DEVOCIONALES
Cada día
Sal con tu confianza depositada en alguien que jamás sufre derrotas. Pero concentra todas tus fuerzas para solucionar los desafíos de hoy. Deja los de mañana, para mañana.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. (Mateo 6:11)
Hay dos expresiones que están colocadas, no sin motivo en la oración maestra de Jesucristo. Las expresiones son “cada día” y “Hoy”. Tienen que ver con el tiempo. Con vivir el tiempo. Saber vivir el tiempo. Jesús sabía que uno de los males del ser humano a través de todos los tiempos, sería el mal de la ansiedad. La ansiedad es la extraña y obsesiva preocupación por problemas que, en la mayoría de los casos, todavía no existen. Los inventamos, los imaginamos y morimos a los pocos porque no podemos solucionarlos.
En la famosa oración del Padre Nuestro, Jesús nos enseñó a pedir para hoy, el pan de cada día. Deja para mañana el problema de mañana. Basta a cada día su afán. ¿Por qué deberíamos confiar en el pan de hoy? Porque ya es nuestro. “Danos nuestro pan,” dice la oración.
A lo largo de los tiempos esta fue una dura lección de ser aprendida por los hijos de Dios. En el desierto, mientras el pueblo de Dios peregrinaba, tuvo lugar un incidente que muestra la exagerada preocupación del pueblo por los problemas de mañana. Sucedió cuando Dios les envió maná del cielo para alimentarlos. El Señor les había dado la orden de recoger solo para el día. Pero los israelitas quisieron cuidar también del pan del día siguiente y recogieron el doble.
La historia dice que a la mañana siguiente, el maná del día anterior se había malogrado y solo encontraron gusanos. Lección fuerte la de Dios, en aquella ocasión. Pero también lección mal entendida. Porque mucha gente cree que el pueblo simplemente estaba siendo previsor y no desobediente.
¿Cuál es la diferencia entre previsión y ansiedad? Previsión es guardar algo que vas a necesitar mañana. Ansiedad es preocupación por lo que no necesitas todavía. Deja que llegue el momento. Confía en Dios y en sus promesas.
Un nuevo día nace para ti. Como todos los días está lleno de desafíos. No los subestimes, no te escondas de ellos, no huyas de tu responsabilidad. Enfréntalos en el nombre de Jesús, sal con tu confianza depositada en alguien que jamás sufre derrotas. Pero concentra todas tus fuerzas para solucionar los desafíos de hoy. Deja los de mañana, para mañana.
Ah, y ora, diciendo: “El pan de cada día, dánoslo hoy.”
¿Para qué vives?
¿Cuál es el propósito de tu vida? Jamás lo sabrás si no vas a la Palabra de Dios. Ella es la fuente de sabiduría. La Biblia te muestra de dónde viniste, por qué existes y para dónde vas.
Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. (Mateo 5:15)
Hay dos pensamientos en el versículo de hoy. El primero es que todos venimos a este mundo con un propósito. No “se enciende una luz y se pone debajo de un almud.” La luz existe para alumbrar, no puede permanecer oculta; si por algún motivo pierde su propósito, de manera natural pierde también su razón de existencia.
Si esto es verdad con relación a la luz, mucho más con relación a ti. Tú eres la luz del mundo. Lo dijo el propio Señor Jesús. Por tanto, para que puedas ser feliz y realizado en la vida, necesitas descubrir para qué viniste al mundo. Nadie nace por coincidencia. Si estás vivo, tienes una misión a cumplir.
El segundo pensamiento es que el cumplimiento de tu misión requiere dedicación. No es simplemente porque tu vida tiene un propósito que ese propósito será alcanzado. Hay que colocar la luz “sobre el candelero.”
Un día le preguntaron a Tomás Edison, dónde estaba el secreto de tanta productividad. “Diez por ciento de inspiración y noventa por ciento de transpiración.” Fue la respuesta. Edison, no se conformó con ser luz sino que puso la luz sobre el candelero. El cumplimiento de cualquier propósito requiere esfuerzo. Nada que valga la pena, sucede por acaso. Detrás de cada victoria existen horas de preparación y ejecución.
¿Cuál es el propósito de tu vida? Jamás lo sabrás si no vas a la Palabra de Dios. Ella es la fuente de sabiduría. La Biblia te muestra de dónde viniste, por qué existes y para dónde vas. Ve a ella en busca de inspiración. Dios te infundirá fuerza y valor a través de su lectura. Pero después atrévete a pagar el precio de tus sueños. Coloca el candelero.
¿Y si no hay candelero? Búscalo, invéntalo, fabrícalo. No sé. Lo único que no puedes hacer es quedarte de brazos cruzados esperando que las cosas caigan del cielo.
Con estos pensamientos en el corazón, sal esta mañana a buscar el candelero, seguro de que Jesús está a tu lado, pero recordando el consejo del Maestro: “Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.”
Escrito está
La Palabra de Dios es vida. Te lleva a la vida eterna, te muestra el camino, te alumbra, te enseña. Es el mapa para que no te extravíes en este mundo de dificultades y tristezas.
Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. (Mateo 4:10)
El enemigo de Dios es también tu enemigo. En realidad, tú nada le hiciste. Su odio es gratuito. No puede con Dios y se las agarra contigo porque sabe que tú eres precioso a los ojos divinos y la mejor manera de tocar el corazón de Dios es hacerte sufrir.
Pero en fin, ese no es el problema. El pensamiento del versículo de hoy es que la mejor manera de derrotar al enemigo es la Palabra de Dios. Lo interesante de la historia es que a veces, la mejor arma que el enemigo usa para derrotarte, también es la Palabra de Dios. A Jesucristo, el enemigo se le presentó citando los escritos de los profetas; pero fuera del contexto, arreglados a su manera, haciéndoles decir lo que él deseaba y no lo que el texto decía. Pero Jesús conocía bien el texto y lo confrontó con la verdad.
El tema central de hoy es la adoración. Desde el cielo Lucifer quiso la adoración para sí. Cuando no logra que los seres creados caigan en sus trampas, intenta llevar la adoración humana hacia cualquier cosa, menos a Dios. Adorar cualquier idea, filosofía de vida, u objeto ya es adorarlo a él.
