DEVOCIONALES
Obediencia
¿Cuál es el desafío de tu vida? ¿Cuáles son tus sueños? ¿A dónde quieres llegar? Piensa en la experiencia de Israel delante del desafío de Josué. Tu esfuerzo y tu trabajo serán inútiles si no te organizas y si no abres la Palabra de Dios con el corazón dispuesto a obedecer los consejos divinos.
El pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos y a su voz obedeceremos. Josué 24:24
La palabra obediencia no encaja mucho en la mente de los jóvenes. De una manera u otra, la relacionan con falta de libertad. Pero lo que más desea el joven es ser libre, vivir sin cercas, ni rejas, ni prohibiciones, ni nada parecido, por lo tanto, la obediencia parece no formar parte de un diccionario moderno. Estoy hablando de la obediencia a Dios, porque cuando se trata de obedecer a los hombres, nadie duda en someterse a las reglas. Desde el deportista que en el campo debe obedecer las reglas del juego, pasando por los conductores que necesitan someterse a las reglas del tránsito y acabando con el lugar del trabajo, donde existe un horario de entrada, otro de salida y es necesario respetar las reglas de la empresa.
Pero cuando se trata de Dios, las cosas cambian. “Soy libre” parece ser el grito desesperado del joven de nuestros días. “Nadie tiene que decirme lo que debo hacer o no hacer.” “Cada uno sabe lo que es bueno.” Sin embargo en el mundo espiritual las cosas no son diferentes del campo de deportes o del trabajo. La organización y la obediencia son parte del orden, y Dios es un Dios de orden.
En el momento de la creación EL Espíritu se movía sobre la tierra desordenada y vacía. Su propósito era colocar la tierra en orden. Esto muestra que tú saliste de las manos de un Dios de orden y jamás podrás ser completo y feliz, si no te devuelves al orden. La obediencia es parte del orden.
En los tiempos de Josué, el pueblo estaba delante del enorme desafío de conquistar la tierra prometida. Aquella tierra era el glorioso destino a donde Dios quería conducir a su pueblo. Con ese propósito lo había libertado de la esclavitud de Egipto. Pero Dios sabía que sin orden, nadie llega a lugar ninguno. Por eso Josué desafió a su pueblo al orden y a la obediencia, y la respuesta del pueblo fue unánime y positiva.
¿Cuál es el desafío de tu vida? ¿Cuáles son tus sueños? ¿A dónde quieres llegar? Piensa en la experiencia de Israel delante del desafío de Josué. Tu esfuerzo y tu trabajo serán inútiles si no te organizas y si no abres la Palabra de Dios con el corazón dispuesto a obedecer los consejos divinos.
Tu Padre conoce el camino, mejor que tú. Obedécele, colócate en sus manos y déjate conducir por él y hoy, antes de correr en pos de tus sueños recuerda: “El pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos y a su voz obedeceremos.”
Dame entendimiento
Haz de este día un día de sabiduría. Nadie, perdió jamás por oír los consejos divinos. Nunca, alguna persona terminó en caminos de muerte y locura por andar en la senda mostrada por el Señor. Aunque te parezca ridículo, aunque tus amigos se rían de ti, aunque tus compañeros se burlen o digan que eres anticuado, sigue los principios eternos y serás sabio y feliz.
Dame entendimiento, guardaré tu ley y la cumpliré de todo corazón. Salmos 119:34
¿Crees que para ser libre y feliz debes quebrar todos los tabús? Depende de lo que llames tabú. Lindomar, por ejemplo, piensa que llegar virgen al matrimonio es un tabú; que eso funcionaba en el siglo pasado pero que ahora el mundo ha cambiado y “todos lo hacen.” Pero la pureza está entre los diez principios eternos establecidos por Dios para la felicidad del ser humano. Y si el propósito de esos principios es la felicidad, es imposible ser feliz quebrándolos o echándolos a un lado, como si fuesen algo sin importancia.
El texto de hoy, expresa el clamor del salmista en busca de entendimiento. La Palabra entendimiento puede ser traducida también como sabiduría. Sabiduría es diferente de conocimiento. El conocimiento es solo el almacenamiento de conceptos, pero la sabiduría es el empleo adecuado de esos conceptos. Existe mucha gente que sabe mucho, pero ignora la manera de usar ese conocimiento provechosamente.
El versículo de hoy enseña que la manera sabia de vivir es respetando y practicando los consejos divinos expresados en los principios eternos de su Palabra. Seguir esos principios no siempre es fácil, porque vivimos en un tiempo cuando Dios no pasa de un simple detalle, de un ser despersonalizado, de una energía creadora y nada más. El hombre moderno toma los principios divinos y racionaliza en torno de los, filosofa, los interpreta a su manera, discute, argumenta, en fin, hace cualquier cosa, menos obedecerlos.
El resultado es el desvarío loco y alucinado de su corazón. Corre de un lado para otro en busca de sosiego y no lo encuentra, se hunde en las profundidades más oscuras de sus instintos en busca de un sentido para la vida y solo encuentra confusión y oquedad. Pero se resiste a volver los ojos a Dios y a los eternos principios de su Palabra.
Haz de este día un día de sabiduría. Nadie, perdió jamás por oír los consejos divinos. Nunca, alguna persona terminó en caminos de muerte y locura por andar en la senda mostrada por el Señor. Aunque te parezca ridículo, aunque tus amigos se rían de ti, aunque tus compañeros se burlen o digan que eres anticuado, sigue los principios eternos y serás sabio y feliz.
No salgas a enfrentar los desafíos de hoy sin recordar la oración del salmista: “Dame entendimiento, guardaré tu ley y la cumpliré de todo corazón.”
El cimiento de tu trono
Inútilmente, algunos cristianos sinceros pretenden mostrar al Dios del Antiguo testamento como el Dios de la justicia y al del Nuevo testamento como el Dios del amor. ¿Qué tipo de Dios sería ese que mudase su manera de ser? Dios es eterno y en Él no existe mudanza ni sombra de variación. Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.
Justicia y derecho son el cimiento de tu trono; misericordia y verdad van delante de tu rostro. Salmos 89:14
¿Te siente triste, solo y abandonado? ¿Crees que porque caíste, el amor de Dios te abandonó y estás a merced de su justicia? Entonces, piensa el versículo de hoy. La justicia, la verdad y la misericordia de Dios son la esencia de su propio ser y el fundamento de todas sus acciones. La Biblia afirma este concepto una y otra vez. En Dios, los tres atributos se funden, son uno, no existe división.
