DEVOCIONALES

Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Nada podrá separarnos

Que Dios te siga amando a pesar de lo que eres y de lo que haces, no depende de ti. Depende exclusivamente de Él. Su naturaleza es el amor. El día que Dios dejase de amarte dejaría de ser Dios. Dios es amor.

Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:38-39)

Una idea fija dominaba la mente de Patricio mientras viajaba en el tren. Su destino final era la muerte. La suya, la de la esposa y de los dos pequeños hijos.

Casaca de cuero, manos en los bolsillos, lentes oscuros. El joven roquero de apenas 24 años había decidido colocar un punto final a su existencia de fracaso y derrota. Aquella tarde, mientras viajaba apretujado entre los otros pasajeros, nadie podría imaginar que entre ellos viajaba un suicida asesino.

Al día siguiente, la noticia chocó a la opinión pública. A final de cuentas él podría hacer lo que quisiese con su vida pero no tenía el derecho de segar la vida de su familia.

¿Qué es lo que llevó a un joven en la plenitud de su existencia a tomar decisión tan radical? El papel escrito daba la respuesta: “No vale la pena seguir viviendo, destruí mi vida y la vida de mi familia. Cometí tantas locuras que nadie, ni siquiera Dios puede seguir amándome.”

Una de las peores cosas que el pecado hace en el ser humano es llevarlo a sentirse indigno, y sin derecho. Pero el versículo de hoy declara que Tú puedes apartarte de Dios sin embargo, nada puede separarte del amor de Dios.

Que Dios te siga amando a pesar de lo que eres y de lo que haces, no depende de ti. Depende exclusivamente de Él. Su naturaleza es el amor. El día que Dios dejase de amarte dejaría de ser Dios. Dios es amor.

Naturalmente ese amor maravilloso no tiene ningún valor para el que no lo acepta. Dios no puede entregar su amor por la fuerza. El ser humano necesita reconocer su insignificancia, su carencia, su urgente necesidad y correr a los brazos de Dios. En ese momento, el Señor toma de las manos del hombre, las páginas manchadas de su pasado y le entrega una página en blanco para que escriba una nueva historia.

Nada está perdido para los que confían en Jesús. En estos momentos, Él está ahí, esperándote con los brazos abiertos. Por eso no salgas hoy para enfrentar las luchas de la vida sin decirte a ti mismo: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada me podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Guardes del mal

La iglesia no es una comunidad de gente perfecta, sino de personas que están caminando en la vida cristiana y son conscientes de que les falta mucho terreno por andar. En ese andar deben aprender a perdonarse, a aceptarse y a comprenderse los unos a los otros.

No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal (Juan 17:15)

Para que la vida sea completa no basta que tenga un aspecto físico y espiritual, necesita también una dimensión social. El ser humano no fue creado para vivir solo. En jardín Dios le creó una compañera. “No es bueno que el hombre esté solo.” dijo Dios. Y la vida probó que realmente no es bueno. Las personas que se aíslan y viven solas, viven menos y con menos motivación.

La dimensión social del cristiano abarca su vida familiar, su relación con los amigos, con la comunidad en la que vive, con la comunidad en la que trabaja y con la comunidad en la que alaba a Dios. A esta última le llamamos iglesia.

Para que el ser humano sea plenamente feliz, sus relaciones humanas necesitan ser saludables, gratificantes y constructivas. Pero desde la entrada del pecado el relacionamiento humano se deterioró. Recuerda que el primer problema de relacionamiento entre Adán y Eva, surgió después del pecado. Empezaron a atacarse, a acusarse y a defenderse. Algún tiempo después, Caín mató a su hermano Abel y ahí empezó el desfile de desencuentros y luchas.

¿Qué hacer para volver a tener relaciones sociales saludables? Lo primero que el ser humano necesita, para vivir en paz con los otros, es tener paz en el corazón. Y esa paz es resultado de reconciliarse con Jesús. ¿Cómo sucede eso? Simple. Reconoce que estás lejos de Dios y dile que quieres regresar a sus brazos. En ese momento, Dios envía a todos sus ejércitos celestiales, para traerte de vuelta.

Pero ahí no termina todo. Necesitas también de la iglesia. ¿Para qué? Para crecer. Conviviendo con los otros cristianos puedes crecer y permanecer hasta el fin. Es en la iglesia donde conviven los reconciliados con Cristo. La iglesia no es una comunidad de gente perfecta, sino de personas que están caminando en la vida cristiana y son conscientes de que les falta mucho terreno por andar. En ese andar deben aprender a perdonarse, a aceptarse y a comprenderse los unos a los otros. Deben desarrollar la paciencia y la capacidad de no juzgarse entre sí. Eso, solo es posible cuando estamos reconciliados con Cristo y tenemos paz.

Pero al venir a la iglesia, los cristianos corren un peligro. Apartarse de las personas que no comulgan con su fe. Aislarse, no relacionarse con los “mundanos”.

El plan divino no es que los cristianos vivan aislados, en su comunidad, sino que salgan y traigan a otras personas para Cristo. Esta es una misión y para tener vida plena es necesaria una misión. Pero esa misión, solo es posible de ser cumplida, si cultivamos amistad sincera con las personas que no son de nuestra fe.

Haz de este día un día de amistad con las personas, muéstrales a Jesús en tu vida porque el Señor dijo: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Vida en abundancia.

Muchos se pierden en los campos abiertos y sin límites del humanismo. Pregonan la libertad pero caen en las garras del libertinaje. El versículo de hoy dice que “el ladrón viene a robar” ¿Quién es el ladrón? Sin duda es el enemigo de las almas. ¿Y por qué Jesús lo presenta en como el ladrón?

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10)

¿A qué se refería Jesús cuando habló de vida abundante? ¡Vida abundante! ¿Entiendes? Algunos cristianos sinceros, queriendo hacer lo mejor, viven vidas angustiadas. La única preocupación que los domina es la de no pecar.

¿Cómo sería si un hijo, viviese solo pensando que, si hace algo incorrecto, el padre lo va a castigar? Ningún padre quisiera tener ese tipo de relacionamiento con su hijo. Sucede lo mismo con Dios. El desea que vivas con Él una experiencia maravillosa de amor y no con miedo de ser destruido si te portas mal.

