DEVOCIONALES
Maravilloso Intercesor
La Biblia es una carta de amor escrita con la tinta roja de la sangre de Cristo. El amor de Dios es el tema central. Un amor que sale de la simple letra y entra en el dolor de la acción.
Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito. (Éxodo 32:32).
¡Salvación! Dios trata de explicar al ser humano el precio de la salvación, de muchas maneras y en muchas formas. Cada incidente, cada historia, cada detalle de la Biblia, tiene que ver de una u otra forma con el tema de la salvación.
En el jardín del Edén, es sacrificado un cordero. Su sangre es derramada y con su piel se resuelve el problema de la desnudez humana. Supongo que para Adán y Eva, en aquel momento no había bendición más grande. Para ellos, la bendición fue gratuita, pero no para el cordero. El inocente animal, sin tener culpa de nada tuvo que morir para resolver la tragedia causada por los seres humanos. El cordero era un símbolo de Jesús, que un día derramaría su sangre en la cruz del calvario.
El versículo de hoy presenta a Moisés como otro símbolo de Cristo. El pueblo había pecado y la consecuencia del pecado es la muerte, por lo tanto aquel pueblo debería morir, pero entonces se levanta Moisés, o mejor, se arrodilla y suplica a Dios que perdone a su pueblo, aunque para eso sea necesario que él muera. Moisés no había hecho nada de malo, él no merecía morir. Quien merecía la muerte era el pueblo, pero Moisés se ofrece a morir en su lugar.
¿Coincidencia? ¡No! ¿Nobleza de Moisés? ¡Tampoco! Lo que Dios estaba haciendo era enseñar a su pueblo que la única manera de salvarse del pecado es creer en la muerte de un inocente en su lugar.
La Biblia es una carta de amor escrita con la tinta roja de la sangre de Cristo. El amor de Dios es el tema central. Un amor que sale de la simple letra y entra en el dolor de la acción.
¿Por quién intercedía Moisés? ¡Por un pueblo rebelde! Y ¿Por quién murió Jesús? El profeta Isaías describe a la raza contumaz y egoísta diciendo que todos se descarriaron, cada uno se fue por un camino diferente, pero a pesar de eso Dios hiso caer toda su culpa en una persona inocente que como un cordero, fue llevado al matadero y como una oveja, muda, delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió su boca.
¿Hasta qué punto eso conmueve tu corazón? ¿Hasta qué punto eso te motiva a amarlo y a andar en sus caminos? Deja de lado la inercia espiritual, deja la monotonía y la rutina. Renueva tu entrega al Señor y hoy, antes de salir a la lucha de la vida piensa en las palabras de Moisés: “Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.”
¿Creyeron en Jehová?
Cree en Jesús de todo tu corazón aunque aparentemente no tengas motivos para creer. Cree simplemente. Pero prepárate para ver los grandes hechos prodigiosos que Él es capaz de hacer en tu vida.
Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo. (Éxodo 14: 31).
El día que Jaime se unió al grupo de alcohólicos anónimos, todas las miradas se concentraron en él. Alto, delgado, de cabello abundante y corto, emblanquecido prematuramente, vestía con esmero. Tenía un porte que lo destacaba de inmediato.
Con voz calma, pero segura y firme se presentó: Empresario de éxito, sólida situación económica, viudo, dos pequeñas hijas. Tenía todo lo que aparentemente se necesita para ser feliz, pero su vida había perdido sentido. Estaba en el grupo después de un intento fracasado de suicidio y contó que después de la muerte de su esposa se había refugiado en el alcohol para esconderse de su dolor.
Lo que impresionaba en la experiencia de Jaime es que él jamás había creído en Dios. Todo lo que había alcanzado en la vida lo había hecho gracias a su espíritu emprendedor y a su trabajo incansable. Pero ahora se encontraba en una situación sin salida. Reconocía que era un pobre alcohólico y que no podía libertase del vicio por sus propias fuerzas.
Una de sus pequeñas hijas había sido sanada milagrosamente de leucemia y ese hecho lo llevó a reconocer la existencia y el poder transformador de Dios. Le había entregado la vida al Señor pero ahora necesitaba de un programa de rehabilitación para librarse del vicio.
Hay muchas personas que como Jaime, solo le entregan la vida a Dios después de una grande manifestación del poder divino. Ese fue el caso de Israel. Sus dudas y quejas acabaron al ver el acto prodigioso a través del cual el Señor los libró de las manos de los egipcios en el mar rojo. No les restó otra alternativa, sino creer en el poder libertador de Dios.
¿Crees en Jesús? ¿Crees en Él por que viste sus grandes hechos? ¿O eres capaz de creer simplemente por su amor maravilloso? Es admirable la manera como el ser humano cree en otro ser humano. Cuántas víctimas de engaños y estafas existen solo porque depositaron su confianza en promesas humanas, palabras bonitas que vendían ilusiones; pero no son capaces de creer en el Señor Jesús.
Haz de este día un día de fe, cree en Jesús de todo tu corazón aunque aparentemente no tengas motivos para creer. Cree simplemente. Pero prepárate para ver los grandes hechos prodigiosos que Él es capaz de hacer en tu vida. Y recuerda: “Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo.”
¿Por qué?
No te desanimes. Continúa cumpliendo tu misión. La ingratitud es parte de la vida en este mundo. Es la amnesia del corazón que ha perdido el camino de los sueños.
Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? (Éxodo 14: 11).
A Marina le gustaba salir a caminar todos los días, temprano por la mañana. No lo hacía solo por su salud. Esa rutina de andar una hora por el parque de la ciudad, además de hacerle un bien físico tremendo, también le traía paz, alegría y le era una oportunidad para meditar.
Le fascinaba ver los frondosos árboles a ambos lados del camino, el riachuelo que se deslizaba como una serpiente, a su lado derecho, los primorosos jardines bien cuidados, en fin. No se cansaba de mirarlos. Pero aquella mañana nada de eso parecía tener importancia porque en sus oídos resonaban con fuerza las palabras llenas de ingratitud de su mejor amiga.
¿Alguna vez te has sentido incomprendido por personas a quienes les extendiste la mano en un momento de necesidad? Peor todavía, ¿fueron ingratos contigo? Si ya pasaste por una experiencia parecida tal vez logres entender cómo se sentía Moisés delante de la actitud rebelde y contumaz de aquel pueblo ingrato.
