DEVOCIONALES
La senda de la vida
La razón por la que Jesús se identificó con el camino es que existen muchos caminos mentirosos. Son caminos de muerte. Fascinantes y seductores. Pero caminos de muerte.
Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre. Salmos 16:11
Dora quería ser feliz. Anhelaba desesperadamente ser feliz. Caminó por los caminos engañosos de la ilusión. Voló en las alucinantes alas de la drogadicción. Nadó por las aguas turbulentas de la promiscuidad. Amó, lloró, sufrió y murió consumida por las enfermedades aprovechadoras del sida. Vivió, quiso ser feliz y murió sintiéndose la mujer más infeliz del mundo. ¿Qué le sucedió a esta joven apasionada por la vida?
El texto de hoy trae tres ideas que muestran dónde erró Dora. Los dos primeros pensamientos son la “plenitud de gozo” y las “delicias para siempre”. Gozo y delicia, son sinónimos de felicidad. ¿Quién no desea ser feliz? El ser humano es movido a deseo de felicidad. Todo lo que realiza tiene como objetivo final la “plenitud de gozo” y las “delicias para siempre”. Esto significa prosperidad y realización.
Pero el salmista presenta las condiciones para recibir la “plenitud de gozo” y “las delicias para siempre”. Él dice: “Me mostrarás la senda de la vida”.
El ser humano, en su deseo sincero de ser feliz, escoge sus propios caminos, sigue sus propias ideas y acaba hiriéndose y haciéndose sufrir.
Existe un camino mejor. El salmista le llama a ese camino: “la senda de la vida”. Es triste cuando el ser humano quiere la “plenitud de gozo” y las “delicias para siempre”, pero rechaza la “senda de la vida”.
Desde la óptica divina, estas tres cosas forman parte de un mismo paquete. No pueden separarse.
Hay más. Cuando el autor bíblico menciona las palabras “presencia” y “diestra”, está refiriéndose a una relación de permanencia en la senda. La senda es Jesús. Cuando Él estuvo en esta tierra dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. El Maestro habló de un camino que en verdad, te lleva a la vida.
La razón por la que Jesús se identificó con el camino es que existen muchos caminos mentirosos. Son caminos de muerte. Fascinantes y seductores. Pero caminos de muerte.
¿Deseas ser feliz? Busca a Jesús. No empieces las actividades de hoy sin arrodillarte y decirle: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.”
¡Esfuérzate!
Cuando el esfuerzo es apenas el resultado de la autodisciplina se transforma en frustración. Si es el fruto de la presencia de Dios en la vida, es la llave que abre las puertas de la victoria.
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente, no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dónde quiera que vayas. Josué 1:19
Fabio tiene un examen difícil delante de sí. Hay más de cinco mil postulantes y apenas cincuenta lugares. “Es casi imposible que lo logre –piensa- pero es mejor intentar, que cruzar los brazos”.
El texto de hoy es el mensaje divino para los Fabios, que cada día, enfrentan desafíos. Desde la entrada del pecado, vivir es enfrentar desafíos. En la vida profesional, personal, financiera, en fin. Todos los días los desafíos están delante de ti, como fieras hambrientas dispuestas a devorarte
Las palabras del texto de hoy fueron dichas por Dios a Josué, al verlo temeroso delante de la responsabilidad de conducir a Israel hacia su destino glorioso. El joven discípulo de Moisés se consideraba incapaz de ser igual al maestro.
Este es uno de los errores de la vida. No necesitas ser igual a nadie. Sé tú mismo. Los otros, fueron otros. Por grandes, extraordinarios, carismáticos y capaces, fueron otros. Tú eres tú. Dios te creó diferente. Josué necesitaba entender eso y no temer delante del desafío que se le presentaba.
Lo impresionante del consejo de divino, no es solo “te mando que te esfuerces y seas valiente”. Lo más importante es la razón para que te esfuerces: “porque Jehová tu Dios está contigo”. La victoria no es solo el resultado del esfuerzo. La confianza en Dios, le da sentido al esfuerzo.
Hay millones de personas que se esfuerzan y son valientes, sin embargo lloran sus derrotas y fracasos. El panteón de los derrotados está lleno de gente que murió esforzándose. El simple esfuerzo humano es engañoso y seductor. Frágil como la arena. Inconstante como la nube.
Cuando el esfuerzo es apenas el resultado de la autodisciplina se transforma en frustración. Si es el fruto de la presencia de Dios en la vida, es la llave que abre las puertas de la victoria.
No importa cuántos aspiren el lugar que buscas. Si ellos son más capaces e inteligentes, no es problema. Tú tienes un Dios que no falla. Recuerda el consejo divino: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente, no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en donde quiera que vayas.
El Dios de tus padres
El mensaje de hoy es un llamado a la renovación de los valores espirituales, al compromiso, a una relación viva con el Dios creador del cielo y de la tierra.
¡Jehová Dios de vuestros padres os haga mil veces más de lo que ahora sois, y os bendiga como os ha prometido! Deuteronomio 1:11
La llamaban Canela por el color de su piel morena. Cuando sonreía, aparecían sus dientes como manada de ovejas blancas en orden. Era bella, inteligente y perspicaz. Soñaba ser abogada y no tuvo dificultades para realizar su sueño.
En la universidad conoció a un profesor, dueño de uno de los más grandes bufetes del país. Se casó con él después de la graduación y en pocos años se había transformado en una profesional brillante, reconocida y adinerada.
Al mirar al pasado, recordaba a sus padres, gente simple, llevándola a la iglesia y contándole historias bíblicas a la hora de dormir. Todo eso le parecía tan distante e ingenuo. Consideraba aquellos tiempos, una fase superada de su vida. Su fe había desaparecido junto con las limitaciones de su infancia. No necesitaba a Dios. Al menos, eso creía.
Sus padres fallecieron, tristes, por verla apartada de los caminos de Dios. Ella nuca había querido herirlos, siempre había sido una buena hija, apenas decía no necesitar a Dios.
Los anos transcurrieron y un día, la tragedia tocó su vida. Un accidente de tránsito cegó la vida de su esposo y la dejó condenada a una cama, para el resto de la vida.
Puedes imaginar lo que vino después. Casi sin recursos financieros, sin salud, sin amigos, rodeada de gente que solo se había aprovechado de su dinero, se acordó del Dios de sus padres y clamó a él.
