DEVOCIONALES

Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Engaño

Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana. Daniel 8:25

Sagacidad, astucia, engaño. Armas mortales en las manos del enemigo de Dios. A fin de cuentas él solo tiene dos maneras de llevarte a la destrucción. Por la fuerza o por el engaño. La fuerza no le da mucho resultado. A lo largo de la historia, cada vez que ha usado la fuerza, el pueblo de Dios ha sido más fiel. En el dolor y la persecución los hijos se vuelven al Padre en busca de protección.

Ya el engaño es un arma que le da buenos resultados. Te hace creer que el camino que sigues te lleva a la vida y sin embargo te conduce a la muerte. Disfraza la verdad, la camufla y te convence del error.

El versículo de hoy es una profecía que habla de las actividades del enemigo de Dios disfrazado. “Con sagacidad hará prosperar el engaño en su mano.” Aquí se habla de prosperidad, de aparente victoria. Llegará un momento en la historia en que el bien dará la impresión de haber sucumbido delante del mal. Las personas serán confundidas. Llamarán al mal, bien y al bien, mal. 

Al ver que multitudes lo siguen, la profecía añade que “su corazón se engrandecerá” Llegará al punto de pensar que es Dios y reclamará la adoración de todos. Como esto no sucederá porque siempre existirán personas fieles a la Palabra de Dios, “sin aviso destruirá a muchos” completa el profeta Daniel. ¿Puedes creer que en el fin de los tiempos habrá gente que será perseguida por no juntarse a la mayoría?

La única manera de ser vacunados contra el engaño es conocer la verdad y la verdad es la Palabra de Dios.

¿Qué harás con ella? ¿La guardarás en el estante de libros? ¿La colocarás en la sala como una pieza de decoración? ¿O la abrirás deseoso de conocer el plan que Dios tiene para ti?

Has de este día, un día de estudio de la Biblia. El tiempo que gastas en tu devoción personal es una inversión para la vida eterna. No salgas sin la certidumbre de que el Señor Jesús va contigo. Y no te olvides: “Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Extiende la mano

“El que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado” declara el texto de hoy. Bienaventurado significa feliz. No existe felicidad más grande que extender la mano al que necesita. Una vida centralizada en las propias necesidades es como el pozo de agua sin salida. En poco tiempo acaba malográndose.

Peca el que menosprecia a su prójimo; Mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado. Proverbios 14:20

El hombre de barba blanca y ropas viejas espera en silencio. La espera se hace larga y ya está anocheciendo. Hace meses que se junta a los otros mendigos de la ciudad para recibir un plato de sopa que una señora caritativa sirve a los indigentes.  Aquella esquina de Humboldt y La ensenada, se ha convertido en la esquina salvadora de personas como él, que si no fuese por el amor de aquella señora, dormirían con hambre. 

El desconocido se pasa la mano por la barba y parece inquieto. Nunca antes había tenido que esperar tanto. No es impaciencia, ni enfado, sino más bien la extraña sensación de que la mujer no vendrá, de que no volverá, de que se ha ido para siempre y que los pobres de la plaza volverán a tener hambre en las noches frías de aquella ciudad sin alma.

Tres días después, cuando las sombras de la noche aprisionan de nuevo a la metrópoli, aparecen dos jóvenes trayendo el perol de sopa. Los mendigos gritan de alegría, y aplauden. El hombre de barba blanca y ropas viejas no. Se queda parado, observando, casi confirmando su presentimiento. Algo terrible ha pasado. Puede intuirlo.

Los jóvenes confirman la mala noticia. Doña Ana, la buena señora ha muerto. Los jóvenes son sus hijos y aseveran que descansó con una sonrisa en los labios, pero que antes de morir, les suplicó que no se olvidasen de llevarle la sopa a los pobres.

“El que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado” declara el texto de hoy. Bienaventurado significa feliz. No existe felicidad más grande que extender la mano al que necesita. Una vida centralizada en las propias necesidades es como el pozo de agua sin salida. En poco tiempo acaba malográndose.

Haz de este día un día de amor y generosidad. Sé un manantial. Brota y corre para regar los corazones tristes. Sé como el trigo. Aunque tengas que desaparecer en la tierra, que tus obras renazcan en una espiga llena para continuar siendo una bendición, porque: “Peca el que menosprecia a su prójimo; Mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado.”

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Fe, amor y esperanza

Por eso, no salgas hoy para los embates del día sin la seguridad de que pasaste tiempo para conocer a Jesús. Sé como los tesalonicenses a quienes Pablo les dijo: “Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.”

Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo. 1 de Tesalonicenses 1:3

Una vez más Bernardo dejó que se marchara. En realidad siempre la había dejado ir, desde que la conociera.  Siempre había estado tan ocupado como para intentar conocerla. No es que no lo hubiera querido hacer, no, no era eso. Era la vida, la agitación propia de un mundo donde el que no camina ligero, come el polvo de los que van adelante.

Lo que le dolía es que Estela no era la primera esposa que perdía. Ya era la tercera vez que fracasaba. Lo que él llamaba amor era apenas el sentimiento romántico que desaparece con el tiempo.

El versículo de hoy, habla de la constancia como característica de la vida madura de un cristiano. Pablo, escribiendo a los tesalonicenses destaca tres frutos que aparecen en la vida de un cristiano que pasan tiempo conociendo al Señor Jesús: fe, amor y esperanza.

La fe que el Apóstol menciona no es apenas el asentimiento intelectual de una doctrina sino la experiencia que obra, que produce y que se exterioriza en acciones. Asentimiento intelectual sin acciones no es fe. Por lo menos no, desde el punto de vista bíblico.

La segunda característica es el amor, no simplemente como una declaración romántica floreada de palabras bonitas, sino como un principio que se manifiesta en dedicación, renuncia y entrega a Dios y a los semejantes.

Y finalmente la esperanza. No solo como el deseo de que suceda algo de bueno en el futuro sino como la actitud constante de creer en Dios aunque las circunstancias lo empujen a uno a dudar del amor de Dios y del cumplimiento de sus promesas.