Moisés solo había querido ayudarlos. Dios le había ordenado libertar a aquel pueblo de la esclavitud de Egipto y él había aceptado el desafío a pesar de saber las dificultades que encontraría en el camino. Pero ahora, delante del menor obstáculo, aquel pueblo ingrato acusa al líder de haberlo traído al desierto para morir.
¿Cómo te sentirías tú, en el lugar de Moisés? Necesitas saberlo, porque mientras peregrines en el desierto de esta vida y tengas una misión a cumplir, enfrentarás muchas veces personas ingratas que te herirán sin piedad. No te desanimes. Continúa cumpliendo tu misión. La ingratitud es parte de la vida en este mundo. Es la amnesia del corazón que ha perdido el camino de los sueños.
Dicen los psicólogos que la necesidad de reconocimiento es una de las necesidades básicas del ser humano. Puede ser. Pero si deseas llegar a la tierra prometida de tus sueños tienes que llenar ese vacío con la presencia de Jesús en tu vida. De otro modo, serás parte de los cadáveres que yacen en el desierto.
Levanta la cabeza y sal hoy para enfrentar tus responsabilidades sin esperar gratitud de los seres humanos, motivado apenas por el deseo de servir. Y recuerda “Dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?”
Extendió su mano sobre el mar
La vida cristiana es una vida de fe. Con frecuencia es necesario sacar el pie del barco y colocarlo en el agua aunque el mar esté embravecido. Es la única manera de andar sobre el mar.
Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche. (Éxodo 14: 21).
Estela nunca supo cómo llego a su casa. Sentía que las fuerzas la habían abandonado. Se tiró lánguidamente en la cama y por horas su mirada enajenada permaneció absorta en el techo. En su mente giraba un solo pensamiento: su carro había sido sostenido por manos invisibles. De otro modo, a esas horas ya estaría muerta. La manera como el vehículo fue devuelto a la carretera cuando estaba prácticamente en el abismo había sido un milagro. Solo que había un pequeño problema. Ella no creía en milagros.
¿Existen milagros? ¡Claro que sí! La Biblia y la vida están llenas de ellos. El versículo de hoy presenta uno. El pueblo de Israel había llegado a las orillas del mar Rojo. No había más salida. Desde la perspectiva humana, había llegado el fin. Pero entonces Moisés levantó la vara y el milagro sucedió. Apareció un viento oriental y el mar se abrió para dar paso al pueblo de Dios.
Para muchas personas esto no tiene lógica. No hay razón que lo explique. Pero, si quieres pasar a la historia como alguien que escribió una de sus líneas, en más de una oportunidad, es necesario rechazar la razón como si fuese un trasto viejo, y volar con las alas del espíritu: si deseas entenderlo todo con la razón, no volarás jamás.
La vida cristiana es una vida de fe. Con frecuencia es necesario sacar el pie del barco y colocarlo en el agua aunque el mar esté embravecido. Es la única manera de andar sobre el mar.
¿Cuál es el mar rojo de tu vida hoy? ¿Cuál, el problema que parece no tener solución? ¿Ya hiciste todo lo que humanamente podías haber hecho? Entonces dale una oportunidad a Dios. Deja que Él te conduzca por los valles y por las montañas de la fe.
Busca al Señor. Ora, clama a Él, reconoce tu incapacidad, ríndete a sus pies, acepta tu dependencia, vuélvete como un niño y te sorprenderás con los resultados.
No empieces las actividades de hoy, sin la seguridad de que hay una vara en tus manos, pero más que eso, hay un Dios todopoderoso a tu lado. “Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche.”
Por cuanto despojaste, serás despojado
Se necesita mucho valor para perdonar, para extender la mano al que un día te hirió. Sin embargo Dios está dispuesto a darte fuerzas para eso. En la medida que cultives o compañerismo diario con Jesús, su carácter se reflejará en tu vida y serás capaz de ayudar al caído.
Por cuanto tú has despojado a muchas naciones, todos los otros pueblos te despojarán, a causa de la sangre de los hombres, y de los robos de la tierra, de las ciudades y de todos los que habitan en ellas. (Habacuc 2:8)
La retribución es una ley natural de la vida. “Siembra vientos y cosecharás tempestades,” han repetido las personas desde los tiempos antiguos. Y no existe verdad más concreta. Si realizas actos de bondad, ciertamente las personas te retribuirán de la misma forma, pero en los tiempos del profeta Habacuc, la nación caldea era el símbolo de la perversidad. Perversidad es la intensificación de la maldad. ¿Puede haber más grande maldad que despojar al que fue derrotado? ¿Hacer leña del árbol caído?
El mensaje de hoy es un mensaje de advertencia contra el abuso de la superioridad. No importa en qué nivel te encuentres, ni cual sea tu posición, siempre existen personas más débiles que tú. Respétalas, no abuses de tus fuerzas o de las condiciones favorables en las que te encuentras.
Los caldeos eran sanguinarios. No se conformaban con derrotar a sus enemigos sino que avanzaban como fieras hambrientas sobre sus víctimas indefensas y abusaban de ellas. Esa actitud, más tarde o más temprano, les traería consecuencias catastróficas. El profeta Habacuc profetizó que la hora de los caldeos había llegado y ellos sorberían el cálice amargo que hicieron beber a otros.
Haz de este día, un día de justicia. A lo largo de tu camino vas a encontrar gente que no puede luchar con tus armas. Respétalas, sé humano y compasivo. Las personas golpeadas por la vida ya están sufriendo las consecuencias de sus decisiones equivocadas. El peso de la culpa las atormenta. ¿Para qué hacerlas sufrir más? ¿Para qué echarles en cara que no prestaron oídos a los consejos que les diste un día?
Es fácil reírse del que sufre, del herido, del que no tiene fuerzas. Pero se necesita mucho valor para perdonar, para extender la mano al que un día te hirió. Sin embargo Dios está dispuesto a darte fuerzas para eso. En la medida que cultives o compañerismo diario con Jesús, su carácter se reflejará en tu vida y serás capaz de ayudar al caído.