¿Percibiste que mucha gente considera a Dios, un simple detalle, dispensable? El ateísmo negaba la existencia de Dios, pero pasó de moda. Ser moderno hoy, es creer en Dios e inclusive ir a la iglesia. Pero eso, no afecta la vida. Creer en Dios o hacer barra por un equipo de fútbol no tiene mucha diferencia. No influye en las decisiones ni modifica la conducta. Ese Dios, no es “el Dios de nuestros padres”.
El mensaje de hoy es un llamado a la renovación de los valores espirituales, al compromiso, a una relación viva con el Dios creador del cielo y de la tierra.
Deja que ese Dios haga la diferencia en tu vida hoy. Entrégale tu corazón. Comprométete con Él y “que Jehová, el Dios de tus padres te haga mil veces más de lo que ahora eres y te bendiga, como lo ha prometido.”
Interdependencia
Este es un remedio para las personas que creen que no se les presta mucha atención. Una persona que cumple su misión dentro del cuerpo, no tiene tiempo para sentirse abandonada o rechazada. Solo desarrolla su trabajo y no tiene tiempo para lamentaciones.
Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. 1 Corintios 12:21
Dios es un Padre de muchos hijos. Se deleita en relacionarse con ellos y que estos, por su vez, se relacionen entre sí. Es un privilegio pertenecer a la familia de Dios. Ella está simbolizada en la Biblia, por el cuerpo, que no es otra cosa sino el conjunto de órganos o miembros que se relacionan entre sí.
El cuerpo no existiría sin los órganos, pero un órgano solo, no es el cuerpo. Con este simbolismo el Señor Jesucristo destaca la lección de la interdependencia de los cristianos. Todos necesitamos de todos. Los pies, necesitan del corazón, el corazón necesita de la cabeza y la cabeza necesita de los riñones. Nadie es superior a nadie y nadie es mejor que el otro.
El problema es que, a veces, los que más trabajan son los que menos aparecen y los que más aparecen, son los que menos trabajan. Por ejemplo, en las campañas evangelísticas que realizo, hay gente que pasa toda la noche instalando el sistema de sonido, la iluminación; o arreglando la plataforma y las sillas; pero durante el evento, estas personas ni siquiera son mencionadas.
Yo, que no hice nada, estoy en evidencia durante el tiempo que dura la predicación. Aparentemente es una injusticia, pero Pablo dice que el ojo no puede decir: porque no soy oído no soy del cuerpo. El éxito de la comunidad depende de la correcta interrelación e interdependencia de los órganos.
Hay algo más. Somos una iglesia en camino a la perfección, pero todavía no somos perfectos. Por lo tanto no siempre las cosas funcionan como tú quieres. Paro la solución no es omitirse, ni quedarse a un lado criticando al cuerpo.
¿Cuál es tu lugar en el cuerpo de Cristo? Este es importantísimo, porque ningún miembro aislado del cuerpo puede vivir por mucho tiempo. No te preocupes si el lugar que ocupas es pequeño o grande, si es prominente o no. Asegúrate de estar ocupando un lugar en la iglesia de Dios.
Este es un remedio para las personas que creen que no se les presta mucha atención. Una persona que cumple su misión dentro del cuerpo, no tiene tiempo para sentirse abandonada o rechazada. Solo desarrolla su trabajo y no tiene tiempo para lamentaciones.
Revisa hoy la manera como te relacionas con las personas y sé consciente de tu interdependencia. Porque “Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.”
¡Toma tu bandera!
Cada día es día de nuevas oportunidades. Los errores de ayer, ya fueron cometidos. Pero si aceptaste a Jesús como tu salvador, y si se los confesaste, también ya fueron perdonados.
Los hijos de Israel acamparán, cada uno en su campamento, y cada uno junto a su bandera, por sus ejércitos. Números 1:5
Julián tenía enormes tatuajes en el cuerpo. Espaldas, pechos y brazos exhibían dibujos extraños. Su vida pasada había estado relacionada con el mundo del rock y de las drogas. Un día, se dejó encontrar por Jesús y todo cambió. Su desesperado corazón, que en otros tiempos, loco y vacío, buscaba un sentido para la vida, encontró la paz y el descanso que Jesús ofrece.
Un día se acercó de mí avergonzado. Sus ojos brillaban con intensidad. Quería decir algo pero no sabía cómo empezar. En pocos minutos me di cuenta que la causa de su perturbación eran los tatuajes.
-Cada vez que veo estos dibujos horribles me acuerdo de mi pasado. Cómo me gustaría que Dios me diese una piel nueva –se lamentó.
-Olvídate de tu piel –le aconsejé –Dios ya te dio un nuevo corazón. Eso es lo que importa.
Con frecuencia encuentro personas, como Julián, atormentadas por los recuerdos del pasado. En otros tiempos acampaban en el territorio enemigo y portaban la bandera de la destrucción. Nada pueden hacer hoy, para borrar los recuerdos de aquella época triste. Son parte de su historia. Vivir el presente es aprender a convivir con el pasado. La conversión no provoca amnesia. Los recuerdos son las raíces de cada ser humano.
Lo que realmente vale es el presente y el maravilloso futuro que Dios tiene para ti. Haz nacido de nuevo. Tienes nuevos valores, principios y una nueva filosofía de vida. Perteneces al campamento de “Israel”. Entonces, ¡Levanta la bandera de Jesús! ¡Ocupa tu lugar!
Cada día es día de nuevas oportunidades. Los errores de ayer, ya fueron cometidos. Pero si aceptaste a Jesús como tu salvador, y si se los confesaste, también ya fueron perdonados.
¡Vive por Jesús! Hay mucha gente que murió por Cristo. Son los mártires de la historia cristiana. Hoy, Jesús no espera que seas despedazado por los leones en defensa de tu fe. No te pide que seas quemado vivo por tus principios. Lo único que espera es que vivas y revivas los nuevos valores que recibiste de Él, porque “los hijos de Israel acamparán, cada uno en su campamento, y cada uno junto a su bandera, por sus ejércitos.”
Optimismo
Mientras vivas en este mundo, los desafíos y las circunstancias difíciles siempre estarán delante de ti. No existe jornada alfombrada solo de flores. Dios jamás prometió a sus hijos que los libraría de los problemas, lo que les prometió es que en los momentos difíciles, Él estaría con ellos sosteniéndoles frente a los embates de la vida.
Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. Números 13:30
Caleb era optimista. Un santo optimista. Un hombre con una visión de futuro extraordinaria. El optimismo de Caleb se basaba en su confianza en las promesas divinas. El optimismo está relacionado con la responsabilidad que asumes o no, delante de las circunstancias. Es decir, te haces y aceptas ser el responsable de lo que te sucede y entonces te preguntas, qué es lo que puedes hacer con la ayuda de Dios, para mejorar o cambiar la situación presente de las cosas.
Ese era el caso de Caleb. El pueblo estaba dominado por el miedo, el enemigo era poderoso, una comparación del armamento de ambos demostraba que Israel no tenía la mínima condición de enfrentar a los cananeos; pero Caleb veía algo que los otros no veían. Su confianza radicaba en las promesas de un Dios que no conoce derrota.
El Optimista es un hombre lleno de confianza en Dios. Por el contrario, el pesimista se siente impotente frente al mundo, o incluso frente a sí mismo, y espera a que las circunstancias externas cambien, para hacer alguna cosa.
La confianza en Dios llevaba a Caleb a reconocerse como causa cambiante de todo lo que lo rodeaba, mientras que el pueblo, temeroso y pesimista se sentía el resultado de las causas exteriores.
Mientras vivas en este mundo, los desafíos y las circunstancias difíciles siempre estarán delante de ti. No existe jornada alfombrada solo de flores. Dios jamás prometió a sus hijos que los libraría de los problemas, lo que les prometió es que en los momentos difíciles, Él estaría con ellos sosteniéndoles frente a los embates de la vida.
Con estos pensamientos en la mente y en el corazón, empieza este nuevo día. No importa las barreras que encuentres delante de ti. El enemigo puede ser poderoso y armado hasta los dientes. Desde la lógica humana, es posible que tú no tengas la mínima posibilidad de vencer. Pero enfrenta tus desafíos usando la lógica divina. Confía en el Señor, y como Caleb di: “Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.”
¿Quién te hace sufrir?
Si fuese verdad que Dios es el causante del sufrimiento humano, lo que según Novak, llevó a muchas personas en los últimos tiempos a negar la existencia de Dios; entonces, la no existencia divina, significaría la ausencia del dolor. Es un asunto de simple lógica, ¿No lo crees?
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Jeremías 29:11
La mañana en que escribo este mensaje, Michael Novak, autor del libro “Nadie ve a Dios” (No One Sees God), comenta en el periódico USA Today, el hecho de que en los últimos meses, muchos cristianos, dejaron de creer en la existencia de Dios porque no entienden las razones que Él tiene, para provocar tanto sufrimiento.
El ser humano, a lo largo de los tiempos, ha luchado por descifrar el misterio del dolor. ¿De dónde viene el sufrimiento? El otro día conversé con una persona que creía que el dolor era el castigo divino debido a algún acto pecaminoso del ser humano. En las entrelineas, ella creía que Dios es un ser con los ojos abiertos, observando la conducta de los hombres para castigarlo si no se portan bien.
Esta é una idea diabólica. Fue el diablo que se presentó un día delante de Dios y le dijo, con relación a Job: “Quítale todo lo que tiene”. Sin embargo la Biblia afirma categóricamente que Dios no quita nada. Él, jamás envía el dolor. En el texto de hoy, Él afirma que sus pensamientos con relación a los seres humanos son “pensamientos de amor y no de odio, de paz y no de guerra”.
El dolor es fruto del pecado. No necesariamente del tuyo, sino del pecado como rebeldía universal. Nació en el corazón del enemigo de Dios. EL Diablo te hace sufrir y después te lleva a pensar que fue Dios el que te castigó. ¿Para qué? Para que te rebeles contra el creador y trates de vivir la vida solo, siguiendo tus propios instintos y provocándote más dolor.
Si fuese verdad que Dios es el causante del sufrimiento humano, lo que según Novak, llevó a muchas personas en los últimos tiempos a negar la existencia de Dios; entonces, la no existencia divina, significaría la ausencia del dolor. Es un asunto de simple lógica, ¿No lo crees?
Tal vez hoy es uno de esos días terribles en tu vida. Tu corazón está a punto de explosionar. No sabes qué hacer, ni para dónde ir. La vida te dio las espaldas, cometieron una injusticia horrenda contra ti y de repente, te vez tentado a pensar que, de algún modo, Dios tiene algo que ver con la causa de tu dolor. No lo hagas. Para, piensa y medita en los pensamientos que Dios tiene para ti. “Pensamientos de amor y no de odio, de paz y no de guerra.”
Te libraré
Haz hoy un día de libertad. Hecha fuera los complejos. Rasga los vicios y arrójalos al basurero. Rompe las cadenas que te oprimen. Sea cual sea el hábito nocivo que se considera tu dueño o el sentimiento descarriado que te lleva hacia la muerte.
Por tanto, dirás a los hijos de Israel: Yo soy JEHOVÁ; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes. Éxodo 6:6
Hay dos palabras que quiero destacar en el texto de hoy. Servidumbre y libramiento. Servidumbre es el acto de servir por temor. No es lo mismo que servicio. El servicio es noble. Jesús fue el siervo maestro. Vino a servir y nos inspiró a vivir para servir. La servidumbre, sin embargo, implica esclavitud. Estás obligado a servir. Hay un Señor que te fuerza. Se considera tu dueño.
La vida de Israel era una vida de servidumbre. Se había vendido a Egipto, por un poco de trigo, a causa de la hambruna que asolara sus tierras. ¿Te diste cuenta que las necesidades de la carne son las que nos llevan a la esclavitud del espíritu? El problema de Israel no consistía apenas en estar “bajo las pesadas tareas de Egipto.” Tareas pesadas se tornan leves si las haces por amor. Israel las realizaba por miedo. Era un pueblo conformado con la situación: servidumbre, esclavitud, complejo de inferioridad, mediocridad, en fin. Sin embargo Dios no se conformaba con eso. Él tenía un sueño más grande para sus hijos. Por eso les dijo: Yo los sacaré, los libraré y los redimiré.
Sacar tiene que ver con mostrar lo que está oculto. ¿Cuál es el valor que conservas escondido en los rincones de tu corazón? Librar, se relaciona con vida plena y sin limitaciones. Campos vastos, cielo azul y horizontes sin fin. ¿Qué hay dentro de ti que necesita ser libertado? Mira bien que estoy usando el verbo libertar y no liberar. Liberación es permiso. Liberación implica lucha, conquista. Jesús te ofrece libertad porque te redimió: Pagó el precio con su vida. Murió en la cruz del calvario.
