DEVOCIONALES
Él es Dios
Al reconocer y agradecer a Dios por su eternidad, la temporalidad, la fugacidad, la fragilidad del siervo de Dios se transforma en esperanza. Y su necesidad de permanencia es satisfecha. Esa experiencia puede ser tuya en el año que va a comenzar.
Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios. (Salmos 90:2)
¡La vida es pasajera! Desde la entrada del pecado a este mundo todo lo que empieza termina, todo llega al fin. Nada dura. Asimismo, existen cosas como la montaña, símbolo de permanencia.
Si tú ves una nube en el cielo azul, es posible que una hora después ya no la encuentres más allí. Si tú dejas un árbol en algún lugar, es probable que cien años después el tiempo lo haya deteriorado. Pero si tú observas un monte y vuelves dentro de 50 mil años, el macizo bloque de piedra estará en el mismo lugar. Porque aunque en esta vida todo es pasajero, todavía hay algunos objetos durables. La montana es uno de ellos.
Pero en el salmo 90 Moisés mira a los montes y raciocina: “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, eres tú.” Date cuenta que Moisés toma a la montaña, símbolo de algo duradero, y lo describe como algo que tiene comienzo. “Antes que naciesen los montes.” -dice. Los montes, por más que delante de la temporalidad del ser humano, parezcan duraderos, tienen principio. Alguien los creo. Si no, no estarían allí, no existirían. ¿Quién está detrás de ellos? ¿Quién los creó? ¿Quién los hizo nacer? La respuesta es “Tú”’. Ese tú es un pronombre personal. En el salmo 90 se refiere a una persona eterna. Es el propio Dios. El Dios eterno creador del cielo y de la tierra.
Mira cómo Moisés lo describe: “Desde el siglo y hasta el siglo, eres tú.” La declaración del profeta está equivocada desde el punto de vista gramatical. La redacción correcta debería ser: “Desde el siglo y hasta el siglo, eras y no eres, tú.” Pero es que la eternidad divina rompe cualquier regla gramatical. Su existencia soberana quiebra todos los tiempos verbales. El no se encaja en ninguno de ellos. En Él se conjugan todos los tiempos. Él es Dios.
Al reconocer y agradecer a Dios por su eternidad, la temporalidad, la fugacidad, la fragilidad del siervo de Dios se transforma en esperanza. Y su necesidad de permanencia es satisfecha. Esa experiencia puede ser tuya en el año que va a comenzar. “Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.”
Agradece
Las generaciones pasan. Los tiempos se van. Días, meses y años se transforman en historia pero ¡Tú Oh Señor! continúas. Sigues siendo el mismo, ayer, hoy y por los siglos. Mi temporalidad puede esconderse en el refugio de tu eternidad.
Señor, tú nos has sido refugio De generación en generación. (Salmos 90:1)
Cuando Moisés escribió el salmo 90 estaba recordando los milagros que sucedieron mientras conducía al pueblo por el desierto. Recordar es vivir. Bendito el pueblo que tiene memoria. Triste, es ver a alguien que sufre de amnesia. La amnesia es la soberanía del olvido. Un hombre que se olvida de su pasado, vive un presente desprovisto de significado. Y el futuro le parece incierto y asustador.
El pasado te da fuerzas para continuar hacia delante. Te confronta con tu historia, aunque esa historia sea el registro de las cosas buenas y malas que sucedieron. Olvidar es el lado opuesto del recuerdo. Olvidar es morir. Morir a los pocos, lentamente, consumido por el frio de la indiferencia o de la ingratitud.
Al agradecer, Moisés tenía un motivo para ser grato. La gratitud le inspiraba seguridad. Sin seguridad no hay vida. Si observas a un niño de pocas semanas vas a notar cómo, la necesidad de seguridad, lo lleva a agarrar lo que encuentra cerca de él, con fuerza. Él no tiene conciencia de eso. La seguridad es una necesidad inconsciente pero vital. Nadie se desarrolla en plenitud y equilibrio si no se siente seguro. Lo que poca gente sabe es que la gratitud genera seguridad. Mucho más, cuando la gratitud es dirigida a un Ser eterno y poderoso como Dios.
Dios no espera que sus hijos le sean gratos porque Él, se alimenta de gratitud, no. La gratitud no es un “deber” que el“buen Cristiano” tiene que cumplir. La persona beneficiada por la gratitud no es la que recibe el agradecimiento sino la que agradece. Hacer una revisión de las bendiciones recibidas de Dios, te recuerda, como dice Moisés, que “Tú, nos has sido refugio de generación en Generación.” Quiere decir, las generaciones pasan. Los tiempos se van. Días, meses y años se transforman en historia pero ¡Tú Oh Señor! continúas. Sigues siendo el mismo, ayer, hoy y por los siglos. Mi temporalidad puede esconderse en el refugio de tu eternidad. ¿Por qué podría entonces, asustarme la enfermedad o la fugacidad de las pruebas pasajeras de esta vida? Estoy seguro, en la eternidad divina. Nada ni nadie me amedrentará.
Llegamos casi al fin del año. Haz un alto y agradece. No empieces el nuevo año si reconocer que:” Señor, tú nos has sido refugio De generación en generación.”
Y murió allí
Puede ser doloroso y triste. Desde el punto de vista humano, puede parecer injusto y cruel, pero es la verdad más misericordiosa que existe. Dios nunca falla. Sus pensamientos para con el ser humano son pensamientos de paz y no de guerra, de amor y no de odio.
Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. (Deuteronomio 34:5).
Douglas no acepta la muerte de su padre. Fue una muerte triste es verdad. Todas las muertes son tristes, especialmente cuando se tiene 42 años de edad y muchos sueños. Un cáncer consumió la vida del padre de Douglas. En solo un año se fue apagando como una vela consumida por el fuego. El golpe fue tan duro que Douglas se volvió contra Dios y se apartó de la iglesia. ¡Muerte! ¡Oh muerte ingrata y cruel! ¿Cuánto tiempo más continuarás arrancando lágrimas y sembrando desesperación?
El versículo de hoy relata la historia de uno de los más extraordinarios líderes que el mundo conoció. Un gigante de la historia, pero los gigantes también mueren. Vivimos en el imperio de la muerte, es nuestra triste y dolorosa realidad. ¿Moisés ya era un anciano y le había llegado la hora de morir? No, todavía tenía planes. La tierra prometida todavía no había sido conquistada. Había sacado a su pueblo de la esclavitud y le había prometido llevar a la tierra que manaba leche y miel.