No olvides el mensaje de Habacuc a los caldeos: “Por cuanto tú has despojado a muchas naciones, todos los otros pueblos te despojarán, a causa de la sangre de los hombres, y de los robos de la tierra, de las ciudades y de todos los que habitan en ellas.”
Con mano Poderosa
Hoy puede ser un día de victoria para ti. No trates de ganar la guerra. Vence apenas la batalla de este día. Los grandes triunfos son la suma de pequeñas victorias. Haz de este día un día de victoria.
Y endureció Jehová el corazón de Faraón rey de Egipto, y él siguió a los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa. (Éxodo 14:8).
Aunque no le gustaba la medicina, Lucia, obedeciendo a su madre, había intentado seguir el curso. Hubiera hecho lo imposible por conseguir la aprobación del ser que la trajo al mundo, sin embargo jamás pudo pasar del segundo año y se sentía un fracaso. Ese sentimiento de derrota la llevó al camino de las drogas, sin que la madre percibiese. Cuando al fin, la verdad salió a la luz, ya era demasiado tarde, la pobre joven se encontraba esclavizada.
Hay cosas que no tienen explicación. ¿Por qué, a veces creemos que huir es la mejor salida para los problemas que enfrentamos? Los vicios son cuevas donde nos escondemos con miedo de enfrentar la realidad; cuevas oscuras y profundas en donde nos atormentan los monstros imaginarios que fabrica nuestra imaginación enferma. Lucía se sentía así, perseguida por mil demonios, atormentada por un verdugo implacable, desesperada y con ganas de morir. Parecía el pueblo de Israel huyendo de las manos impiadosas de Faraón.
Mientras camines por las sendas escabrosas de este mundo te vas a encontrar infinidad de veces con las fuerzas del mal intentando destruir tu vida; circunstancias adversas, barreras indestructibles, muros gigantescos, imposibles de ser escalados. En esas horas, no te escondas, no huyas, no busques muletas, enfrenta tus enemigos, en el nombre de Jesús.
Recuerda que el Señor libró a Israel con mano poderosa y aunque el enemigo también tiene poder, nada puede hacer delante del rey del universo.
Hoy puede ser un día de victoria para ti. No trates de ganar la guerra. Vence apenas la batalla de este día. Los grandes triunfos son la suma de pequeñas victorias. Haz de este día un día de victoria.
¿No tienes fuerzas para luchar? Israel tampoco las tenía. ¿Qué podría hacer un batallón de pastores de ovejas y fabricantes de ladrillos delante de un ejército armado hasta los dientes? Pero Aquel pueblo humilde no estaba allí por su propia voluntad. Dios lo había libertado y Dios no conoce derrota.
Por lo tanto, enfrenta hoy tus leones, tus tormentas y tus faraones recordando que “Faraón rey de Egipto, siguió a los hijos de Israel; los hijos de Israel habían salido con mano poderosa.”
Conocer a Jesús es obedecer
El que dice conocer a Jesús no toma al Maestro, de la mano y lo lleva por donde quiere. El cristianismo auténtico es sumisión a un Dios que te conduce a la tierra de la libertad. Libertad del libertinaje y de la tiranía de los deseos humanos.
El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. (1 Juan 2:4-5)
Alicia parecía un festival de colores y de vida. Un arcoíris deslumbrante. ¡Siempre era así! Para ella todo era colorido. La seda rosa dibujaba la exuberancia de su amor, el lino blanco la dejaba melancólica cuando lloraba y el terciopelo rojo combinaba con la insensatez de su loco corazón.
Decía que amaba a Jesús. Que el Cristo del evangelio era el gran amor de su vida. Que por Él sería capaz de hacer cualquier cosa. Pero jugaba con la vida y manipulaba los principios.
Argumentaba que un Dios de amor no combinaba con reglas, que mandamientos eran cosa del pasado. Los limitaba a una montaña llena de humo, fuego y sonido de trompetas. Ella prefería el Calvario, la montaña del amor, donde Jesús pagara por sus pecados.
¿Para qué preocuparse en obedecer? La “gracia de Cristo” era para ella un manantial de agua fresca que le permitía vivir como se le antojase. Y vivió.
Hasta el día en que descubrió sus sueños despedazados. Entonces, la seda rosa ya no tenía atractivo, ni el lino blanco. Tampoco el terciopelo rojo. No había más alegría en su vida.
El apóstol Juan ya lo había dicho siglos atrás. “El que dice yo le conozco y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso.” La mentira combina con oscuridad. Por eso aquella tarde, que podía ser alegre, se volvía triste a pesar del sol inmenso que ardía como bola de fuego hundiéndose en el mar.
Nunca es tarde para revisar lo que llamas de Cristianismo. El que dice conocer a Jesús no toma al Maestro, de la mano y lo lleva por donde quiere. El cristianismo auténtico es sumisión a un Dios que te conduce a la tierra de la libertad. Libertad del libertinaje y de la tiranía de los deseos humanos.
Mira a lo lejos hoy, y pídele a Jesús que te ayude a andar con Él, porque “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.”
Por encima de las casas
Aquella noche era una noche de fe. ¿Quién podría garantizar que una simple mancha de sangre podría librar a los hijos de Israel, de la muerte? El pueblo solo tenía que creer. Creer significaba vivir.
Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. (Éxodo 12: 27).
¡Noche oscura en Egipto! El ángel destructor visitaba las casas. Los primogénitos morirían por causa de la rebeldía de Faraón. En este mundo nadie vive para sí. La influencia y responsabilidad que ejercemos tienen consecuencias; mucho más en el caso de los líderes, y Faraón era el líder de aquella nación.
Pero el ángel había recibido la orden de no tocar a los primogénitos de las casas, cuyo dintel estuviese manchado con sangre. Era la sangre del cordero pascual, símbolo de la sangre de Cristo que limpia el pecado de la humanidad.
Aquella noche era una noche de fe. ¿Quién podría garantizar que una simple mancha de sangre podría librar a los hijos de Israel, de la muerte? El pueblo solo tenía que creer. Creer significaba vivir. El ángel destructor pasaría por encima de las casas donde se había ejercido la fe.
El tiempo ha pasado pero las cosas no han cambiado. La salvación continúa siendo un acto de fe. Multitudes piden pruebas. “¿Qué puede hacer Jesús en mi caso?” se preguntan. “Hay otras soluciones a mi alcance, más prácticas, viables y razonables.”