Estas características solo aparecen en la vida de la persona que separa todos los días tiempo para pasar con Jesús. Los matrimonios de Bernardo fracasaron porque aunque casado, no se daba tiempo para conocer a la persona amada. Sin conocimiento, no existe confianza y sin confianza, no puede haber ni fe, ni amor, ni esperanza.

Por eso, no salgas hoy para los embates del día sin la seguridad de que pasaste tiempo para conocer a Jesús. Sé como los tesalonicenses a quienes Pablo les dijo: “Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.”

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Prosperidad y mandamientos

Hoy comenzaste tu día haciendo una buena decisión: cultivar la comunión con Dios, seguirlo, no apartarte de Él. El resultado la obediencia natural a los mandamientos. Será una experiencia tan placentera como beber una limonada fría en una tarda caliente de verano. Ese es el secreto de la prosperidad y de la victoria.

Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés. 2 Reyes 18:6

¿Algún día lo lograré? –se pregunta. El éxito de sus  padres la asusta. Thais es una chica llena de sueños, planes y proyectos. Acaba de graduarse en medicina. Los padres, ambos médicos, son famosos, con carreras sólidas y excelente reputación en el ámbito profesional. Personas importantes acuden a la clínica de sus padres y todo ese éxito la cohíbe y la asusta. ¿Cuál  es el secreto de la prosperidad? ¿Cuál era el secreto de sus padres?

El versículo de hoy menciona el secreto de la prosperidad y el éxito en la vida del rey Ezequías, y enseña una lección que debe ser llevada en cuenta por todo aquel que desea ser un vencedor. Todo lo que fue escrito en la Biblia fue escrito para nuestra edificación. El plan de Dios es mostrarte el camino y enseñarte a andar.

El problema de mucha gente es que  quiere tener éxito pero usa los tres puntos del versículo de hoy, en orden inversa. Nota el orden correcto: Seguir Dios, no apartarse de Él y después  guardar sus mandamientos. Este último es consecuencia y no causa.

Algunos sinceros hijos de Dios piensan que pueden lograr que Dios los ame más, haciendo algo. ¡Eso es imposible! ¡Nada que yo haga hará que Dios me ame más, así como no hay nada que yo haga, para que Dios me ame menos!

Guardar los mandamientos solo vale si es una consecuencia de seguir a Dios y no apartarse de Él. La obediencia es un fruto del relacionamiento correcto con la fuente de la obediencia que es Jesús.

Hoy comenzaste tu día haciendo una buena decisión: cultivar la comunión con Dios, seguirlo, no apartarte de Él. El resultado la obediencia natural a los mandamientos. Será una experiencia tan placentera como beber una limonada fría en una tarda caliente de verano. Ese es el secreto de la prosperidad y de la victoria.

Thais, João, Marcos, Luisa, no importa tu nombre, ni tus sueños; no importa los gigantes que necesitas vencer. Lo que importa es que has descubierto el secreto de la prosperidad. Haz como Ezequías, “Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés.” 

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Propósito del dolor

En ese momento, sin saber a dónde ir, se acordaron de Jesús y volvieron los ojos hacia Él en busca de ayuda. A partir de ese momento, la vida cristiana de esas personas se volvió una vida exuberante y llena de frutos para la gloria de Dios.

Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Juan 15:2

El versículo de hoy muestra el lugar de las pruebas en la vida del cristiano. El ser humano no fue creado para sufrir. El dolor es una experiencia intrusa en la vida del hombre y vino después de la entrada del pecado al mundo. El dolor, nace en la mente del enemigo, pero Dios, en su infinito amor, lo toma y lo transforma en un instrumento de crecimiento y purificación para el ser humano. Eso es lo que dice Juan 15: 2 “y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”

El verbo “limpiar”, en griego, es kathairo, e involucra la idea de purificación a través del sufrimiento. El verbo más adecuado sería “purgar”. ¿Ya tomaste purgante alguna vez? Es horrible, pero más horrible son los efectos colaterales, el dolor de estómago, la incomodidad, el malestar, pero a pesar de eso, aceptas el purgante porque sabes que te estás limpiando de las impurezas. 

Jesús hace lo mismo con nosotros, al permitir que el dolor llegue a nuestra vida. Él desea que crezcamos, que seamos limpios, ¿Para qué? Para que llevemos más fruto. Es en el dolor que se aprende a depender de Dios, es a través de las lágrimas que muchas veces encontramos lo que habíamos perdido hace mucho tiempo, la maravillosa experiencia de comunión con Cristo.

Conozco más de una persona en cuya vida el dolor fue redentor. Mientras las cosas iban bien, cayeron en la monotonía de la vida y dejaron a Jesús en un segundo plano. Perdieron el primer amor, se volvieron miembros de un club religioso y nada más. Pero de repente el cielo azul de esas personas se cubrió de nubes cargadas de lluvia. De un momento a otro empezó la tormenta y la embarcación parecía zozobrar.

En ese momento, sin saber a dónde ir, se acordaron de Jesús y volvieron los ojos hacia Él en busca de ayuda. A partir de ese momento, la vida cristiana de esas personas se volvió una vida exuberante y llena de frutos para la gloria de Dios.

Por eso, si hoy no hay sol en tu horizonte, recuerda que “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Cuidado!

El sufrimiento es una experiencia intrusa en la vida humana. Es lógico que sientas repulsión por el dolor. Pero, es necesario aprender a confiar en el amor divino. Dios jamás te prometió que en esta tierra no serías tocado por el dolor, pero prometió que en el momento de las lágrimas, Él estará a tu lado listo a enjugarlas y a fortalecerte para pasar en medio del vendaval sin amilanarte.

No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. Eclesiastés 5:2

La habitación estaba vacía, pero se respiraba recuerdos en cada uno de sus rincones, añoranzas con sabor de amargura, gemidos de un corazón hecho pedazos. Trozos de dolor, de incomprensión y de revuelta. 

Los recuerdos se esparcían aquí y allí. La imagen de un niño pequeño jugando con sus carritos de madera, le hacía volver al pasado. Un pasado que de tanto doler, se hacía presente a cada amanecer.

