DEVOCIONALES
El nombre de Jesús
Hoy es un día para meditar. ¿Hasta qué punto el carácter de Jesucristo se refleja en mi vida?
Ve a Jesús esta mañana y permite que Él conduzca tus caminos y prepárate para los grandes milagros que el Señor está dispuesto a hacer en la vida de los que le buscan de todo corazón y con toda humildad.
Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Hechos 4:10
Creo en milagros. A lo largo de mi vida los he visto muchas veces. Desde vidas transformadas hasta enfermos curados por Dios cuando la ciencia decía que no había más posibilidad de recuperación.
El otro día un joven me preguntó por qué hoy Dios no sigue operando milagros como en los tiempos apostólicos. La verdad es que sí, los sigue operando hoy, como ayer. Solo que en los tiempos apostólicos la iglesia necesitaba más de ellos porque eran una especie de credencial de poder para establecer la obra del evangelio.
El texto de hoy menciona el nombre de Jesucristo. En los tiempos apostólicos los grandes milagros ocurrían en el nombre de Jesús. Mirando a aquellos tiempos, el pueblo cristiano corre el peligro de banalizar el nombre de Jesús, creyendo que es una especie de fórmula mágica para resolver todo tipo de problemas.
En la biblia, el nombre de una persona simbolizaba su carácter. Hacer las cosas en el nombre del Señor es vivir la vida que él vivió, reflejar su carácter y andar en sus caminos.
Cuando Jesús estuvo en esta tierra dijo que en el día final muchos que estarán condenados a la muerte, se presentarán a Él diciendo que habían hecho milagros en “su nombre” y la respuesta del Maestro será:”Yo no os conozco, apartaos de mi obradores de maldad.”
¿Puede un obrador de maldad hacer milagros en el nombre de Jesús? Evidentemente que sí. Esas personas se limitaron a mencionar el nombre, pero se resistieron a reflejar el carácter del Salvador.
Hoy es un día para meditar. ¿Hasta qué punto el carácter de Jesucristo se refleja en mi vida?
Ve a Jesús esta mañana y permite que Él conduzca tus caminos y prepárate para los grandes milagros que el Señor está dispuesto a hacer en la vida de los que le buscan de todo corazón y con toda humildad. “Sea notorio a todos vosotros, ya todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano.”
¡Trabaja!
Seis días trabajarás, y harás toda tu obra. Éxodo 20:9
Fue un sacudón en mi cerebro. Jamás lo había imaginado. El cuarto mandamiento de la ley de Dios registrado en el capítulo 20 de Éxodo no tiene que ver solo con el reposo en el séptimo día sino también con el trabajo en los seis días restantes.
El trabajo fue establecido por Dios como un instrumento de felicidad. Infelizmente entró el pecado y deformó las cosas bellas de la creación. Al trabajo se añadió el elemento cansancio y fatiga. Lo transformó en un fardo.
Pero el trabajo continúa siendo una bendición y Cuando Jesús llega a tu vida llega para transformarte en un hombre productivo. La mediocridad y el conformismo no combinan con el cristianismo. No puedes vivir esperando a las oportunidades. Necesitas buscarlas. Cada problema que encuentres en el camino debe transformarse en el desafío de buscar una solución. Cada desierto la posibilidad de un oasis.
No te quejes de la vida. Los únicos obstáculos de verdad son tus propios temores y preconceptos. Pero con Jesús, mira hacia arriba. Por encima de la intolerancia humana.
Lo difícil no es llegar a la cumbre, es jamás dejar de subir. ¡Sube! Mientras vives, sube. El día que pares de subir, dejarás de vivir. A partir de ese momento no valdrá más la pena continuar viviendo.
Pero, por lo que más quieras, no midas la ascensión comparándote con los otros. Deja que los otros sigan su camino. Tú, sigue el tuyo, el que Dios preparó para ti desde cuando estabas en el vientre de tu madre. Levántate de mañana, acuéstate tarde, en fin suda la camiseta, no te quedes parado viendo la pelota correr en los pies de los otros. No te acomodes en la galería a contemplar el desfile de los vencedores. Sé tú uno de ellos.
Dios te dio talentos. Ejercítalos, cultívalos y trabájalos, consciente de que un día el Señor te preguntará qué hiciste con los talentos que recibiste de sus manos.
Hoy puede ser un día diferente. Será un día diferente. No porque te propusiste que así sea. Si lo intentas solo caerás en el terreno del humanismo. El humanismo te enseña a depender solo de ti y de tus fuerzas pero tú, corre a los brazos de Jesús y deja que Él te conduzca por los caminos del trabajo y te corone de gloria. No olvides:”Seis días trabajarás y harás toda tu obra.”
¿Está contigo?
Sí, Dios se preocupa con los niños hambrientos, pero se preocupa también contigo y desea participar de tus sueños. Sandro no es la única persona que llora la tragedia de haber querido triunfar solo. Miles de cadáveres yacen en la historia como hojas secas llevadas por el viento del fracaso.
Y Jehová me dijo: Diles: No subáis, ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; para que no seáis derrotados por vuestros enemigos. Deuteronomio 1:42
Sandro se da vuelta en la cama. Las horas pasan y no duerme. En la penumbra de su mente, se abrazan los recuerdos y los olvidos. Se encadenan sus miedos con sus fracasos. Y aquellas luchas internas parecen besar al niño escondido en lo recóndito de sus temores.
Sandro llora el dolor del fracaso. Su mundo ha caído en pedazos. Sus sueños se han transformado en pesadillas. Él se consideraba un águila surcando el espacio azul. El cielo infinito era su límite. Tal vez por eso su caída fue estrepitosa. Quién sabe por eso su orgullo sangra como herida abierta.
El Señor lo dijo muchas veces, pero da la impresión que la criatura insiste en no aprender. “No subas ni pelees si no estoy contigo. No te atrevas a enfrentar los desafíos que la vida te presenta, si no tienes la convicción de que estoy a tu lado.”
Sandro fue a la guerra solo. Al principio parecía que las cosas le iban bien. Que no necesitaba de Dios. Repentinamente, los vientos favorables de la economía empezaron a soplar en dirección contraria y el joven promisor percibió que su embarcación se iba a pique.