Pero una noche, cuando ya estaban en la frontera, listos a entrar a la tierra de los sueños, se le presentó el Señor y le dijo: “Moisés, sube al monte Nebo.” Y desde allí, le mostró la tierra y acrecentó: “Mira la tierra, porque para allá tú no pasarás.”
Triste fin para un sonador como Moisés. Él no había salido de Egipto para morir en una montaña solitaria. ¿Por qué Dios no le daba la oportunidad de realizar su sueño?
Aquí hay una verdad que Douglas no logró entender. El mejor momento para que un hijo de Dios descanse es cuando Dios permite que descanse. Puede ser doloroso y triste. Desde el punto de vista humano, puede parecer injusto y cruel, pero es la verdad más misericordiosa que existe. Dios nunca falla. Sus pensamientos para con el ser humano son pensamientos de paz y no de guerra, de amor y no de odio.
Si has perdido a un ser querido y no logras aceptar esa realidad, ve a Jesús y llora a sus pies. Pero pídele que coloque su mano de amor en tu corazón y que cierre la herida abierta. Confía en el Señor. Él nunca haría algo para tu mal. “Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová.”
¡Venciste! la tentación
¡Venciste! No porque te esforzaste para no caer, sino porque luchaste para no separarte de Jesús. Continúas siendo justo no porque evitaste cometer un acto pecaminoso, sino porque no te separaste de la fuente de la justicia que es Jesús.
Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. (Santiago 1: 12).
Si hay algo que perturba incesantemente al cristiano son sus derrotas delante de la tentación. “No logro resistir”, “soy demasiado carnal”, “¿Qué hago con mi vida?” “Soy demasiado débil”.
Estas y otras afirmaciones son expresiones de frustración de cristianos sinceros. Creo que nadie, por voluntad propia quisiera ser un fracasado. Todos se esfuerzan, luchan, tratan de controlar sus tendencias, pero parece que nada da resultado. ¿Existe solución?
El problema es que al llegar la tentación, concentras tus esfuerzos para no caer, en lugar de concentrarlos para no separarte de Jesús. Al hacer esto caes, no porque la tentación fue demasiado fuerte, sino porque te separaste de Jesús. Y El ya lo dijo: “Sin mí nada podéis hacer”. Nada. ¿Entiendes? Mucho menos resistir la tentación.
Entonces ¿cómo se enfrenta la tentación? Si tu vida es de una constante comunión con Jesús, todo lo que necesitas hacer, al llegar la tentación, es decirle a Jesús lo que estás sintiendo o pensando. Te puede parecer extraño al comienzo. Hay cosas que no tendrás el valor de contarle a Jesús. ¿Cómo decirle, por ejemplo, que estás planeando salir con una persona que no es tu conyugue o que estás pensando ir a un lugar que no es compatible con la vida cristiana? “No, no, esto no funciona” - puedes pensar – pero ahí está la clave del problema.
Ya que no tienes el valor de contarle a Jesús lo que estás sintiendo, cometes el error de cortar el relacionamiento con Jesús.
La próxima vez que la tentación aparezca cuéntale a Jesús lo que estás sintiendo, aunque te parezca irreverente y atrevido. No te separes de Jesús.
Si llevas este consejo a la práctica percibirás que mientras vas dialogando con Jesús, el deseo pecaminoso empieza a desaparecer, de manera natural. ¡Venciste! No porque te esforzaste para no caer, sino porque luchaste para no separarte de Jesús. Continúas siendo justo no porque evitaste cometer un acto pecaminoso, sino porque no te separaste de la fuente de la justicia que es Jesús. A su lado no hubo lugar para el pecado. Satanás y sus huestes fueron derrotados. Cristo venció en ti. Por ti. Y para ti. “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.”
El presente del pesebre
Me acuerdo de mis viejos padres, del cariño que tenían por sus hijos, de su esfuerzo para darles una navidad feliz y entonces pienso en el amor de Dios, el Padre de los seres humanos, y pienso también, en el presente maravilloso que nos dio en la persona de su hijo. No lo envolvió en papel colorido. Lo hizo ser humano.
Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. (Juan 1:14)
¡Noche de navidad! Un niño se voltea en la cama de un lado para otro. Quiere dormir, o mejor, intenta dormir, aparenta que duerme, pero el sueño no viene. ¿Quién podría dormir dominado por la ansiedad y la expectativa?
El niño espera. Sabe que alguien entrará a su cuarto a cualquier momento y colocará un juguete en su cabecera. Al día siguiente, sus padres le dirán que fue el viejito navideño el que dejó el presente. Es medianoche. Los hermanos menores duermen. El silencio y la penumbra, dominan la casa. Suspenso. Entre las sombras provocadas por la luz mortecina de una simple vela, el niño ve entrar a una persona. Su corazón parece que va a salir por la boca. Late escandalosamente. Hace mucho ruido, demasiado ruido para un momento tan solemne como aquel. El niño reconoce a la persona. Es su padre. El hombre de figura fina, bajo de estatura, duro como el roble, camina en la punta de los pies para no acordar a sus hijos y lentamente, con cariño, casi con ternura; un cariño y una ternura que no combinan con su rostro severo, va colocando un juguete en la cabecera de cada hijo. Después, se retira del cuarto, como una sombra misteriosa que desaparece cuando sale el sol.
El niño era yo. En aquellos tiempos, la navidad tenía un sabor diferente para mí. Hoy, creo que la navidad fue establecida para los niños. Tal vez porque se la relaciona con regalos y presentes, juguetes y dulces. Pero cada navidad, por algún motivo, no me vienen a la memoria los juguetes, ni las luces, ni siquiera los panes de pascua o el chocolate con leche que hervía en la cocina a leña. Me acuerdo de mis viejos padres, del cariño que tenían por sus hijos, de su esfuerzo para darles una navidad feliz y entonces pienso en el amor de Dios, el Padre de los seres humanos, y pienso también, en el presente maravilloso que nos dio en la persona de su hijo. No lo envolvió en papel colorido. Lo hizo ser humano, lo envolvió en carne y lo hizo nacer como un simple niño, en un pesebre humilde.