Pero, ¿Por qué esto es tan importante para el diablo? Por la sencilla razón de que si retiras tus ojos, tu atención y tu adoración de Dios, ya perteneces al reino de las tinieblas y consecuentemente al reino de la derrota, de la mentira, de la mediocridad y de la muerte.
Tú única seguridad en esta vida es saber lo que la Escritura dice. No se trata solo de memorizar versículos y repetirlos como si fuesen un amuleto contra el mal. Se trata de encarnar la palabra de Dios en tu experiencia. Hacerla realidad, vivirla en las varias circunstancias del día. La Palabra de Dios es vida. Te lleva a la vida eterna, te muestra el camino, te alumbra, te enseña. Es el mapa para que no te extravíes en este mundo de dificultades y tristezas.
Haz de este día un día de comunión con Jesús. Abre la palabra de Dios, graba sus consejos en tu corazón y cuando tengas que enfrentar al enemigo, que puede presentarse disfrazado de adversidad, o enfermedad, o pruebas, haz como Jesús y dile: “Escrito está.”
¡Arrepentíos!
¡Para de correr! ¡No te escondas en tu moralismo, ni en tus promesas, ni en tu dominio propio! Solo déjate encontrar, porque desde la eternidad Jesús salió a buscarte.
Y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. (Mateo 3:2)
La voz que clamaba en el desierto era la voz de Juan. Su mensaje era directo, claro, sin medias palabras. Él no estaba preocupado en ser políticamente correcto. Tampoco era grosero, al punto de no importarse con el sentimiento de las personas. Era un hombre de Dios y sabía que su misión era preparar el terreno para la llegada de Jesús. Su mensaje era el arrepentimiento. Arrepentirse, en griego metanoeo, significa cambiar de manera de pensar, dar media vuelta, reconocer que la senda que estás siguiendo está equivocada y regresar.
Para los judíos significaba devolverse a Dios. ¿Por qué devolverse? Porque te hiciste tuyo, cuando le perteneces a Dios; te apoderaste de la vida que el Señor sólo te prestó. Dijiste como el hijo pródigo. “Dame la parte de la hacienda que me pertenece,” cuando nada es tuyo.
Pero el pensamiento del texto de hoy, no es apenas un llamado al arrepentimiento, sino que muestra el secreto para el arrepentimiento. Porque el arrepentimiento genuino no es fruto del esfuerzo humano; ningún ser humano es capaz de reconocer que está errado y mucho menos de dar la media vuelta. El ser humano es terco por naturaleza. Y torpe. Porque, aunque sus intenciones sean las mejores, solo corre atrás de lo que le causa dolor.
Juan dice que el arrepentimiento es el resultado del acercamiento del reino de los cielos. Los otros evangelistas, llaman al reino de los cielos, “reino de Dios”. El Bautista se refiere a Jesús. Jesús se acerca y el resultado es el arrepentimiento. La iniciativa es divina. El señor no me deja abandonado a mi triste decisión. Es verdad que yo había escogido el camino del mal, pero Jesús se acerca, el reino de los cielos viene a mí para mostrarme cuán insensato soy y para mostrarme un camino mejor.
No intentes cambiar de vida solo. No lo lograrás. Morirás sangrando en el desierto de tus buenas intenciones. Simplemente deja que el Señor te alcance. ¡Para de correr! ¡No te escondas en tu moralismo, ni en tus promesas, ni en tu dominio propio! Solo déjate encontrar, porque desde la eternidad Jesús salió a buscarte.
Enfrenta este nuevo día confiando en Jesús y no en ti. Deja que el Señor trabaje en ti y por ti. Recuerda el mensaje de Juan: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”
Vino
Levanta los ojos y mira en el cielo un Dios capaz de mostrarte la solución cuando piensas que todo está perdido.
Y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno. (Mateo 2:23)
¿Quién vino y de dónde? En el contexto del versículo de hoy, Jesús venía de Egipto. Antes de Egipto, venía de Belén. ¿Y antes de Belén? El problema con los seres humanos es que solo vemos las cosas de la carne. Somos incapaces de entender las cosas del Espíritu, a no ser que Dios opere en nosotros, el milagro del nuevo nacimiento.
En cierta ocasión Felipe le habló a un amigo, acerca de Jesús y la pregunta del prejuicioso Natanael fue: ¿Puede venir algo bueno de Nazaret? Todos estaban equivocados. Jesús no venía ni de Egipto, ni de Belén, ni siquiera de Nazaret. Él venía del cielo. Desde la eternidad y por la eternidad había sido uno con su Padre y lo había dejado todo, por amor al ser humano.
Nadie tiene el derecho de verlo como un simple ser humano. Fue el más extraordinario de los hombres, sí. No hubo, ni habrá jamás, maestro como Él. En Él, la historia converge, pero a pesar de todo eso, Jesús no era un simple ser humano. Era Dios hecho hombre.
Jamás podré entender la maravilla de su amor. ¿Cuánto valgo yo, para que Él lo haya dejado todo y haya venido a buscarme? No lo sabré. Ni necesito. Porque lo único que Jesús desea es que yo crea y lo acepte, a pesar de no entenderlo.
El texto de hoy afirma que los profetas habían dicho que Jesús sería llamado Nazareno, por vivir en Nazaret. Es verdad. Pero esto no era un simple asunto de gentilicio. En el fondo era también un asunto de incomprensión. Natanael representaba a la humanidad al preguntar si de Nazaret podía salir algo bueno. ¡Pobre ser humano que solo puede ver las cosas de la tierra! Mientras tus ojos vean apenas el plano horizontal de la vida estarás limitado a la confusión y a la desesperación de este mundo.
El mensaje de hoy es un desafío a ver la vida desde la perspectiva vertical. Levanta los ojos y mira en el cielo un Dios capaz de mostrarte la solución cuando piensas que todo está perdido.
Sal hoy a enfrentar los desafíos, pensando en el sentido espiritual de lo que dice Mateo: “Y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.”
¿No te comprenden?