Lucho con todas sus fuerzas. Como un león hambriento buscando la sobrevivencia. Todo falló. El barco se hundió definitivamente y ahora Sandro llora el error de haber salido solo a enfrentar las batallas de la vida.
El otro día un hombre incrédulo me preguntó:
-¿Cuál es la ventaja de tener a Dios en los negocios? ¿No crees que Dios tenga mucho trabajo para resolver el problema de millones de niños que mueren de hambre todos los días? ¿Para qué colocar sobre sus hombros el trabajo que yo puedo hacer?
Sí, Dios se preocupa con los niños hambrientos, pero se preocupa también contigo y desea participar de tus sueños. Sandro no es la única persona que llora la tragedia de haber querido triunfar solo. Miles de cadáveres yacen en la historia como hojas secas llevadas por el viento del fracaso.
Por eso hoy, no salgas sin tener en cuenta el consejo divino: “No subáis, ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; para que no seáis derrotados por vuestros enemigos.”
Imposibilidades
La única solución es Jesús Y Él no empieza trabajando por fuera. La fachada es lo último que el restaura. Su trabajo maravilloso de salvación empieza donde está el nido del pecado, en la mente. El te da una nueva mente, nuevas motivaciones, nuevos horizontes. Las cosas pasadas quedan enterradas para siempre y la vida empieza a partir del encuentro con Jesús.
No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable; todos los que oigan tu fama batirán las manos sobre ti, porque ¿Sobre quién no pasó continuamente tu maldad? Nahúm 3:19
El sol de mediodía castiga la carretera con la fuerza del verano. Un hombre humilde carga un saco de papas sobre sus hombros. Todos lo conocen en la ciudad por su espíritu de servicio y su fidelidad a Dios. Al cruzarse en el camino con un muchacho incrédulo, oye la voz socarrona:
-¿Cómo sabes que eres salvo?
El cristiano sigue unos pasos adelante y deja caer la carga. Entonces dice:
-¿Cómo sé que se me cayó el bulto? No he mirado atrás.
- No –replica el muchacho – no ha mirado atrás, pero ya no siente el peso.
-¡Exactamente! –Respondió el hombre – Es por esa misma razón que sé que soy salvo. Ya no siento la carga de pecado y de tristeza y he encontrado paz y satisfacción en el Señor.
El texto de hoy habla de una imposibilidad. “No hay medicina para tu quebradura.” Afirma el profeta. Se está refiriendo al pecado. Cuando el pecado toca una vida la anula poco a poco. Los estragos del pecado no aparecen intempestivamente. En la mayoría de los casos no. Son como los resultados de la lepra.
En los tiempos bíblicos el leproso solo percibía su mal cuando su carne empezaba a caer a los pedazos. Entonces ya era demasiado tarde. El pobre hombre tenía que abandonar a la familia, a los amigos, el trabajo, en fin. Su futuro era confinarse con los otros enfermos en el valle de los leprosos.
En aquellos tiempos no había remedio para la lepra. Hoy, ayer y para siempre. Nunca habrá remedio humano para el pecado. No es solo un asunto de conducta o de comportamiento. Es un asunto del corazón. Acompaña al pecador por donde quiera que vaya. La única solución es Jesús Y Él no empieza trabajando por fuera. La fachada es lo último que el restaura. Su trabajo maravilloso de salvación empieza donde está el nido del pecado, en la mente. El te da una nueva mente, nuevas motivaciones, nuevos horizontes. Las cosas pasadas quedan enterradas para siempre y la vida empieza a partir del encuentro con Jesús.
Recuerda bien eso a lo largo del día y piensa en la pregunta del profeta: “No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable.”
Pensamientos de paz
Un día en el reino de los cielos, con seguridad serán aclaradas muchas cosas y entonces entenderás que todas las veces que pensaste que Dios te había dejado, estaba más cerca de tí de lo que tú podías imaginar.
No escondas tu rostro de mí. No apartes con ira a tu siervo; Mi ayuda has sido. No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación. Salmos 27:9
Julio abrió la caja con cuidado e intriga. Era un regalo que según los primos, el tío José le había dejado antes de fallecer. A julio le pareció curioso que el tío se hubiese acordado de él ya que en vida daba la impresión de que no sentía ningún afecto por el sobrino.
Dentro de la caja encontró un par de guantes forrados de piel. Como vivía en un clima tropical, no necesitaba los guantes y los guardó en una gaveta. Con el tiempo se olvidó de ellos. Algún tiempo después lo llamaron para trabajar en una ciudad de clima frío y entonces se acordó de los guantes. Al fin le daría uso a un regalo que siempre consideró una burla del tío.
Al colocar la mano en uno de los guantes, sintió algo incomodando el dedo pulgar. Sorprendido, vio que era un billete enrollado, de cien dólares. Revisó los otros dedos del guante y descubrió que en cada uno de ellos había un billete de cien dólares. Los billetes habían estado allí todo el tiempo, pero él no se había dado cuenta.
El primer pensamiento que subió a la mente de Julio fue de arrepentimiento. Había estado equivocado todo el tiempo. Creía que el tío se burlaba de él y sin embargo el anciano, que no había sido un hombre rico, le estaba dejando una buena herencia.
Es el riesgo que los seres humanos corremos. Cada vez que el dolor toca la puerta de tu corazón, piensas que Dios se ha olvidado de tí o que no le importas. El texto de hoy muestra la oración de David en ese sentido. Él pensaba que en el momento del sufrimiento Dios lo abandonaba.
Un día en el reino de los cielos, con seguridad serán aclaradas muchas cosas y entonces entenderás que todas las veces que pensaste que Dios te había dejado, estaba más cerca de tí de lo que tú podías imaginar.
Por eso hoy, sal para los trabajos que te esperan seguro del amor de Dios. Puede haber neblina o lluvia torrencial. Puede brillar el sol o no, pero nada de lo que te hace sufrir nace en la mente divina. No creas que Dios te está castigando por algo, no digas: “No escondas tu rostro de mí. No apartes con ira a tu siervo; Mi ayuda has sido. No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación.”
Enemigos, enemigos
Por eso hoy, sal decidido a reconstruir las cosas que el pecado ha destruido. Sueña. Sueña alto. No te conformes con poco. Fuiste colocado por Dios en este mundo para ser un re constructor de vidas. Y en esa misión no estás solo. El Señor está contigo. Pero recuérdate: “El pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que noedificara.”
