DEVOCIONALES
Tu Justicia
Cuando encuentres en tu camino muchas voces llamándote a transitar por los caminos que te llevan a la destrucción y a la muerte, acuérdate que tú eres santo, separado para un propósito especial. No eches las perlas a los puercos. Tú eres una joya preciosa, de un valor infinito.
Entonces nacerá tu luz como el alba y tu santidad, se dejará ver en seguida; tu justicia irá delante de ti y la gloria de Jehová será tu retaguardia. (Isaías 58:8)
La santidad es algo que no se puede ocultar, pero al mismo tiempo, es como el perfume; resultar empalagosa, cuando usada sin medida.
Imagínate con el cuerpo sudado después de haber corrido durante una hora. No encuentras agua y para resolver el problema, te secas el sudor con la toalla y te colocas perfume para disfrazar el olor del sudor. ¿Qué resultaría? No es necesario responder.
Ahora imagínate debajo de la ducha dejando que el agua limpia resbale por tu cuerpo. Después, al salir a la calle, te colocas dos gotitas de un perfume delicioso. Estoy seguro que todas las personas te van a mirar mientras caminas. No existe mejor fragancia que la de un perfume colocado con discreción en un cuerpo limpio.
La santidad es el perfume espiritual del cristiano. No hay cómo pasar desapercibido cuando el perfume de Cristo está reflejado en tu vida. “Tu luz nacerá como el alba y tu santidad se dejará ver en seguida” dice el profeta.
Pero, ¿qué es santidad? La palabra santo, en el original griego encierra el significado de algo que fue separado para un propósito especial. Es la consciencia de que no eres un ser común, de que perteneces al rey del universo, de que fuiste comprado con sangre, de que eres parte de la familia real.
Por eso, cuando encuentres en tu camino muchas voces llamándote a transitar por los caminos que te llevan a la destrucción y a la muerte, acuérdate que tú eres santo, separado para un propósito especial. No eches las perlas a los puercos. Tú eres una joya preciosa, de un valor infinito. El Señor Jesucristo lo dejó todo en el cielo y vino a esta tierra a buscarte porque tiene un propósito especial para tú.
Sal hoy por los caminos de la vida, pero sal con la consciencia de tu santidad. Pero recuerda que no existe santidad sin justicia. Busca a Jesús y su justicia y no importa que haya una montaña de dificultades y tentaciones a tu frente, serás lo más precioso que Jesús tiene en esta vida y vivirás como tal. “Entonces nacerá tu luz como el alba y tu santidad, se dejará ver en seguida; tu justicia irá delante de ti y la gloria de Jehová será tu retaguardia.”
Consolados para consolar
Si eres consciente de que no puedes fabricar amor, necesitas ir a la verdadera fuente del amor que es Dios. Dios no solo tiene amor, ni solo muestra amor, o apenas da amor. Él es el propio amor. Cuando ofrece amor, se ofrece a sí mismo, cuando muestra amor, se muestra a sí mismo.
Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos. (Filemón 1:7)
Existen personas cuya influencia consoladora es admirable. Filemón era una de ellas. “Por ti han sido consolados los corazones de los santos.” Le dice Pablo. La mayoría de los seres humanos tenemos dificultad para observar el dolor de las personas afligidas que viven a nuestro lado. Es propio de nuestra naturaleza pensar en nosotros mismos y ver las circunstancias adversas que surgen todos los días. El espíritu de queja e la insatisfacción se apodera del corazón. Casi siempre creemos que a los otros les va bien y solo a nosotros nos salen mal las cosas.
¿Cuál era la razón de la vida inspiradora de Filemón? Su amor. Pablo habla de gozo y consolación “en tu amor.” Una vida sin amor es incapaz de ver el dolor ajeno. Vive apenas concentrada en su propio dolor.
Pero hay que entender que el amor no es algo que tú fabricas. Por más que te esfuerces, que lo intentes y que tengas fuerza de voluntad, la triste realidad es de tu amor, el mío y el de todos los seres humanos está manchado por la terrible mancha del egoísmo. Así somos, desde la entrada del pecado a este mundo. Egoístas, incoherentes y absurdos en nuestra manera de amar. Decimos que amamos al conyugue, pero, ¿A dónde se va ese amor cuándo descubrimos que fue infiel? Decimos que amamos al hijo, pero ¿Qué sucede cuándo descubres que él hizo algo contra ti?
Por lo tanto, si eres consciente de que no puedes fabricar amor, necesitas ir a la verdadera fuente del amor que es Dios. Dios no solo tiene amor, ni solo muestra amor, o apenas da amor. Él es el propio amor. Cuando ofrece amor, se ofrece a sí mismo, cuando muestra amor, se muestra a sí mismo. Sin él, no existe amor. Dios es la misma esencia del amor. Y el ser humano, solo puede reflejar, aunque sea pálidamente el verdadero amor, en la medida en que viva conectado al Dios Amor.
Haz de este día un día de amor y de consolación. Mira a tu al derredor y consuela al que está triste. Quién sabe un día alguien diga de ti lo que Pablo dijo de Filemón: “Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos.”
Él sabe
El corazón. Esa es la clave de un cristianismo con significado; el corazón lleno de amor hacia Dios, el corazón que busca estar a Su lado, el corazón que anhela el compañerismo permanente de Jesús.
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Filipenses 4:19
¿Has pensado alguna vez, por qué tienes que orar contándole todo a Jesús, si Él conoce bien lo que sucede contigo? La verdad es que el propósito de la oración no es informarle nada a Dios. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta,” afirma el versículo de hoy. ¿Entonces por qué hay que orar? El propósito de la oración es cultivar el compañerismo con Jesús, conversar con Él, tener consciencia de su presencia. Es como la experiencia de los novios que se encuentran para conversar. ¿De qué hablan? De todo y de nada. Lo que importa no es lo que dicen sino el momento de compañerismo, el estar al lado de la persona amada.
Muchos creen que orar es simplemente pedir. ¿Ya imaginaste como sería la vida de dos personas enamoradas si solo se encontrasen para pedirse cosas? La tragedia del ser humano es que vive solo, intenta vencer solo, se atreve a alcanzar sus sueños, solo. Y el resultado, es que se hiere y hiere a las personas amadas que viven a su lado.