Haz hoy un día de libertad. Hecha fuera los complejos. Rasga los vicios y arrójalos al basurero. Rompe las cadenas que te oprimen. Sea cual sea el hábito nocivo que se considera tu dueño o el sentimiento descarriado que te lleva hacia la muerte.
Acepta la promesa de Dios: “Yo soy JEHOVÁ; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes.”
Jesús te amó primero
Hoy es el día de buenas nuevas. Hoy es el día de salvación. No importa lo que hayas hecho ni como hayas vivido hasta aquí. Lo único que importa es que aceptes su sacrificio y confíes en Jesús.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 1 Juan 4:10
Seis de la mañana. Los rayos débiles del sol se filtran por entre los cristales rotos del restaurante. Su dramático encuentro con Jesús, la noche anterior, lo ha cambiado. Lo ha convertido en un nuevo hombre, más viejo tal vez, pero libre de los tormentos de su terrible pasado, feliz, con los ojos radiantes.
Sabe lo que debe hacer. Paga su chocolate con tostadas y se dirige a pie, al terminal de tren. Toma un billete al centro de la ciudad y anda por sus congestionadas calles. Pasado el mediodía llega a su destino. Sube lentamente las escalinatas de las oficinas de policía y confiesa su crimen.
No sale. Queda preso. Permanecerá en la prisión por ocho largos años. Pero su espíritu está libre. Ha encontrado la salvación en Cristo.
Lo conocí en Pensilvania, una noche de lluvia, mientras dirigía una cruzada evangélica. Me contó su historia. Me habló de sus noches de culpa, de sus días de remordimiento, de sus tardes y mañanas de angustia.
-Lo que tocó mi corazón, -me dijo sonriendo, -fue saber que mis culpas ya habían sido pagadas en la cruz del calvario. Cuando entendí lo que Jesús hizo por mí, tuve ganas de salir gritando para todo el mundo que yo había sido perdonado.
“En esto consiste el amor,” empieza diciendo Pablo. El amor de Dios se escribió con sangre. No fue una declaración romántica escrita con tinta colorida. Fue entrega, renuncia, sacrificio y muerte. Puede parecer injusto y cruel, pero eso es lo que te garantiza la vida. Tú no lo amaste para que Él te salvara. Él te amó primero, dejó sus mansiones celestiales y vino a buscarte.
Jamás podrás agradecer la dimensión de su amor. Pero puedes abrir el corazón y decirle que aceptas su sacrificio y estás dispuesto a andar en sus caminos.
Hoy es el día de buenas nuevas. Hoy es el día de salvación. No importa lo que hayas hecho ni como hayas vivido hasta aquí. Lo único que importa es que aceptes su sacrificio y confíes en Jesús.
Parte hoy para el cumplimiento de tus deberes diarios seguro y confiado en el amor divino, porque “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.”
El sueño de Dios
Nadie puede entender lo que sientes, yo sé. Tus dolores son tuyos, tus noches interminables también. Temes que llegue el día. Prefieres vivir en las sombras, escondiendo tu realidad, yo sé. Pero sé también que hay un Dios Todopoderoso esperando que solo le digas: “Señor, estoy cansada de sufrir, por eso te entrego mi vida, ¿Eres capaz de hacer lo que yo no puedo?”
Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Jeremías 1:5
Debe tener aproximadamente 20 anos. Demasiado joven para haber perdido el gusto por la vida y para destruirse como lo está haciendo. En pocos meses ha descendido a las profundidades más oscuras del vicio y de la degradación. Se prostituye para conseguir dinero a fin de comprar cocaína.
“Es la única manera de olvidar lo que soy, balbucea, un poco de basura que alguien encontró en la calle”.
Verdad y mentira. Verdad que la madre biológica la había abandonado en la calle, recién nacida, envuelta en papel de periódico, en un tacho de basura. Mentira que por eso, ella no valiese, al punto de escoger aquella triste vida.
“No tuve otra opción”, dice, mordiendo sus labios hasta hacérselos sangrar. Dos lágrimas rebeldes resbalan por su rostro sufrido. Tengo ganas de abrazarla y decirle: “Hija, no sufras más, estoy aquí, llegué para salvarte.” Pero percibo que soy apenas un ser humano incapaz de calmar los dolores del mundo.
Lloro. Ella no lo percibe. Mis lágrimas ruedan para dentro, queman mis entrañas, me provocan el dolor terrible de la incapacidad. Entonces viene a mi mente el texto de hoy.
A veces, golpeado por la vida, llegas a la conclusión de que eres fruto del acaso y que tu existencia es una casualidad, un simple accidente biológico, o una coincidencia. Pero Dios dice que antes que nacieses, cuando aún estabas en el vientre de tu madre, El ya tenía un plan para tu vida. Nada sucede en este mundo sin el consentimiento divino. Tú eres fruto del amor maravilloso de Dios.
Suceda lo que suceda. A pesar de las circunstancias adversas que te rodean, a despecho de las heridas que la vida te haya abierto, el plan de Dios para ti continúa en pie. Lo único que necesitas es descubrirlo y seguirlo.
Nadie puede entender lo que sientes, yo sé. Tus dolores son tuyos, tus noches interminables también. Temes que llegue el día. Prefieres vivir en las sombras, escondiendo tu realidad, yo sé. Pero sé también que hay un Dios Todopoderoso esperando que solo le digas: “Señor, estoy cansada de sufrir, por eso te entrego mi vida, ¿Eres capaz de hacer lo que yo no puedo?”
Tal vez tu situación no sea, ni de lejos, parecida con la de esta joven, pero en el nombre de Dios, parte hoy para la lucha de la vida seguro de que, “Antes que te formases en el vientre de tu madre, Dios ya te conocía.”
Llegamos
La incredulidad de Israel lo llevó a vagar errante por el desierto por casi cuatro décadas, hasta que toda aquella generación fuese consumida por el calor de las arenas inhóspitas. Ellos jamás entraron a la tierra prometida, pero nos dejaron el legado de su ejemplo. Mal ejemplo, pero la vida es así. Aprendemos de las cosas buenas y de las cosas malas. Imitamos lo bueno y evitamos lo malo.
Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la cual ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Números 13:27
¿Llegamos? ¡Mentira! Después de esta declaración “optimista,” todavía necesitaron cuarenta años, para llegar a la tierra prometida. El mensaje de hoy es un mensaje de advertencia contra el optimismo exagerado. “Casi” no es “Ya” Jamás celebres por adelantado la victoria que no venciste. Trabaja hasta el último minuto, lucha incansablemente, nunca consideres al enemigo vencido, porque no existe enemigo vencido. Cuando menos esperes tendrás que enfrentar nuevas batallas. Es la lucha de todos los días.