Pero el pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que no edificara. Esdras 4:4
Judá tenía una misión delante de sí: Edificar el templo que había sido destruido por los invasores y se encontraba en escombros. A Dios no le gusta ver nada en escombros. Cuando la creación salió de sus manos era “buena en gran manera.” Pero luego apareció el enemigo y desfiguró la creación. Desde aquel día ha estado desfigurando todas las cosas buenas.
En los tiempos de Judá vino disfrazado del ejército babilónico y llevó cautivo al pueblo. Dejó en escombros la ciudad y el templo. El templo en aquellos días era símbolo de la presencia de Dios. Él había dicho “Y me harán un santuario y Yo habitaré en medio de ellos.” El santuario en escombros significaba la falta de la presencia de Dios en medio de su pueblo.
Dios nunca está satisfecho cuando su pueblo vaga errante, sin Él. Por eso envió a Nehemías. Su misión era reconstruir la ciudad y el templo. Pero el enemigo no estaba satisfecho con eso.
Entonces sucedió lo que narra el texto de hoy. El enemigo entró al corazón del pueblo de aquella tierra y ellos trataron de atemorizar al pueblo de Dios para que el templo no fuese reconstruido.
¿Qué es lo que necesita ser reconstruido en tu vida? ¿Un sueño marchitado por el tiempo? ¿Tu vida profesional destruida por una insensatez? ¿Tu hogar? ¿Tus valores y principios? Ten en cuenta que reconstruir no es una tarea fácil. Destruir sí. Basta tomar una comba y dar golpes a diestra y siniestra, no requiere habilidad ni preparación. Solo es necesario golpear.
Reconstruir es diferente. Requiere habilidad, paciencia, persistencia y valor. Los enemigos aparecerán. Te criticarán. Dirán que estás desperdiciando el tiempo y que jamás lograrás tus objetivos. Pero a pesar de eso es necesario seguir adelante. Nada puede detenerte si colocas tu vida y tus proyectos en las manos de Dios.
Por eso hoy, sal decidido a reconstruir las cosas que el pecado ha destruido. Sueña. Sueña alto. No te conformes con poco. Fuiste colocado por Dios en este mundo para ser un re constructor de vidas. Y en esa misión no estás solo. El Señor está contigo. Pero recuérdate: “El pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que noedificara.”
Consulta a Dios
Dios es Dios. Si quiere puede hacerte oír su voz, pero en la mayoría de los casos respondió las preguntas de tu corazón en su Palabra. Solo resta abrirla y meditar en ella.
Entonces David consultó a Dios, diciendo: ¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová le dijo: Sube, porque yo los entregaré en tus manos. 1 Crónicas 14:10
Iris desea conocer la voluntad de Dios. Tiene dos pretendientes y no sabe a cuál de ellos aceptar. Siempre soñó en tener un hogar feliz. Tal vez porque viene de un hogar de padres separados y no quiere equivocarse en la elección del amor de su vida.
El sol acaba de salir sonriendo a la tierra con sus rayos dorados. Iris se arrodilla y desafía a Dios: “Señor –le dice- yo sola no puedo decidir, necesito tu ayuda. Voy a salir ahora para el trabajo y el primero de los dos muchachos que aparezca vistiendo camisa azul será el que yo aceptaré, por favor, muéstrame tu voluntad.”
La joven de cabellos acaracolados y ojos de miel cree que está consultando a Dios y dándole la oportunidad de responderle. Mucha gente, como Iris, en diferentes lugares del planeta cree que puede probar a Dios de esa manera y con frecuencia la aparente respuesta de Dios no les funciona o les funciona mal.
El versículo de hoy dice que David antes de salir a la batalla consultó a Dios. No lo puso a prueba com lo hizo Iris, sino que conversó con Él. En aquellos tiempos, Dios aún hablaba con su pueblo personalmente. Hoy, continúa haciéndolo, pero a través de su palabra escrita que es la biblia.
Si deseas escuchar la voz de Dios todo lo que necesitas hacer es abrir la Biblia y estudiarla con sinceridad de corazón. Dios no te dejó sin orientación. En la biblia hay consejo para todo. El señor no está interesado solo en tu vida espiritual. Juan dijo: “Amado yo deseo que seas prosperado en todas las cosas.” Todo, es todo. La vida material, profesional, familiar, en fin.
La mayoría de las decisiones equivocadas que tomamos las tomamos porque no vamos a la Palabra de Dios en busca de orientación. Vivimos en un mundo de misticismo dónde muchos buscan sensaciones sobrenaturales. Se quedan contemplando a la naturaleza en busca de manifestaciones sensoriales. Quieren oír la voz de Dios de forma audible o entonces echan suerte como lo hizo Iris.
Dios es Dios. Si quiere puede hacerte oír su voz, pero en la mayoría de los casos respondió las preguntas de tu corazón en su Palabra. Solo resta abrirla y meditar en ella.
Haz de este día un día de estudio de la biblia y recuérdate que: “David consultó a Dios, diciendo: ¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová le dijo: Sube, porque yo los entregaré en tus manos.”
¿Hasta cuándo?
Hoy puede ser un día diferente para ti. Todo día puede serlo. Observa que aunque la luz del sol es la misma todos los días, siempre existe un nuevo matiz en cada amanecer.
Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey. 1 Samuel 16:1
Samuel era un profeta. Pero también era un ser humano. Los profetas eran seres humanos con todas las virtudes y los defectos de cualquier ser humano. Su amigo, el rey Saúl había sido destituido del trono por Dios. Continuaba en el cargo, pero para Dios era como si él no existiese. Y Samuel lloraba, por causa de la nostalgia tal vez, por miedo del futuro quien sabe.
Dios sí sabía el motivo de la tristeza del profeta. A pesar de los designios divinos y aunque Dios no aceptaba más a Saúl, como rey, Samuel se aferraba al pasado y se negaba a entender que las cosas cambian y que era necesario avanzar.