A los seres humanos nos resulta difícil entender esto, porque después de la entrada del pecado, nuestra naturaleza trae la división como parte de su estructura. Dividimos nuestro ser, nuestros sentimientos, nuestras intenciones y en consecuencia dividimos el hogar, los valores y los principios y los conceptos.
Al pensar en la cruz del Calvario, por ejemplo, cuantas veces decimos que allí se expresó el amor de Dios, para aplacar su justicia, pero en Dios su justicia y su misericordia jamás estuvieron una contra la otra. Todos sus actos estuvieron motivados por su amor, por su misericordia y por su verdad.
Pensemos en la primera escena dolorosa de este mundo cuando Adán y Eva tuvieron que abandonar el jardín del Edén por causa de su pecado. ¿Era la justicia de Dios la que demandaba que el ser humano abandonase el jardín? Sí, pero era su misericordia también. Permitir que el hombre caído continuase comiendo del árbol de la vida sería perpetuar el pecado y entonces el ser humano viviría eternamente la tragedia del dolor y de la muerte. Por tanto en aquel momento crucial y a lo largo de la historia el amor, la verdad y la misericordia, divinas siempre actuaron juntas.
Inútilmente, algunos cristianos sinceros pretenden mostrar al Dios del Antiguo testamento como el Dios de la justicia y al del Nuevo testamento como el Dios del amor. ¿Qué tipo de Dios sería ese que mudase su manera de ser? Dios es eterno y en Él no existe mudanza ni sombra de variación. Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.
Sal esta mañana a cumplir tus deberes, seguro de que caminarás a la luz de la verdad, amparado por la justicia del Padre y protegido por su misericordia, porque “Justicia y derecho son el cimiento de tu trono; misericordia y verdad van delante de tu rostro.”
Santidad
Pueda ser que las cosas a tu alrededor no anden como te gustaría que anden. De repente, nada te sale bien, por más que te esfuerzas, pero no desanimes. Si colocas tu vida en las manos de Dios, todo es un asunto de tiempo. Ten paciencia. El plano maravilloso de Dios para ti se cumplirá más tarde o más temprano.
Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. 2 Corintios 7:1
¿A qué promesas se refiere el Apóstol Pablo? Él dice que esas promesas deberían motivarnos a vivir una vida limpia y a crecer en la experiencia de la santidad. Pero, ¿de qué promesas habla? Para saber es necesario leer el capítulo anterior y allí, entre otras cosas Pablo habla del amor maravilloso de Dios hacia sus hijos, después en el capítulo 7, él empieza diciendo que estas promesas, deberían motivarnos a crecer en la santidad.
El resumen del discurso de Pablo es el amor. Sin amor no existe vida cristiana, el cumplimiento de los mandamientos, sin amor es apenas una vida de moralismo vacío y sin sentido. Para Pablo, el amor es la motivación de la santidad. Crecemos en santidad porque lo amamos, y lo amamos porque Él nos amó primero.
La palabra santo en griego, significa, “separado para un propósito especial.” Somos santos cuando entendemos que vivimos en este mundo pero no somos de este mundo, cuando entendemos que somos humanos, como cualquier ser humano, pero tenemos un propósito especial en la vida. Al entender esto, nos damos cuenta de, cuánto nos ama el Señor y el único camino es retribuir ese amor. ¿Cómo lo hacemos? Creciendo cada día en el camino de la santidad, es decir, entendiendo y viviendo cada día de acuerdo al elevado propósito que Dios tiene para nosotros.
Jamás pierdas de vista ese propósito. Es verdad que vives en medio de seres humanos que corren solo atrás de sus interese humanos, sin darle importancia a los valores del espíritu, pero tú no eres un ser humano más, tú eres el sueño de Dios.
Pueda ser que las cosas a tu alrededor no anden como te gustaría que anden. De repente, nada te sale bien, por más que te esfuerzas, pero no desanimes. Si colocas tu vida en las manos de Dios, todo es un asunto de tiempo. Ten paciencia. El plano maravilloso de Dios para ti se cumplirá más tarde o más temprano.
El Señor Jesús está a tu lado, dispuesto a conducirte a tu glorioso destino y te ha prometido su poder y su amor a lo largo del camino, entonces, “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.”
Aún rebosarán
Pero lo bueno es que esas promesas son también para ti. Si por algún motivo, desaprovechaste el pasado o lo usaste para causarte dolor y destrucción, vuelve los ojos a Dios, en arrepentimiento, y escucha la voz del Señor: “Clama aún, diciendo: así dice Jehová de los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, y escogerá todavía a Jerusalén.”
Clama aún, diciendo: así dice Jehová de los ejércitos:
Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, y escogerá todavía a Jerusalén. Zacarías 1:17
Nada está perdido para los que se vuelven a Dios. Aunque las cosas no anden bien en tu vida como consecuencia de tus errores, si te entregas a Dios con sinceridad de corazón, sus promesas continúan válidas.
Era eso lo que sucedía con el pueblo de Israel en los tiempos de Zacarías. Habían abandonado al Señor, habían tomado el control de su vida en las propias manos, creyeron que no necesitaban de Dios, que Él les restringía la libertad, y decidieron vivir solos, como si Dios no existiese.
Lo que me impresiona del amor divino es que los dejó irse. El precio del amor es la libertad. Pena que para entender esto, muchas veces es necesario llegar a la tierra de la esclavitud. Ahora Israel sufría las consecuencias de sus decisiones equivocadas. Había permanecido mucho tiempo en el exilio babilónico, Jerusalén estaba destruida, sus campos, otrora floridos y productivos, abandonados y sin vida.
Pero en medio de la humillación y el sufrimiento los hijos de Israel se acordaron de Dios, se arrepintieron y clamaron al Dios eterno que los había sacado de la tierra de Egipto y los había conducido milagrosamente hacia la tierra de la libertad, y Dios les escuchó el clamor. Un remanente volvió del exilio y el Señor levantó al profeta Zacarías, para decirles que, a pesar de todo lo que habían hecho, y a despecho de cómo ellos habían pretendido arruinar el plan de Dios, sus promesas continuaban válidas.
Jerusalén todavía sería la grande capital de la fe, y en sus tierras correrían los hijos de Israel conforme al plan original de Dios. Imagino cómo debe haberse sentido el enemigo al ver que todo lo que hiciera para que las promesas divinas jamás se cumplieran, el plan de Dios continuaba en pie.
Pero lo bueno es que esas promesas son también para ti. Si por algún motivo, desaprovechaste el pasado o lo usaste para causarte dolor y destrucción, vuelve los ojos a Dios, en arrepentimiento, y escucha la voz del Señor: “Clama aún, diciendo: así dice Jehová de los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, y escogerá todavía a Jerusalén.”
