DEVOCIONALES
Conocer a Jesús
Nunca es tarde para revisar lo que llamas de Cristianismo. El que dice conocer a Jesús no toma al Maestro, de la mano y lo lleva por donde quiere. El cristianismo auténtico es sumisión a un Dios que te conduce a la tierra de la libertad. Libertad del libertinaje y de la tiranía de los deseos humanos.
El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. 1 Juan 2:4-5
Alicia parecía un festival de colores y de vida. Un arcoíris deslumbrante. ¡Siempre era así! Para ella todo era colorido. La seda rosa dibujaba la exuberancia de su amor, el lino blanco la dejaba melancólica cuando lloraba y el terciopelo rojo combinaba con la insensatez de su loco corazón.
Decía que amaba a Jesús. Que el Cristo del evangelio era el gran amor de su vida. Que por Él sería capaz de hacer cualquier cosa. Pero jugaba con la vida y manipulaba los principios.
Argumentaba que un Dios de amor no combinaba con reglas, que mandamientos eran cosa del pasado. Los limitaba a una montaña llena de humo, fuego y sonido de trompetas. Ella prefería el Calvario, la montaña del amor, donde Jesús pagara por sus pecados.
¿Para qué preocuparse en obedecer? La “gracia de Cristo” era para ella un manantial de agua fresca que le permitía vivir como se le antojase. Y vivió.
Hasta el día en que descubrió sus sueños despedazados. Entonces, la seda rosa ya no tenía atractivo, ni el lino blanco. Tampoco el terciopelo rojo. No había más alegría en su vida.
El apóstol Juan ya lo había dicho siglos atrás. “El que dice yo le conozco y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso.” La mentira combina con oscuridad. Por eso aquella tarde, que podía ser alegre, se volvía triste a pesar del sol inmenso que ardía como bola de fuego hundiéndose en el mar.
Nunca es tarde para revisar lo que llamas de Cristianismo. El que dice conocer a Jesús no toma al Maestro, de la mano y lo lleva por donde quiere. El cristianismo auténtico es sumisión a un Dios que te conduce a la tierra de la libertad. Libertad del libertinaje y de la tiranía de los deseos humanos.
Mira a lo lejos hoy, y pídele a Jesús que te ayude a andar con Él, porque “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.”
Por encima
Hoy es el día de pensar el tipo de soluciones que estoy buscando. ¿Soy capaz de creer en el evangelio, en su simplicidad y en su pureza? ¿O estoy buscando soluciones sofisticadas que “convenzan” mi raciocinio acostumbrado al mundo de las luces?
Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Éxodo 12: 27
¡Noche oscura en Egipto! El ángel destructor visitaba las casas. Los primogénitos morirían por causa de la rebeldía de Faraón. En este mundo nadie vive para sí. La influencia y responsabilidad que ejercemos tienen consecuencias; mucho más en el caso de los líderes, y Faraón era el líder de aquella nación.
Pero el ángel había recibido la orden de no tocar a los primogénitos de las casas, cuyo dintel estuviese manchado con sangre. Era la sangre del cordero pascual, símbolo de la sangre de Cristo que limpia el pecado de la humanidad.
Aquella noche era una noche de fe. ¿Quién podría garantizar que una simple mancha de sangre podría librar a los hijos de Israel, de la muerte? El pueblo solo tenía que creer. Creer significaba vivir. El ángel destructor pasaría por encima de las casas donde se había ejercido la fe.
El tiempo ha pasado pero las cosas no han cambiado. La salvación continúa siendo un acto de fe. Multitudes piden pruebas. “¿Qué puede hacer Jesús en mi caso?” se preguntan. “Hay otras soluciones a mi alcance, más prácticas, viables y razonables.”
Seguramente sí. Aquella noche en Egipto también las había. Trancar la puerta por ejemplo. Forrar los techos y las paredes de acero, irse al lugar más oculto, no sé; los seres humanos somos especialistas en buscar soluciones “prácticas.” Pero cuando el ángel pasase, solo perdonaría las casas cuyo dintel estuviese manchado de sangre.
Esta es una figura del día final de la historia de este mundo. Cuando Jesús vuelva a la tierra para llevar a sus hijos y la destrucción final se aproxime de los hombres, solo serán salvos aquellos cuyo corazón esté manchado con la sangre del cordero.
Hoy es el día de pensar el tipo de soluciones que estoy buscando. ¿Soy capaz de creer en el evangelio, en su simplicidad y en su pureza? ¿O estoy buscando soluciones sofisticadas que “convenzan” mi raciocinio acostumbrado al mundo de las luces?
No comiences tus actividades hoy, sin tener la seguridad que la sangre del Cordero ya manchó tu vida, porque solo Jesús “Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas.”
Que tengas salud
Al realizar muchos milagros de curación en el sábado, Jesús estaba relacionando también, al sábado con la salvación, con la vida y con la buena salud. Está probado que el reposo es un remedio contra el estrés, provocado por la vida agitada que el hombre de nuestros días vive.
Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. 3 de Juan: 2
El versículo de hoy muestra que la vida tiene diferentes aspectos. No es solo una experiencia espiritual, ni apenas física, o tal vez social. Es todo un conjunto. Y para que exista bienestar, todas las áreas de la experiencia humana deben funcionar bien.
Hablemos de la vida física. No podrías vivir sin un cuerpo. Por eso Dios, en la creación, te dio un cuerpo y te hizo un ser físico. Siendo Dios tu creador, sabe cómo debe funcionar tu cuerpo y cómo debes cuidarlo a fin de tener buena salud. Por eso, desde el principio de la creación se preocupó por la alimentación del ser humano, le dio órdenes claras de cómo debería alimentarse, si deseaba ser sano y feliz.
En el tiempo de Israel, también se preocupó por alimentar a sus hijos. Sabía que el cuerpo físico necesitaba de alimentación, de calor, de agua y de sombra y les proveyó todo eso de forma milagrosa. Les dio también órdenes sanitarias que el pueblo debía seguir para no ser víctima de epidemias por falta de higiene.
Y en el capítulo 11 de levítico le explicó detalladamente que tipo de alimentos podía comer o no, si quisiese tener Salud y vida física abundante.
