DEVOCIONALES

Alejandro Bullon Alejandro Bullon

No me acordaré

El perdón que Jesús ofrece no es simplemente una declaración que nos libera de la culpa sino un sacrificio sustitutivo a través del cual la deuda está completamente paga. Nada se debe a la justicia, La misericordia pagó el precio. Es por eso que en la cruz, la misericordia y la justicia se besaron.

Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Isaías 43:25

Aquella tarde, mientras el sol se ocultaba, se iba también la vida del conde de Polignac. Había traicionado al emperador Napoleón a pesar de los muchos favores que había recibido del temido conquistador. La cabeza del traidor estaba destinada a la horca. La prueba de su traición era una carta en la cual el conde se comprometía en un complot político.

Desesperada y intentando salvar la vida de su esposo, la señora Polignac solicitó  una audiencia con el Emperador. En lágrimas alegó que las acusaciones a su esposo eran falsas.

- ¿Conoce la firma de su marido? – le preguntó el emperador y sacando la carta de su bolsillo la puso ante los ojos da la señora. La mujer empalideció y cayó desmayada.

Al recuperarse la desesperada mujer cayó a los pies del emperador y pidió perdón. La historia narra que Napoleón, compadecido le entregó la carta diciendo:

 - Tómala, es la única evidencia legal que existe contra tu marido. Hay un fuego aquí al lado. Quémala. No habiendo pruebas no habrá culpa.

La señora tomó aquella prueba de culpabilidad y la entregó a las llamas. La vida de Polignac y su honor estaban a salvo, fuera del alcance de la justicia. 

Eso es lo que hizo el Señor con nuestros pecados. Tomó nuestras rebeliones y pagó nuestra deuda. Y afirma que lo hizo por su propio nombre. ¿Por qué? Porque el enemigo lo acusó de ser un Dios abusivo y dictador, incapaz de perdonar. Pero con su muerte en la cruz, Jesús limpió la afrenta a su nombre y mostró delante del universo, que Él podía respetar el principio de su ley quebrada pero al mismo tiempo podía perdonar al pecador.

El perdón que Jesús ofrece no es simplemente una declaración que nos libera de la culpa sino un sacrificio sustitutivo a través del cual la deuda está completamente paga. Nada se debe a la justicia, La misericordia pagó el precio. Es por eso que en la cruz, la misericordia y la justicia se besaron.

Sal hoy, depositando tu confianza en ese amor maravilloso de Jesús y recuerda su promesa: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¿Cómo podría?

José había descubierto el secreto de la vida cristiana. Su vida era una vida de amor y compañerismo con Dios. En el momento de la tentación su preocupación fue, no defraudar la confianza de su Padre amado.

No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal y pecaría contra Dios? Génesis 39:9

Paco miró para un lado y para otro. Quería tener la seguridad de que ningún conocido lo veía. Su corazón daba la impresión de hacer un ruido tan escandaloso que llamaba la atención de los otros. Nunca había hecho nada parecido. Tenía miedo.  ¿Miedo de la disciplina?  ¿O de lo que sus padres pensarían  si descubriesen lo que había hecho?

El texto de hoy presenta la historia de un joven llamado José. En algún momento este muchacho también vivió una experiencia como la de Paco. Pero él supo decidir. La historia de José abarca muchas páginas del libro de Génesis. Sin embargo hoy, vamos a concentrarnos solo en un episodio de su vida. Uno de los relatos más inspiradores de  la Biblia. José había descubierto lo que significa ser cristiano.

La historia bíblica relata que José había hallado gracia a los ojos de Potifar y éste, lo había hecho mayordomo de su casa y le había confiado todo lo que tenía. Pero un día, la esposa de Potifar comenzó a mirarlo con ojos de codicia y se acercó de José tentadoramente. El versículo 7 dice: "Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo. Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mí señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene." 

Date cuenta del respeto que José tenía por el prójimo. Él vivía la regla de oro. “Trata a las personas como quieres que ellas te traten.” Pero la última parte del versículo  de hoy trae una pregunta que este joven extraordinario se hizo a sí mismo delante de la tentación. Este es el centro del mensaje de hoy: “ ¿cómo, pues, haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios?"