Lloro en gozo
¿Estás viviendo el invierno crudo de tu vida? ¿Sientes que no tienes más fuerzas para resistir? No desesperes, Dios nunca permitirá que llegue a tu vida una prueba que no puedas soportar. Cuando la noche parece más oscura es cuando de un momento a otro el sol del nuevo día va a despuntar en el horizonte.
Y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. Jeremías 31:13
La noche dura solo doce horas. En la peor de las hipótesis, catorce; o veinte en las tierras polares; pero no importa su extensión, el día viene. Es una ley de la vida. No existe noche sin día. En esta vida, todo acaba, acaban las cosas buenas, los momentos felices desaparecen, la juventud se va, la primavera se hace invierno, en fin. Pero si es verdad que las cosas buenas acaban, también acaban las cosas malas.
La promesa que Dios presenta en el versículo de hoy es justamente acerca del fin de las cosas malas. El dolor, la tristeza y las lágrimas llegarán al fin. En esta tierra, parcialmente, pero cuando Jesús vuelva colocará un punto final a la historia del pecado y consecuentemente, las lágrimas y al dolor, desaparecerán para siempre.
Pero mientras vivas en este mundo no estarás ajeno al dolor y al sufrimiento. Cuando menos esperes, cuando piensas que tu sol brilla esplendoroso y tu cielo está más azul que nunca, puede aparecer la tormenta. No te asustes. El dolor es la ley de este mundo de pecado.
A pesar de eso, no te concentres en el dolor, sino en la promesa que Dios te hace. El enemigo puede traer dolor a tu vida hoy y mañana, pero vendrá el tercer día en que el enemigo tendrá que darse en retirada.
Así fue con Jesús. Aquel viernes de tarde cuando el Salvador expiró en la cruz del calvario, el enemigo pensó que había vencido. Todo el plan de salvación parecía que había desmoronado. El sábado, mientras Jesús reposó en la tumba, el enemigo continuó celebrando su aparente victoria, pero al tercer día, la muerte tuvo que dar lugar a la vida. Las entrañas de la tierra se abrieron y el Señor Jesús resucitó victorioso. Y con su resurrección nos enseñó la lección más extraordinaria para enfrentar el dolor: Siempre hay un tercer tiempo, en que la noche tendrá que dar lugar al día, en que el invierno, se esconderá de la primavera.
¿Estás viviendo el invierno crudo de tu vida? ¿Sientes que no tienes más fuerzas para resistir? No desesperes, Dios nunca permitirá que llegue a tu vida una prueba que no puedas soportar. Cuando la noche parece más oscura es cuando de un momento a otro el sol del nuevo día va a despuntar en el horizonte.
Por eso, hoy, a pesar de las nubes negras que pueden oscurecer tu día parte para enfrentar los desafíos de la vida, seguro de la promesa divina: “Y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor.”
No alcanzaron
La razón es que ella limita el “futuro mejor,” a cosas y comodidad material. Lo que ella no sabe es que podrá conseguir todos los bienes del mundo y continuará vacía, porque el futuro mejor no está limitado a las tristes fronteras de esta tierra. Nascimos para volar y mientras vivamos escarbando la tierra en busca de oro, jamás descubriremos las bellezas del cielo azul y del espacio infinito.
Porque Dios tenía reservado algo mejor para nosotros, para que no fueran ellos perfeccionados aparte de nosotros. Hebreos 11:40
La señora que arreglaba esta mañana mi cuarto del hotel es una emigrante que llegó a los estados unidos cruzando el río. Era apenas una niña de 10 años cuando un día sus padres decidieron venir a los Estados Unidos, en busca de un “futuro mejor.”
¿Futuro mejor?
-Mire señor, me dijo, este es el “futuro mejor” que logré: ser una simple mucama.
Sus manos llenas de callos, su rostro marcado por arrugas profundas, que la vida le abrió, su sonrisa nostálgica, adormecida en algún momento de su triste historia, describían el dolor y el sufrimiento que las circunstancias le habían impuesto.
Me quedé pensando mucho tiempo en su historia y salí a caminar. Me había propuesto andar cinco kilómetros. Y aunque había mucha naturaleza a lo largo de mi camino, la historia de la mucama seguía molestándome. Como si fuese mi propia historia, como si yo también, un día, hubiese “cruzado el río” buscando un futuro mejor.
Al fin de cuentas ¿No es lo que todos buscamos? ¡Un futuro mejor! ¿Lo alcanzaste? O tú también, como aquella señora miras a tu presente y piensas que no valió la pena haber “cruzado el río”.
Lo que me intriga es el hecho de que esa buena señora llega al trabajo en su propio auto, vive en casa propia, no tiene necesidad de pagar alquiler y sus hijos estudian en la universidad del estado. Quiere decir, de alguna manera, su situación ha mejorado. Si hubiese permanecido en su país no tendría las cosas que ha logrado aquí. Con trabajo es verdad, enfrentando las dificultades de una vida dura, sin duda, pero ha logrado cambiar el destino de su familia, porque la próxima generación, con toda seguridad no tendrá más, las privaciones que ella tuvo cuando niña.
Pero ella no es feliz. Su corazón continúa vacío y llora la angustia de buscar y buscar sin encontrar. La razón es que ella limita el “futuro mejor,” a cosas y comodidad material. Lo que ella no sabe es que podrá conseguir todos los bienes del mundo y continuará vacía, porque el futuro mejor no está limitado a las tristes fronteras de esta tierra. Nascimos para volar y mientras vivamos escarbando la tierra en busca de oro, jamás descubriremos las bellezas del cielo azul y del espacio infinito.
Vuelve los ojos a Dios. Lo que realmente vale no está en esta tierra, “porque Dios tiene reservado algo mejor para ti."
Como una madre
Lo que quiero decirte es el Señor Jesús ya pagó el precio de tu culpa. Mereces lo peor, por lo que hiciste, pero Jesús asumió tu culpa y pagó el precio con su vida. A ti solo te resta aceptar o rechazar. Aceptar, porque el perdón no le puede ser otorgado a nadie por la fuerza o rechazar porque eres libre, inclusive para decir no.
Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo. Isaías 66:13
Todavía es temprano. Del lado de fuera veo un árbol que empieza a florecer anunciando que el invierno se va. Al fondo hay unos pinos tiernos bañados de rocío. Parecen llorar. Las gotas depositadas en sus ramos caen, como lágrimas de una naturaleza con nostalgia del sol. Mejor dicho, nada es perfecto. Un sol esplendoroso brillando esta mañana completaría la belleza del paisaje, pero vivimos en un mundo marcado por el dolor y la tristeza.