Jesús desea entrar en tu vida, formar parte de tus planes, luchar a tu lado para hacerlos realidad y el instrumento para permanecer a tu lado es la oración. No por causa suya sino por tu causa. Eres tú el que necesita tener consciencia de que no estás solo. Saber que Jesús está contigo te infunde valor, determinación, optimismo y la voluntad de levantarte y continuar luchando, a pesar de las circunstancias adversas que te pueden rodear.
En los tiempos de Jesús, los fariseos habían caído en el formalismo de una religión vacía. Creían que el simple cumplimiento de deberes y obligaciones les garantizaba la salvación. “Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí.” dijo el Señor en aquella ocasión.
El corazón. Esa es la clave de un cristianismo con significado; el corazón lleno de amor hacia Dios, el corazón que busca estar a Su lado, el corazón que anhela el compañerismo permanente de Jesús.
Haz de este día un día de compañerismo con el Señor. Mientras caminas, juegas, estudias, trabajas o lo que hagas, ten consciencia de que no estás solo, conversa con Él como si estuviese sentado a tu lado mientras diriges tu vehículo. Y recuerda la oración de Pablo: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
Obras
La victoria es posible con Jesús. Por eso el libro de Apocalipsis está lleno de promesas para los vencedores. La victoria no es una fantasía, ni una utopía, ni algo reservado solo para los que tienen mucha fuerza de voluntad. La victoria es un presente de amor que Jesús ofrece a los que con humildad lo buscan.
El cual pagará a cada uno conforme a sus obras. (Romanos 2:6)
Por algún motivo, muchos cristianos no entienden el lugar de las obras en la experiencia espiritual. Las obras no salvan a nadie. La Biblia enseña con claridad meridiana que la salvación es únicamente por la gracia maravillosa de Jesús. Este mensaje está presente desde el libro de Génesis cuando un cordero, que simboliza a Jesús, es sacrificado para resolver el problema de la desnudez humana; pasando por el pueblo de Israel, donde cada israelita tenía que ofrecer a Dios un corderito, como expiación por su pecado, hasta el libro de Apocalipsis, que termina diciendo “La gracia del Señor esté con todos vosotros.”
Pero el texto de hoy es también claro al afirmar que el resultado final de la gracia, son las buenas obras y que al fin, seremos juzgados por lo que hicimos o dejamos de hacer. La gracia no está reñida con las obras. Ambas tienen lugar en la experiencia de una persona que ha entregado su vida a Jesús. La gracia es la causa de la salvación, las obras, son el resultado. La confusión sucede cuando cambiamos los papeles y pensamos que las obras, nos califican para la salvación, o ya que fuimos salvos en Cristo, no necesitamos preocuparnos por las obras.
La otra confusión sucede cuando queremos que las buenas obras sean el resultado de nuestro esfuerzo. Si para alguna cosa vale el esfuerzo humano es para buscar a Jesús y mantener con Él, compañerismo diario a través de la oración, del estudio de la Biblia y de la testificación.
¿Por qué se necesita esfuerzo? Porque la naturaleza humana, que todavía cargamos, nos lleva lejos de Dios. No es natural que ella quiera vivir en comunión con Jesús.
Pero el hecho de que nos sea natural no significa que debas quedarte vegetando en el terreno de la mediocridad espiritual y aceptar pasivamente una vida de derrotas espirituales.
La victoria es posible con Jesús. Por eso el libro de Apocalipsis está lleno de promesas para los vencedores. La victoria no es una fantasía, ni una utopía, ni algo reservado solo para los que tienen mucha fuerza de voluntad. La victoria es un presente de amor que Jesús ofrece a los que con humildad lo buscan.
Haz de este día un día de victorias espirituales y de muchas obras, sabiendo que Dios, “pagará a cada uno conforme a sus obras.”
Sígueme
Ahora ya todo ha pasado. El sol aparece sonriente a la orilla del mar de Galilea, cuando el Señor se presenta a sus discípulos. Pedro no tiene siquiera el valor de levantar la mirada. ¿Qué decir? ¿Cómo justificar que lo ha negado? Es Jesús el que toma la iniciativa. Gracias a Dios, siempre es Jesús el que parte en dirección del hombre caído, es Él, el que busca, el que llama y finalmente encuentra al pecador.
Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme. (Juan 21:19)
Julio del año 58. Roma está en llamas. Se murmura en la ciudad que el autor del incendio es Nerón, pero se culpa a los cristianos. Muchos de ellos, cubiertos de betún, son quemados vivos. Pedro corre una suerte diferente. A él lo crucifican de cabeza para abajo. Por lo menos eso afirma la tradición. Muerte heroica la de Pedro. Diferente, de aquel hombre cobarde que juró no conocer al Maestro, la noche en que el Salvador del mundo fue crucificado.
Aquella noche triste; la más triste de las noches tristes, la miseria del hombre había llegado a su expresión más audaz. Y en medio de aquella tragedia, tal vez Pedro y Judas fuesen los símbolos de la manera como el ser humano reacciona delante del sacrificio de Cristo.
Judas se suicidó. No fue capaz de resistir el peso de la culpa. Sus carnes fueron hechas pedazos por los perros, al día siguiente. Pedro también sintió el peso abrumador de la consciencia. El martillo de la culpa lo golpeó sin piedad, pero el Apóstol creyó en la promesa de perdón de Jesús y lloró arrepentido de su traición.
Ahora ya todo ha pasado. El sol aparece sonriente a la orilla del mar de Galilea, cuando el Señor se presenta a sus discípulos. Pedro no tiene siquiera el valor de levantar la mirada. ¿Qué decir? ¿Cómo justificar que lo ha negado? Es Jesús el que toma la iniciativa. Gracias a Dios, siempre es Jesús el que parte en dirección del hombre caído, es Él, el que busca, el que llama y finalmente encuentra al pecador.
Tú conoces bien la historia. Después de preguntarle tres veces si lo ama, le anuncia a Pedro, el triste fin que le espera si desea seguirle. Y él acepta. Ya no va al Maestro atraído por el reino, por las luces o por las bendiciones. Eso es asunto del pasado. Su motivación ahora es el amor y cuando el amor llena tu corazón, toma también posesión de tus ojos, de tu mente, en fin, de tu ser entero. Ya no ves las dificultades, ni los problemas, ni las amenazas que te esperan. El amor te constriñe, te arropa en su manto y te hace avanzar seguro en medio de la tormenta.
