DEVOCIONALES
Se acabó
Haz de este día un día de meditación y reflexión. Escucha la voz de Dios que te habla a través de su palabra. No dejes a Jesús tocando en vano las puertas de tu corazón rebelde. Y recuerda que, “El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.”
El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová. 1 Samuel 16:14
Saúl dijo no al Señor. Una y otra vez. Varias veces, en repetidas ocasiones. Jugó con la misericordia divina, creyó que el Señor estaría siempre a su lado, que nunca lo dejaría, ni lo abandonaría.
Saúl, como Sansón, o como judas, pensaba que podía decidir cuándo oír, o no oír la voz de Dios. Creía que el amor de Dios siempre estaría a su disposición. Y lo estaba, porque en la Biblia, Dios afirma: “Con amor eterno te he amado.”
Si el amor es eterno, no acaba nunca. Podrán secarse las fuentes de las aguas del mundo y el amor de Dios continuará siendo el mismo. Podrán desaparecer todas las montañas, y el amor de Dios continuará siendo. Los seres humanos vendrán y se irán y Dios los continuará amando. El problema no está con el amor divino, ni con su paciencia, ni con su misericordia, sino con el corazón humano.
Un día, amaneció como cualquier otro día, en la vida de Saúl. Por lo menos él pensaba así, pero no sabía que su corazón se había endurecido al punto de no escuchar más la voz de Dios. El escritor bíblico, usando una expresión muy propia del ser humano afirma: “El Espíritu de Dios se apartó de Saúl.” La vedad era que Saúl había llegado al punto en que el trabajo del Espíritu Santo no tenía más ningún valor para él.
Y como ninguna casa puede estar vacía, vino el enemigo y se apoderó del corazón del hombre que un día, Dios escogiera para ser el rey de su pueblo. Y “lo atormentaba.” La palabra hebrea para “atormentar” es bawat, que significa aterrorizar, desequilibrar, llenar de miedo.
Una vida llena de miedo está condenada al fracaso. Ve fantasmas donde no existen, encuentra dificultades dónde solo hay oportunidades. El problema de Saúl, no eran las sombras que aparecían en forma de figuras misteriosas, sino el hecho de que no oía más la voz de Dios. Había jugado tanto con la misericordia divina que cuando la quiso de nuevo, descubrió que su loco corazón no era más capaz de creer en el amor de Dios.
Haz de este día un día de meditación y reflexión. Escucha la voz de Dios que te habla a través de su palabra. No dejes a Jesús tocando en vano las puertas de tu corazón rebelde. Y recuerda que, “El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.”
¡Me libró!
No temas delante de las voces que se levantan contra ti. No huyas. No busques salidas fáciles. El Dios de David es también el tuyo.
Me libró de poderoso enemigo, y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo. 2 Samuel 22:18
Virginia pasea por la orilla del río. Mira hacia abajo. Busca alguna cosa. De vez en cuando se agacha y mete algo en el bolso grande del delantal. Dejó su casa temprano y ha caminado dos horas para llegar al río.
Bajo la sombra de un enorme sauce, se detiene a examinar el resultado de su búsqueda y sonríe con sonrisa de Monalisa. Piedras. Muchas piedras. Grandes y pequeñas. Con el bolso lleno, camina decidida hacia el agua. Hacia adentro, hacia la corriente, hacia la parte más profunda.
Mira al cielo, se hace la señal de la cruz y suspira. Siente el cosquilleo del pedregullo en sus pies, el frío en sus pantorrillas. Sonríe nuevamente, al notar que su plan está funcionando. No le sucederá como la otra vez, que se metió al río pero salió flotando. Salió mojada y triste. Mojada de derrota. Y al regresar a casa tuvo que mentirle al esposo y decirle que se había caído al río.
Esta vez no tendrá que mentir. No flotará. Ahora será definitivo. La muerte la espera allá en el fondo del río.
Fue así de simples que Virginia Woolf, una de las más extraordinarias escritoras inglesas del siglo pasado, cometió suicidio en 1941. Su cuerpo, ya en estado de descomposición fue encontrado a la orilla del río por dos niños que jugaban distraídos.
En la carta de despedida que dejó a su esposo decía entre otras cosas. “Me persiguen las voces y no logro soportarlas”.
¿Quién no se ha sentido perseguido alguna vez? En el lugar de trabajo, en la escuela, en el vecindario y hasta en la familia ¿No has sentido, la mirada sarcástica o hiriente de alguien que no te simpatiza?
La vida de David, el autor del texto de hoy, fue también una vida perseguida. Enemigos gratuitos aparecían todos los días. Voces agresivas, maldosas, calumniadoras. Su propio hijo Absalón se levantó contra él, ambicionando el trono. Solo que David, al contrario de Virginia, sabía a dónde ir en busca de ayuda.
No temas delante de las voces que se levantan contra ti. No huyas. No busques salidas fáciles. El Dios de David es también el tuyo. Puede serlo, si en este momento, antes de partir para la lucha de la vida, tomas tiempo para arrodillarte y declarar con confianza:”Me libró del poderoso enemigo, y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo”. Sí, la lucha todavía no comenzó paro Dios ya te libró.
¿Qué harás con Dios?
Servir a Dios con corazón perfecto. La palabra hebrea para “perfecto” es Shalem, que significa, integridad, totalidad, plenitud, pero también significa paz. En otras palabras, no es posible tener paz en el corazón ni ser feliz, si no se sirve a Dios de manera completa e integra. Un servicio a medias, destruye la paz de individuo. O eres o no eres. O le sirves o no le sirves.
Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre. 1 Crónicas 28:9
Brillaba el sol, imponente, en el cielo azul. Miles de personas reunidas en la plaza de Jerusalén, aguardaban el discurso del rey. Entre ellos, jefes de las tribus, líderes de las divisiones de guerra, ministros de estado, oficiales poderosos y soldados.
Silencio sepulcral. Siempre que el rey hablaba era así. ¿Qué tendría para decir? David ya era anciano. Había tenidos momentos de gloria, había probado, también, el sabor amargo de la derrota, había reído, llorado. En fin, había vivido.
Llegara el momento de entregar el reino a su sucesor. El elegido por Dios era Salomón, su hijo. El pueblo estaba reunido en la plaza para oír el discurso de sucesión.
El texto de hoy fue extraído de ese discurso. El anciano rey miró al joven príncipe y le dijo:”Y tú Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario”.
