DEVOCIONALES
Nadie como Dios
La única garantía de victoria y permanencia es Jesús y la mejor decisión que la persona puede tomar es seguirlo. Aquel que está en Cristo, aunque esté muerto vivirá. Deposita toda tu confianza en Él.
Los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten; la tierra se conmueve a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan. Nahúm 1:5
Es temprano. Te despiertas dispuesto a iniciar las actividades de un nuevo día pero sientes el sabor amargo de la impotencia delante de una montana de dificultades. Crees que no tienes fuerzas, estás cansado de luchar y el miedo empieza a apoderarse de tu corazón. ¿Qué hacer? Lee de nuevo el versículo de hoy. Te habla de un Dios todopoderoso en cuya presencia los montes tiemblan y los collados se derriten.
El profeta Nahúm exalta el poder de Dios. A veces, para entender por experiencia propia lo que significa el poder de Dios, es necesario llegar al extremo de la incapacidad humana. Conozco Personas que decían ser ateas, hasta que un día, en la hora de la desesperación, sin saber qué hacer; cuando todos los recursos humanos habían fallado, no les restó otra alternativa sino reconocer a Dios.
Y lo maravilloso es que Dios no hecha en la cara la incredulidad pasada. No dice: “Ah, te acordaste de mí porque todo te falló.” Él simplemente abre los brazos y te recibe dispuesto a darte una nueva página.
La Reyna Victoria estaba conmemorando sesenta años del trono de Inglaterra cuando Rudyard Kipling publicó su poema, llamado “Himno de clausura.” Muchos ingleses se sintieron ofendidos porque el poema agredía el orgullo nacional en una época en que el Imperio estaba en todo su auge. “Himno de clausura” es un poema que hace referencia al peligro de confiar mucho en sí mismo y menciona que otros imperios del pasado cayeron por causa del orgullo nacional.
Kipling no estaba equivocado. Muchas naciones en el pasado pensaron que Dios no podría hacer nada contra ellas. ¿Dónde están hoy? Solo restan ruinas. Sí, los montes y los collados desaparecen ante la presencia de Dios. ¿Qué será entonces del ser humano mortal?
La única garantía de victoria y permanencia es Jesús y la mejor decisión que la persona puede tomar es seguirlo. Aquel que está en Cristo, aunque esté muerto vivirá. Deposita toda tu confianza en Él.
No importa cuántos soldados forman parte del ejército enemigo que tienes que enfrentar hoy. No importa las armas sofisticadas que ellos traigan. Tu seguridad es el Dios de los ejércitos de Israel. Sal sin miedo, porque “Los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten; la tierra se conmueve a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan.”
Ellos la recibieron
La Biblia es el manual de sobrevivencia. Nos muestra el camino, nos advierte de las armadillas que pueden aparecer adelante, nos infunde ánimo para continuar avanzando cuando el camino es íngrimo, en fin.
Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Juan 17:8
La Biblia es el libro más leído en el mundo. El más amado, sin duda, pero también el que tiene más enemigos. La historia está manchada con la sangre de muchas personas que pagaron con su vida el hecho de poseer un ejemplar. ¿Por qué tanto odio a la Biblia? Hay una causa sobrenatural. Existe un adversario, Satanás, que no soporta la existencia de un libro que muestra su derrota.
La causa de esta hostilidad es que la Biblia va en contra de lo que a la mayoría de las personas les gustaría oír. No elogia a nuestra civilización. No presenta al hombre como un ser noble que se encamina hacia un hermoso ideal humanista. Al contrario, muestra su alejamiento de Dios y su degradación moral. Reprueba sus pasiones y le aconseja a volverse de sus malos caminos.
En la oración sacerdotal de San Juan 17, el Señor Jesús agradece ala Padre porque las palabras que recibió de Él, las entregó al ser humano y algunos las recibieron. ¿Qué significa recibir la Palabra? Hay muchas maneras de encarar el estudio de la Biblia. Algunos la estudian solo buscando alimentar el intelecto, y sin duda la Biblia tiene respuestas para satisfacer la curiosidad del ser humano, pero ella es más que simplemente un libro de texto.
Otros leen la Biblia como si fuese un amuleto. Piensan que existe algún poder sobrenatural en la lectura de un versículo diario. Tal vez no se den cuenta pero inconscientemente la lectura de la Biblia, para estas personas no pasa de un ritual como cualquier otro ritual. El poder es atribuido al hecho de leer la biblia y nada más.
Pero en el versículo de hoy el Señor Jesús habla de los que recibieron la Palabra. Estos son los que leen la Biblia con el propósito de encontrarse con Jesús, de oír su voz, de recibir sus consejos. Y no se quedan simplemente allí, sino que después, en una actitud obediente, se proponen a colocar en práctica los consejos divinos.
La Biblia es el manual de sobrevivencia. Nos muestra el camino, nos advierte de las armadillas que pueden aparecer adelante, nos infunde ánimo para continuar avanzando cuando el camino es íngrimo, en fin.
No salgas esta mañana si tomar la decisión de leer más la Biblia y de ajustar tu vida a sus enseñanzas. Y recuerda la oración de Jesús: “porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.”
Celos
Fue en esas circunstancias que Jesús encontró a Manuela. Su amor infinito llenó el vacío del finito corazón de la joven desesperada. Curó sus heridas. Y ella entendió que no necesitaba tener, ni poseer, ni apoderarse de lo que nadie entrega por la fuerza: el amor.
Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Santiago 3:16
Fue apenas el gesto de una extraña. Una mirada fugaz, interpretada de modo equivocado en el laberinto de la mente de ella. A partir de allí cada palabra que salía de su boca era una seta cargada de ironía y doble sentido. Habría heridas en el corazón del joven esposo, le hacía sangrar gotas de dolor profundo.
Fantasmas imaginarios invadían el mundo de Manuela. No quería verlos. Intentaba rechazarlos. Y sin embargo se asustaba y corría a esconderse en la ironía de sus palabras y en la confusión de sus agresiones. El matrimonio no duró 5 años. El saldo triste: dos vidas semidestruidas y un niño con los padres separados.
Los celos, "el vicio de la posesión", como Jacques Cardonne los denomina han sido, desde la entrada del pecado, la causa de muchas infelicidades. Podríamos definirlos como un estado emotivo de ansiedad que domina por completo a una persona. Se caracteriza por el miedo ante la posibilidad de perder lo que se tiene, o se considera que se tiene, o se debiera tener. Puede ser el amor, el poder, la imagen profesional o social, en fin.
