejos divinos para ser un buen esposo, o esposa, o patrón, o empleado y todo eso, te conduce a una vida más saludable, realizada y feliz.

La pregunta que debes responderte es: ¿Estás viviendo una vida mejor desde que conociste a Jesús? ¿O solo cambiaron tus conceptos religiosos, pero no cambió tu vida?

¿Eres feliz y disfrutas de vida abundante, o vives ansioso por cumplir lo que has aprendido, y angustiado porque no lo logras?

Si tu experiencia es esta última, debes rever tu concepto de vida cristiana. Porque con toda seguridad, en el cielo no habrá ansiedad ni angustia y en esta tierra ya debes vivir un preámbulo del cielo.

Hoy tienes delante de ti un nuevo día pero también una nueva oportunidad de vivir la vida cristiana victoriosa y feliz. Haz de Jesús no solo tu Salvador sino tu amigo y compañero a lo largo de la jornada de este día y recuerda: “Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Cielo nuevo

Cosa que ojo no vio ni oreja oyó, ni ha subido en el pensamiento del hombre. Ya no habrá dolor, ni muerte, ni llanto, ni nada de lo que te causa tristeza, porque las primeras cosas habrán pasado.

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. (Apocalipsis 21:1)

Buscando en el internet lo que las personas piensan acerca del cielo, encontré lo siguiente: “Dicen que los benditos que alcancen la gloria y el cielo, pasarán la eternidad contemplado el rostro de Dios en perpetua adoración. ¿Te seduce esa idea? ¿No será un poco aburrido? ¿No preferirías algo más humano, tal como cuidar el huerto y tus lechugas? ¿No te apetecerían más las 70 vírgenes del paraíso islámico? ¿O una reencarnación en lagartija o algo así, que esté vivo?”

Las respuestas a esta pregunta son interesantes. “no me gustaría pasarme la eternidad sobre una nube tocando el arpa y mirando a la cara al viejo iracundo inexistente, prefiero reencarnarme en lagartija.” “Si contemplar el rostro de diosito por toda la eternidad es el premio, prefiero vivir lo que me quede de vida y se acabó.”

Pero entre las muchas respuestas socarronas que encontré había una diferente. Creo que la chica se llama Patricia. “Es lo único que quiero en la vida. Contemplar a Jesús en Sus Ojos eternamente. Mirarlo y admirarlo, adorarlo. Descansar sobre Su Pecho y sentir los Divinos latidos de Su Amoroso Corazón. Escuchar Su Voz todo el tiempo que me llame por el nombre que Él me puso. Decirle todo el tiempo “Te amo” con mis ojos, con mi voz, con mis manos, con mi corazón.”

Lo único que la Biblia dice al respecto es que lo que te espera en el cielo es cosa que ojo no vio ni oreja oyó, ni ha subido en el pensamiento del hombre. Y que allá no habrá dolor, ni muerte, ni llanto, ni nada de lo que te causa tristeza, porque las primeras cosas habrán pasado. ¿Para qué, preocuparme con el hecho de que allá solo comeré hojas de árboles, o qué forma tendrá la casa en la que viviré?

Dios les entregó el trabajo, a Adán y Eva, como una bendición, antes de la caída, quiere decir que el trabajo es parte de una vida gloriosa donde el pecado no existe. Y si el trabajo es la bendición de los redimidos, entonces la vida será un permanente estar ocupado. La diferencia es que el trabajo no tendrá el aspecto cansador, agobiante e injusto de este mundo de pecado.

Haz de este día un día de expectativas. No te dejes influenciar por la manera incrédula de encarar las cosas divinas, porque “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Búscalo!

No desesperes si las cosas parecen balancear. Dios está en el control. El hará que tu embarcación llegue al puerto seguro. El es Dios y nunca falla.

Pero cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos. (2 Crónicas 15:4)

La cerca de la posada en la que me hospedo, me cuenta muchas historias en su monotonía vertical. Me habla en silencio, de mariposas que desaparecieron en el abismo del otro lado de sus límites. Me dice la tragedia de ladroncillos que se quedaron con las carnes clavadas a las púas del alambre protector.

También me muestra rosas silvestres, que trepan sus estacas aquí y allá. En fin, aquella cerca vieja me habla de libertad y de esclavitud. De vida y de muerte.

El pueblo de Israel parece que ignoraba los límites de la cerca. Si no los ignoraba, peor aún. La consecuencia fue terrible. Ellos también, como las mariposas del hotel desaparecieron en el abismo del anonimato. Se hicieron polvo en la arena de la historia. Historia de dolor, dispersión y sufrimiento.