Alba se mordió los labios y maldijo a Dios. Lo hacía todos los días desde la trágica mañana que contempló a su hijo sin vida. En su corazón de madre triste ya no había lugar para la fe. Se negaba a seguir aceptando la idea de un Dios que permitía la muerte de un inocente.

El sabio Salomón en el versículo de hoy advierte: ¡Cuidado! “No te des prisa con tu boca.” No permitas que el sentimiento te lleve a decir algo de lo que más tarde te arrepientas. Y la razón que el escritor bíblico presenta, para ser cauteloso con lo que se dice en el momento del dolor es que “Dios está en el cielo y tú sobre la tierra.” No es posible entender los infinitos misterios divinos con la finita mente humana. “Mis pensamientos no son los tuyos.” Afirma el Señor a través de Isaías.

Yo sé que si perdiste un ser querido inesperadamente o si el dolor, en otra de sus muchas formas, ha tocado tu vida, la tendencia natural del ser humano es no aceptar la realidad. Es que ni tú, ni yo, ni nadie fue creado para sufrir. El sufrimiento es una experiencia intrusa en la vida humana. Es lógico que sientas repulsión por el dolor. Pero, por otro lado es necesario aprender a confiar en el amor divino. Dios jamás te prometió que en esta tierra no serías tocado por el dolor, pero prometió que en el momento de las lágrimas, Él estará a tu lado listo a enjugarlas y a fortalecerte para pasar en medio del vendaval sin amilanarte.

Por eso hoy, sacude el polvo de la insatisfacción y a pesar de las adversidades, marcha tomado de la mano de tu Padre. Y “No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.”

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¿Cuál es el camino?

Esto sacude la idea de que vida cristiana es solo vivir en una comunión teórica con Jesús, o que el cristianismo fervoroso, se limita a hacerle una declaración romántica de amor a Jesús y cantarle, lleno de emoción. Todo eso es bueno, pero la vida cristiana es más que solo eso. Es vivir los principios de la Palabra de Dios.

Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Juan 14:5

La preocupación del ser humano siempre fue encontrar el camino que lo lleve a la felicidad. En cierta ocasión, Tomás le preguntó a Jesús, “Señor, muéstranos el camino.” Y la respuesta del Maestro fue: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” Jesús es el camino y la verdad. 

No existe nada más concreto y absoluto que Jesús. Infelizmente, vivimos en días cuando la verdad, para los seres humanos, se ha hecho relativa. El pluralismo y el relativismo, son dos filosofías que están impregnadas en todo. El pluralismo enseña que desde el momento que no existe un solo ser humano, es lógico, que no puede haber solo un concepto correcto. Pluralismo viene de ahí, de la palabra plural, muchos. 

Consecuentemente nace el relativismo, porque se existen muchas maneras de pensar no puede existir una sola verdad, sino muchas, por tanto la verdad es relativa, mejor dicho, depende de lo que cada uno quiera pensar. 

Pero cuando Jesús afirmó que Él es la verdad, estaba yendo contra el pluralismo y el relativismo. La verdad, desde el punto de vista bíblico es absoluta y está basada en la Palabra de Dios. Jesús lo dijo en su oración sacerdotal: “Santifícalos en tu verdad, tu Palabra es la verdad.” 


Pero, al final de cuentas, la verdad ¿es Jesús o es la Palabra de Dios? Ambos. Jesús es el verbo, la palabra de Dios que se hiso carne y vino a habitar entre nosotros. En Jesús, la palabra no era solo teoría, Él era la Palabra hecha carne y vivida.

Esto sacude la idea de que vida cristiana es solo vivir en una comunión teórica con Jesús, o que el cristianismo fervoroso, se limita a hacerle una declaración romántica de amor a Jesús y cantarle, lleno de emoción. Todo eso es bueno, pero la vida cristiana es más que solo eso. Es vivir los principios de la Palabra de Dios. 

Disponte a vivir los principios bíblicos, aunque las personas se burlen de tus convicciones o piensen que vives en la “edad de la piedra.” Deposita tu confianza en Jesús, acepta las enseñanzas de su Palabra y no digas como Tomás: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Refugio

Cómo es bueno entonces tener un refugio en Dios. Correr a sus brazos, esconderte en su regazo, conversar con Él en oración y de allí, salir sin temor para enfrentar las luchas de la vida

No hay santo como Jehová; Porque no hay ninguno fuera de ti, Y no hay refugio como el Dios nuestro. (1 Samuel 2:2)

Las montañas del Colorado se muestran blancas esta mañana. Es el invierno, que llegó temprano y vistió los picos con su sábana de nieve. Contemplando el paisaje desde el avión, escribo este devocional. “No hay refugio como el Dios nuestro,” dice el texto.

Tú solo comprendes el valor del refugio cuando la tormenta llega o el peligro acecha. Si alguien anduviese perdido en estas montañas majestuosas, moriría sin un refugio. El refugio es la cueva salvadora, el escondrijo dónde estás a salvo del enemigo.

Esta vida es una permanente lucha. Hay un enemigo que quiere destruir las cosas más preciosas que Dios te dio. No quedará satisfecho mientras no te vea postrado a sus pies. Tratará de destruir tus sueños, planes e ideales. Colocará barreras en el camino. Usará a los otros y muchas veces tus propias debilidades para alcanzar su objetivo.

Pero la promesa de hoy es que tú tienes un Dios que jamás falla. En las horas de dolor y lágrimas. Cuando piensas que llegaste al fin. Él es santo. No hay otro como Él. Será refugio en el momento de crisis.

¿En qué sentido es refugio? Cuando vas a Él, a través de la oración, Dios elimina el temor y coloca paz en tu corazón. Un corazón sin temor es capaz de mirar salidas que el miedo impide. Está probado que en las horas de mayor peligro, lo que provoca más tragedias es el pánico y no el accidente en sí. El pánico tiene sus raíces en el miedo.

Tal vez este sea tu problema más grande. El miedo te incapacita de vencer, te hace huir hasta de una hormiga, te lleva a imaginar dificultades que no existen y te paraliza.