¡Sigue adelante! No permitas que la incomprensión ajena interrumpa tu comunión con Jesús. Él te oye. Sabe lo que necesitas. Conoce tu dolor. Eso es lo único que importa.
Y Ana le respondió diciendo: no Señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. (1 Samuel 1:15)
El diálogo con su madre la había dejado en pedazos. Ingrid se preguntaba cómo, una mujer tan inteligente y a la que había admirado siempre, se mostraba incapaz de aceptar la decisión de la hija.
-¡Te estás volviendo loca! ¡Te han hecho un lavaje cerebral! –le gritó.
Los ojos de aquella mujer dulce y amorosa destellaban fuego.
El único delito de Ingrid era haber descubierto verdades bíblicas y querer respetarlas. Si al menos, la madre aceptase estudiar la Biblia con ella para ver lo que la Palabra de Dios decía, pero la señora se negaba y simplemente respondía:
-¡Necesitas respetar la tradición de la familia!
¿Hasta qué punto la tradición está correcta? Ingrid se sentía incomprendida. Quería ser una persona mejor y la madre insistía en hacerla sentir peor.
La joven se encontraba sola. Como una flor del desierto tratando de resistir el vendaval. ¿Alguna vez te sentiste así? Las personas te juzgan sin entender las razones de tu corazón. Te condenan injustamente. Te niegan el derecho de explicar.
El texto de hoy trae la historia de una mujer incomprendida, como Ingrid. Ana había ido al templo a orar, suplicar y clamar. Lo está haciendo en silencio aunque sus labios se movían. El silencio es el templo sagrado del alma, que mucha gente trata de profanar. En el silencio de su corazón, Ana conversaba con Dios.
El sacerdote la vio de lejos y pensó que estaba ebria. La juzgó y la condenó. A pesar de ser un líder religioso, fue incapaz de comprenderla.
Si hasta un ministro de Dios no logró entender el dolor de un corazón angustiado, ¿Qué podrías esperar de otras personas? ¡Sigue adelante! No permitas que la incomprensión ajena interrumpa tu comunión con Jesús. Él te oye. Sabe lo que necesitas. Conoce tu dolor. Eso es lo único que importa. Olvídate de lo que los otros piensan.
En tus horas de tristeza. Cuando sientas el corazón a punto de explotar dentro de ti. Cuando te veas inclinado a retrucar la agresión humana, piensa en la respuesta de Ana: “No señor, yo no he bebido vino ni sidra, sino que soy una mujer atribulada y estoy derramando mi alma delante de Jehová.”
Contigo
Ten la seguridad de que tus decisiones no son solamente tuyas. Pide la aprobación divina y después, parte para las grandes victorias que el Señor tiene preparadas para ti. Porque “Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra.”
Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra. (Josué 6:27)
¿Cómo definir con palabras el dolor de Jaime? ¿Cómo explicar la causa de sus lágrimas? No es fácil. Los sueños son sagrados. Nacen en el alma, se van formando como un niño en el vientre materno. Esperas ansioso el día de verle el rostro, pero ¿Qué sucede si pasa el tiempo y la realidad no aparece? Miras hacia dentro y allí, en lo recóndito de tu ser, solo encuentras restos de algo que se negó a ver la luz. Y te asustas y sientes que tu sueño se transformó en una horrible pesadilla.
Jaime soñaba ser rico y famoso. Pensaba que para eso, el primer paso sería liberarse de los “tabús que el cristianismo le imponía.”
“A final de cuentas –pensaba- vivimos en un mundo donde no hay lugar para los melindres de la consciencia.” Y partió como el águila, rumbo al infinito de sus aspiraciones. Voló, voló y voló en busca del sol. Y de repente sintió las alas chamuscadas en el fuego de la fama, y volvió solo y triste para su realidad de dolor y lágrimas.
Realidad diferente la de Josué. “Su nombre se divulgó por toda la tierra,” afirma el texto. El joven líder de Israel no buscó fama, busco servir y el resultado fue la fama. Diferente de Jaime que buscó la fama y encontró el dolor.
“Estaba pues Jehová con Josué.” Esta frase expresa el secreto de Josué. Dios controlaba su vida y sus decisiones. Él era el principio, el medio y el fin de su experiencia. En el poder de Dios, enfrentó a los ejércitos enemigos de Canaán y los derrotó. Cada victoria alcanzada lo preparaba para la siguiente victoria. Su confianza en Dios aumentaba. Aumentaban también su dependencia e sumisión.
Pero esta sumisión, lejos de convertirlo en un debilucho lleno de “tabús”, lo volvía un guerrero intrépido, capaz de ver la victoria, antes que los enemigos surgiesen. La preocupación que dominaba sus actos no era alcanzar la fama sino servir a Dios y a su pueblo. La fama fue la consecuencia natural de ser guiado por el Señor.
Haz de este día un día de confianza y entrega a Dios. Ten la seguridad de que tus decisiones no son solamente tuyas. Pide la aprobación divina y después, parte para las grandes victorias que el Señor tiene preparadas para ti. Porque “Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra.”
En todo
Verás que vale la pena vivir, aunque el dolor toque la puerta de tu corazón, aunque las dificultades aparezcan como nubes cargadas de lluvia. Aprenderás a sonreír, mientras los otros lloran y a tener esperanza cuando los demás se desesperan.
Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro. (Deuteronomio 4:39)
En las instalaciones internas del ala nacional del Aeropuerto Benito Juárez de México, se encuentra el “Taba bar,” un restaurante, donde las personas comen algo mientras esperan su vuelo.
Faltan dos horas para el mío. Voy a Minatitlán, en el estado de Veracruz. Mientras no llega la hora, abro el computador y escribo este devocional. “Aprende y reflexiona” dice el versículo. El aprendizaje es resultado de la reflexión. No existe aprendizaje sin reflexión, pero vivimos en un mundo apresurado y no hay tiempo para detenerse y pensar por qué las cosas son, como son o, qué lecciones podemos aprender de lo ocurrido.
El consejo de hoy es que debemos reflexionar y aprender que el fundamento de una vida realizada y feliz, es saber “Que Jehová es Dios, arriba en el cielo y abajo en la tierra y no hay otro.” Simple. Y al mismo tiempo complicado. Simple para el alma simple que abre el corazón a Dios. Complicado para la mente extraviada en los recovecos del racionalismo.