Hablando de tristeza, anoche, me entregaron una carta. Al Es la historia de una madre que se enteró que su hija, de apenas 16 años, estaba embarazada. ¿Qué hacer en esas circunstancias? Ella cerró los ojos e imaginó el “escándalo” que eso significaría para la familia. Imaginó el futuro de la hija cuyos sueños parecían desmoronarse, imaginó también el futuro de un niño sin padre. Ella jamás había conocido a su padre y eso le había dejado en el alma un vacío difícil de llenar. Asustada veía repetirse la historia y no soportó. En un momento de rabia y desesperación obligó a la hija a realizar un aborto.
Todo parecía resuelto, pero de repente, el fantasma de la culpa empezó a atormentarla de día y de noche. Verdugos implacables la perseguían en sus noches de pesadilla, mientras ella corría con las manos ensangrentadas, atormentada por el grito de un niño sin rostro que le gritaba: “Abuela no me mates por favor.” Ella escribió deseando la muerte.
Nada justifica lo que hiciste llevada por la desesperación. El pecado es pecado justamente por eso, te hace creer que es la solución pero te hunde en la arena movediza de tus tormentos interiores. Pero no quiero hablarte hoy, de lo que hiciste o no hiciste. No quiero decirte que cuando una vida surge en el vientre de una mujer, no es por causa del error de los seres humanos, sino por la voluntad de Dios y si Él permitió es porque, aunque tú no lo entiendas, Dios tenía un plan maravilloso para esa vida.
Lo que quiero decirte es el Señor Jesús ya pagó el precio de tu culpa. Mereces lo peor, por lo que hiciste, pero Jesús asumió tu culpa y pagó el precio con su vida. A ti solo te resta aceptar o rechazar. Aceptar, porque el perdón no le puede ser otorgado a nadie por la fuerza o rechazar porque eres libre, inclusive para decir no.
No salgas hoy de tu casa sin meditar en la promesa bíblica: “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo.”
Él os dio vida
A lo largo de mi vida he visto tantos milagros como este. ¿Qué puede hacer el ser humano delante de ese poder? Nada, a no ser someterse y aceptarlo. Por eso, hoy, antes de iniciar tus actividades diarias recuerda que “Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.”
Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muerto en vuestros delitos y pecados. Efesios 2:1
Monte Olivo es una pequeña ciudad, en el interior del estado de Carolina del Norte; una ciudad sin mucho atractivo, simple, llena de sembríos de frijoles y tabaco. Aquí hay una iglesia hispana formada mayormente por guatemaltecos, gente también simple, pero de un corazón tamaño del mundo. El otro día almorcé en la casa de uno de ellos y me contó la historia de su conversión. En aquella época él ganaba 300 dólares por semana y con eso mantenía a la esposa y a los dos pequeños hijos, quiere decir, intentaba mantenerlos, porque además de ser una pequeña cantidad de dinero, lo gastaba todo con los amigos y la bebida.
Un domingo llegó a casa al anochecer. Había recibido su pago el viernes de tarde y se había puesto a beber con los amigos hasta el domingo. El lunes de mañana despertó para ir al trabajo, el cuerpo adolorido, el sabor amargo de la derrota en la boca y la resaca sacudiéndole el alma. Al salir de casa notó que los hijos y la esposa no tenían qué comer. La esposa simplemente lo miraba y no decía nada, estaba ahí en un rincón de la sala, como resignada a esa triste situación. Los niños pequeños, observándolo asustados, como si mirasen a una persona extraña que nada tenía que ver con ellos.
-Pastor -me dijo el muchacho, con los ojos llenos de lágrimas- no pude resistir más. Sentí como un puñal clavado en mis carnes. ¿Qué estaba haciendo yo con esa mujer y con esos niños? Salí como un loco, corrí por las calles de la ciudad, entré a una iglesia y me entregué a Jesús. Ese día llegué tarde al trabajo, pero ese día mi vida cambió definitivamente. Dios obró un milagro en mi vida.
Almorcé con esa linda familia. Un hogar feliz. Los ojitos de los niños brillaban de emoción, miraban a su padre como si fuese un gran héroe; la esposa también lo miraba con ojos llenos de amor y admiración. Y yo, a un lado de la mesa sentía el corazón apretado al ver un milagro más, realizado por Jesús.
Después me fui, andando, pensando en la vida. Levanté los ojos al cielo y me pareció ver el rostro de Jesús preguntándome: “¿Crees que valió la pena haber muerto en la cruz?
Nada dije. Apenas sonreí y continué andando. A lo largo de mi vida he visto tantos milagros como este. ¿Qué puede hacer el ser humano delante de ese poder? Nada, a no ser someterse y aceptarlo. Por eso, hoy, antes de iniciar tus actividades diarias recuerda que “Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.”
¿Amor?
No continúes hiriéndote, solo por “miedo de sentirte sola.” Al fin de cuentas, la soledad, no es apenas una condición, es un estado de ánimo. Viviendo sin Jesús, puedes sentirte sola, a pesar de tener la compañía de otra persona.
El que no ama no ha conocido a Dios porque Dios es amor. 1 Juan 4:8
Esta semana recibí la carta de una joven cristiana que mantiene, una relación amorosa con un hombre casado. Es una carta dolorosa. Ella siente que lo ama pero que ese amor la está destruyendo.
¿Qqué podría decirle? ¿Qué Dios está triste? ¡Claro que está! Pero la tristeza divina, no nace apenas del hecho de que ella está transgrediendo un mandamiento, sino de la realidad dolorosa de que ella no es feliz.
¿Sabes? El amor es algo que Dios te confió para que contemples las facetas desconocidas y lindas de la vida; para que te sientas viva, para que veas el mundo más lleno de colores y de melodías. Porque el Amor viene de Dios. “Dios es amor,” dice Juan. Pero cuando el amor es confundido con la pasión, se convierte en un motivo de infelicidad y te sumerge en el caos interior.
Pensemos más, en la chica de la carta. Ella no se siente bien destruyendo a una familia, ni hiriendo el corazón de Dios. Tanto así que me escribe pidiendo ayuda. Pero no se da cuenta que cayó en la red de un hombre casado y está condenada a sufrir grandes decepciones y a perder el respeto por sí misma. Porque en esta vida, nadie es valorado si no se valora a sí mismo y nadie puede ser feliz, si no está en paz con Dios y consigo mismo.