En el momento de la tentación, la preocupación de José no fue: ¿Qué dirán mis padres? o ¿Qué pensará Potifar? No pensó en las consecuencias de esta tierra. La pregunta que se hizo  fue: ¿Cómo, pues, haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios? En otras palabras, ¿cómo heriría su corazón?

José había descubierto el  secreto de la vida cristiana. Su vida era una vida de amor y compañerismo con Dios. En el momento de la tentación su preocupación fue, no defraudar la confianza de su Padre amado. 

Sal hoy, tomado de la mano de Jesús  y delante de la tentación pregúntate como José: “¿cómo, pues, haría yo este grande mal y pecaría contra Dios?”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Morir para servir

El Rey de reyes y Señor de los señores, creador del universo y dueño absoluto de cielos y tierra, descendería a los niveles más profundos de la humillación. Sería clavado como un paria, en una cruz reservada para los peores delincuentes. Pagaría así, el precio de la redención humana. Lo pagaría con su sangre. Rescataría al hombre del poder de la muerte.

Porque el hijo del Hombre no vino para ser servido sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. Marcos 10:45

Nació para morir. Vivió a la sombra de la cruz. En todo momento sabía que se dirigía al calvario. Era consciente de su misión. Había venido al mundo para dar su vida en rescate por muchos.

Jamás la mente humana podrá entenderlo. La eternidad no será suficiente para contemplar la dimensión de su amor. El rey del universo, adorado y servido por millones y millones de ángeles, renunció a su trono y vino a este mundo. Nació en un pesebre porque la raza a la cual había venido a servir, siquiera se molestó en darle un rincón cualquiera para nacer.

Desde el inicio de su ministerio, su vida fue de servicio. Curó leprosos cuando nadie se atrevía siquiera a aproximarse de ellos. Encontró ciegos y con el toque maravilloso de sus manos les devolvió la visión. Buscó a los desesperados, rechazados e indignos y les devolvió la dignidad. Jamás se importó si sus enemigos lo acusaban de juntarse con los pecadores. A fin de cuentas, era por ellos que lo había dejado todo allá en el cielo y había venido a esta tierra de humillación y pecado.

Anduvo por las calles polvorientas de Galilea en busca de la oveja perdida. Cuanto más ella corría, tanto más Él la buscaba. En ningún momento tomó el hecho de ser Dios como cosa a la cual aferrarse sino que se despojó de sí mismo y aceptó la muerte de cruz, afirma Pablo.

Finalmente llegó el día para el cual había venido a la tierra. El momento supremo. La hora crucial en que el amor y el dolor se abrazarían. El instante del sacrifico mayor, de la entrega infinita.  El Rey de reyes y Señor de  los señores, creador del universo y dueño absoluto de  cielos y tierra, descendería a los niveles más profundos de la humillación. Sería clavado como  un paria,  en una  cruz reservada para los peores delincuentes. Pagaría así, el precio de la redención humana. Lo pagaría con su sangre. Rescataría al hombre  del poder de la muerte. Lo traería para la dimensión de la vida. 

Qué el sacrificio de Jesús en tu favor, inspire tus acciones hoy. Sirve, entrégate, dónate. Es la única forma de vencer al imperio de la muerte. Porque: “el hijo del Hombre no vino para ser servido sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.”

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La resurrección

Nada hay que Jesús no pueda hacer de nuevo. La muerte puede pensar que venció. Pero ningún sepulcro será capaz de detener el paso de la vida. Las piedras serán removidas, los obstáculos serán desmenuzados. Jesús es rey victorioso y eterno y venció a la propia muerte.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Juan 11:25

Cuando  Moody,  el gran evangelista norteamericano fue invitado en cierta oportunidad a predicar en una ceremonia fúnebre, buscó en los cuatro Evangelios algún sermón fúnebre de Jesús pero no encontró.  Concluyó entonces que Jesús había acabado con todos los entierros a los cuales compareció.  

La muerte huía de su presencia. Por donde el Maestro pasaba, pasaba la vida. En la tumba de lázaro dijo:”Lázaro, ven fuera.” La orden fue específica: “Lázaro, solo tú.” Porque si no lo hiciese así, todos los cadáveres habrían resucitado. Tal era el poder de Jesús delante de la muerte.