El buen comportamiento y la buena conducta son resultados de vivir una experiencia diaria de comunión y amistad con Jesús. Andando, comiendo, estudiando, trabajando, enamorando, en fin, pero siempre con la consciencia de que Jesús está contigo por donde quiera que vayas.

Ese tipo de vida es una vida con propósito, una vida llena de expectativas y posibilidades futuras, alimentada por relaciones sociales saludables, disfrutando de buena salud, en fin, la vida que tú, recibes como un regalo divino.

Pero desear la vida abundante encierra un peligro. Muchos se pierden en los campos abiertos y sin límites del humanismo. Pregonan la libertad pero caen en las garras del libertinaje. El versículo de hoy dice que “el ladrón viene a robar” ¿Quién es el ladrón? Sin duda es el enemigo de las almas. ¿Y por qué Jesús lo presenta en como el ladrón?

Porque viene a robar. No viene a asaltar. El asalto demanda fuerza, el enemigo viene a robar. Su principal arma es el engaño. Te hace creer que el camino que sigues te lleva a la vida cuando en realidad te conduce a la muerte. Te dice que para vivir la vida abundante no necesitas de reglas y te lleva al desierto incandescente de tus deseos. Allí no hay límites, Tus ojos se pierden en el horizonte sin fin, pero tampoco hay vida. El desierto es tierra de chacales, de escorpiones y de muerte.

Hoy puede ser un día de verdadera libertad. Levanta los ojos hacia la cruz. Deja de mirar solo a la tierra. No te dejes arrastrar por la manera de pensar de una generación que solo vive para agradar a los sentidos. Haz de Jesús tu compañero de cada hora porque Él dijo: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Pensad, pensad!

“Piensa en lo que vale la pena pensar. Coloca mensajes positivos en tu mente. Hazlo todos los días, cada instante. La repetición constante de mensajes puros te llevará inevitablemente a la práctica de acciones puras.”

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. (Filipenses 4:8)

James lucha para libertarse de la pornografía. Comenzó a trillar los senderos sombríos del vicio cuando era apenas un muchacho de 12 años. Al principio, por curiosidad, siguiendo la corriente de los colegas. En la escuela, intercambiaban figuras y revistas. Nadie veía mal en eso.

El tiempo fue pasando y hoy, a los 25 años, James reconoce que necesita ayuda. Gasta la tercera parte del día en el computador, visitando sitios pornográficos.

Eres lo que piensas. Y piensas lo que ves, lo que oyes y lo que lees. Esa es una ley de la mente: “La repetición constante de un mismo mensaje lleva inevitablemente a la acción.” Nadie lo puede evitar. Es así.

Los que trabajan con propaganda ganan fortunas siguiendo la ley de la mente. Repiten su mensaje una y otra vez, hasta que acabas consumiendo sus productos.

El enemigo de Dios también lo sabe. Por eso repite su mensaje una y otra vez: “Tú no necesitas de Dios. Puedes ser tu propio Dios. La energía está dentro de ti. No tienes por qué buscarla en Dios.” Una de las maneras más efectivas de hacer que saques los ojos de Dios es distraer tu atención con la pornografía.

Los norteamericanos gastan 13 mil millones de dólares anuales en pornografía. Este endiosamiento del sexo lleva la mente por los caminos extraños de la perversión. La imaginación sale de la realidad. Los que están por tras de esa industria millonaria, crean un mundo de ficción que los consumidores toman como realidad.

Al volver del mundo de la fantasía para la realidad de la vida hogareña, el sexo, cuya esencia es el amor, ya no lo satisface. Se torna infeliz, siempre en busca de algo que no existe.

En medio de ese torbellino de impureza, el consejo de Pablo es: “Piensa en lo que vale la pena pensar. Coloca mensajes positivos en tu mente. Hazlo todos los días, cada instante. La repetición constante de mensajes puros te llevará inevitablemente a la práctica de acciones puras.”

Por eso hoy, antes de salir para enfrentar el vendaval de impureza que domina nuestra cultura, recuerda que: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

El pecado es transgresión

Quiebras los mandamientos, los consideras obsoletos, pasados de moda, quieres librarte de ellos y ser feliz, pero acabas desesperado, loco y triste. Yerras el blanco. Anhelas una cosa y terminas en un lugar completamente contrario.

Todo aquel que comete pecado, transgrede primero la ley. Porque el pecado es transgresión de la ley. (1 Juan 3:4)

¿En qué consiste el pecado? ¿Cuál sería la mejor manera de definirlo? En el libro de Génesis no se define el pecado, solo que se describe la actitud pecaminosa del ser humano. De esa actitud, podemos deducir lo que es el pecado.

¿Qué sucedió en el Edén? Adán y Eva se vieron tentados a comer del fruto que Dios les había dicho que no podían comer. En realidad, no había nada de misterioso en aquel fruto. El problema no estaba en el fruto en sí, sino en la desconfianza de los seres humanos, que los llevó a la desobediencia. Dios había dicho una cosa y ellos hicieron otra cosa diferente. Podemos llamar a esta actitud de rebeldía, desobediencia o insubordinación a la autoridad divina.

Tal vez por eso, Juan define al pecado como transgresión.

Pero aquí hay otro aspecto del pecado. Esto tiene que ver con la primera parte del texto. El dice “Todo aquel que comete pecado, transgrede también la ley.” Ora, si Juan dice “Transgrede también,” es porque el pecado, antes de ser transgresión de la ley es otra cosa. ¿No cierto? Porque si yo digo, “también estoy con hambre,” quiero decir que, antes, estoy con otra cosa. Entonces, ¿Qué es el pecado antes de ser transgresión de la ley?

Volvamos al Edén. Antes de desobedecer y comer del fruto, Adán y Eva se alejaron de Dios y se acercaron voluntariamente del árbol que Dios les había dicho que no tocasen. Cuando la serpiente le presentó el fruto a Eva, ella, antes de comerlo, dudó de la palabra de Dios. El creador le había dicho que si comiese moriría y la serpiente le dijo que se volvería como Dios. Eva prefirió creer en la palabra de la serpiente. Quiso ser feliz a su manera. No comió del árbol queriendo morir, sino queriendo ser como Dios, pero acabó trayendo la muerte para ella y para la humanidad.

El pecado es eso. Tu quiebras los mandamientos, los consideras obsoletos, pasados de moda, quieres librarte de ellos y ser feliz, pero acabas desesperado, loco y triste. Yerras el blanco. Anhelas una cosa y terminas en un lugar completamente contrario.