¿Qué es lo que lleva a esta muchacha a conformarse viviendo un “amor” que no es amor? ¿Puede alguien, como aquel “novio,” no traicionarla a ella un día, como hoy, está traicionando a la esposa? ¿Se puede confiar en un hombre así?
Ella dice que comenzó esa relación porque tenía miedo de quedarse sola, pero ¿acaso relacionarse sentimentalmente con una persona casada, no implica que ella continuará sola, compartiendo apenas los pocos momentos que le sobren a él?
Cuando la soledad te abruma o te entristece y te hace sentir que hay algo de errado en ti, es inútil que te aferres a alguien que te va a usar como un objeto, haciéndote sentir aún más triste y más sola.
Podría haber respondido esta carta diciéndole a la chica que ponga un punto final a esa situación, porque esa no es la voluntad de Dios, pero sé que Dios no es un Dios egoísta que solo está preocupado en que sus hijos le obedezcan, sino que Él es un padre amoroso que desea su bienestar.
No continúes hiriéndote, solo por “miedo de sentirte sola.” Al fin de cuentas, la soledad, no es apenas una condición, es un estado de ánimo. Viviendo sin Jesús, puedes sentirte sola, a pesar de tener la compañía de otra persona.
Corazón mentiroso
Cuando las cosas no salen como quieres, cuando todo te parece sombrío y el barco de tu vida parece naufragar, mira más allá de la tormenta. Por encima de las nubes, no solo brilla el sol, sino que Dios controla el universo, y con toda seguridad, está también, en el control de tu vida.
Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Jeremías 17:9
Amanece en Martinsville, en el interior del estado de Virginia. No hay sol. Mejor dicho, sí hay sol, pero yo no lo puedo ver porque una neblina pesada no me permite verlo. ¿Cómo podría no haber sol? El sol siempre está allí, en el mismo lugar. No cambia nunca, pero a veces el clima es ingrato, las condiciones atmosféricas parecen fieras asustadoras, nubes negras, truenos y relámpagos envuelven la tierra; o una neblina densa, como la de hoy lo deja todo sombrío.
Sentado frente a la computadora, miro a través de la ventana y al ver el día triste y ceniciento, me viene a la mente el tema de este devocional. Hay días así en la vida. Te levantas, miras por la ventana del alma y no ves a Dios. Pero Dios está allí, en el mismo lugar, más cerca de lo que puedes imaginar, solo que las circunstancias son tan adversas que no puedes verlo, y te sientes triste, con una tristeza que duele y se transforma en temor. Como si Dios te hubiese abandonado o no se importase con tu dolor.
¿Qué te puedo decir? Muchas veces en mi vida también hay días sin sol. Soy humano y por más que busco a Dios, hay ocasiones en que me siento andando en medio de la neblina. Pero yo sé que Dios está allí, solo que quisiera verlo y tocarlo. Eso es parte de nuestra humanidad, ¿sabes? Solo creemos en las cosas que nuestros ojos ven y que nuestras manos tocan. Por eso necesitas aprender a administrar tu humanidad, a convivir con ella sin darle mucho crédito cuando te hace pensar que estás solo.
En este momento pueda ser que tu vida esté envuelta de neblina densa. Tú humanidad puede hacerte sentir que Dios te abandonó. Pero recuerda lo que un día dijo Jeremías: “Engañoso es el corazón y perverso, ¿Quién lo entenderá?” Entonces, no le creas a tu corazón. Cree en las promesas de Dios.
Cuando las cosas no salen como quieres, cuando todo te parece sombrío y el barco de tu vida parece naufragar, mira más allá de la tormenta. Por encima de las nubes, no solo brilla el sol, sino que Dios controla el universo, y con toda seguridad, está también, en el control de tu vida.
Sal para la lucha de la vida hoy, pero recuerda:
“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”
Que ellos vean
Por eso hoy, que tienes delante de ti, los desafíos de un nuevo día, vuelve tus ojos a la promesa divina. Él jamás te prometió que en esta vida no enfrentarías el dolor, pero te aseguró que sus obras de victoria serían una realidad en tu vida. ¿No es maravilloso?
Haz conmigo señal para bien, y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados; porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste. Salmos 86:17
¿Qué señal? ¿De qué señal habla el salmista? De la obra prodigiosa de Dios en favor de sus hijos, de la acción libertadora de su poder; porque lamentablemente vivimos en un mundo donde el enemigo se deleita en traer dolor a los que temen al Señor.
Para eso se vale de instrumentos humanos, seres que no tienen en cuenta a Dios para nada, que se deleitan en hacer sufrir a los seguidores de Jesús. Los puedes encontrar en todos los lugares, en el centro de trabajo, en el vecindario, en la escuela y muchas veces, inclusive, en medio de la familia. Es gente que sin ningún motivo intenta perjudicarte, se coloca contra ti y te provoca. Personas que se alegran con tu desdicha y se entristecen con tus victorias.
¿A dónde van los hijos de Dios en esos momentos? David acudía a Dios y se escondía en los brazos del Padre eterno, recibiendo de Él ayuda y consuelo.
La palabra ayuda, en hebreo, encierra el sentido de fuerza, cuando sientes que ya no tienes más fuerzas, y la palabra consuelo, tiene la connotación de la madre que sopla la herida del hijo que llora de dolor. ¿No son dos figuras maravillosas?
Dios jamás hará por ti lo que es necesario que tú hagas. Él te ayudará, te fortalecerá y al mismo tiempo te consolará. ¿Y cuál será el resultado? Te levantarás para continuar la jornada, seguirás adelante aunque tus pies sangren y te duela el cuerpo, avanzarás, con la certidumbre de que no estás solo y todo eso se transformará en victoria.
Pero el versículo de hoy dice que la victoria de los justos se transforma en afronta para los enemigos de Dios. Las obras de victoria en tu vida son como marcas, cicatrices que hablan de una historia de lucha. En algún momento el enemigo te hirió, te hizo sangrar, en algún momento estuviste a punto de desanimarte y abandonar el camino, pero Dios te consoló, te ayudó y llegaste victorioso al fin de la jornada.
Por eso hoy, que tienes delante de ti, los desafíos de un nuevo día, vuelve tus ojos a la promesa divina. Él jamás te prometió que en esta vida no enfrentarías el dolor, pero te aseguró que sus obras de victoria serían una realidad en tu vida. ¿No es maravilloso?
Entonces dile hoy al Señor: “Haz conmigo señal para bien, y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados; porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste.”