Cómo es bueno entonces tener un refugio en Dios. Correr a sus brazos, esconderte en su regazo, conversar con Él en oración y de allí, salir sin temor para enfrentar las luchas de la vida.

No salgas hoy de casa sin correr a los brazos de tu refugio eterno. Cuéntale tus temores. Dile tus tristezas. Abre tu ser a Él y recibe la inspiración y fuerza para vencer. Jamás estás acabado, si tienes un refugio. Y recuerda: “No hay santo como Jehová; Porque no hay ninguno fuera de ti, Y no hay refugio como el Dios nuestro.”

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Mi elección diaria

El ser humano no es más que un niño. Va por la vida queriendo hacer todo solo, y solo, se hiere, sufre y llora. Así es hoy, lo fue en el pasado y lo será hasta que Jesús vuelva.

En aquel día mirará el hombre a su Hacedor, y sus ojos contemplarán al Santo de Israel. Isaías 17:7

Júlia esbozó una linda sonrisa al recibir su regalo. Era el día de su cumpleaños y ella estaba soñando con ese presente por mucho tiempo; hablaba sobre él de día y de noche; a toda hora, en todo lugar.

Su papá se aproximó y le dijo:

-Hijita, déjame armar eso. Yo puedo ayudarte.

-¡No papito! Yo puedo sola.

Pasados 20 minutos vino el llanto. El juguete soñado, ansiado, hablado y cantado por mucho tiempo estaba roto y sin condición de ser usado. Con los ojos llenos de lágrimas la niña miró a su padre y le dijo: Papá, ¿puedes ayudarme? ¿Arreglas mi juguete?

El ser humano no es más que un niño. Va por la vida queriendo hacer todo solo, y solo, se hiere, sufre y llora. Así es hoy, lo fue en el pasado y lo será hasta que Jesús vuelva.

El texto de hoy muestra esa realidad. El pueblo de Israel tenía un pacto establecido con Dios: Ustedes me obedecen y yo los cuido. Simple. Bastaba seguir ese acuerdo y la vida sería buena, sin dolor, ni lágrimas. Pero por más simple que pareciera, Israel insistía en ir por otro camino.

Se comprometió con la idolatría de los pueblos que lo rodeaban, puso de lado el pacto y al propio Dios. En varias ocasiones el Señor lo llamó de vuelta, lo invitó a sus brazos, lo buscó como a una manada perdida pero el pueblo simplemente dijo: ¡No! La consecuencia era inevitable.

Un día el poderoso ejército de Asiria vino con toda su fuerza, lo derrotó, lo esclavizó y lo humilló. Sobraron dolor, vergüenza, sufrimiento, y el pueblo, dice el texto de hoy, se acordó de Dios. ¿En esa hora? No, que Dios no lo oyese más, inclusive porque Dios siempre oye a su hijo; pero ¿tenía que esperar ese momento? Tantas invitaciones, mensajes, llamados y nada, pero cuando el dolor, la tristeza y la vergüenza llegaron, Israel se acordó de Dios.

En la vida existen opciones. Una de ellas es aceptar la protección divina cuanto todo va bien, y la otra es buscar a Dios cuando todo va mal. En ambas Dios oye, te salva del dolor y te da la protección que necesitas, pero, ¿en qué situación piensas que es mejor buscarlo?

Antes de comenzar un nuevo día repite: “Hoy oiré tu voz mi Creador, mis ojos estarán en ti Santo de Israel.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Estaré Contigo

Tal vez, este consejo te llega mientras saboreas el sabor amargo de la derrota. Lloras la lagrima de los sueños frustrados. Los castillos que construiste, se desmoronaron en un instante. Vinieron las ondas de la crisis y descubriste que habías edificado sobre la arena. Miras a todos los lados y tratas de descubrir qué es lo que salió mal.

Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. (Josué 1:5)

Moisés había muerto y su cuerpo había sido enterrado. La despedida había sido, dolorosa y dulce. Reflexiva y estremecedora. Inevitable.

Cuando un líder muere, el pueblo se ve desorientado. Pierde su punto de referencia, vacila a veces, mira al futuro con temor. Fue en esas circunstancias que Dios se dirigió a Josué, el nuevo líder y le dijo las palabras mencionadas en el versículo de hoy.

La promesa involucraba relación. Dios estaría con el joven líder, no lo dejaría, ni lo desampararía. Dios siempre está con los que reconocen su fragilidad y lo buscan. La pregunta es: ¿Está el ser humano con Dios?

Dios nunca abandona a sus criaturas. Es la criatura, en sus locos arrebatos de independencia, que abandona al dador de la vida. Al principio, todo le parece fascinante. Vivir sin reglas y correr por los pastos engañosos del existencialismo le pareces la aventura que siempre soñó.

El tiempo, sin embargo, se encarga de mostrarle la insensatez de su decisión. En lugar de encontrar las montañas deseadas de la victoria, desciende a los abismos oscuros y solitarios de la derrota. Se asusta e intenta inútilmente encontrar la salida.

Dios, sabía que Josué corría el riesgo de conducir el pueblo a la muerte. Por eso se le presentó una noche y le recordó que la condición para conquistar los grandes desafíos de la vida era estar en Él.

Tal vez, este consejo te llega mientras saboreas el sabor amargo de la derrota. Lloras la lagrima de los sueños frustrados. Los castillos que construiste, se desmoronaron en un instante. Vinieron las ondas de la crisis y descubriste que habías edificado sobre la arena. Miras a todos los lados y tratas de descubrir qué es lo que salió mal.

Vuelve tus oídos al consejo de hoy. ¿Está Dios contigo? ¿Tienes la seguridad que el brillo seductor del éxito no te llevó a abandonarlo? Luchaste solo. Corriste solo. Y cuando el enemigo apareció, no pudiste hacerle frente.

Por eso hoy, no salgas de casa sin recordar la promesa divina: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.”

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¡Oh bendita esclavitud!

Enfrenta los desafíos de un nuevo día reconociéndote esclavo del amor. Sirve a tu dios. Ayuda a tus semejantes. Haz felices a las personas que viven a tu lado y que a veces perecen por falta de un gesto de cariño.

Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. (1 Corintios 7:22)

Jesús es el divisor de aguas. El lindero entre el pasado y el fututo, entre lo que nunca debió haber sido y lo que será. Si no conoces a Jesús tienes todo por conocer. Jesús es todo. En Él convergen las victorias y las derrotas. Las victorias como el punto de partida de una nueva experiencia y las derrotas como el fin de una vida sin sentido. En Jesús, el ciego descubre la luz, el paralítico percibe que puede andar, los leprosos renacen y los muertos se encuentran de nuevo con la vida.

Jesús trasciende el tiempo. En él las horas se detienen, se hacen un permanente presente, no pasan. Él es la propia eternidad. Cuando Jesús llama, el esclavo ve el milagro de sus cadenas rotas. No más grillajes atados a sus pies, no más humillación, no más hábitos perniciosos que dominan, ni vicios que se apoderan de los momentos más bellos. La culpa no te martiriza más. Puedes contemplar el nacimiento del sol desde las alturas de la libertad, y observar el desabrochar de una flor sin que el látigo del capataz hiera tus espaldas.

Cuando Él llama, el libre se torna esclavo. Esclavo del amor. Sirve porque es su deleite servir, porque entiende que una eternidad de servicio no será suficiente para pagar el sacrificio de amor que se pintó de rojo en un madero en forma de cruz.

Ignora la belleza del evangelio el que vive atormentado por las reglas. Tú solo percibes que existe ley de tránsito cuando cruzas el semáforo rojo. Mientras lo respetes, conducir es un placer.

Mal entiende el amor de Jesucristo, el que piensa que por causa de la gracia, puede vivir sin límites. Existen los límites del amor. Son horizontes sin fin de una vida abundante para quien respeta las leyes de la vida en este partido entre el bien y el mal.

Por eso hoy, enfrenta los desafíos de un nuevo día reconociéndote esclavo del amor. Sirve a tu dios. Ayuda a tus semejantes. Haz felices a las personas que viven a tu lado y que a veces perecen por falta de un gesto de cariño.

Nunca es tarde para comenzar de nuevo. Siempre está abierta la posibilidad de cambiar el rumbo de la vida, porque: “El que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo.”

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¿Quién soy yo?

Hoy, sale un nuevo sol. El mismo que se ocultó ayer, pero puede ser diferente para tí, si recuerdas que un día saliste de las manos de Dios y aunque la vida te sonrió y conquistaste montañas elevadas, continúas siendo criatura dependiente e instrumento al servicio de la humanidad.

Entonces Moisés respondió á Dios: ¿Quién soy yo, para que vaya á Faraón, y saque de Egipto á los hijos de Israel? (Éxodo 3:11)

En los ojos de Arí merodeaba la locura. El desequilibrio insano de días y noches recibiendo la visita de sus propios fantasmas. Noches sin fin y sin sueño. Días de tormento y de agonía. En esas circunstancias, la muerte era apenas un paso hacia el vacío. La muerte para aquel joven empresario, se le había antojado siempre, oscura como sus noches y vacía como su alma.

Nadie es capaz de cumplir la misión de la vida sin entender primero la esencia de su ser. ¿Quién eres tú? ¿De dónde viniste y a dónde vas?

¿Eres fruto de la casualidad, a través de un fenómeno natural llamado evolución, o saliste de las manos de un creador que te colocó en esta vida con una misión? La visión de futuro de cualquier persona depende de su visión de pasado.

Por eso Moisés, cuando recibió la misión de libertar al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, le preguntó a Dios: “¿Quién soy yo?” Partir para el cumplimiento de la misión sin conocer la esencia del ser, puede ser trágico. Lo fue con Arí. En la cúspide del éxito, creyó que era un semidiós, incapaz de cometer errores. La cabellera rubia y los ojos azules lo engañaron. Muchas veces llegó a soñar que el mundo estaba a sus pies y que los seres humanos eran sus vasallos.

Creció. Prosperó. Aparentemente había realizado sus sueños cuando se perdió en medio de las llamas de sus delirios. Sus ojos empezaron a brillar con un brillo extraño, comenzó a dar órdenes inconexas, irracionales, infantiles y la familia percibió que estaba ausente. Lejos de la razón, sumergido en el mar de sus alucinaciones.

Pasó el resto de su vida en una clínica de reposo. Aullaba en las noches como un lobo. Su lamento se perdía en la inmensidad de un universo del cual solo era una partícula y no el dueño, como siempre había pensado.

Hoy, sale un nuevo sol. El mismo que se ocultó ayer, pero puede ser diferente para tí, si recuerdas que un día saliste de las manos de Dios y aunque la vida te sonrió y conquistaste montañas elevadas, continúas siendo criatura dependiente e instrumento al servicio de la humanidad.

Haz de este día un día de reflexión y recuerda: “Moisés respondió á Dios: ¿Quién soy yo, para que vaya á Faraón, y saque de Egipto á los hijos de Israel?”

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Afirmados

Existe un plan divino y maravilloso para cada vida. Nadie vino al mundo por acaso. La felicidad consiste en descubrir y llegar al lugar exacto para el que fuimos creados. A veces, por las cosas de esta vida, perdemos el rumbo, nos deformamos, creamos aristas y es necesario que pasemos por el esmeril del dolor

Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. (1 Pedro 5:10)

Marlon lucía terrible. El accidente le había deformado el rostro y lo había confinado a una silla de ruedas. A pesar que todo el mundo le sugería agradecer a Dios por haberle salvado la vida, el joven atleta de 23 años, no entendía por qué Dios había permitido que le ocurriera aquel accidente que terminó con sus sueños de una medalla olímpica.

No era culpado del accidente. El conductor del otro vehículo, dirigía ebrio y fue Marlon el que sufrió las peores consecuencias. ¡Injusto! Desde cualquier punto de vista. Menos de la perspectiva divina.

La promesa de hoy afirma que los hijos de Dios no están libres de las dificultades sino que, después de haber padecido un poco, Él los afirmará, fortalecerá y perfeccionará.