Manuela quedo sumergida en un mar profundo de tristeza y angustia. Empezó a perseguir al ex esposo. Fue a parar a la prisión por intento de asesinato y solo allí, sin saber a dónde ir en busca de auxilio, entregó el corazón a Jesús.
Con frecuencia el ser humano corre la carrera que no tiene fin. Busca sin encontrar, hasta que un día, extenuado de intentar e intentar, cae sin fuerzas en algún rincón de la vida, esperando el instante fatal.
Fue en esas circunstancias que Jesús encontró a Manuela. Su amor infinito llenó el vacío del finito corazón de la joven desesperada. Curó sus heridas. Y ella entendió que no necesitaba tener, ni poseer, ni apoderarse de lo que nadie entrega por la fuerza: el amor.
Ya pasaron años. Muchos soles salieron y se pusieron. Muchas lunas cambiaron de forma y se renovaron y Manuela continúa sintiendo el corazón lleno del amor a Jesús.
Hoy es también, un nuevo día para ti. Cada día es nuevo porque es la hoja en blanco que Dios te entrega para que escribas una nueva historia. Tómate de la mano de Jesús. Siente su amor. Levanta la cabeza y mira hacia los horizontes sin fin, recordando que “Donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.”
No verán
Decisiones. Hoy es un día de decisiones para ti. Todo día lo es. Pero pídele a Dios que hoy, te ayude a tomar decisiones sabias. No sea que un día, como resultado de tu decisión oigas la voz de la propia vida diciendo: “No verán la tierra de la cual juré a sus padres.”
No verán la tierra de la cual juré a sus padres. Números 14:23
La vida está hecha de decisiones. Para bien o para mal. No existe destino en el sentido determinista. Existe el resultado de las decisiones. El pueblo de Israel es un ejemplo de eso. Dios le había prometido la tierra de Canaán. Lo había sacado de Egipto con mano fuerte, había cuidado de él a lo largo del desierto y en menos de dos años los había hecho llegar a la frontera de Canaán.
Este era el momento de la decisión. ¿Creer o no creer? ¿Avanzar o quedarse? El pueblo decidió quedarse. No creyó en las promesas divinas. Pensó que moriría en la frontera. Y así fue. No porque Dios lo castigó. Tampoco porque su destino era morir allí. Así fue simplemente porque así decidió. La vida es el resultado de lo que decides y cómo decides. La muerte también.
Al leer el versículo de hoy, la primera impresión es que Dios está condenando al pueblo: “No verán.” Generalmente esa es la visión que tenemos de la vida, que lo que nos sucede depende de otros o entonces de las circunstancias que nos rodean. Y no podríamos ser simplistas al punto de pensar que no existen factores adversos, o personas de mala voluntad. Esa es una realidad de este mundo de pecado. Pero la otra realidad es que la situación en que te encuentras no es resultado de factores ajenos, sino consecuencias de tus decisiones. El pueblo de Israel decidió quedarse cuando debería haber decidido avanzar. La disculpa fue el poder bélico del enemigo. En fin, disculpas nunca faltan, pero si quieres dar una media vuelta en tu vida es necesario revisar tus decisiones y reconocer dónde fallaste.
En cierta ocasión una niña de apenas 16 anos vino a pedirme un consejo. Quería saber que debería hacer porque el novio la había agredido físicamente en la calle. ¿Qué debería hacer? Aquel era un momento para decidir. ¿Qué se puede esperar, en el futuro, de un joven que en la época de noviazgo agrede físicamente a una chica? Ella decidió. Pero decidió errado.
Algunos años después me encontré con ella. Destruida por la vida y por el maltrato de un hombre que después de haberla agredido durante 10 años la abandonó con tres hijos pequeños.
Decisiones. Hoy es un día de decisiones para ti. Todo día lo es. Pero pídele a Dios que hoy, te ayude a tomar decisiones sabias. No sea que un día, como resultado de tu decisión oigas la voz de la propia vida diciendo: “No verán la tierra de la cual juré a sus padres.”
Una carta de amor
Te preparas durante anos en la universidad, realizar cursos de especialización, sacrificas tiempo, dinero y esfuerzo. Tu objetivo es vencer y ser feliz. Pero lo que consigues en realidad es conocimiento. El conocimiento informa. La información ayuda, pero no te hace realizado ni feliz. Necesitas sabiduría pero no la recibes en las universidades, viene de Dios, a través de su Palabra.
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. 2 Timoteo 3:16
Son 5:14 de la mañana en el aeropuerto Saint Paúl de Mineápolis. Es verano y el sol nace temprano. Parece una bola de fuego que incendia el horizonte. Lo puedo ver, a través de la ventana, mientras bebo un jugo de naranja en el Café D’amicos & sons.
Espero mi vuelo para Miami y aprovecho el tiempo para escribir este devocional. Dos mesas a mi izquierda, un hombre moreno, fuerte, de lentes gruesos, mira a un punto indefinido. No ve nada, solo mira. Debe tener problemas. Se nota en su rostro marcado por la vida, en la expresión de su voz cuando atiende el celular. Dice algo como: “¿Para qué me quieres de vuelta? Mi vida está llena de errores, no valgo nada.”
¿Algún esposo que abandonó el hogar? ¿Un novio que no alcanzó las expectativas de la novia? ¿Un hijo que frustró al padre? No sé. Lo veo sufrir y pienso en el texto de hoy. Pablo habla de la perfección y de las buenas obras. El apóstol afirma que el propósito de la Biblia es instruirte y prepararte para “toda buena obra”. ¿Sabes a lo que se refiere Pablo con esta expresión? Al éxito, a la realización, a la prosperidad. ¿No es eso lo que tanto deseas en la vida?
Te preparas durante anos en la universidad, realizar cursos de especialización, sacrificas tiempo, dinero y esfuerzo. Tu objetivo es vencer y ser feliz. Pero lo que consigues en realidad es conocimiento. El conocimiento informa. La información ayuda, pero no te hace realizado ni feliz. Necesitas sabiduría pero no la recibes en las universidades, viene de Dios, a través de su Palabra.
Solo la Biblia es fuente de corrección y de instrucción en justicia. Solo ella es manantial de de valores y principios que le dan vida y sentido al conocimiento humano. El conocimiento, sin valores espirituales te ensoberbece, te llena de orgullo y te vuelve autosuficiente. El éxito sin Dios, te convierte en el centro de un universo que solo existe en tu mente. Confundes riqueza con prosperidad, placer con felicidad, vida con existencia y sufres. Tu sufrimiento, aparentemente, no tiene razón de ser. Pero está presente en tus noches y tus días.