¿Para qué? Para morir. Era la única manera de salvar al ser humano. ¿Qué harás con ese presente? Piensa: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”
Les dijo: no temáis
La salvación que Él ofrece no tiene que ver solo con la vida eterna que recibirás por ocasión de su retorno triunfante a este mundo, sino también con una vida de alegría y gozo en esta tierra.
Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo. (Lucas 2:10)
“No temáis.” ¡Qué anuncio maravilloso! Vine a traerles la más extraordinaria noticia que alguna vez alguien podría recibir. Son “nuevas de gran gozo”. Gozo. ¿Entiendes? El gozo divino no es la alegría pasajera que la carne proporciona. El gozo divino es aquel sentimiento maravilloso de saber que Dios te acepta como eres, Aquel deseo de salir corriendo por las calles de la vida y gritarle a todo el mundo: “No tengo más miedo, estoy libre.”
Y lo mejor de todo, esas buenas nuevas de gozo, son “para todos” -Les dijo el ángel. Los pastores, estaban aquella noche oscura, aprensivos, y llenos de expectativas. Habían estudiado las profecías y sabían que el Mesías debería nacer. Ellos aguardaban la llegada de alguien que les traería el presente. De repente, en la penumbra de las colinas de Belén, rompe la oscuridad del pecado el propio Padre, trayendo el mayor presente, envuelto en pañales, en un pesebre y les dice a los pastores: “Os ha nacido hoy en la ciudad de David, un salvador, que es Cristo el Señor.”
Creo que muchos cristianos todavía no han entendido esta declaración. La palabra CRISTO, está escrita en el original, con letras mayúsculas. Destaca su misión redentora de Jesús. El texto dice más. Añade que la señal de que Jesús era el Cristo, sería encontrarlo “envuelto en pañales, acostado en un pesebre”.
Pobreza, sufrimiento, limitaciones. Todo acompañó a Jesús, a lo largo de su existencia. Fue perseguido. Huyó a una tierra. ¿Todo eso para qué? Para que tú vivas la vida abundante, las nuevas de gran gozo. Su pobreza es tu riqueza. Sus limitaciones, tu abundancia, Su muerte, tu vida.
Nadie tiene el derecho de vivir una vida sin ambiciones alegando que Cristo fue pobre. La pobreza es una de las consecuencias que el pecado trajo a este mundo. Por lo tanto, mientras exista el pecado existirá pobreza. Pero Jesús vino a librarte de la mediocridad y el conformismo. Vino a libertarte de la ignorancia y de la miseria. La salvación que Él ofrece no tiene que ver solo con la vida eterna que recibirás por ocasión de su retorno triunfante a este mundo, sino también con una vida de alegría y gozo en esta tierra.
No salgas hoy sin meditar en las palabras del ángel:” Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo.”
Día de consecuencias
El día del Señor vendrá acompañado no solo de la melodía de las trompetas de júbilo, sino también de la furia de una naturaleza descontrolada. Y ese día los seres humanos se dividirán en dos grupos.
Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento. (Sofonías 1:15)
¿Cuándo fue la última vez que cantaste un himno sobre el futuro juicio del mundo? Creo que a nadie le gusta pensar en el día final, el día del acierto de cuentas. Pero el “Día del Señor” es un concepto bíblico que debemos llevar más a serio pues nos dice hacia dónde están yendo las cosas y cómo terminarán.
El evangelio significa buenas nuevas de salvación. A todos nos gusta escuchar esas buenas nuevas. Multitudes llenan estadios para deleitarse con las maravillas de la gracia de Dios. Pero el evangelio no tiene solo que ver con un estado de bienestar pasajero en este mundo, no es solo la tranquilidad de una consciencia que se sabe perdonada. Es también el fin definitivo del pecado.
¿Qué valor tendría se salvos para continuar viviendo en este planeta maldito por el pecado? ¿Cuáles serían las bendiciones de la salvación si tuviésemos que continuar enterrando a nuestros seres queridos tocados por la muerte? El evangelio es la buena nueva de que el pecado tendrá fin y de que el mal no se levantará por segunda vez.
Solo que el día del Señor vendrá acompañado no solo de la melodía de las trompetas de júbilo, sino también de la furia de una naturaleza descontrolada. Y ese día los seres humanos se dividirán en dos grupos: Los salvos y los perdidos. Los primeros levantarán las manos al cielo para recibir al Señor con quien vivieron en esta tierra una vida de compañerismo, solo por la fe.
Los segundos, correrán a los montes y a las cuevas para esconderse de la presencia de Dios, de quien siempre se escondieron. En aquel día glorioso y espantoso al mismo tiempo, no habrá un tercer grupo. Ese día no serán todos, los caminos que llevarán a Dios.
Hoy es el día de buena nueva. Hoy es el día de decisión. ¿Qué tipo de experiencia tienes con Jesús? ¿Es para ti solo una teoría, una doctrina bonita y nada más? ¿O es el amigo y Señor de todos los días, de cada hora y de cada minuto?
No empieces el día sin renovar tu voto de entrega a Jesús. Nada tienes que temer con relación al futuro si hoy aprendes a vivir en comunión permanente con Él. Aunque “día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento.”
Nadie como Él
No importa cuántos soldados forman parte del ejército enemigo que tienes que enfrentar hoy. No importa las armas sofisticadas que ellos traigan. Tu seguridad es el Dios de los ejércitos de Israel. Sal sin miedo, porque “Los montes tiemblan delante de él”.
Los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten; la tierra se conmueve a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan. (Nahúm 1:5)
Es temprano. Te despiertas dispuesto a iniciar las actividades de un nuevo día pero sientes el sabor amargo de la impotencia delante de una montana de dificultades. Crees que no tienes fuerzas, estás cansado de luchar y el miedo empieza a apoderarse de tu corazón. ¿Qué hacer? Lee de nuevo el versículo de hoy. Te habla de un Dios todopoderoso en cuya presencia los montes tiemblan y los collados se derriten.
El profeta Nahúm exalta el poder de Dios. A veces, para entender por experiencia propia lo que significa el poder de Dios, es necesario llegar al extremo de la incapacidad humana. Conozco Personas que decían ser ateas, hasta que un día, en la hora de la desesperación, sin saber qué hacer; cuando todos los recursos humanos habían fallado, no les restó otra alternativa sino reconocer a Dios.
Y lo maravilloso es que Dios no hecha en la cara la incredulidad pasada. No dice: “Ah, te acordaste de mí porque todo te falló.” Él simplemente abre los brazos y te recibe dispuesto a darte una nueva página.