En el Nuevo Testamento, Juan dice: “Que tengas salud.” Sin salud, de nada vale que tengas un buen empleo, dinero o amor. Un cuerpo enfermo siempre te estará trayendo dolor y no te dejará servir a Dios con alegría.
El Señor Jesús, durante su ministerio en la tierra, demostró preocupación por la salud física del ser humano. Al ver a la multitud hambrienta, la alimentó. Al ver a los enfermos, los curó y a sus discípulos, les dijo muchas veces que era necesario que reposasen para tener mejores condiciones de servir.
Al realizar muchos milagros de curación en el sábado, Jesús estaba relacionando también, al sábado con la salvación, con la vida y con la buena salud. Está probado que el reposo es un remedio contra el estrés, provocado por la vida agitada que el hombre de nuestros días vive.
¿No crees que la preocupación de Dios por tu salud, debería ser motivo de gratitud? Aprovecha este día para evaluar la forma como estas tratando tu cuerpo. ¿Bebes suficiente agua? ¿Practicas ejercicios diarios? ¿Te preocupas por tener una alimentación saludable o piensas que la buena salud es fruto del acaso? “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.”
Por la Palabra de Dios
Lee la biblia en primera persona singular. Cada vez que dice ellos o nosotros, colócate a ti y aplica los consejos bíblicos a tu experiencia y a las luchas que estás enfrentando en ese momento. Así conocerás a Jesús y Él será el fundamento de tu fe. Podrás confiar en Él, porque lo llegaste a conocer a través del estudio de la biblia.
Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Romanos 10:17
¿Cuál es la función de la Biblia en el desarrollo de la fe? Muchas personas relacionan la fe apenas con el sentimiento y las emociones. Sin duda, las emociones forman parte de la experiencia humana, pero la Biblia afirma que el fundamento de nuestra fe es Jesús. Si esto es verdad, conocer a Jesús se vuelve indispensable en la vida del cristiano, y la única manera de conocerlo, es conviviendo con Él.
Surge entonces otra pregunta: ¿Cómo se convive con Jesús? Aquí entran en juego tres elementos necesarios. La oración, la testificación y el estudio diario de la biblia. El propio Señor Jesucristo dijo un día, refiriéndose a las Escrituras: “Ellas son las que dan testimonio de mí.” No puede haber declaración más clara. Es a través del estudio de la biblia que llegas a conocer a Jesús, a confiar en Él, y a saber que nunca te fallará.
Pero este estudio de la Biblia no puede ser algo simplemente teórico e intelectual. No puedes ir a la biblia solo en busca de argumentos o conocimiento teológico, sino en busca de compañerismo con Jesús. Lee la biblia como si fuese una carta personal que Jesús te escribió. Colócate en el centro de las historias que lees. Cuando lees acerca de Daniel, tú eres Daniel; imagínate siendo llevado a la cueva de los leones por obedecer a Dios. Cuando lees acerca de María Magdalena, tú eres esa mujer cansada de pecar que un día se encontró con Jesús. Cuando encuentras en la Biblia la historia de José, colócate en su lugar, imagínate siendo vendido por tus hermanos y siendo llevado a un país extraños, en fin.
Lee la biblia en primera persona singular. Cada vez que dice ellos o nosotros, colócate a ti y aplica los consejos bíblicos a tu experiencia y a las luchas que estás enfrentando en ese momento. Así conocerás a Jesús y Él será el fundamento de tu fe. Podrás confiar en Él, porque lo llegaste a conocer a través del estudio de la biblia.
No te atrevas a vivir sin Jesús. Sin Él la vida es una simple sobrevenía. Él es el fundamento de una vida feliz, porque es el fundamento de tu fe y la vida del cristiano es una vida de fe. Y recuerda lo que Él dijo: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”
Nacidos para vivir
Por eso hoy, aunque rodeado por circunstancias difíciles de entender desde el punto de vista humano, confía en el Señor y recuerda que: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.”
Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. Eclesiastés 3:11
-¡Señor, quiero vivir! ¡Por favor, déjame vivir!
La voz de Adolfo, quebrada por el dolor, penetraba como cuchillo afilado en la carne de las personas que lo amaban. Nada podían hacer para ayudarlo. Hay ocasiones en que, literalmente te sientes inútil, incapaz de hacer algo para aliviar el sufrimiento ajeno. De repente, el dolor de tu hermano, pasa a ser el tuyo pero eso no lo alivia. Entonces te desesperas, buscas explicaciones por todos los lados, y tu única respuesta es el silencio.
El versículo de hoy dice que Dios lo hizo todo hermoso “en su tiempo.” En otra parte, el sabio Salomón afirma que hay tiempo para todo. Para vivir y hasta para morir. ¿Puede ser hermoso el tiempo de morir? ¿Para quién?
El lamento triste y el clamor desesperado de Adolfo tenían sentido. Dios ha “colocado eternidad” en el corazón de los seres humanos. No fuimos creados para morir sino para vivir. Adolfo era un joven de apenas 20 años, con deseo de vivir. El anhelo de eternidad estaba en su corazón. Pero infelizmente vivimos en un mundo de tristeza, enfermedad y muerte y Salomón declara que “el hombre no alcanza a entender la obra que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin.”
En el corazón de Adolfo y sus amados había una lucha terrible entre el “deseo de eternidad” y el “entendimiento de la obra de Dios.” Naturalmente, la muerte no es obra de Dios. Pero desde el momento que Él es Dios, cualquier cosa sucede solo porque Él lo permite. Y ¿Por qué Él permite la muerte de un joven de 20 años? En esta vida no alcanzaremos a entender ese misterio pero tenemos la promesa de que, hasta el suspiro final, puede ser hermoso para los que confían en el amor maravilloso de Dios.
Adolfo falleció consumido por el sida. Su muerte hizo reflexionar a muchos jóvenes. Quién sabe el dolor por el que Adolfo y sus queridos pasaron ¿no fue el instrumento que Dios usó para rescatar tantos otros jóvenes que jugaban peligrosamente con la vida?
Por eso hoy, aunque rodeado por circunstancias difíciles de entender desde el punto de vista humano, confía en el Señor y recuerda que: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.”