La declaración de hoy fue pronunciada por los espías que Moisés envió para inspeccionar la tierra, antes de entrar y conquistarla. Ellos habían vuelto radiantes de alegría y gozo. Debería estar exuberantes, rebosantes de gratitud a Dios porque al fin estaban a punto de ver un sueño realizado, pero en vez de eso, traían una mescla de sentimientos bien humanos. El optimismo exagerado por un lado, el deslumbramiento por las riquezas que habían visto. Realmente la tierra era tierra que fluía leche y miel. Pero el otro sentimiento era un pesimismo asustador. “No podremos derrotarlos porque ellos son más fuertes que nosotros.”
¿Te das cuenta cómo, cuando el ser humano de aleja de Dios sus sentimientos son como un péndulo que van de un lado para otro? Pierdes el equilibrio, te entusiasmas y te desanimas con facilidad. Inicias un negocio pensando en volverte millonario y a los dos meses piensas que cometiste el más grande error, te desanimas, no eres constante, no avanzas.
Ninguna victoria sucede por acaso. La corona no es fruto de un golpe de suerte. Es necesario persistir, continuar, aunque te da la impresión de que estás perdiendo el tiempo.
La incredulidad de Israel lo llevó a vagar errante por el desierto por casi cuatro décadas, hasta que toda aquella generación fuese consumida por el calor de las arenas inhóspitas. Ellos jamás entraron a la tierra prometida, pero nos dejaron el legado de su ejemplo. Mal ejemplo, pero la vida es así. Aprendemos de las cosas buenas y de las cosas malas. Imitamos lo bueno y evitamos lo malo.
Haz de este día un día de lucha y de trabajo. Aquella victoria que te parece ya casi en la mano, todavía no llegó, no te vistas de gala antes de tiempo, sigue luchando y confiando en Dios, hasta el último minuto. Todavía no digas como Israel: “Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la cual ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella.”
Cada Mañana
Cada mañana cuando las sombras de la noche desaparecen, Dios te está diciendo: Hijo, la noche se fue, hoy es un nuevo día, deja de lamentarte, levanta la cabeza, mira el sol, hoy es una nueva oportunidad. Hoy, todo puede ser diferente si confías en mí.
Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Lamentaciones 3:23
Las manecillas del reloj indican 5 de la mañana. Rosario abre la ventana y respira hondo. La rutina de su vida va a empezar. Hace tiempo ha perdido la alegría de vivir. La vida se le antoja monótona, triste, sin sentido.
Hay momentos así. Todo parece estar de cabeza para abajo. Intentas, luchas, te arriesgas, pero tienes la impresión de estar nadando contra la corriente. Miras al cielo, ves un avión surcando los aires y piensas que las personas que están dentro de ese avión sí deben ser felices. A fin de cuentas están allí, viajando, paseando y disfrutando de la vida. Entonces, ¿Cuál es el problema contigo? ¿Por qué las cosas nunca funcionan? ¿Qué le sucede a Dios que les da mucho a unos, y nada a otros?
El texto de hoy habla de la misericordia divina. La misericordia es el amor elevado a la infinita potencia. Es la plenitud del amor. Jeremías, el autor del libro de Lamentaciones afirma que la misericordia de Dios se renueva cada mañana y que la fidelidad divina a sus promesas es grande. La palabra grande, en el original hebreo es rab, que quiere decir, abundante, ilimitada.
¿Ilimitada? ¿Para quién? Porque para ti todo sigue igual. El sol sale como todos los días y tienes que levantarte aunque no estés con ganas de cumplir con tus responsabilidades. ¡Espera, espera! Antes de continuar, vamos a pensar en lo que acabas de pensar: “El sol sale como todos los días”. ¡Ah! El sol sale. ¿Y si no saliese? ¿Qué ocurriría con el planeta si el sol, un día, decidiese no salir? ¿Te has puesto a pensar en esa posibilidad? No, claro que no. ¿Sabes por qué? Porque es obvio que el sol va a salir. Pero lo que Jeremías está diciendo en el texto de hoy es justamente que a veces no te das cuenta de cómo el amor de Dios se manifiesta en un detalle tan insignificante y rutinario como la salida del sol.
Cada mañana cuando las sombras de la noche desaparecen, Dios te está diciendo: Hijo, la noche se fue, hoy es un nuevo día, deja de lamentarte, levanta la cabeza, mira el sol, hoy es una nueva oportunidad. Hoy, todo puede ser diferente si confías en mí.
Por eso hoy, antes de partir para las luchas del día recuérdate que las expresiones del amor de Dios, “nuevas son cada mañana y su fidelidad es para siempre”.
¡Orar!
Haz de tu vida una vida de oración. Ora no solo de mañana y en la noche. Ora constantemente, cada minuto de tu vida. Relaciona todo lo que haces con Jesús. En vez de pensar solo en las dificultades que enfrentas, direcciona esos pensamientos a Dios, y ya estarás en una actitud de oración.
En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.
Lucas 6:12
Si tuviese que escribir una biografía de la vida terrenal de Cristo, le pondría por título: “El hombre del monte.” No solo porque murió en un monte, sino porque también vivió en el monte. Solo, buscando a su Padre en oración. Ahí estaba el secreto de su vida victoriosa. Después de pasar horas en comunión con la fuente de su poder, descendía al valle, encontraba a los hombres destruidos por el pecado, y los restauraba, les devolvía la dignidad y las ganas de continuar viviendo.
Los seres humanos corremos el peligro de tomar la vida de Jesús solo como un ejemplo de obediencia, y es verdad que nadie obedeció como Él. Pero antes de ser nuestro ejemplo de obediencia, Jesús es nuestro ejemplo de oración y comunión con el Padre. El maestro vino a enseñarnos, entre otras cosas, que solo es posible vivir una vida de obediencia, en la medida que vivamos una vida de oración.
Un joven me preguntó un día: “¿Que se puede decir en una hora de oración? ¿Cuándo yo oro, acabo todo lo que tengo que decir, en cinco minutos?” La razón porque la oración de este joven no dura mucho es que él solo ora para pedir, cuando lo que debía motivarlo, no es solo pedir. Dios conoce todo antes que le pidamos. El propósito de la oración es cultivar el compañerismo y la comunión con Jesús. Al fin de cuentas la vida cristiana consiste en vivir una experiencia diaria de comunión y compañerismo con Él.