Con frecuencia Dios permite que el ser humano siga su propio camino. No discute con él. Lo deja avanzar por los caminos arriesgados que su naturaleza escoge. Quisiera intervenir, detenerlo, decirle: “Hijo, esa trilla te va a llevar a la destrucción.” Pero no puede. Te dio libertad, inclusive para abandonarlo, consciente de la temeraria actitud que escogiste.
Sería tan fácil buscar a Dios y llevar a serio sus enseñanzas, pero el hombre moderno prefiere escoger sus propios dioses. Pequeños, manipulables, dioses de plástico, incapaces de determinar lo que es bueno o malo. Que se limiten a dar el visto bueno al extravío humano.
Reflexiona y aprende, es el consejo de hoy. Para. Deja de correr como si tuvieses miedo de tu propia sombra. Piensa en la manera cómo estás viviendo. Reflexiona. Vuelve a pensar una y otra vez.
Si lo haces, tus noches tendrán el brillo de las estrellas y tus días, el resplandor del sol. Verás que vale la pena vivir, aunque el dolor toque la puerta de tu corazón, aunque las dificultades aparezcan como nubes cargadas de lluvia. Aprenderás a sonreír, mientras los otros lloran y a tener esperanza cuando los demás se desesperan.
Por eso hoy, no empieces el día sin recordar la amonestación divina: “Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro.”
¡Aprende a pedir!
No te atrevas a enfrentar los peligros de la vida sin pedir, buscar y llamar. Jesús está allí, a tu lado, dispuesto a oír tu voz. Quiere hacerte grande, pero necesitas sentirte pequeño. Si te consideras grande, ¿Qué puede Él hacer por ti?
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Mateo 7:7-8)
“No necesito de Dios”, decía Augusto, lleno de orgullo. “Dios es una muleta que los débiles usan para esconder su fragilidad y falta de valor para enfrentar los problemas de la vida”.
Brillante, como pocos. Inteligente, al punto de discutir con los profesores y dejarlos en malos lienzos. Respiraba soberbia. Miraba a los otros como si él estuviese en un pedestal, por encima de los pobres mortales. La vida, sin embargo fue cruel con él. Una noche mientras regresaba de una fiesta, su automóvil salió de la carretera y tuvo un accidente casi fatal. Llevó meses para recuperarse pero jamás volvió a ser lo que era. Quedó condenado a una silla de ruedas para el resto de su vida.
Tres meses después regresó al hospital por causa de otro accidente. La silla de ruedas resbaló por una rampa y cayó de una altura de 3 metros. Los testigos dicen que no aceptó ayuda, no pidió, no buscó, no llamó.
Pedir, buscar y llamar, son tres verbos que expresan dependencia. Tú solo pides cuando necesitas, buscas cuando no tienes y llamas cuando deseas entrar. ¿Sabes lo que Jesús quiere decirte? Qué el primer paso del vencedor es reconocer sus limitaciones. Tú eres dependiente. No solo de Dios sino también de las otras personas.
No eres una isla en este mundo. Nadie lo es. Todos dependemos de todos. Puedes ser bello como un par de ojos azules, pero necesitas de los pies por inferiores o detestables que te parezcan. Jamás subestimes a los otros. No los consideres desnecesarios. Por abundantes que sean tus talentos, por brillante que seas. Eres mucho más productivo, más noble y más grande, cuando aprendes a pedir, a buscar y a llamar.
Pero evidentemente, cuando Jesús pronunció estas palabras estaba hablando de su infinito amor, listo a ser derramado en la vida de los que lo reconocen como Dios.
Por eso hoy, no te atrevas a enfrentar los peligros de la vida sin pedir, buscar y llamar. Jesús está allí, a tu lado, dispuesto a oír tu voz. Quiere hacerte grande, pero necesitas sentirte pequeño. Si te consideras grande, ¿Qué puede Él hacer por ti?
Haya luz
Hoy puede también ser un nuevo día para ti. Hecha las tinieblas de lado. Sacude el polvo de tus pies. Naciste para brillar.
Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. (Génesis 1:3)
Antonia salió de la casa, respiró hondo y miró al cielo. Le hubiera gustado que fuese una noche limpia como tantas otras a la orilla del mar, pero notó que no había luna, ni estrellas. Tal vez los astros estuviesen allí como siempre, pero ella no los veía. Estaba oscuro. Más oscuro que las oscuras páginas de su historia. Entonces tuvo miedo y entendió que para ver no basta tener ojos; es necesario que haya luz. Poco valen los ojos en la oscuridad.
Su vida, cubierta de sombras desde la adolescencia, carecía de alegría. Si pudiese definir el día en que empezaron sus agruras se remontaría al momento triste en que sus padres le dijeron: “Hijita, el amor entre nosotros acabó pero tú sigues siendo nuestra hija y te vamos a amar siempre.”
Ella sabía que a partir de aquel instante nada sería igual. Y no lo fue. Su vida, que hasta entonces había sido un día de sol esplendoroso, empezó a nublarse. Conoció las sombras, la tristeza, el dolor extraño de sentirse sola y jamás supo decir cómo, sin percibir, se descubrió hundida en la arena movediza de las drogas.
Los errores desfilaron, uno tras otro. Cada vez más trágicos y grotescos. Quedó embarazada, provocó un aborto, vendió su cuerpo para sustentar el vicio. Fue descendiendo como una piedra arrancada de la montaña. Bajando a las profundidades de su autodestrucción. Hasta el día en que sus padres, sin saber más que hacer para ayudarla, se volvieron a Dios, restauraron su matrimonio y decidieron hacer de la recuperación de la hija amada, el objetivo de su vida.
Antonia contemplaba la oscuridad aquella noche, sin ver nada. De repente, el cielo se iluminó con la fugaz luz de un relámpago. Dos segundos, suficientes para observar la belleza de las olas en el mar agitado.
En ese momento el Espíritu iluminó sus pensamientos y clamó a Dios buscando luz. “Señor, dijo en su corazón, mi vida está llena de tinieblas, necesito de tu luz. No quiero seguir viviendo asustada, por favor ilumina mi vida.”