Me gusta le expresión perfeccionará. En griego es Kataritzo. Significa cortar una piedra para que quepa en el lugar exacto.

Existe un plan divino y maravilloso para cada vida. Nadie vino al mundo por acaso. La felicidad consiste en descubrir y llegar al lugar exacto para el que fuimos creados. A veces, por las cosas de esta vida, perdemos el rumbo, nos deformamos, creamos aristas y es necesario que pasemos por el esmeril del dolor para ser kataritzo. O sea, perfeccionados y lapidados a fin de ocupar el lugar exacto para el que fuimos creados.

Marlon entendió el propósito divino del dolor, años después, cuando por causa del accidente tuvo que desarrollar otros dones que hubieran quedado adormecidos si continuase con su carrera de atleta.

Hoy, solo agradece a Dios. Sabe que el Señor, en su sabiduría infinita, aprovechó el trágico accidente para llevarlo al lugar exacto.

Por eso hoy, no te desanimes delante del dolor. Recuerda siempre que “El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Prestar atención

Nadie es feliz solo porque desea serlo. Todo el mundo anhela llegar al valle encantado de la prosperidad. Pero es imposible hacerlo sin seguir las instrucciones.

Por eso el consejo de hoy es “Atiende con diligencia, las cosas que has oído.”Diligencia requiere trabajo y esfuerzo. Ninguna instrucción conduce a la realización si la persona no está dispuesta a pagar el precio: obediencia estricta a las instrucciones.

Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. (Hebreos 2:1)

Seguramente, en algún lugar del mundo, alguien leerá estas líneas mientras el dolor de la derrota atormenta su alma. Alguien que consume apresurado las últimas frases de su propia historia, seguramente querrá atesorar en su corazón el consejo de hoy. Alguna persona que desea borrar el pasado y empezar como si jamás hubiera terminado, seguramente entenderá lo que Dios quiere decirle.

Pero, seguramente también alguien alrededor de la tierra, leerá lo que estoy escribiendo y será como si nunca hubiera leído nada. No prestará atención mientras él otro lee en voz alta. Se olvidará y será como si la semilla jamás hubiera caído en el terreno de su corazón.

Es la ley de la vida. No todos escuchan. Y si escuchan no oyen. Y si oyen no guardan. La semilla cae en terrenos diferentes. El propio Señor Jesucristo lo dijo en forma de parábola.

Pero el consejo de hoy es “Atiende con diligencia las cosas que has oído.” ¿De qué sirve tener un mapa en las manos si no estás dispuesto a obedecer sus instrucciones? La palabra de Dios contiene las instrucciones que llevan al puerto deseado de la felicidad. Nadie puede darse el lujo de ignorarla.

El camino hacia el fracaso está alfombrado de vidas que conocieron las Escrituras pero las desobedecieron. Intentaron ser felices a su manera, siguiendo sus propios impulsos y un día despertaron en las montañas frías de la infelicidad.

Nadie es feliz solo porque desea serlo. Todo el mundo anhela llegar al valle encantado de la prosperidad. Pero es imposible hacerlo sin seguir las instrucciones.

Por eso el consejo de hoy es “Atiende con diligencia, las cosas que has oído.”Diligencia requiere trabajo y esfuerzo. Ninguna instrucción conduce a la realización si la persona no está dispuesta a pagar el precio: obediencia estricta a las instrucciones.

Haz de este día un día de victorias y conquistas. Sacude el polvo de la derrota. Hecha la mediocridad a un lado. No te conformes con lo que lograste hasta aquí. Existen montañas que todavía no fueron conquistadas. Ellas te aguardan a lo lejos. Sigue con fe, pero recuerda: “Es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Manera de vivir

Haz de este día un día de justicia y santidad. Santidad cristiana no significa andar todo el tiempo con la biblia debajo del brazo y preocupado en descubrir lo que es pecado. Santidad es la maravillosa experiencia de andar con Jesús. Todos los días, en todos los momentos. Y esa experiencia puede empezar para ti hoy.

Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir! (2 Pedro 3:11)

Vivimos en un mundo materialista. Las cosas espirituales parecen utopía. Hay gente sincera que piensa que el cielo, la tierra nueva, las mansiones celestiales y la segunda venida de Cristo, son cosas que están solo en la imaginación de gente fanática. Pero la Biblia está llena de escenas dramáticas que muestran que en todos los tiempos hubo gente incrédula que un día tuvo que enfrentarse con la realidad de las cosas.

En los tiempos de Noé, por ejemplo, muchos hombres llegaron al punto de considerar que Noé estaba loco. Nunca había llovido, ¿Por qué tendría que llover ahora?

Pero un día, el futuro que parecía irreal y distante, llegó, y las puertas del arca se cerraron, el cielo se puso oscuro, empezó a llover. Muchos corrieron a pedir ayuda a Noé, pero Noé no pudo hacer nada. Manos invisibles habían cerrado el Arca y sol Dios podría abrirla.

La Biblia afirma que cuando Jesús se manifieste en las nubes de los cielos, habrá gente que, llorando, dirá: “Pasó la ciega, se acabo el verano y nosotros no hemos sido salvos.” Dejaste pasar tu oportunidad, no tomaste las cosas espirituales a serio, te dejaste contagiar por la filosofía materialista de nuestros días, no fuiste capaz de mirar hacia el futuro, no fuiste capaz de valorizar las promesas divinas, la bendición, la salvación. Ahora, se acabó la oportunidad, ya es demasiado tarde, ya no hay más bendición.

Todos nosotros un día, pasaremos por el momento dramático semejante a este. Gente que vivió como si el presente nunca fuese terminar. Vivió sin mirar al cielo.

Por eso el texto de hoy advierte: Todo lo que ves a tu vuelta acabará. Esta tierra no es eterna. Jesús vuelve para ponerle un punto final a la historia del pecado. Ya que esto es lo que va a suceder ¿Por qué no vivir con esa expectativa en el corazón y andar sabiendo que nuestro verdadero hogar se aproxima?