Frutos
Fe no es algo que tú fabricas. No lo logras cerrando los ojos y concentrándote en algo que deseas que ocurra. La fe es un regalo divino. La obtienes a medida que cultivas el compañerismo diario con Jesús.
Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 2 Pedro 1:8
El viento soplaba aquella tarde vestido de brisa mansa, refrescando el inicio caliente del verano de Massachusetts. Acostado en una red, Paco veía la vida pasar. Y aunque le gustaba la comodidad, se sentía “basura.” Fue él, que usó la expresión al describirme su vida antes de conocer a Jesús.
Nada existe peor que la improductividad. Te aniquila. Te hace sentir nada. Hoja seca llevada por el viento. Arena sin vida, en el desierto de una existencia vacía.
Paco había intentado muchas cosas. Nada le daba resultado. Últimamente, dejaba que la esposa trabajase sola para sustentar el hogar deteriorado y los dos niños pequeños. A él le incomodaba esa situación, pero había perdido cualquier motivación para seguir luchando.
El evangelio llegó a su vida cuando pensaba que todo estaba perdido y no existían más horizontes para él. Inesperadamente, sin querer, ni buscar. Mal sabía él que Jesús lo estaba buscando hace mucho tiempo.
Al conocer a Jesús y aceptarlo como su salvador, empezó a sentir una fuerza interior desconocida. No venía de él, llegaba de arriba, era divino. Y el hombre fracasado y cansado de vivir, se transformó en un gigante con ganas de vencer.
El versículo de hoy, explica lo que sucedió con Paco. El apóstol Pedro habla de frutos.”Si estas cosas están en vosotros no os dejarán estar ociosos ni sin fruto,” dice.
¿Qué cosas son las que deberían estar en ti, para que tu vida sea fructífera? Si lees los versículos anteriores verás que allí se menciona a la fe, como la fuente de todas las virtudes cristianas.
Fe no es algo que tú fabricas. No lo logras cerrando los ojos y concentrándote en algo que deseas que ocurra. La fe es un regalo divino. La obtienes a medida que cultivas el compañerismo diario con Jesús.
En cierta ocasión un hombre necesitado buscó a Jesús con una súplica: “Señor, aumenta mi fe.” Tú también puedes hacerlo y el Señor te oirá.
No salgas hoy para enfrentar los desafíos que te esperan allá afuera, sin tener la certidumbre de que Jesús no es solamente tú Dios, sino también tu mejor amigo y compañero en las horas tristes o felices. Y recuerda: “Si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni sin fruto.”
Dadivosidad
Hoy es un día de muchos desafíos para ti. Toma como uno de esos ellos, la dulce misión de amar y ser feliz. Por increíble que te parezca, cada vez que das, eres bendecido con el sentimiento maravilloso de saber que aliviaste el dolor ajeno. Y eso, te hace feliz. Pensar en los otros, hace un bien que no se puede comprar con dinero, ni se puede recibir en la sala de un sicoanalista.
Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 2 Corintios 9:7
El amor de Dios para con el ser humano se expresó en el bendito acto de entregar, donar y sacrificar. Lo dio todo. Nada guardó para sí. Entregó su propia vida. Si tuviese que hacerlo un millón de veces, no hubiera dudado en hacerlo. Amaba al ser humano y nada impediría rescatarlo.
La dadivosidad divina es la expresión de su misericordia. Es el lenguaje de su amor. Dios no escribió su amor por ti con letras doradas, en un papel perfumado. Lo escribió con sangre, en la cruz.
Cada vez que el ser humano da, está reflejando el amor de Cristo que habita en su corazón. No es un deber de cristiano. Es la expresión de la paz interior. La alegría de saberse feliz. Solo da, el que ama. Y solo ama el que fue alcanzado por el amor divino.
El llamado que Pablo hace en el versículo de hoy, es el llamado a ingresar en el círculo del amor. El mundo perece por falta de amor. Los hogares necesitan palabras y expresiones de amor. Hay corazones cerca de ti, que son tierra desértica necesitando una palabra de amor, como si fuese una gota de agua.
Cada uno dé como propuso en su corazón, dice el Apóstol. Es necesario proponerse. Proponerse es determinar, tomar la decisión. Crear consciencia de la necesidad y hacerlo. ¿Por qué? Porque aunque hayamos conocido el evangelio, el corazón continúa siendo humano y egoísta.
Es preciso buscar a Dios y pedir que nos dé un corazón capaz de amar y de pensar, que los otros, también sufren y enfrentan dificultades y que no somos el centro del universo.
Hoy es un día de muchos desafíos para ti. Toma como uno de esos ellos, la dulce misión de amar y ser feliz. Por increíble que te parezca, cada vez que das, eres bendecido con el sentimiento maravilloso de saber que aliviaste el dolor ajeno. Y eso, te hace feliz. Pensar en los otros, hace un bien que no se puede comprar con dinero, ni se puede recibir en la sala de un sicoanalista.
Enfrenta la lucha de este nuevo día recordando que “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”
En Jesús
En tus horas de dolor y lágrimas, saca los ojos de ti, de tus dolores, de las injusticias que las personas cometen contra ti y dirígelos a Jesús. Agradécele por el dolor y las circunstancias adversas y verás que tu cielo se despeja y entenderás que por detrás de las nubes oscuras había luna y las estrellas brillaban en todo su esplendor.
Arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias. Colosenses 2:7
Jazmín se sentó sobre una enorme piedra, frente al mar y suspiró. ¿Recuerdos robados de la vida? ¡Sí! Jazmín vivía de ellos, los disfrutaba. Ella dirigía las escenas en sus sueños. En ese mundo suyo, nadie la hería, ni la rechazaba, ni la hacía sentir inferior. En ese universo que a diario construía, no había motivos para llorar.
El frío del agua traída por una ola, la hizo volver a la realidad. Sacudió sus pies mojados. Miró a lo lejos y sonrió. Allí todo era bello. ¿Cómo no creer en Dios, delante de aquel cuadro fascinante que acuarela ninguna podría pintar?
Dentro de ella sin embargo, no había belleza. Solo resentimiento y amargura. Su corazón era un mar revuelto. ¡Contrastes de la vida!
Se quedó un buen rato contemplando el mar. Observó las olas salvajes golpeando a la roca bajo sus pies. Volvió a sonreír. Aquellas ondas furiosas agredían inútilmente a la roca. Ella, señora, del mar, parecía mirarlas socarronamente, diciendo: “¿Se cansaron de golpear?”
Jazmín entendió el mensaje. ¿Por qué las actitudes ajenas la herían tanto? Ella no era roca, era pobre arena del mar. Hoja seca, pluma arrancada, papel hecho pedazos.