Una noche Dios habló con Samuel y le preguntó: ¿Por qué lloras? Cada vez que Dios pregunta algo al ser humano no es porque no sabe sino porque quiere que el hombre piense. Pensar es la mejor manera de entender. Lo que Dios quería es que Samuel entendiese que la vida tiene etapas. Es triste cuando el adulto se comporta como niño o cuando el joven tiene la actitud de un anciano.
La etapa de Saúl había pasado. La causa de su destitución no es el tema de este devocional. El pensamiento que deseo destacar es que había llegado la hora de terminar una etapa y comenzar otra pero el profeta se resistía a hacerlo.
Existen personas para quienes los tiempos antiguos siempre fueron mejores. Puede ser. El asunto no es si antes fue mejor o peor. Lo que importa es que el presente está en tus manos y es necesario vivirlo. Cada vez que vives el presente mirando hacia el pasado corres el riesgo de chocar contra cualquier obstáculo. Hay mucha gente herida porque no miró para frente. Trató de vivir el presente mirando para atrás.
Hoy puede ser un día diferente para ti. Todo día puede serlo. Observa que aunque la luz del sol es la misma todos los días, siempre existe un nuevo matiz en cada amanecer.
Por lo tanto, prepárate para los grandes desafíos y las victorias que el Señor Jesús preparó para ti, pero no te olvides de lo que Dios le preguntó a Samuel: “¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey.”
Conocedores del bien
Tienes un nuevo día delante de ti. Y cada nuevo día trae una nueva oportunidad. No esperes llegar como Carlos, al fondo del pozo, para reconocer que necesitas de Jesús. El mal existe, pero no tiene nada de bueno para enseñarte. El bien, sin embargo, es un mundo inagotable de conquistas y aventuras del espíritu. Escoge el bien.
Sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Génesis 3:5
La mirada vacía y sin rumbo de Carlos se perdía en la oscuridad de la fría noche de sábado. Con un resto de cigarro que había encontrado en la calle, pensó: “¡Llegué al fondo del pozo! Se alguien me hubiese dicho que eso iba a ocurrir conmigo, simplemente me reiría de él, pero ahora, ¿qué sobró de mi?”
Carlos había vivido durante años, lo que muchos llaman “sueño.” Libre, sin tener que dar satisfacción a nadie, iba y venía por donde quería, a la hora que quería. ¿La iglesia de sus padres? ¿Quién necesitaba del peso de la iglesia para malograr el sueño? –Pensaba- la iglesia te ciega, No te permite ver. La Biblia es un libro de fanáticos y solo sirve para reprimir las ganas de ser feliz.
Pero ahora el cuadro de felicidad que había dibujado, era un garabato y el sueño, se había convertido en una pesadilla.
Una de las armas del enemigo es iludir. El texto de hoy es una prueba de eso. Acusa a Dios de no querer la felicidad de sus hijos, de impedir que sus hijos vean “lo bueno que hay en esta vida.”
Ese tipo de discurso es fuertemente aplaudido por la sociedad moderna que insiste en probar todo, experimentar todo, vivir todo. Dios es un Dios de opciones y una de esas opciones es conocer lo malo, pero por más que esa manera de pensar, parezca cultura, conocimiento y aprendizaje; conocer siempre trae frustración y amargura al alma.
Era noche fría de sábado y Carlos se levantó, echó el cigarro a la basura, y dijo: ¡Estoy cansado de conocer el mal! Voy a buscar lo que es bueno. Las palabras no habían salido de sus labios cuando el Señor Jesús, le abrió los brazos y lo recibió.
Tienes un nuevo día delante de ti. Y cada nuevo día trae una nueva oportunidad. No esperes llegar como Carlos, al fondo del pozo, para reconocer que necesitas de Jesús. El mal existe, pero no tiene nada de bueno para enseñarte. El bien, sin embargo, es un mundo inagotable de conquistas y aventuras del espíritu. Escoge el bien y no le hagas caso al enemigo, cuando venga y te diga: “Sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.”
¿Vacío?
Cuando el Señor Jesús, en cierta ocasión dijo que no se debía temer a los que matan el cuerpo, sino al que mata el espíritu estaba hablando justamente de lo que Dolores sentía. Las grandes necesidades no son las del cuerpo. Lo que le da sentido a las consecuciones materiales es la satisfacción interior y esa satisfacción solo puede proporcionarla Jesús.
Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma, no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. Mateo 10:28
Dolores llegó a la casa cansada del trabajo y encontró las luces apagadas, un silencio asustador, profundo y las cosas bañadas de soledad. Antes de encender la luz trató de escuchar. Nada. Solo el vacío, ese vacío que duele en el interior y va creciendo lentamente hasta llegar a los ojos.
Hacía dos años que había salido de la casa de sus padres esperando encontrar su “espacio.” Ahora tenía demasiado espacio aunque su departamento, de un solo cuarto, era pequeño.
Aquello que la joven abogada llamaba de “su espacio” en realidad era libertad para vivir sin restricciones. Le molestaba que los padres le estuviesen hablando de lo que debía o no debía hacer. Se consideraba suficientemente grande para escoger su propio camino. Y lo hizo.
Al principio, todo le parecía fascinante. Tenía un buen empleo, automóvil propio y estaba pagando el pequeño apartamento que comprara. Vivía la vida sin reglas. No quería siquiera oír hablar de ellas. Se dejaba llevar por el instinto y empezó a experimentar sensaciones que jamás imaginó que existiesen.
Pero los días fueron pasando. Y las cosas empezaron a parecerle demasiado huecas. Esto la llevó a continuar buscando nuevas sensaciones, pero su vida parecía una pompita de jabón. Bella y atractiva por fuera y sin nada por dentro.
El vacío de aquella tarde, al llegar a casa, en realidad era el vacío de su corazón. Físicamente, todo le iba bien, interiormente, caía en pedazos y se negaba a aceptarlo.
Cuando el Señor Jesús, en cierta ocasión dijo que no se debía temer a los que matan el cuerpo, sino al que mata el espíritu estaba hablando justamente de lo que Dolores sentía. Las grandes necesidades no son las del cuerpo. Lo que le da sentido a las consecuciones materiales es la satisfacción interior y esa satisfacción solo puede proporcionarla Jesús.
La soledad del espíritu, el hambre del corazón y la sed del alma, son experiencias tan traumáticas que transforman la vida en una rutina torturante y sin sentido, capaz de anular inclusive las ganas de vivir.
