DEVOCIONALES
Te libraré
Haz hoy un día de libertad. Hecha fuera los complejos. Rasga los vicios y arrójalos al basurero. Rompe las cadenas que te oprimen. Sea cual sea el hábito nocivo que se considera tu dueño o el sentimiento descarriado que te lleva hacia la muerte.
Por tanto, dirás a los hijos de Israel: Yo soy JEHOVÁ; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes. Éxodo 6:6
Hay dos palabras que quiero destacar en el texto de hoy. Servidumbre y libramiento. Servidumbre es el acto de servir por temor. No es lo mismo que servicio. El servicio es noble. Jesús fue el siervo maestro. Vino a servir y nos inspiró a vivir para servir. La servidumbre, sin embargo, implica esclavitud. Estás obligado a servir. Hay un Señor que te fuerza. Se considera tu dueño.
La vida de Israel era una vida de servidumbre. Se había vendido a Egipto, por un poco de trigo, a causa de la hambruna que asolara sus tierras. ¿Te diste cuenta que las necesidades de la carne son las que nos llevan a la esclavitud del espíritu? El problema de Israel no consistía apenas en estar “bajo las pesadas tareas de Egipto.” Tareas pesadas se tornan leves si las haces por amor. Israel las realizaba por miedo. Era un pueblo conformado con la situación: servidumbre, esclavitud, complejo de inferioridad, mediocridad, en fin. Sin embargo Dios no se conformaba con eso. Él tenía un sueño más grande para sus hijos. Por eso les dijo: Yo los sacaré, los libraré y los redimiré.
Sacar tiene que ver con mostrar lo que está oculto. ¿Cuál es el valor que conservas escondido en los rincones de tu corazón? Librar, se relaciona con vida plena y sin limitaciones. Campos vastos, cielo azul y horizontes sin fin. ¿Qué hay dentro de ti que necesita ser libertado? Mira bien que estoy usando el verbo libertar y no liberar. Liberación es permiso. Liberación implica lucha, conquista. Jesús te ofrece libertad porque te redimió: Pagó el precio con su vida. Murió en la cruz del calvario.
Haz hoy un día de libertad. Hecha fuera los complejos. Rasga los vicios y arrójalos al basurero. Rompe las cadenas que te oprimen. Sea cual sea el hábito nocivo que se considera tu dueño o el sentimiento descarriado que te lleva hacia la muerte.
Acepta la promesa de Dios: “Yo soy JEHOVÁ; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes.”
Jesús te amó primero
Hoy es el día de buenas nuevas. Hoy es el día de salvación. No importa lo que hayas hecho ni como hayas vivido hasta aquí. Lo único que importa es que aceptes su sacrificio y confíes en Jesús.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 1 Juan 4:10
Seis de la mañana. Los rayos débiles del sol se filtran por entre los cristales rotos del restaurante. Su dramático encuentro con Jesús, la noche anterior, lo ha cambiado. Lo ha convertido en un nuevo hombre, más viejo tal vez, pero libre de los tormentos de su terrible pasado, feliz, con los ojos radiantes.
Sabe lo que debe hacer. Paga su chocolate con tostadas y se dirige a pie, al terminal de tren. Toma un billete al centro de la ciudad y anda por sus congestionadas calles. Pasado el mediodía llega a su destino. Sube lentamente las escalinatas de las oficinas de policía y confiesa su crimen.
No sale. Queda preso. Permanecerá en la prisión por ocho largos años. Pero su espíritu está libre. Ha encontrado la salvación en Cristo.
Lo conocí en Pensilvania, una noche de lluvia, mientras dirigía una cruzada evangélica. Me contó su historia. Me habló de sus noches de culpa, de sus días de remordimiento, de sus tardes y mañanas de angustia.
-Lo que tocó mi corazón, -me dijo sonriendo, -fue saber que mis culpas ya habían sido pagadas en la cruz del calvario. Cuando entendí lo que Jesús hizo por mí, tuve ganas de salir gritando para todo el mundo que yo había sido perdonado.
“En esto consiste el amor,” empieza diciendo Pablo. El amor de Dios se escribió con sangre. No fue una declaración romántica escrita con tinta colorida. Fue entrega, renuncia, sacrificio y muerte. Puede parecer injusto y cruel, pero eso es lo que te garantiza la vida. Tú no lo amaste para que Él te salvara. Él te amó primero, dejó sus mansiones celestiales y vino a buscarte.
Jamás podrás agradecer la dimensión de su amor. Pero puedes abrir el corazón y decirle que aceptas su sacrificio y estás dispuesto a andar en sus caminos.
Hoy es el día de buenas nuevas. Hoy es el día de salvación. No importa lo que hayas hecho ni como hayas vivido hasta aquí. Lo único que importa es que aceptes su sacrificio y confíes en Jesús.
Parte hoy para el cumplimiento de tus deberes diarios seguro y confiado en el amor divino, porque “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.”
El sueño de Dios
Nadie puede entender lo que sientes, yo sé. Tus dolores son tuyos, tus noches interminables también. Temes que llegue el día. Prefieres vivir en las sombras, escondiendo tu realidad, yo sé. Pero sé también que hay un Dios Todopoderoso esperando que solo le digas: “Señor, estoy cansada de sufrir, por eso te entrego mi vida, ¿Eres capaz de hacer lo que yo no puedo?”
Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Jeremías 1:5
Debe tener aproximadamente 20 anos. Demasiado joven para haber perdido el gusto por la vida y para destruirse como lo está haciendo. En pocos meses ha descendido a las profundidades más oscuras del vicio y de la degradación. Se prostituye para conseguir dinero a fin de comprar cocaína.
“Es la única manera de olvidar lo que soy, balbucea, un poco de basura que alguien encontró en la calle”.
Verdad y mentira. Verdad que la madre biológica la había abandonado en la calle, recién nacida, envuelta en papel de periódico, en un tacho de basura. Mentira que por eso, ella no valiese, al punto de escoger aquella triste vida.
“No tuve otra opción”, dice, mordiendo sus labios hasta hacérselos sangrar. Dos lágrimas rebeldes resbalan por su rostro sufrido. Tengo ganas de abrazarla y decirle: “Hija, no sufras más, estoy aquí, llegué para salvarte.” Pero percibo que soy apenas un ser humano incapaz de calmar los dolores del mundo.