Abre la palabra de Dios hoy. Busca sabiduría. Busca a Jesús. Camina con él a lo largo del día y no te olvides que la Biblia fue escrita para “redargüir, ensenar, corregir en justicia y prepararte para toda buena obra”.
Amor eterno
Por eso la Biblia afirma constantemente que hoy, es el día de buena nueva y hoy, es el día de salvación. Haz de este día un día de decisiones sabias. Entrégale el corazón a Jesús, no juegues con su amor y sal para los desafíos de este día oyendo la voz de Dios.
Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Jeremías 31:3
¡Amor eterno! ¿Qué significa eterno? Que no acaba nunca, que no tiene principio ni fin, que siempre es el mismo. Pero hay muchos cristianos que creen que el amor, la gracia y la misericordia divinos son actitudes de Dios que aparecen solo en el Nuevo testamento y que el Dios del AT es un Dios de ira, de justicia y de venganza.
Si esto fuese verdad, Dios, no sería Dios. ¿Qué tipo de Dios es ese que cambia de personalidad? ¿Hizo tanto mal a los seres humanos en el AT, y después se arrepintió, y se volvió bueno en el nuevo testamento?
Si hacemos un estudio detenido del AT veremos que la nota que más destaca es el amor de Dios. Desde el principio, cuando creó al ser humano por amor, pasando por la solución que presentó al problema del pecado, después que Adán y Eva cayeron; mostrando su paciencia con un pueblo contumaz y rebelde como el pueblo de Israel, el amor de Dios siempre estuvo presente.
Si un día el ser humano se pierde, no será porque Dios deje de amarlo sino porque el propio hijo llegue al punto de volverse insensible al amor divino.
El otro día un joven me abordó con la siguiente pregunta:
“Si Dios me ama, ¿significa que no debo preocuparme en vivir una vida justa porque el amor de Dios finalmente me salvará?” ¡Este puede ser un error catastrófico! El amor de Dios no acaba nunca pero tu corazón puede llegar al punto de que el amor de Dios no tenga ningún valor más para ti. Nadie se va a perder porque Dios dejó de amarlo. Pero el amor de Dios no salvará a quien jugó con su misericordia. Cuando finalmente el Señor Jesús aparezca en las nubes de los cielos, vendrá para destruir al pecado para siempre. Del mal, no restará ni raíz ni rama y los únicos seres humanos que serán destruidos con el pecado serán los que no quisieron abandonarlo y se agarraron del pecado hasta el fin.
Por eso la Biblia afirma constantemente que hoy, es el día de buena nueva y hoy, es el día de salvación. Haz de este día un día de decisiones sabias. Entrégale el corazón a Jesús, no juegues con su amor y sal para los desafíos de este día oyendo la voz de Dios que te dice: “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.”
Mi Gozo
“Que mi gozo esté en vosotros” dijo Jesús. Solo cuando el gozo de Jesús esté en tu corazón, “tu gozo”, será cumplido. La felicidad plena es el resultado natural de la presencia de Jesús en la vida. Todo lo que intentes llamar felicidad, sin Cristo, es alegría hueca. Pena que para entender algo tan simple, tengamos que llegar, como Antonio, al puente más agitado de Mineápolis.
“Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” Juan 15:11
El tránsito es intenso en el puente más agitado de Mineápolis. Es una tarde triste, a pesar del verano. Ayer, el huracán Dolly golpeó con fuerza el sur de Texas y a Antonio le hubiera gustado estar allí para ver si el huracán acababa con él. Como no fue posible, está aquí, encima de la carretera 35, con la idea absurda de quitarse la vida.
Cualquiera que viese a este joven desesperado, jamás imaginaría que hace solo 42 días, él desfilaba por el corredor de una iglesia, con su cabellera negra suelta, para recibir a su novia. ¡Cómo son las cosas! No se completaron dos meses y Antonio cree que no vale la pena seguir viviendo.
Durante la luna de miel pensó que era el hombre más feliz. Su esposa era un regalo divino. Cuando sonreía se le formaban dos agujeritos en el rostro. Parecían dos entradas hacia un mundo de felicidad. Pero la dicha y el gozo les duraron poco. Verdades dichas a medias habían levantado entre ellos una pared de dolor e incomprensión
¿Qué hacer ahora? Antonio nunca llevó el cristianismo a serio. Aceptó casarse en una iglesia porque su novia insistió. Para él no hacía mucha diferencia. En su opinión, la felicidad de una pareja no era responsabilidad que se dejase en las manos de Dios. Era, resultado de la disciplina y del esfuerzo humano.
Pero él no contaba con las circunstancias absurdas que trae la vida. Toda su disciplina era incapaz de mudar la determinación de la esposa. Estaba decidida a divorciarse.
“Es injusto”, pensaba él. Dos vidas jóvenes no pueden ser destruidas solo porque se omitió la verdad. Pero la vida es así. La verdad puede ser dolorosa pero es limpia por ser verdad. Ya la mentira, disfraza la herida pero cuando quitas la venda te sorprendes con una gangrena incurable.
Antonio no sabe lo que el Señor Jesús dijo un día. El gozo, el verdadero gozo, la auténtica felicidad, la dicha plena, no es fruto del esfuerzo humano. Es un regalo divino.
“Que mi gozo esté en vosotros” dijo Jesús. Solo cuando el gozo de Jesús esté en tu corazón, “tu gozo”, será cumplido. La felicidad plena es el resultado natural de la presencia de Jesús en la vida. Todo lo que intentes llamar felicidad, sin Cristo, es alegría hueca. Pena que para entender algo tan simple, tengamos que llegar, como Antonio, al puente más agitado de Mineápolis.
Parte hoy para los desafíos de la vida recordando que Jesús quiere que “su gozo esté en ti, para que tu gozo sea cumplido.”
Miedo
Todos encontramos enemigos en el camino. Es la lucha diaria. Obstáculos, dificultades, preconceptos, desafíos aparentemente difíciles de ser vencidos. Si piensas que fracasaste, no intentes más luchar. Ya estás fracasado. Pero en la hora de enfrentar los problemas, que tus ojos no se fijen en el adversario, sino en el Dios que te prometió que te llevará a Canaán y te entregará la tierra.
No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Números 13:31
El miedo paraliza. Acaba con los sueños, con los planes y con las ganas de vivir. El miedo es larva insidiosa que come por dentro sin que tengas consciencia de tu drama. Cuando despiertas a tu triste realidad, ya es demasiado tarde. Dicen que de cada siete personas, una vive presa de algún miedo. Es un dato alarmante. Las personas se encierran en sus temores y crean monstros asustadores que solo ellas ven.