Por eso hoy, acuérdate de las palabras de Jesús: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”
Dependencia y plenitud
El secreto de una vida plena es la permanencia. “Permaneced en Mí” dijo Jesús. ¿Cómo se permanece en Jesús? Buscándolo todos los días, abriéndole el corazón cada mañana y diciéndole: “Señor, yo no sé vivir solo. Necesito de tí. Enséñame a caminar por los caminos de victoria.” Esto significa renuncia del propio yo y dependencia de Jesús.
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15:5
En esta vida todo pasa. Pasa el tiempo, el verano, la época de las lluvias, las palabras, en fin. Un día te miras en el reflejo del agua y descubres que la juventud también pasa.
El otro día alguien me dijo: “Siempre me decían joven. Joven para aquí, joven para allá. Hasta que un día me sorprendí cuando una buena señora, en el mercado, me llamó de señor. Entonces corrí para la casa, me miré en el espejo y descubrí espantado que la señora tenía razón. Yo había dejado de ser un joven. Me había vuelto un señor.”
Infelizmente cuando se es joven, da la impresión de que la juventud es eterna, que las oportunidades estarán siempre allí al alcance de las manos. Tal vez por eso un poeta renegado escribió: “La juventud es un don precioso que se desperdicia en la mano de los jóvenes.”
¿Qué hacer para que al llegar a los años maduros, puedas mirar para atrás y saber que valió la pena haber vivido? El versículo de hoy trae la respuesta. ¿Quieres frutos? ¿Plenitud de frutos? ¿Frutos abundantes? Entonces recuerda que “Yo soy la vid”, dice Jesús. Tú, solo eres la rama. Una rama separada de la vid está condenada al fuego. Para nada sirve. Pero una rama conectada a la vid, recibirá vida y el resultado será fruto abundante en todas las áreas.
La palabra que destaca en el versículo de hoy es el verbo permanecer. Expresa continuidad, durabilidad, persistencia. Contrario a fugacidad o intermitencia. El secreto de una vida plena es la permanencia. “Permaneced en Mí” dijo Jesús. ¿Cómo se permanece en Jesús? Buscándolo todos los días, abriéndole el corazón cada mañana y diciéndole: “Señor, yo no sé vivir solo. Necesito de tí. Enséñame a caminar por los caminos de victoria.” Esto significa renuncia del propio yo y dependencia de Jesús. Una dependencia que lejos de llevarte a la esclavitud o al servilismo, te conduce a la realización y a la vida llena de significado.
Hoy pude ser la media vuelta de tu vida. Si hasta aquí sientes que tus esfuerzos son infructuosos, si trabajas con ahínco pero nada da resultado, conéctate a Jesús, aprende a depender de Él y prepárate para los frutos abundantes porque Él dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.”
El amor
Levántate, asómate a la ventana. Ha empezado un nuevo día Y para ti puede ser una linda experiencia de compañerismo con Jesús. No te asustes con las tormentas que ves aproximarse, escóndete en Jesús. Vive a su lado y prepárate para ver las maravillas que Él es capaz de hacer en tu vida.
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece.
1 Corintios 13:4
Intentemos definir el amor. Digo “intentemos,” porque si Dios es amor, definir el amor, será tan difícil cuanto definir a Dios. La palabra imposible, se encuadraría mejor.
Lo que me impresiona de las enseñanzas bíblicas es que los escritores no enfatizan definiciones y conceptos. Eso sería caer en el terreno peligroso de la teoría desprovista de practicidad. El énfasis de los escritores sagrados está en la aplicación de los conceptos teóricos. Por eso, en la Biblia resulta difícil encontrar una definición teórica del amor; más bien, encontramos la descripción del amor en la vida práctica.
Esa descripción está registrada en el versículo de hoy. El propósito de Pablo es llevarnos a pensar en este tipo de amor y compararlo con la manera como nosotros amamos.
¿Cómo sería nuestro hogar si estas características del amor estuviesen presentes en cada miembro de la familia? Pero estas características son propias del amor, fruto del Espíritu, y los frutos no aparecen de un momento a otro, involucran crecimiento y desarrollo.
No te desesperes si mañana mismo, no aparecen estas características en tu amor. Simplemente ve a Jesús, búscalo cada día en oración, suplícale que desarrolle en ti la capacidad de amar con un amor auténtico y te sorprenderás con los resultados.
Fue eso lo que sucedió en la vida del apóstol Juan. Él llegó a Jesús como “el hijo del trueno,” pero en la convivencia diaria con Jesucristo, se fue desarrollando en él, el amor de Dios, apareció el fruto del Espíritu; y cuando lo encontramos en la isla de Patmos, años más tarde, ya no es más el “hijo del trueno.” Se ha transformado en el “discípulo del amor.”
Levántate, asómate a la ventana. Ha empezado un nuevo día Y para ti puede ser una linda experiencia de compañerismo con Jesús. No te asustes con las tormentas que ves aproximarse, escóndete en Jesús. Vive a su lado y prepárate para ver las maravillas que Él es capaz de hacer en tu vida.
Ah, y recuerda que “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece.”
O eres o no eres
Haz de este día un día de revisión de tus fuentes. Coloca en tu mente mensajes que alimenten y edifiquen a la naturaleza de Cristo. Revisa tu biblioteca, la colección de tus discos o tus videos. Piensa en los lugares a dónde vas cuando navegas en el internet. En fin, hazte la vida cristiana más fácil. Dios está siempre dispuesto a dar fuerzas al cansado. Nada hay que Él no pueda hacer en tu vida, si con humildad lo buscas.
Hermanos míos, ¿puede la higuera producir aceitunas, ó la vid higos? Así ninguna fuente puede hacer agua salada y dulce. Santiago 3:12
Diego se despertó jadeando. Había tenido pesadillas toda la noche. Al amanecer el nuevo día y mirarse en el espejo vio las marcas de una noche mal dormida. Hace tiempo que Diego vivía un tormento y sabía que era necesario cambiar de rumbo. Se quedaba hasta altas horas de la noche mirando películas de terror. Después, esas imágenes volvían a su inconsciente durante las horas de reposo y dificultaban su descanso.