El consejo bíblico de hoy es: “Arraigados y sobreedificados en Él.” ¿En quién? En la roca de los siglos, que resistió los vendavales de la injusticia humana y murió perdonando a los que lo clavaban en la cruz.
En tus horas de dolor y lágrimas, saca los ojos de ti, de tus dolores, de las injusticias que las personas cometen contra ti y dirígelos a Jesús. Agradécele por el dolor y las circunstancias adversas y verás que tu cielo se despeja y entenderás que por detrás de las nubes oscuras había luna y las estrellas brillaban en todo su esplendor.
¿Qué cosas no andan bien en tu vida? ¿Qué desafíos te esperan afuera? ¿Qué te hicieron las personas? No temas. Deposita tu confianza en Jesús y parte sin temor, recordando el consejo bíblico: “Arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.”
¡Pruebas, pruebas!
Todo depende de la perspectiva de las cosas. El presente estado de cosas no es el fin. No juzgues las actitudes divinas cuando el trabajo aún no ha sido terminado. Si tu visión del mundo es materialista, las pruebas son motivo de tristeza. Si es espiritual, serán motivo de agradecimiento y gozo. Es en el fuego que el oro se refina. Y tú eres oro.
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas. Santiago 1:2
Hacía algunos meses que Maira olvidaba las cosas. Su mente retrocedía acelerada hacia algún lugar donde ella se escondía. En ese extraño mundo, el olvido no tenía importancia. Ni los recuerdos. Tampoco la alegría o la tristeza. Aquel mundo estaba construido de vacío. Ella andaba, aparentemente insensible, por los rincones de su propio universo.
Pero la familia sufría. La tenían como referencia. El esposo había fallecido varios años atrás y ella era la matriarca. Verla en ese estado los dejaba como un día sin sol.
Fue en esas circunstancias que la hija mayor me buscó con una pregunta: ¿Por qué Dios no la hace descansar? ¿Qué sentido tiene la vida en ese estado?
¡Pruebas! Las encontramos todos los días. El versículo de hoy, usa la expresión “diversas pruebas.” El enemigo viene por todos los lados. Es la pérdida del empleo, un divorcio doloroso, el descubrimiento de que el hijo está en las drogas, la traición del mejor amigo, las injusticias del trabajo, en fin.
Pero Santiago a dice que debes alegrarte cuando te veas atravesando el valle de las pruebas. ¿No es pedir demasiado? En el original griego la palabra “pruebas,” peirasmos, literalmente significa estado de lucha mental en el que te ves inclinado a separarte de Dios.
Tal vez esto lo explique todo. Cuando el enemigo coloca pruebas en tu camino, su objetivo separarte de Dios. Hacerte creer que es el Señor, el que te envía el dolor. Si en ese momento te vuelves contra Dios, el enemigo logro su objetivo. Pero si en el instante de la prueba te vuelves hacia Dios, entiendes que el dolor puede ser un instrumento de edificación.
Todo depende de la perspectiva de las cosas. El presente estado de cosas no es el fin. No juzgues las actitudes divinas cuando el trabajo aún no ha sido terminado. Si tu visión del mundo es materialista, las pruebas son motivo de tristeza. Si es espiritual, serán motivo de agradecimiento y gozo. Es en el fuego que el oro se refina. Y tú eres oro.
Por eso hoy, a despecho de lo que puedas estar viviendo, levanta las manos al cielo y agradece. Después, parte confiado para enfrentar las dificultades de la vida. Porque “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas.”
Fidelidad
Pídele a Dios que te ayude a ser fiel en los detalles diarios. Apaga la luz que no usas, guarda la tinta que sobró, cambia la lámpara intermitente, cierra la puerta, arregla el techo que gotea, en fin, abre los ojos a las cosas pequeñas y espera la victoria en lo trascendental.
El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Lucas 16:10
Nando despierta sudoroso. La noche le ha parecido interminable. Los vidrios de la ventana están húmedos, como su cuerpo, y el recuerdo de sus sueños lo perturba.
Siempre es así. Últimamente tiene la sensación de que las cosas no andan bien. Su mundo interior se desintegra. Trata de buscar la razón en el archivo de su memoria y no encuentra un motivo lógico para sentirse de ese modo.
Pero Nando, sabe la razón. Intenta racionalizar su conducta, sin embargo, su inconsciente no acepta sus argumentos. Viene informando un gasto que no realiza y la empresa le paga por eso. Es una cantidad pequeña. Nadie, jamás descubrirá lo que hace, pero a partir de aquel instante, siente que las cosas no se ajustan dentro de él.
El versículo de hoy, habla de la fidelidad en las cosas pequeñas. Detalles diarios que nadie percibe. Gotas insignificantes que caen de la tornera mal cerrada y que a fin de mes elevan la cuenta a una cifra escandalosa.
No te cuides solo de los grandes errores. La vida está hecha de detalles. Son las partículas que componen la materia. Son diminutas células que mantienen el cuerpo vivo. Al fin de la historia, muchos entenderán que corrieron la corrida equivocada. Se cuidaron de las fieras gigantescas y permitieron que bacterias insignificantes invadiesen su cuerpo.
Las pequeñas victorias te preparan para las grandes conquistas. Las insignificantes derrotas son la sábana que envuelve el cadáver del gigante vencido. Lo dijo el propio Señor Jesús.
Pídele a Dios que te ayude a ser fiel en los detalles diarios. Apaga la luz que no usas, guarda la tinta que sobró, cambia la lámpara intermitente, cierra la puerta, arregla el techo que gotea, en fin, abre los ojos a las cosas pequeñas y espera la victoria en lo trascendental.
Haz de este día una jornada especial de detalles. Dale importancia a lo común. Acaricia a las personas amadas, saluda al vecino, arregla la posición del florero, ordena tu escritorio. Porque “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.”
Resistir
Hoy puedes iniciar esa experiencia de comunión con Jesús. Si lo haces, te sentirás más seguro delante de las dificultades y en la hora de la tentación, en vez de concentrarte en ti mismo y tratar de ser un vencedor con tus propias fuerzas, le contarás a tu amigo, al lado, lo que estas sintiendo y, maravillosamente verás, como desaparece la tentación y te vuelves victorioso.
Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Efesios 6:13
Octavio me miraba con sus ojos entornados de fracaso e impotencia. Casi llegué a ver las telarañas que escondía en su mundo de frustraciones. En esos ojos no había alegría. Solo pesimismo. Eran dos baúles de promesas no cumplidas.