Existen muchos tipos de miedos. Miedo de la gente, miedo de perder el empleo, miedo de salir a la calle, de trabajar, de tomar el ómnibus y hasta de ir a la iglesia. De todos esos miedos creo que el más terrible es el miedo de ser feliz.
El versículo de hoy habla de ese miedo, y muestra que la causa del miedo en las personas es la falta de fe en Dios y en sus promesas. Cuando dejo de creer en Dios, todo en vuelta de mí, se vuelve amenazador y si Dios no habita en mi corazón, con toda seguridad el miedo que se apoderará de mi corazón.
Israel había llegado a la frontera de la tierra prometida. Un paso más y se apoderaría de la herencia ofrecida a sus padres. Las promesas de Dios eran seguras. Nadie sería capaz de resistir en pie delante de ellos, pero en la hora primordial, permitieron que el miedo se apoderase del corazón y no quisieron avanzar.
“No podremos subir contra aquel pueblo porque es más fuerte que nosotros.” ¡Mentira! La razón de su temor no era la fortaleza del enemigo sino la falta de confianza en las promesas de Dios.
Todos encontramos enemigos en el camino. Es la lucha diaria. Obstáculos, dificultades, preconceptos, desafíos aparentemente difíciles de ser vencidos. Si piensas que fracasaste, no intentes más luchar. Ya estás fracasado. Pero en la hora de enfrentar los problemas, que tus ojos no se fijen en el adversario, sino en el Dios que te prometió que te llevará a Canaán y te entregará la tierra.
¿Cuáles son tus adversarios hoy? ¿Qué es lo que tanto te asusta? Piensa en Dios. Jamás un hijo de Dios, escondido en las manos del todopoderoso, perdió una batalla. Este puede ser el grande día de victoria que esperas. Solo no repitas el error de Israel, que dijo. “No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.”
Envidia
Dios te confió algún don. Trabaja con él para gloria del Señor. No mires a los dones que Dios les confió a los otros. En este mundo hay un trabajo que solo tú puedes hacer, porque nadie más es igual a ti.
Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová. Números 12:2
Sucedió en el desierto. De repente, sin motivo, los hermanos de Moisés se sintieron postergados, olvidados, relegados a un segundo plano y dieron lugar a la envidia en su corazón. La envidia es terrible. Es propio de la naturaleza humana y todos, de una u otra forma, la llevamos dentro. Algunos incluso, por doloroso que suene, corremos el riesgo de llevarla bastante fuera.
Allá en el desierto el Señor reprobó la actitud de Aarón y Miriam. Esta quedó leprosa y si no fuese por la intercesión de Moisés, tal vez habría muerto. ¿Cuál fue la disculpa de ellos para anidar a la envidia en su corazón? La importancia que el pueblo le daba a Moisés. ¿Por qué solo él? ¿Por qué no también nosotros?
Ellos tenían su lugar. Miriam era la directora del coro de Israel además de coordinar las actividades de las mujeres. Aarón era el sumo sacerdote. ¿No podrían haber desarrollado su respectivo trabajo sin fijarse en el trabajo del hermano? Podría haberlo hecho, sin duda, pero el problema de la envida es justamente ese. El envidioso vive enojado con todos por sentirse inferior, y las otras personas ni siquiera advierten su presencia. Él, deambula entre la gente fijándose en lo que los otros tienen y él no tiene, en lo que ellos hacen y él no puede hacer. La vida pasa y no se da cuenta de que ese sentimiento es el que lo hace cada vez más pequeño e insignificante.
Dios te confió algún don. Trabaja con él para gloria del Señor. No mires a los dones que Dios les confió a los otros. En este mundo hay un trabajo que solo tú puedes hacer, porque nadie más es igual a ti.
Tienes un nuevo día delante de ti. Sé feliz haciendo el trabajo que sabes y puedes hacer. Al fin de cuentas este mundo es como un inmenso cuerpo donde cada miembro es importante y donde existe una misión para cada uno.
No pierdas el tiempo queriendo hacer el trabajo de otro solo porque te parece bonito, encantador, o más interesante. Si crees que nadie nota tu trabajo, sigue adelante. No esperes que tu satisfacción nazca del reconocimiento ajeno, sino del deber cumplido. Y recuerda que un día Aarón y Miriam dijeron: “¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?”
Tu gloria
Para que esto sea una realidad en tu vida, Jesús necesita ser el centro de tu experiencia. De otro modo, los dones y talentos que recibiste de Dios, se colocarán al servicio de tus propios sueños y planes personales, humanos y egoístas.
Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén. 1 Pedro 4:11
¡La gloria de Dios! Lo que somos y tenemos es para su gloria. No somos nuestros. Somos hechura suya y el propósito de nuestra vida debe ser glorificar su nombre.
En el Antiguo Testamento, una de las tareas de los levitas era cuidar los utensilios que se usaban en el tabernáculo. Imagino que eso significaba lavar, limpiar y pulir las herramientas que eran de oro, plata y piedras preciosas. Cada vez que se necesitasen de esos utensilios, debían estar listos, limpios y bien cuidados.
¿Cuál es la aplicación de este incidente para tu vida? Los utensilios, en aquellos tiempos, eran instrumentos que servían para apoyar el servicio al Señor. Estaban en el tabernáculo para asistir en lo que tenía que ver con el ministerio al Señor. Por eso era importante que el instrumento siempre estuviera listo, dispuesto y preparado. Esos “utensilios” hoy, son: los dones y las habilidades, que Dios te dio.
Pero es necesario recordar que los dones que tienes son para la gloria de Dios y no para tu gloria. Por eso es importante que como “sacerdote” tengas el compromiso de mantenerlos en óptimas condiciones. En el momento en que Dios requiera de ellos, deben estar pulidos, brillantes, limpios y listos para dar realce al servicio del Señor.
Para que esto sea una realidad en tu vida, Jesús necesita ser el centro de tu experiencia. De otro modo, los dones y talentos que recibiste de Dios, se colocarán al servicio de tus propios sueños y planes personales, humanos y egoístas.
Conocí jóvenes brillantes, con dones extraordinarios, que usaron sus talentos para buscar fama, gloria, y aplausos humanos. Alcanzaron alguna cosa talvez, pero, Pero, ¿dónde están hoy? Y peor, ¿tienen paz en su corazón? ¿Pueden dormir tranquilos al llegar la noche?