Según David, estos serían los secretos de un reinado feliz. En hebreo el verbo reconocer es yadá que significa, “tener consciencia de”. Si Salomón quisiese ser un rey próspero y feliz, debería tener consciencia permanente de que Dios. Si por esas cosas de la vida, él joven rey se olvidase de Dios, comenzaría su decadencia.
El otro secreto era: Servir a Dios con corazón perfecto. La palabra hebrea para “perfecto” es Shalem, que significa, integridad, totalidad, plenitud, pero también significa paz. En otras palabras, no es posible tener paz en el corazón ni ser feliz, si no se sirve a Dios de manera completa e integra. Un servicio a medias, destruye la paz de individuo. O eres o no eres. O le sirves o no le sirves. Servirle por la mitad es destructivo. Te roba la paz y la tranquilidad de espíritu.
El consejo de David a su hijo Salomón vale también para ti y para mí, hoy. No salgas de tu casa sin la seguridad de que el Señor Jesús va contigo. Sírvelo de manera íntegra y sé feliz. Recuerda las palabras de David: “Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.”
¡Libres!
Cuando no conocías a Jesús estabas bajo la condenación de la ley. Al aceptar al Señor como tu salvador ya no vives más bajo la ley sino bajo la gracia. La gracia no te libra de la ley, te libra de las consecuencias del pecado, de la condenación de la ley. La gracia existe porque existe la ley. Si acabas con la ley, acabas con la gracia.
Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.
Romanos 6:14
Ni siquiera el azul esmeralda del mar del Caribe es capaz de arrancar la tristeza de su corazón. Olavo mira al mar y su visión se pierde en el infinito, en aquel punto donde parece que el cielo y el mar se vuelven una sábana de terciopelo que se eleva hacia alturas insondables.
¡Cielo, ah cielo! Cómo le parece tan distante, tan ajeno. Él no merece nada de eso. Su vida llena de errores lo atormenta implacablemente. Últimamente no logra dormir. El martillo de la consciencia lo golpea de día y de noche. Se siente sucio, pecador, inmundo.
Olavo ignora que todos los seres humanos estamos condenados, porque todos pecamos. No hay justo, ni siquiera uno. La paga del pecado es muerte. No hay salida para la tragedia humana. Mejor dicho, no habría, si no fuese el amor maravilloso de Dios, que permitió que el Señor Jesucristo se hiciese hombre y viniese a este mundo a morir en lugar del pecador.
En la cruz del calvario, Jesús pagó con su muerte el pecado de todos los tiempos, de todos los seres humanos. Lo único que necesitas hoy es apoderarte de ese sacrificio y aceptarlo como tuyo.
¿Cuánto pagas por eso? Nada. Absolutamente nada. Es de gracia. Gracia es el don de Dios a través del cual aceptas la salvación sin merecer. Por su misericordia no recibes lo que mereces: la muerte. Por su gracia, recibes lo que no mereces: la vida.
La ley dice: “El que pecare ciertamente morirá”. La gracia proclama: “Tú pecaste y mereces morir, pero Jesús sufrió la muerte que merecías y si crees en Él, estás salvo”.
Cuando no conocías a Jesús estabas bajo la condenación de la ley. Al aceptar al Señor como tu salvador ya no vives más bajo la ley sino bajo la gracia. La gracia no te libra de la ley, te libra de las consecuencias del pecado, de la condenación de la ley. La gracia existe porque existe la ley. Si acabas con la ley, acabas con la gracia.
Hoy puede ser un día diferente en tu vida. Un día de gracia, de amor y de misericordia. Hoy puede ser un día sin el tormento de la culpa, un día de libertad, de victoria y de realización. Las cosas viejas pasaron. Con Jesús todo puede empezar de nuevo. Cada día es una nueva oportunidad de victoria “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.”
El clamor de mi pueblo
¿Cuál es el mejor momento? Cuando hayas crecido, madurado y aprendido. Nada triste ocurre en tu vida, sin un propósito didáctico. Tu exactor quiere destruirte, pero Dios toma las circunstancias difíciles y las transforma en instrumentos de edificación y crecimiento.
Dijo Dios Jehová: bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores, pues he conocido sus angustias. Éxodo3:7
Felipe llega temprano al trabajo, todos los días. Realiza más de lo que su responsabilidad demanda. Es siempre el último en salir. Cualquier empresa disputaría los servicios de Felipe. ¿Quién no quiere un empleado inteligente, acomedido y listo a ir más allá de sus obligaciones?
Sin embargo el jefe de Felipe, le dificulta la vida. Lo provoca y trata de irritarlo para ver si él pierde la paciencia.
Últimamente, Felipe anda desanimado. Cree que de cierta manera, Dios está siendo injusto con él.
-Parece que Dios se olvidó de mí –se queja.
Regresa a casa cansado, frustrado y a punto de explotar. Pero el texto de hoy, afirma que “Dios ve la aflicción de su pueblo.” Siempre. Aunque parezca que no.
Siglos atrás, Israel, como Felipe, sufría por causa de sus exactores. ¿Sabes a que se dedica un exactor? A exacerbar, a irritar y a causar enfado sin motivo. Tú puedes hacer lo mejor, con la mejor buena voluntad, pero para el exactor, nada de lo que haces está bien. A él no le importa tu trabajo. Lo que desea es sacarte de tus casillas y si tú reaccionas, él usa tu reacción para decir que no vales.
A los exactores los encuentras en todos los lugares y en cualquier circunstancia. En el lugar donde trabajas, en tu hogar, en la escuela y hasta en la iglesia. Están siempre a tu alrededor, perturbando tu paz.
Delante de esas injusticias haz lo que Israel hacía. Clama a tu Dios. No te quejes, ni te lamentes. Los lamentos satisfacen el hambre del exactor.
Dios le dijo a Moisés: “Bien he visto la aflicción de mi pueblo y he conocido su clamor y he conocido sus angustias.” Nada está oculto a los ojos de Dios. A veces, te puede dar la impresión de que El cerró sus ojos, tapó sus oídos y cruzó los brazos. No es verdad. Dios está siempre atento. Esperando el mejor momento para entrar en acción.
¿Cuál es el mejor momento? Cuando hayas crecido, madurado y aprendido. Nada triste ocurre en tu vida, sin un propósito didáctico. Tu exactor quiere destruirte, pero Dios toma las circunstancias difíciles y las transforma en instrumentos de edificación y crecimiento.