Pero la angustia de Diego iba más allá. Como el Apóstol Pablo se arrodillaba muchas veces y clamaba a Dios: “¿Por qué hago el mal que no quiero y el bien que deseo, no puedo?”
El versículo de hoy trae la respuesta. ¿Puede una fuente hacer agua salada y dulce al mismo tiempo? La respuesta es obvia. Eres lo que lees, oyes y miras. Son los mensajes que colocas en tu mente, los que alimentan a la naturaleza de Cristo o a la naturaleza pecaminosa que habitan dentro de ti. Si deseas andar en los caminos de Dios, tendrás necesariamente que alimentar a la naturaleza de Cristo.
La incoherencia en el comportamiento de Diego era que anhelaba ser un buen cristiano, alimentando a la naturaleza mala. En el momento de hacer las cosas, su mente decía una cosa, teóricamente sabía qué camino seguir, pero el cuerpo lo llevaba a andar por senderos extraños.
Si eres higuera, afirma Santiago producirás higos, pero la tragedia de muchos es que siendo higuera quieren producir aceitunas. Y eso no funciona. Es contrario a la naturaleza.
Haz de este día un día de revisión de tus fuentes. Coloca en tu mente mensajes que alimenten y edifiquen a la naturaleza de Cristo. Revisa tu biblioteca, la colección de tus discos o tus videos. Piensa en los lugares a dónde vas cuando navegas en el internet. En fin, hazte la vida cristiana más fácil.
Dios está siempre dispuesto a dar fuerzas al cansado. Nada hay que Él no pueda hacer en tu vida, si con humildad lo buscas.
Antes de ir a tus actividades diarias, recuera la pregunta de Santiago: “Hermanos míos, ¿puede la higuera producir aceitunas, ó la vid higos? Así ninguna fuente puede hacer agua salada y dulce.”
Confía
Jesús le dijo más a Pedro. Le dijo que otra de las maneras de sentir menos el dolor y las dificultades es estar ocupado en testificar a los otros del amor de Dios. “Una vez vuelto, confirma a tus hermanos.” Una vida centralizada en uno mismo es con frecuencia una vida llena de ansiedad. Cuanto más miras al reloj, parece que el tiempo no corre, pero cuando te olvidas de la hora y empiezas a trabajar, el tiempo vuela.
Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. Lucas 22:32
¿Cómo haces para tener fe? ¿Cómo haces para seguir esperando cuando nada de lo que esperas sucede? Si al menos existiera en el aire un tímido olor a promesas que se cumplen, pasos lejanos de la persona amada que regresa, si crujiera alguna hoja seca a tus espaldas diciéndote que has recuperado la audición perdida. Pero nada de lo que esperas sucede y escuchas desanimado lo que las otras personas cuentan de los hechos extraordinarios que Dios hace en su vida.
El otro día alguien me dijo: “Tengo la impresión que cuanto más espero en Dios, más Él se ha olvidado de mi.” Jesús sabía que ese tipo de pensamientos iba asaltar muchas veces la mente de sus hijos. Por eso un día le dijo a Pedro: “He rogado por ti, para que tu fe no falte.”
Fe es confianza. Cuando tú conoces a una persona sabes que puedes confiar en ella. Tienes la seguridad de que no te fallará. Puede, inclusive demorar por circunstancias que después sabrás, pero estás seguro que no te fallará. La conoces bien.
Esto, te lleva de nuevo a Jesús. No es posible tener fe en Jesús y en sus promesas si no convives a diario con Él. Esa convivencia te lleva a conocerlo, y entonces tienes la seguridad que aunque aparentemente sus promesas demoran, Él no te abandonó. Está ahí, cerca de ti, esperando el momento oportuno para mostrarte la salida.
Me anima la idea de saber que Jesús está en este momento rogando al Padre por mí, para que mi fe no falte. Es que la única manera de ser feliz en este mundo de tinieblas es saber que aunque demore, la luz del nuevo día brillará.
Jesús le dijo más a Pedro. Le dijo que otra de las maneras de sentir menos el dolor y las dificultades es estar ocupado en testificar a los otros del amor de Dios. “Una vez vuelto, confirma a tus hermanos.” Una vida centralizada en uno mismo es con frecuencia una vida llena de ansiedad. Cuanto más miras al reloj, parece que el tiempo no corre, pero cuando te olvidas de la hora y empiezas a trabajar, el tiempo vuela.
Haz de este día un día más de convivencia con Jesús y de servicio a las personas. No temas de nadie ni de nada. No desesperes si las cosas que esperas todavía no sucedieron y toma las palabras de Jesús como si fuesen para ti: “Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.”
Ten fe
Tú eres un hombre valiente, el texto lo afirma. ¿Valiente? ¡Tanto Gedeón, como el Pablo de nuestra historia, nada tienen de valiente! Al contrario, ellos parecen inseguros, miedosos y ansiosos. ¡Pero no es así que Dios te ve! La gran es la visión de Dios. En el texto de hoy Dios tiene la visión de un Gedeón victorioso porque lo ve no como es, sino como será, por el poder divino.
Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente. Jueces 6:12
06:30h de la mañana. El despertador grita a todo volumen que ya es hora de despertar, pero, ¿Cómo, si él ni siquiera durmió? Se arrastra por la sala para no despertar a nadie en casa. Las sandalias deslizándose por el piso parecen una multitud gritando al unísono: “No lo lograrás.”
07:30h de la mañana. Dentro del auto, mientras lleva a los hijos para la escuela Pablo guarda silencio durante el camino. En el asiento trasero los hijos juegan un juego electrónico portátil. En otros tiempos les hubiese pedido que hicieran menos ruido, pero hoy no tiene fuerza ni para eso. Por lo menos ese ruido apaga un poco el grito de su corazón: “¡No lo lograrás!”
8:00 de la mañana. Hijos en la escuela, transito lento, en la radio las noticias de la mañana, la previsión del tiempo, y en el corazón la ansiedad de quien tiene que presentar un proyecto nuevo a un grupo exigente de clientes. El material es bueno, la presentación en el proyector está bien hecha, pero el temor continúa. El sabe que en el mundo de los negocios un buen proyecto no es suficiente. La lucha es intensa, feroz casi insana. Cualquier persona hace un buen proyecto. El necesita más. Necesita aquel contrato, ero Pablo es un ser humano común y tiene en su corazón las luchas comunes del día a día, el peso de la ansiedad, el fardo de la inseguridad, la inquieta pregunta: ¿Y si no lo logro? Pablo es en verdad la imagen de un hombre temeroso, con miedo, asustado.