La Reyna Victoria estaba conmemorando sesenta años del trono de Inglaterra cuando Rudyard Kipling publicó su poema, llamado “Himno de clausura.” Muchos ingleses se sintieron ofendidos porque el poema agredía el orgullo nacional en una época en que el Imperio estaba en todo su auge. “Himno declausura” es un poema que hace referencia al peligro de confiar mucho en sí mismo y menciona que otros imperios del pasado cayeron por causa del orgullo nacional.
Kipling no estaba equivocado. Muchas naciones en el pasado pensaron que Dios no podría hacer nada contra ellas. ¿Dónde están hoy? Solo restan ruinas. Sí, los montes y los collados desaparecen ante la presencia de Dios. ¿Qué será entonces del ser humano mortal?
La única garantía de victoria y permanencia es Jesús y la mejor decisión que la persona puede tomar es seguirlo. Aquel que está en Cristo, aunque esté muerto vivirá. Deposita toda tu confianza en Él.
No importa cuántos soldados forman parte del ejército enemigo que tienes que enfrentar hoy. No importa las armas sofisticadas que ellos traigan. Tu seguridad es el Dios de los ejércitos de Israel. Sal sin miedo, porque “Los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten; la tierra se conmueve a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan.”
Y ellos la recibieron
Y no se quedan simplemente allí, sino que después, en una actitud obediente, se proponen a colocar en práctica los consejos divinos.
Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. (Juan 17:8)
La Biblia es el libro más leído en el mundo. El más amado, sin duda, pero también el que tiene más enemigos. La historia está manchada con la sangre de muchas personas que pagaron con su vida el hecho de poseer un ejemplar. ¿Por qué tanto odio a la Biblia? Hay una causa sobrenatural. Existe un adversario, Satanás, que no soporta la existencia de un libro que muestra su derrota.
La causa de esta hostilidad es que la Biblia va en contra de lo que a la mayoría de las personas les gustaría oír. No elogia a nuestra civilización. No presenta al hombre como un ser noble que se encamina hacia un hermoso ideal humanista. Al contrario, muestra su alejamiento de Dios y su degradación moral. Reprueba sus pasiones y le aconseja a volverse de sus malos caminos.
En la oración sacerdotal de San Juan 17, el Señor Jesús agradece al Padre porque las palabras que recibió de Él, las entregó al ser humano y algunos las recibieron. ¿Qué significa recibir la Palabra? Hay muchas maneras de encarar el estudio de la Biblia. Algunos la estudian solo buscando alimentar el intelecto, y sin duda la Biblia tiene respuestas para satisfacer la curiosidad del ser humano, pero ella es más que simplemente un libro de texto.
Otros leen la Biblia como si fuese un amuleto. Piensan que existe algún poder sobrenatural en la lectura de un versículo diario. Tal vez no se den cuenta pero inconscientemente la lectura de la Biblia, para estas personas no pasa de un ritual como cualquier otro ritual. El poder es atribuido al hecho de leer la biblia y nada más.
Pero en el versículo de hoy el Señor Jesús habla de los que recibieron la Palabra. Estos son los que leen la Biblia con el propósito de encontrarse con Jesús, de oír su voz, de recibir sus consejos. Y no se quedan simplemente allí, sino que después, en una actitud obediente, se proponen a colocar en práctica los consejos divinos.
La Biblia es el manual de sobrevivencia. Nos muestra el camino, nos advierte de las armadillas que pueden aparecer adelante, nos infunde ánimo para continuar avanzando cuando el camino es íngrimo, en fin.
No salgas esta mañana si tomar la decisión de leer más la Biblia y de ajustar tu vida a sus enseñanzas. Y recuerda la oración de Jesús: “porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.”
Celos y contención
Cada día es nuevo porque es la hoja en blanco que Dios te entrega para que escribas una nueva historia. Tómate de la mano de Jesús. Siente su amor. Levanta la cabeza y mira hacia los horizontes sin fin.
Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. (Santiago 3:16)
Fue apenas el gesto de una extraña. Una mirada fugaz, interpretada de modo equivocado en el laberinto de la mente de ella. A partir de allí cada palabra que salía de su boca era una seta cargada de ironía y doble sentido. Habría heridas en el corazón del joven esposo, le hacía sangrar gotas de dolor profundo.
Fantasmas imaginarios invadían el mundo de Manuela. No quería verlos. Intentaba rechazarlos. Y sin embargo se asustaba y corría a esconderse en la ironía de sus palabras y en la confusión de sus agresiones. El matrimonio no duró 5 años. El saldo triste: dos vidas semidestruidas y un niño con los padres separados.
Los celos, “el vicio de la posesión”, como Jacques Cardonne los denomina han sido, desde la entrada del pecado, la causa de muchas infelicidades. Podríamos definirlos como un estado emotivo de ansiedad que domina por completo a una persona. Se caracteriza por el miedo ante la posibilidad de perder lo que se tiene, o se considera que se tiene, o se debiera tener. Puede ser el amor, el poder, la imagen profesional o social, en fin.
Manuela quedo sumergida en un mar profundo de tristeza y angustia. Empezó a perseguir al ex esposo. Fue a parar a la prisión por intento de asesinato y solo allí, sin saber a dónde ir en busca de auxilio, entregó el corazón a Jesús.
Con frecuencia el ser humano corre la carrera que no tiene fin. Busca sin encontrar, hasta que un día, extenuado de intentar e intentar, cae sin fuerzas en algún rincón de la vida, esperando el instante fatal.
Fue en esas circunstancias que Jesús encontró a Manuela. Su amor infinito llenó el vacío del finito corazón de la joven desesperada. Curó sus heridas. Y ella entendió que no necesitaba tener, ni poseer, ni apoderarse de lo que nadie entrega por la fuerza: el amor.
Ya pasaron años. Muchos soles salieron y se pusieron. Muchas lunas cambiaron de forma y se renovaron y Manuela continúa sintiendo el corazón lleno del amor a Jesús.
Hoy es también, un nuevo día para ti. Cada día es nuevo porque es la hoja en blanco que Dios te entrega para que escribas una nueva historia. Tómate de la mano de Jesús. Siente su amor. Levanta la cabeza y mira hacia los horizontes sin fin, recordando que “Donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.”
No verán la tierra
La vida está hecha de decisiones. Para bien o para mal. No existe destino en el sentido determinista. Existe el resultado de las decisiones. El pueblo de Israel es un ejemplo de eso.