Solo necesitas esperar y aprender. Entonces Dios dirá: He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto y he oído su clamor a causa de sus exactores, pues he conocido sus angustias.”
¡Clama!
Amaneció un nuevo día, mira por la ventana. ¿Solo ves nubes negras y tormenta? No importa. Por tras de esas nubes oscuras, brilla un sol indestructible. Ninguna tormenta será capaz de apagar su llama viva. Pero el sol es apenas un astro. Más allá de los planetas y las estrellas. Por encima del cosmos inaccesible está el creador del Sol. Es tu Dios Altísimo.
Clamaré al Dios Altísimo. Al Dios que me favorece. Salmos 57:2
Genaro fue despedido del empleo hace un mes. La esposa, deprimida, fue a parar al hospital. Los exámenes médicos revelaron que ella tenía un cáncer terrible y no sabía. Para completar el cuadro de tragedia, este es el cuarto mes que Genaro no paga al banco el préstamo de la casa y está amenazado de perder el inmueble.
Hay momentos así en la vida. Tú sales a la calle. Las personas corren de un lugar a otro en pos de sus sueños, pero a nadie le importa lo que te sucede a ti. Te sientes solo y olvidado hasta de Dios.
Es natural. El salmista también pasó por momentos difíciles en su vida. Todos pasamos. A veces el sol brilla esplendoroso, el cielo azul no trae una nube que opaque la belleza de tu día, pero de repente, cuando menos lo esperas, parece que todo se pone de cabeza para abajo y pierdes el control de la situación.
Cuando la noche envolvió la vida del salmista el dijo:”Clamaré al Dios altísimo, Al Dios que me favorece”. El verbo “favorecer” en el original hebreo es Gamar, que literalmente significa, realizar todo, hacer todo.
El Dios del salmista era un Dios Altísimo que podía hacer todo. Ese Dios no duerme en las páginas de la Biblia. Es también tu Dios, vivo y actuante. Por tanto, Genaro, clama a tu Dios. El verbo clamar en hebreo es qara’. Significa llorar a gritos, derramar el alma a Dios, reconocer como un niño indefenso, que necesitas la ayuda del padre.
A veces, Dios permite que lleguemos a un momento sin perspectivas, sin salidas, sin ventanas, para que solos, en la oscuridad de nuestros temores, en el dolor de nuestras heridas y en la desesperación de nuestra incapacidad aprendamos a depender del Dios altísimo.
Amaneció un nuevo día, mira por la ventana. ¿Solo ves nubes negras y tormenta? No importa. Por tras de esas nubes oscuras, brilla un sol indestructible. Ninguna tormenta será capaz de apagar su llama viva. Pero el sol es apenas un astro. Más allá de los planetas y las estrellas. Por encima del cosmos inaccesible está el creador del Sol. Es tu Dios Altísimo. Clama a Él, sin miedo. Él te entenderá y te oirá, porque un día, lo dejó todo y vino a buscarte en la persona maravillosa de Jesús.
Antes de iniciar la carrera de la vida hoy, arrodíllate y di en tu corazón: “Clamaré al Dios altísimo. Al Dios que me favorece.”
¡Unidos!
Mucha gente se desespera porque no sabe distinguir los problemas de los conflictos. La vida es la permanente solución de problemas. Desde que le levantas hasta que te acuestas en la noche, estás solucionando problemas. No existe vida sin problemas. Pero los problemas no son cataclismos destructores sino, desafíos de crecimiento.
Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables. 1 Pedro 3:8
El paradero del ómnibus está colmado de personas esta mañana fría de invierno, en las calles del barrio Chacarita, en la ciudad de Buenos aires. Max no ve a la gente. Su cuerpo está allí pero su mente vaga sin rumbo por los agrestes campos minados de los conflictos familiares. Cree no resistir más. Piensa que tal vez la separación sea la única salida. Lo que lo incomoda y lo confunde es el hecho de que ama a su esposa y no entiende por qué dos personas que se aman no pueden vivir en armonía.
El conflicto de hoy comenzó porque no había leche para el desayuno.
-Te dije que la compraras anoche –casi gritó ella, encolerizada.
-¿Y por qué en lugar de pedirme, no la compraste tú? Respondió él, en el mismo tono.
A partir de allí, se dijeron cosas terribles, se sacaron en cara errores pasados y, finalmente él, salió de casa golpeando la puerta.
En el texto de hoy, Pedro dice que los conyugues deben tener “un mismo sentir”, deben ser “compasivos y misericordiosos”, el uno con el otro. Parece una meta distante, imposible de ser alcanzada. Por lo menos para Max y su joven esposa.
Lo que ellos ignoran es que el matrimonio es la única escuela dónde uno se matricula pero nunca se gradúa. La vida en pareja es una vida de constante aprendizaje.
Mucha gente se desespera porque no sabe distinguir los problemas de los conflictos. La vida es la permanente solución de problemas. Desde que te levantas hasta que te acuestas en la noche, estás solucionando problemas. Cada hora, cada minuto. No existe vida sin problemas. Pero los problemas no son cataclismos destructores sino, desafíos de crecimiento. Un problema mal resuelto sí, se transforma en conflicto, y conflictos pueden ser fatales.
Lo que la esposa de Max podría haber hecho esta mañana es preguntar:
-¿Querido, compraste leche?
Creo que Max hubiera respondido: “No mi amor, pero la compro en un minuto”.
Después, más calmos podrían sentarse a conversar sobre los constantes “olvidos” de Max.
Antes de iniciar tus actividades hoy recuerda: “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables.”
¿Corrección o castigo?
Haz de este día un día se sumisión a la justicia divina. Jamás pierdes al hacerlo. Creces, ganas y tienes la garantía de la vida eterna.
¿No eres tú desde el principio, Oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová para juicio lo pusiste; y tú Oh Roca, lo fundaste para castigar. Habacuc 1:12
“Yo solo quería ser feliz, nunca fue mi intención traer dolor a tanta gente” decía Patricia, con la cabeza entre las manos, sollozante y desesperada.
Tal vez no quisiese. Nadie quiere en sana consciencia hacer sufrir a las personas que ama, pero la vida es así, entras a un tobogán y solo despiertas cuando el dolor es una realidad. Patricia es el típico ejemplo de alguien que no quiso ajustar su vida a las enseñanzas divinas. “No me gusta le religión –decía- porque una no tiene libertad. ¿Por qué Dios tiene que decir todo lo que debo hacer?”