Seguramente sí. Aquella noche en Egipto también las había. Trancar la puerta por ejemplo. Forrar los techos y las paredes de acero, irse al lugar más oculto, no sé; los seres humanos somos especialistas en buscar soluciones “prácticas.” Pero cuando el ángel pasase, solo perdonaría las casas cuyo dintel estuviese manchado de sangre.
Esta es una figura del día final de la historia de este mundo. Cuando Jesús vuelva a la tierra para llevar a sus hijos y la destrucción final se aproxime de los hombres, solo serán salvos aquellos cuyo corazón esté manchado con la sangre del cordero.
Hoy es el día de pensar el tipo de soluciones que estoy buscando. ¿Soy capaz de creer en el evangelio, en su simplicidad y en su pureza? ¿O estoy buscando soluciones sofisticadas que “convenzan” mi raciocinio acostumbrado al mundo de las luces?
No comiences tus actividades hoy, sin tener la seguridad que la sangre del Cordero ya manchó tu vida, porque solo Jesús “Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas.”
Sin fe es imposible
Cuando confías en tu padre, eres capaz de hacer cualquier cosa o ir a cualquier lugar, seguro de que si la orden vino del padre, no hay por qué temer, aunque las circunstancias sean difíciles y adversas.
Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. (Hebreos 11:6)
El capítulo 11 de la epístola a los Hebreos es el desfile de los hombres y mujeres de fe. Hijos maravillosos que hicieron feliz al Padre amado.
Para entender lo que el autor quiso decir es necesario saber lo que significa la fe. Existen muchas definiciones. La más simple de todas es confianza. Una sola palabra, pero define con exactitud lo que significa la fe. Tener fe es confiar. Cuando dices que tienes fe estás diciendo que confías. Cuando afirmas que un día tuviste fe pero que ahora ya no la tienes, estás queriendo decir que un día ya confiaste pero que hoy no confías más.
Pero tú no puedes confiar en alguien a quien no conoces y no puedes conocer a alguien con quien no convives.
Por lo tanto, la fe en Dios, demanda que lo conozcas y para conocerlo, necesitas convivir con Dios. Esto explica el versículo de hoy. El primer pensamiento es que sin fe es imposible agradar a Dios. En griego la palabra imposible es adunatos, que significa literalmente, “que no se puede desde ningún punto de vista.” Para entender el verdadero significado de esta palabra, tendrías que colocar la cabeza dentro de una vasija llena de agua y mantenla ahí por dos horas. Bueno, eso es adunatos. Imposible.
Quiere decir que así la vida, no es vida sin fe. Peor. Una vida sin fe entristece a Dios. No le agrada. En griego, eucaresteo, significa, que no lo deja feliz ¿Por qué? Porque la fe es confianza y cuando el hijo, a quien tanto ama, no confía en Él, Dios no puede estar contento con esa actitud.
Tú no fabricas fe. Las evidencias del amor y el poder de Dios son las que generan confianza en tu corazón. Pero cuando confías en tu padre, eres capaz de hacer cualquier cosa o ir a cualquier lugar, seguro de que si la orden vino del padre, no hay por qué temer, aunque las circunstancias sean difíciles y adversas.
Por eso hoy, camina de la mano de tu Padre amado, confía en Él aunque no veas nada. Él te ama y jamás te llevará a un lugar que te va a destruir. Y no olvides que “sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”
Y que tengas salud
La vida tiene diferentes aspectos. No es solo una experiencia espiritual, ni apenas física, o tal vez social. Es todo un conjunto. Y para que exista bienestar, todas las áreas de la experiencia humana deben funcionar bien.
Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. (3 de Juan: 2)
El versículo de hoy muestra que la vida tiene diferentes aspectos. No es solo una experiencia espiritual, ni apenas física, o tal vez social. Es todo un conjunto. Y para que exista bienestar, todas las áreas de la experiencia humana deben funcionar bien.
Hablemos de la vida física. No podrías vivir sin un cuerpo. Por eso Dios, en la creación, te dio un cuerpo y te hizo un ser físico. Siendo Dios tu creador, sabe cómo debe funcionar tu cuerpo y cómo debes cuidarlo a fin de tener buena salud. Por eso, desde el principio de la creación se preocupó por la alimentación del ser humano, le dio órdenes claras de cómo debería alimentarse, si deseaba ser sano y feliz.
En el tiempo de Israel, también se preocupó por alimentar a sus hijos. Sabía que el cuerpo físico necesitaba de alimentación, de calor, de agua y de sombra y les proveyó todo eso de forma milagrosa. Les dio también órdenes sanitarias que el pueblo debía seguir para no ser víctima de epidemias por falta de higiene.
Y en el capítulo 11 de levítico le explicó detalladamente que tipo de alimentos podía comer o no, si quisiese tener Salud y vida física abundante.
En el Nuevo Testamento, Juan dice: “Que tengas salud.” Sin salud, de nada vale que tengas un buen empleo, dinero o amor. Un cuerpo enfermo siempre te estará trayendo dolor y no te dejará servir a Dios con alegría.
El Señor Jesús, durante su ministerio en la tierra, demostró preocupación por la salud física del ser humano. Al ver a la multitud hambrienta, la alimentó. Al ver a los enfermos, los curó y a sus discípulos, les dijo muchas veces que era necesario que reposasen para tener mejores condiciones de servir.
Al realizar muchos milagros de curación en el sábado, Jesús estaba relacionando también, al sábado con la salvación, con la vida y con la buena salud. Está probado que el reposo es un remedio contra el estrés, provocado por la vida agitada que el hombre de nuestros días vive.
¿No crees que la preocupación de Dios por tu salud, debería ser motivo de gratitud? Aprovecha este día para evaluar la forma como estas tratando tu cuerpo. ¿Bebes suficiente agua? ¿Practicas ejercicios diarios? ¿Te preocupas por tener una alimentación saludable o piensas que la buena salud es fruto del acaso? “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.”
Ellas dan testimonio de mí
Aplica los consejos bíblicos a tu experiencia y a las luchas que estás enfrentando en ese momento. Así conocerás a Jesús y Él será el fundamento de tu fe. Podrás confiar en Él, porque lo llegaras a conocer a través del estudio de la biblia.
Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. (Romanos 10:17)
¿Cuál es la función de la Biblia en el desarrollo de la fe? Muchas personas relacionan la fe apenas con el sentimiento y las emociones. Sin duda, las emociones forman parte de la experiencia humana, pero la Biblia afirma que el fundamento de nuestra fe es Jesús. Si esto es verdad, conocer a Jesús se vuelve indispensable en la vida del cristiano, y la única manera de conocerlo, es conviviendo con Él.
Surge entonces otra pregunta: ¿Cómo se convive con Jesús? Aquí entran en juego tres elementos necesarios. La oración, la testificación y el estudio diario de la biblia. El propio Señor Jesucristo dijo un día, refiriéndose a las Escrituras: “Ellas son las que dan testimonio de mí.” No puede haber declaración más clara. Es a través del estudio de la biblia que llegas a conocer a Jesús, a confiar en Él, y a saber que nunca te fallará.
Pero este estudio de la Biblia no puede ser algo simplemente teórico e intelectual. No puedes ir a la biblia solo en busca de argumentos o conocimiento teológico, sino en busca de compañerismo con Jesús. Lee la biblia como si fuese una carta personal que Jesús te escribió. Colócate en el centro de las historias que lees. Cuando lees acerca de Daniel, tú eres Daniel; imagínate siendo llevado a la cueva de los leones por obedecer a Dios. Cuando lees acerca de María Magdalena, tú eres esa mujer cansada de pecar que un día se encontró con Jesús. Cuando encuentras en la Biblia la historia de José, colócate en su lugar, imagínate siendo vendido por tus hermanos y siendo llevado a un país extraños, en fin.
Lee la biblia en primera persona singular. Cada vez que dice ellos o nosotros, colócate a ti y aplica los consejos bíblicos a tu experiencia y a las luchas que estás enfrentando en ese momento. Así conocerás a Jesús y Él será el fundamento de tu fe. Podrás confiar en Él, porque lo llegaras a conocer a través del estudio de la biblia.
No te atrevas a vivir sin Jesús. Sin Él la vida es una simple sobrevivencia. Él es el fundamento de una vida feliz, porque es el fundamento de tu fe y la vida del cristiano es una vida de fe. Y recuerda lo que Él dijo: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”
Hechos para vivir
Y ¿Por qué Él permite la muerte de un joven de 20 años? En esta vida no alcanzaremos a entender ese misterio pero tenemos la promesa de que, hasta el suspiro final, puede ser hermoso para los que confían en el amor maravilloso de Dios.
Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. (Eclesiastés 3:11)
-¡Señor, quiero vivir! ¡Por favor, déjame vivir!
La voz de Adolfo, quebrada por el dolor, penetraba como cuchillo afilado en la carne de las personas que lo amaban. Nada podían hacer para ayudarlo. Hay ocasiones en que, literalmente te sientes inútil, incapaz de hacer algo para aliviar el sufrimiento ajeno. De repente, el dolor de tu hermano, pasa a ser el tuyo pero eso no lo alivia. Entonces te desesperas, buscas explicaciones por todos los lados, y tu única respuesta es el silencio.
El versículo de hoy dice que Dios lo hizo todo hermoso “en su tiempo.” En otra parte, el sabio Salomón afirma que hay tiempo para todo. Para vivir y hasta para morir. ¿Puede ser hermoso el tiempo de morir? ¿Para quién?
El lamento triste y el clamor desesperado de Adolfo tenían sentido. Dios ha “colocado eternidad” en el corazón de los seres humanos. No fuimos creados para morir sino para vivir. Adolfo era un joven de apenas 20 años, con deseo de vivir. El anhelo de eternidad estaba en su corazón. Pero infelizmente vivimos en un mundo de tristeza, enfermedad y muerte y Salomón declara que “el hombre no alcanza a entender la obra que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin.”
En el corazón de Adolfo y sus amados había una lucha terrible entre el “deseo de eternidad” y el “entendimiento de la obra de Dios.” Naturalmente, la muerte no es obra de Dios. Pero desde el momento que Él es Dios, cualquier cosa sucede solo porque Él lo permite. Y ¿Por qué Él permite la muerte de un joven de 20 años? En esta vida no alcanzaremos a entender ese misterio pero tenemos la promesa de que, hasta el suspiro final, puede ser hermoso para los que confían en el amor maravilloso de Dios.
Adolfo falleció consumido por el sida. Su muerte hizo reflexionar a muchos jóvenes. Quién sabe el dolor por el que Adolfo y sus queridos pasaron ¿no fue el instrumento que Dios usó para rescatar tantos otros jóvenes que jugaban peligrosamente con la vida?
Por eso hoy, aunque rodeado por circunstancias difíciles de entender desde el punto de vista humano, confía en el Señor y recuerda que: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.”
Crecimiento de la fe
Ya que el dolor es inevitable, Dios lo toma y lo transforma en un instrumento de crecimiento y formación. El dolor nos ayuda a desarrollar la fe. En el sufrimiento ejercitamos la confianza en las promesas divinas, y el ejercicio es fuente de desarrollo.
Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo… por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis. (2 Tesalonicenses 1:3 y 4)
La fe no es estática. El crecimiento es la evidencia de la fe auténtica. Y los instrumentos del crecimiento de la fe son básicamente dos: La comunión diaria con Jesús y el dolor. Dios permite que pasemos por momentos difíciles a fin de hacernos crecer.
¿Cómo sabrás tú si confías de verdad en Dios y en sus promesas, si nunca pasaste por el valle del dolor y de las lágrimas? Es en la hora de la dificultad que te das cuenta hasta que punto tu fe es un sentimiento o un principio. Es en el fuego, que el oro se purifica, es en el dolor del esmeril que el diamante se lapida, y es en las lágrimas y las pruebas que la fe del cristiano crece.
La iglesia de Tesalónica fue un ejemplo. En el dolor de la persecución, la fe de los tesalonicenses creció. El problema con los seres humanos es que no nos gusta el dolor. Y es correcto que sea así. Al fin de cuentas Dios no nos creo para sufrir. El dolor apareció en el escenario humano después de la entrada del pecado.