Si Pedro murió, como la tradición describe, poco importa. Importa que muriera sirviendo a su Señor y testificando de su amor. Por eso hoy, tú también sal a enfrentar las dificultades, recordando que “Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.”
Contados
Pueda ser que tú, ni yo valgamos nada en sí, pero tu valor reside en lo que significas para Jesús y para él, no tienes precio, como no tenía su sangre derramada en la cruz. Entonces, sal hoy para enfrentar los desafíos del día, sabiendo que vales mucho y que “aun tus cabellos están todos contados.”
Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Mateo 10:30
El dolor es como el viento en medio del desierto; sopla inclemente, castiga, duele, hace sufrir. Y en esas horas te sientes solo y abandonado. Es humano. Hasta el Señor Jesús en la hora de dolor pensó que su Padre lo había abandonado.
El otro día conversé con un jovencito de 13 años de edad, estaba desabrochando a la vida, tenía todo el futuro por delante, pero decía: “¿Qué futuro? A nadie le importa siquiera que existo.” Lo decía porque nunca había conocido a sus padres y había sido criado por una amiga de la mamá.
Bueno, yo sé que hay momentos en que todo parece complicado y nos sentimos como hojas secas arrastradas por el viento, pero entonces viene la afirmación de Jesús, registrada en el versículo de hoy. Aunque pienses que a nadie le importa tu existencia, a Jesús si le importa, “pues aun tus cabellos están contados.”
¿No es animadora la promesa divina? ¿Quién se importa con un cabello? Nadie. ¿Y cuántos cabellos hay en las cabezas de todo el mundo? ¡Incontables! Nadie se daría el trabajo de contarlos. ¿Para qué? ¿Qué importancia tiene un cabello? Para Dios, mucha. Tanto así que se interesa. ¿Y tú no vales más que un cabello?
Yo sé que este mundo es cruel. Más crueles somos los seres humanos que cuando queremos hacer sentir insignificante a una persona sabemos qué decir y cómo decirlo. Pero si tú eres una de esas personas heridas por la vida. Si te sientes solo y abandonado. Si crees que nadie te ama. Si hay horas en que al mirarte en el espejo de la vida tú tampoco te aceptas. Piensa en la figura maravillosa que Jesús usa el versículo de hoy para decirte que tú eres muy importante para Él.
Tu valor no se mide por lo que tienes o por lo que eres, sino por lo que Dios piensa de ti. En casa de mis padres hay un sombrero viejo y gastado por el tiempo. No vale nada. Cualquier persona que no conoce la historia podría echarlo a la basura, pero para mis hermanos y yo, aquel sombrero no tiene precio. Fue el sombrero de nuestro padre.
El valor de aquel sombrero no está en el objeto en sí, sino en lo que ese viejo sombrero significa para nosotros.
Pueda ser que tú, ni yo valgamos nada en sí, pero tu valor reside en lo que significas para Jesús y para él, no tienes precio, como no tenía su sangre derramada en la cruz. Entonces, sal hoy para enfrentar los desafíos del día, sabiendo que vales mucho y que “aun tus cabellos están todos contados.”
En su muerte
Hoy puede ser ese día. Solo es necesario creer. La mente humana jamás será capaz de entender, pero aunque no lo sientes, ni lo entiendes, lo vives y esa vida se traduce en obras de amor hacia Dios y hacia los semejantes.
Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Romanos 6:4
¿Alguna vez imaginaste cómo te sentirías si, de repente despiertas y te descubres dentro de un ataúd, enterrado vivo? Bueno, un chino sobrevivió a su propia "muerte" después de ser enterrado aún con vida, por equivocación, durante tres horas, informa el diario "China Daily" del 28 de junio del año 2006. El siniestro suceso tuvo lugar en el condado de Tengxian, en una región del sur de China, cuando los médicos decretaron la "muerte" de Liang Jinshi, un diabético de 40 años.
El cuerpo de Liang fue enterrado pero, tres horas después de la ceremonia, su esposa acudió a la tumba, donde, en medio del silencio sepulcral, escuchó la voz de su esposo. La mujer, asustada, avisó a los hermanos de Liang, el "cadáver" fue exhumado del ataúd, y para sorpresa y alegría de la familia, Liang seguía con vida. Los médicos señalaron que los arañazos en el ataúd demuestran que Liang permaneció vivo, en coma, y con respiración, y no descartan que se trate de un caso de catalepsia.
La catalepsia es un estado nervioso patológico en el que se suspenden las sensaciones y se inmoviliza el cuerpo y ha provocado a lo largo de la historia, el enterramiento de muchas personas aún con vida.
En el versículo de Hoy Pablo dice que en el momento del bautismo, somos sepultados con Jesús. Pero debemos tener cuidado de que realmente hemos muerto al pecado. Enterrar a una persona viva, tanto en la vida física, como en la espiritual, puede resultar en tragedia.
El peor testimonio que puede haber para denegrir la imagen del cristianismo es una persona que nunca murió a la vida pasada y viste la camiseta del cristianismo, pero el milagro de la conversión es un trabajo sobrenatural que el Espíritu Santo realiza en la experiencia de las personas que se acercan a Jesús con fe.
Hoy puede ser ese día. Solo es necesario creer. La mente humana jamás será capaz de entender, pero aunque no lo sientes, ni lo entiendes, lo vives y esa vida se traduce en obras de amor hacia Dios y hacia los semejantes.
Entonces, hoy, antes de salir para las labores cotidianas, recuerda que: “somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.”
Os restituiré
¿Cuántas veces tendrá que llamarte el Señor Jesús para que entiendas que sin Él, nada de lo que logres en este mundo tiene sentido? ¿Cuántas veces tendrá que dormir a la intemperie, esperando que le abras el corazón?
Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros. Joel 2:25
Restituir, en el original hebreo, es shalam. Literalmente significa estar en paz con Dios. Hubo muchos periodos tristes en la historia de Israel. La tristeza no era el problema, el problema era que se alejaban de Dios siguiendo sus propios caminos y el resultado de esa actitud de terquedad humana era triste: desgracia, derrota, humillación delante de los enemigos, tierras desiertas o en la mejor de las hipótesis, destruidas por las plagas.