Haz de este día un día de justicia y santidad. Santidad cristiana no significa andar todo el tiempo con la biblia debajo del brazo y preocupado en descubrir lo que es pecado. Santidad es la maravillosa experiencia de andar con Jesús. Todos los días, en todos los momentos. Y esa experiencia puede empezar para ti hoy.

No olvides.” Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Bienaventurado

Hoy puede ser el día de victoria, que tanto esperabas. Hoy puedes levantarte de las cenizas. Camina por la vida sin temor. Levanta la frente en alto. Tu enemigo está a tus pies. La hora final le llegó. Hoy es tu oportunidad.

Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. (Santiago 1:12)

El otoño se va. Aquí en los Estados unidos, el invierno llegó. Los copos de nieve ya empiezan a caer como pedacitos encantadores de algodón. Pero lo que me impresiona es la resistencia de las hojas delante del frío destructor. No mueren conformadas, luchan. Su lucha es una explosión de colores maravillosos. Verde, amarillo, rojo anaranjado, en fin. Como si un pintor hubiera pasado por la naturaleza derrochando toda su arte.

Las hojas mueren resistiendo hasta el fin. Mueren, la muerte gloriosa de los inconformados con la situación. Mueren derramando la última gota de vida para alegría de los hombres.

Si las hojas fuesen gente. La bienaventuranza de hoy sería para ellas. Soportan los vendavales del invierno hasta la muerte. Su corona de vida es el festival colorido de su muerte.

Dios jamás habría presentado esta bienaventuranza si la victoria sobre el pecado no fuese segura. Al morir Jesús en la cruz y al resucitar el tercer día, estaba clavando la estocada fatal en el corazón del enemigo de las almas.

Satanás hoy, es un enemigo derrotado, agonizante, gimiendo los estertores de la muerte. No tiene más derecho de vencer a nadie. No tiene condiciones. Todo lo que puede hacer es tentarte. Obligarte a ceder, no. Si caes es porque de alguna manera decidiste caer. Si hay algo que el enemigo no puede hacer es obligarte a hacer lo que no quieres.

Haz como las hojas. Resiste. No estás solo. Cuando caes de rodillas, Dios envía millares de ángeles para auxiliarte. La batalla es dura, pero la victoria es segura.

Hoy puede ser el día de victoria, que tanto esperabas. Hoy puedes levantarte de las cenizas. Camina por la vida sin temor. Levanta la frente en alto. Tu enemigo está a tus pies. La hora final le llegó. Hoy es tu oportunidad.

Sal, en el nombre de Jesús y enfrenta todo lo que venga por delante, sabiendo que a tu lado marcha, alguien que no conoce la derrota. Y no te olvides: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Buscar a Dios

Nada hay en tu vida que el Señor Jesús no pueda sanar. La enfermedad del pecado es la peor de todas las enfermedades porque no solo mata el cuerpo sino también el espíritu. Pero a lo largo de la historia, Dios siempre ha cumplido su promesa en la vida de los que se han acercado de Él con fe.

Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. (2 Crónicas 7:14)

Rigoberto, despertó con el rostro amarillo, ojeras profundas y una horrible sensación pastosa en la boca. Como un autómata, se levantó y se dirigió al baño. El encuentro con su imagen, ante el espejo, le produjo una sensación horrible de nauseas, Casi no se reconoció.

Se lavó la cara con jabón, como si en aquel acto, quisiese borrar de su mente el recuerdo de la noche de pecado que había vivido.

No era la primera vez. El joven de ojos grises y sonrisa de niño ingenuo, sabía que no podía continuar con aquella vida. Conocía los principios bíblicos desde niño. Pero eso no hacía mucha diferencia. Cuando la tentación surgía se tornaba una pobre e indefensa víctima de las tendencias que cargaba en su naturaleza.

Después de pecar, se sentía sucio, inmundo, indigno del amor de Dios y con ganas de morir. Le había prometido a Dios tantas veces, que su vida cambiaría, pero cuanto más lo intentaba, más se hundía en la arena movediza de sus pobres intenciones.

Un día, en su desesperación, tomó la Biblia y encontró el versículo de hoy. “Si mi pueblo buscare mi rostro, yo sanaré sus tierras.” Decía la promesa.

Sanar sus tierras. Era eso lo que Rigoberto necesitaba. Sus tierras estaban enfermas de pecado. Nada podía hacer él, para resolver ese problema, a no ser buscar a Dios.

La palabra buscar, en hebreo es baqash, literalmente significa desear. Todo lo que Rigoberto necesitaba hacer era desear, mirar a Jesús y decirle: “Señor, yo no puedo. Si depende de mí, estoy perdido. Por eso vuelvo los ojos a ti, ¿Puedes hacer algo por este humilde pecador?” En ese momento viene el cumplimiento de la promesa divina. “Yo sanaré tu tierra.”

Esa promesa continua válida para tí. Nada hay en tu vida que el Señor Jesús no pueda sanar. La enfermedad del pecado es la peor de todas las enfermedades porque no solo mata el cuerpo sino también el espíritu. Pero a lo largo de la historia, Dios siempre ha cumplido su promesa en la vida de los que se han acercado de Él con fe.

¿Qué harás tú con la promesa? Sal para la batalla de hoy, recodando que “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Tus vestiduras

La definición de dignidad como aparece en el texto de hoy, no es merecimiento, no es la recompensa por el buen comportamiento. No soy digno por lo que hago o dejo de hacer, sino por lo que creo y acepto.

Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignas. (Apocalipsis 3:4)

Las personas en Sardis eran dignas. Dignidad, perfección, rectitud, justicia. Cualidades deseadas, que al mismo tiempo asustan. ¿Quién se atrevería a decir que es digno? Mucho menos Charles.

No es que Charles sea malo o que sea un pecador contumaz, es simplemente un hijo de Dios que lucha todos los días para vivir conforme a las enseñanzas de la palabra de Dios. Charles es la imagen de muchas personas que van a la iglesia toda semana. Es un buen ciudadano, buen padre, buen amigo, buen empleado pero de ahí a decir que es digno, perfecto, recto y justo, hay mucha distancia. Por lo menos, eso piensa charles.