Ellos también sintieron sus carnes heridas por las púas de la desobediencia y se quedaron allí, gritando de dolor y suplicando auxilio.

Y el Salvador apareció. “Cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová Dios de Israel y le buscaron, él fue hallado de ellos.” Dice el versículo de hoy.

¡Qué bueno es el Señor! Siempre está presente en la hora del dolor. Jamás se olvidad del hijo rebelde. Israel pensaba que la cerca protectora de los eternos principios divinos era muro esclavizador. La descartaron de su vida, fueron más allá de sus límites en busca de libertad y realización.

La vida tiene muchas cercas. Vives rodeado de ellas. Respetarlas es vivir. El resplandor del otro lado es espejismo, brillo seductor, aurora boreal engañadora. Conozco historias tristes de gente que saltó la cerca en busca de nuevas sensaciones. Como Israel hoy, claman de dolor, atrapados en las garras de su búsqueda insensata.

Hoy, puede ser un día especial para rever la cerca. No la mires como las reglas de un Dios arbitrario. Contémplalas como el marco protector de tu vida y parte para la lucha de esta nueva jornada, recordando que: “Cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos.”

No desesperes si las cosas parecen balancear. Dios está en el control. El hará que tu embarcación llegue al puerto seguro. El es Dios y nunca falla.

Por eso, antes de iniciar hoy, un día lleno de desafíos para restaurar lo que parece deshecho, recuerda que “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano”.

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Tiene autoridad

Tú y yo, tenemos hoy la responsabilidad de aprender más de Jesús si deseamos ser discípulos o líderes. Autoridad, por simple autoridad, todo el mundo desea. Pero el privilegio más grande del ser humano es poseer la autoridad de Jesús, delante de la cual, hasta las fuerzas del mal temblaban.

Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. (Mateo 7:29)

¿Sabías que muchas personas fracasan como esposos y padres porque no saben liderar? Y liderar, no tiene que ver solo con técnicas, con estrategias, o con títulos. Conozco personas muy preparadas en estudios de liderazgo pero, infelizmente, son pésimos líderes. Todo el mundo sabe eso, menos ellas. La propia persona cree que es un gran líder porque todos hacen lo que ella quiere, pero no percibe que la gente la sigue por miedo.

El líder tiene poder. El poder del cargo. Pero el poder del cargo no es el poder del amor que solo poseen los que temen al Señor. Jesús es el mejor ejemplo de eso. La biblia dice que cuando Él hablaba lo hacía con autoridad y no como los escribas. ¿De dónde le venía la autoridad? ¿Qué tipo de autoridad era esa? Era la autoridad de la humildad, del amor, de la capacidad de entender. Un poder que conquistaba el corazón de las personas, y ellas dejaban todo para seguirlo hasta el fin.

Si yo como cristiano, busco todos los días a Jesús y aprendo de Él, con toda seguridad me tornaré un Hombre de Dios, humilde, y no necesitaré de un cargo para conquistar el corazón de las personas, llámense esas personas, esposa, hijos, o miembros de iglesia.

Me emociona pensar en el liderazgo de Jesús. ¿Qué había en Él que era capaz de hacer que los hombres que Él llamó dejasen sus carreras profesionales para volverse seguidores de un carpintero criticado y condenado por los hombres de influencia de sus tiempos?

Tú y yo, tenemos hoy la responsabilidad de aprender más de Jesús si deseamos ser discípulos o líderes. Autoridad, por simple autoridad, todo el mundo desea. Pero el privilegio más grande del ser humano es poseer la autoridad de Jesús, delante de la cual, hasta las fuerzas del mal temblaban.

Jesús es la fuente de esa autoridad. Él no vino al mundo solo para enseñarnos a ejercer autoridad sino para ensenarnos como se logra esa autoridad. Y lo hizo subiendo al monte a buscar a su Padre en oración. Eso no lo aprenderás en las más grandes escuelas de liderazgo ni de calidad total; eso, solo lo alcanzas de rodillas pasando mucho tiempo en oración.

Que este día sea en tu vida un día de victoria y autoridad, pero recuerda que Jesús: “les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Toma tu cruz, y sígueme

Recuerda que la vida cristiana involucra crecimiento y que el crecimiento es un proceso que demanda tiempo. Ten paciencia contigo, pero no te quedes parado en el mismo lugar. Lo que lograste hasta hoy está bien para hoy, pero ya no estará bien mañana. Mañana será otro día y debes haber crecido.

Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. (Marcos 8:34)

¿Qué significa tomar la cruz? ¿A qué cruz se refiere el Maestro? En el caso del joven rico por ejemplo, mucha gente piensa que la cruz es la pobreza. El joven “tendría” que renunciar al dinero y ser pobre para seguir a Jesús. Es una buena deducción, pero no es correcta. Tener dinero nunca fue problema para seguir a Jesús.

Hoy, Jesús no le pide a nadie que renuncie a su dinero, o a su profesión, o a su familia para seguirlo. La expresión “Tome su cruz” está explicada por la frase que viene entes y que dice: “Niéguese a sí mismo.” Negarse a sí mismo no es fácil. Tomar la cruz, de alguna forma, puede serlo. Negarse a sí mismo es despojarse del deseo de hacer las cosas como a uno le parece, es volverse un hombre de Dios, aprender a depender de Él, a ser humilde, manso, a guiar a las personas por el poder del amor y no por el poder de la fuerza.

Para que eso sea una realidad es necesario levantarse temprano y deponer el alma a los pies de Cristo. No se trata solo de un discurso bonito. No es asunto solo de palabras, sino de vida.

Tú puedes decir muchas cosas bonitas pero si la dependencia de Dios en tu vida es solo teórica, se notará en el momento que la crisis aparezca. Porque entonces, “en el nombre de Dios” querrás hacer las cosas cómo tú quieres. Y de tanto usar la expresión “en el nombre de Dios”, pasarás a creer que realmente estás haciéndolo en el nombre de Dios, cuando lo estás haciendo, en realidad, en tu propio nombre.

El versículo de hoy empieza relatando que Jesús llamó a las personas y a sus discípulos. Quiere decir que este consejo se aplica a todos los seres humanos, sirve para todas las circunstancias, a pesar de las culturas, los países, las razas, o el tipo de actividad que se realiza.

Haz de este día un día de servicio en tu vida. Pregúntate en que puedes mejorar, en qué necesitas crecer, qué tienes que pulir y dónde necesitas que Dios trabaje en ti. Recuerda que la vida cristiana involucra crecimiento y que el crecimiento es un proceso que demanda tiempo. Ten paciencia contigo, pero no te quedes parado en el mismo lugar. Lo que lograste hasta hoy está bien para hoy, pero ya no estará bien mañana. Mañana será otro día y debes haber crecido.

No salgas para tus actividades hoy sin recordar que “Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Gloriosa presencia de Jesucristo

Pero el tiempo presente es solo un segundo, comparado con la eternidad, donde disfrutaremos de las bendiciones del Señor Jesús, que no tendrán fin.

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. (Romanos 8:18)

¡No es fácil seguir a Jesús! No es fácil para la naturaleza humana, renunciar a los apetitos del propio corazón. Hasta cuando creemos que estamos siendo sinceros, podemos estar siendo mal intencionados y no lo percibimos.

¿Te acuerdas de los dos discípulos que sugirieron a su madre que le pidiese a Jesús un lugar importante para ellos, en el futuro reino? ¿Crees que eran mal intencionados? Yo creo que no. Ellos, simplemente, no habían entendido lo que era el reino de Dios. Por eso Jesús tuvo que explicarles, en detalle, muchas veces.

Les dijo que el hijo del hombre no tenía donde reclinar la cabeza mientras las zorras tenían cuevas y los pajaritos nidos. Les dijo que era necesario dejar al padre y a la madre para seguirle. Inclusive le dijo a una persona, que ni siquiera se diese el trabajo de ir a enterrar a su padre, si quería seguirlo.

Todo esto, para que ellos no se confundiesen y lo siguiesen por motivos equivocados. La vida de un seguidor de Jesús tiene que estar llena de sufrimientos, pero el discípulo necesita entender que a pesar de vivir una experiencia de comunión diaria con Jesús, puede haber dificultades a lo largo del camino.

Sin embargo, Jesús no solo les mostró el aspecto difícil del discipulado. No les habló únicamente de renuncia y entrega, sino que les afirmó que, a pesar de eso, había también promesas maravillosas para ellos.

Es verdad que mientras vivamos en este mundo, habrá aflicciones para el pueblo de Dios. ¿Por qué no las habría si vivimos en un mundo de dolor y en medio de seres humanos que muchas veces, desprecian todo lo que tiene que ver con Jesús?