Lloro. Ella no lo percibe. Mis lágrimas ruedan para dentro, queman mis entrañas, me provocan el dolor terrible de la incapacidad. Entonces viene a mi mente el texto de hoy.
A veces, golpeado por la vida, llegas a la conclusión de que eres fruto del acaso y que tu existencia es una casualidad, un simple accidente biológico, o una coincidencia. Pero Dios dice que antes que nacieses, cuando aún estabas en el vientre de tu madre, El ya tenía un plan para tu vida. Nada sucede en este mundo sin el consentimiento divino. Tú eres fruto del amor maravilloso de Dios.
Suceda lo que suceda. A pesar de las circunstancias adversas que te rodean, a despecho de las heridas que la vida te haya abierto, el plan de Dios para ti continúa en pie. Lo único que necesitas es descubrirlo y seguirlo.
Nadie puede entender lo que sientes, yo sé. Tus dolores son tuyos, tus noches interminables también. Temes que llegue el día. Prefieres vivir en las sombras, escondiendo tu realidad, yo sé. Pero sé también que hay un Dios Todopoderoso esperando que solo le digas: “Señor, estoy cansada de sufrir, por eso te entrego mi vida, ¿Eres capaz de hacer lo que yo no puedo?”
Tal vez tu situación no sea, ni de lejos, parecida con la de esta joven, pero en el nombre de Dios, parte hoy para la lucha de la vida seguro de que, “Antes que te formases en el vientre de tu madre, Dios ya te conocía.”
Llegamos
La incredulidad de Israel lo llevó a vagar errante por el desierto por casi cuatro décadas, hasta que toda aquella generación fuese consumida por el calor de las arenas inhóspitas. Ellos jamás entraron a la tierra prometida, pero nos dejaron el legado de su ejemplo. Mal ejemplo, pero la vida es así. Aprendemos de las cosas buenas y de las cosas malas. Imitamos lo bueno y evitamos lo malo.
Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la cual ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Números 13:27
¿Llegamos? ¡Mentira! Después de esta declaración “optimista,” todavía necesitaron cuarenta años, para llegar a la tierra prometida. El mensaje de hoy es un mensaje de advertencia contra el optimismo exagerado. “Casi” no es “Ya” Jamás celebres por adelantado la victoria que no venciste. Trabaja hasta el último minuto, lucha incansablemente, nunca consideres al enemigo vencido, porque no existe enemigo vencido. Cuando menos esperes tendrás que enfrentar nuevas batallas. Es la lucha de todos los días.
La declaración de hoy fue pronunciada por los espías que Moisés envió para inspeccionar la tierra, antes de entrar y conquistarla. Ellos habían vuelto radiantes de alegría y gozo. Debería estar exuberantes, rebosantes de gratitud a Dios porque al fin estaban a punto de ver un sueño realizado, pero en vez de eso, traían una mescla de sentimientos bien humanos. El optimismo exagerado por un lado, el deslumbramiento por las riquezas que habían visto. Realmente la tierra era tierra que fluía leche y miel. Pero el otro sentimiento era un pesimismo asustador. “No podremos derrotarlos porque ellos son más fuertes que nosotros.”
¿Te das cuenta cómo, cuando el ser humano de aleja de Dios sus sentimientos son como un péndulo que van de un lado para otro? Pierdes el equilibrio, te entusiasmas y te desanimas con facilidad. Inicias un negocio pensando en volverte millonario y a los dos meses piensas que cometiste el más grande error, te desanimas, no eres constante, no avanzas.
Ninguna victoria sucede por acaso. La corona no es fruto de un golpe de suerte. Es necesario persistir, continuar, aunque te da la impresión de que estás perdiendo el tiempo.
La incredulidad de Israel lo llevó a vagar errante por el desierto por casi cuatro décadas, hasta que toda aquella generación fuese consumida por el calor de las arenas inhóspitas. Ellos jamás entraron a la tierra prometida, pero nos dejaron el legado de su ejemplo. Mal ejemplo, pero la vida es así. Aprendemos de las cosas buenas y de las cosas malas. Imitamos lo bueno y evitamos lo malo.
Haz de este día un día de lucha y de trabajo. Aquella victoria que te parece ya casi en la mano, todavía no llegó, no te vistas de gala antes de tiempo, sigue luchando y confiando en Dios, hasta el último minuto. Todavía no digas como Israel: “Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la cual ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella.”
Cada Mañana
Cada mañana cuando las sombras de la noche desaparecen, Dios te está diciendo: Hijo, la noche se fue, hoy es un nuevo día, deja de lamentarte, levanta la cabeza, mira el sol, hoy es una nueva oportunidad. Hoy, todo puede ser diferente si confías en mí.
Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Lamentaciones 3:23
Las manecillas del reloj indican 5 de la mañana. Rosario abre la ventana y respira hondo. La rutina de su vida va a empezar. Hace tiempo ha perdido la alegría de vivir. La vida se le antoja monótona, triste, sin sentido.
Hay momentos así. Todo parece estar de cabeza para abajo. Intentas, luchas, te arriesgas, pero tienes la impresión de estar nadando contra la corriente. Miras al cielo, ves un avión surcando los aires y piensas que las personas que están dentro de ese avión sí deben ser felices. A fin de cuentas están allí, viajando, paseando y disfrutando de la vida. Entonces, ¿Cuál es el problema contigo? ¿Por qué las cosas nunca funcionan? ¿Qué le sucede a Dios que les da mucho a unos, y nada a otros?
El texto de hoy habla de la misericordia divina. La misericordia es el amor elevado a la infinita potencia. Es la plenitud del amor. Jeremías, el autor del libro de Lamentaciones afirma que la misericordia de Dios se renueva cada mañana y que la fidelidad divina a sus promesas es grande. La palabra grande, en el original hebreo es rab, que quiere decir, abundante, ilimitada.
¿Ilimitada? ¿Para quién? Porque para ti todo sigue igual. El sol sale como todos los días y tienes que levantarte aunque no estés con ganas de cumplir con tus responsabilidades. ¡Espera, espera! Antes de continuar, vamos a pensar en lo que acabas de pensar: “El sol sale como todos los días”. ¡Ah! El sol sale. ¿Y si no saliese? ¿Qué ocurriría con el planeta si el sol, un día, decidiese no salir? ¿Te has puesto a pensar en esa posibilidad? No, claro que no. ¿Sabes por qué? Porque es obvio que el sol va a salir. Pero lo que Jeremías está diciendo en el texto de hoy es justamente que a veces no te das cuenta de cómo el amor de Dios se manifiesta en un detalle tan insignificante y rutinario como la salida del sol.