Conocí a Antonia en una reunión donde personas que un día habían sido destruidas por las adversidades de la vida, relataban la manera maravillosa cómo Dios, las rescatara.
Hoy puede también ser un nuevo día para ti. Hecha las tinieblas de lado. Sacude el polvo de tus pies. Naciste para brillar. Tu Dios es el Dios que un día dijo: sea la luz. Y fue la luz.
Permanencia
Al reconocer y agradecer a Dios por su eternidad, la temporalidad, la fugacidad, la fragilidad del siervo de Dios se transforma en esperanza. Y su necesidad de permanencia es satisfecha. Esa experiencia puede ser tuya en el año que va a comenzar. “Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.”
Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios. Salmos 90:2
¡La vida es pasajera! Desde la entrada del pecado a este mundo todo lo que empieza termina, todo llega al fin. Nada dura. Asimismo, existen cosas como la montaña, símbolo de permanencia.
Si tú ves una nube en el cielo azul, es posible que una hora después ya no la encuentres más allí. Si tú dejas un árbol en algún lugar, es probable que cien años después el tiempo lo haya deteriorado. Pero si tú observas un monte y vuelves dentro de 50 mil años, el macizo bloque de piedra estará en el mismo lugar. Porque aunque en esta vida todo es pasajero, todavía hay algunos objetos durables. La montana es uno de ellos.
Pero en el salmo 90 Moisés mira a los montes y raciocina: “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, eres tú.” Date cuenta que Moisés toma a la montaña, símbolo de algo duradero, y lo describe como algo que tiene comienzo. “Antes que naciesen los montes.” -dice. Los montes, por más que delante de la temporalidad del ser humano, parezcan duraderos, tienen principio. Alguien los creo. Si no, no estarían allí, no existirían. ¿Quién está detrás de ellos? ¿Quién los creó? ¿Quién los hizo nacer? La respuesta es “Tú”’. Ese tú es un pronombre personal. En el salmo 90 se refiere a una persona eterna. Es el propio Dios. El Dios eterno creador del cielo y de la tierra.
Mira cómo Moisés lo describe: “Desde el siglo y hasta el siglo, eres tú.” La declaración del profeta está equivocada desde el punto de vista gramatical. La redacción correcta debería ser: “Desde el siglo y hasta el siglo, eras y no eres, tú.” Pero es que la eternidad divina rompe cualquier regla gramatical. Su existencia soberana quiebra todos los tiempos verbales. El no se encaja en ninguno de ellos. En Él se conjugan todos los tiempos. Él es Dios.
Al reconocer y agradecer a Dios por su eternidad, la temporalidad, la fugacidad, la fragilidad del siervo de Dios se transforma en esperanza. Y su necesidad de permanencia es satisfecha. Esa experiencia puede ser tuya en el año que va a comenzar. “Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.”
Vidas que inspiran
El consejo del salmista es que si vas a esconderte debajo de las alas de tu Protector, no tienes razón para vivir angustiado. Nada de lo que te hagan tocará tu vida, ni siquiera las fuerzas de las tinieblas.
No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. (Salmos 91:5 y 6)
Por los pasadizos secretos del alma o por los pantanos traicioneros del espíritu, a través de generaciones, transitan en tropel los temores. Vienen atraídos por las historias que la mente arranca de lugares lejanos e ignotos.
Comienzan a arribar cuando cae el sol, silenciosamente. Se sientan formando círculos y perturbando la paz.
Existe gente que no logra dormir. Los somníferos son insuficientes para ahuyentar los temores que tomaron de asalto la ciudadela del corazón.
El salmista David sabía bien lo que era eso. Huía de un enemigo real. El rey Saúl deseaba destruir al joven que Dios había escogido para ser su sucesor. El monarca no aceptaba que había pasado su oportunidad. El poder tiene la capacidad de enviciar a la persona. Quien lo tiene no quiere perderlo y hace cualquier cosa a fin de conservarlo.
David huía, andando por el desierto y durmiendo en cuevas. En aquellas noches, solitario y perseguido supo lo quera miedo, pero descubrió también lo que significa tener un protector como el Dios Todopoderoso a quien había decidido servir.
El salmo 91 de donde saqué el texto para el devocional de hoy, es un salmo de confianza y sirve de inspiración para todos los que de alguna forma o de otra enfrentan enemigos reales o imaginarios. El miedo paraliza, te incapacita de avanzar, te hace retroceder, te quita poco a poco hasta las ganas de soñar y de vivir.
Le llaman depresión. Son miedos que en la mayoría de las veces no tienen razón de ser, pero el espíritu tiene sus pantanos oscuros e incomprensibles. Si es de día, sufres porque es de día y cuando la noche llega, los temores continúan.
El consejo del salmista es que si vas a esconderte debajo de las alas de tu Protector, no tienes razón para vivir angustiado. Nada de lo que te hagan tocará tu vida, ni siquiera las fuerzas de las tinieblas.
Por eso hoy, sal a correr atrás de tus deberes diarios seguro de que tu vida está escondida en Jesús. Si es así: “No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya.”
¿Para qué más?
Esta no es una invitación al conformismo ni a la mediocridad sino a la evaluación de ritmo de vida. ¿Trabajas por necesidad o por obsesión? ¿Tienes tiempo para Dios y para tu familia o vives solo en función de hacer una fortuna?
Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. (I Timoteo 6:8)
El sol tropical se oculta en la playa. Un banquero contempla el muelle de un pueblito costero y ve llegar a un pecador que trae en su pequeño bote varios peces de buen tamaño. El banquero pregunta:
¿Cuánto tiempo te llevó pescar esos peces?
-Un par de horas señor –responde el hombre.
-¿Por qué no permaneciste más tiempo en el mar? Hubieras pescado más.
El pescador dice que tiene lo suficiente para satisfacer las necesidades de su familia.
-¿Y qué haces con el resto del tiempo? –pregunta el banquero.
-Bueno, duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago la siesta, y voy todas las noches al pueblo a tocar guitarra con mis amigos. Tengo una vida ocupada y amena.