El texto de hoy fue escrito para un hombre como Pablo. Un hombre que tenía un encuentro con personas difíciles, con gente que no le gustaba negociar, gente pesada. Y en su desesperación muestra que es todo, menos un hombre listo para la batalla. Gedeón cargaba en su corazón la misma pregunta de Pablo y de muchos otros: ¿Será que voy a lograrlo?
Tú eres un hombre valiente, el texto lo afirma. ¿Valiente? ¡Tanto Gedeón, como el Pablo de nuestra historia, nada tienen de valiente! Al contrario, ellos parecen inseguros, miedosos y ansiosos. ¡Pero no es así que Dios te ve! La gran es la visión de Dios. En el texto de hoy Dios tiene la visión de un Gedeón victorioso porque lo ve no como es, sino como será, por el poder divino.
Al comenzar un nuevo día clama a Dios, entrégale tu vida, sal a la lucha con fe, ve al campo de batalla y vence. Pero antes, recuerda: “Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado valiente.”
Engaño
Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana. Daniel 8:25
Sagacidad, astucia, engaño. Armas mortales en las manos del enemigo de Dios. A fin de cuentas él solo tiene dos maneras de llevarte a la destrucción. Por la fuerza o por el engaño. La fuerza no le da mucho resultado. A lo largo de la historia, cada vez que ha usado la fuerza, el pueblo de Dios ha sido más fiel. En el dolor y la persecución los hijos se vuelven al Padre en busca de protección.
Ya el engaño es un arma que le da buenos resultados. Te hace creer que el camino que sigues te lleva a la vida y sin embargo te conduce a la muerte. Disfraza la verdad, la camufla y te convence del error.
El versículo de hoy es una profecía que habla de las actividades del enemigo de Dios disfrazado. “Con sagacidad hará prosperar el engaño en su mano.” Aquí se habla de prosperidad, de aparente victoria. Llegará un momento en la historia en que el bien dará la impresión de haber sucumbido delante del mal. Las personas serán confundidas. Llamarán al mal, bien y al bien, mal.
Al ver que multitudes lo siguen, la profecía añade que “su corazón se engrandecerá” Llegará al punto de pensar que es Dios y reclamará la adoración de todos. Como esto no sucederá porque siempre existirán personas fieles a la Palabra de Dios, “sin aviso destruirá a muchos” completa el profeta Daniel. ¿Puedes creer que en el fin de los tiempos habrá gente que será perseguida por no juntarse a la mayoría?
La única manera de ser vacunados contra el engaño es conocer la verdad y la verdad es la Palabra de Dios.
¿Qué harás con ella? ¿La guardarás en el estante de libros? ¿La colocarás en la sala como una pieza de decoración? ¿O la abrirás deseoso de conocer el plan que Dios tiene para ti?
Has de este día, un día de estudio de la Biblia. El tiempo que gastas en tu devoción personal es una inversión para la vida eterna. No salgas sin la certidumbre de que el Señor Jesús va contigo. Y no te olvides: “Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana.”
Extiende la mano
“El que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado” declara el texto de hoy. Bienaventurado significa feliz. No existe felicidad más grande que extender la mano al que necesita. Una vida centralizada en las propias necesidades es como el pozo de agua sin salida. En poco tiempo acaba malográndose.
Peca el que menosprecia a su prójimo; Mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado. Proverbios 14:20
El hombre de barba blanca y ropas viejas espera en silencio. La espera se hace larga y ya está anocheciendo. Hace meses que se junta a los otros mendigos de la ciudad para recibir un plato de sopa que una señora caritativa sirve a los indigentes. Aquella esquina de Humboldt y La ensenada, se ha convertido en la esquina salvadora de personas como él, que si no fuese por el amor de aquella señora, dormirían con hambre.
El desconocido se pasa la mano por la barba y parece inquieto. Nunca antes había tenido que esperar tanto. No es impaciencia, ni enfado, sino más bien la extraña sensación de que la mujer no vendrá, de que no volverá, de que se ha ido para siempre y que los pobres de la plaza volverán a tener hambre en las noches frías de aquella ciudad sin alma.
Tres días después, cuando las sombras de la noche aprisionan de nuevo a la metrópoli, aparecen dos jóvenes trayendo el perol de sopa. Los mendigos gritan de alegría, y aplauden. El hombre de barba blanca y ropas viejas no. Se queda parado, observando, casi confirmando su presentimiento. Algo terrible ha pasado. Puede intuirlo.
Los jóvenes confirman la mala noticia. Doña Ana, la buena señora ha muerto. Los jóvenes son sus hijos y aseveran que descansó con una sonrisa en los labios, pero que antes de morir, les suplicó que no se olvidasen de llevarle la sopa a los pobres.
“El que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado” declara el texto de hoy. Bienaventurado significa feliz. No existe felicidad más grande que extender la mano al que necesita. Una vida centralizada en las propias necesidades es como el pozo de agua sin salida. En poco tiempo acaba malográndose.
Haz de este día un día de amor y generosidad. Sé un manantial. Brota y corre para regar los corazones tristes. Sé como el trigo. Aunque tengas que desaparecer en la tierra, que tus obras renazcan en una espiga llena para continuar siendo una bendición, porque: “Peca el que menosprecia a su prójimo; Mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado.”
Fe, amor y esperanza
Por eso, no salgas hoy para los embates del día sin la seguridad de que pasaste tiempo para conocer a Jesús. Sé como los tesalonicenses a quienes Pablo les dijo: “Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.”
Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo. 1 de Tesalonicenses 1:3
Una vez más Bernardo dejó que se marchara. En realidad siempre la había dejado ir, desde que la conociera. Siempre había estado tan ocupado como para intentar conocerla. No es que no lo hubiera querido hacer, no, no era eso. Era la vida, la agitación propia de un mundo donde el que no camina ligero, come el polvo de los que van adelante.
Lo que le dolía es que Estela no era la primera esposa que perdía. Ya era la tercera vez que fracasaba. Lo que él llamaba amor era apenas el sentimiento romántico que desaparece con el tiempo.