Pena que los seres humanos solo percibimos tas tragedias del cuerpo: hambre, necesidad, falta de abrigo. Cosas útiles, tal vez, pero apenas consecuencias de la raíz de todos los problemas que es el alejamiento de Dios.
Sin embargo la historia nos muestra que cada vez que el pueblo desobediente, se arrepentía de su actitud rebelde y se volvía de sus malos caminos, la promesa divina era promesa de restitución. El pacto de paz que el pueblo había violado, era restaurado por el Señor y en consecuencia las bendiciones regresaban como si nunca se les hubiesen retirado.
La tragedia de la humanidad es que solo espera las bendiciones pero no desea regresar de corazón a los caminos de justicia. Multitudes llenan estadios en busca de una bendición material, pero el corazón continúa vacío porque el verdadero problema es el distanciamiento de Dios.
Por eso, a lo largo de la Biblia encontramos una y otra vez la invitación divina a regresar. En Génesis Dios llega al jardín y llama a sus hijos: ¿Dónde están?” En apocalipsis, el último libro de la Biblia, las últimas palabras son: “Y el Espíritu y la esposa dicen ven y el que diga ven y el que tiene sed venga.”
¿Cuántas veces tendrá que llamarte el Señor Jesús para que entiendas que sin Él, nada de lo que logres en este mundo tiene sentido? ¿Cuántas veces tendrá que dormir a la intemperie, esperando que le abras el corazón?
Hoy es el día de buena nueva. Hoy es el día de salvación. No salgas de casa sin la seguridad de que te has devuelto al Señor. “Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros.”
Bendito
Por eso hoy, sal para el cumplimiento de tus deberes con la frente en alto. Eres un príncipe en el reino de Dios. Nada le debes al enemigo. Tu vida fue clavada en la cruz del calvario, en la persona de Jesús. Eres libre para soñar, para vivir, para volar hacia el destino glorioso que Jesús te preparó desde antes de la fundación del mundo.
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Efesios 1:13
Cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra se dirigió un día a cierto grupo de personas y les dijo: “Vosotros sois hijos del diablo y las obras de vuestro padre, el diablo queréis hacer.” Personalmente creo que esta fue una de las declaraciones más fuertes de Jesús. Quiere decir, fuertes, desde nuestro punto de vista, pero El Señor no los estaba agrediendo, simplemente estaba describiendo la situación triste del ser humano natural.
El ser humano, solo necesita nacer para pertenecer al reino de las tinieblas. No es una opción. Todos nacemos en pecado y destituidos de la gloria de Dios. Pero nadie se va a perder por eso, porque Dios proveyó el remedio y el remedio es Jesús. Ese es el mensaje del texto de hoy. Pablo resalta a Dios como el Padre de Jesucristo, no porque Jesús sea menos Dios que el Padre, sino porque quiere resaltar la bendición espiritual con la que fuimos bendecidos en los lugares celestiales, al pasar de nuevo, a formar parte del reino de Dios, al volver a ser hijos de Dios.
Juan lo dice de otra forma. Amados, ahora somos hijos de Dios.” ¿Y antes éramos hijos de quién? Antes, cuando no conocíamos a Jesús, cuando vagábamos sin rumbo en el reino de las tinieblas, cuando nos dirigíamos inexorablemente hacia la muerte, cuando no teníamos esperanza, y si la teníamos, estaba limitada solamente a las cosas pasajeras de este mundo, éramos hijos del pecado.
Pero todo eso ya pasó. Es historia. Una historia triste, tal vez, pero quedó enterrada en el polvo del olvido porque el Señor Jesucristo vino a este mundo y no tuvo vergüenza de llamarse nuestro hermano, al asumir nuestra naturaleza y cargar nuestros pecados.
Por eso hoy, sal para el cumplimiento de tus deberes con la frente en alto. Eres un príncipe en el reino de Dios. Nada le debes al enemigo. Tu vida fue clavada en la cruz del calvario, en la persona de Jesús. Eres libre para soñar, para vivir, para volar hacia el destino glorioso que Jesús te preparó desde antes de la fundación del mundo. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.”
Juicios insondables
Cuantas veces pensamos que Dios nos abandonó o que no se importa con nuestros problemas.
Pero el sol del día eterno llegará cuando Jesús aparezca en las nubes de los cielos, y ese día entenderemos que los pedregullos que cargamos eran los diamantes más preciosos.
¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus camino! Romanos 11:33
La noche estaba oscura en medio del desierto. El aullido de los chacales la volvía más tétrica y asustadora. Tres jinetes cabalgaban en silencio, aprovechando que el sol dormía. Caminar durante el día sería suicidio. Nadie podía soportar las inclemencias del calor.
Al llegar al lecho seco de un río, el guía les ordenó: ¡Alto! Los tres jinetes obedecieron al instante. Le habían prometido al guía que le obedecerían en todo, aunque las órdenes fuesen aparentemente sin sentido.
A pesar del cansancio lo jinetes bajaron de los caballos y colocaron pedregullos en sus bolsos, conforme a la orden del guía. ¿Para qué? Preguntaban en su corazón, ¿Por qué no aprovechamos la noche para avanzar?
Continuaron el viaje descontentos, refunfuñando en su interior, molestos con las órdenes incoherentes del extraño beduino. En medio de las sombras se escuchó la voz del hombre del desierto. “Mañana, al salir el sol ustedes estarán felices y al mismo tiempo tristes.” Y desapareció.
Ellos avanzaron solos, extenuados del viaje agotador; dos de ellos inclusive arrojaron algunos pedregullos al ver que el guía no los acompañaba. Las horas pasaron. El sol salió esplendoroso y brillante. Era hora de parar y descansar, pero antes metieron las manos al bolsillo para ver los pedregullos y no podían creer lo que veían. Eran diamantes de mucho valor, estaban ricos, pero inmediatamente la tristeza se apoderó del corazón. ¿Por qué no habían recogido más? ¿Por qué no aceptaron las órdenes del guía sin reclamar?
La vida es así. Caminamos en el desierto de un mundo lleno de tinieblas y no podemos ver lo que encontramos en el camino. Cuantas veces pensamos que Dios nos abandonó o que no se importa con nuestros problemas. Cuantas veces discutimos sus maravillosos designios. Vez por otra, inclusive, pensamos que es injusto al permitir que el dolor llegue a muestra vida.