El banquero le aconseja:
-Soy un consultor financiero y creo que deberías invertir más tiempo en la pesca; con los ingresos comprarías un bote más grande; con los ingresos de ese bote podrías comprar varios botes; entonces tendrías una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a un procesador; después podrías abrir tu propia procesadora, controlar la producción, el procesamiento y la distribución, salir de este pueblecito e irte a una ciudad grande, en fin.
El pescador pregunta:
-¿Y cuánto tiempo tardaría eso?
-Entre 15 y 20 años.
-¿Y luego qué?
El banquero sonríe.
-Podrías vender las acciones de tu empresa. Te volverías Rico, tendrías millones.
-Millones… ¿y luego qué?
El banquero responde:
-Luego te podrías retirar, irte a un pueblito en la costa donde podrías dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer la siesta, ir todas las noches al pueblo donde podrías tocar guitarra con tus amigos, libre de preocupaciones.
El pescador responde:
-¿Acaso no es eso lo que tengo ahora?
Esta no es una invitación al conformismo ni a la mediocridad sino a la evaluación de ritmo de vida. ¿Trabajas por necesidad o por obsesión? ¿Tienes tiempo para Dios y para tu familia o vives solo en función de hacer una fortuna?
No salgas hoy sin recordar: “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto
Burladores
Si hay una verdad meridiana en la biblia es el hecho de que Jesús volverá a esta tierra para ponerle un punto final a la historia del pecado pero también afirma que en los últimos días habrá gente incrédula que se burlará de esta verdad.
Sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias. 2 Pedro 3:3
Moreno, setenta años, cabellos y barba emblanquecidos por el tiempo, rostro apacible y andar pausado. El hombre, parece un abuelo cariñoso llevando un regalo a sus nietos. Es eso lo que cualquiera pensaría al verlo caminar por las calles de una vistiendo traje oscuro, con un maletín de cuero negro en la mano derecha.
La verdad es otra. El anciano no lleva regalo alguno. El maletín esconde una bomba en forma de noticia. La noticia sacudirá a la opinión pública mundial. Provocará las reacciones más controversiales.
Al dar la vuelta al mundo, el hecho lleva a muchas personas a pensar que aquel anciano está loco. Otras, creen que el hombre del maletín negro, solo busca promoverse. Al fin de cuentas, hombres públicos necesitan estar siempre en evidencia. Y Ernie Chamber, Senador independiente por el estado de Nebraska, es un viejo, polémico e irreverente hombre público.
14 de setiembre del 2007. 10:30 de la mañana. El Senador Chamber entra a la corte del condado de Douglas, mira hacia todos los lados, como un niño carente que desea llamar la atención, y hace explotar la noticia. Abre un proceso judicial contra Dios.
En el proceso, el abogado afroamericano, que nunca ha ejercido la carrera, acusa a Dios de ser el causante de todas las “inundaciones devastadoras, terremotos horrendos, terribles huracanes, plagas, pestilencias, acciones terroristas, hambrunas, guerras genocidas” y otras tantas catástrofes mundiales que aterrorizan a la humanidad.
El proceso judicial que Chamber inició contra Dios, inverosímil como pueda ser, muestra la irreverencia del hombre moderno, típicamente incrédulo, contra Dios. En segundo lugar, la preocupación del ser humano, con la realidad asustadora de nuestros días. Algo extraño sucede en este planeta y solo no ve el que no quiere ver.
Si hay una verdad meridiana en la biblia es el hecho de que Jesús volverá a esta tierra para ponerle un punto final a la historia del pecado pero también afirma que en los últimos días habrá gente incrédula que se burlará de esta verdad.
¿Cuál es tu actitud? ¿Te estás preparando para aquel gran encuentro o te dejas contagiar de la cultura de nuestros días? Tu respuesta es clave porque: “en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias.”
Conocer a Jesús
El secreto de la vida es conocer. Por eso Jesús dijo un día: “Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a Jesucristo a quién enviaste.”
La tragedia de Débora fue no conocer a la persona que seguía. Ella no está más viva, para enmendar su decisión. Tú sí. Continúas vivo y puedes evaluar tus decisiones. ¿A quién sigues? ¿En quién confías?
Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia 2 Pedro 1:3
Débora llegó a Río Janeiro, sola, agotada y sin ganas de ver a nadie. Los viajes en avión siempre la dejaban así. Había pasado quince horas entre documentación, maletas y escalas. Lo único que deseaba en ese momento era darse un buen baño y ponerse a dormir. Pero las cosas sucedieron de otro modo.
Al salir de la aduana, se aproximó de ella una persona desconocida. Traía el nombre de la joven ejecutiva, escrito con letras grandes, en un pedazo de cartulina.
-¿Señorita Paredes? –Preguntó, a modo de saludo.
Ella asintió, supuso que aquella era la persona enviada por la empresa, y entró al carro negro que la esperaba fuera del aeropuerto. Ese fue el inicio de una noche de pesadilla, terror y muerte.
Su tragedia fue no conocer. Conocer es indispensable. La ignorancia puede conducirte a la muerte. Débora, no sabía a quién seguía ni en quién confiaba. San Pedro, en el versículo de hoy, afirma que todo lo relacionado con la vida y las cosas buenas que existen en este mundo “nos han sido dadas por su divino poder.”
¿A qué se refiere Pedro? Al poder maravilloso de Jesús. Pero, añade, tú solo lo recibirás si lo conoces. Porque todo eso “nos fue dado mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.”
Hay mucha cosa buena esperando por ti, en esta vida. Todo eso viene de las manos de alguien que te ama y desea conducirte a la vida. Pero también existe mucha cosa engañosa, espejismo barato e ilusión traicionera, ofrecidos por alguien que quiere conducirte a la muerte. No todo lo que brilla, es oro. Hay metal que reluce y en poco tiempo solo es óxido venenoso.
El secreto de la vida es conocer. Por eso Jesús dijo un día: “Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a Jesucristo a quién enviaste.”
La tragedia de Débora fue no conocer a la persona que seguía. Ella no está más viva, para enmendar su decisión. Tú sí. Continúas vivo y puedes evaluar tus decisiones. ¿A quién sigues? ¿En quién confías?