El texto de hoy habla de 4 atributos divinos: su eternidad, su santidad, su justicia y su poder. De estos 4, el más difícil de ser aceptado por el ser humano sea, tal vez, la justicia.
Después de la entrada del pecado el ser humano se tornó independiente. Se apoderó de la vida que le fue confiada. Se hizo el Señor de su propio destino. ¿Cuál fue el resultado? Dolor, tristeza, sufrimiento y muerte.
Cuando la serpiente se presentó a Eva en el Jardín, vino con una idea seductora. “No necesitas de Dios. La obediencia tiene como único propósito conservarte en el plano de una simple criatura. Tú puedes ser más que eso. Puedes decidir lo que es bueno o malo para ti.”
Eva cayó. Adán también. Continuamos cayendo todos los días. En las horas de dolor y desesperación acudimos al poder divino. En los momentos de enfermedad y muerte, pensamos en la eternidad de Dios. Cuando el pecado mancha nuestra vida al punto de asfixiarnos, nos recordamos de su santidad, pero en momento ninguno aceptamos su justicia. Por lo menos no, la justicia de la que habla Habacuc en el texto de hoy.
El profeta usa la palabra hebrea Mishpat, que significa literalmente, el hecho de decidir un caso. Si Dios es Justo es Él, el que decide. El ser humano tiene derecho de aceptar o rechazar el camino que Dios le presenta, pero no tiene el derecho de escoger el mal y llamarlo bien. Dios es el único que se atribuye el derecho de decidir lo que es correcto o incorrecto, moral o inmoral.
Haz de este día un día se sumisión a la justicia divina. Jamás pierdes al hacerlo. Creces, ganas y tienes la garantía de la vida eterna. Di como Habacuc: “¿No eres tú desde el principio, Oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová, para juicio lo pusiste.”
¿En quién confías?
¿Qué es lo que hace Dios por ti? No siempre te libra del problema como resultado de un acto milagroso. Pero con toda seguridad coloca paz en tu corazón, te da una visión diferente de las cosas, te inspira y usa tus propios talentos para salir de la hora difícil.
En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá. 2 Reyes 18:5
Francisco miró un día a sus padres y les dijo:
-Siempre respeté la fe de ustedes, ahora por favor, les suplico que ustedes respeten mis convicciones.
A los 30 años de edad el joven ejecutivo, nacido en un hogar cristiano, consideraba parte de sus sueños realizados. Hablaba cinco idiomas y viajaba por el mundo cerrando grandes negocios para la empresa que representaba. Alto, bonito, atlético, jugaba tenis tres veces por semana. Lleno de dinero y rodeado de bellas mujeres, había llegado a la conclusión de que sus padres eran gente demasiado simple y que la fe de ellos los había relegado al ostracismo.
¿Alguna vez estuviste disfrutando de un día esplendoroso de cielo limpio y sol brillante? ¿Ni una nube quebrando el azul intenso del terciopelo cósmico y repentinamente, en cuestión de segundos, todo cambió y la tormenta tomó desprevenidos a todos?
Bueno, fue eso lo que le sucedió a Francisco. Solo que no había cielo en su vida. Por lo menos, no, el que infunde esperanza en las horas cruciales.
Lo perdió todo. De la noche a la mañana. Perdió el empleo, la salud y acabó en la prisión. Él nunca supo explicar quien colocó droga en su valija.
¿Podría haber sido víctima de un acto de venganza, si estuviese bien con Dios? Claro que podría. Los que confían en el Señor no están libres de traiciones y maldades. El problema de Francisco es que en la hora del dolor, estaba solo. Los cinco idiomas que hablaba, el dinero, la brillante carrera profesional, nada fue capaz de librarlo de aquella situación injusta. Una mañana fría del mes de Junio, lo encontraron colgado dentro de la celda. Se había ahorcado.
Con Ezequías sucedió diferente. El texto de hoy habla de este extraordinario rey joven. El brillo del éxito no lo mareó. La fama y el poder no le hicieron olvidar de Dios y en los momentos de mayor dificultad, él sabía en quien depositar su confianza.
¿Qué es lo que hace Dios por ti? No siempre te libra del problema como resultado de un acto milagroso. Pero con toda seguridad coloca paz en tu corazón, te da una visión diferente de las cosas, te inspira y usa tus propios talentos para salir de la hora difícil.
Por eso hoy, antes de salir para las luchas de la vida recuérdate de Ezequías que, “En Jehová Dios de Israel, puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre los reyes de Judá.”
Corazón sabio
Haz como Salomón. Ve a Dios y confiésale tus temores, dile que necesitas de un corazón entendido para llevar al pueblo que tienes bajo tu responsabilidad, a su destino glorioso.
Da pues a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿Quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? 1 Reyes 3:9
Lucia tiene 25 años y muchas ganas de vivir. Sus cabellos rubios brillan más que nunca, esta mañana, iluminados por los rubios rayos del sol. Es su primer día de trabajo desde que recibió la promoción. Sabe que entre los compañeros hay gente herida. Personas que se consideran con más derecho a ocupar el cargo que le confiaron a ella. Está feliz, pero una nube de temor aparece en su cielo azul. Le preocupa la posibilidad de que sus compañeros no acepten una persona tan joven, como jefe.
Salomón también era joven cuando Dios le confió un cargo de mucha responsabilidad. Su misión sería administrar justicia entre los hijos de Israel. El joven rey, como Lucia hoy, vio también una nube de temor intentando nublar su cielo azul. ¿Qué hizo entonces? Fue al Señor en oración y le suplicó: “Da pues a tu siervo corazón entendido.”
La expresión “corazón entendido” en hebreo es Jokmaj, que literalmente significa equilibrio, sabiduría, sentido común. Podría ser definido como la capacidad de ser justo y hacer felices a las personas.
Todos los días, en todos los lugares, estamos siendo cartas abiertas y leídas por los que nos rodean. Nadie es una isla. No es posible esconderse ni omitirse.
La responsabilidad que Dios te confió, a través de la decisión de seres humanos, es la oportunidad que te da de hacer felices a las personas que te rodean.
Si permites que el orgullo y la soberbia se apoderen de tu corazón, cometerás errores crasos. Pensarás que porque eres jefe, no puedes equivocarte, querrás tener siempre la razón. ¡Mentira! No pasas de un simple ser humano. Más observado, más criticado y más condenado, tal vez, pero un ser humano y nada más.