Haz de este día un día de servicio al Maestro. Dedícale tus dones. “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”
Meditad
Cuantos hogares son destruidos porque los esposos no toman tiempo para la meditación. Meditar primero en la Palabra de Dios, después en las actitudes a la luz de las enseñanzas bíblicas. No es fácil. Porque la meditación demanda tiempo y a veces preferimos correr como locos dejándonos llevar por la corriente de la vida, que parar y reflexionar en lo que estamos haciendo.
Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Ageo 1:5
Una mañana, ni bien su marido salió a caminar por el parque, Laucení encontró en la mesa de trabajo de su esposo, una libreta de anotaciones abierta. Al acercarse percibió que se trataba de un diario. La letra era indudablemente femenina y la fecha de la página abierta databa de muchos años atrás.
Julieta no resistió a la tentación de leerlo. Los primeros renglones le dieron escalofríos: “¡Ya no puedo más…no tengo más fuerzas para continuar siendo la segunda mujer de tu vida, pienso que sería mejor para todos, que esta pesadilla terminara de una vez…tengo tanto miedo!”
Laucení se echó a llorar desesperada. Sentía que el mundo caía encima de ella. Ahora tenía certidumbre de que su esposo la engañaba. Lo había sospechado desde el día en que se casaron pero él siempre lo había negado, sin embargo, ahora tenía la prueba y pediría el divorcio.
Al ser confrontado con la “verdad”, el esposo calló, no respondió, ni argumentó, ni negó, ni aceptó, simplemente se encerró en un mutismo absoluto. Ella gritó, lloró, lo agredió físicamente y pidió el divorcio.
Se separaron. Dos anos después de la separación, fue publicado el “Diario de La mujer de azul” y todo quedó aclarado. El esposo de Laucení era corrector y estaba en posesión del diario como parte de su trabajo.
Laucení buscó al esposo pero ya era demasiado tarde, él no quería vivir más al lado de una mujer que durante 15 años lo había asfixiado con sus celos.
El versículo de hoy es un llamado a la reflexión. ¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿Qué camino sigues? ¿Para dónde te diriges?
Cuantos hogares son destruidos porque los esposos no toman tiempo para la meditación. Meditar primero en la Palabra de Dios, después en las actitudes a la luz de las enseñanzas bíblicas. No es fácil. Porque la meditación demanda tiempo y a veces preferimos correr como locos dejándonos llevar por la corriente de la vida, que parar y reflexionar en lo que estamos haciendo.
Antes de enfrentar los desafíos de este día medita. ¿Qué cosa podría ser hecha de un modo diferente? ¿Por qué las cosas no salen como deseas, a pesar de que te esfuerza para que todo salga bien? Presta atención al consejo divino: “Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos.”
Dioses
Hoy puede ser un día de fundamentar tu confianza en el Dios invisible, creador del cielo y de la tierra. No busques la fuerza de las cosas creadas. Busca al creador. Deposita tu confianza en Él. Cuando piensas que está demorando en responderte, Él está preparándote para conquistas más grandes.
Se acercaron entonces a Aarón y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Éxodo 32:1
Había pasado algunos días desde que Moisés subiera al Monte Sinaí para encontrarse con Dios. El pueblo, cansado de esperar, buscó a Aarón y le dijo que tal vez Moisés no volvería más y sería mejor buscar otros dioses. ¿Ya te pusiste a reflexionar sobre la fragilidad de las promesas humanas? Aquel pueblo le había prometido a Moisés que estaría allí esperando que él regresara con el mensaje de Dios. Habían sido los hijos de Israel los que le pidieron a Moisés que lo que Dios quería decirles, se lo dijese a él porque ellos tenían miedo de oír la voz del Señor. Y ahora, transcurridos pocos días, el pueblo no solo se había olvidado de su promesa, sino que buscaban otros dioses.
El otro día me encontré con una persona que durante años había sido fiel a Dios y había predicado el evangelio. Hoy no cree más en un dios personal sino en un dios energía que se manifiesta en muchas formas.
Le pregunté por qué había perdido la fe en Dios y su respuesta me hiso recordar al pueblo de Israel. “Esperé mucho tiempo –me dijo- pero Dios no me respondía. Busqué entonces la meditación trascendental y descubrí que no necesito de un Dios exterior, la energía vital está dentro de mí y a eso si quiero puedo llamarlo dios.
¿Hace cuanto tiempo tienes la impresión de que Dios no atiende tus oraciones? ¿Cuánto tiempo más lo esperarás? ¿Buscarás otros dioses pensando que “nos sabes qué le aconteció a Moisés”?
Hoy puede ser un día de fundamentar tu confianza en el Dios invisible, creador del cielo y de la tierra. No busques la fuerza de las cosas creadas. Busca al creador. Deposita tu confianza en Él. Cuando piensas que está demorando en responderte, Él está preparándote para conquistas más grandes. Pero, para no buscar otros dioses, necesitas alimentar tu fe a través de la oración y del estudio de la Biblia. Si no lo haces, en poco tiempo acabarás fabricando amuletos que satisfarán tu curiosidad pero no la sed del alma que solo Dios puede calmar.
Enfrenta la batalla de este nuevo día pero recuerda: “Se acercaron entonces a Aarón y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.”
Mi tesoro
Para Él habría sido más cómodo crear otra generación de seres humanos y dejarnos abandonados a nuestro destino de muerte. Desde el punto de vista humano habría sido lo mejor en materia de costo-beneficio. Pero el amor de Dios no te valora por lo que eres o por lo que haces. Dios simplemente te ama a despecho de lo que hagas o no hagas. Lo único que Él espera de ti es que des oídos a su voz.
Ahora, pues, si dieres oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Éxodo 19:5 y 6
Siete de Julio de 1730. Isla de reunión, antigua Bourbon, en el mar Índico. Un pirata va a ser colgado en la horca, los soldados vigilan y el público observa. Ha llegado el fin para uno de los más ricos piratas del Índico, Olivier Levasseur, apodado “La Buse”, el halcón. Con la soga al cuello, antes de ser ejecutado, el intrépido ladrón de los mares, asombra a la multitud desde el patíbulo. Muestra un documento que había escondido entre sus ropas y exclama: “Mis tesoros para quien lo comprenda.”
Fue de esa forma que se dio inicio a una carrera desenfrenada en busca del supuesto tesoro de Levasseur. El desafío era descifrar un criptograma escrito por el pirata, en el que indica algún lugar en el mar índico, dónde el tesoro estaría escondido. Hasta el día de hoy nadie ha logrado encontrar el tesoro de Levasseur. En las últimas décadas ha sido buscado en las Islas Seychelles, pero todavía sin resultado.