Pero el sol del día eterno llegará cuando Jesús aparezca en las nubes de los cielos, y ese día entenderemos que los pedregullos que cargamos eran los diamantes más preciosos.
Comienza este día con la determinación de aceptar los planes divinos sin discutir, ni reclamar. Di como Pablo: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus camino!”
Un sueño
Si tú luchas en busca de un futuro mejor, amas a Jesús y nunca te apartaste de su amor y a pesar de eso parece que todo te va mal, y no obstante, mantienes tu amor y tu fidelidad por Cristo, créeme que Dios te va a colocar en los lugares más altos.
Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. Génesis 37:5
La historia de José es una historia de sueños. La Biblia lo llama “José, el soñador”. El centro de sus sueños era Dios. Aquella tarde cuando sus hermanos lo vendieron y fue llevado a Egipto, una tierra distante; miró por última vez, desde la colina hacia las tiendas de su padre e hizo una promesa a Dios: “Señor, no sé a dónde voy, ni a donde me llevan, pero pase lo que pase, cueste lo que cueste, nunca dejaré de amarte. Las personas pueden quitarme la libertad, pueden intentar acabar con mis sueños, pueden arrancarme los brazos, las piernas e inclusive alejarme de mi familia. Voy a un país donde no tengo amigos y nadie me conoce. Voy como esclavo, tal vez para comenzar lavando platos y limpiando baños, pero voy contigo, y pase lo que pase nunca dejaré de amarte." El amor de Cristo inspiró la vida de José todos los días. Fue vendido como esclavo y se mantuvo fiel delante de las más audaces tentaciones. Y ¿Cuál fue la recompensa que recibió por su fidelidad? La prisión.
En este mundo, no siempre tu fidelidad va a traerte como recompensa el cielo. En esta tierra, a veces, la fidelidad va a traerte hambre, pobreza, renuncia y hasta el desprecio de tus amigos. No te preocupes. Si Jesús está contigo, si le has entregado la vida a Cristo, vayas a donde vayas, el Señor irá contigo y desde la prisión, desde la mazmorra, desde la desgracia, te va a levantar y te va a hacer un príncipe, porque tú eres hijo del reino, has nacido para serlo y finalmente, llegarás a serlo.
José es el hombre que nunca dejo de amar a Dios. Por su amor a Dios descendió a las profundidades del dolor y del sufrimiento, pero también fue levantado de allí hasta las cumbres más elevadas. Llegó a ser el segundo hombre más poderoso de Egipto, una nación pagana.
Si tú luchas en busca de un futuro mejor, amas a Jesús y nunca te apartaste de su amor y a pesar de eso parece que todo te va mal, y no obstante, mantienes tu amor y tu fidelidad por Cristo, créeme que Dios te va a colocar en los lugares más altos.
Haz de este día un día de sueños y que el más grande de todos, sea permanecer fiel a Dios hasta el fin, a pesar de la incomprensión de tus hermanos, porque “Soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía.”
La buena voluntad de Dios
No salgas de tu casa sin la seguridad de que has renovado tu manera de pensar a través del estudio y la meditación de la Palabra de Dios. Si lo haces, ciertamente hoy será un día de victoria y las cosas que aparentemente, se presentaban sin solución, serán superadas porque una cosa es luchar solo y otra, completamente diferente, luchar sabiendo que Jesús está a tu lado.
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2
¿Cómo sería tu vida si fuese solo el cumplimiento de la voluntad de Dios? ¿Dónde estarías si siempre hubieses hecho la voluntad de Dios? El texto de hoy afirma que la voluntad de Dios para ti, es agradable y perfecta.
El Apóstol Juan lo dice de otra manera: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” Prosperidad en todas las cosas, no solo en la vida espiritual. Dios desea lo mejor de lo mejor, para ti. Esa es la voluntad “agradable y perfecta” del Señor. Pero eso no se cumple en tu vida por acaso. Existe una condición para el cumplimiento de esta promesa. Y la condición es: “No te conformes con la manera de pensar de las personas que viven en estos días, sino renuévate por el conocimiento de la Palabra de Dios.” El resultado es que comprobarás la buena voluntad de Dios para ti.
La palabra comprobar, en griego es dokimazo que tiene la connotación de hacer suyo un concepto, después de haberlo analizado. ¿Quieres saber cuál es la voluntad agradable y perfecta de Dios para tu vida? ¿Quieres que esa voluntad se haga una realidad en tu experiencia? Necesitas renovarte. No puedes acomodarte a la manera de pensar de los seres humanos.
La mayoría de las personas de nuestro tiempo consideran a Dios un detalle sin mucha importancia. El “dios energía” está de moda, porque no demanda compromiso. A la energía tú la usas y cuando no la necesitas más, la descartas, pero Dios no es simple energía, es una persona y con una persona tienes que relacionarte con compromiso. Ella necesita estar presente en tus decisiones, proyectos y planes.
Hoy es una oportunidad de conocer la agradable y perfecta voluntad de Dios pata ti. Por eso, no salgas de tu casa sin la seguridad de que has renovado tu manera de pensar a través del estudio y la meditación de la Palabra de Dios. Si lo haces, ciertamente hoy será un día de victoria y las cosas que aparentemente, se presentaban sin solución, serán superadas porque una cosa es luchar solo y otra, completamente diferente, luchar sabiendo que Jesús está a tu lado. “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
Crecer más y más
Hoy tienes delante de ti un nuevo día. Cada día es una nueva oportunidad, es una hoja en blanco que Dios te da para que escribas una nueva historia, es la oportunidad de corregir los errores de ayer, de sacar las lecciones de los fracasos y de seguir andando y creciendo y abundando más y más.
Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. 1 Tesalonicenses 4:1
El crecimiento es la ley de una vida saludable. El día que paras de crecer te condenado a muerte. Pero crecer involucra dolor. Tal vez por eso mucha gente se resiste a crecer. Prefiere acomodarse y vive sin enfrentar desafíos, sin escalar las montañas de la vida.
En el versículo de hoy, el Apóstol Pablo habla de crecimiento en la vida espiritual. El primera paso del crecimiento es el aprendizaje. “De la manera como aprendisteis” dice Pablo. Por su vez, el primer paso del aprendizaje es la ignorancia, no en el sentido de torpeza, sino en el de reconocer que no sabes.