La vida de Jesús fue una vida de constante oración. A veces, cansado, después de un día extenuante de trabajo arduo, el cuerpo le pedía dormir, pero Él buscaba tiempo para conversar con su Padre porque sabía que al día siguiente le esperaba otro día terrible de tentaciones y dificultades y solo sería posible salir victorioso, en la medida que buscase el poder con su Padre a través de la oración.
Haz de tu vida una vida de oración. Ora no solo de mañana y en la noche. Ora constantemente, cada minuto de tu vida. Relaciona todo lo que haces con Jesús. En vez de pensar solo en las dificultades que enfrentas, direcciona esos pensamientos a Dios, y ya estarás en una actitud de oración.
Que Dios te muchas victorias. Ah, y no te olvides que “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.”
¡Maravillas!
¿Cuál es la maravilla que necesitas que Dios opere en tu vida hoy? ¿Cuál es el drama que parece no tener solución? ¿Qué es lo que necesitas? Antes de iniciar las actividades de un nuevo día, reconoce tu incapacidad y ve a Dios, como al Padre de amor que Él es.
Yo les mostraré maravillas como el día que saliste de Egipto. Miqueas 7:15
Quisiera escribir un texto que alegre los corazones tristes. Un texto capaz de levantar al caído y de mostrarle que aún hay esperanza. Que la pareja a punto de divorciarse, de repente vea en el fondo del pozo, un tenue rayo de luz y sepa que no todo está perdido. Que el padre del joven drogadicto entienda que su hijo puede ser libertado.
¡Oh! Cómo quisiera tener la capacidad de decirle al desahuciado por la ciencia médica, que la extrema necesidad del ser humano es la oportunidad de Dios.
Quisiera ser el sol de un nuevo día, anunciando que la noche se fue y que ya no hay motivo para tener miedo. Que las lágrimas son el recuerdo de un momento difícil pero lo que realmente importa es el día que está naciendo.
Todo eso quisiera. Y solo tengo un pedazo de papel y un lápiz. Solo tengo mis propios miedos, mi humanidad carente, mis limitaciones. Así mismo quiero seguir siendo la trompeta que anuncia la victoria.
Por eso voy a la Biblia y me refugio en la Palabra eterna de un Dios que no cambia, que trasciende el tiempo y gobierna el espacio. Es mi Dios y el tuyo. Y hoy viene a decirte que aunque las sombras del dolor te envuelvan, aunque en tu cielo no haya estrellas, aunque tu cisterna no tenga agua y tus sueños parezcan desmoronarse como un castillo de arena, Él, hará maravillas en tu vida, como el día en que sacó a Israel de Egipto.
Esa fue la promesa que Dios le hizo a Israel cuando las huestes enemigas daban la impresión de haber vencido. “En aquel día –les había dicho Dios- vendrán a ti desde Asiria y las ciudades fortificadas, y desde las ciudades fortificadas hasta el río, y de mar a mar, y de monte a monte. Y será asolada la tierra a causa de sus moradores, por el fruto de sus obras”. (v.12 y 13)
¿Qué hacer delante de una situación como esa? La muerte se aproximaba inexorable. No había salvación desde la perspectiva humana, pero Dios, entonces aparece y le promete a su pueblo hacer maravillas.
¿Cuál es la maravilla que necesitas que Dios opere en tu vida hoy? ¿Cuál es el drama que parece no tener solución? ¿Qué es lo que necesitas?
Antes de iniciar las actividades de un nuevo día, reconoce tu incapacidad y ve a Dios, como al Padre de amor que Él es. Llora a sus pies y a pesar de las dificultades que puedan estar aguardándote, escucha su voz diciendo:”Yo te mostraré hoy, maravillas como el día que saqué a Israel de Egipto”.
Vivir es proseguir
Un nuevo año se presenta. El desafío es correr atrás del ideal que Dios tiene para ti. No desanimes. Tómate de la mano poderosa del Señor y escribe una nueva página de tu historia.
Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Filipenses 3:14
Con apenas veinte años, Raúl llega a la conclusión de que su vida es un fracaso.
-¿Para qué continuar viviendo?- Me pregunta en la carta, después de contarme las derrotas de su vida. Desde los dieciséis años ha usado drogas. Al principio, sólo para “probar”. O tal vez, para no sentirse aislado del grupo.
-A la hora que quiero, paro -les decía a los que le aconsejaban abandonar ese camino.
El día llegó. Quiso parar. Casi había perdido la vida en un accidente automovilístico. Quiso parar y descubrió que ya no podía. Era un pobre esclavo del vicio. A partir de allí su vida fue un fracaso tras otro. Abandonó los estudios, dejó la casa paterna y empezó a practicar pequeños robos. Acabó pasando un tiempo en la prisión.
Cierta noche, medio drogado, prendió la televisión del cuartucho inmundo que dividía con otros drogadictos, y me vio hablando del amor de Dios y de las incontables oportunidades que el Señor da a los seres humanos. El mensaje tocó su corazón. Fue a raíz de eso que escribió una carta a la producción del programa.
Al leer el versículo de hoy, tengo la impresión que el apóstol San Pablo le está hablando a este joven. “Prosigo a la meta” dice Pablo. El verbo proseguir, en griego, es lambanó. Literalmente significa “Alcanzar la cumbre de una montaña para descubrir que existe otra montaña más alta.”
Proseguir no es simplemente seguir. Es seguir a pesar de las dificultades, de las derrotas y de las promesas no cumplidas. Proseguir es continuar. Llegar es parar. El día que paras, mueres. La vida es proseguir.
Raúl necesita levantarse y proseguir. Todos necesitamos hacerlo. Cada día. A despecho de los errores cometidos. La más grande tragedia del ser humano no es resbalar y caer, sino quedarse caído pensando que una derrota es el fin de la carrera. En la pasarela de los victoriosos no desfilan las personas que jamás conocieron la derrota. La victoria es fruto de continuar a pesar de los fracasos ocasionales.
Un nuevo año se presenta. El desafío es correr atrás del ideal que Dios tiene para ti. No desanimes. Tómate de la mano poderosa del Señor y escribe una nueva página de tu historia. ”Prosigue a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”
En el principio, Dios
Dios trabaja primero en ti. Coloca en orden tu mundo interior, llena el vacío de tu corazón y trae luz a tu vida. Te inspira. El temor desaparece. Desaparecen las dudas, el desánimo, y empiezas a ver que las circunstancias adversas, y aparentemente injustas, no son tan asustadoras como parecen.