Pero ya que el dolor es inevitable, Dios lo toma y lo transforma en un instrumento de crecimiento y formación. El dolor nos ayuda a desarrollar la fe. En el sufrimiento ejercitamos la confianza en las promesas divinas, y el ejercicio es fuente de desarrollo.
Por eso, si hoy tienes delante de ti un motivo de dolor y si el primer pensamiento que subió a tu mente es que Dios no se preocupa por ti, aleja esa idea y empieza a ejercitar la fe. ¿Qué significa esto? Que aunque no veas solución alguna para el problema que enfrentas, debes creer que ese problema ya está solucionado. Dios siempre sabe lo que es mejor para ti. Puedes no entenderlo ahora, pero confía. El Señor jamás falló con las personas que confiaron en Él. “Al que a mi viene, no lo echo fuera,” dijo un día. No serás tú la primera persona a quién Él le fallará.
No salgas de casa sin recordar las palabras de Pablo: “Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo… por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis.”
¡Victoria! ¡Victoria!
Cuando el Señor aparezca en las nubes de los cielos, la muerte será tragada, porque los sepulcros se abrirán y los muertos en Cristo resucitarán.
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? (1 Corintios 15:55)
El versículo de hoy nos habla de la esperanza, relacionada con la muerte. Creo que la muerte asusta a todos. Para morir, basta estar vivo. La muerte es tal vez la experiencia humana más dolorosa. No para el que muere, sino para los que sobreviven.
¿Estás este momento enfrentando la muerte reciente de un ser querido? Hay muertes que marcan terriblemente. No es fácil. Mientras vivas en este mundo seguirás enfrentando a la muerte. Pero San Pablo, escribiendo a los corintios, habla de la victoria de Jesús sobre la muerte. Ella será el último enemigo de Jesús, a ser derrotado. Cuando el Señor aparezca en las nubes de los cielos, la muerte será tragada, porque los sepulcros se abrirán y los muertos en Cristo resucitarán.
Como un anticipo de esa victoria y para darle una base segura a esta promesa, Jesús resucitó al tercer día. La resurrección de Jesús colocó la estocada fatal en el corazón de la muerte. A partir de ese día, el enemigo sabía que el instrumento que utiliza para hacer llorar a los hijos de Dios, era un instrumento inservible.
Por lo tanto, tú y yo debemos descansar en la certeza de esta esperanza. La muerte puede sorprendernos, pero resucitaremos cuando Jesús vuelva. No hay la menor duda de eso. Millones de ángeles serán testigos del resurgimiento de la vida. El universo entero cantará hosannas a Dios.
Pero de acuerdo a San Pablo en la epístola a los tesalonicenses, el mundo hoy, está dividido en dos grupos: Los que no conocen a Jesús se desesperan y creen que la muerte es el fin de todo; pero los que creen Jesús tienen la esperanza de la resurrección. ¿A qué grupo perteneces?
El otro día alguien me preguntó, ¿Cómo resucitará el que fue incinerado? ¿Dónde encontrarán sus cenizas? No te preocupes con eso. La resurrección es un milagro y el mismo Dios que tiene el poder de resucitar, ¿no tendrá poder para traer cada grano de ceniza de cualquier rincón del mundo?
Que este día sea un día de esperanza para ti y para tus amados. Huye de la muerte. Cuida la vida que es el más precioso don, pero si la muerte toca algún ser querido, descansa en las promesas maravillosas de Jesús. Un día, tú preguntarás: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”
Nada podrá separarnos
Que Dios te siga amando a pesar de lo que eres y de lo que haces, no depende de ti. Depende exclusivamente de Él. Su naturaleza es el amor. El día que Dios dejase de amarte dejaría de ser Dios. Dios es amor.
Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:38-39)
Una idea fija dominaba la mente de Patricio mientras viajaba en el tren. Su destino final era la muerte. La suya, la de la esposa y de los dos pequeños hijos.
Casaca de cuero, manos en los bolsillos, lentes oscuros. El joven roquero de apenas 24 años había decidido colocar un punto final a su existencia de fracaso y derrota. Aquella tarde, mientras viajaba apretujado entre los otros pasajeros, nadie podría imaginar que entre ellos viajaba un suicida asesino.
Al día siguiente, la noticia chocó a la opinión pública. A final de cuentas él podría hacer lo que quisiese con su vida pero no tenía el derecho de segar la vida de su familia.
¿Qué es lo que llevó a un joven en la plenitud de su existencia a tomar decisión tan radical? El papel escrito daba la respuesta: “No vale la pena seguir viviendo, destruí mi vida y la vida de mi familia. Cometí tantas locuras que nadie, ni siquiera Dios puede seguir amándome.”
Una de las peores cosas que el pecado hace en el ser humano es llevarlo a sentirse indigno, y sin derecho. Pero el versículo de hoy declara que Tú puedes apartarte de Dios sin embargo, nada puede separarte del amor de Dios.
Que Dios te siga amando a pesar de lo que eres y de lo que haces, no depende de ti. Depende exclusivamente de Él. Su naturaleza es el amor. El día que Dios dejase de amarte dejaría de ser Dios. Dios es amor.
Naturalmente ese amor maravilloso no tiene ningún valor para el que no lo acepta. Dios no puede entregar su amor por la fuerza. El ser humano necesita reconocer su insignificancia, su carencia, su urgente necesidad y correr a los brazos de Dios. En ese momento, el Señor toma de las manos del hombre, las páginas manchadas de su pasado y le entrega una página en blanco para que escriba una nueva historia.
Nada está perdido para los que confían en Jesús. En estos momentos, Él está ahí, esperándote con los brazos abiertos. Por eso no salgas hoy para enfrentar las luchas de la vida sin decirte a ti mismo: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada me podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Guardes del mal
La iglesia no es una comunidad de gente perfecta, sino de personas que están caminando en la vida cristiana y son conscientes de que les falta mucho terreno por andar. En ese andar deben aprender a perdonarse, a aceptarse y a comprenderse los unos a los otros.
No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal (Juan 17:15)
Para que la vida sea completa no basta que tenga un aspecto físico y espiritual, necesita también una dimensión social. El ser humano no fue creado para vivir solo. En jardín Dios le creó una compañera. “No es bueno que el hombre esté solo.” dijo Dios. Y la vida probó que realmente no es bueno. Las personas que se aíslan y viven solas, viven menos y con menos motivación.