Haz de este día un día de sumisión a Dios. Deja que Él guíe tus pasos. “Todo aquel que comete pecado, transgrede primero la ley. Porque el pecado es transgresión de la ley.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Esclavitud

El ser humano y hasta la naturaleza están malogrados por el pecado, la solución para este problema no puede venir de la esfera humana, sino de afuera, de una dimensión que no sea corrupta, de un ambiente que no haya sido tocado por el pecado. Y esto solo podría suceder mediante Cristo.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza. (Romanos 8:20)

¿Cómo rescatar al ser humano? ¿Es fácil traerlo de vuelta? No, no lo es. Por una simple razón. En el momento que Adán y Eva fueron derrotados por el enemigo, se volvieron esclavos de él. Eso es lo que dice Pablo y lo confirma Pedro. La persona derrotada se vuelve esclava del que la venció.

Estos días estoy leyendo un libro de la escritora cubana Teresa Cárdenas, titulado Perro Viejo. Es la historia de un esclavo cubano de los tiempos en que ser esclavo era ser una cosa, un objeto, sin voluntad. Las mujeres esclavas eran consideradas reproductoras de pequeños esclavos que eran vendidos como mercadería por los señores. Bueno, eso es lo que somos cuando nos volvemos esclavos del enemigo. Simples cosas. Él hace y deshace de tu vida. Gobierna absoluto en tu experiencia. Te roba la alegría, destruye tu familia, acaba con tus sueños, en fin, no te deja ser feliz. Se considera tu dueño.

Pero esta esclavitud no se limita a los seres humanos. Pablo, en el versículo de hoy dice que después del pecado la creación toda fue sujetada a vanidad. Es elocuente la palabra sujetada. En el original griego es Hupotaso, que significa, estar subordinado, sometido. Y la palabra vanidad, en griego, Mataiatos, es depravación, perversión.

Analiza lo que Pablo afirma. El habla de la naturaleza, de la creación. Quiere decir que la naturaleza también está sometida al enemigo. Está subordinada a la perversión.

¿Ahora entiendes por qué la naturaleza se vuelve tan salvaje? Ella obedece a las fuerzas del enemigo, porque con la entrada del pecado, la naturaleza también quedó esclavizada, sujeta, sometida a las fuerzas del mal.

Esto significa que si el ser humano y hasta la naturaleza están malogrados por el pecado, la solución para este problema no puede venir de la esfera humana, sino de afuera, de una dimensión que no sea corrupta, de un ambiente que no haya sido tocado por el pecado. Y esto solo podría suceder mediante Cristo.

Coloca tu esperanza en Jesús. Solamente en Él. No te contagies del humanismo que domina la cultura de nuestros días. Recuerda que “la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Le es pecado de omisión

La vida cristiana es una vida llena de acción. Acciones buenas a favor de Dios y de los semejantes. Observa a tu alrededor. ¿Qué cosa es necesaria ser hecha? No te quedes de brazos cruzados. No te omitas. Porque “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.”

Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.(Santiago 4:17)

¿Oíste alguna vez hablar del “pecado de pensamiento” y del “pecado de omisión.”? Ambos pecados son aspectos de una misma realidad, que es el pecado.

El pecado comenzó cuando Adán y Eva se alejaron de Dios, y lejos de Dios, el ser humano es capaz de hacer las peores atrocidades. Ni tú ni yo podemos imaginar lo que seríamos capaces de hacer si Dios no estuviese en el control de la vida.

El pecado empieza en la mente. Es la idea absurda de creer que puedes vivir sin Dios. Es alejamiento, rebeldía. La Busca de los propios caminos e intereses, sin tener en cuenta a Dios.

Por eso en los tiempos de Israel, cuando un leproso era curado, tenía que mostrarse al sacerdote y lo primero que este hacía era examinarle la cabeza. La lepra era símbolo del pecado y el examinarle la cabeza también era simbólico. Es en la cabeza que el pecado empieza, es con las ideas. Son los pensamientos.

Los seres humanos vivimos muy preocupados en evitar los actos pecaminosos, pero nuestra cabeza es un nido de pecado. Un día escuché a un predicador decir: Hay gente que nunca entraría a un motel con una mujer que no es su esposa, pero, para ser un pecador, no lo necesita hacer, porque su cabeza ya es un motel.

El otro aspecto del pecado es la omisión. No basta hacer cosas malas. No hacer cosas buenas también es pecado. Un ejemplo de eso encontramos en la parábola de los talentos.

Dos de los siervos fueron aprobados por el Señor. Uno fue reprobado. Él no había hecho nada de malo desde el punto de vista moral. Simplemente se había quedado de brazos cruzados. ¿Quién podría haberlo condenado por eso? Pero el Señor de la parábola reprobó esa actitud.

Desde el punto de vista divino no basta, no odiar, es necesario amar. No es suficiente no robar, hay que trabajar. El cristianismo no es una simple colección de prohibiciones, sino una experiencia dinámica y exuberante de acciones positivas.

La vida cristiana es una vida llena de acción. Acciones buenas a favor de Dios y de los semejantes. Observa a tu alrededor. ¿Qué cosa es necesaria ser hecha? No te quedes de brazos cruzados. No te omitas. Porque “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

La Señal

Pero Jesús vino a librarnos de la mediocridad y el conformismo. Vino a libertarnos de la ignorancia y de la miseria. La salvación que Él ofrece no tiene solo que ver con la vida eterna que recibirás por ocasión de su retorno triunfante a este mundo, sino también con una vida de prosperidad en esta tierra.

Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. (Lucas 2:11-12)

Elmer cree que nació para sufrir. En su opinión, el cristiano debe ser pobre y sufridor. Cristo lo fue. Si el Maestro, no tuvo comodidades en la tierra, ¿Por qué, sus seguidores deberían tenerlas?

Se casó a los 22 años. Hoy, tiene dos hijos y la familia pasa por necesidades extremas. La esposa deja a los niños en una guardería y trabaja todo el día. Regresa en la noche cansada y encuentra al esposo leyendo la Biblia, sin haberse dado siquiera, el trabajo de recoger a los niños. El dinero que Rosa trae no es suficiente para mantener a la familia.