En la vida cristiana esto te lleva a la Palabra de Dios. El estudio diario de la Biblia es el camino hacia el crecimiento. No el estudio como un deber, sino como la experiencia maravillosa de estar en comunión con Jesús. La Biblia es la carta de amor que Jesús te escribió, es la manera de comunicarse contigo, de mostrarte los peligros del camino, de enseñarte las veredas de justicia y conducirte al destino glorioso que te tiene preparado.
Pero al abrir el Libro Sagrado tienes que renunciar a tus propios conceptos y reconocer que Dios conoce el camino mejor que tú. Este es un proceso que lleva toda la vida y Pablo le llama a este proceso, crecimiento. Dice: “Así, abundéis más y más.”
Abundancia es el resultado de llevar los consejos divinos en serio. Dios es un Dios de abundancia. Jesucristo dijo en cierta ocasión: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.” Pero en la vida espiritual, abundancia no es el fruto del esfuerzo, sino de la humildad, de la dependencia divina y de la sumisión a las enseñanzas de la Palabra de Dios.
Hoy tienes delante de ti un nuevo día. Cada día es una nueva oportunidad, es una hoja en blanco que Dios te da para que escribas una nueva historia, es la oportunidad de corregir los errores de ayer, de sacar las lecciones de los fracasos y de seguir andando y creciendo y abundando más y más.
Empieza el día con la seguridad de que el consejo de Dios se ha hecho realidad en tu experiencia. Recuerda las palabras de Pablo: “Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más.”
No te dejaré
Parte hoy, pero sigue al Maestro. Con Él, la derrota se transforma en victoria y hasta los fracasos son solo oportunidades de aprendizaje. Y recuerda, “Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó.”
Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó. 2 Reyes 2:4
Hay momentos tristes en la vida. Y este era uno de esos. Había llegado la hora de la partida. Partir, siempre es morir un poco, pero mientras vivas en este mundo, muchas veces tendrás que partir. No existen sueños realizados sin partir, no hay nuevos desafíos sin partir; sin partir te quedas. Siempre hay nuevas fronteras que conquistar, el cielo es azul e infinito, para los que creen en Jesús.
Para Elías, había llegado la hora de partir. Y le dijo a su discípulo Eliseo, “quédate aquí.” ¿Quedarse? ¡Jamás! Quedarse no es morir un poco, es morir definitivamente. La respuesta del alumno fue inmediata, “no te dejaré.” De cierta manera encontramos aquí a Elías como un símbolo de Jesús. En cierta ocasión, el Señor también les dijo a sus discípulos: “¿Queréis iros vosotros también?” La respuesta de Pedro, como la de Eliseo, no se dejó esperar: “¿A quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna.”
Seguir al maestro no es siempre fácil. Muchas veces es más cómodo dejarlo partir, quedarse, acomodarse a la mediocridad, a la rutina y a la monotonía de las cosas tradicionales. Pero para vivir una vida que valga la pena ser recordada, es necesario partir. No, como un loco, sin saber a dónde ir; no como un rebelde para desperdiciar la vida sin rumbo, no como una hoja de papel que el viento lleva sin dirección, sino en pos del Maestro, andando por donde Él anduvo, viviendo su vida, siguiendo sus pasos, haciendo sus obras.
La vida está hecha de decisiones. Todos los días, cada hora, siempre, tenemos que decidir qué haremos. ¿Te quedarás o partirás? De esas decisiones dependerá tu futuro, porque un día, cuando llegues al fin de la jornada en esta tierra, habrá llegado el momento de partir o quedarte. Quedarte significará morir eternamente, desaparecer en el polvo de las decisiones equivocadas. Pero partir, significará ir con Jesús, a quien no lo dejaste en esta tierra, por quién viviste, a quién dedicaste la vida.
Parte hoy, pero sigue al Maestro. Con Él, la derrota se transforma en victoria y hasta los fracasos son solo oportunidades de aprendizaje. Y recuerda, “Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó.”
A los que aman a Dios
Haz de este día un día de confianza en Dios. En primer lugar entrégale el corazón a Jesús y después, confía en Él, aunque las cosas no salgan como tú deseas porque “sabemos que a los aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”
Y sabemos que a los aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28
Seguramente este versículo te parece familiar. Es uno de los versículos que consuela a las personas en los momentos de dolor y de prueba. El sentido principal es que nada les sucede a los hijos de Dios, sin un propósito. Dios sabe por qué permite que el dolor llegue a la vida del cristiano. Pero el texto no es la simple promesa de que todo dolor tiene un propósito; si te pones a analizar el con detenimiento verás que la promesa es solo para los que “aman a Dios.”
Si le entregas el corazón a Jesús, te colocas en las manos de un Dios que jamás pierde el control de las cosas. El mundo puede estar cayendo a los pedazos pero tu vida está segura porque, aunque los hijos de Dios también sufren en esta tierra, el dolor para ellos tiene un propósito formativo. Es en el dolor que creces, es en medio a las lágrimas que aprendes a depender de Dios.
Pero, ¿Por qué sufren los hijos de Dios? Hay varios motivos. El principal, es que vivimos en un mundo de pecado, donde el dolor es como la lluvia o como el sol, que cuando llega, llega para justos e injustos. Sin embargo, en el contexto de Romanos 8, los hijos de Dios muchas veces sufren porque no saben lo que es bueno para ellos. Eso es lo que dice el versículo 26 “Y de igual manera el espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”
Esta declaración es dramática. No sabemos pedir lo que debemos. Somos como niños, creemos que una golosina es la cosa más deliciosa del mundo pero la mamá sabe que necesitamos comer verdura, y nos la hace comer a la fuerza. Quedamos contrariados, lloramos, pero un día cuando el niño crece, no le resta otra cosa sino agradecer a la madre.
Lo mismo sucede con nosotros. Nos engolosinamos con las cosas de esta vida y si las perdemos, creemos que Dios nos ha abandonado y no nos ama, pero el tiempo se encarga de mostrarnos cómo estábamos engañados.