En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Génesis 1:1
Margarita sufre. Las derrotas desfilan por su mente como hormigas siniestras y dan lugar al miedo. Los consecutivos fracasos vuelven a su memoria, invaden su mundo. La llaga sangra otra vez. La joven mestiza cree que no tiene “suerte”. Llegó a los Estados Unidos acariciando el sueño americano, pero los años pasan y nada logra. Gana poco, cambia de empleo constantemente. Ninguna iniciativa le sale bien.
“Todos vencen en este país menos yo,” comenta con sus amigos, desanimada. “Simplemente no tengo suerte.”
Margarita es una joven luchadora. Se levanta de madrugada, trabaja catorce horas por día, en dos empleos diferentes y regresa a casa de noche, cansada. Tiene fuerzas apenas para darse un baño y dormir. La rutina de su vida es agobiante. ¿Qué futuro le espera? Se mira en el espejo y empieza a notar algunas líneas marcadas en su rostro.
“Estoy envejeciendo y no logro nada,” se lamenta.
¿Qué tiene que ver el versículo de hoy contigo, Margarita? Enjuga las lágrimas y trata de escuchar la voz de tu Padre Celestial.
En el principio no había nada. O tal vez sí. “La tierra estaba desordenada y vacía y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo” -dice el versículo dos. ¿Te das cuenta? Solo desorden, vacío y tinieblas. Casi nada. Nada. Pero entonces aparece Dios y le da forma a los cielos y a la tierra. El escenario universal cambia cuando Dios entra en acción.
¿Qué ocurriría en tu vida, si en el principio, colocases a Dios? ¿Te has preguntado, alguna vez si no logras lo que tanto anhelas porque en el principio solo están tus sueños, planes y proyectos? Luchas sola, trabajas sola y vives sola. Por eso piensas que tus metas son inalcanzables.
Atrévete a colocar a Dios en el principio de tu vida y verás que todo cambia. No por fuera. Las circunstancias que te rodean pueden continuar pareciendo adversas. Las pruebas y dificultades pueden seguir siendo las mismas. Pero tú no.
Dios trabaja primero en ti. Coloca en orden tu mundo interior, llena el vacío de tu corazón y trae luz a tu vida. Te inspira. El temor desaparece. Desaparecen las dudas, el desánimo, y empiezas a ver que las circunstancias adversas, y aparentemente injustas, no son tan asustadoras como parecen.
Haz de este nuevo año, un año de victoria. Coloca a Jesús en primer lugar porque “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
¡Esperaré!
La esperanza cristiana no es el simple deseo de que las cosas mejoren, sino la certidumbre de que el sol volverá a brillar, aunque en este momento solo veas nubes que anuncian tormenta. La vida puede haberte quitado mucha cosa. Puedes tener motivos suficientes para creer que el año que pasó fue el más terrible, pero se fue. Ya es historia. Tú no vives de la historia. Proyéctate hacia el futuro con fe.
Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá.
Miqueas 7:7.
Melisa despierta sobresaltada, con la frente húmeda y los labios secos. Intenta murmurar algo pero solo consigue llorar. El dolor de la pérdida es abrumador. Siente que el mundo cayó encima de ella. Acaba de salir del hospital después de recuperarse de un terrible accidente en el que fallecieron sus padres. Ella quedó con marcas horribles en su cuerpo y se encuentra completamente desorientada.
Hija única, 22 años. No sabe cómo enfrentar la nueva fase de su vida. Se siente sola, abandonada, y mira al futuro con miedo.
“En mi corazón ya no hay alegría,” piensa en silencio. Y una lágrima rebelde resbala por los surcos de sus cicatrices.
Melisa, ¡No pierdas la esperanza! La vida sin esperanza no tiene sentido. Es necesario tener esperanza. La noche pasará y vendrá un día lleno de sol. Aún es posible realizar el sueño que la tragedia despedazó. El dolor pasará y tu corazón volverá a cantar como cantan las aves, celebrando la llegada de un nuevo día. Espera en Jesús y confía en Él. Aunque los vientos contrarios intenten arrebatar tu fe.
Al fin de cuentas tú no estás sola en este mundo. Tú, como el profeta Miqueas, en medio de la adversidad, tienes un Dios a quien mirar y en quien confiar.
El año se fue. Abre las cortinas de tu corazón. Deja entrar al sol de un nuevo día. Confía en las promesas maravillosas de Dios. Él jamás te prometió que en este mundo de dolor, la tristeza pasaría de largo. Las lágrimas son una realidad innegable de este mundo de pecado. Pero nada está perdido para los que confían en Jesús.
Espera en Dios. La esperanza cristiana no es el simple deseo de que las cosas mejoren, sino la certidumbre de que el sol volverá a brillar, aunque en este momento solo veas nubes que anuncian tormenta. La vida puede haberte quitado mucha cosa. Puedes tener motivos suficientes para creer que el año que pasó fue el más terrible, pero se fue. Ya es historia. Tú no vives de la historia. Proyéctate hacia el futuro con fe.
Comienza un nuevo año, repitiéndote a ti misma la oración de Miqueas: “Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá.”
¡Amanecerá Jehová!
Las tinieblas de los problemas pueden envolver tu vida por completo, pero amanecerá. Enero llegó, trayendo la luz de un nuevo año. Créelo. No te desanimes. Este ano que está comenzando será diferente.
Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. (Isaías 60:2)
¡Diciembre llegó! ¡Un año más se fue! ¿Te diste cuenta que en esta vida todo se va? Se acaba la ropa, la comida se termina, la juventud se va, se deteriora la vida, en fin, desaparecen los momentos tristes, las horas felices; todo llega al fin.
El otro día conversé con una persona que me decía: “Este, fue el peor año de mi vida. Perdí el empleo en julio, mi esposa falleció consumida por el cáncer en octubre y ahora, pocos días antes de navidad, mi única hija, de apenas 16 anos, sin haber terminado siquiera el segundo grado, me da la noticia de que está embarazada.” ¿Qué quieres que haga con mi vida? ¿Cómo quieres que crea que existe un Dios que se preocupa por mí?