Hay gente que piensa que no se debe confiar grandes responsabilidades a jóvenes. ¿Por qué no? Ser joven no es defecto. Defecto es permitir que la soberbia te haga pensar que de repente, sabes todo.
Haz como Salomón. Ve a Dios y confiésale tus temores, dile que necesitas de un corazón entendido para llevar al pueblo que tienes bajo tu responsabilidad, a su destino glorioso.
No partas hoy, para el cumplimiento de tus deberes diarios, sin hacer la oración del sabio: “Da pues a tu siervo, corazón entendido para juzgar a tu pueblo y para discernir entre lo bueno y lo malo, porque ¿Quién podrá gobernar este pueblo tan grande?”
Tu misión
Una de las bendiciones de vivir en compañerismo diario con Jesús es que te sientes realizado y feliz cumpliendo tu misión. El amor de Jesús llena tu corazón de tal forma que no andas mirando a los lados para ver quién tiene qué, o quién llega a dónde. Solo miras para adelante y corres en el cumplimiento de tu misión. El resultado es que todos llegan y las personas que conviven que contigo también son felices, porque cuando todas las piezas de un automóvil funcionan a perfección, el vehículo marcha bien.
Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Jueces 9:8
Sabiduría es saber para qué sirves y por qué estás en esta tierra. Conozco personas desesperadas para escalar puestos y no miden consecuencias para alcanzar sus objetivos. Jamás piensan si tienen talento para realizar el trabajo que ambicionan, lo único que les importa es alcanzar el cargo deseado, sin preguntarse si Dios los ha llamado para ese trabajo. Después se frustran y frustran a los otros. En el fondo se saben derrotados y tratan de disimular la derrota con manifestaciones de autoritarismo.
La parábola de hoy muestra alegóricamente la sabiduría del olivo. ¿Ser rey? ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Solo porque todo el mundo quiere serlo? No. Déjenme tranquilo en mi misión de olivo. Dios me dio la capacidad de producir aceite y lo haré bien hecho hasta el fin de mis días.
Una de las bendiciones de vivir en compañerismo diario con Jesús es que te sientes realizado y feliz cumpliendo tu misión. El amor de Jesús llena tu corazón de tal forma que no andas mirando a los lados para ver quién tiene qué, o quién llega a dónde. Solo miras para adelante y corres en el cumplimiento de tu misión. El resultado es que todos llegan y las personas que conviven que contigo también son felices, porque cuando todas las piezas de un automóvil funcionan a perfección, el vehículo marcha bien.
Hoy es un día de nuevos desafíos. Tus desafíos no son los del otro. No quieras hacer el trabajo del otro y descuidar el tuyo. Para, piensa y medita. Sé consciente de tu misión sin importarte si el trabajo de tu vecino es más bonito o más encantador que el tuyo. No te compares con nadie. Dios te hizo único en el mundo. Simplemente cumple tu misión y descubre una dimensión de la vida más significativa y fascinante, ah, y no te olvides que “Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?”
Consulta a Dios
¿Qué grande desafío tienes hoy delante de ti? ¿Ya consultaste a Dios y a su Palabra para ver si estás siguiendo el camino correcto? ¿Aprueba Dios lo que vas a hacer o te estás dejando seducir por el brillo de las cosas y la belleza de la apariencia?
Aconteció después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel, consultaron a Jehová, diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a pelear contra los cananeos? Jueces 1:1
El matrimonio de Marta y Pedro había durado solo dos años. Los primeros meses, la joven pareja creía que el paraíso existía en esta tierra. La convivencia se encargó de mostrar la realidad de cada uno. El carácter mezquino e egoísta de uno y el temperamento explosivo y celoso del otro, transformaron en poco tiempo, el paraíso en infierno.
Cuando conversé con Marta, acababa de salir del segundo matrimonio. Pero, lo que la llevó a buscarme no fue esta segunda decepción.
-He perdido 200 mil dólares en una inversión que prometía lucros atrayentes –me dijo angustiada- Era todo el dinero que había logrado juntar en mi vida; inclusive vendí mi auto para invertir. La inversión prometía retorno rápido pero me engañé. ¿Por qué nada me sale bien en la vida?
Tal vez el texto de hoy responda la pregunta de Marta. Israel había llegado a la frontera de la tierra prometida y ahora debería tomar posesión de aquella tierra fructífera. Apoderarse de la tierra, significaba para aquel pueblo, luchar. Nada que vale la pena se conquista sin trabajo. Los hijos de Israel tenían una empresa de dimensiones gigantescas delante de sí. ¿Qué hicieron? Fueron a Dios y le consultaron.
¿Acaso ellos no sabían que Dios los había conducido hasta aquel lugar, en cumplimiento de sus promesas? Sabían, sí. A pesar de eso, consultaron una vez más con Dios. Nadie pierde por consultar a Dios. La orientación divina te da la seguridad que necesitas en los momentos más difíciles.
Si lees el relato completo de las conquistas de Israel, verás solo victorias. No podría haber sido de otro modo, si estaban siguiendo las instrucciones divinas.
¿Qué grande desafío tienes hoy delante de ti? ¿Ya consultaste a Dios y a su Palabra para ver si estás siguiendo el camino correcto? ¿Aprueba Dios lo que vas a hacer o te estás dejando seducir por el brillo de las cosas y la belleza de la apariencia?
No creas todo lo que tu corazón te dice: consulta con Dios, con tus padres o con tus amigos de más experiencia. Siempre hay personas sabias a tu alrededor. Recuerda que Israel fue victorioso porque: “los hijos de Israel consultaron a Jehová diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a pelear contra los cananeos?”
¿Por qué?
No comiences las actividades de este nuevo día sin examinar las motivaciones de tu corazón para seguir a Jesús. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué te conviene? ¿Por qué lo amas? ¿O simplemente porque naciste en la iglesia y siempre dijiste que eras un cristiano?
¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? (Lucas 6:46)
En los tiempos apostólicos, no era fácil llamar a Jesús de Señor. El emperador era el único que podía llevar ese título y no aceptaba que los súbditos de su imperio, llamasen a otra persona de Señor. Por lo tanto, aceptar a Jesús como señor era colocar la cabeza a premio. Un asunto de vida o muerte. Reunirse en un lugar público y cantar loores a Jesús como señor era afrentar al emperador. Mucha gente era encarcelada y moría en los circos, despedazada por los leones, como resultado de su desobediencia a la orden del César. Sin embargo, la historia muestra que había cristianos fieles y valerosos que, a pesar de las amenazas de muerte, continuaron adorando al Señor Jesús.