Últimamente el hogar de Elmer y Rosa está deteriorado. Ya discuten la posibilidad de una separación, pero él, no la acepta, bajo el pretexto de que “esa no es la voluntad de Dios”.

¿Cuál es la voluntad de Dios? ¿Qué la familia sufra porque “Cristo sufrió”?

Cristo, es el nombre de Jesús que expresa su misión redentora. Cristo, no nació para vivir. Vino a morir. Nació bajo la sombra de la cruz, vivió a la sombra de la cruz y fue clavado en la cruz.

El texto de hoy dice que la señal de que Jesús era el Cristo, sería encontrarlo “envuelto en pañales, acostado en un pesebre”.

Pobreza, sufrimiento, limitaciones. Todo eso lo acompañó a lo largo de su existencia. Fue perseguido. Huyó a una tierra extranjera para salvar su vida. Las zorras tenían cuevas y los pajaritos nidos, pero Él, nunca tuvo dónde reclinar la cabeza.

¿Todo eso para qué? Para que tú vivas la vida abundante. Su pobreza es tu riqueza. Sus limitaciones, tu abundancia, Su muerte, tu vida.

Nadie tiene el derecho de vivir una vida sin ambiciones alegando que Cristo fue pobre. La pobreza es una de las consecuencias que el pecado trajo a este mundo. Por lo tanto, mientras exista el pecado existirá pobreza. Pero Jesús vino a librarnos de la mediocridad y el conformismo. Vino a libertarnos de la ignorancia y de la miseria. La salvación que Él ofrece no tiene solo que ver con la vida eterna que recibirás por ocasión de su retorno triunfante a este mundo, sino también con una vida de prosperidad en esta tierra.

Con Cristo las cosas eran diferentes. Él vino a sufrir y a morir. Era la única forma de salvarte. Por eso dijo el ángel: “Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre”.

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¿Dónde está tu hermano?

No podemos acabar con el hambre mundial, pero podemos dar un pan al vecino. No podemos llevar consuelo a millones de personas que mueren sin Cristo y sin esperanza pero podemos hacer una oración y llevar palabras de ánimo al que trabaja a nuestro lado.

Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? (Génesis 4:9)

Caín vive en todos nosotros después de la entrada del pecado. Tal vez seriamos incapaces de quitar la vida de alguien pero para tener el espíritu de Caín no basta matar, es suficiente ignorar la existencia del hermano.

El pecado te hace perder la visión de la realidad. Te escondes detrás de los árboles, como lo hicieron Adán y Eva en el jardín. Ignoras el dolor de los otros y exclamas como Caín “¿Soy yo guarda de mi hermano?” La respuesta divina es: Sí lo eres, aunque no lo quieras aceptar. No puedes vivir solo para ti y para los tuyos. Necesitas abrir los ojos a las necesidades de las otras personas, al medio ambiente, a las injusticias de este mundo.

Nosotros no vamos a resolver los problemas ecológicos o sociales de la tierra, pero podemos contribuir para disminuirlos. No podemos acabar con el hambre mundial, pero podemos dar un pan al vecino. No podemos llevar consuelo a millones de personas que mueren sin Cristo y sin esperanza pero podemos hacer una oración y llevar palabras de ánimo al que trabaja a nuestro lado.

No basta evitar mis pecados personales y tratar de ser bueno. Buen padre, buen esposo, buen ciudadano, buen miembro de iglesia. Es necesario hacer algo para aliviar los terribles problemas que el pecado trajo a esta tierra. Si es necesario votar contra las injusticias hay que votar. El cristiano no puede omitirse y permitir que las fuerzas del mal sigan dominando las circunstancias.

Por otro lado no puedes caer en la tentación de pensar el mundo cae a los pedazos por culpa de la injusticia social. Al contrario, la injusticias social es el resultado de un mal profundo, arraigado en la naturaleza humana, que la Biblia llama pecado. Ningún partido político por bien intencionado que sea será capaz de resolver los problemas del mundo porque la raíz está en el corazón humano y solo Jesús es capaz de cambiar el corazón humano y sus motivaciones.

Busca a Jesús. Vive en compañerismo diario con Él, pero no te aísles del mundo ni dejes de extender la mano al prójimo que necesita de ti, porque “Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Su propia sangre

Desde la primera hasta la última página de la Biblia, esa sangre aparecería como un hilo rojo, mostrándole al ser humano, que la única solución para el problema del pecado es la sangre de Jesús.

Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (Hechos 20:28)

La sangre solucionó el pecado para Adán y Eva. Allí estaba la primera pareja escondida detrás de un árbol, desnuda. Había intentado cubrir su desnudez con hojas de higuera. ¿Qué había logrado? ¡Nada! Continuaban desnudos y ridículos. Esto nos prueba que las intenciones humanas para resolver el problema del pecado, por mejores que parezcan, no pasan de pobres hojas de higuera. Nada solucionan. Solo disfrazan. Y disfrazan mal.

Pero Dios apareció y proveyó un corderito. Ese cordero, que era símbolo del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, fue sacrificado. Su sangre mojó el suelo del Edén. Aquella sangre inmaculada mojaría, más tarde, el suelo de la historia.

Desde la primera hasta la última página de la Biblia, esa sangre aparecería como un hilo rojo, mostrándole al ser humano, que la única solución para el problema del pecado es la sangre de Jesús.

En todo esto, ¿Cuál fue la participación humana? ¿Qué es lo que el hombre hizo? ¡Nada! El cordero pertenecía a Dios. La iniciativa de buscar al hombre desesperado fue de Dios, la idea del sacrificio fue de Dios, las ropas de pieles de ovejas que cubrieron la desnudez de la pareja, fueron confeccionados por Dios. El ser humano recibió todo sin hacer nada. Solo por gracia.

Este mensaje se repite una y otra vez a lo largo del AT. En el incidente del sacrificio de Isaac, ambos, padre e hijo entendieron que Dios es el único que puede proveer el cordero. Cuando Isaac le preguntó a Abran, dónde estaba el cordero, la respuesta de Abraham fue: “Dios proveerá.”

Efectivamente, Dios proveyó. En el momento en que el cuchillo había sido levantado, Dios dijo: “No hagas mal al muchacho.”

Tú y yo solo vivimos haciendo mal. Después intentamos resolver el problema cubriendo nuestra desnudez con hojas de higuera y escondiéndonos de Dios. Pero ¡qué grande es la gracia de Jesús, que te busca incansablemente, hasta encontrarte!