La dimensión social del cristiano abarca su vida familiar, su relación con los amigos, con la comunidad en la que vive, con la comunidad en la que trabaja y con la comunidad en la que alaba a Dios. A esta última le llamamos iglesia.
Para que el ser humano sea plenamente feliz, sus relaciones humanas necesitan ser saludables, gratificantes y constructivas. Pero desde la entrada del pecado el relacionamiento humano se deterioró. Recuerda que el primer problema de relacionamiento entre Adán y Eva, surgió después del pecado. Empezaron a atacarse, a acusarse y a defenderse. Algún tiempo después, Caín mató a su hermano Abel y ahí empezó el desfile de desencuentros y luchas.
¿Qué hacer para volver a tener relaciones sociales saludables? Lo primero que el ser humano necesita, para vivir en paz con los otros, es tener paz en el corazón. Y esa paz es resultado de reconciliarse con Jesús. ¿Cómo sucede eso? Simple. Reconoce que estás lejos de Dios y dile que quieres regresar a sus brazos. En ese momento, Dios envía a todos sus ejércitos celestiales, para traerte de vuelta.
Pero ahí no termina todo. Necesitas también de la iglesia. ¿Para qué? Para crecer. Conviviendo con los otros cristianos puedes crecer y permanecer hasta el fin. Es en la iglesia donde conviven los reconciliados con Cristo. La iglesia no es una comunidad de gente perfecta, sino de personas que están caminando en la vida cristiana y son conscientes de que les falta mucho terreno por andar. En ese andar deben aprender a perdonarse, a aceptarse y a comprenderse los unos a los otros. Deben desarrollar la paciencia y la capacidad de no juzgarse entre sí. Eso, solo es posible cuando estamos reconciliados con Cristo y tenemos paz.
Pero al venir a la iglesia, los cristianos corren un peligro. Apartarse de las personas que no comulgan con su fe. Aislarse, no relacionarse con los “mundanos”.
El plan divino no es que los cristianos vivan aislados, en su comunidad, sino que salgan y traigan a otras personas para Cristo. Esta es una misión y para tener vida plena es necesaria una misión. Pero esa misión, solo es posible de ser cumplida, si cultivamos amistad sincera con las personas que no son de nuestra fe.
Haz de este día un día de amistad con las personas, muéstrales a Jesús en tu vida porque el Señor dijo: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”
Vida en abundancia.
Muchos se pierden en los campos abiertos y sin límites del humanismo. Pregonan la libertad pero caen en las garras del libertinaje. El versículo de hoy dice que “el ladrón viene a robar” ¿Quién es el ladrón? Sin duda es el enemigo de las almas. ¿Y por qué Jesús lo presenta en como el ladrón?
El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10)
¿A qué se refería Jesús cuando habló de vida abundante? ¡Vida abundante! ¿Entiendes? Algunos cristianos sinceros, queriendo hacer lo mejor, viven vidas angustiadas. La única preocupación que los domina es la de no pecar.
¿Cómo sería si un hijo, viviese solo pensando que, si hace algo incorrecto, el padre lo va a castigar? Ningún padre quisiera tener ese tipo de relacionamiento con su hijo. Sucede lo mismo con Dios. El desea que vivas con Él una experiencia maravillosa de amor y no con miedo de ser destruido si te portas mal.
El buen comportamiento y la buena conducta son resultados de vivir una experiencia diaria de comunión y amistad con Jesús. Andando, comiendo, estudiando, trabajando, enamorando, en fin, pero siempre con la consciencia de que Jesús está contigo por donde quiera que vayas.
Ese tipo de vida es una vida con propósito, una vida llena de expectativas y posibilidades futuras, alimentada por relaciones sociales saludables, disfrutando de buena salud, en fin, la vida que tú, recibes como un regalo divino.
Pero desear la vida abundante encierra un peligro. Muchos se pierden en los campos abiertos y sin límites del humanismo. Pregonan la libertad pero caen en las garras del libertinaje. El versículo de hoy dice que “el ladrón viene a robar” ¿Quién es el ladrón? Sin duda es el enemigo de las almas. ¿Y por qué Jesús lo presenta en como el ladrón?
Porque viene a robar. No viene a asaltar. El asalto demanda fuerza, el enemigo viene a robar. Su principal arma es el engaño. Te hace creer que el camino que sigues te lleva a la vida cuando en realidad te conduce a la muerte. Te dice que para vivir la vida abundante no necesitas de reglas y te lleva al desierto incandescente de tus deseos. Allí no hay límites, Tus ojos se pierden en el horizonte sin fin, pero tampoco hay vida. El desierto es tierra de chacales, de escorpiones y de muerte.
Hoy puede ser un día de verdadera libertad. Levanta los ojos hacia la cruz. Deja de mirar solo a la tierra. No te dejes arrastrar por la manera de pensar de una generación que solo vive para agradar a los sentidos. Haz de Jesús tu compañero de cada hora porque Él dijo: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”
¡Pensad, pensad!
“Piensa en lo que vale la pena pensar. Coloca mensajes positivos en tu mente. Hazlo todos los días, cada instante. La repetición constante de mensajes puros te llevará inevitablemente a la práctica de acciones puras.”
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. (Filipenses 4:8)
James lucha para libertarse de la pornografía. Comenzó a trillar los senderos sombríos del vicio cuando era apenas un muchacho de 12 años. Al principio, por curiosidad, siguiendo la corriente de los colegas. En la escuela, intercambiaban figuras y revistas. Nadie veía mal en eso.
El tiempo fue pasando y hoy, a los 25 años, James reconoce que necesita ayuda. Gasta la tercera parte del día en el computador, visitando sitios pornográficos.
Eres lo que piensas. Y piensas lo que ves, lo que oyes y lo que lees. Esa es una ley de la mente: “La repetición constante de un mismo mensaje lleva inevitablemente a la acción.” Nadie lo puede evitar. Es así.
Los que trabajan con propaganda ganan fortunas siguiendo la ley de la mente. Repiten su mensaje una y otra vez, hasta que acabas consumiendo sus productos.
El enemigo de Dios también lo sabe. Por eso repite su mensaje una y otra vez: “Tú no necesitas de Dios. Puedes ser tu propio Dios. La energía está dentro de ti. No tienes por qué buscarla en Dios.” Una de las maneras más efectivas de hacer que saques los ojos de Dios es distraer tu atención con la pornografía.