Su problema es que no sabe qué padrones usar para medir su dignidad, su justicia, su perfección y su rectitud. El se mide por aquello que le parece correcto, por lo que los otros dicen, por lo que hace, come, o viste.

El legalismo hace de la propia vida, el centro de la experiencia cristiana. Se concentra en la opinión de las personas, y no en Dios, ni en su amor. El legalismo despoja a la ley de la gracia, la deja, fría, seca y sin vida.

La definición de dignidad como aparece en el texto de hoy, no es merecimiento, no es la recompensa por el buen comportamiento. No soy digno por lo que hago o dejo de hacer, sino por lo que creo y acepto.

Las personas de Sardis eran dignas porque poseían vestiduras blancas. Esas vestiduras son el símbolo maravilloso de la justicia de Cristo. Esas personas no esgrimen su propia justicia sino que se esconden en la justicia de Cristo, se visten con las ropas del cordero y Dios las ve como si nunca hubieran pecado.

Hoy es un nuevo día, apodérate de la justicia de Cristo, no dirijas los ojos hacia tus propias consecuciones, ni confíes en lo que eres capaz de hacer. Si lo haces quedarás frustrado. Confía en el Señor Jesús. Por eso no salgas para enfrentas las luchas de este día sin arrodillarte y pedir que la gracia maravillosa de Cristo cubra tus pecados. Y recuerda las palabras de Jesús: “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignas.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Venid a mí

Nadie jamás vino a Jesús y volvió frustrado. Él es el agua de vida que calma la sed del alma. El pan que satisface el hambre del espíritu. Millones lo han buscado y han recibido el bálsamo curador de la paz que inunda el corazón del cansado peregrino.

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. (Mateo 11:28)

Buenos Aires despierta perezosa, esta mañana, metida en una niebla espesa. Me levanto y bajo al restaurante del hotel a desayunar. En mi mesa tengo un par de medialunas y una taza de chocolate con leche. A mi lado, en otra mesa, una pareja discute la relación hecha pedazos. No se importa con los otros.

En el clímax de la discusión, el hombre golpea la mesa con violencia, se levanta y vocifera: “Estoy cansado de esta vida miserable. No quiero verte más. Me voy.”

Y se va. Quién sabe a dónde. Toma la avenida 9 de julio y desaparece. La señora lo sigue en lágrimas.

Subo a mi cuarto. Mi ventana da al Obelisco. Me quedo un rato observando aquella joya arquitectónica, símbolo de esta ciudad cosmopolita. Después, recordando el triste incidente del desayuno, empiezo a escribir.

“Estoy cansado de esta vida miserable.” Dijo aquel hombre, antes de partir. Todos los días, hay gente que despierta cansada. No es cansancio físico. Ojalá lo fuera. Para ese tipo de cansancio hay remedio. Pero, ¿Qué haces con el cansancio del alma? ¿A dónde vas cuando las sesiones de psicoanálisis no resuelven tu problema, ni los somníferos logran que duermas? El cansancio de vivir lleva al ser humano a la inercia emocional. Ama sin amar. Camina sin observar. No disfruta de las cosas bellas que la vida ofrece. Simplemente sigue el rumbo de la existencia, sin alegría.

Más de dos siglos atrás, el Señor Jesucristo dijo: “Venid a mi todos los que estáis cansados.”  Esta es una invitación a los que están cansados de vivir las agruras cotidianas, a los que luchan y no alcanzan, a los derrotados, a los que cayeron en la rutina agobiante de trabajar sin motivación.

Nadie jamás vino a Jesús y volvió frustrado. Él es el agua de vida que calma la sed del alma. El pan que satisface el hambre del espíritu. Millones lo han buscado y han recibido el bálsamo curador de la paz que inunda el corazón del cansado peregrino.

Hoy puede ser tu día de encuentro con Jesús. Es tan simple. Solo abrir el corazón y decirle que no puedes. Aceptar tus limitaciones humanas y confiar en su poder divino. No salgas hoy, a enfrentar las cosas que te esperan allá afuera sin repetir la promesa de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Consuelo

Para que por dos cosas inmutables, en las cuales, es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.  (Hebreos 6:18)

Con el rostro descompuesto por la noche sin dormir, el cigarrillo, el café y el alcohol, Ériko se incorporó del sofá y aparentando un aire de indiferencia con la vida, se aproximó, tambaleando, de la ventana. 

El panorama desde donde él estaba, era un espectáculo impresionante. El sol despuntaba en el horizonte recortando las siluetas de los edificios en el centro de Richmond, pero a él no le importó eso. Sin pensar dos veces, se lanzó al abismo. 

Vivía en un pequeño apartamento del décimo piso. Sus únicos compañeros, en los últimos días, habían sido los libros esparcidos por el suelo, un gato, la soledad de divorciado y una montaña de cuentas a pagar.

Las autoridades llegaron a la conclusión de que el descendiente de italianos, cometió suicidio porque estaba ebrio y no sabía lo que hacía. 

La verdadera explicación la había dejado él, escrita en un papel garabateado con letras que anunciaban muerte. Desesperado por los problemas familiares y financieros que atravesaba, no vio solución. No encontró un rayo de luz en su noche oscura.

Pena que Ériko ignorase el versículo de hoy. Es imposible que Dios mienta. Sus promesas son seguras. Y los que corren para apoderarse de la esperanza que tenemos en Él, son consolados.

La esperanza es la luz en medio de la oscuridad. No la ves. La sientes en tu corazón. Es una voz que te dice: “No todo está perdido. Necesitas confiar en Jesús. Él siempre cumple sus promesas. Jamás miente.”

Mientras vivas en este planeta de dolor y aflicciones, las nubes de las dificultades, oscurecerán tus días, muchas veces. En esas horas, la esperanza es la palanca que te levanta, la fuerza que te impulsa, la motivación que la victoria requiere.

No desanimes. Hoy es un nuevo día. Hay sol por encima de las nubes que anuncian lluvia. La tormenta pasará. Nada dura para siempre. Solo la esperanza. La biblia fue escrita “Para que por dos cosas inmutables, en las cuales, es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.” 

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