¿Por qué vivir entonces angustiado y desesperado por el peso de la culpa? Hay perdón para ti. “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño…para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Mucho más, ahora

La eternidad no será suficiente para cantar loores de gratitud a Dios por el don maravilloso de Jesucristo. Él ve en ti un potencial que nadie es capaz de ver. Te acepta como eres, pero te ve como lo que un día, transformado por su amor, llegarás a ser.

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. (Romanos 5:10)

El tema de la gracia jamás será entendido por la limitada mente humana. ¿Cómo entender que el Dios todopoderoso, creador del cielo y la tierra, se hiciera hombre y viniera a morir en la cruz del calvario para salvar al ser humano? Pasarán siglos. En la eternidad estudiaremos este asunto y jamás lo entenderemos. Por eso Dios ilustró la gracia en la muerte del cordero. Un animal inocente, que no tenía culpa era llevado al altar y era sacrificado para que el pecador recibiese el perdón.

Cuando las manos del pecador se extendían con el cuchillo empuñado en dirección de la garganta del animalito. Al ver aquel inocente ser, morir, sin dar un gemido, el pecador podía tener una leve idea de lo que Jesús haría por él, en la cruz.

Los judíos creen que la interpretación cristiana de Isaías 53 es una inmoral. Esta posición parece demasiado dura, pero ellos explican “Que un hombre malo muera por sus delitos, eso es justo y moral. Pero que un ser bueno, que no le hizo mal a nadie, muera por los delitos de los pecadores, eso es inmoral.”

Tal vez sí. Desde el punto de vista humano, con toda seguridad. Pero Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros. Difícilmente alguien moriría por un amigo, imagínate morir por un enemigo. Nosotros éramos enemigos de Dios y sin embargo el Señor Jesús entregó su vida por nosotros.

La eternidad no será suficiente para cantar loores de gratitud a Dios por el don maravilloso de Jesucristo. Él ve en ti un potencial que nadie es capaz de ver. Te acepta como eres, pero te ve como lo que un día, transformado por su amor, llegarás a ser.

La base para esa confianza es el versículo de hoy. Si Jesús te amo y se entregó por ti, cuando vagabas en el terreno enemigo, mucho más ahora, que eres parte de su reino. Él te tomará de la mano y te guiará a los pastos verdes y a las aguas tranquilas. Te conducirá de victoria en victoria, hasta la victoria final.

Con esa seguridad en tu corazón, enfrenta las luchas de este nuevo día, “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Caminos!

Un día Jesús tuvo que subir la angosta calle que lo llevó a la muerte para que tú salieses de las calles traicioneras de este mundo y encontrases el Camino. Aquel que con seguridad, te llevará a la vida eterna.

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. (Romanos 3:24)

-¡Perdí mi carrera, mi familia, mi libertad, en fin, perdí mi vida! ¡No me queda nada!

La voz ronca, quebrada y triste de Juana, no escondía el volcán de sentimientos que atormentaban su corazón. Escondía sus ojos atrás de unos lentes oscuros, baratos, de esos que compras en la calle por 3 dólares.

La calle. Tal vez la calle fuese su desgracia. Fuera en la calle que encontrara gente que la llevó a la drogadicción y finalmente a la cárcel. En la calle sufrió, paso hambre y durmió. ¡La calle! ¡Ah calles abarrotadas de gente! Calles asfaltadas. Más peligrosas que las trillas angostas de la jungla. Calles sin alma, sin compasión, calles de muerte.

Todo eso era pasado. En la cárcel, privada de su libertad, fue, irónicamente, donde halló la verdadera libertad.

Madrugada fría de Junio, piso helado de cemento, comida de puercos en el suelo, disputada por ratas y cucarachas. ¿Por qué es necesario llegar al extremo de la vida para reconocer que Jesús es la única salida? En el frío lacerante de aquella celda solitaria, pagaba el castigo por causa de una indisciplina. Allí, Juana se acordó de un versículo de la biblia que oía todas las mañanas a través del radio de otra presidiaria. “Somos justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención en Cristo”.

En el dolor, el corazón se torna sensible. En la derrota se aprende. En la soledad se piensa. Juana sintió, pensó y aprendió. Aceptó a Jesús como su salvador y ese fue el inicio de una nueva vida.

Redención no es solo salvación. Redención significa libertad porque alguien pagó el precio. El precio no fue oro ni plata, sino la preciosa sangre de Jesucristo. Él sufrió, fue encarcelado y murió para que tú pudieses vivir. Nada, ni nadie tiene el derecho de quitarte esa libertad.

Un día Jesús tuvo que subir la angosta calle que lo llevó a la muerte para que tú salieses de las calles traicioneras de este mundo y encontrases el Camino. Aquel que con seguridad, te llevará a la vida eterna.

Por eso hoy, antes de salir a la calle en busca de tus sueños, recuerda que “Somos justificados por su gracia, por la redención que hay en Cristo Jesús”.

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Hay poder en la cruz

La cruz es un monumento a la misericordia y a la gracia de Jesús. Por su misericordia Dios no nos da la muerte que merecemos, y por su gracia nos da la vida que no merecemos.

Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. (Lucas 23:42)

Conocí a Andrés en una de las ciudades más violentas del mundo. Tenía fama de malo. Había pasado varios años en la prisión pagando sus crímenes. Fue en la cárcel que se encontró con el Señor Jesucristo.

Una noche helada de invierno, Andrés agonizaba. Temblaba de frio, casi congelado, esperando la muerte. Fue en esas condiciones que me oyó a través de la radio de un compañero de celda. Aquella noche, el Espíritu de Dios tocó su corazón. Había oído muchas veces hablar de Jesús pero creía que la religión era cosa de personas débiles. Él siempre se había considerado valiente.

Armado hasta los dientes había llevado dolor a mucha gente. Era malo y cruel. Había escogido el camino del crimen cuando era apenas un adolescente y culpaba a la sociedad por no haberle dado otro camino a escoger. Aquella noche moría poco a poco y la muerte lo asustó. En la casi penumbra de su agonía entendió que Dios lo amaba y quería darle un nuevo corazón. Suplicó. Clamó a Jesús por una segunda oportunidad y adormeció.