Nada le dije al principio. Apenas lo escuché. Respeté su dolor, la revuelta de su corazón herido, su desesperación. ¿Qué se le puede decir a una persona que está sufriendo terriblemente? Hay momentos en los cuales, la mejor ayuda que le puedes prestar a una persona es solo oírla, colocar un brazo en el hombro, dejarla llorar. A veces pienso que Dios nos dio lágrimas para lavar el veneno que está destruyendo las profundidades del alma, el dolor que asfixia, la hiel que ahoga el espíritu. Porque hay momentos en que todo te parece absurdo. Quieres ser feliz y, por más que te esfuerzas, no lo logras; te da la impresión de que la felicidad se te escapa por entre los dedos. Otras veces, te parece tan distante, como aquella estrella que observas en el cielo azul, bella, esplendorosa, pero ajena. Sientes que no te pertenece. Puedes observarla de lejos, pero es como si no tuvieses derecho a ella.
Y ahora el año se acabó. Se fue y ojalá que en su loca corrida se hubiese llevado también tu dolor, pero no. No lo hizo. Se marchó dejándote el sabor amargo de la derrota, de las cosas con sabor a feo, a horrible, a desgracia. Y aquí estoy yo, queriendo decirte alguna cosa y no sabiendo siquiera cómo empezar.
Entonces vuelve tus ojos al texto de hoy. Porque aunque yo, como ser humano, no sepa qué decirte, Dios con toda seguridad sí lo sabe. Las tinieblas de los problemas pueden envolver tu vida por completo, pero amanecerá. Enero llegó, trayendo la luz de un nuevo año. Créelo. No te desanimes. Este ano que está comenzando será diferente. “Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.” Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.
¿De dónde vendrá mi socorro?
Por eso ¡levántate en el nombre de Jesús! Tu Dios no conoce derrotas. Es Jehová de los ejércitos, vencedor del universo. El año que pasó puede haber traído páginas tristes a tu vida pero, no todo está perdido, ¡levanta tus ojos a ese Dios eterno y todopoderoso!
Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? (Salmos 121:1)
Cuando el Salmista escribió este Salmo, vivía uno de los momentos más tristes de su experiencia. Su grande amigo y consejero, el profeta Samuel acababa de fallecer; él se encontraba atravesando el desierto de Parán, perseguido por su propio hijo Absalón. ¿Cómo te sentirías tú si las personas en las que más confías te abandonan, te traicionan y se ponen a luchar contra ti? ¿A dónde irías en busca de consejos y de ánimo si tu grande consejero ha muerto?
Samuel se sentía solo, sin saber a dónde ir, ni qué hacer. En esos momentos de tristeza y soledad, levantó los ojos hacia las alturas del los montes de Palestina. En aquellos lugares altos, los paganos ofrecían sacrificio a sus dioses, creyendo que ese era el camino para la solución de sus problemas. Observando aquellas montañas, David escribió. “Alzaré mis ojos a los montes.” En otras palabras: “Ya que todo el mundo sube esas montañas en busca de respuestas, yo también iré allá.” Pero en seguida recapacita y se pregunta: ¿De dónde vendrá mi socorro? Los que no conocían al Dios eterno de Israel subían aquellos montes en busca de soluciones, pero el salmista se pregunta: “¿Subiré también yo?” Es en aquellas alturas sofisticadas de la sabiduría humana, del materialismo, del consumismo, del racionalismo, del relativismo, ¿Es allí, donde encontraré salida para mis problemas? Entonces reacciona y se responde a sí mismo. No. “Mi socorro viene de Jehová”.
¿Por qué de Jehová? Por dos simples razones. La primera razón es el poder de Dios. “Él hizo los cielos y la tierra.”
No existía nada. Nada había. Solo el vacío. La oscuridad, el desorden, el Caos. Pero “por la Palabra del Señor, fueron creados los cielos y la tierra. Porque Él dijo y fue hecho. Él mandó y existió.” Ah querido, si Dios fue capaz de hacer todo, de la nada, solo por el poder de su Palabra ¿Por qué no podría hacer maravillas en tu vida si ya existe alguna cosa, aunque esa “alguna cosa”, sea apenas una vida hecha pedazos? Por eso ¡levántate en el nombre de Jesús! Tu Dios no conoce derrotas. Es Jehová de los ejércitos, vencedor del universo. El año que pasó puede haber traído páginas tristes a tu vida pero, no todo está perdido, ¡levanta tus ojos a ese Dios eterno y todopoderoso! “Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?
Él es Dios
Al reconocer y agradecer a Dios por su eternidad, la temporalidad, la fugacidad, la fragilidad del siervo de Dios se transforma en esperanza. Y su necesidad de permanencia es satisfecha. Esa experiencia puede ser tuya en el año que va a comenzar.
Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios. (Salmos 90:2)
¡La vida es pasajera! Desde la entrada del pecado a este mundo todo lo que empieza termina, todo llega al fin. Nada dura. Asimismo, existen cosas como la montaña, símbolo de permanencia.
Si tú ves una nube en el cielo azul, es posible que una hora después ya no la encuentres más allí. Si tú dejas un árbol en algún lugar, es probable que cien años después el tiempo lo haya deteriorado. Pero si tú observas un monte y vuelves dentro de 50 mil años, el macizo bloque de piedra estará en el mismo lugar. Porque aunque en esta vida todo es pasajero, todavía hay algunos objetos durables. La montana es uno de ellos.
Pero en el salmo 90 Moisés mira a los montes y raciocina: “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, eres tú.” Date cuenta que Moisés toma a la montaña, símbolo de algo duradero, y lo describe como algo que tiene comienzo. “Antes que naciesen los montes.” -dice. Los montes, por más que delante de la temporalidad del ser humano, parezcan duraderos, tienen principio. Alguien los creo. Si no, no estarían allí, no existirían. ¿Quién está detrás de ellos? ¿Quién los creó? ¿Quién los hizo nacer? La respuesta es “Tú”’. Ese tú es un pronombre personal. En el salmo 90 se refiere a una persona eterna. Es el propio Dios. El Dios eterno creador del cielo y de la tierra.
Mira cómo Moisés lo describe: “Desde el siglo y hasta el siglo, eres tú.” La declaración del profeta está equivocada desde el punto de vista gramatical. La redacción correcta debería ser: “Desde el siglo y hasta el siglo, eras y no eres, tú.” Pero es que la eternidad divina rompe cualquier regla gramatical. Su existencia soberana quiebra todos los tiempos verbales. El no se encaja en ninguno de ellos. En Él se conjugan todos los tiempos. Él es Dios.
Al reconocer y agradecer a Dios por su eternidad, la temporalidad, la fugacidad, la fragilidad del siervo de Dios se transforma en esperanza. Y su necesidad de permanencia es satisfecha. Esa experiencia puede ser tuya en el año que va a comenzar. “Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.”