Cada mañana cuando las sombras de la noche desaparecen, Dios te está diciendo: Hijo, la noche se fue, hoy es un nuevo día, deja de lamentarte, levanta la cabeza, mira el sol, hoy es una nueva oportunidad. Hoy, todo puede ser diferente si confías en mí.
Por eso hoy, antes de partir para las luchas del día recuérdate que las expresiones del amor de Dios, “nuevas son cada mañana y su fidelidad es para siempre”.
¡Orar!
Haz de tu vida una vida de oración. Ora no solo de mañana y en la noche. Ora constantemente, cada minuto de tu vida. Relaciona todo lo que haces con Jesús. En vez de pensar solo en las dificultades que enfrentas, direcciona esos pensamientos a Dios, y ya estarás en una actitud de oración.
En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.
Lucas 6:12
Si tuviese que escribir una biografía de la vida terrenal de Cristo, le pondría por título: “El hombre del monte.” No solo porque murió en un monte, sino porque también vivió en el monte. Solo, buscando a su Padre en oración. Ahí estaba el secreto de su vida victoriosa. Después de pasar horas en comunión con la fuente de su poder, descendía al valle, encontraba a los hombres destruidos por el pecado, y los restauraba, les devolvía la dignidad y las ganas de continuar viviendo.
Los seres humanos corremos el peligro de tomar la vida de Jesús solo como un ejemplo de obediencia, y es verdad que nadie obedeció como Él. Pero antes de ser nuestro ejemplo de obediencia, Jesús es nuestro ejemplo de oración y comunión con el Padre. El maestro vino a enseñarnos, entre otras cosas, que solo es posible vivir una vida de obediencia, en la medida que vivamos una vida de oración.
Un joven me preguntó un día: “¿Que se puede decir en una hora de oración? ¿Cuándo yo oro, acabo todo lo que tengo que decir, en cinco minutos?” La razón porque la oración de este joven no dura mucho es que él solo ora para pedir, cuando lo que debía motivarlo, no es solo pedir. Dios conoce todo antes que le pidamos. El propósito de la oración es cultivar el compañerismo y la comunión con Jesús. Al fin de cuentas la vida cristiana consiste en vivir una experiencia diaria de comunión y compañerismo con Él.
La vida de Jesús fue una vida de constante oración. A veces, cansado, después de un día extenuante de trabajo arduo, el cuerpo le pedía dormir, pero Él buscaba tiempo para conversar con su Padre porque sabía que al día siguiente le esperaba otro día terrible de tentaciones y dificultades y solo sería posible salir victorioso, en la medida que buscase el poder con su Padre a través de la oración.
Haz de tu vida una vida de oración. Ora no solo de mañana y en la noche. Ora constantemente, cada minuto de tu vida. Relaciona todo lo que haces con Jesús. En vez de pensar solo en las dificultades que enfrentas, direcciona esos pensamientos a Dios, y ya estarás en una actitud de oración.
Que Dios te muchas victorias. Ah, y no te olvides que “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.”
¡Maravillas!
¿Cuál es la maravilla que necesitas que Dios opere en tu vida hoy? ¿Cuál es el drama que parece no tener solución? ¿Qué es lo que necesitas? Antes de iniciar las actividades de un nuevo día, reconoce tu incapacidad y ve a Dios, como al Padre de amor que Él es.
Yo les mostraré maravillas como el día que saliste de Egipto. Miqueas 7:15
Quisiera escribir un texto que alegre los corazones tristes. Un texto capaz de levantar al caído y de mostrarle que aún hay esperanza. Que la pareja a punto de divorciarse, de repente vea en el fondo del pozo, un tenue rayo de luz y sepa que no todo está perdido. Que el padre del joven drogadicto entienda que su hijo puede ser libertado.
¡Oh! Cómo quisiera tener la capacidad de decirle al desahuciado por la ciencia médica, que la extrema necesidad del ser humano es la oportunidad de Dios.
Quisiera ser el sol de un nuevo día, anunciando que la noche se fue y que ya no hay motivo para tener miedo. Que las lágrimas son el recuerdo de un momento difícil pero lo que realmente importa es el día que está naciendo.
Todo eso quisiera. Y solo tengo un pedazo de papel y un lápiz. Solo tengo mis propios miedos, mi humanidad carente, mis limitaciones. Así mismo quiero seguir siendo la trompeta que anuncia la victoria.
Por eso voy a la Biblia y me refugio en la Palabra eterna de un Dios que no cambia, que trasciende el tiempo y gobierna el espacio. Es mi Dios y el tuyo. Y hoy viene a decirte que aunque las sombras del dolor te envuelvan, aunque en tu cielo no haya estrellas, aunque tu cisterna no tenga agua y tus sueños parezcan desmoronarse como un castillo de arena, Él, hará maravillas en tu vida, como el día en que sacó a Israel de Egipto.
Esa fue la promesa que Dios le hizo a Israel cuando las huestes enemigas daban la impresión de haber vencido. “En aquel día –les había dicho Dios- vendrán a ti desde Asiria y las ciudades fortificadas, y desde las ciudades fortificadas hasta el río, y de mar a mar, y de monte a monte. Y será asolada la tierra a causa de sus moradores, por el fruto de sus obras”. (v.12 y 13)
¿Qué hacer delante de una situación como esa? La muerte se aproximaba inexorable. No había salvación desde la perspectiva humana, pero Dios, entonces aparece y le promete a su pueblo hacer maravillas.
¿Cuál es la maravilla que necesitas que Dios opere en tu vida hoy? ¿Cuál es el drama que parece no tener solución? ¿Qué es lo que necesitas?
Antes de iniciar las actividades de un nuevo día, reconoce tu incapacidad y ve a Dios, como al Padre de amor que Él es. Llora a sus pies y a pesar de las dificultades que puedan estar aguardándote, escucha su voz diciendo:”Yo te mostraré hoy, maravillas como el día que saqué a Israel de Egipto”.
Vivir es proseguir
Un nuevo año se presenta. El desafío es correr atrás del ideal que Dios tiene para ti. No desanimes. Tómate de la mano poderosa del Señor y escribe una nueva página de tu historia.
Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Filipenses 3:14
Con apenas veinte años, Raúl llega a la conclusión de que su vida es un fracaso.
-¿Para qué continuar viviendo?- Me pregunta en la carta, después de contarme las derrotas de su vida. Desde los dieciséis años ha usado drogas. Al principio, sólo para “probar”. O tal vez, para no sentirse aislado del grupo.
-A la hora que quiero, paro -les decía a los que le aconsejaban abandonar ese camino.
El día llegó. Quiso parar. Casi había perdido la vida en un accidente automovilístico. Quiso parar y descubrió que ya no podía. Era un pobre esclavo del vicio. A partir de allí su vida fue un fracaso tras otro. Abandonó los estudios, dejó la casa paterna y empezó a practicar pequeños robos. Acabó pasando un tiempo en la prisión.
Cierta noche, medio drogado, prendió la televisión del cuartucho inmundo que dividía con otros drogadictos, y me vio hablando del amor de Dios y de las incontables oportunidades que el Señor da a los seres humanos. El mensaje tocó su corazón. Fue a raíz de eso que escribió una carta a la producción del programa.
Al leer el versículo de hoy, tengo la impresión que el apóstol San Pablo le está hablando a este joven. “Prosigo a la meta” dice Pablo. El verbo proseguir, en griego, es lambanó. Literalmente significa “Alcanzar la cumbre de una montaña para descubrir que existe otra montaña más alta.”
Proseguir no es simplemente seguir. Es seguir a pesar de las dificultades, de las derrotas y de las promesas no cumplidas. Proseguir es continuar. Llegar es parar. El día que paras, mueres. La vida es proseguir.
Raúl necesita levantarse y proseguir. Todos necesitamos hacerlo. Cada día. A despecho de los errores cometidos. La más grande tragedia del ser humano no es resbalar y caer, sino quedarse caído pensando que una derrota es el fin de la carrera. En la pasarela de los victoriosos no desfilan las personas que jamás conocieron la derrota. La victoria es fruto de continuar a pesar de los fracasos ocasionales.
Un nuevo año se presenta. El desafío es correr atrás del ideal que Dios tiene para ti. No desanimes. Tómate de la mano poderosa del Señor y escribe una nueva página de tu historia. ”Prosigue a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”
En el principio, Dios
Dios trabaja primero en ti. Coloca en orden tu mundo interior, llena el vacío de tu corazón y trae luz a tu vida. Te inspira. El temor desaparece. Desaparecen las dudas, el desánimo, y empiezas a ver que las circunstancias adversas, y aparentemente injustas, no son tan asustadoras como parecen.
En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Génesis 1:1
Margarita sufre. Las derrotas desfilan por su mente como hormigas siniestras y dan lugar al miedo. Los consecutivos fracasos vuelven a su memoria, invaden su mundo. La llaga sangra otra vez. La joven mestiza cree que no tiene “suerte”. Llegó a los Estados Unidos acariciando el sueño americano, pero los años pasan y nada logra. Gana poco, cambia de empleo constantemente. Ninguna iniciativa le sale bien.
“Todos vencen en este país menos yo,” comenta con sus amigos, desanimada. “Simplemente no tengo suerte.”
Margarita es una joven luchadora. Se levanta de madrugada, trabaja catorce horas por día, en dos empleos diferentes y regresa a casa de noche, cansada. Tiene fuerzas apenas para darse un baño y dormir. La rutina de su vida es agobiante. ¿Qué futuro le espera? Se mira en el espejo y empieza a notar algunas líneas marcadas en su rostro.
“Estoy envejeciendo y no logro nada,” se lamenta.
¿Qué tiene que ver el versículo de hoy contigo, Margarita? Enjuga las lágrimas y trata de escuchar la voz de tu Padre Celestial.
En el principio no había nada. O tal vez sí. “La tierra estaba desordenada y vacía y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo” -dice el versículo dos. ¿Te das cuenta? Solo desorden, vacío y tinieblas. Casi nada. Nada. Pero entonces aparece Dios y le da forma a los cielos y a la tierra. El escenario universal cambia cuando Dios entra en acción.
¿Qué ocurriría en tu vida, si en el principio, colocases a Dios? ¿Te has preguntado, alguna vez si no logras lo que tanto anhelas porque en el principio solo están tus sueños, planes y proyectos? Luchas sola, trabajas sola y vives sola. Por eso piensas que tus metas son inalcanzables.
Atrévete a colocar a Dios en el principio de tu vida y verás que todo cambia. No por fuera. Las circunstancias que te rodean pueden continuar pareciendo adversas. Las pruebas y dificultades pueden seguir siendo las mismas. Pero tú no.
Dios trabaja primero en ti. Coloca en orden tu mundo interior, llena el vacío de tu corazón y trae luz a tu vida. Te inspira. El temor desaparece. Desaparecen las dudas, el desánimo, y empiezas a ver que las circunstancias adversas, y aparentemente injustas, no son tan asustadoras como parecen.
Haz de este nuevo año, un año de victoria. Coloca a Jesús en primer lugar porque “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
¡Esperaré!
La esperanza cristiana no es el simple deseo de que las cosas mejoren, sino la certidumbre de que el sol volverá a brillar, aunque en este momento solo veas nubes que anuncian tormenta. La vida puede haberte quitado mucha cosa. Puedes tener motivos suficientes para creer que el año que pasó fue el más terrible, pero se fue. Ya es historia. Tú no vives de la historia. Proyéctate hacia el futuro con fe.
Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá.
Miqueas 7:7.
Melisa despierta sobresaltada, con la frente húmeda y los labios secos. Intenta murmurar algo pero solo consigue llorar. El dolor de la pérdida es abrumador. Siente que el mundo cayó encima de ella. Acaba de salir del hospital después de recuperarse de un terrible accidente en el que fallecieron sus padres. Ella quedó con marcas horribles en su cuerpo y se encuentra completamente desorientada.
Hija única, 22 años. No sabe cómo enfrentar la nueva fase de su vida. Se siente sola, abandonada, y mira al futuro con miedo.
“En mi corazón ya no hay alegría,” piensa en silencio. Y una lágrima rebelde resbala por los surcos de sus cicatrices.
Melisa, ¡No pierdas la esperanza! La vida sin esperanza no tiene sentido. Es necesario tener esperanza. La noche pasará y vendrá un día lleno de sol. Aún es posible realizar el sueño que la tragedia despedazó. El dolor pasará y tu corazón volverá a cantar como cantan las aves, celebrando la llegada de un nuevo día. Espera en Jesús y confía en Él. Aunque los vientos contrarios intenten arrebatar tu fe.