A la mañana siguiente vio entrar el sol por la ventana. Se encontraba en la enfermería de la prisión. Los rayos del sol eran insistentes a pesar de la fuerte neblina. “Yo estaba vivo -me dijo, sin poder esconder la emoción- yo no había muerto. Dios me estaba dando una segunda oportunidad.

En el mismo momento de su muerte, hace más de dos mil años, un ladrón también fue tocado por la escena de la agonía de Cristo. El ladrón sabía que debía morir. Él había pecado, había vivido una vida de desobediencia, había rechazado el amor y los consejos divinos, pero el sufrimiento de Jesús tocó su corazón y en el último minuto de su vida, aceptó la muerte de Cristo en su favor.

Desde aquel día y a lo largo de la historia millones de seres humanos han sido transformados por Jesús, pero todos ellos, de una manera u otra, han tenido que aceptar. De nada vale el sacrificio de Cristo, sin aceptación personal.

La cruz es un monumento a la misericordia y a la gracia de Jesús. Por su misericordia Dios no nos da la muerte que merecemos, y por su gracia nos da la vida que no merecemos.

No salgas hoy de tu casa sin recordar que un ladrón “Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Moriréis

¿Hay solución para este drama? Hay sí. Jesús es la vida. La desobediencia trajo la muerte, pero Jesús trajo la vida. Ahora solo resta correr a los brazos de Jesús y encontrar nuevamente la vida.

Pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. (Génesis 3:3)

La orden divina era clara: ¡Moriréis! A pesar de eso Adán y Eva escogieron el camino de la desobediencia. Si pudiésemos resumir en una palabra lo que es el pecado, la palabra sería rebelión. En el cielo, Satanás se rebeló contra Dios, y en el Edén, Adán y Eva, también se rebelaron contra El Creador.

Al leer el relato de la entrada del pecado a este mundo, la idea de rebelión es clara; a pesar de que la palabra, no es usada. Pero, cuando Eva decidió ser la dueña y señora de su propio destino, se estaba rebelando contra Dios. Ella decidió confiar en la palabra del enemigo. Creyó que realmente Dios no quería su crecimiento, que la limitada a la esfera humana, privada de niveles superiores de desarrollo, y entonces se colocó contra el orden de las cosas establecido por Dios.

El pecado de Adán, podría ser considerado peor, si existe un pecado peor que el otro. Adán pecó conscientemente. Eva fue engañada y creyó en las mentiras del enemigo, pero Adán decidió a propósito, morir con Eva y con esta actitud, también se rebeló contra el creador.

Entonces apareció el resultado inmediato de la rebelión. El ser humano empezó a deteriorarse, a descomponerse, a entrar en putrefacción espiritual. La palabra traducida como morir, Shachat, en hebreo, da la idea de un cadáver que entra en lenta pero irreversible des composición. Eso empezó a suceder con Adán y Eva. Comenzaron a deteriorarse física, como espiritualmente.

El primer sentimiento extraño que surgió en el corazón de ellos fue el miedo. Se escondieron de Dios. Ellos abandonaron a Dios, Dios que los creó. Ellos se rebelaron, echaron a un lado los consejos divinos, decidieron escoger su propio camino. Y para vivir la vida de ese modo, nada mejor que irse lejos de Dios.

Pero las consecuencias fueron más allá de la simple separación de Dios. Empezaron a separarse entre sí. Comenzaron a discutir, a acusarse, a sentirse solos, tristes, avergonzados. Todo eso era parte de la deterioración espiritual a la que voluntariamente se habían condenado.

¿Hay solución para este drama? Hay sí. Jesús es la vida. La desobediencia trajo la muerte, pero Jesús trajo la vida. Ahora solo resta correr a los brazos de Jesús y encontrar nuevamente la vida. Pero recuerda: “pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Solo Jesús

La verdadera comunión con Cristo tiene dos aspectos. El primero es el tiempo que se pasa con Cristo orando y estudiando la Biblia. El segundo es tener presente a Jesús a lo largo del día, en todas las actividades que se realiza. Para que esta segunda experiencia sea posible, es necesario participar de la primera.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos. (Efesios 2:4-6)

Las palabras de San Pablo revelan que Jesús es el Señor y autor de nuestra salvación. Es mediante Cristo que recibimos la vida, solo por Él, un día nos sentaremos en tronos celestiales, en fin, todo el proceso y las bendiciones de la salvación tienen como eje principal el amor, la obra y el sacrificio infinito de Jesús.

Los seres humanos tenemos la tendencia a teorizar las cosas pero el cristianismo no es relación con una teoría o con un cuerpo de creencias fundamentales, a pesar de que todo eso, forme parte de la experiencia cristiana.

La columna vertebral del cristianismo es Jesús. En realidad, todo es Jesús. La vida no es un período de tiempo que el corazón late, es Jesús. Él dijo “yo soy la vida.” La verdad no es un cuerpo de doctrinas, es Jesús. Él afirmó “yo soy la verdad.” La justicia no es algo que recibimos de Jesús, es el propio Señor Jesús; Jeremías dijo “en sus día Judá será salvo e Israel estará seguro y este es el nombre por el que será llamado: Señor, justicia nuestra.” La salvación, no es solo un don que recibimos, es el mismo Jesús. Un día Él entro a la casa de Zaqueo y dijo, “hoy ha entrado la salvación a esta casa.”

Jesús es el inicio el medio y el fin de la experiencia cristiana y ser cristiano, es vivir una vida de comunión diaria con Jesús. Sin embargo el peligro que muchos cristianos corren, es el de teorizar también la experiencia cristiana. Creer que compañerismo con Cristo es simplemente, cantar y mencionar a Jesús en todo momento.

Sin duda esto es bueno. Pero no es suficiente. Porque la verdadera comunión con Cristo tiene dos aspectos. El primero es el tiempo que se pasa con Cristo orando y estudiando la Biblia. El segundo es tener presente a Jesús a lo largo del día, en todas las actividades que se realiza. Para que esta segunda experiencia sea posible, es necesario participar de la primera.

Cuando al empezar el día, separas tiempo para meditar y orar, es como si estuviese abasteciendo el vehículo de combustible. Si el tanque está lleno, el vehículo va a andar, sino, te quedarás parado en cualquier lugar de la carretera.

Haz de este día un día de victoria en Cristo porque “Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

El reino de Dios!