Pero el tiempo presente es solo un segundo, comparado con la eternidad, donde disfrutaremos de las bendiciones del Señor Jesús, que no tendrán fin. Eso es lo que afirma San Pablo en el versículo de hoy. Él no niega la realidad dolorosa del presente, él afirma que en esta vida vamos a encontrar aflicciones. Tal vez en este mismo instante tú estás viviendo unos de esos momentos terribles, pero el Apóstol dice que todo ese sufrimiento es nada, comparado con la gloria de la presencia de Jesucristo en la eternidad.

Con estos pensamientos en mente sal, recordando que “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Decídir, jamas fue facil!

La decisión de Rut, la joven moabita quedará registrada en la historia, como una de las decisiones más extraordinarias. Miró a su pasado sin miedo. Contempló el nacer de un nuevo día. No renunció a sus convicciones. Les dio otra dirección.

Respondió Rut: no me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dónde quiera que tú fueres iré yo, y donde quiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios. (Rut 1:16)

Edson sufría. Su dolor era el dolor del espíritu. Su lucha, interior. Aquella que cuando te hiere, no sangra por fuera. Aquella que nadie ve, y sin embargo te incomoda de día y de noche.

Todo había empezado al encontrarse con verdades ignoradas. Estaban allí, en la Biblia, un libro tan antiguo y tan nuevo al mismo tiempo. La actualidad, practicidad y relevancia de esas verdades lo asustaban y lo sorprendían. Le fascinaban y le causaban temor.

¿La Biblia, puede asustar? ¡Claro que sí! Remueve los fundamentos de todo lo creído. Sacude tus convicciones. Estremece tu realidad.

Delante de la Biblia solo tienes tres caminos: la aceptas, la niegas o la relativizas. Es decir, la acomodas a tu gusto, creas tu propia verdad, la particularizas, apenas para aplacar el grito de la consciencia.

Negarla sería tolo. ¿Cómo negar el día, si el sol brilla esplendoroso en medio del cielo azul? Mas fácil sería racionalizar en torno de esa realidad. Decir, por ejemplo, que es de día aquí, pero la noche envuelve a los que están al otro lado del planeta.

¡Olvídate de los que viven al otro lado de la tierra! Estamos hablando de tú realidad. ¿Por qué no la aceptas? Edson sufría. Sentía el dolor de Rut, cuando le dijo a la suegra: “Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios”. Era el dolor de la decisión. Decidir, jamás fue fácil. Confortable es quedarse encima del muro esperando ver de qué lado sopla el viento. Confortable, en palabras. Porque el espíritu sufre, se desintegra, se divide, se inhabilita para la felicidad.

Hay momentos en la vida en que es necesario dar el paso definitivo. Avanzar o retroceder. Decidir.

La decisión de Rut, la joven moabita quedará registrada en la historia, como una de las decisiones más extraordinarias. Miró a su pasado sin miedo. Contempló el nacer de un nuevo día. No renunció a sus convicciones. Les dio otra dirección.

La verdad no borra tu pasado. Le da sentido. Lo restablece. Te ubica en la única realidad que vale: la que viene de Dios. Por eso, Rut, le dijo a Noemí: “No me ruegues que de deje y me aparte de ti, porque a dónde quiera que fueres, iré yo y donde quiera que vivieres, viviré; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Y no quisisteis

Si te sientes solo, distante, triste y aislado, revisa tu relación con Cristo. Si intentas unir a un grupo y por más que te esfuerzas, nada logras, analiza la relación del grupo con Cristo. Solo Él puede unir los corazones. La parte humana es aceptar.

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! (Mateo 23:37)

Dios es un Dios de comunidad. La propia esencia de su ser lo muestra. Padre, Hijo y Espíritu Santo en una unidad indivisible, de un único Dios eterno.

Ese Dios creó al ser humano por amor. Primero a Adán. Y al verlo solo dijo “No es bueno que el hombre esté solo.” Realmente no es bueno. Desde ningún punto de vista. El ser humano no fue creado para vivir aislado de las otras personas. Por eso Dios les dijo: “Fructificad y multiplicaos y llenad la tierra.” Dios quería tener en esta tierra, un pueblo, peculiar y especial que viva unido. El factor de unidad sería el Propio Dios. Infelizmente el ser humano se apartó de Dios y el resultado fue la fragmentación. Empezaron las acusaciones, agresiones y la división.