Levasseur asaltó infinidad de barcos portugueses y franceses por todo el Índico. Su mayor golpe fue en 1721, cuando capturó un barco portugués cargado de ricos tesoros. Para disfrutar de sus riquezas, Levasseur se retiró a una isla cercana a Madagascar y llegó a un acuerdo con Francia para devolver alguno de los tesoros usurpados y conseguir el perdón, pero esto no pudo evitar que, tiempo después, terminara siendo capturado y ajusticiado.
El versículo de hoy, también habla de un tesoro. Solo que en este caso el tesoro eres tú y el que buscó el tesoro y lo encontró es Jesús. Por lo tanto, vales mucho. No fuiste adquirido con oro ni con plata sino con la preciosa sangre de Jesús.
Para Él habría sido más cómodo crear otra generación de seres humanos y dejarnos abandonados a nuestro destino de muerte. Desde el punto de vista humano habría sido lo mejor en materia de costo-beneficio. Pero el amor de Dios no te valora por lo que eres o por lo que haces. Dios simplemente te ama a despecho de lo que hagas o no hagas. Lo único que Él espera de ti es que des oídos a su voz.
Con esa visión de tu valor, sal a enfrentar los desafíos de este día y recuerda la promesa divina: “Ahora, pues, si dieres oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa.”
¡Santifícalos!
Al caminar por los meandros de la realidad humana, recuerda que eres especial, nacido con un propósito y comprado por un alto precio. No te dejes engañar por las luces de este mundo. Ellas brillan y atraen pero tú no naciste para vivir revoloteando alrededor de las luces artificiales y mezquinas de esta vida, sino para vivir al lado del creador de todas las luces del mundo.
Y Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos. Éxodo 19: 10
Es jueves de un mes cualquiera, de un tiempo que vuela presuroso hacia un mañana eterno, cuando escribo este devocional. En mi mesa de trabajo, el computador, y en mi mente muchas ideas buscando el ropaje adecuado para salir a la vida.
El versículo de hoy habla de santidad. El pueblo de Israel se alistaba para uno de los momento más sublimes de su historia. El propio Dios escribiría con su dedo los eternos principios de su ley en tablas de piedra y la orden que Moisés recibió fue: “Ve al pueblo y santifícalo.”
Hay dos ideas básicas relacionadas con la santidad. La primera es la consagración de la existencia. Tú eres propiedad divina, comprado por la sangre de Cristo. Tu vida debe ser el desarrollo de la voluntad de Dios en todos los aspectos. Fuiste separado por Dios para un propósito especial y no puedes vivir sin la consciencia de que estás en esta vida para cumplir una misión.
La otra, es la idea de la pureza. Dios es santo y si deseas servirle de forma aceptable, también debes ser santo. Los cristianos no pueden vivir más, como lo hacían anteriormente, practicando el pecado. Ni pueden permitir que los deseos que una vez motivaban sus vidas, determinen el propósito de su existencia. Ambos la conducta externa y los móviles íntimos del corazón deben ser purificados por la gracia de Dios. El poder de Dios y Sus promesas garantizan al cristiano la posibilidad de pureza de corazón y de vida.
Hoy puede ser en tu vida un día de consagración y pureza. Al caminar por los meandros de la realidad humana, recuerda que eres especial, nacido con un propósito y comprado por un alto precio. No te dejes engañar por las luces de este mundo. Ellas brillan y atraen pero tú no naciste para vivir revoloteando alrededor de las luces artificiales y mezquinas de esta vida, sino para vivir al lado del creador de todas las luces del mundo.
No pierdas la consciencia de tu santidad y de la pureza que deben orientar tus pasos. Por eso, antes de iniciar tus actividades recuerda lo que Dios le dijo a Moisés: “Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos.”
Intercesor
¿Hasta qué punto eso conmueve tu corazón? ¿Hasta qué punto eso te motiva a amarlo y a andar en sus caminos? Deja de lado la inercia espiritual, deja la monotonía y la rutina. Renueva tu entrega al Señor y hoy, antes de salir a la lucha de la vida piensa en las palabras de Moisés: “Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.”
Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito. Éxodo 32:32
¡Salvación! Dios trata de explicar al ser humano el precio de la salvación, de muchas maneras y en muchas formas. Cada incidente, cada historia, cada detalle de la Biblia, tiene que ver de una u otra forma con el tema de la salvación.
En el jardín del Edén, es sacrificado un cordero. Su sangre es derramada y con su piel se resuelve el problema de la desnudez humana. Supongo que para Adán y Eva, en aquel momento no había bendición más grande. Para ellos, la bendición fue gratuita, pero no para el cordero. El inocente animal, sin tener culpa de nada tuvo que morir para resolver la tragedia causada por los seres humanos. El cordero era un símbolo de Jesús, que un día derramaría su sangre en la cruz del calvario.
El versículo de hoy presenta a Moisés como otro símbolo de Cristo. El pueblo había pecado y la consecuencia del pecado es la muerte, por lo tanto aquel pueblo debería morir, pero entonces se levanta Moisés, o mejor, se arrodilla y suplica a Dios que perdone a su pueblo, aunque para eso sea necesario que él muera. Moisés no había hecho nada de malo, él no merecía morir. Quien merecía la muerte era el pueblo, pero Moisés se ofrece a morir en su lugar.
¿Coincidencia? ¡No! ¿Nobleza de Moisés? ¡Tampoco! Lo que Dios estaba haciendo era enseñar a su pueblo que la única manera de salvarse del pecado es creer en la muerte de un inocente en su lugar.
La Biblia es una carta de amor escrita con la tinta roja de la sangre de Cristo. El amor de Dios es el tema central. Un amor que sale de la simple letra y entra en el dolor de la acción.
¿Por quién intercedía Moisés? ¡Por un pueblo rebelde! Y ¿Por quién murió Jesús? El profeta Isaías describe a la raza contumaz y egoísta diciendo que todos se descarriaron, cada uno se fue por un camino diferente, pero a pesar de eso Dios hiso caer toda su culpa en una persona inocente que como un cordero, fue llevado al matadero y como una oveja, muda, delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió su boca.
¿Hasta qué punto eso conmueve tu corazón? ¿Hasta qué punto eso te motiva a amarlo y a andar en sus caminos? Deja de lado la inercia espiritual, deja la monotonía y la rutina. Renueva tu entrega al Señor y hoy, antes de salir a la lucha de la vida piensa en las palabras de Moisés: “Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.”
¿Creyeron?