Al fin de cuentas tú no estás sola en este mundo. Tú, como el profeta Miqueas, en medio de la adversidad, tienes un Dios a quien mirar y en quien confiar.
El año se fue. Abre las cortinas de tu corazón. Deja entrar al sol de un nuevo día. Confía en las promesas maravillosas de Dios. Él jamás te prometió que en este mundo de dolor, la tristeza pasaría de largo. Las lágrimas son una realidad innegable de este mundo de pecado. Pero nada está perdido para los que confían en Jesús.
Espera en Dios. La esperanza cristiana no es el simple deseo de que las cosas mejoren, sino la certidumbre de que el sol volverá a brillar, aunque en este momento solo veas nubes que anuncian tormenta. La vida puede haberte quitado mucha cosa. Puedes tener motivos suficientes para creer que el año que pasó fue el más terrible, pero se fue. Ya es historia. Tú no vives de la historia. Proyéctate hacia el futuro con fe.
Comienza un nuevo año, repitiéndote a ti misma la oración de Miqueas: “Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá.”
Vidas que inspiran
El consejo del salmista es que si vas a esconderte debajo de las alas de tu Protector, no tienes razón para vivir angustiado. Nada de lo que te hagan tocará tu vida, ni siquiera las fuerzas de las tinieblas.
No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. (Salmos 91:5 y 6)
Por los pasadizos secretos del alma o por los pantanos traicioneros del espíritu, a través de generaciones, transitan en tropel los temores. Vienen atraídos por las historias que la mente arranca de lugares lejanos e ignotos.
Comienzan a arribar cuando cae el sol, silenciosamente. Se sientan formando círculos y perturbando la paz.
Existe gente que no logra dormir. Los somníferos son insuficientes para ahuyentar los temores que tomaron de asalto la ciudadela del corazón.
El salmista David sabía bien lo que era eso. Huía de un enemigo real. El rey Saúl deseaba destruir al joven que Dios había escogido para ser su sucesor. El monarca no aceptaba que había pasado su oportunidad. El poder tiene la capacidad de enviciar a la persona. Quien lo tiene no quiere perderlo y hace cualquier cosa a fin de conservarlo.
David huía, andando por el desierto y durmiendo en cuevas. En aquellas noches, solitario y perseguido supo lo quera miedo, pero descubrió también lo que significa tener un protector como el Dios Todopoderoso a quien había decidido servir.
El salmo 91 de donde saqué el texto para el devocional de hoy, es un salmo de confianza y sirve de inspiración para todos los que de alguna forma o de otra enfrentan enemigos reales o imaginarios. El miedo paraliza, te incapacita de avanzar, te hace retroceder, te quita poco a poco hasta las ganas de soñar y de vivir.
Le llaman depresión. Son miedos que en la mayoría de las veces no tienen razón de ser, pero el espíritu tiene sus pantanos oscuros e incomprensibles. Si es de día, sufres porque es de día y cuando la noche llega, los temores continúan.
El consejo del salmista es que si vas a esconderte debajo de las alas de tu Protector, no tienes razón para vivir angustiado. Nada de lo que te hagan tocará tu vida, ni siquiera las fuerzas de las tinieblas.
Por eso hoy, sal a correr atrás de tus deberes diarios seguro de que tu vida está escondida en Jesús. Si es así: “No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya.”
¿Para qué más?
Esta no es una invitación al conformismo ni a la mediocridad sino a la evaluación de ritmo de vida. ¿Trabajas por necesidad o por obsesión? ¿Tienes tiempo para Dios y para tu familia o vives solo en función de hacer una fortuna?
Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. (I Timoteo 6:8)
El sol tropical se oculta en la playa. Un banquero contempla el muelle de un pueblito costero y ve llegar a un pecador que trae en su pequeño bote varios peces de buen tamaño. El banquero pregunta:
¿Cuánto tiempo te llevó pescar esos peces?
-Un par de horas señor –responde el hombre.
-¿Por qué no permaneciste más tiempo en el mar? Hubieras pescado más.
El pescador dice que tiene lo suficiente para satisfacer las necesidades de su familia.
-¿Y qué haces con el resto del tiempo? –pregunta el banquero.
-Bueno, duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago la siesta, y voy todas las noches al pueblo a tocar guitarra con mis amigos. Tengo una vida ocupada y amena.
El banquero le aconseja:
-Soy un consultor financiero y creo que deberías invertir más tiempo en la pesca; con los ingresos comprarías un bote más grande; con los ingresos de ese bote podrías comprar varios botes; entonces tendrías una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a un procesador; después podrías abrir tu propia procesadora, controlar la producción, el procesamiento y la distribución, salir de este pueblecito e irte a una ciudad grande, en fin.
El pescador pregunta:
-¿Y cuánto tiempo tardaría eso?
-Entre 15 y 20 años.
-¿Y luego qué?
El banquero sonríe.
-Podrías vender las acciones de tu empresa. Te volverías Rico, tendrías millones.
-Millones… ¿y luego qué?
El banquero responde:
-Luego te podrías retirar, irte a un pueblito en la costa donde podrías dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer la siesta, ir todas las noches al pueblo donde podrías tocar guitarra con tus amigos, libre de preocupaciones.
El pescador responde:
-¿Acaso no es eso lo que tengo ahora?
Esta no es una invitación al conformismo ni a la mediocridad sino a la evaluación de ritmo de vida. ¿Trabajas por necesidad o por obsesión? ¿Tienes tiempo para Dios y para tu familia o vives solo en función de hacer una fortuna?
No salgas hoy sin recordar: “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto
Burladores
Si hay una verdad meridiana en la biblia es el hecho de que Jesús volverá a esta tierra para ponerle un punto final a la historia del pecado pero también afirma que en los últimos días habrá gente incrédula que se burlará de esta verdad.
Sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias. 2 Pedro 3:3
Moreno, setenta años, cabellos y barba emblanquecidos por el tiempo, rostro apacible y andar pausado. El hombre, parece un abuelo cariñoso llevando un regalo a sus nietos. Es eso lo que cualquiera pensaría al verlo caminar por las calles de una vistiendo traje oscuro, con un maletín de cuero negro en la mano derecha.