No verán la tierra de la cual juré a sus padres. (Números 14:23).
La vida está hecha de decisiones. Para bien o para mal. No existe destino en el sentido determinista. Existe el resultado de las decisiones. El pueblo de Israel es un ejemplo de eso. Dios le había prometido la tierra de Canaán. Lo había sacado de Egipto con mano fuerte, había cuidado de él a lo largo del desierto y en menos de dos años los había hecho llegar a la frontera de Canaán.
Este era el momento de la decisión. ¿Creer o no creer? ¿Avanzar o quedarse? El pueblo decidió quedarse. No creyó en las promesas divinas. Pensó que moriría en la frontera. Y así fue. No porque Dios lo castigó. Tampoco porque su destino era morir allí. Así fue simplemente porque así decidió. La vida es el resultado de lo que decides y cómo decides. La muerte también.
Al leer el versículo de hoy, la primera impresión es que Dios está condenando al pueblo: “No verán.” Generalmente esa es la visión que tenemos de la vida, que lo que nos sucede depende de otros o entonces de las circunstancias que nos rodean. Y no podríamos ser simplistas al punto de pensar que no existen factores adversos, o personas de mala voluntad. Esa es una realidad de este mundo de pecado. Pero la otra realidad es que la situación en que te encuentras no es resultado de factores ajenos, sino consecuencias de tus decisiones. El pueblo de Israel decidió quedarse cuando debería haber decidido avanzar. La disculpa fue el poder bélico del enemigo. En fin, disculpas nunca faltan, pero si quieres dar una media vuelta en tu vida es necesario revisar tus decisiones y reconocer dónde fallaste.
En cierta ocasión una niña de apenas 16 anos vino a pedirme un consejo. Quería saber que debería hacer porque el novio la había agredido físicamente en la calle. ¿Qué debería hacer? Aquel era un momento para decidir. ¿Qué se puede esperar, en el futuro, de un joven que en la época de noviazgo agrede físicamente a una chica? Ella decidió. Pero decidió errado.
Algunos años después me encontré con ella. Destruida por la vida y por el maltrato de un hombre que después de haberla agredido durante 10 años la abandonó con tres hijos pequeños.
Decisiones. Hoy es un día de decisiones para ti. Todo día lo es. Pero pídele a Dios que hoy, te ayude a tomar decisiones sabias. No sea que un día, como resultado de tu decisión oigas la voz de la propia vida diciendo: “No verán la tierra de la cual juré a sus padres.”
Un mensaje de amor
El conocimiento, sin valores espirituales te ensoberbece, te llena de orgullo y te vuelve autosuficiente. El éxito sin Dios, te convierte en el centro de un universo que solo existe en tu mente. Confundes riqueza con prosperidad, placer con felicidad, vida con existencia y sufres. Tu sufrimiento, aparentemente, no tiene razón de ser. Pero está presente en tus noches y tus días.
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.(2 Timoteo 3:16)
Son 5:14 de la mañana en el aeropuerto Saint Paúl de Mineápolis. Es verano y el sol nace temprano. Parece una bola de fuego que incendia el horizonte. Lo puedo ver, a través de la ventana, mientras bebo un jugo de naranja en el Café D’amicos & sons.
Espero mi vuelo para Miami y aprovecho el tiempo para escribir este devocional. Dos mesas a mi izquierda, un hombre moreno, fuerte, de lentes gruesos, mira a un punto indefinido. No ve nada, solo mira. Debe tener problemas. Se nota en su rostro marcado por la vida, en la expresión de su voz cuando atiende el celular. Dice algo como: “¿Para qué me quieres de vuelta? Mi vida está llena de errores, no valgo nada.”
¿Algún esposo que abandonó el hogar? ¿Un novio que no alcanzó las expectativas de la novia? ¿Un hijo que frustró al padre? No sé. Lo veo sufrir y pienso en el texto de hoy. Pablo habla de la perfección y de las buenas obras. El apóstol afirma que el propósito de la Biblia es instruirte y prepararte para “toda buena obra”. ¿Sabes a lo que se refiere Pablo con esta expresión? Al éxito, a la realización, a la prosperidad. ¿No es eso lo que tanto deseas en la vida?
Te preparas durante anos en la universidad, realizar cursos de especialización, sacrificas tiempo, dinero y esfuerzo. Tu objetivo es vencer y ser feliz. Pero lo que consigues en realidad es conocimiento. El conocimiento informa. La información ayuda, pero no te hace realizado ni feliz. Necesitas sabiduría pero no la recibes en las universidades, viene de Dios, a través de su Palabra.
Solo la Biblia es fuente de corrección y de instrucción en justicia. Solo ella es manantial de de valores y principios que le dan vida y sentido al conocimiento humano. El conocimiento, sin valores espirituales te ensoberbece, te llena de orgullo y te vuelve autosuficiente. El éxito sin Dios, te convierte en el centro de un universo que solo existe en tu mente. Confundes riqueza con prosperidad, placer con felicidad, vida con existencia y sufres. Tu sufrimiento, aparentemente, no tiene razón de ser. Pero está presente en tus noches y tus días.
Abre la palabra de Dios hoy. Busca sabiduría. Busca a Jesús. Camina con él a lo largo del día y no te olvides que la Biblia fue escrita para “redargüir, ensenar, corregir en justicia y prepararte para toda buena obra”.
Con amor eterno
Cuando finalmente el Señor Jesús aparezca en las nubes de los cielos, vendrá para destruir al pecado para siempre. Del mal, no restará ni raíz ni rama y los únicos seres humanos que serán destruidos con el pecado serán los que no quisieron abandonarlo y se agarraron del pecado hasta el fin.
Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. (Jeremías 31:3)
¡Amor eterno! ¿Qué significa eterno? Que no acaba nunca, que no tiene principio ni fin, que siempre es el mismo. Pero hay muchos cristianos que creen que el amor, la gracia y la misericordia divinos son actitudes de Dios que aparecen solo en el Nuevo testamento y que el Dios del AT es un Dios de ira, de justicia y de venganza.
Si esto fuese verdad, Dios, no sería Dios. ¿Qué tipo de Dios es ese que cambia de personalidad? ¿Hizo tanto mal a los seres humanos en el AT, y después se arrepintió, y se volvió bueno en el nuevo testamento?