Haz de este día un día de confianza en Dios. En primer lugar entrégale el corazón a Jesús y después, confía en Él, aunque las cosas no salgan como tú deseas porque “sabemos que a los aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”
Misericordia y gracia
En momentos como esos, acuérdate de la promesa de hoy. Nada tienes que temer. Confía en el amor maravilloso de Dios, a pesar de tus deslices, a despecho de tus incoherencias. Dios te ama y el Señor Jesús pagó el precio de tus rebeldías en la cruz del calvario.
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4:16
Tendría 6 o 7 años, cuando un equipo profesional de futbol llegó a mi ciudad. Los jugadores famosos de aquella época caminaban por las calles céntricas. Todos los niños se acercaban a pedir autógrafos. Las máquinas fotográficas no eran tan comunes como hoy, y el fotógrafo de la ciudad estaba haciendo una fiesta particular. Yo, curioso, como cualquier niño, caminaba al lado de la multitud, pero tímido, como siempre, no me atrevía a acercarme de jugadores tan famosos a los que conocía solo por la radio y los periódicos.
De repente, un jugador moreno, bajito, llamado Vides Mosquera, me llamó. Yo miré a todos los lados, no podría llamarme a mí. Él no me conocía y yo era apenas un niño en medio de la multitud, pero era verdad, me estaba llamando a mí. Jamás me olvidé de él, y siempre acompañé su trayectoria aunque jamás jugó por el equipo de mi preferencia.
Distancias aparte, hoy pienso en el trono de Dios, el rey del universo. ¿Cómo acercarnos del Señor si no pasamos de pobres pecadores? No merecemos, no somos dignos. Todos estamos destituidos de su gloria y condenados a muerte eterna, no hay justo ni siquiera uno, no hay quien haga el bien. No, de hecho, no tenemos ningún derecho.
Pero el versículo de hoy dice que podemos ir confiadamente a él. ¿Por qué? Hay dos motivos: su misericordia y su gracia. Por su misericordia Dios no nos da lo que merecemos que es la muerte y por su gracia, nos da lo que no merecemos, que es la vida.
Alcanzar misericordia y hallar gracia. ¿Dónde? Junto al trono del Señor. ¿Para qué? Para el oportuno socorro. Ah cómo necesitamos de auxilio y socorro. Hay momentos en la vida en que te sientes tan lejos de Dios, como si Él te hubiese abandonado. Lo necesitas tanto, pero te sientes tan distante y piensas que todo está perdido.
En momentos como esos, acuérdate de la promesa de hoy. Nada tienes que temer. Confía en el amor maravilloso de Dios, a pesar de tus deslices, a despecho de tus incoherencias. Dios te ama y el Señor Jesús pagó el precio de tus rebeldías en la cruz del calvario.
Por eso hoy, sal de tu hogar sin temor, recordando el consejo bíblico: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”
Mi gozo
Haz de este día un día de obediencia. Aunque algunos principios de la Palabra de Dios, te parezcan anticuados, pasados de moda, aunque las personas a tu alrededor no te comprendan, o se rían de tu respeto por las advertencias divinas, continúa adelante, sabiendo que el Señor desea para ti una vida feliz y victoriosa, y para eso te dejó sus mandamientos.
Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Juan 15:10 y 11
La promesa de Dios para hoy es: “Que mi gozo esté en vosotros.” ¿Cuándo estará el gozo de Jesús en nosotros? Cuando le obedezcamos. Así de simple, sin complicaciones. Pero mira cómo son las cosas, muchos piensan que los mandamientos del Señor están allí para crearnos problemas, para quitarnos la libertad, para ser un fardo horrible de cargar, pero Jesús viene y dice que ellos están allí para traernos gozo. Dice que la obediencia a esos mandamientos hace que nuestro gozo sea cumplido. ¿No es extraordinario?
Pero veamos por qué la obediencia produce gozo. Es que el ser humano fue creado originalmente, para obedecer. Su naturaleza original en la creación, era una naturaleza obediente. Es verdad que después de la entrada del pecado el hombre adquirió la naturaleza pecaminosa desobediente, pero la desobediencia es una experiencia intrusa, es fruto de la entrada del pecado. En el fondo, el ser humano se deleita en hacer la voluntad de Dios, quiere decir, obedecer le produce gozo.
Aunque la naturaleza pecaminosa te lleva por los caminos de la desobediencia y, de alguna manera te proporciona placer, te trae al mismo tiempo, el peso de la culpa, el fardo atormentador de saberte rebelde, el instinto de muerte que el pecado lleva consigo. Si el hombre supiese eso, hasta por el motivo egoísta de ser feliz, trataría de obedecer.
Claro que el que ha nacido del Espíritu no obedece para tener gozo, obedece porque ama a Dios y reconoce su soberanía, pero el resultado, el fruto de eso, es una vida feliz.
Haz de este día un día de obediencia. Aunque algunos principios de la Palabra de Dios, te parezcan anticuados, pasados de moda, aunque las personas a tu alrededor no te comprendan, o se rían de tu respeto por las advertencias divinas, continúa adelante, sabiendo que el Señor desea para ti una vida feliz y victoriosa, y para eso te dejó sus mandamientos.
Empieza tus deberes hoy, pero piensa una vez más en las palabras de Jesús: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.”
¿Me amas?
Todos los días y en todos los lugares somos llamados a presentar el carácter de Jesús delante de los hombres. El mayor acto de lealtad que el Señor espera de ti es una vida digna de su nombre. No es fácil, cuando las personas se ríen de tus valores en la universidad, o en la calla o en el lugar de trabajo. Es difícil ser honesto cuando la honestidad parece haber pasado de moda.
Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: sí Señor; tú sabes que te amo. Le dijo; pastorea mis ovejas. Juan 21:17
Fue a la orilla del mar, mientras el sol se levantaba en el horizonte, entre ruido de olas y canto de las gaviotas que el Señor le preguntó a Pedro, si lo amaba. Tres veces. Parecía no entender la respuesta de Pedro, como si de pronto las palabras no fuesen suficientes para explicar lo que el discípulo deseaba explicar.
Había sido una pregunta simple, y por más que Pedro buscaba ser simple en su respuesta, el maestro de las cosas simples, insistía una y otra vez.
De pronto, Pedro entendió que la respuesta que el Maestro esperara no era solo una declaración teórica de amor. Las palabras, por más que describan los paisajes y sentimientos más bellos, son incapaces de decir lo que solo el corazón puede decirlo. En una mirada tal vez, o en una sonrisa. No sé.