La verdad es otra. El anciano no lleva regalo alguno. El maletín esconde una bomba en forma de noticia. La noticia sacudirá a la opinión pública mundial. Provocará las reacciones más controversiales.
Al dar la vuelta al mundo, el hecho lleva a muchas personas a pensar que aquel anciano está loco. Otras, creen que el hombre del maletín negro, solo busca promoverse. Al fin de cuentas, hombres públicos necesitan estar siempre en evidencia. Y Ernie Chamber, Senador independiente por el estado de Nebraska, es un viejo, polémico e irreverente hombre público.
14 de setiembre del 2007. 10:30 de la mañana. El Senador Chamber entra a la corte del condado de Douglas, mira hacia todos los lados, como un niño carente que desea llamar la atención, y hace explotar la noticia. Abre un proceso judicial contra Dios.
En el proceso, el abogado afroamericano, que nunca ha ejercido la carrera, acusa a Dios de ser el causante de todas las “inundaciones devastadoras, terremotos horrendos, terribles huracanes, plagas, pestilencias, acciones terroristas, hambrunas, guerras genocidas” y otras tantas catástrofes mundiales que aterrorizan a la humanidad.
El proceso judicial que Chamber inició contra Dios, inverosímil como pueda ser, muestra la irreverencia del hombre moderno, típicamente incrédulo, contra Dios. En segundo lugar, la preocupación del ser humano, con la realidad asustadora de nuestros días. Algo extraño sucede en este planeta y solo no ve el que no quiere ver.
Si hay una verdad meridiana en la biblia es el hecho de que Jesús volverá a esta tierra para ponerle un punto final a la historia del pecado pero también afirma que en los últimos días habrá gente incrédula que se burlará de esta verdad.
¿Cuál es tu actitud? ¿Te estás preparando para aquel gran encuentro o te dejas contagiar de la cultura de nuestros días? Tu respuesta es clave porque: “en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias.”
Conocer a Jesús
El secreto de la vida es conocer. Por eso Jesús dijo un día: “Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a Jesucristo a quién enviaste.”
La tragedia de Débora fue no conocer a la persona que seguía. Ella no está más viva, para enmendar su decisión. Tú sí. Continúas vivo y puedes evaluar tus decisiones. ¿A quién sigues? ¿En quién confías?
Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia 2 Pedro 1:3
Débora llegó a Río Janeiro, sola, agotada y sin ganas de ver a nadie. Los viajes en avión siempre la dejaban así. Había pasado quince horas entre documentación, maletas y escalas. Lo único que deseaba en ese momento era darse un buen baño y ponerse a dormir. Pero las cosas sucedieron de otro modo.
Al salir de la aduana, se aproximó de ella una persona desconocida. Traía el nombre de la joven ejecutiva, escrito con letras grandes, en un pedazo de cartulina.
-¿Señorita Paredes? –Preguntó, a modo de saludo.
Ella asintió, supuso que aquella era la persona enviada por la empresa, y entró al carro negro que la esperaba fuera del aeropuerto. Ese fue el inicio de una noche de pesadilla, terror y muerte.
Su tragedia fue no conocer. Conocer es indispensable. La ignorancia puede conducirte a la muerte. Débora, no sabía a quién seguía ni en quién confiaba. San Pedro, en el versículo de hoy, afirma que todo lo relacionado con la vida y las cosas buenas que existen en este mundo “nos han sido dadas por su divino poder.”
¿A qué se refiere Pedro? Al poder maravilloso de Jesús. Pero, añade, tú solo lo recibirás si lo conoces. Porque todo eso “nos fue dado mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.”
Hay mucha cosa buena esperando por ti, en esta vida. Todo eso viene de las manos de alguien que te ama y desea conducirte a la vida. Pero también existe mucha cosa engañosa, espejismo barato e ilusión traicionera, ofrecidos por alguien que quiere conducirte a la muerte. No todo lo que brilla, es oro. Hay metal que reluce y en poco tiempo solo es óxido venenoso.
El secreto de la vida es conocer. Por eso Jesús dijo un día: “Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a Jesucristo a quién enviaste.”
La tragedia de Débora fue no conocer a la persona que seguía. Ella no está más viva, para enmendar su decisión. Tú sí. Continúas vivo y puedes evaluar tus decisiones. ¿A quién sigues? ¿En quién confías?
No salgas hoy a enfrentar los trabajos diarios sin responder esta pregunta. Porque “Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.”
Fidelidad
La respuesta es sencilla. Dios es Dios. Es eterno y todo lo suyo es también eterno. Podrán pasar los años y los siglos. Las edades vendrán una atrás de la otra, pero el amor y la fidelidad divinos, durarán para siempre. Si dejase de amar, se negaría a sí mismo, dice el versículo de hoy.
Si fuéremos infieles, él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo. 2 Timoteo 2:13
Giovanni, no entiende la incoherencia de su loco corazón. Ama a la esposa. Ella es lo cotidiano, lo estable, lo seguro. Pero él necesita la aventura, lo desconocido, lo pasajero. Busca una mujer que lo haga sufrir. ¡Triste realidad! Se ha cansado del amor de la esposa y ansía el dolor, la indiferencia y la culpa.
La infidelidad está entretejida en las propias células de Giovanni. Es su naturaleza. “El pecado que habita en mí.”Diría San Pablo.
Lo peor de la infidelidad, no son las terribles consecuencias sociales y personales, sino, la incapacidad que genera, para creer en las promesas divinas. El infiel cree que Dios es también infiel. Cada vez que piensa en el amor divino, lo hace, desde su perspectiva humana de amar.
El amor humano, por más sincero y bonito que parezca, está manchado de egoísmo. Ama cuando le conviene, esperando algún beneficio de vuelta.
Con Dios las cosas son diferentes. El ama por el simple hecho de amar. A pesar de lo que el ser humano haga o deje de hacer. Simplemente ama. Su naturaleza es el amor.
El ser humano necesita sentirse amado por Dios para mirar adelante y vivir la vida victoriosa, pero cada vez que piensa en la fidelidad de Dios, mira a su propia infidelidad y se desespera.
La pregunta que lo desorienta y lo deja confundido es ¿Cómo puede Dios cumplir su promesa, si yo no puedo cumplir la mía?