El crecimiento de la fe
Por eso, si hoy tienes delante de ti un motivo de dolor y si el primer pensamiento que subió a tu mente es que Dios no se preocupa por ti, aleja esa idea y empieza a ejercitar la fe. ¿Qué significa esto? Que aunque no veas solución alguna para el problema que enfrentas, debes creer que ese problema ya está solucionado. Dios siempre sabe lo que es mejor para ti. Puedes no entenderlo ahora, pero confía. El Señor jamás falló con las personas que confiaron en Él. “Al que a mi viene, no lo echo fuera,” dijo un día. No serás tú la primera persona a quién Él le fallará.
Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo… por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis. 2 Tesalonicenses 1:3 y 4
La fe no es estática. El crecimiento es la evidencia de la fe auténtica. Y los instrumentos del crecimiento de la fe son básicamente dos: La comunión diaria con Jesús y el dolor. Dios permite que pasemos por momentos difíciles a fin de hacernos crecer.
¿Cómo sabrás tú si confías de verdad en Dios y en sus promesas, si nunca pasaste por el valle del dolor y de las lágrimas? Es en la hora de la dificultad que te das cuenta hasta que punto tu fe es un sentimiento o un principio. Es en el fuego, que el oro se purifica, es en el dolor del esmeril que el diamante se lapida, y es en las lágrimas y las pruebas que la fe del cristiano crece.
La iglesia de Tesalónica fue un ejemplo. En el dolor de la persecución, la fe de los tesalonicenses creció. El problema con los seres humanos es que no nos gusta el dolor. Y es correcto que sea así. Al fin de cuentas Dios no nos creo para sufrir. El dolor apareció en el escenario humano después de la entrada del pecado.
Pero ya que el dolor es inevitable, Dios lo toma y lo transforma en un instrumento de crecimiento y formación. El dolor nos ayuda a desarrollar la fe. En el sufrimiento ejercitamos la confianza en las promesas divinas, y el ejercicio es fuente de desarrollo.
Por eso, si hoy tienes delante de ti un motivo de dolor y si el primer pensamiento que subió a tu mente es que Dios no se preocupa por ti, aleja esa idea y empieza a ejercitar la fe. ¿Qué significa esto? Que aunque no veas solución alguna para el problema que enfrentas, debes creer que ese problema ya está solucionado. Dios siempre sabe lo que es mejor para ti. Puedes no entenderlo ahora, pero confía. El Señor jamás falló con las personas que confiaron en Él. “Al que a mi viene, no lo echo fuera,” dijo un día. No serás tú la primera persona a quién Él le fallará.
No salgas de casa sin recordar las palabras de Pablo: “Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo… por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis.”
¡Victoria!
Que este día sea un día de esperanza para ti y para tus amados. Huye de la muerte. Cuida la vida que es el más precioso don, pero si la muerte toca algún ser querido, descansa en las promesas maravillosas de Jesús. Un día, tú preguntarás: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 1 Corintios 15:55
El versículo de hoy nos habla de la esperanza, relacionada con la muerte. Creo que la muerte asusta a todos. Para morir, basta estar vivo. La muerte es tal vez la experiencia humana más dolorosa. No para el que muere, sino para los que sobreviven.
¿Estás este momento enfrentando la muerte reciente de un ser querido? Hay muertes que marcan terriblemente. No es fácil. Mientras vivas en este mundo seguirás enfrentando a la muerte. Pero San Pablo, escribiendo a los corintios, habla de la victoria de Jesús sobre la muerte. Ella será el último enemigo de Jesús, a ser derrotado. Cuando el Señor aparezca en las nubes de los cielos, la muerte será tragada, porque los sepulcros se abrirán y los muertos en Cristo resucitarán.
Como un anticipo de esa victoria y para darle una base segura a esta promesa, Jesús resucitó al tercer día. La resurrección de Jesús colocó la estocada fatal en el corazón de la muerte. A partir de ese día, el enemigo sabía que el instrumento que utiliza para hacer llorar a los hijos de Dios, era un instrumento inservible.
Por lo tanto, tú y yo debemos descansar en la certeza de esta esperanza. La muerte puede sorprendernos, pero resucitaremos cuando Jesús vuelva. No hay la menor duda de eso. Millones de ángeles serán testigos del resurgimiento de la vida. El universo entero cantará hosannas a Dios.
Pero de acuerdo a San Pablo en la epístola a los tesalonicenses, el mundo hoy, está dividido en dos grupos: Los que no conocen a Jesús se desesperan y creen que la muerte es el fin de todo; pero los que creen Jesús tienen la esperanza de la resurrección. ¿A qué grupo perteneces?
El otro día alguien me preguntó, ¿Cómo resucitará el que fue incinerado? ¿Dónde encontrarán sus cenizas? No te preocupes con eso. La resurrección es un milagro y el mismo Dios que tiene el poder de resucitar, ¿no tendrá poder para traer cada grano de ceniza de cualquier rincón del mundo?
Que este día sea un día de esperanza para ti y para tus amados. Huye de la muerte. Cuida la vida que es el más precioso don, pero si la muerte toca algún ser querido, descansa en las promesas maravillosas de Jesús. Un día, tú preguntarás: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”
Imposible
Tú no fabricas fe. Las evidencias del amor y el poder de Dios son las que generan confianza en tu corazón. Pero cuando confías en tu padre, eres capaz de hacer cualquier cosa o ir a cualquier lugar, seguro de que si la orden vino del padre, no hay por qué temer, aunque las circunstancias sean difíciles y adversas.
Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11:6
El capítulo 11 de la epístola a los Hebreos es el desfile de los hombres y mujeres de fe. Hijos maravillosos que hicieron feliz al Padre amado.
Para entender lo que el autor quiso decir es necesario saber lo que significa la fe. Existen muchas definiciones. La más simple de todas es confianza. Una sola palabra, pero define con exactitud lo que significa la fe. Tener fe es confiar. Cuando dices que tienes fe estás diciendo que confías. Cuando afirmas que un día tuviste fe pero que ahora ya no la tienes, estás queriendo decir que un día ya confiaste pero que hoy no confías más.
Pero tú no puedes confiar en alguien a quien no conoces y no puedes conocer a alguien con quien no convives.
Por lo tanto, la fe en Dios, demanda que lo conozcas y para conocerlo, necesitas convivir con Dios. Esto explica el versículo de hoy. El primer pensamiento es que sin fe es imposible agradar a Dios. En griego la palabra imposible es adunatos, que significa literalmente, “que no se puede desde ningún punto de vista.” Para entender el verdadero significado de esta palabra, tendrías que colocar la cabeza dentro de una vasija llena de agua y mantenla ahí por dos horas. Bueno, eso es adunatos. Imposible.