¿Crees en Jesús? ¿Crees en Él por que viste sus grandes hechos? ¿O eres capaz de creer simplemente por su amor maravilloso? Es admirable la manera como el ser humano cree en otro ser humano. Cuántas víctimas de engaños y estafas existen solo porque depositaron su confianza en promesas humanas, palabras bonitas que vendían ilusiones; pero no son capaces de creer en el Señor Jesús.
Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo. Éxodo 14: 31
El día que Jaime se unió al grupo de alcohólicos anónimos, todas las miradas se concentraron en él. Alto, delgado, de cabello abundante y corto, emblanquecido prematuramente, vestía con esmero. Tenía un porte que lo destacaba de inmediato.
Con voz calma, pero segura y firme se presentó: Empresario de éxito, sólida situación económica, viudo, dos pequeñas hijas. Tenía todo lo que aparentemente se necesita para ser feliz, pero su vida había perdido sentido. Estaba en el grupo después de un intento fracasado de suicidio y contó que después de la muerte de su esposa se había refugiado en el alcohol para esconderse de su dolor.
Lo que impresionaba en la experiencia de Jaime es que él jamás había creído en Dios. Todo lo que había alcanzado en la vida lo había hecho gracias a su espíritu emprendedor y a su trabajo incansable. Pero ahora se encontraba en una situación sin salida. Reconocía que era un pobre alcohólico y que no podía libertase del vicio por sus propias fuerzas.
Una de sus pequeñas hijas había sido sanada milagrosamente de leucemia y ese hecho lo llevó a reconocer la existencia y el poder transformador de Dios. Le había entregado la vida al Señor pero ahora necesitaba de un programa de rehabilitación para librarse del vicio.
Hay muchas personas que como Jaime, solo le entregan la vida a Dios después de una grande manifestación del poder divino. Ese fue el caso de Israel. Sus dudas y quejas acabaron al ver el acto prodigioso a través del cual el Señor los libró de las manos de los egipcios en el mar rojo. No les restó otra alternativa, sino creer en el poder libertador de Dios.
¿Crees en Jesús? ¿Crees en Él por que viste sus grandes hechos? ¿O eres capaz de creer simplemente por su amor maravilloso? Es admirable la manera como el ser humano cree en otro ser humano. Cuántas víctimas de engaños y estafas existen solo porque depositaron su confianza en promesas humanas, palabras bonitas que vendían ilusiones; pero no son capaces de creer en el Señor Jesús.
Haz de este día un día de fe, cree en Jesús de todo tu corazón aunque aparentemente no tengas motivos para creer. Cree simplemente. Pero prepárate para ver los grandes hechos prodigiosos que Él es capaz de hacer en tu vida. Y recuerda: “Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo.”
¿Por qué?
Dicen los psicólogos que la necesidad de reconocimiento es una de las necesidades básicas del ser humano. Puede ser. Pero si deseas llegar a la tierra prometida de tus sueños tienes que llenar ese vacío con la presencia de Jesús en tu vida. De otro modo, serás parte de los cadáveres que yacen en el desierto.
Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? Éxodo 14: 11
A Marina le gustaba salir a caminar todos los días, temprano por la mañana. No lo hacía solo por su salud. Esa rutina de andar una hora por el parque de la ciudad, además de hacerle un bien físico tremendo, también le traía paz, alegría y le era una oportunidad para meditar.
Le fascinaba ver los frondosos árboles a ambos lados del camino, el riachuelo que se deslizaba como una serpiente, a su lado derecho, los primorosos jardines bien cuidados, en fin. No se cansaba de mirarlos. Pero aquella mañana nada de eso parecía tener importancia porque en sus oídos resonaban con fuerza las palabras llenas de ingratitud de su mejor amiga.
¿Alguna vez te has sentido incomprendido por personas a quienes les extendiste la mano en un momento de necesidad? Peor todavía, ¿fueron ingratos contigo? Si ya pasaste por una experiencia parecida tal vez logres entender cómo se sentía Moisés delante de la actitud rebelde y contumaz de aquel pueblo ingrato.
Moisés solo había querido ayudarlos. Dios le había ordenado libertar a aquel pueblo de la esclavitud de Egipto y él había aceptado el desafío a pesar de saber las dificultades que encontraría en el camino. Pero ahora, delante del menor obstáculo, aquel pueblo ingrato acusa al líder de haberlo traído al desierto para morir.
¿Cómo te sentirías tú, en el lugar de Moisés? Necesitas saberlo, porque mientras peregrines en el desierto de esta vida y tengas una misión a cumplir, enfrentarás muchas veces personas ingratas que te herirán sin piedad. No te desanimes. Continúa cumpliendo tu misión. La ingratitud es parte de la vida en este mundo. Es la amnesia del corazón que ha perdido el camino de los sueños.
Dicen los psicólogos que la necesidad de reconocimiento es una de las necesidades básicas del ser humano. Puede ser. Pero si deseas llegar a la tierra prometida de tus sueños tienes que llenar ese vacío con la presencia de Jesús en tu vida. De otro modo, serás parte de los cadáveres que yacen en el desierto.
Levanta la cabeza y sal hoy para enfrentar tus responsabilidades sin esperar gratitud de los seres humanos, motivado apenas por el deseo de servir. Y recuerda “Dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?”
Extendió su mano
Busca al Señor. Ora, clama a Él, reconoce tu incapacidad, ríndete a sus pies, acepta tu dependencia, vuélvete como un niño y te sorprenderás con los resultados.
Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche. Éxodo 14: 21
Estela nunca supo cómo llego a su casa. Sentía que las fuerzas la habían abandonado. Se tiró lánguidamente en la cama y por horas su mirada enajenada permaneció absorta en el techo. En su mente giraba un solo pensamiento: su carro había sido sostenido por manos invisibles. De otro modo, a esas horas ya estaría muerta. La manera como el vehículo fue devuelto a la carretera cuando estaba prácticamente en el abismo había sido un milagro. Solo que había un pequeño problema. Ella no creía en milagros.
¿Existen milagros? ¡Claro que sí! La Biblia y la vida están llenas de ellos. El versículo de hoy presenta uno. El pueblo de Israel había llegado a las orillas del mar Rojo. No había más salida. Desde la perspectiva humana, había llegado el fin. Pero entonces Moisés levantó la vara y el milagro sucedió. Apareció un viento oriental y el mar se abrió para dar paso al pueblo de Dios.