Jesús le estaba hablando a Pedro de lealtad. La lealtad es un valor humano, fruto del amor. A través de la historia el hombre ha sido capaz de actos de heroísmo por lealtad hacia su país, a sus compañeros, a sus amigos o a su familia.
La lealtad se relaciona con el honor y la confianza, virtudes que son difíciles de ganar y fáciles de perder. Pero el discípulo había fallado la prueba de la lealtad. A veces es más fácil morir por Jesús, que vivir por Él. El Señor no les había pedido a sus discípulos que mueran por Él. Era Jesús que moriría por ellos. El maestro deseaba que ellos vivieran por Él y para Él. E infelizmente Pedro falló.
Todos los días y en todos los lugares somos llamados a presentar el carácter de Jesús delante de los hombres. El mayor acto de lealtad que el Señor espera de ti es una vida digna de su nombre. No es fácil, cuando las personas se ríen de tus valores en la universidad, o en la calla o en el lugar de trabajo. Es difícil ser honesto cuando la honestidad parece haber pasado de moda. No es fácil ser puro en un tiempo en que la pureza parece ser una pieza de museo de la edad media.
Tal vez por eso hay gente que prefiere aislarse del mundo para entregarse a Dios, pero Él quiere que tu entrega diaria a Él, sea tu testimonio, en medio de un mundo contaminado por el existencialismo desprovisto de sustancia.
Haz de este día un día de testificación personal. Respóndele a Jesús que tú lo amas y que por amor a Él estás dispuesto a vivir los principios de sus enseñanzas. Ah, y recuerda que Jesús “Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: sí Señor; tú sabes que te amo.”
No temas al hombre
Decirte que no hay nada amenazador delante de ti, que no existen dificultades o desafíos sería negar la realidad. Claro que los hay. Siempre los hubo y los seguirá habiendo, pero si tienes presente que a tu lado está el Señor, enfrentarás la lucha con la certidumbre de que tu enemigo ya es un enemigo vencido. Haga lo que haga contra ti, no pasa de paja seca que el viento lleva.
Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno? Isaías 51:12
Mientras vivas en este mundo los enemigos aparecerán todos los días intentando traer dolor a tu corazón. Los encontrarás, en el vecindario, en el lugar de trabajo y hasta en medio de la familia. Pero también pueden ser, una circunstancia difícil, una enfermedad, un momento de adversidad, en fin.
El consejo divino de hoy es una palabra de advertencia. No temas al enemigo, míralo de frente, a los ojos, no huyas, no corras, no te escondas. Hay dos motivos para proceder de este modo. El primero es que Dios es tu consolador. La palabra consolador, aquí no se refiere únicamente al que ofrece palabras de ánimo, sino mas bien, al que da fuerza para enfrentar a las personas y a las circunstancias, a pesar de cuán poderosas puedan ser o parecer.
La otra razón para no temer al enemigo es que “el hombre es mortal y el hijo del hombre como el heno.” El heno es paja seca que lleva el viento. No tiene sustancia, ni contenido, solo apariencia. Si te pones a pensar, la mayoría de las personas, cosas o situaciones que a veces te amedrentan, solo parecen temibles. Tu imaginación es la que hace de ellas, amenazas terribles. Son como los espanta pájaros, con apariencia de feos y malos, pero si te aproximas de ellos verás que son incapaces de hacerte algún mal.
El Dios maravilloso que te hizo esta promesa no conoce derrota y jamás ha fallado con aquellos que han depositado su confianza en Él.
Decirte que no hay nada amenazador delante de ti, que no existen dificultades o desafíos sería negar la realidad. Claro que los hay. Siempre los hubo y los seguirá habiendo, pero si tienes presente que a tu lado está el Señor, enfrentarás la lucha con la certidumbre de que tu enemigo ya es un enemigo vencido. Haga lo que haga contra ti, no pasa de paja seca que el viento lleva.
Sal hoy para la batalla del día seguro de la victoria. Coloca tus temores en las manos de Dios. No huyas. Ningún peligro tiene el derecho de asustar al hijo de Dios. Y recuerda la promesa del Señor: “Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno?”
Acaba la carrera
Haz de este día, un día de llegada. Termina lo que empezaste. No abandones la carrera. Ve hasta el fin. Di como Pablo: “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.”
Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Hechos 20:24
Aquel 31 de diciembre parecía una feria dominical de los pueblos de interior y sin embargo el escenario era el centro de una de las ciudades más grandes del mundo.
Gente, mucha gente. Un grupo interminable de atletas, partiendo como si fuese el éxodo judío. Miles, vestidos de todos los colores. Rojo, azul, amarillo, violeta, en fin. En los ojos, un denominador común: el deseo de llegar a la meta. Se estaba dando inicio a la maratón de San silvestre, en el Brasil.
Entre los miles de atletas, profesionales y aficionados que partían, había un hombre de sesenta años. Cabellos emblanquecidos por el tiempo, arrugas prominentes y mirada de león hambriento. Parecía una fiera vieja, observando a las gacelas que jamás alcanzaría.
Ricardo Fonseca, pasará a la historia, no como el campeón de resistencia en la carrera de 15 kilómetros por las calles del centro de San Pablo, sino como el campeón de insistencia y perseverancia. Llegó en último lugar, cuatro horas atrás del campeón. Pero llegó. Arrastrando los pies, extenuado, sin importarse con el tiempo ni la posición de su llegada. Su única preocupación dijo al final, era llegar, completar la carrera. “Nunca dejé nada a medio hacer, dijo sonriendo, aprendí de niño que no existe peor derrota que la carrera que no se acaba.”
Daba la impresión de repetir el versículo de hoy, en otra versión. Cientos de años atrás, Pablo había dicho, que lo único que le interesaba, aún arriesgando su vida era “terminar la carrera.”
Hay mucha gente fracasada porque empieza un trabajo y no lo termina. Se desanima. Calcula que no llegará primero y abandona la carrera. Su sendero está encarpetado de disculpas maravillosas. De tanto inventarlas, pasa a creer que son verdaderas. Campeones de la explicación. Jamás llegan. Ni en último lugar. Simplemente no llegan.
Haz de este día, un día de llegada. Termina lo que empezaste. No abandones la carrera. Ve hasta el fin. Di como Pablo: “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.”