Si hacemos un estudio detenido del AT veremos que la nota que más destaca es el amor de Dios. Desde el principio, cuando creó al ser humano por amor, pasando por la solución que presentó al problema del pecado, después que Adán y Eva cayeron; mostrando su paciencia con un pueblo contumaz y rebelde como el pueblo de Israel, el amor de Dios siempre estuvo presente.
Si un día el ser humano se pierde, no será porque Dios deje de amarlo sino porque el propio hijo llegue al punto de volverse insensible al amor divino.
El otro día un joven me abordó con la siguiente pregunta:
“Si Dios me ama, ¿significa que no debo preocuparme en vivir una vida justa porque el amor de Dios finalmente me salvará?”
¡Este puede ser un error catastrófico! El amor de Dios no acaba nunca pero tu corazón puede llegar al punto de que el amor de Dios no tenga ningún valor más para ti. Nadie se va a perder porque Dios dejó de amarlo. Pero el amor de Dios no salvará a quien jugó con su misericordia. Cuando finalmente el Señor Jesús aparezca en las nubes de los cielos, vendrá para destruir al pecado para siempre. Del mal, no restará ni raíz ni rama y los únicos seres humanos que serán destruidos con el pecado serán los que no quisieron abandonarlo y se agarraron del pecado hasta el fin.
Por eso la Biblia afirma constantemente que hoy, es el día de buena nueva y hoy, es el día de salvación. Haz de este día un día de decisiones sabias. Entrégale el corazón a Jesús, no juegues con su amor y sal para los desafíos de este día oyendo la voz de Dios que te dice: “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.”
Mi Gozo en vosotros
La felicidad plena es el resultado natural de la presencia de Jesús en la vida. Todo lo que intentes llamar felicidad, sin Cristo, es alegría hueca. Pena que para entender algo tan simple, tengamos que llegar, como Antonio, al puente más agitado de Mineápolis.
“Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:11)
El tránsito es intenso en el puente más agitado de Mineápolis. Es una tarde triste, a pesar del verano. Ayer, el huracán Dolly golpeó con fuerza el sur de Texas y a Antonio le hubiera gustado estar allí para ver si el huracán acababa con él. Como no fue posible, está aquí, encima de la carretera 35, con la idea absurda de quitarse la vida.
Cualquiera que viese a este joven desesperado, jamás imaginaría que hace solo 42 días, él desfilaba por el corredor de una iglesia, con su cabellera negra suelta, para recibir a su novia. ¡Cómo son las cosas! No se completaron dos meses y Antonio cree que no vale la pena seguir viviendo.
Durante la luna de miel pensó que era el hombre más feliz. Su esposa era un regalo divino. Cuando sonreía se le formaban dos agujeritos en el rostro. Parecían dos entradas hacia un mundo de felicidad. Pero la dicha y el gozo les duraron poco. Verdades dichas a medias habían levantado entre ellos una pared de dolor e incomprensión
¿Qué hacer ahora? Antonio nunca llevó el cristianismo a serio. Aceptó casarse en una iglesia porque su novia insistió. Para él no hacía mucha diferencia. En su opinión, la felicidad de una pareja no era responsabilidad que se dejase en las manos de Dios. Era, resultado de la disciplina y del esfuerzo humano.
Pero él no contaba con las circunstancias absurdas que trae la vida. Toda su disciplina era incapaz de mudar la determinación de la esposa. Estaba decidida a divorciarse.
“Es injusto”, pensaba él. Dos vidas jóvenes no pueden ser destruidas solo porque se omitió la verdad. Pero la vida es así. La verdad puede ser dolorosa pero es limpia por ser verdad. Ya la mentira, disfraza la herida pero cuando quitas la venda te sorprendes con una gangrena incurable.
Antonio no sabe lo que el Señor Jesús dijo un día. El gozo, el verdadero gozo, la auténtica felicidad, la dicha plena, no es fruto del esfuerzo humano. Es un regalo divino.
“Que mi gozo esté en vosotros” dijo Jesús. Solo cuando el gozo de Jesús esté en tu corazón, “tu gozo”, será cumplido. La felicidad plena es el resultado natural de la presencia de Jesús en la vida. Todo lo que intentes llamar felicidad, sin Cristo, es alegría hueca. Pena que para entender algo tan simple, tengamos que llegar, como Antonio, al puente más agitado de Mineápolis.
Parte hoy para los desafíos de la vida recordando que Jesús quiere que “su gozo esté en ti, para que tu gozo sea cumplido.”
El miedo paraliza
Pero en la hora de enfrentar los problemas, que tus ojos no se fijen en el adversario, sino en el Dios que te prometió que te llevará a Canaán y te entregará la tierra.
No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. (Números 13:31).
El miedo paraliza. Acaba con los sueños, con los planes y con las ganas de vivir. El miedo es larva insidiosa que come por dentro sin que tengas consciencia de tu drama. Cuando despiertas a tu triste realidad, ya es demasiado tarde. Dicen que de cada siete personas, una vive presa de algún miedo. Es un dato alarmante. Las personas se encierran en sus temores y crean monstros asustadores que solo ellas ven.
Existen muchos tipos de miedos. Miedo de la gente, miedo de perder el empleo, miedo de salir a la calle, de trabajar, de tomar el ómnibus y hasta de ir a la iglesia. De todos esos miedos creo que el más terrible es el miedo de ser feliz.
El versículo de hoy habla de ese miedo, y muestra que la causa del miedo en las personas es la falta de fe en Dios y en sus promesas. Cuando dejo de creer en Dios, todo en vuelta de mí, se vuelve amenazador y si Dios no habita en mi corazón, con toda seguridad el miedo que se apoderará de mi corazón.
Israel había llegado a la frontera de la tierra prometida. Un paso más y se apoderaría de la herencia ofrecida a sus padres. Las promesas de Dios eran seguras. Nadie sería capaz de resistir en pie delante de ellos, pero en la hora primordial, permitieron que el miedo se apoderase del corazón y no quisieron avanzar.
“No podremos subir contra aquel pueblo porque es más fuerte que nosotros.” ¡Mentira! La razón de su temor no era la fortaleza del enemigo sino la falta de confianza en las promesas de Dios.
Todos encontramos enemigos en el camino. Es la lucha diaria. Obstáculos, dificultades, preconceptos, desafíos aparentemente difíciles de ser vencidos. Si piensas que fracasaste, no intentes más luchar. Ya estás fracasado. Pero en la hora de enfrentar los problemas, que tus ojos no se fijen en el adversario, sino en el Dios que te prometió que te llevará a Canaán y te entregará la tierra.