Hoy, las cosas han cambiado. Hoy, nadie es amenazado por reconocer a Jesús como Señor, pero el diablo usa otra estrategia con la generación de nuestros días. Ha hecho que la profesión de la fe, no pase de un asunto teórico.
Multitudes cantan a Jesús. Miles se reúnen en estadios y auditorios gigantescos levantando las manos al cielo y dando hosannas al nombre de Jesús, pero ¿cuántos están dispuestos a obedecerle?
Aceptar a Jesús como Señor es aceptar su soberanía. Su voluntad expresada en su palabra, está por encima de mis creencias, preferencias, o gustos. Mi humanidad debe caer postrada a pies y en humildad debo aceptar sus enseñanzas. No cuenta lo que yo deseo, o lo que a mí me parece, sino lo que dice la Palabra de Dios. Eso es aceptar su señorío y soberanía.
La pregunta que debo hacerme es ¿Hasta qué punto Jesús es el Señor de mi vida? ¿Hasta qué punto estoy dispuesto a serle fiel?
Hoy, Jesús no me pide que muera por Él. Lo que Jesús desea es que viva por Él, en medio de la cultura moderna, pero sin contagiarme de ella.
No comiences las actividades de este nuevo día sin examinar las motivaciones de tu corazón para seguir a Jesús. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué te conviene? ¿Por qué lo amas? ¿O simplemente porque naciste en la iglesia y siempre dijiste que eras un cristiano?
La única seguridad de andar en los caminos de Dios es conocer su Palabra y obedecer sus enseñanzas. De otro modo, te arriesgas a oír la voz del Maestro diciendo: ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”
La senda de la vida
La razón por la que Jesús se identificó con el camino es que existen muchos caminos mentirosos. Son caminos de muerte. Fascinantes y seductores. Pero caminos de muerte.
Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre. Salmos 16:11
Dora quería ser feliz. Anhelaba desesperadamente ser feliz. Caminó por los caminos engañosos de la ilusión. Voló en las alucinantes alas de la drogadicción. Nadó por las aguas turbulentas de la promiscuidad. Amó, lloró, sufrió y murió consumida por las enfermedades aprovechadoras del sida. Vivió, quiso ser feliz y murió sintiéndose la mujer más infeliz del mundo. ¿Qué le sucedió a esta joven apasionada por la vida?
El texto de hoy trae tres ideas que muestran dónde erró Dora. Los dos primeros pensamientos son la “plenitud de gozo” y las “delicias para siempre”. Gozo y delicia, son sinónimos de felicidad. ¿Quién no desea ser feliz? El ser humano es movido a deseo de felicidad. Todo lo que realiza tiene como objetivo final la “plenitud de gozo” y las “delicias para siempre”. Esto significa prosperidad y realización.
Pero el salmista presenta las condiciones para recibir la “plenitud de gozo” y “las delicias para siempre”. Él dice: “Me mostrarás la senda de la vida”.
El ser humano, en su deseo sincero de ser feliz, escoge sus propios caminos, sigue sus propias ideas y acaba hiriéndose y haciéndose sufrir.
Existe un camino mejor. El salmista le llama a ese camino: “la senda de la vida”. Es triste cuando el ser humano quiere la “plenitud de gozo” y las “delicias para siempre”, pero rechaza la “senda de la vida”.
Desde la óptica divina, estas tres cosas forman parte de un mismo paquete. No pueden separarse.
Hay más. Cuando el autor bíblico menciona las palabras “presencia” y “diestra”, está refiriéndose a una relación de permanencia en la senda. La senda es Jesús. Cuando Él estuvo en esta tierra dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. El Maestro habló de un camino que en verdad, te lleva a la vida.
La razón por la que Jesús se identificó con el camino es que existen muchos caminos mentirosos. Son caminos de muerte. Fascinantes y seductores. Pero caminos de muerte.
¿Deseas ser feliz? Busca a Jesús. No empieces las actividades de hoy sin arrodillarte y decirle: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.”
¡Esfuérzate!
Cuando el esfuerzo es apenas el resultado de la autodisciplina se transforma en frustración. Si es el fruto de la presencia de Dios en la vida, es la llave que abre las puertas de la victoria.
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente, no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dónde quiera que vayas. Josué 1:19
Fabio tiene un examen difícil delante de sí. Hay más de cinco mil postulantes y apenas cincuenta lugares. “Es casi imposible que lo logre –piensa- pero es mejor intentar, que cruzar los brazos”.
El texto de hoy es el mensaje divino para los Fabios, que cada día, enfrentan desafíos. Desde la entrada del pecado, vivir es enfrentar desafíos. En la vida profesional, personal, financiera, en fin. Todos los días los desafíos están delante de ti, como fieras hambrientas dispuestas a devorarte
Las palabras del texto de hoy fueron dichas por Dios a Josué, al verlo temeroso delante de la responsabilidad de conducir a Israel hacia su destino glorioso. El joven discípulo de Moisés se consideraba incapaz de ser igual al maestro.
Este es uno de los errores de la vida. No necesitas ser igual a nadie. Sé tú mismo. Los otros, fueron otros. Por grandes, extraordinarios, carismáticos y capaces, fueron otros. Tú eres tú. Dios te creó diferente. Josué necesitaba entender eso y no temer delante del desafío que se le presentaba.
Lo impresionante del consejo de divino, no es solo “te mando que te esfuerces y seas valiente”. Lo más importante es la razón para que te esfuerces: “porque Jehová tu Dios está contigo”. La victoria no es solo el resultado del esfuerzo. La confianza en Dios, le da sentido al esfuerzo.
Hay millones de personas que se esfuerzan y son valientes, sin embargo lloran sus derrotas y fracasos. El panteón de los derrotados está lleno de gente que murió esforzándose. El simple esfuerzo humano es engañoso y seductor. Frágil como la arena. Inconstante como la nube.
Cuando el esfuerzo es apenas el resultado de la autodisciplina se transforma en frustración. Si es el fruto de la presencia de Dios en la vida, es la llave que abre las puertas de la victoria.