No salgas hoy a enfrentar los trabajos diarios sin responder esta pregunta. Porque “Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.”
Fidelidad
La respuesta es sencilla. Dios es Dios. Es eterno y todo lo suyo es también eterno. Podrán pasar los años y los siglos. Las edades vendrán una atrás de la otra, pero el amor y la fidelidad divinos, durarán para siempre. Si dejase de amar, se negaría a sí mismo, dice el versículo de hoy.
Si fuéremos infieles, él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo. 2 Timoteo 2:13
Giovanni, no entiende la incoherencia de su loco corazón. Ama a la esposa. Ella es lo cotidiano, lo estable, lo seguro. Pero él necesita la aventura, lo desconocido, lo pasajero. Busca una mujer que lo haga sufrir. ¡Triste realidad! Se ha cansado del amor de la esposa y ansía el dolor, la indiferencia y la culpa.
La infidelidad está entretejida en las propias células de Giovanni. Es su naturaleza. “El pecado que habita en mí.”Diría San Pablo.
Lo peor de la infidelidad, no son las terribles consecuencias sociales y personales, sino, la incapacidad que genera, para creer en las promesas divinas. El infiel cree que Dios es también infiel. Cada vez que piensa en el amor divino, lo hace, desde su perspectiva humana de amar.
El amor humano, por más sincero y bonito que parezca, está manchado de egoísmo. Ama cuando le conviene, esperando algún beneficio de vuelta.
Con Dios las cosas son diferentes. El ama por el simple hecho de amar. A pesar de lo que el ser humano haga o deje de hacer. Simplemente ama. Su naturaleza es el amor.
El ser humano necesita sentirse amado por Dios para mirar adelante y vivir la vida victoriosa, pero cada vez que piensa en la fidelidad de Dios, mira a su propia infidelidad y se desespera.
La pregunta que lo desorienta y lo deja confundido es ¿Cómo puede Dios cumplir su promesa, si yo no puedo cumplir la mía?
La respuesta es sencilla. Dios es Dios. Es eterno y todo lo suyo es también eterno. Podrán pasar los años y los siglos. Las edades vendrán una atrás de la otra, pero el amor y la fidelidad divinos, durarán para siempre. Si dejase de amar, se negaría a sí mismo, dice el versículo de hoy.
Por eso hoy, encara los desafíos de la vida sin temor. El amor echa fuera el temor. El amor, limpia el pasado, redime y transforma. El amor nunca acaba, a pesar de las incoherencias del corazón humano. A despecho de las locuras de la juventud o de los desvaríos de la adultez. El amor seguirá siendo amor por los siglos de los siglos. Dios es la esencia del amor.
Empieza este día, recordando que “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo.”
Extraños
El instrumento para hacerlo se llama reconciliación. En la persona de Jesús somos traídos de vuelta a los brazos del Padre. Y ese día la loca carrera del ser humano llega al fin. Ese día, no necesitas probar a nadie que eres lo que eres. Ese día, simplemente te encuentras a ti mismo.
Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado. Colosenses 1:21
En otro tiempo. Allá, en los rincones más apartados de la ignorancia espiritual, en las sombras del alejamiento de Dios, en los páramos de la desesperación. Cuando no conocíamos a Cristo. Cuando intentando ser feliz a nuestro modo peregrinábamos por caminos tormentosos que nos conducían a la muerte.
En otro tiempo. Cuando llegaba la noche y no podíamos dormir porque la culpa generaba un miedo espantoso de la soledad, cuando sentíamos un dolor extraño dentro del pecho y no lo sabíamos definir. A nosotros, que éramos extraños, porque nadie podía entender las incoherencias de nuestras acciones. Sí a nosotros, que éramos controlados por la mente enemiga. A nosotros Dios nos buscó y nos encontró y nos reconcilio por la sangre de su Hijo.
El versículo de hoy nos muestra que la raíz del sufrimiento es la mente enemiga. Solo una mente enemiga puede maltratar a la naturaleza de la forma que lo hace. Solo una mente enemiga puede acabar con la fuente de los recursos naturales, llevado por la voracidad de la ganancia.
¿Cómo explicar, si no existiese la mente enemiga, que un adulto abuse de un niño? ¿Cómo entender la autodestrucción de un joven dominado por las drogas? ¿Cómo justificar la agresión de un hombre a la mujer que prometió amar hasta la muerte?
En vano intenta la sicología humana explicar los meandros intrincados del comportamiento humano. En vano trata la sociedad de reeducar a un delincuente. Solo Dios tiene la solución para el problema del pecado porque solo Él puede transformar la mente enemiga.
El instrumento para hacerlo se llama reconciliación. En la persona de Jesús somos traídos de vuelta a los brazos del Padre. Y ese día la loca carrera del ser humano llega al fin. Ese día, no necesitas probar a nadie que eres lo que eres. Ese día, simplemente te encuentras a ti mismo.
Por eso hoy, sal de tu casa recordando la declaración de Pablo a los colosenses: “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado.”
Fortalecidos
Que este día sea un día de sumisión y entrega al poder divino. Que el compañerismo con Jesús sea la gran preocupación de tus horas y que el carácter de Jesús, reflejado en tu vida, sea una inspiración para los que están a tu lado.
Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad. Colosenses 1:11
El escritor griego Esopo, que vivió allá por los años 600 cuenta la historia de un anciano león que, incapaz ya de obtener alimentos por su propia fuerza, decidió usar la astucia para sobrevivir. Se dirigió entonces a una cueva y se tendió en el suelo, gimiendo y fingiendo que estaba enfermo. Los animales, conmovidos, al ver al rey enfermo, iban a visitarlo pero él los atrapaba y se los comía.
Un día la zorra fue a verlo y sin entrar a la cueva, desde una distancia prudente, le preguntó:
-¿Cómo está su salud, señor león?
El Rey de los animales, jadeante y cansado le dijo:
-¿Por qué no entras a visitarme?
-Claro que entraría -le dijo la zorra- si no viera que todas las huellas entran, pero no hay ninguna que sale.