¿Cuáles son tus adversarios hoy? ¿Qué es lo que tanto te asusta? Piensa en Dios. Jamás un hijo de Dios, escondido en las manos del todopoderoso, perdió una batalla. Este puede ser el grande día de victoria que esperas. Solo no repitas el error de Israel, que dijo. “No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.”
Envidia en el corazón
Dios te confió algún don. Trabaja con él para gloria del Señor. No mires a los dones que Dios les confió a los otros. En este mundo hay un trabajo que solo tú puedes hacer, porque nadie más es igual a ti.
Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová. (Números 12:2).
Sucedió en el desierto. De repente, sin motivo, los hermanos de Moisés se sintieron postergados, olvidados, relegados a un segundo plano y dieron lugar a la envidia en su corazón. La envidia es terrible. Es propio de la naturaleza humana y todos, de una u otra forma, la llevamos dentro. Algunos incluso, por doloroso que suene, corremos el riesgo de llevarla bastante fuera.
Allá en el desierto el Señor reprobó la actitud de Aarón y Miriam. Esta quedó leprosa y si no fuese por la intercesión de Moisés, tal vez habría muerto. ¿Cuál fue la disculpa de ellos para anidar a la envidia en su corazón? La importancia que el pueblo le daba a Moisés. ¿Por qué solo él? ¿Por qué no también nosotros?
Ellos tenían su lugar. Miriam era la directora del coro de Israel además de coordinar las actividades de las mujeres. Aarón era el sumo sacerdote. ¿No podrían haber desarrollado su respectivo trabajo sin fijarse en el trabajo del hermano? Podría haberlo hecho, sin duda, pero el problema de la envida es justamente ese. El envidioso vive enojado con todos por sentirse inferior, y las otras personas ni siquiera advierten su presencia. Él, deambula entre la gente fijándose en lo que los otros tienen y él no tiene, en lo que ellos hacen y él no puede hacer. La vida pasa y no se da cuenta de que ese sentimiento es el que lo hace cada vez más pequeño e insignificante.
Dios te confió algún don. Trabaja con él para gloria del Señor. No mires a los dones que Dios les confió a los otros. En este mundo hay un trabajo que solo tú puedes hacer, porque nadie más es igual a ti.
Tienes un nuevo día delante de ti. Sé feliz haciendo el trabajo que sabes y puedes hacer. Al fin de cuentas este mundo es como un inmenso cuerpo donde cada miembro es importante y donde existe una misión para cada uno.
No pierdas el tiempo queriendo hacer el trabajo de otro solo porque te parece bonito, encantador, o más interesante. Si crees que nadie nota tu trabajo, sigue adelante. No esperes que tu satisfacción nazca del reconocimiento ajeno, sino del deber cumplido. Y recuerda que un día Aarón y Miriam dijeron: “¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?”
¡La gloria de Dios!
Es necesario recordar que los dones que tienes son para la gloria de Dios y no para tu gloria. Por eso es importante que como “sacerdote” tengas el compromiso de mantenerlos en óptimas condiciones. En el momento en que Dios requiera de ellos, deben estar pulidos, brillantes, limpios y listos para dar realce al servicio del Señor.
Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén. (1 Pedro 4:11)
¡La gloria de Dios! Lo que somos y tenemos es para su gloria. No somos nuestros. Somos hechura suya y el propósito de nuestra vida debe ser glorificar su nombre.
En el Antiguo Testamento, una de las tareas de los levitas era cuidar los utensilios que se usaban en el tabernáculo. Imagino que eso significaba lavar, limpiar y pulir las herramientas que eran de oro, plata y piedras preciosas. Cada vez que se necesitasen de esos utensilios, debían estar listos, limpios y bien cuidados.
¿Cuál es la aplicación de este incidente para tu vida? Los utensilios, en aquellos tiempos, eran instrumentos que servían para apoyar el servicio al Señor. Estaban en el tabernáculo para asistir en lo que tenía que ver con el ministerio al Señor. Por eso era importante que el instrumento siempre estuviera listo, dispuesto y preparado. Esos “utensilios” hoy, son: los dones y las habilidades, que Dios te dio.
Pero es necesario recordar que los dones que tienes son para la gloria de Dios y no para tu gloria. Por eso es importante que como “sacerdote” tengas el compromiso de mantenerlos en óptimas condiciones. En el momento en que Dios requiera de ellos, deben estar pulidos, brillantes, limpios y listos para dar realce al servicio del Señor.
Para que esto sea una realidad en tu vida, Jesús necesita ser el centro de tu experiencia. De otro modo, los dones y talentos que recibiste de Dios, se colocarán al servicio de tus propios sueños y planes personales, humanos y egoístas.
Conocí jóvenes brillantes, con dones extraordinarios, que usaron sus talentos para buscar fama, gloria, y aplausos humanos. Alcanzaron alguna cosa talvez, pero, Pero, ¿dónde están hoy? Y peor, ¿tienen paz en su corazón? ¿Pueden dormir tranquilos al llegar la noche?
Haz de este día un día de servicio al Maestro. Dedícale tus dones. “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”
Meditad bien
Meditar primero en la Palabra de Dios, después en las actitudes a la luz de las enseñanzas bíblicas. No es fácil. Porque la meditación demanda tiempo y a veces preferimos correr como locos dejándonos llevar por la corriente de la vida, que parar y reflexionar en lo que estamos haciendo.
Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. (Ageo 1:5)
Una mañana, ni bien su marido salió a caminar por el parque, Laucení encontró en la mesa de trabajo de su esposo, una libreta de anotaciones abierta. Al acercarse percibió que se trataba de un diario. La letra era indudablemente femenina y la fecha de la página abierta databa de muchos años atrás.
Julieta no resistió a la tentación de leerlo. Los primeros renglones le dieron escalofríos: “¡Ya no puedo más…no tengo más fuerzas para continuar siendo la segunda mujer de tu vida, pienso que sería mejor para todos, que esta pesadilla terminara de una vez…tengo tanto miedo!”
Laucení se echó a llorar desesperada. Sentía que el mundo caía encima de ella. Ahora tenía certidumbre de que su esposo la engañaba. Lo había sospechado desde el día en que se casaron pero él siempre lo había negado, sin embargo, ahora tenía la prueba y pediría el divorcio.