No importa cuántos aspiren el lugar que buscas. Si ellos son más capaces e inteligentes, no es problema. Tú tienes un Dios que no falla. Recuerda el consejo divino: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente, no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en donde quiera que vayas.
El Dios de tus padres
El mensaje de hoy es un llamado a la renovación de los valores espirituales, al compromiso, a una relación viva con el Dios creador del cielo y de la tierra.
¡Jehová Dios de vuestros padres os haga mil veces más de lo que ahora sois, y os bendiga como os ha prometido! Deuteronomio 1:11
La llamaban Canela por el color de su piel morena. Cuando sonreía, aparecían sus dientes como manada de ovejas blancas en orden. Era bella, inteligente y perspicaz. Soñaba ser abogada y no tuvo dificultades para realizar su sueño.
En la universidad conoció a un profesor, dueño de uno de los más grandes bufetes del país. Se casó con él después de la graduación y en pocos años se había transformado en una profesional brillante, reconocida y adinerada.
Al mirar al pasado, recordaba a sus padres, gente simple, llevándola a la iglesia y contándole historias bíblicas a la hora de dormir. Todo eso le parecía tan distante e ingenuo. Consideraba aquellos tiempos, una fase superada de su vida. Su fe había desaparecido junto con las limitaciones de su infancia. No necesitaba a Dios. Al menos, eso creía.
Sus padres fallecieron, tristes, por verla apartada de los caminos de Dios. Ella nuca había querido herirlos, siempre había sido una buena hija, apenas decía no necesitar a Dios.
Los anos transcurrieron y un día, la tragedia tocó su vida. Un accidente de tránsito cegó la vida de su esposo y la dejó condenada a una cama, para el resto de la vida.
Puedes imaginar lo que vino después. Casi sin recursos financieros, sin salud, sin amigos, rodeada de gente que solo se había aprovechado de su dinero, se acordó del Dios de sus padres y clamó a él.
¿Percibiste que mucha gente considera a Dios, un simple detalle, dispensable? El ateísmo negaba la existencia de Dios, pero pasó de moda. Ser moderno hoy, es creer en Dios e inclusive ir a la iglesia. Pero eso, no afecta la vida. Creer en Dios o hacer barra por un equipo de fútbol no tiene mucha diferencia. No influye en las decisiones ni modifica la conducta. Ese Dios, no es “el Dios de nuestros padres”.
El mensaje de hoy es un llamado a la renovación de los valores espirituales, al compromiso, a una relación viva con el Dios creador del cielo y de la tierra.
Deja que ese Dios haga la diferencia en tu vida hoy. Entrégale tu corazón. Comprométete con Él y “que Jehová, el Dios de tus padres te haga mil veces más de lo que ahora eres y te bendiga, como lo ha prometido.”
Interdependencia
Este es un remedio para las personas que creen que no se les presta mucha atención. Una persona que cumple su misión dentro del cuerpo, no tiene tiempo para sentirse abandonada o rechazada. Solo desarrolla su trabajo y no tiene tiempo para lamentaciones.
Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. 1 Corintios 12:21
Dios es un Padre de muchos hijos. Se deleita en relacionarse con ellos y que estos, por su vez, se relacionen entre sí. Es un privilegio pertenecer a la familia de Dios. Ella está simbolizada en la Biblia, por el cuerpo, que no es otra cosa sino el conjunto de órganos o miembros que se relacionan entre sí.
El cuerpo no existiría sin los órganos, pero un órgano solo, no es el cuerpo. Con este simbolismo el Señor Jesucristo destaca la lección de la interdependencia de los cristianos. Todos necesitamos de todos. Los pies, necesitan del corazón, el corazón necesita de la cabeza y la cabeza necesita de los riñones. Nadie es superior a nadie y nadie es mejor que el otro.
El problema es que, a veces, los que más trabajan son los que menos aparecen y los que más aparecen, son los que menos trabajan. Por ejemplo, en las campañas evangelísticas que realizo, hay gente que pasa toda la noche instalando el sistema de sonido, la iluminación; o arreglando la plataforma y las sillas; pero durante el evento, estas personas ni siquiera son mencionadas.
Yo, que no hice nada, estoy en evidencia durante el tiempo que dura la predicación. Aparentemente es una injusticia, pero Pablo dice que el ojo no puede decir: porque no soy oído no soy del cuerpo. El éxito de la comunidad depende de la correcta interrelación e interdependencia de los órganos.
Hay algo más. Somos una iglesia en camino a la perfección, pero todavía no somos perfectos. Por lo tanto no siempre las cosas funcionan como tú quieres. Paro la solución no es omitirse, ni quedarse a un lado criticando al cuerpo.
¿Cuál es tu lugar en el cuerpo de Cristo? Este es importantísimo, porque ningún miembro aislado del cuerpo puede vivir por mucho tiempo. No te preocupes si el lugar que ocupas es pequeño o grande, si es prominente o no. Asegúrate de estar ocupando un lugar en la iglesia de Dios.
Este es un remedio para las personas que creen que no se les presta mucha atención. Una persona que cumple su misión dentro del cuerpo, no tiene tiempo para sentirse abandonada o rechazada. Solo desarrolla su trabajo y no tiene tiempo para lamentaciones.
Revisa hoy la manera como te relacionas con las personas y sé consciente de tu interdependencia. Porque “Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.”
¡Toma tu bandera!
Cada día es día de nuevas oportunidades. Los errores de ayer, ya fueron cometidos. Pero si aceptaste a Jesús como tu salvador, y si se los confesaste, también ya fueron perdonados.
Los hijos de Israel acamparán, cada uno en su campamento, y cada uno junto a su bandera, por sus ejércitos. Números 1:5
Julián tenía enormes tatuajes en el cuerpo. Espaldas, pechos y brazos exhibían dibujos extraños. Su vida pasada había estado relacionada con el mundo del rock y de las drogas. Un día, se dejó encontrar por Jesús y todo cambió. Su desesperado corazón, que en otros tiempos, loco y vacío, buscaba un sentido para la vida, encontró la paz y el descanso que Jesús ofrece.
Un día se acercó de mí avergonzado. Sus ojos brillaban con intensidad. Quería decir algo pero no sabía cómo empezar. En pocos minutos me di cuenta que la causa de su perturbación eran los tatuajes.
-Cada vez que veo estos dibujos horribles me acuerdo de mi pasado. Cómo me gustaría que Dios me diese una piel nueva –se lamentó.