¿Estás viviendo una vida mejor desde que conociste a Jesús? ¿O solo cambiaron tus conceptos religiosos, pero no cambió tu vida? ¿Eres feliz y disfrutas de vida abundante, o vives ansioso por cumplir lo que has aprendido, y angustiado porque no lo logras?

Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. (Lucas 17:21)

De acuerdo a la declaración de Jesús, el reino de los cielos ya está entre nosotros. ¿A qué se refería? A su propia persona. Quien tiene a Jesús en su corazón ya tiene el reino de los cielos.

Es verdad que solo iremos al cielo cuando Jesús vuelva, pero también hay otra verdad que no puede ser ignorada: Para los cristianos, el reino de los cielos empieza en esta tierra. Jesús lo dijo. Y tal vez Paulo nos ayude a entender mejor, al decir que los que nacieron en Cristo han pasado de muerte para vida. En el momento que aceptas a Jesús ya empiezas a disfrutar de los beneficios de la vida eterna que recibirás en su plenitud, cuando Jesús vuelva.

¿Por qué en su plenitud? Porque mientras vivas en esta tierra todavía vas a envejecer, vas a perder a tus seres queridos, te vas a enfermar, o vas a ser tocado por la muerte.

Pero por otro lado, al conocer la verdad y los consejos bíblicos, empiezas a vivir con mejor calidad de vida. Dejas de fumar, de beber, de comer desordenadamente. Sigues los consejos divinos para ser un buen esposo, o esposa, o patrón, o empleado y todo eso, te conduce a una vida más saludable, realizada y feliz.

La pregunta que debes responderte es: ¿Estás viviendo una vida mejor desde que conociste a Jesús? ¿O solo cambiaron tus conceptos religiosos, pero no cambió tu vida?

¿Eres feliz y disfrutas de vida abundante, o vives ansioso por cumplir lo que has aprendido, y angustiado porque no lo logras?

Si tu experiencia es esta última, debes rever tu concepto de vida cristiana. Porque con toda seguridad, en el cielo no habrá ansiedad ni angustia y en esta tierra ya debes vivir un preámbulo del cielo.

Hoy tienes delante de ti un nuevo día pero también una nueva oportunidad de vivir la vida cristiana victoriosa y feliz. Haz de Jesús no solo tu Salvador sino tu amigo y compañero a lo largo de la jornada de este día y recuerda: “Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Cielo nuevo

Cosa que ojo no vio ni oreja oyó, ni ha subido en el pensamiento del hombre. Ya no habrá dolor, ni muerte, ni llanto, ni nada de lo que te causa tristeza, porque las primeras cosas habrán pasado.

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. (Apocalipsis 21:1)

Buscando en el internet lo que las personas piensan acerca del cielo, encontré lo siguiente: “Dicen que los benditos que alcancen la gloria y el cielo, pasarán la eternidad contemplado el rostro de Dios en perpetua adoración. ¿Te seduce esa idea? ¿No será un poco aburrido? ¿No preferirías algo más humano, tal como cuidar el huerto y tus lechugas? ¿No te apetecerían más las 70 vírgenes del paraíso islámico? ¿O una reencarnación en lagartija o algo así, que esté vivo?”

Las respuestas a esta pregunta son interesantes. “no me gustaría pasarme la eternidad sobre una nube tocando el arpa y mirando a la cara al viejo iracundo inexistente, prefiero reencarnarme en lagartija.” “Si contemplar el rostro de diosito por toda la eternidad es el premio, prefiero vivir lo que me quede de vida y se acabó.”

Pero entre las muchas respuestas socarronas que encontré había una diferente. Creo que la chica se llama Patricia. “Es lo único que quiero en la vida. Contemplar a Jesús en Sus Ojos eternamente. Mirarlo y admirarlo, adorarlo. Descansar sobre Su Pecho y sentir los Divinos latidos de Su Amoroso Corazón. Escuchar Su Voz todo el tiempo que me llame por el nombre que Él me puso. Decirle todo el tiempo “Te amo” con mis ojos, con mi voz, con mis manos, con mi corazón.”

Lo único que la Biblia dice al respecto es que lo que te espera en el cielo es cosa que ojo no vio ni oreja oyó, ni ha subido en el pensamiento del hombre. Y que allá no habrá dolor, ni muerte, ni llanto, ni nada de lo que te causa tristeza, porque las primeras cosas habrán pasado. ¿Para qué, preocuparme con el hecho de que allá solo comeré hojas de árboles, o qué forma tendrá la casa en la que viviré?

Dios les entregó el trabajo, a Adán y Eva, como una bendición, antes de la caída, quiere decir que el trabajo es parte de una vida gloriosa donde el pecado no existe. Y si el trabajo es la bendición de los redimidos, entonces la vida será un permanente estar ocupado. La diferencia es que el trabajo no tendrá el aspecto cansador, agobiante e injusto de este mundo de pecado.

Haz de este día un día de expectativas. No te dejes influenciar por la manera incrédula de encarar las cosas divinas, porque “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Búscalo!

No desesperes si las cosas parecen balancear. Dios está en el control. El hará que tu embarcación llegue al puerto seguro. El es Dios y nunca falla.

Pero cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos. (2 Crónicas 15:4)

La cerca de la posada en la que me hospedo, me cuenta muchas historias en su monotonía vertical. Me habla en silencio, de mariposas que desaparecieron en el abismo del otro lado de sus límites. Me dice la tragedia de ladroncillos que se quedaron con las carnes clavadas a las púas del alambre protector.

También me muestra rosas silvestres, que trepan sus estacas aquí y allá. En fin, aquella cerca vieja me habla de libertad y de esclavitud. De vida y de muerte.

El pueblo de Israel parece que ignoraba los límites de la cerca. Si no los ignoraba, peor aún. La consecuencia fue terrible. Ellos también, como las mariposas del hotel desaparecieron en el abismo del anonimato. Se hicieron polvo en la arena de la historia. Historia de dolor, dispersión y sufrimiento.

Ellos también sintieron sus carnes heridas por las púas de la desobediencia y se quedaron allí, gritando de dolor y suplicando auxilio.

Y el Salvador apareció. “Cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová Dios de Israel y le buscaron, él fue hallado de ellos.” Dice el versículo de hoy.

¡Qué bueno es el Señor! Siempre está presente en la hora del dolor. Jamás se olvidad del hijo rebelde. Israel pensaba que la cerca protectora de los eternos principios divinos era muro esclavizador. La descartaron de su vida, fueron más allá de sus límites en busca de libertad y realización.