Quiere decir que así la vida, no es vida sin fe. Peor. Una vida sin fe entristece a Dios. No le agrada. En griego, eucaresteo, significa, que no lo deja feliz ¿Por qué? Porque la fe es confianza y cuando el hijo, a quien tanto ama, no confía en Él, Dios no puede estar contento con esa actitud.
Tú no fabricas fe. Las evidencias del amor y el poder de Dios son las que generan confianza en tu corazón. Pero cuando confías en tu padre, eres capaz de hacer cualquier cosa o ir a cualquier lugar, seguro de que si la orden vino del padre, no hay por qué temer, aunque las circunstancias sean difíciles y adversas.
Por eso hoy, camina de la mano de tu Padre amado, confía en Él aunque no veas nada. Él te ama y jamás te llevará a un lugar que te va a destruir. Y no olvides que “sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”
Nada podrá separarte
Dios no puede entregar su amor por la fuerza. El ser humano necesita reconocer su insignificancia, su carencia, su urgente necesidad y correr a los brazos de Dios. En ese momento, el Señor toma de las manos del hombre, las páginas manchadas de su pasado y le entrega una página en blanco para que escriba una nueva historia.
Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 8:38-39
Una idea fija dominaba la mente de Patricio mientras viajaba en el tren. Su destino final era la muerte. La suya, la de la esposa y de los dos pequeños hijos.
Casaca de cuero, manos en los bolsillos, lentes oscuros. El joven roquero de apenas 24 años había decidido colocar un punto final a su existencia de fracaso y derrota. Aquella tarde, mientras viajaba apretujado entre los otros pasajeros, nadie podría imaginar que entre ellos viajaba un suicida asesino.
Al día siguiente, la noticia chocó a la opinión pública. A final de cuentas él podría hacer lo que quisiese con su vida pero no tenía el derecho de segar la vida de su familia.
¿Qué es lo que llevó a un joven en la plenitud de su existencia a tomar decisión tan radical? El papel escrito daba la respuesta: “No vale la pena seguir viviendo, destruí mi vida y la vida de mi familia. Cometí tantas locuras que nadie, ni siquiera Dios puede seguir amándome.”
Una de las peores cosas que el pecado hace en el ser humano es llevarlo a sentirse indigno, y sin derecho. Pero el versículo de hoy declara que Tú puedes apartarte de Dios sin embargo, nada puede separarte del amor de Dios.
Que Dios te siga amando a pesar de lo que eres y de lo que haces, no depende de ti. Depende exclusivamente de Él. Su naturaleza es el amor. El día que Dios dejase de amarte dejaría de ser Dios. Dios es amor.
Naturalmente ese amor maravilloso no tiene ningún valor para el que no lo acepta. Dios no puede entregar su amor por la fuerza. El ser humano necesita reconocer su insignificancia, su carencia, su urgente necesidad y correr a los brazos de Dios. En ese momento, el Señor toma de las manos del hombre, las páginas manchadas de su pasado y le entrega una página en blanco para que escriba una nueva historia.
Nada está perdido para los que confían en Jesús. En estos momentos, Él está ahí, esperándote con los brazos abiertos. Por eso no salgas hoy para enfrentar las luchas de la vida sin decirte a ti mismo: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada me podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
En el mundo
El plan divino no es que los cristianos vivan aislados, en su comunidad, sino que salgan y traigan a otras personas para Cristo. Esta es una misión y para tener vida plena es necesaria una misión. Pero esa misión, solo es posible de ser cumplida, se cultivamos amistad sincera con las personas que no son de nuestra fe.
No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal . Juan 17:15
Para que la vida sea completa no basta que tenga un aspecto físico y espiritual, necesita también una dimensión social. El ser humano no fue creado para vivir solo. En jardín Dios le creó una compañera. “No es bueno que el hombre esté solo.” dijo Dios. Y la vida probó que realmente no es bueno. Las personas que se aíslan y viven solas, viven menos y con menos motivación.
La dimensión social del cristiano abarca su vida familiar, su relación con los amigos, con la comunidad en la que vive, con la comunidad en la que trabaja y con la comunidad en la que alaba a Dios. A esta última le llamamos iglesia.
Para que el ser humano sea plenamente feliz, sus relaciones humanas necesitan ser saludables, gratificantes y constructivas. Pero desde la entrada del pecado el relacionamiento humano se deterioró. Recuerda que el primer problema de relacionamiento entre Adán y Eva, surgió después del pecado. Empezaron a atacarse, a acusarse y a defenderse. Algún tiempo después, Caín mató a su hermano Abel y ahí empezó el desfile de desencuentros y luchas.
¿Qué hacer para volver a tener relaciones sociales saludables? Lo primero que el ser humano necesita, para vivir en paz con los otros, es tener paz en el corazón. Y esa paz es resultado de reconciliarse con Jesús. ¿Cómo sucede eso? Simple. Reconoce que estás lejos de Dios y dile que quieres regresar a sus brazos. En ese momento, Dios envía a todos sus ejércitos celestiales, para traerte de vuelta.
Pero ahí no termina todo. Necesitas también de la iglesia. ¿Para qué? Para crecer. Conviviendo con los otros cristianos puedes crecer y permanecer hasta el fin. Es en la iglesia donde conviven los reconciliados con Cristo. La iglesia no es una comunidad de gente perfecta, sino de personas que están caminando en la vida cristiana y son conscientes de que les falta mucho terreno por andar. En ese andar deben aprender a perdonarse, a aceptarse y a comprenderse los unos a los otros. Deben desarrollar la paciencia y la capacidad de no juzgarse entre sí. Eso, solo es posible cuando estamos reconciliados con Cristo y tenemos paz.
Pero al venir a la iglesia, los cristianos corren un peligro. Apartarse de las personas que no comulgan con su fe. Aislarse, no relacionarse con los “mundanos”.
El plan divino no es que los cristianos vivan aislados, en su comunidad, sino que salgan y traigan a otras personas para Cristo. Esta es una misión y para tener vida plena es necesaria una misión. Pero esa misión, solo es posible de ser cumplida, se cultivamos amistad sincera con las personas que no son de nuestra fe.