La respuesta es sencilla. Dios es Dios. Es eterno y todo lo suyo es también eterno. Podrán pasar los años y los siglos. Las edades vendrán una atrás de la otra, pero el amor y la fidelidad divinos, durarán para siempre. Si dejase de amar, se negaría a sí mismo, dice el versículo de hoy.
Por eso hoy, encara los desafíos de la vida sin temor. El amor echa fuera el temor. El amor, limpia el pasado, redime y transforma. El amor nunca acaba, a pesar de las incoherencias del corazón humano. A despecho de las locuras de la juventud o de los desvaríos de la adultez. El amor seguirá siendo amor por los siglos de los siglos. Dios es la esencia del amor.
Empieza este día, recordando que “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo.”
Extraños
El instrumento para hacerlo se llama reconciliación. En la persona de Jesús somos traídos de vuelta a los brazos del Padre. Y ese día la loca carrera del ser humano llega al fin. Ese día, no necesitas probar a nadie que eres lo que eres. Ese día, simplemente te encuentras a ti mismo.
Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado. Colosenses 1:21
En otro tiempo. Allá, en los rincones más apartados de la ignorancia espiritual, en las sombras del alejamiento de Dios, en los páramos de la desesperación. Cuando no conocíamos a Cristo. Cuando intentando ser feliz a nuestro modo peregrinábamos por caminos tormentosos que nos conducían a la muerte.
En otro tiempo. Cuando llegaba la noche y no podíamos dormir porque la culpa generaba un miedo espantoso de la soledad, cuando sentíamos un dolor extraño dentro del pecho y no lo sabíamos definir. A nosotros, que éramos extraños, porque nadie podía entender las incoherencias de nuestras acciones. Sí a nosotros, que éramos controlados por la mente enemiga. A nosotros Dios nos buscó y nos encontró y nos reconcilio por la sangre de su Hijo.
El versículo de hoy nos muestra que la raíz del sufrimiento es la mente enemiga. Solo una mente enemiga puede maltratar a la naturaleza de la forma que lo hace. Solo una mente enemiga puede acabar con la fuente de los recursos naturales, llevado por la voracidad de la ganancia.
¿Cómo explicar, si no existiese la mente enemiga, que un adulto abuse de un niño? ¿Cómo entender la autodestrucción de un joven dominado por las drogas? ¿Cómo justificar la agresión de un hombre a la mujer que prometió amar hasta la muerte?
En vano intenta la sicología humana explicar los meandros intrincados del comportamiento humano. En vano trata la sociedad de reeducar a un delincuente. Solo Dios tiene la solución para el problema del pecado porque solo Él puede transformar la mente enemiga.
El instrumento para hacerlo se llama reconciliación. En la persona de Jesús somos traídos de vuelta a los brazos del Padre. Y ese día la loca carrera del ser humano llega al fin. Ese día, no necesitas probar a nadie que eres lo que eres. Ese día, simplemente te encuentras a ti mismo.
Por eso hoy, sal de tu casa recordando la declaración de Pablo a los colosenses: “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado.”
Fortalecidos
Que este día sea un día de sumisión y entrega al poder divino. Que el compañerismo con Jesús sea la gran preocupación de tus horas y que el carácter de Jesús, reflejado en tu vida, sea una inspiración para los que están a tu lado.
Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad. Colosenses 1:11
El escritor griego Esopo, que vivió allá por los años 600 cuenta la historia de un anciano león que, incapaz ya de obtener alimentos por su propia fuerza, decidió usar la astucia para sobrevivir. Se dirigió entonces a una cueva y se tendió en el suelo, gimiendo y fingiendo que estaba enfermo. Los animales, conmovidos, al ver al rey enfermo, iban a visitarlo pero él los atrapaba y se los comía.
Un día la zorra fue a verlo y sin entrar a la cueva, desde una distancia prudente, le preguntó:
-¿Cómo está su salud, señor león?
El Rey de los animales, jadeante y cansado le dijo:
-¿Por qué no entras a visitarme?
-Claro que entraría -le dijo la zorra- si no viera que todas las huellas entran, pero no hay ninguna que sale.
El enemigo de Dios, actúa como el león. Finge, disfraza, engaña y seduce. Te hace creer que el poder combina con gritos y golpes. Te hace pensar que la fuerza está relacionada con dominio, abuso y maltrato. Pero Pablo, en el texto de hoy afirma que la “Potencia de su gloria” sirve para toda paciencia y longanimidad.
Los caminos de Dios son diferentes de los senderos establecidos por el príncipe de las tinieblas de este mundo. El Señor Jesucristo murió y sin embargo venció. Los hombres pensamos que la muerte es derrota. El Príncipe del universo se humilló y fue exaltado, pero los seres humanos pensamos que exaltación está relacionada con palco, luces y aplausos.
El consejo de hoy es que para ver la vida desde la perspectiva divina es necesario ser fortalecido por Jesús. Eso significa vivir en comunión diaria con Él. Convivir minuto a minuto, día a día, mes tras mes, hasta que el carácter del Maestro sea reproducido en nosotros.
Que este día sea un día de sumisión y entrega al poder divino. Que el compañerismo con Jesús sea la gran preocupación de tus horas y que el carácter de Jesús, reflejado en tu vida, sea una inspiración para los que están a tu lado.
Sal, determinado a enfrentar los embates de la vida, en el nombre de Jesús y sé “Fortalecido con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad.”
Reconciliación
Con su naturaleza divina el Señor Jesús toma la mano del Padre y con su naturaleza humana, extiende su otra mano en dirección al hombre caído a fin de rescatarlo y de esta manera, Reconcilia al hombre con Dios.
Todo lo que necesitas hacer es aceptar que Jesús te tome de la mano. Y hoy, puede ser ese grande momento porque cada mañana es siempre una nueva oportunidad.
Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación. 2 Corintios 5:18
El ascensor era suficientemente amplio y alcanzaba para varias personas. Sin embargo Clayton prefirió tomar las escaleras, a pesar del maletín pesado. Es que Lauro estaba en el elevador y Clayton no deseaba hablar con él. Nadie entendía la situación, porque ambos habían sido amigos de mucho tiempo. Lo peor es que los dos se sentían mal con esa situación. Entonces surgió la presencia de Juana que sirvió de mediadora para reconciliarlos. Los tres se abrazaron. A partir de aquel día, Clayton y Lauro volvieron a sonreír.