Al ser confrontado con la “verdad”, el esposo calló, no respondió, ni argumentó, ni negó, ni aceptó, simplemente se encerró en un mutismo absoluto. Ella gritó, lloró, lo agredió físicamente y pidió el divorcio.
Se separaron. Dos anos después de la separación, fue publicado el “Diario de La mujer de azul” y todo quedó aclarado. El esposo de Laucení era corrector y estaba en posesión del diario como parte de su trabajo.
Laucení buscó al esposo pero ya era demasiado tarde, él no quería vivir más al lado de una mujer que durante 15 años lo había asfixiado con sus celos.
El versículo de hoy es un llamado a la reflexión. ¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿Qué camino sigues? ¿Para dónde te diriges?
Cuantos hogares son destruidos porque los esposos no toman tiempo para la meditación. Meditar primero en la Palabra de Dios, después en las actitudes a la luz de las enseñanzas bíblicas. No es fácil. Porque la meditación demanda tiempo y a veces preferimos correr como locos dejándonos llevar por la corriente de la vida, que parar y reflexionar en lo que estamos haciendo.
Antes de enfrentar los desafíos de este día medita. ¿Qué cosa podría ser hecha de un modo diferente? ¿Por qué las cosas no salen como deseas, a pesar de que te esfuerza para que todo salga bien? Presta atención al consejo divino: “Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos.”
Haznos Dioses
¿Hace cuanto tiempo tienes la impresión de que Dios no atiende tus oraciones? ¿Cuánto tiempo más lo esperarás? ¿Buscarás otros dioses pensando que “no sabes qué le aconteció a Moisés”?
Se acercaron entonces a Aarón y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. (Éxodo 32:1).
Había pasado algunos días desde que Moisés subiera al Monte Sinaí para encontrarse con Dios. El pueblo, cansado de esperar, buscó a Aarón y le dijo que tal vez Moisés no volvería más y sería mejor buscar otros dioses. ¿Ya te pusiste a reflexionar sobre la fragilidad de las promesas humanas? Aquel pueblo le había prometido a Moisés que estaría allí esperando que él regresara con el mensaje de Dios. Habían sido los hijos de Israel los que le pidieron a Moisés que lo que Dios quería decirles, se lo dijese a él porque ellos tenían miedo de oír la voz del Señor. Y ahora, transcurridos pocos días, el pueblo no solo se había olvidado de su promesa, sino que buscaban otros dioses.
El otro día me encontré con una persona que durante años había sido fiel a Dios y había predicado el evangelio. Hoy no cree más en un dios personal sino en un dios energía que se manifiesta en muchas formas.
Le pregunté por qué había perdido la fe en Dios y su respuesta me hiso recordar al pueblo de Israel. “Esperé mucho tiempo –me dijo- pero Dios no me respondía. Busqué entonces la meditación trascendental y descubrí que no necesito de un Dios exterior, la energía vital está dentro de mí y a eso si quiero puedo llamarlo dios.
¿Hace cuanto tiempo tienes la impresión de que Dios no atiende tus oraciones? ¿Cuánto tiempo más lo esperarás? ¿Buscarás otros dioses pensando que “no sabes qué le aconteció a Moisés”?
Hoy puede ser un día de fundamentar tu confianza en el Dios invisible, creador del cielo y de la tierra. No busques la fuerza de las cosas creadas. Busca al creador. Deposita tu confianza en Él. Cuando piensas que está demorando en responderte, Él está preparándote para conquistas más grandes. Pero, para no buscar otros dioses, necesitas alimentar tu fe a través de la oración y del estudio de la Biblia. Si no lo haces, en poco tiempo acabarás fabricando amuletos que satisfarán tu curiosidad pero no la sed del alma que solo Dios puede calmar.
Enfrenta la batalla de este nuevo día pero recuerda: “Se acercaron entonces a Aarón y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.”
Mi especial tesoro
El amor de Dios no te valora por lo que eres o por lo que haces. Dios simplemente te ama a despecho de lo que hagas o no hagas. Lo único que Él espera de ti es que des oídos a su voz.
Ahora, pues, si dieres oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. (Éxodo 19:5 y 6).
Siete de Julio de 1730. Isla de reunión, antigua Bourbon, en el mar Índico. Un pirata va a ser colgado en la horca, los soldados vigilan y el público observa. Ha llegado el fin para uno de los más ricos piratas del Índico, Olivier Levasseur, apodado “La Buse”, el halcón. Con la soga al cuello, antes de ser ejecutado, el intrépido ladrón de los mares, asombra a la multitud desde el patíbulo. Muestra un documento que había escondido entre sus ropas y exclama: “Mis tesoros para quien lo comprenda.”
Fue de esa forma que se dio inicio a una carrera desenfrenada en busca del supuesto tesoro de Levasseur. El desafío era descifrar un criptograma escrito por el pirata, en el que indica algún lugar en el mar índico, dónde el tesoro estaría escondido. Hasta el día de hoy nadie ha logrado encontrar el tesoro de Levasseur. En las últimas décadas ha sido buscado en las Islas Seychelles, pero todavía sin resultado.
Levasseur asaltó infinidad de barcos portugueses y franceses por todo el Índico. Su mayor golpe fue en 1721, cuando capturó un barco portugués cargado de ricos tesoros. Para disfrutar de sus riquezas, Levasseur se retiró a una isla cercana a Madagascar y llegó a un acuerdo con Francia para devolver alguno de los tesoros usurpados y conseguir el perdón, pero esto no pudo evitar que, tiempo después, terminara siendo capturado y ajusticiado. El versículo de hoy, también habla de un tesoro. Solo que en este caso el tesoro eres tú y el que buscó el tesoro y lo encontró es Jesús. Por lo tanto, vales mucho. No fuiste adquirido con oro ni con plata sino con la preciosa sangre de Jesús.
Para Él habría sido más cómodo crear otra generación de seres humanos y dejarnos abandonados a nuestro destino de muerte. Desde el punto de vista humano habría sido lo mejor en materia de costo-beneficio. Pero el amor de Dios no te valora por lo que eres o por lo que haces. Dios simplemente te ama a despecho de lo que hagas o no hagas. Lo único que Él espera de ti es que des oídos a su voz.
Con esa visión de tu valor, sal a enfrentar los desafíos de este día y recuerda la promesa divina: “Ahora, pues, si dieres oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa.”