He encontrado mucha gente como Octavio. Para ellos la victoria espiritual es solo un sueño. Nadie diría que se conformaron con una vida fracasada. ¡No! Luchan y se esfuerzan. No aceptan ser esclavos de vicios y hábitos destructivos. Quieren dar el grito de libertad, pero cuanto más se esfuerzan, menos logran.
El versículo de hoy enseña el secreto de la victoria. El apóstol desarrolla el pensamiento a partir del versículo 10. Dice que nuestra lucha no es contra un ser humano sino contra un ser espiritual maligno. Lo llama “Príncipe de las tinieblas en las regiones celestiales.”
Después concluye: “Por tanto.” En otras palabras, “Ya que es así.” Ya que el enemigo que enfrentas todos los días es un ser espiritual, toma la armadura de Dios para que puedas resistir en el día malo. No te atrevas a luchar solo.
¿Sabes lo que es la “armadura de Dios”? El propio Dios, su compañerismo diario, su Espíritu en ti. Aquí volvemos al mismo punto: cristianismo es vida de compañerismo diario con Jesús. Vivir la vida normal pero dirigiendo los pensamientos a Jesús. Al comprar un vestido, al ingresar a un restaurante, en la escuela o en el lugar de trabajo. Tener siempre la consciencia de que el Señor Jesucristo está a tu lado. Desde que amanece hasta que anochece. En el invierno o en el verano. Cada instante.
Hoy puedes iniciar esa experiencia de comunión con Jesús. Si lo haces, te sentirás más seguro delante de las dificultades y en la hora de la tentación, en vez de concentrarte en ti mismo y tratar de ser un vencedor con tus propias fuerzas, le contarás a tu amigo, al lado, lo que estas sintiendo y, maravillosamente verás, como desaparece la tentación y te vuelves victorioso.
“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.”
¡Reconciliados!
Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Romanos 5: 10-11
“¡Esta vida me mata! Me mata su absurdo. Sí, el absurdo de la rutina me aniquila silenciosamente. La rabia de ser todos los días yo, la oficina, este maldito escritorio, el vértigo de los ventiladores, la soledad de tantos rostros, todo me mata.”
Perla escribía esas palabras mientras rumiaba el dolor de su rutina diaria. Se asfixiaba de monotonía. Lloraba en silencio, se sentía cansada de vivir e intentaba desahogar su espíritu garabateando la historia de su vida.
Todos los días, en todos los lugares, caminan Perlas, de muchas razas y de muchos colores. Idiomas diferentes, tamaños variados. No importa el país, ni la cultura. Son seres que sufren la agonía de estar vivos, sintiéndose muertos.
Ese es el estado diario del “enemigo.” Éramos enemigos, dice Pablo, vivíamos alejados de Dios, peleados, en situación de guerra. El ser humano reñido con Dios no tiene forma de ser feliz. Carga un vacío existencial que lo acompaña a todo lado y le recuerda que es “enemigo.”
Todos. Independiente de lo que creemos o no, venimos de las manos del creador y solo seremos completos en Él. La ausencia de Dios, crea en la criatura una sensación de rutina y monotonía, la vida pierde sentido y el trabajo diario de vuelve enfadoso y cansador.
¿Para qué? Te preguntas mientras tratas de cumplir obligaciones que no te proporcionan satisfacción. Pero el amor de Dios por ti se revela en el hecho de que te reconcilió con Él, al entregar al Señor Jesucristo para morir por ti.
Ahora, reconciliados, exclama Paulo, seremos salvos. Salvos ¿de qué? Del pecado. Pero también del vacío, de la rutina agobiante, de la monotonía de ir sin saber a dónde.
Despierta a la vida. Deja entrar la luz divina en tus días oscuros. Permite que el Sol de justicia ilumine cada rincón de tu existencia y parte hoy, para el cumplimiento de tus deberes diarios, seguro de que con Jesús, la vida se transforma en una eterna primavera, llena de horizontes infinitos.
Recuerda que “Si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.”
En aquel tiempo
No salgas de casa hoy, sin repensar tu cristianismo. Es hora de amar. Cuando el amor de Jesús inunde tu corazón, verás cómo es fácil llevar los frutos del amor. La noche se hará día y la tristeza, alegría.
En aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali. Oseas 2:16
No sé por qué tenía la sensación de que aquella mañana sería especial para mí. Aparentemente era una, como cualquier otra. Me levanté, desayuné frutas y cereales, abrí la Biblia y me puse a buscar un versículo que tocase mi corazón, que hablase a mis necesidades y me ayudase a ser una persona mejor.
Entonces me deparé con este versículo. Aparentemente nada decía. Había dos palabras hebreas que parecían complicar el pensamiento. Pero el libro de Oseas es el libro de la gracia y si este texto estaba allí, debía tener algún mensaje especial.
“En aquel tiempo” empieza diciendo Dios. El Señor se proyecta al futuro, a un tiempo en que finalmente sus hijos entiendan la esencia del cristianismo. “Me llamarás Ishi y nunca más me llamarás Baali.” ¿Qué significa eso? En el original hebreo, Ishi es esposo, amado. Baali, Señor, más relacionado con el sentido de Patrón.
Dios quiere llevarte a vivir la maravillosa experiencia del amor. Él no quiere que lo veas como un dios rígido, exigente, con una vara en la mano, listo a castigar la desobediencia de sus vasallos. Dios desea que desarrolles con Él, una experiencia de amor. Como la esposa lo hace con el esposo.
Un día, en Jericó, vino a Jesús un joven angustiado y le preguntó: “¿Qué haré para tener la vida eterna?” La respuesta de Jesús tenía como objetivo llevar a ese joven a la dimensión del amor. Obedecer, por obedecer, no tiene valor para fines espirituales. La obediencia solo es válida cuando es la expresión de un profundo amor por Jesús.
Por eso Él lo dejó todo allá en el cielo y vino a esta tierra a morir por ti. Lo que más desea es conquistar tu corazón. Te ama. Y cuando alguien ama a una persona no desea someterla a una vida de servidumbre y miedo, sino llevarla a pasear por los jardines floridos del amor.
¿Qué tipo de dios es el tuyo? ¿Baali, aquel que te observa con ojos vigilantes de capataz? ¿O Ishi, aquel que te ama y quiere que le entregues el corazón?
No salgas de casa hoy, sin repensar tu cristianismo. Es hora de amar. Cuando el amor de Jesús inunde tu corazón, verás cómo es fácil llevar los frutos del amor. La noche se hará día y la tristeza, alegría.
“Aquel tiempo” es ahora. “En aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali.”