Para muchas personas esto no tiene lógica. No hay razón que lo explique. Pero, si quieres pasar a la historia como alguien que escribió una de sus líneas, en más de una oportunidad, es necesario rechazar la razón como si fuese un trasto viejo, y volar con las alas del espíritu: si deseas entenderlo todo con la razón, no volarás jamás.
La vida cristiana es una vida de fe. Con frecuencia es necesario sacar el pie del barco y colocarlo en el agua aunque el mar esté embravecido. Es la única manera de andar sobre el mar.
¿Cuál es el mar rojo de tu vida hoy? ¿Cuál, el problema que parece no tener solución? ¿Ya hiciste todo lo que humanamente podías haber hecho? Entonces dale una oportunidad a Dios. Deja que Él te conduzca por los valles y por las montanas de la fe.
Busca al Señor. Ora, clama a Él, reconoce tu incapacidad, ríndete a sus pies, acepta tu dependencia, vuélvete como un niño y te sorprenderás con los resultados.
No empieces las actividades de hoy, sin la seguridad de que hay una vara en tus manos, pero más que eso, hay un Dios todopoderoso a tu lado. “Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche.”
Si despojas, serás despojado
Es fácil reírse del que sufre, del herido, del que no tiene fuerzas. Pero se necesita mucho valor para perdonar, para extender la mano al que un día te hirió. Sin embargo Dios está dispuesto a darte fuerzas para eso. En la medida que cultives o compañerismo diario con Jesús, su carácter se reflejará en tu vida y serás capaz de ayudar al caído.
Por cuanto tú has despojado a muchas naciones, todos los otros pueblos te despojarán, a causa de la sangre de los hombres, y de los robos de la tierra, de las ciudades y de todos los que habitan en ellas. Habacuc 2:8
La retribución es una ley natural de la vida. “Siembra vientos y cosecharás tempestades,” han repetido las personas desde los tiempos antiguos. Y no existe verdad más concreta. Si realizas actos de bondad, ciertamente las personas te retribuirán de la misma forma, pero en los tiempos del profeta Habacuc, la nación caldea era el símbolo de la perversidad. Perversidad es la intensificación de la maldad. ¿Puede haber más grande maldad que despojar al que fue derrotado? ¿Hacer leña del árbol caído?
El mensaje de hoy es un mensaje de advertencia contra el abuso de la superioridad. No importa en qué nivel te encuentres, ni cual sea tu posición, siempre existen personas más débiles que tú. Respétalas, no abuses de tus fuerzas o de las condiciones favorables en las que te encuentras.
Los caldeos eran sanguinarios. No se conformaban con derrotar a sus enemigos sino que avanzaban como fieras hambrientas sobre sus víctimas indefensas y abusaban de ellas. Esa actitud, más tarde o más temprano, les traería consecuencias catastróficas. El profeta Habacuc profetizó que la hora de los caldeos había llegado y ellos sorberían el cálice amargo que hicieron beber a otros.
Haz de este día, un día de justicia. A lo largo de tu camino vas a encontrar gente que no puede luchar con tus armas. Respétalas, sé humano y compasivo. Las personas golpeadas por la vida ya están sufriendo las consecuencias de sus decisiones equivocadas. El peso de la culpa las atormenta. ¿Para qué hacerlas sufrir más? ¿Para qué echarles en cara que no prestaron oídos a los consejos que les diste un día?
Es fácil reírse del que sufre, del herido, del que no tiene fuerzas. Pero se necesita mucho valor para perdonar, para extender la mano al que un día te hirió. Sin embargo Dios está dispuesto a darte fuerzas para eso. En la medida que cultives o compañerismo diario con Jesús, su carácter se reflejará en tu vida y serás capaz de ayudar al caído.
No olvides el mensaje de Habacuc a los caldeos: “Por cuanto tú has despojado a muchas naciones, todos los otros pueblos te despojarán, a causa de la sangre de los hombres, y de los robos de la tierra, de las ciudades y de todos los que habitan en ellas.”
Mano Poderosa
¿No tienes fuerzas para luchar? Israel tampoco las tenía. ¿Qué podría hacer un batallón de pastores de ovejas y fabricantes de ladrillos delante de un ejército armado hasta los dientes? Pero Aquel pueblo humilde no estaba allí por su propia voluntad. Dios lo había libertado y Dios no conoce derrota.
Y endureció Jehová el corazón de Faraón rey de Egipto, y él siguió a los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa. Exodo 14:8
Aunque no le gustaba la medicina, Lucia, obedeciendo a su madre, había intentado seguir el curso. Hubiera hecho lo imposible por conseguir la aprobación del ser que la trajo al mundo, sin embargo jamás pudo pasar del segundo año y se sentía un fracaso. Ese sentimiento de derrota la llevó al camino de las drogas, sin que la madre percibiese. Cuando al fin, la verdad salió a la luz, ya era demasiado tarde, la pobre joven se encontraba esclavizada.
Hay cosas que no tienen explicación. ¿Por qué, a veces creemos que huir es la mejor salida para los problemas que enfrentamos? Los vicios son cuevas donde nos escondemos con miedo de enfrentar la realidad; cuevas oscuras y profundas en donde nos atormentan los monstros imaginarios que fabrica nuestra imaginación enferma. Lucía se sentía así, perseguida por mil demonios, atormentada por un verdugo implacable, desesperada y con ganas de morir. Parecía el pueblo de Israel huyendo de las manos impiadosas de Faraón.
Mientras camines por las sendas escabrosas de este mundo te vas a encontrar infinidad de veces con las fuerzas del mal intentando destruir tu vida; circunstancias adversas, barreras indestructibles, muros gigantescos, imposibles de ser escalados. En esas horas, no te escondas, no huyas, no busques muletas, enfrenta tus enemigos, en el nombre de Jesús.
Recuerda que el Señor libró a Israel con mano poderosa y aunque el enemigo también tiene poder, nada puede hacer delante del rey del universo.
Hoy puede ser un día de victoria para ti. No trates de ganar la guerra. Vence apenas la batalla de este día. Los grandes triunfos son la suma de pequeñas victorias. Haz de este día un día de victoria.
¿No tienes fuerzas para luchar? Israel tampoco las tenía. ¿Qué podría hacer un batallón de pastores de ovejas y fabricantes de ladrillos delante de un ejército armado hasta los dientes? Pero Aquel pueblo humilde no estaba allí por su propia voluntad. Dios lo había libertado y Dios no conoce derrota.
Por lo tanto, enfrenta hoy tus leones, tus tormentas y tus faraones recordando que “Faraón rey de Egipto, siguió a los hijos de Israel; los hijos de Israel habían salido con mano poderosa.”