Haz de este día un día de amistad con las personas, muéstrales a Jesús en tu vida porque el Señor dijo: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.”
Vida abundante
Hoy puede ser un día de verdadera libertad. Levanta los ojos hacia la cruz. Deja de mirar solo a la tierra. No te dejes arrastrar por la manera de pensar de una generación que solo vive para agradar a los sentidos. Haz de Jesús tu compañero de cada hora porque Él dijo: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”
El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Juan 10:10
¿A qué se refería Jesús cuando habló de vida abundante? ¡Vida abundante! ¿Entiendes? Algunos cristianos sinceros, queriendo hacer lo mejor, viven vidas angustiadas. La única preocupación que los domina es la de no pecar.
¿Cómo sería si un hijo, viviese solo pensando que, si hace algo incorrecto, el padre lo va a castigar? Ningún padre quisiera tener ese tipo de relacionamiento con su hijo. Sucede lo mismo con Dios. El desea que vivas con Él una experiencia maravillosa de amor y no con miedo de ser destruido si te portas mal.
El buen comportamiento y la buena conducta son resultados de vivir una experiencia diaria de comunión y amistad con Jesús. Andando, comiendo, estudiando, trabajando, enamorando, en fin, pero siempre con la consciencia de que Jesús está contigo por donde quiera que vayas.
Ese tipo de vida es una vida con propósito, una vida llena de expectativas y posibilidades futuras, alimentada por relaciones sociales saludables, disfrutando de buena salud, en fin, la vida que tú, recibes como un regalo divino.
Pero desear la vida abundante encierra un peligro. Muchos se pierden en los campos abiertos y sin límites del humanismo. Pregonan la libertad pero caen en las garras del libertinaje. El versículo de hoy dice que “el ladrón viene a robar” ¿Quién es el ladrón? Sin duda es el enemigo de las almas. ¿Y por qué Jesús lo presenta en como el ladrón? Porque viene a robar. No viene a asaltar. El asalto demanda fuerza, el enemigo viene a robar. Su principal arma es el engaño. Te hace creer que el camino que sigues te lleva a la vida cuando en realidad te conduce a la muerte. Te dice que para vivir la vida abundante no necesitas de reglas y te lleva al desierto incandescente de tus deseos. Allí no hay límites, Tus ojos se pierden en el horizonte sin fin, pero tampoco hay vida. El desierto es tierra de chacales, de escorpiones y de muerte.
Hoy puede ser un día de verdadera libertad. Levanta los ojos hacia la cruz. Deja de mirar solo a la tierra. No te dejes arrastrar por la manera de pensar de una generación que solo vive para agradar a los sentidos. Haz de Jesús tu compañero de cada hora porque Él dijo: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”
¡Pensamientos, pensamientos!
En medio de ese torbellino de impureza, el consejo de Pablo es: “Piensa en lo que vale la pena pensar. Coloca mensajes positivos en tu mente. Hazlo todos los días, cada instante. La repetición constante de mensajes puros te llevará inevitablemente a la práctica de acciones puras.”
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Filipenses 4:8
James lucha para libertarse de la pornografía. Comenzó a trillar los senderos sombríos del vicio cuando era apenas un muchacho de 12 años. Al principio, por curiosidad, siguiendo la corriente de los colegas. En la escuela, intercambiaban figuras y revistas. Nadie veía mal en eso.
El tiempo fue pasando y hoy, a los 25 años, James reconoce que necesita ayuda. Gasta la tercera parte del día en el computador, visitando sitios pornográficos.
Eres lo que piensas. Y piensas lo que ves, lo que oyes y lo que lees. Esa es una ley de la mente: “La repetición constante de un mismo mensaje lleva inevitablemente a la acción.” Nadie lo puede evitar. Es así.
Los que trabajan con propaganda ganan fortunas siguiendo la ley de la mente. Repiten su mensaje una y otra vez, hasta que acabas consumiendo sus productos.
El enemigo de Dios también lo sabe. Por eso repite su mensaje una y otra vez: “Tú no necesitas de Dios. Puedes ser tu propio Dios. La energía está dentro de ti. No tienes por qué buscarla en Dios.” Una de las maneras más efectivas de hacer que saques los ojos de Dios es distraer tu atención con la pornografía.
Los norteamericanos gastan 13 mil millones de dólares anuales en pornografía. Este endiosamiento del sexo lleva la mente por los caminos extraños de la perversión. La imaginación sale de la realidad. Los que están por tras de esa industria millonaria, crean un mundo de ficción que los consumidores toman como realidad.
Al volver del mundo de la fantasía para la realidad de la vida hogareña, el sexo, cuya esencia es el amor, ya no lo satisface. Se torna infeliz, siempre en busca de algo que no existe.
En medio de ese torbellino de impureza, el consejo de Pablo es: “Piensa en lo que vale la pena pensar. Coloca mensajes positivos en tu mente. Hazlo todos los días, cada instante. La repetición constante de mensajes puros te llevará inevitablemente a la práctica de acciones puras.”
Por eso hoy, antes de salir para enfrentar el vendaval de impureza que domina nuestra cultura, recuerda que: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”
Pecado
Haz de este día un día de sumisión a Dios. Deja que Él guíe tus pasos. “Todo aquel que comete pecado, transgrede primero la ley. Porque el pecado es transgresión de la ley.”
Todo aquel que comete pecado, transgrede primero la ley. Porque el pecado es transgresión de la ley.
1 Juan 3:4
¿En qué consiste el pecado? ¿Cuál sería la mejor manera de definirlo? En el libro de Génesis no se define el pecado, solo que se describe la actitud pecaminosa del ser humano. De esa actitud, podemos deducir lo que es el pecado.
¿Qué sucedió en el Edén? Adán y Eva se vieron tentados a comer del fruto que Dios les había dicho que no podían comer. En realidad, no había nada de misterioso en aquel fruto. El problema no estaba en el fruto en sí, sino en la desconfianza de los seres humanos, que los llevó a la desobediencia. Dios había dicho una cosa y ellos hicieron otra cosa diferente. Podemos llamar a esta actitud de rebeldía, desobediencia o insubordinación a la autoridad divina.
Tal vez por eso, Juan define al pecado como transgresión.