La historia bíblica muestra que cada vez que los seres humanos volvían los ojos a Dios, se unían y cuando se apartaban de Él, se dividían. Sucedió con Caín. Se alejó, fue a un lugar distante, se apartó. El pecado lo llevó a aislarse.

Pasaron años. Vino el diluvio. Una familia se unió. El factor de unidad era Dios. Podrían haber sido muchos más, los que se juntasen, pero no buscaron a Dios. La comunidad de Dios nunca está cerrada. No es exclusivista, no hace diferencia entre los seres humanos. Basta creer.

Después del diluvio, los seres humanos trataron de formar una comunidad. En lugar de tener como factor de unidad a Dios, escogieron colocarse contra Dios. ¿Cuál fue el resultado? Confusión, desorden y fracaso. Así terminó la historia de Babel.

Por más bien intencionados que sean los planos de unidad del ser humano, si no tienen a Cristo como el centro, están condenados al fracaso. El ser humano natural es egoísta. Quiere todo para sí. Y aún cuando sus planes parezcan bellos por fuera, traen por dentro, la mancha miserable del egoísmo, que arruina todo.

Si te sientes solo, distante, triste y aislado, revisa tu relación con Cristo. Si intentas unir a un grupo y por más que te esfuerzas, nada logras, analiza la relación del grupo con Cristo. Solo Él puede unir los corazones. La parte humana es aceptar. Recuerda lo que dijo Jesús: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Fruto maravilloso!

Hoy puede ser la diferencia. La paz, el gozo, el amor, la benignidad y la bondad, pueden aparecer en tu vida, como el capullo que desabrocha anunciando que el fruto vendrá. Todas esas virtudes son apenas fruto. El fruto maravilloso del espíritu, si le confías la vida a Jesús. ¡No salgas a cumplir tus compromisos de este día, sin Él!

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia,benignidad, bondad, fe. (Gálatas 5:22)

Me miraba con insistencia, como se mira a alguien a quien se conoce ha mucho tiempo; pero también con timidez, como si temiese estar equivocada. Me sonreía con discreción, como se sonríe a alguien a quien se respeta. Yo nunca la había visto, pero sus ojos me decían que ella sabía quién era yo.

Debía tener más de sesenta años. Ojos grandes y negros, rostro blanco, adornado de joyas discretas, en fin, una mujer elegante. El traje azul marino que vestía, la dejaba más elegante aún. La saludé con una venia. Eso la animó, cobró valor, se levantó y vino hacia mí.

No estaba equivocada, sabía que era usted me dijo, con una sonrisa abierta.

Después, más confiada, me contó que veía mi programa en la televisión y mientras esperábamos el avión, me habló de sus luchas y de sus conflictos espirituales.

El esfuerzo no es siempre la clave del éxito. Conozco gente esforzada e infeliz –me dijo- tal vez yo sea una de ellas.

¿Por qué? le pregunté-

Tengo un carácter difícil, se quejó, he luchado toda mi vida para cultivar las virtudes cristianas y jamás lo logré. Eso me deja triste, me siento mala.

El texto de hoy afirma que las virtudes no son conquistas del esfuerzo humano, sino fruto del Espíritu. ¡Fruto! ¿Entiendes? El fruto no se fabrica, se cosecha. Es el resultado natural del desarrollo de un árbol. Requiere tiempo. No hay desarrollo sin tiempo. El árbol necesita estar plantado e sorber de la tierra, la fuerza de la vida. El fruto, es la fuerza del Espíritu.

¡Vivir en el Espíritu! ¿Qué significa eso? Estar conectado a la fuente de las virtudes que es Jesús. Sin Él la vida se transforma en una sucesión de esfuerzos frustrados. Sin Él, la religión es un fardo pesado que nadie puede cargar. Es Correr y no llegar, comenzar y no terminar.

Hoy puede ser la diferencia. La paz, el gozo, el amor, la benignidad y la bondad, pueden aparecer en tu vida, como el capullo que desabrocha anunciando que el fruto vendrá. Todas esas virtudes son apenas fruto. El fruto maravilloso del espíritu, si le confías la vida a Jesús. ¡No salgas a cumplir tus compromisos de este día, sin Él!

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Justicia propia ...

Tú no eres justo porque practicas obras justas, tú realizas obras justas porque eres justo. Lo primero que debes hacer en la vida Cristiana es ir a Jesús y no tratar de fabricar tu propia justicia.

Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios. (Romanos 10:3)

Uno de los peligros que los cristianos corremos es pensar que Dios está preocupado solo con el hecho de que nos portemos bien y practiquemos obras justas. Claro que a Dios le gusta ver obras de justicia en la vida de sus hijos, pero como un resultado y no como la causa. Tú no eres justo porque practicas obras justas, tú realizas obras justas porque eres justo. Lo primero que debes hacer en la vida Cristiana es ir a Jesús y no tratar de fabricar tu propia justicia.

La justicia humana es trapo de inmundicia para Dios. ¿Por qué? Porque es solo apariencia. Ese era el problema de los fariseos en el tiempo de Cristo, se esforzaban para ser buenos, pero solo por fuera. En el fondo no pasaban de gente pecadora. Y Jesús los llamó de sepulcros blanqueados. Blanco por fuera pero hueso y carne putrefacta, por dentro.

Para ser un buen cristiano, no basta hacer cosas buenas o justas, es necesario ser justo. Y se es justo, solo cuando se vive una vida de comunión diaria con la persona justicia que es Jesús.

La línea divisoria es tenue, casi imperceptible. Y existen dos extremos terribles. El primero es el de pensar que relacionándote con Cristo, tu salvación está garantizada y no tienes que preocuparte por las buenas obras. El otro extremo es el de pensar que sin obras, no hay como probar que eres un cristiano, y olvidándote de Jesús correr la carrera sin sentido en busca de buenas obras.

Al fin de cuentas, ¿Cómo saber que realmente confías en Jesús y que tus buenas obras son fruto de tu relacionamiento con Él? Es fácil. Existe un termómetro que solo Dios y tú conocen. Nadie más lo puede ver. Ese termómetro es la cantidad de tiempo que pasas diariamente con Jesús, en oración, estudio de la Biblia y meditación.

Cada vez, que te arrodillas antes de salir para el trabajo, le estás diciendo a Jesús, sin palabras, sino con tu actitud, lo siguiente: “¿Sabes por qué estoy aquí, arrodillado? Porque sin ti no puedo hacer nada.” Y cada vez que partes sin pasar tiempo con Dios, le estás diciendo lo contrario.

Haz de este día un día de comunión. “Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Seguid la paz con todos

Debes permitir que el fruto del amor y de la paz, te estimule a continuar avanzando. La conquista de hoy, solo vale para hoy. Mañana es un nuevo desafío y una nueva jornada.

Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. (Hebreos 12:14)

¿Es posible cumplir esta orden? ¿Cómo es posible si vivimos rodeados de personas con características completamente diferentes de las nuestras? Cada ser humano es un universo misterioso de complejos, traumas, virtudes y defectos. ¿Cómo se puede vivir en armonía en medio de personas así? Transfiramos todo eso al hogar, dónde no existen máscaras;dónde somos lo que somos; dónde nos mostramos como realmente somos.

No, no es fácil, desde el punto de vista humano, vivir sin discutir. A veces por causa de puntos de vista diferentes, y otras, por insignificancias. Entonces, ¿Cómo cumplir la orden del Señor?

Nota que el versículo dice “seguid la paz.” “Seguir” es una palabra que denota acción. Quiere decir, moverse rápidamente atrás de algo. La vida con Cristo es dinámica. No es un lago estancado. Es un río que fluye.

La palabra clave es “seguir”. Jamás puedes estar satisfecho con lo que lograste. Siempre hay una nueva montaña a ser escalada, una nueva jornada a ser iniciada, un desafío a ser vencido. Pero en ese largo camino no estás solo. El Señor Jesucristo te acompaña y si le permites, te toma de la mano y te conduce a pastos verdes y aguas tranquilas.

Seguir a la paz significa que te mueves en la misma dirección que Jesús. Que no te quedas parado aunque tus pies sangren y te abandonen las fuerzas.

El resultado de esa experiencia es que el carácter de Jesús se refleja en tu vida y aprendes a ser manso, en medio de la tormenta, aprendes a pagar el mal con el bien y a soportar pacientemente la convivencia con personas que no siempre tienen razón pero nada las convence de su realidad.

Aplica todo esto a tu hogar. Tú, tu esposa y tus hijos, necesitan moverse en la misma dirección y en ese proceso de crecimiento cristiano, deben permitir que el fruto del amor y de la paz, los estimule a continuar avanzando. La conquista de hoy, solo vale para hoy. Mañana es un nuevo desafío y una nueva jornada en dirección de la santidad.

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