-Olvídate de tu piel –le aconsejé –Dios ya te dio un nuevo corazón. Eso es lo que importa.
Con frecuencia encuentro personas, como Julián, atormentadas por los recuerdos del pasado. En otros tiempos acampaban en el territorio enemigo y portaban la bandera de la destrucción. Nada pueden hacer hoy, para borrar los recuerdos de aquella época triste. Son parte de su historia. Vivir el presente es aprender a convivir con el pasado. La conversión no provoca amnesia. Los recuerdos son las raíces de cada ser humano.
Lo que realmente vale es el presente y el maravilloso futuro que Dios tiene para ti. Haz nacido de nuevo. Tienes nuevos valores, principios y una nueva filosofía de vida. Perteneces al campamento de “Israel”. Entonces, ¡Levanta la bandera de Jesús! ¡Ocupa tu lugar!
Cada día es día de nuevas oportunidades. Los errores de ayer, ya fueron cometidos. Pero si aceptaste a Jesús como tu salvador, y si se los confesaste, también ya fueron perdonados.
¡Vive por Jesús! Hay mucha gente que murió por Cristo. Son los mártires de la historia cristiana. Hoy, Jesús no espera que seas despedazado por los leones en defensa de tu fe. No te pide que seas quemado vivo por tus principios. Lo único que espera es que vivas y revivas los nuevos valores que recibiste de Él, porque “los hijos de Israel acamparán, cada uno en su campamento, y cada uno junto a su bandera, por sus ejércitos.”
Optimismo
Mientras vivas en este mundo, los desafíos y las circunstancias difíciles siempre estarán delante de ti. No existe jornada alfombrada solo de flores. Dios jamás prometió a sus hijos que los libraría de los problemas, lo que les prometió es que en los momentos difíciles, Él estaría con ellos sosteniéndoles frente a los embates de la vida.
Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. Números 13:30
Caleb era optimista. Un santo optimista. Un hombre con una visión de futuro extraordinaria. El optimismo de Caleb se basaba en su confianza en las promesas divinas. El optimismo está relacionado con la responsabilidad que asumes o no, delante de las circunstancias. Es decir, te haces y aceptas ser el responsable de lo que te sucede y entonces te preguntas, qué es lo que puedes hacer con la ayuda de Dios, para mejorar o cambiar la situación presente de las cosas.
Ese era el caso de Caleb. El pueblo estaba dominado por el miedo, el enemigo era poderoso, una comparación del armamento de ambos demostraba que Israel no tenía la mínima condición de enfrentar a los cananeos; pero Caleb veía algo que los otros no veían. Su confianza radicaba en las promesas de un Dios que no conoce derrota.
El Optimista es un hombre lleno de confianza en Dios. Por el contrario, el pesimista se siente impotente frente al mundo, o incluso frente a sí mismo, y espera a que las circunstancias externas cambien, para hacer alguna cosa.
La confianza en Dios llevaba a Caleb a reconocerse como causa cambiante de todo lo que lo rodeaba, mientras que el pueblo, temeroso y pesimista se sentía el resultado de las causas exteriores.
Mientras vivas en este mundo, los desafíos y las circunstancias difíciles siempre estarán delante de ti. No existe jornada alfombrada solo de flores. Dios jamás prometió a sus hijos que los libraría de los problemas, lo que les prometió es que en los momentos difíciles, Él estaría con ellos sosteniéndoles frente a los embates de la vida.
Con estos pensamientos en la mente y en el corazón, empieza este nuevo día. No importa las barreras que encuentres delante de ti. El enemigo puede ser poderoso y armado hasta los dientes. Desde la lógica humana, es posible que tú no tengas la mínima posibilidad de vencer. Pero enfrenta tus desafíos usando la lógica divina. Confía en el Señor, y como Caleb di: “Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.”
¿Quién te hace sufrir?
Si fuese verdad que Dios es el causante del sufrimiento humano, lo que según Novak, llevó a muchas personas en los últimos tiempos a negar la existencia de Dios; entonces, la no existencia divina, significaría la ausencia del dolor. Es un asunto de simple lógica, ¿No lo crees?
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Jeremías 29:11
La mañana en que escribo este mensaje, Michael Novak, autor del libro “Nadie ve a Dios” (No One Sees God), comenta en el periódico USA Today, el hecho de que en los últimos meses, muchos cristianos, dejaron de creer en la existencia de Dios porque no entienden las razones que Él tiene, para provocar tanto sufrimiento.
El ser humano, a lo largo de los tiempos, ha luchado por descifrar el misterio del dolor. ¿De dónde viene el sufrimiento? El otro día conversé con una persona que creía que el dolor era el castigo divino debido a algún acto pecaminoso del ser humano. En las entrelineas, ella creía que Dios es un ser con los ojos abiertos, observando la conducta de los hombres para castigarlo si no se portan bien.
Esta é una idea diabólica. Fue el diablo que se presentó un día delante de Dios y le dijo, con relación a Job: “Quítale todo lo que tiene”. Sin embargo la Biblia afirma categóricamente que Dios no quita nada. Él, jamás envía el dolor. En el texto de hoy, Él afirma que sus pensamientos con relación a los seres humanos son “pensamientos de amor y no de odio, de paz y no de guerra”.
El dolor es fruto del pecado. No necesariamente del tuyo, sino del pecado como rebeldía universal. Nació en el corazón del enemigo de Dios. EL Diablo te hace sufrir y después te lleva a pensar que fue Dios el que te castigó. ¿Para qué? Para que te rebeles contra el creador y trates de vivir la vida solo, siguiendo tus propios instintos y provocándote más dolor.
Si fuese verdad que Dios es el causante del sufrimiento humano, lo que según Novak, llevó a muchas personas en los últimos tiempos a negar la existencia de Dios; entonces, la no existencia divina, significaría la ausencia del dolor. Es un asunto de simple lógica, ¿No lo crees?
Tal vez hoy es uno de esos días terribles en tu vida. Tu corazón está a punto de explosionar. No sabes qué hacer, ni para dónde ir. La vida te dio las espaldas, cometieron una injusticia horrenda contra ti y de repente, te vez tentado a pensar que, de algún modo, Dios tiene algo que ver con la causa de tu dolor. No lo hagas. Para, piensa y medita en los pensamientos que Dios tiene para ti. “Pensamientos de amor y no de odio, de paz y no de guerra.”