Pero aquí hay otro aspecto del pecado. Esto tiene que ver con la primera parte del texto. El dice “Todo aquel que comete pecado, transgrede también la ley.” Ora, si Juan dice “Transgrede también,” es porque el pecado, antes de ser transgresión de la ley es otra cosa. ¿No cierto? Porque si yo digo, “también estoy con hambre,” quiero decir que, antes, estoy con otra cosa. Entonces, ¿Qué es el pecado antes de ser transgresión de la ley?
Volvamos al Edén. Antes de desobedecer y comer del fruto, Adán y Eva se alejaron de Dios y se acercaron voluntariamente del árbol que Dios les había dicho que no tocasen. Cuando la serpiente le presentó el fruto a Eva, ella, antes de comerlo, dudó de la palabra de Dios. El creador le había dicho que si comiese moriría y la serpiente le dijo que se volvería como Dios. Eva prefirió creer en la palabra de la serpiente. Quiso ser feliz a su manera. No comió del árbol queriendo morir, sino queriendo ser como Dios, pero acabó trayendo la muerte para ella y para la humanidad.
El pecado es eso. Tu quiebras los mandamientos, los consideras obsoletos, pasados de moda, quieres librarte de ellos y ser feliz, pero acabas desesperado, loco y triste. Yerras el blanco. Anhelas una cosa y terminas en un lugar completamente contrario.
Haz de este día un día de sumisión a Dios. Deja que Él guíe tus pasos. “Todo aquel que comete pecado, transgrede primero la ley. Porque el pecado es transgresión de la ley.”
Esclavos
Esto significa que si el ser humano y hasta la naturaleza están malogrados por el pecado, la solución para este problema no puede venir de la esfera humana, sino de afuera, de una dimensión que no sea corrupta, de un ambiente que no haya sido tocado por el pecado. Y esto solo podría suceder mediante Cristo.
Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza. Romanos 8:20
¿Cómo rescatar al ser humano? ¿Es fácil traerlo de vuelta? No, no lo es. Por una simple razón. En el momento que Adán y Eva fueron derrotados por el enemigo, se volvieron esclavos de él. Eso es lo que dice Pablo y lo confirma Pedro. La persona derrotada se vuelve esclava del que la venció.
Estos días estoy leyendo un libro de la escritora cubana Teresa Cárdenas, titulado Perro Viejo. Es la historia de un esclavo cubano de los tiempos en que ser esclavo era ser una cosa, un objeto, sin voluntad. Las mujeres esclavas eran consideradas reproductoras de pequeños esclavos que eran vendidos como mercadería por los señores. Bueno, eso es lo que somos cuando nos volvemos esclavos del enemigo. Simples cosas. Él hace y deshace de tu vida. Gobierna absoluto en tu experiencia. Te roba la alegría, destruye tu familia, acaba con tus sueños, en fin, no te deja ser feliz. Se considera tu dueño.
Pero esta esclavitud no se limita a los seres humanos. Pablo, en el versículo de hoy dice que después del pecado la creación toda fue sujetada a vanidad. Es elocuente la palabra sujetada. En el original griego es Hupotaso, que significa, estar subordinado, sometido. Y la palabra vanidad, en griego, Mataiatos, es depravación, perversión.
Analiza lo que Pablo afirma. El habla de la naturaleza, de la creación. Quiere decir que la naturaleza también está sometida al enemigo. Está subordinada a la perversión. ¿Ahora entiendes por qué la naturaleza se vuelve tan salvaje? Ella obedece a las fuerzas del enemigo, porque con la entrada del pecado, la naturaleza también quedó esclavizada, sujeta, sometida a las fuerzas del mal.
Esto significa que si el ser humano y hasta la naturaleza están malogrados por el pecado, la solución para este problema no puede venir de la esfera humana, sino de afuera, de una dimensión que no sea corrupta, de un ambiente que no haya sido tocado por el pecado. Y esto solo podría suceder mediante Cristo.
Coloca tu esperanza en Jesús. Solamente en Él. No te contagies del humanismo que domina la cultura de nuestros días. Recuerda que “la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza.”
Pecado de omisión
Desde el punto de vista divino no basta, no odiar, es necesario amar. No es suficiente no robar, hay que trabajar. El cristianismo no es una simple colección de prohibiciones, sino una experiencia dinámica y exuberante de acciones positivas.
Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado. Santiago 4:17
¿Oíste alguna vez hablar del “pecado de pensamiento” y del “pecado de omisión.”? Ambos pecados son aspectos de una misma realidad, que es el pecado.
El pecado comenzó cuando Adán y Eva se alejaron de Dios, y lejos de Dios, el ser humano es capaz de hacer las peores atrocidades. Ni tú ni yo podemos imaginar lo que seríamos capaces de hacer si Dios no estuviese en el control de la vida.
El pecado empieza en la mente. Es la idea absurda de creer que puedes vivir sin Dios. Es alejamiento, rebeldía. La Busca de los propios caminos e intereses, sin tener en cuenta a Dios.
Por eso en los tiempos de Israel, cuando un leproso era curado, tenía que mostrarse al sacerdote y lo primero que este hacía era examinarle la cabeza. La lepra era símbolo del pecado y el examinarle la cabeza también era simbólico. Es en la cabeza que el pecado empieza, es con las ideas. Son los pensamientos.
Los seres humanos vivimos muy preocupados en evitar los actos pecaminosos, pero nuestra cabeza es un nido de pecado. Un día escuché a un predicador decir: Hay gente que nunca entraría a un motel con una mujer que no es su esposa, pero, para ser un pecador, no lo necesita hacer, porque su cabeza ya es un motel.
El otro aspecto del pecado es la omisión. No basta hacer cosas malas. No hacer cosas buenas también es pecado. Un ejemplo de eso encontramos en la parábola de los talentos.
Dos de los siervos fueron aprobados por el Señor. Uno fue reprobado. Él no había hecho nada de malo desde el punto de vista moral. Simplemente se había quedado de brazos cruzados. ¿Quién podría haberlo condenado por eso? Pero el Señor de la parábola reprobó esa actitud.
Desde el punto de vista divino no basta, no odiar, es necesario amar. No es suficiente no robar, hay que trabajar. El cristianismo no es una simple colección de prohibiciones, sino una experiencia dinámica y exuberante de acciones positivas.