No sé si percibiste que cuando estás peleado con alguna persona no tienes paz en el corazón. Esa era la situación del ser humano después de caer en el pecado. Recuerda que lo primero que hicieron Adán y Eva después de la desobediencia, fue huir y esconderse de la presencia de Dios. Esa situación tampoco dejaba feliz a Dios porque amaba al ser humano y sufría al verlo huyendo de su amor. ¿Qué hacer?
El texto de hoy dice que, la iniciativa de la reconciliación fue divina. “Todo esto proviene de Dios” dice Pablo. El ser humano no se salva porque quiere salvarse sino porque Dios quiere salvarlo. Es Dios el que lo busca, incansablemente, hasta encontrarlo
A fin de que su presencia gloriosa de santidad y pureza no destruya al pobre pecador, Dios usa un mediador y ese mediador es Cristo. “Quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo.” Aquí encontramos la idea de que había una distancia enorme entre Dios y el hombre y Cristo fue el puente a través del cual podemos tener otra vez acceso al Padre. Con su naturaleza divina el Señor Jesús toma la mano del Padre y con su naturaleza humana, extiende su otra mano en dirección al hombre caído a fin de rescatarlo y de esta manera, Reconcilia al hombre con Dios.
Todo lo que necesitas hacer es aceptar que Jesús te tome de la mano. Y hoy, puede ser ese grande momento porque cada mañana es siempre una nueva oportunidad.
No salgas, sin saber que “todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación.”
Impiedad
Hoy es el día de buena nueva. Hoy es el día de salvación. Este es el momento de reconocer a Dios y de permitir que Él asuma el control de la vida. “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.”
Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad. Romanos 1:18
Las angostas calles del pueblecito nos llevaron hasta el único hotel. Había comenzado a nevar y el frío atravesaba el abrigo de lana que vestía. Era un pequeño hotel de pocas habitaciones y techo de calamina. Para pasar una noche de emergencia estaba más que bien.
El recepcionista, un hombre gordo, mal encardo, nos recibió de mala gana. Al enterarse que éramos pastores, vociferó y habló pestes de Dios y de los creyentes. No le hicimos caso, pagamos y entramos. “Es un hombre sin cultura.” Me dijo mi compañero, en un intento de amenizar la actitud grosera del hombre gordo. Tal vez sí. Quizá él dijo todo aquello porque no tenía cultura. Pero la impiedad, que significa irreverencia contra Dios, no es patrimonio de gente sin cultura.
La mañana que escribo este devocional los periódicos publican la noticia de que la escritora Ariane Sherine e el biólogo Richard Dawkins iniciaron una campaña publicitaria en los ómnibus de Londres. Enormes pancartas traen la frase: “Probablemente Dios no existe. Para de preocuparte y vive la vida.”
Los autores de la campaña alegan que la suya, es una reacción contra la histeria de los cristianos que delante de la crisis económica que asusta al mundo, dicen que es el juicio divino sobre los hombres impenitentes.
Hay dos problemas por tras de la noticia. El primero es la “impiedad” del hombre moderno. San Pablo ya decía que esta sería una característica de los tiempos previos a la segunda venida de Cristo.
El segundo problema es la idea equivocada de la ira divina. La palabra ira, en hebreo es orge, que a la letra significa, impulso violento, pero que también significa indignación o rechazo. Tú no puedes imaginar a Dios llevado a hacer algo por un impulso violento. Eso es propio de la naturaleza pecaminosa. Dios es santo. En Él no hay lugar para “impulsos violentos.”
Pero por otro lado Dios, tampoco acepta la actitud rebelde e irreverente del ser humano. Lo deja a su propia destrucción. Dios no necesita hacer nada para destruir al impiedoso, es solo dejarlo y él se autodestruirá.
Hoy es el día de buena nueva. Hoy es el día de salvación. Este es el momento de reconocer a Dios y de permitir que Él asuma el control de la vida. “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.”
La sombra
Haz de este día un día de inspiración. Usa tu influencia para el bien. Pídele a Dios que por donde vayas, las personas quieran estar a tu lado, aunque sea para recibir tu sombra. Que tu vida y tu influencia sean como las de Pedro “Tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayesesobre alguno de ellos.”
Tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Hechos 5:15
Hay personas que jamás olvida. El tiempos pasa, la juventud se va, las arrugas aparecen como surcos que el tiempo abre, pero el recuerdo de ellas dura, su influencia es semejante a un perfume que insiste en estar pegado a la piel. Creo que Pedro era una de esas personas. Los últimos años de su vida la gente lo seguía colocando lechos y camas para que al pasar el Apóstol, “a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos.”
Me emociona leer esto, porque este Pedro que las personas seguían para todos los lados era el mismo que una noche oscura y fría de invierno había negado al Señor Jesús. En aquel momento, después que el galló cantó por la tercera vez, el derrotado Pedro corrió desesperado rumbo a las tinieblas de su propia consciencia. El martillo de la culpa lo golpeaba inclemente. Había traicionado a su Maestro. Lo había abandonado en el momento que el Señor más lo necesitaba.
El rayar de un nuevo día encontró a un hombre hecho pedazos. El enemigo le decía: “Tú ya no vales nada, ¿Por qué no te ahorcas como lo hizo Judas?” En el silencio del amanecer, sin embargo, recordó la mirada de Jesús al cruzar el patio del templo. Humillado, azotado, burlado, el Maestro le dijo en aquella mirada. “Tú Pedro, lo arruinaste todo pero yo vine para hacer todo de nuevo. Confía en Mí. Yo te sigo amando.” Fue aquella mirada que lo animo a creer que era posible levantarse. Y se levantó. Cayó de rodillas pidiendo perdón y se levantó. Antes de levantarte es necesario caer arrodillado y reconocer que tú no puedes. El poder de Dios solo se manifiesta en el alma contrita y humilde.
Poco tiempo después encontramos a Pedro diciéndole al paralítico: “No tengo oro ni plata pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesús te digo, levántate y anda.” Y el hombre salió saltando como un niño.
Sí, algunas personas van y vienen, pero otras como Pedro, llegan a tu vida y a partir de ese momento, jamás eres el mismo. Su influencia marca, impresiona e inspira.
Haz de este día un día de inspiración. Usa tu influencia para el bien. Pídele a Dios que por donde vayas, las personas quieran estar a tu lado, aunque sea para recibir tu sombra. Que tu vida y tu influencia sean como las de Pedro “Tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayesesobre alguno de ellos.”