La vida tiene muchas cercas. Vives rodeado de ellas. Respetarlas es vivir. El resplandor del otro lado es espejismo, brillo seductor, aurora boreal engañadora. Conozco historias tristes de gente que saltó la cerca en busca de nuevas sensaciones. Como Israel hoy, claman de dolor, atrapados en las garras de su búsqueda insensata.

Hoy, puede ser un día especial para rever la cerca. No la mires como las reglas de un Dios arbitrario. Contémplalas como el marco protector de tu vida y parte para la lucha de esta nueva jornada, recordando que: “Cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos.”

No desesperes si las cosas parecen balancear. Dios está en el control. El hará que tu embarcación llegue al puerto seguro. El es Dios y nunca falla.

Por eso, antes de iniciar hoy, un día lleno de desafíos para restaurar lo que parece deshecho, recuerda que “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano”.

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Tiene autoridad

Tú y yo, tenemos hoy la responsabilidad de aprender más de Jesús si deseamos ser discípulos o líderes. Autoridad, por simple autoridad, todo el mundo desea. Pero el privilegio más grande del ser humano es poseer la autoridad de Jesús, delante de la cual, hasta las fuerzas del mal temblaban.

Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. (Mateo 7:29)

¿Sabías que muchas personas fracasan como esposos y padres porque no saben liderar? Y liderar, no tiene que ver solo con técnicas, con estrategias, o con títulos. Conozco personas muy preparadas en estudios de liderazgo pero, infelizmente, son pésimos líderes. Todo el mundo sabe eso, menos ellas. La propia persona cree que es un gran líder porque todos hacen lo que ella quiere, pero no percibe que la gente la sigue por miedo.

El líder tiene poder. El poder del cargo. Pero el poder del cargo no es el poder del amor que solo poseen los que temen al Señor. Jesús es el mejor ejemplo de eso. La biblia dice que cuando Él hablaba lo hacía con autoridad y no como los escribas. ¿De dónde le venía la autoridad? ¿Qué tipo de autoridad era esa? Era la autoridad de la humildad, del amor, de la capacidad de entender. Un poder que conquistaba el corazón de las personas, y ellas dejaban todo para seguirlo hasta el fin.

Si yo como cristiano, busco todos los días a Jesús y aprendo de Él, con toda seguridad me tornaré un Hombre de Dios, humilde, y no necesitaré de un cargo para conquistar el corazón de las personas, llámense esas personas, esposa, hijos, o miembros de iglesia.

Me emociona pensar en el liderazgo de Jesús. ¿Qué había en Él que era capaz de hacer que los hombres que Él llamó dejasen sus carreras profesionales para volverse seguidores de un carpintero criticado y condenado por los hombres de influencia de sus tiempos?

Tú y yo, tenemos hoy la responsabilidad de aprender más de Jesús si deseamos ser discípulos o líderes. Autoridad, por simple autoridad, todo el mundo desea. Pero el privilegio más grande del ser humano es poseer la autoridad de Jesús, delante de la cual, hasta las fuerzas del mal temblaban.

Jesús es la fuente de esa autoridad. Él no vino al mundo solo para enseñarnos a ejercer autoridad sino para ensenarnos como se logra esa autoridad. Y lo hizo subiendo al monte a buscar a su Padre en oración. Eso no lo aprenderás en las más grandes escuelas de liderazgo ni de calidad total; eso, solo lo alcanzas de rodillas pasando mucho tiempo en oración.

Que este día sea en tu vida un día de victoria y autoridad, pero recuerda que Jesús: “les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Toma tu cruz, y sígueme

Recuerda que la vida cristiana involucra crecimiento y que el crecimiento es un proceso que demanda tiempo. Ten paciencia contigo, pero no te quedes parado en el mismo lugar. Lo que lograste hasta hoy está bien para hoy, pero ya no estará bien mañana. Mañana será otro día y debes haber crecido.

Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. (Marcos 8:34)

¿Qué significa tomar la cruz? ¿A qué cruz se refiere el Maestro? En el caso del joven rico por ejemplo, mucha gente piensa que la cruz es la pobreza. El joven “tendría” que renunciar al dinero y ser pobre para seguir a Jesús. Es una buena deducción, pero no es correcta. Tener dinero nunca fue problema para seguir a Jesús.

Hoy, Jesús no le pide a nadie que renuncie a su dinero, o a su profesión, o a su familia para seguirlo. La expresión “Tome su cruz” está explicada por la frase que viene entes y que dice: “Niéguese a sí mismo.” Negarse a sí mismo no es fácil. Tomar la cruz, de alguna forma, puede serlo. Negarse a sí mismo es despojarse del deseo de hacer las cosas como a uno le parece, es volverse un hombre de Dios, aprender a depender de Él, a ser humilde, manso, a guiar a las personas por el poder del amor y no por el poder de la fuerza.

Para que eso sea una realidad es necesario levantarse temprano y deponer el alma a los pies de Cristo. No se trata solo de un discurso bonito. No es asunto solo de palabras, sino de vida.

Tú puedes decir muchas cosas bonitas pero si la dependencia de Dios en tu vida es solo teórica, se notará en el momento que la crisis aparezca. Porque entonces, “en el nombre de Dios” querrás hacer las cosas cómo tú quieres. Y de tanto usar la expresión “en el nombre de Dios”, pasarás a creer que realmente estás haciéndolo en el nombre de Dios, cuando lo estás haciendo, en realidad, en tu propio nombre.

El versículo de hoy empieza relatando que Jesús llamó a las personas y a sus discípulos. Quiere decir que este consejo se aplica a todos los seres humanos, sirve para todas las circunstancias, a pesar de las culturas, los países, las razas, o el tipo de actividad que se realiza.

Haz de este día un día de servicio en tu vida. Pregúntate en que puedes mejorar, en qué necesitas crecer, qué tienes que pulir y dónde necesitas que Dios trabaje en ti. Recuerda que la vida cristiana involucra crecimiento y que el crecimiento es un proceso que demanda tiempo. Ten paciencia contigo, pero no te quedes parado en el mismo lugar. Lo que lograste hasta hoy está bien para hoy, pero ya no estará bien mañana. Mañana será otro día y debes haber crecido.

No salgas para tus actividades hoy sin recordar que “Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”

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