La vida cristiana es una vida llena de acción. Acciones buenas a favor de Dios y de los semejantes. Observa a tu alrededor. ¿Qué cosa es necesaria ser hecha? No te quedes de brazos cruzados. No te omitas. Porque “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.”
Por su sangre
Tú y yo solo vivimos haciendo mal. Después intentamos resolver el problema cubriendo nuestra desnudez con hojas de higuera y escondiéndonos de Dios. Pero ¡qué grande es la gracia de Jesús, que te busca incansablemente, hasta encontrarte!
Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Hechos 20:28
La sangre solucionó el pecado para Adán y Eva. Allí estaba la primera pareja escondida detrás de un árbol, desnuda. Había intentado cubrir su desnudez con hojas de higuera. ¿Qué había logrado? ¡Nada! Continuaban desnudos y ridículos. Esto nos prueba que las intenciones humanas para resolver el problema del pecado, por mejores que parezcan, no pasan de pobres hojas de higuera. Nada solucionan. Solo disfrazan. Y disfrazan mal.
Pero Dios apareció y proveyó un corderito. Ese cordero, que era símbolo del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, fue sacrificado. Su sangre mojó el suelo del Edén. Aquella sangre inmaculada mojaría, más tarde, el suelo de la historia.
Desde la primera hasta la última página de la Biblia, esa sangre aparecería como un hilo rojo, mostrándole al ser humano, que la única solución para el problema del pecado es la sangre de Jesús.
En todo esto, ¿Cuál fue la participación humana? ¿Qué es lo que el hombre hizo? ¡Nada! El cordero pertenecía a Dios. La iniciativa de buscar al hombre desesperado fue de Dios, la idea del sacrificio fue de Dios, las ropas de pieles de ovejas que cubrieron la desnudez de la pareja, fueron confeccionados por Dios. El ser humano recibió todo sin hacer nada. Solo por gracia.
Este mensaje se repite una y otra vez a lo largo del AT. En el incidente del sacrificio de Isaac, ambos, padre e hijo entendieron que Dios es el único que puede proveer el cordero. Cuando Isaac le preguntó a Abran, dónde estaba el cordero, la respuesta de Abraham fue: “Dios proveerá.”
Efectivamente, Dios proveyó. En el momento en que el cuchillo había sido levantado, Dios dijo: “No hagas mal al muchacho.”
Tú y yo solo vivimos haciendo mal. Después intentamos resolver el problema cubriendo nuestra desnudez con hojas de higuera y escondiéndonos de Dios. Pero ¡qué grande es la gracia de Jesús, que te busca incansablemente, hasta encontrarte!
¿Por qué vivir entonces angustiado y desesperado por el peso de la culpa? Hay perdón para ti. “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño…para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.”
Mucho más, ahora
Si Jesús te amo y se entregó por ti, cuando vagabas en el terreno enemigo, mucho más ahora, que eres parte de su reino. Él te tomará de la mano y te guiará a los pastos verdes y a las aguas tranquilas. Te conducirá de victoria en victoria, hasta la victoria final.
Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Romanos 5:10
El tema de la gracia jamás será entendido por la limitada mente humana. ¿Cómo entender que el Dios todopoderoso, creador del cielo y la tierra, se hiciera hombre y viniera a morir en la cruz del calvario para salvar al ser humano? Pasarán siglos. En la eternidad estudiaremos este asunto y jamás lo entenderemos. Por eso Dios ilustró la gracia en la muerte del cordero. Un animal inocente, que no tenía culpa era llevado al altar y era sacrificado para que el pecador recibiese el perdón.
Cuando las manos del pecador se extendían con el cuchillo empuñado en dirección de la garganta del animalito. Al ver aquel inocente ser, morir, sin dar un gemido, el pecador podía tener una leve idea de lo que Jesús haría por él, en la cruz.
Los judíos creen que la interpretación cristiana de Isaías 53 es una inmoral. Esta posición parece demasiado dura, pero ellos explican “Que un hombre malo muera por sus delitos, eso es justo y moral. Pero que un ser bueno, que no le hizo mal a nadie, muera por los delitos de los pecadores, eso es inmoral.”
Tal vez sí. Desde el punto de vista humano, con toda seguridad. Pero Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros. Difícilmente alguien moriría por un amigo, imagínate morir por un enemigo. Nosotros éramos enemigos de Dios y sin embargo el Señor Jesús entregó su vida por nosotros.
La eternidad no será suficiente para cantar loores de gratitud a Dios por el don maravilloso de Jesucristo. Él ve en ti un potencial que nadie es capaz de ver. Te acepta como eres, pero te ve como lo que un día, transformado por su amor, llegarás a ser.
La base para esa confianza es el versículo de hoy. Si Jesús te amo y se entregó por ti, cuando vagabas en el terreno enemigo, mucho más ahora, que eres parte de su reino. Él te tomará de la mano y te guiará a los pastos verdes y a las aguas tranquilas. Te conducirá de victoria en victoria, hasta la victoria final.
Con esa seguridad en tu corazón, enfrenta las luchas de este nuevo día, “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.”
¡Calles!
Un día Jesús tuvo que subir la angosta calle que lo llevó a la muerte para que tú salieses de las calles traicioneras de este mundo y encontrases el Camino. Aquel que con seguridad, te llevará a la vida eterna.
Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. Romanos 3:24
-¡Pedí mi carrera, mi familia, mi libertad, en fin, perdí mi vida! ¡No me queda nada!
La voz ronca, quebrada y triste de Juana, no escondía el volcán de sentimientos que atormentaban su corazón. Escondía sus ojos atrás de unos lentes oscuros, baratos, de esos que compras en la calle por 3 dólares.
La calle. Tal vez la calle fuese su desgracia. Fuera en la calle que encontrara gente que la llevó a la drogadicción y finalmente a la cárcel. En la calle sufrió, paso hambre y durmió. ¡La calle! ¡Ah calles abarrotadas de gente! Calles asfaltadas. Más peligrosas que las trillas angostas de la jungla. Calles sin alma, sin compasión, calles de muerte.
Todo eso era pasado. En la cárcel, privada de su libertad, fue, irónicamente, donde halló la verdadera libertad.