Los norteamericanos gastan 13 mil millones de dólares anuales en pornografía. Este endiosamiento del sexo lleva la mente por los caminos extraños de la perversión. La imaginación sale de la realidad. Los que están por tras de esa industria millonaria, crean un mundo de ficción que los consumidores toman como realidad.
Al volver del mundo de la fantasía para la realidad de la vida hogareña, el sexo, cuya esencia es el amor, ya no lo satisface. Se torna infeliz, siempre en busca de algo que no existe.
En medio de ese torbellino de impureza, el consejo de Pablo es: “Piensa en lo que vale la pena pensar. Coloca mensajes positivos en tu mente. Hazlo todos los días, cada instante. La repetición constante de mensajes puros te llevará inevitablemente a la práctica de acciones puras.”
Por eso hoy, antes de salir para enfrentar el vendaval de impureza que domina nuestra cultura, recuerda que: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”
El pecado es transgresión
Quiebras los mandamientos, los consideras obsoletos, pasados de moda, quieres librarte de ellos y ser feliz, pero acabas desesperado, loco y triste. Yerras el blanco. Anhelas una cosa y terminas en un lugar completamente contrario.
Todo aquel que comete pecado, transgrede primero la ley. Porque el pecado es transgresión de la ley. (1 Juan 3:4)
¿En qué consiste el pecado? ¿Cuál sería la mejor manera de definirlo? En el libro de Génesis no se define el pecado, solo que se describe la actitud pecaminosa del ser humano. De esa actitud, podemos deducir lo que es el pecado.
¿Qué sucedió en el Edén? Adán y Eva se vieron tentados a comer del fruto que Dios les había dicho que no podían comer. En realidad, no había nada de misterioso en aquel fruto. El problema no estaba en el fruto en sí, sino en la desconfianza de los seres humanos, que los llevó a la desobediencia. Dios había dicho una cosa y ellos hicieron otra cosa diferente. Podemos llamar a esta actitud de rebeldía, desobediencia o insubordinación a la autoridad divina.
Tal vez por eso, Juan define al pecado como transgresión.
Pero aquí hay otro aspecto del pecado. Esto tiene que ver con la primera parte del texto. El dice “Todo aquel que comete pecado, transgrede también la ley.” Ora, si Juan dice “Transgrede también,” es porque el pecado, antes de ser transgresión de la ley es otra cosa. ¿No cierto? Porque si yo digo, “también estoy con hambre,” quiero decir que, antes, estoy con otra cosa. Entonces, ¿Qué es el pecado antes de ser transgresión de la ley?
Volvamos al Edén. Antes de desobedecer y comer del fruto, Adán y Eva se alejaron de Dios y se acercaron voluntariamente del árbol que Dios les había dicho que no tocasen. Cuando la serpiente le presentó el fruto a Eva, ella, antes de comerlo, dudó de la palabra de Dios. El creador le había dicho que si comiese moriría y la serpiente le dijo que se volvería como Dios. Eva prefirió creer en la palabra de la serpiente. Quiso ser feliz a su manera. No comió del árbol queriendo morir, sino queriendo ser como Dios, pero acabó trayendo la muerte para ella y para la humanidad.
El pecado es eso. Tu quiebras los mandamientos, los consideras obsoletos, pasados de moda, quieres librarte de ellos y ser feliz, pero acabas desesperado, loco y triste. Yerras el blanco. Anhelas una cosa y terminas en un lugar completamente contrario.
Haz de este día un día de sumisión a Dios. Deja que Él guíe tus pasos. “Todo aquel que comete pecado, transgrede primero la ley. Porque el pecado es transgresión de la ley.”
Esclavitud
El ser humano y hasta la naturaleza están malogrados por el pecado, la solución para este problema no puede venir de la esfera humana, sino de afuera, de una dimensión que no sea corrupta, de un ambiente que no haya sido tocado por el pecado. Y esto solo podría suceder mediante Cristo.
Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza. (Romanos 8:20)
¿Cómo rescatar al ser humano? ¿Es fácil traerlo de vuelta? No, no lo es. Por una simple razón. En el momento que Adán y Eva fueron derrotados por el enemigo, se volvieron esclavos de él. Eso es lo que dice Pablo y lo confirma Pedro. La persona derrotada se vuelve esclava del que la venció.
Estos días estoy leyendo un libro de la escritora cubana Teresa Cárdenas, titulado Perro Viejo. Es la historia de un esclavo cubano de los tiempos en que ser esclavo era ser una cosa, un objeto, sin voluntad. Las mujeres esclavas eran consideradas reproductoras de pequeños esclavos que eran vendidos como mercadería por los señores. Bueno, eso es lo que somos cuando nos volvemos esclavos del enemigo. Simples cosas. Él hace y deshace de tu vida. Gobierna absoluto en tu experiencia. Te roba la alegría, destruye tu familia, acaba con tus sueños, en fin, no te deja ser feliz. Se considera tu dueño.
Pero esta esclavitud no se limita a los seres humanos. Pablo, en el versículo de hoy dice que después del pecado la creación toda fue sujetada a vanidad. Es elocuente la palabra sujetada. En el original griego es Hupotaso, que significa, estar subordinado, sometido. Y la palabra vanidad, en griego, Mataiatos, es depravación, perversión.
Analiza lo que Pablo afirma. El habla de la naturaleza, de la creación. Quiere decir que la naturaleza también está sometida al enemigo. Está subordinada a la perversión.
¿Ahora entiendes por qué la naturaleza se vuelve tan salvaje? Ella obedece a las fuerzas del enemigo, porque con la entrada del pecado, la naturaleza también quedó esclavizada, sujeta, sometida a las fuerzas del mal.
Esto significa que si el ser humano y hasta la naturaleza están malogrados por el pecado, la solución para este problema no puede venir de la esfera humana, sino de afuera, de una dimensión que no sea corrupta, de un ambiente que no haya sido tocado por el pecado. Y esto solo podría suceder mediante Cristo.
Coloca tu esperanza en Jesús. Solamente en Él. No te contagies del humanismo que domina la cultura de nuestros días. Recuerda que “la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza.”