El versículo de hoy, habla de la constancia como característica de la vida madura de un cristiano. Pablo, escribiendo a los tesalonicenses destaca tres frutos que aparecen en la vida de un cristiano que pasan tiempo conociendo al Señor Jesús: fe, amor y esperanza.
La fe que el Apóstol menciona no es apenas el asentimiento intelectual de una doctrina sino la experiencia que obra, que produce y que se exterioriza en acciones. Asentimiento intelectual sin acciones no es fe. Por lo menos no, desde el punto de vista bíblico.
La segunda característica es el amor, no simplemente como una declaración romántica floreada de palabras bonitas, sino como un principio que se manifiesta en dedicación, renuncia y entrega a Dios y a los semejantes.
Y finalmente la esperanza. No solo como el deseo de que suceda algo de bueno en el futuro sino como la actitud constante de creer en Dios aunque las circunstancias lo empujen a uno a dudar del amor de Dios y del cumplimiento de sus promesas.
Estas características solo aparecen en la vida de la persona que separa todos los días tiempo para pasar con Jesús. Los matrimonios de Bernardo fracasaron porque aunque casado, no se daba tiempo para conocer a la persona amada. Sin conocimiento, no existe confianza y sin confianza, no puede haber ni fe, ni amor, ni esperanza.
Por eso, no salgas hoy para los embates del día sin la seguridad de que pasaste tiempo para conocer a Jesús. Sé como los tesalonicenses a quienes Pablo les dijo: “Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.”
Prosperidad y mandamientos
Hoy comenzaste tu día haciendo una buena decisión: cultivar la comunión con Dios, seguirlo, no apartarte de Él. El resultado la obediencia natural a los mandamientos. Será una experiencia tan placentera como beber una limonada fría en una tarda caliente de verano. Ese es el secreto de la prosperidad y de la victoria.
Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés. 2 Reyes 18:6
¿Algún día lo lograré? –se pregunta. El éxito de sus padres la asusta. Thais es una chica llena de sueños, planes y proyectos. Acaba de graduarse en medicina. Los padres, ambos médicos, son famosos, con carreras sólidas y excelente reputación en el ámbito profesional. Personas importantes acuden a la clínica de sus padres y todo ese éxito la cohíbe y la asusta. ¿Cuál es el secreto de la prosperidad? ¿Cuál era el secreto de sus padres?
El versículo de hoy menciona el secreto de la prosperidad y el éxito en la vida del rey Ezequías, y enseña una lección que debe ser llevada en cuenta por todo aquel que desea ser un vencedor. Todo lo que fue escrito en la Biblia fue escrito para nuestra edificación. El plan de Dios es mostrarte el camino y enseñarte a andar.
El problema de mucha gente es que quiere tener éxito pero usa los tres puntos del versículo de hoy, en orden inversa. Nota el orden correcto: Seguir Dios, no apartarse de Él y después guardar sus mandamientos. Este último es consecuencia y no causa.
Algunos sinceros hijos de Dios piensan que pueden lograr que Dios los ame más, haciendo algo. ¡Eso es imposible! ¡Nada que yo haga hará que Dios me ame más, así como no hay nada que yo haga, para que Dios me ame menos!
Guardar los mandamientos solo vale si es una consecuencia de seguir a Dios y no apartarse de Él. La obediencia es un fruto del relacionamiento correcto con la fuente de la obediencia que es Jesús.
Hoy comenzaste tu día haciendo una buena decisión: cultivar la comunión con Dios, seguirlo, no apartarte de Él. El resultado la obediencia natural a los mandamientos. Será una experiencia tan placentera como beber una limonada fría en una tarda caliente de verano. Ese es el secreto de la prosperidad y de la victoria.
Thais, João, Marcos, Luisa, no importa tu nombre, ni tus sueños; no importa los gigantes que necesitas vencer. Lo que importa es que has descubierto el secreto de la prosperidad. Haz como Ezequías, “Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés.”
Propósito del dolor
En ese momento, sin saber a dónde ir, se acordaron de Jesús y volvieron los ojos hacia Él en busca de ayuda. A partir de ese momento, la vida cristiana de esas personas se volvió una vida exuberante y llena de frutos para la gloria de Dios.
Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Juan 15:2
El versículo de hoy muestra el lugar de las pruebas en la vida del cristiano. El ser humano no fue creado para sufrir. El dolor es una experiencia intrusa en la vida del hombre y vino después de la entrada del pecado al mundo. El dolor, nace en la mente del enemigo, pero Dios, en su infinito amor, lo toma y lo transforma en un instrumento de crecimiento y purificación para el ser humano. Eso es lo que dice Juan 15: 2 “y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”
El verbo “limpiar”, en griego, es kathairo, e involucra la idea de purificación a través del sufrimiento. El verbo más adecuado sería “purgar”. ¿Ya tomaste purgante alguna vez? Es horrible, pero más horrible son los efectos colaterales, el dolor de estómago, la incomodidad, el malestar, pero a pesar de eso, aceptas el purgante porque sabes que te estás limpiando de las impurezas.
Jesús hace lo mismo con nosotros, al permitir que el dolor llegue a nuestra vida. Él desea que crezcamos, que seamos limpios, ¿Para qué? Para que llevemos más fruto. Es en el dolor que se aprende a depender de Dios, es a través de las lágrimas que muchas veces encontramos lo que habíamos perdido hace mucho tiempo, la maravillosa experiencia de comunión con Cristo.
Conozco más de una persona en cuya vida el dolor fue redentor. Mientras las cosas iban bien, cayeron en la monotonía de la vida y dejaron a Jesús en un segundo plano. Perdieron el primer amor, se volvieron miembros de un club religioso y nada más. Pero de repente el cielo azul de esas personas se cubrió de nubes cargadas de lluvia. De un momento a otro empezó la tormenta y la embarcación parecía zozobrar.
En ese momento, sin saber a dónde ir, se acordaron de Jesús y volvieron los ojos hacia Él en busca de ayuda. A partir de ese momento, la vida cristiana de esas personas se volvió una vida exuberante y llena de frutos para la gloria de Dios.
Por eso, si hoy no hay sol en tu horizonte, recuerda que “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”