Madrugada fría de Junio, piso helado de cemento, comida de puercos en el suelo, disputada por ratas y cucarachas. ¿Por qué es necesario llegar al extremo de la vida para reconocer que Jesús es la única salida? En el frío lacerante de aquella celda solitaria, pagaba el castigo por causa de una indisciplina. Allí, Juana se acordó de un versículo de la biblia que oía todas las mañanas a través del radio de otra presidiaria. “Somos justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención en Cristo”.
En el dolor, el corazón se torna sensible. En la derrota se aprende. En la soledad se piensa. Juana sintió, pensó y aprendió. Aceptó a Jesús como su salvador y ese fue el inicio de una nueva vida.
Redención no es solo salvación. Redención significa libertad porque alguien pagó el precio. El precio no fue oro ni plata, sino la preciosa sangre de Jesucristo. Él sufrió, fue encarcelado y murió para que tú pudieses vivir. Nada, ni nadie tiene el derecho de quitarte esa libertad.
Un día Jesús tuvo que subir la angosta calle que lo llevó a la muerte para que tú salieses de las calles traicioneras de este mundo y encontrases el Camino. Aquel que con seguridad, te llevará a la vida eterna.
Por eso hoy, antes de salir a la calle en busca de tus sueños, recuerda que “Somos justificados por su gracia, por la redención que hay en Cristo Jesús”.
El poder de la cruz
La cruz es un monumento a la misericordia y a la gracia de Jesús. Por su misericordia Dios no nos da la muerte que merecemos, y por su gracia nos da la vida que no merecemos.
Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Lucas 23:42
Conocí a Andrés en una de las ciudades más violentas del mundo. Tenía fama de malo. Había pasado varios años en la prisión pagando sus crímenes. Fue en la cárcel que se encontró con el Señor Jesucristo.
Una noche helada de invierno, Andrés agonizaba. Temblaba de frio, casi congelado, esperando la muerte. Fue en esas condiciones que me oyó a través de la radio de un compañero de celda. Aquella noche, el Espíritu de Dios tocó su corazón. Había oído muchas veces hablar de Jesús pero creía que la religión era cosa de personas débiles. Él siempre se había considerado valiente.
Armado hasta los dientes había llevado dolor a mucha gente. Era malo y cruel. Había escogido el camino del crimen cuando era apenas un adolescente y culpaba a la sociedad por no haberle dado otro camino a escoger. Aquella noche moría poco a poco y la muerte lo asustó. En la casi penumbra de su agonía entendió que Dios lo amaba y quería darle un nuevo corazón. Suplicó. Clamó a Jesús por una segunda oportunidad y adormeció.
A la mañana siguiente vio entrar el sol por la ventana. Se encontraba en la enfermería de la prisión. Los rayos del sol eran insistentes a pesar de la fuerte neblina. “Yo estaba vivo -me dijo, sin poder esconder la emoción- yo no había muerto. Dios me estaba dando una segunda oportunidad.
En el mismo momento de su muerte, hace más de dos mil años, un ladrón también fue tocado por la escena de la agonía de Cristo. El ladrón sabía que debía morir. Él había pecado, había vivido una vida de desobediencia, había rechazado el amor y los consejos divinos, pero el sufrimiento de Jesús tocó su corazón y en el último minuto de su vida, aceptó la muerte de Cristo en su favor.
Desde aquel día y a lo largo de la historia millones de seres humanos han sido transformados por Jesús, pero todos ellos, de una manera u otra, han tenido que aceptar. De nada vale el sacrificio de Cristo, sin aceptación personal.
La cruz es un monumento a la misericordia y a la gracia de Jesús. Por su misericordia Dios no nos da la muerte que merecemos, y por su gracia nos da la vida que no merecemos.
No salgas hoy de tu casa sin recordar que un ladrón “Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.”
Moriréis
Jesús es la vida. La desobediencia trajo la muerte, pero Jesús trajo la vida. Ahora solo resta correr a los brazos de Jesús y encontrar nuevamente la vida.
Pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Génesis 3:3
La orden divina era clara: ¡Moriréis! A pesar de eso Adán y Eva escogieron el camino de la desobediencia. Si pudiésemos resumir en una palabra lo que es el pecado, la palabra sería rebelión. En el cielo, Satanás se rebeló contra Dios, y en el Edén, Adán y Eva, también se rebelaron contra El Creador.
Al leer el relato de la entrada del pecado a este mundo, la idea de rebelión es clara; a pesar de que la palabra, no es usada. Pero, cuando Eva decidió ser la dueña y señora de su propio destino, se estaba rebelando contra Dios. Ella decidió confiar en la palabra del enemigo. Creyó que realmente Dios no quería su crecimiento, que la limitada a la esfera humana, privada de niveles superiores de desarrollo, y entonces se colocó contra el orden de las cosas establecido por Dios.
El pecado de Adán, podría ser considerado peor, si existe un pecado peor que el otro. Adán pecó conscientemente. Eva fue engañada y creyó en las mentiras del enemigo, pero Adán decidió a propósito, morir con Eva y con esta actitud, también se rebeló contra el creador.
Entonces apareció el resultado inmediato de la rebelión. El ser humano empezó a deteriorarse, a descomponerse, a entrar en putrefacción espiritual. La palabra traducida como morir, Shachat, en hebreo, da la idea de un cadáver que entra en lenta pero irreversible des composición. Eso empezó a suceder con Adán y Eva. Comenzaron a deteriorarse física, como espiritualmente.
El primer sentimiento extraño que surgió en el corazón de ellos fue el miedo. Se escondieron de Dios. Ellos abandonaron a Dios, Dios que los dejó. Ellos se rebelaron, echaron a un lado los consejos divinos, decidieron escoger su propio camino. Y para vivir la vida de ese modo, nada mejor que irse lejos de Dios.
Pero las consecuencias fueron más allá de la simple separación de Dios. Empezaron a separarse entre sí. Comenzaron a discutir, a acusarse, a sentirse solos, tristes, avergonzados. Todo eso era parte de la deterioración espiritual a la que voluntariamente se habían condenado.
¿Hay solución para este drama? Hay sí. Jesús es la vida. La desobediencia trajo la muerte, pero Jesús trajo la vida. Ahora solo resta correr a los brazos de Jesús y encontrar nuevamente la vida. Pero recuerda: “pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.”