El enemigo de Dios, actúa como el león. Finge, disfraza, engaña y seduce. Te hace creer que el poder combina con gritos y golpes. Te hace pensar que la fuerza está relacionada con dominio, abuso y maltrato. Pero Pablo, en el texto de hoy afirma que la “Potencia de su gloria” sirve para toda paciencia y longanimidad.
Los caminos de Dios son diferentes de los senderos establecidos por el príncipe de las tinieblas de este mundo. El Señor Jesucristo murió y sin embargo venció. Los hombres pensamos que la muerte es derrota. El Príncipe del universo se humilló y fue exaltado, pero los seres humanos pensamos que exaltación está relacionada con palco, luces y aplausos.
El consejo de hoy es que para ver la vida desde la perspectiva divina es necesario ser fortalecido por Jesús. Eso significa vivir en comunión diaria con Él. Convivir minuto a minuto, día a día, mes tras mes, hasta que el carácter del Maestro sea reproducido en nosotros.
Que este día sea un día de sumisión y entrega al poder divino. Que el compañerismo con Jesús sea la gran preocupación de tus horas y que el carácter de Jesús, reflejado en tu vida, sea una inspiración para los que están a tu lado.
Sal, determinado a enfrentar los embates de la vida, en el nombre de Jesús y sé “Fortalecido con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad.”
Reconciliación
Con su naturaleza divina el Señor Jesús toma la mano del Padre y con su naturaleza humana, extiende su otra mano en dirección al hombre caído a fin de rescatarlo y de esta manera, Reconcilia al hombre con Dios.
Todo lo que necesitas hacer es aceptar que Jesús te tome de la mano. Y hoy, puede ser ese grande momento porque cada mañana es siempre una nueva oportunidad.
Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación. 2 Corintios 5:18
El ascensor era suficientemente amplio y alcanzaba para varias personas. Sin embargo Clayton prefirió tomar las escaleras, a pesar del maletín pesado. Es que Lauro estaba en el elevador y Clayton no deseaba hablar con él. Nadie entendía la situación, porque ambos habían sido amigos de mucho tiempo. Lo peor es que los dos se sentían mal con esa situación. Entonces surgió la presencia de Juana que sirvió de mediadora para reconciliarlos. Los tres se abrazaron. A partir de aquel día, Clayton y Lauro volvieron a sonreír.
No sé si percibiste que cuando estás peleado con alguna persona no tienes paz en el corazón. Esa era la situación del ser humano después de caer en el pecado. Recuerda que lo primero que hicieron Adán y Eva después de la desobediencia, fue huir y esconderse de la presencia de Dios. Esa situación tampoco dejaba feliz a Dios porque amaba al ser humano y sufría al verlo huyendo de su amor. ¿Qué hacer?
El texto de hoy dice que, la iniciativa de la reconciliación fue divina. “Todo esto proviene de Dios” dice Pablo. El ser humano no se salva porque quiere salvarse sino porque Dios quiere salvarlo. Es Dios el que lo busca, incansablemente, hasta encontrarlo
A fin de que su presencia gloriosa de santidad y pureza no destruya al pobre pecador, Dios usa un mediador y ese mediador es Cristo. “Quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo.” Aquí encontramos la idea de que había una distancia enorme entre Dios y el hombre y Cristo fue el puente a través del cual podemos tener otra vez acceso al Padre. Con su naturaleza divina el Señor Jesús toma la mano del Padre y con su naturaleza humana, extiende su otra mano en dirección al hombre caído a fin de rescatarlo y de esta manera, Reconcilia al hombre con Dios.
Todo lo que necesitas hacer es aceptar que Jesús te tome de la mano. Y hoy, puede ser ese grande momento porque cada mañana es siempre una nueva oportunidad.
No salgas, sin saber que “todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación.”
Impiedad
Hoy es el día de buena nueva. Hoy es el día de salvación. Este es el momento de reconocer a Dios y de permitir que Él asuma el control de la vida. “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.”
Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad. Romanos 1:18
Las angostas calles del pueblecito nos llevaron hasta el único hotel. Había comenzado a nevar y el frío atravesaba el abrigo de lana que vestía. Era un pequeño hotel de pocas habitaciones y techo de calamina. Para pasar una noche de emergencia estaba más que bien.
El recepcionista, un hombre gordo, mal encardo, nos recibió de mala gana. Al enterarse que éramos pastores, vociferó y habló pestes de Dios y de los creyentes. No le hicimos caso, pagamos y entramos. “Es un hombre sin cultura.” Me dijo mi compañero, en un intento de amenizar la actitud grosera del hombre gordo. Tal vez sí. Quizá él dijo todo aquello porque no tenía cultura. Pero la impiedad, que significa irreverencia contra Dios, no es patrimonio de gente sin cultura.
La mañana que escribo este devocional los periódicos publican la noticia de que la escritora Ariane Sherine e el biólogo Richard Dawkins iniciaron una campaña publicitaria en los ómnibus de Londres. Enormes pancartas traen la frase: “Probablemente Dios no existe. Para de preocuparte y vive la vida.”
Los autores de la campaña alegan que la suya, es una reacción contra la histeria de los cristianos que delante de la crisis económica que asusta al mundo, dicen que es el juicio divino sobre los hombres impenitentes.
Hay dos problemas por tras de la noticia. El primero es la “impiedad” del hombre moderno. San Pablo ya decía que esta sería una característica de los tiempos previos a la segunda venida de Cristo.
El segundo problema es la idea equivocada de la ira divina. La palabra ira, en hebreo es orge, que a la letra significa, impulso violento, pero que también significa indignación o rechazo. Tú no puedes imaginar a Dios llevado a hacer algo por un impulso violento. Eso es propio de la naturaleza pecaminosa. Dios es santo. En Él no hay lugar para “impulsos violentos.”
Pero por otro lado Dios, tampoco acepta la actitud rebelde e irreverente del ser humano. Lo deja a su propia destrucción. Dios no necesita hacer nada para destruir al impiedoso, es solo dejarlo y él se autodestruirá.
Hoy es el día de buena nueva. Hoy es el día de salvación. Este es el momento de reconocer a Dios y de permitir que Él asuma el control de la vida. “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.”