El versículo de hoy fue tomado de la ocasión en que Jesús llegó a la casa de María y Marta. Ambas hermanas estaban tristes. El hermano mayor había fallecido hacía ya cuatro días. El relato dice que ya olía mal. Desde el punto de vista humano ya no había más esperanza de resurrección. Hay momentos así todos los días, en las diferentes áreas de la vida. El dolor y la adversidad te golpean de tal manera que pierdes la esperanza, te sientes como una hoja arrancada que el viento arrastra.  Pero el Señor Jesús estaba allá y dijo:”Yo soy la resurrección.”  Sus Palabras significaban que nada está perdido en su prenuncia. La resurrección y la vida no es algo que Jesús ofrece. Él es todo eso.

Por lo tanto, si en este momento estás con los sueños destruidos, tus planes hechos pedazos, tu hogar acabado, tu vida profesional en estado cadavérico, todo lo que necesitas es correr a los brazos de la persona resurrección. En Él todo renace. Renace la esperanza, los sueños y los ideales.

Nada hay que Jesús no pueda hacer de nuevo. La muerte puede pensar que venció. Pero ningún sepulcro será capaz de detener el paso de la vida. Las piedras serán removidas, los obstáculos serán desmenuzados. Jesús es rey victorioso y eterno y venció a la propia muerte.

Parte hoy para enfrentar los desafíos del día con la seguridad de la presencia de Jesús. La propia muerte temblará delante de ti si estás con Jesús. Porque Él dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”

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Tiempo de guardar

Cada día que despunta en el horizonte es la sonrisa de Dios diciéndote: “Hijo, te doy una página en blanco. Escribe hoy una linda historia. Aprovecha las oportunidades. Perdona. No pierdas el tiempo cultivando sentimientos que te envenenan el alma.”

Tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar. Eclesiastés 3:6

La sorpresiva tormenta los obligó a detener el vehículo por unos momentos. Fue lo que pensaron al principio. Esos momentos se transformaron en horas. Dieciocho exactamente. Tiempo suficiente para sentir hambre y sed, cansancio y frio.

No estaban preparados para enfrentar aquel accidente. Nadie se prepara para los accidentes. Uno se prepara para enfrentar los momentos duros cuando los accidentes aparecen. Pero esos muchachos tampoco estaban preparados para eso.

A medida que el tiempo fue avanzando el hambre comenzó a atormentarlos. Buscaron qué comer en sus maletas, pero no hallaron nada. Entonces vino a su memoria las galletas que habían echado a la basura en el último puesto de gasolina. En aquel momento pensaron que no necesitarían de unas simples galletas. Acababan de comer y estaban satisfechos.

Desechar cuando es tiempo de guardar puede ser fatal. Mientras viajaban no era tiempo de desechar. Ellos lo descubrirían dentro de poco y tendrían bastante tiempo para arrepentirse.

El versículo de hoy habla del tiempo. Hay tiempo de guardar. La juventud es tiempo de guardar. Hay un camino muy largo por delante. No es hora de desechar las galletas que pueden faltar mañana.

Frecuentemente encuentro personas que ya entraron en el otoño de la vida. Con tristeza se preguntan: “¿Qué hice con mi juventud?” La desperdiciaron, creyeron que nunca iba a acabar y un día cualquiera despertaron a la realidad. La juventud se había ido, la nieve del invierno bañaba la cabeza y ya era tarde.

Cada día que despunta en el horizonte es la sonrisa de Dios diciéndote: “Hijo, te doy una página en blanco. Escribe hoy una linda historia. Aprovecha las oportunidades. Perdona. No pierdas el tiempo cultivando sentimientos que te envenenan el alma.”

¿Qué tienes para ahorrar hoy? Economiza agua, energía electica, economiza tiempo. Aprovecha tu juventud para guardar el pan que comerás en tu vejez y sal para los desafíos de este día seguro de que estás en los brazos de Jesús. Ah y no olvides que todo tiene su tiempo: “Tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar”.  



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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

A su debido tiempo

Por eso hoy, si por algún motivo encuentras en tu camino alguna razón para sentirte solo y sin valor, piensa en el misterio de la encarnación, levanta la cabeza y sigue enfrente, rumbo al glorioso destino que Dios estableció para ti.

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer… (Gálatas 4: 4, 5).

Hay un aspecto del texto de hoy, que deseo resaltar. El versículo empieza diciendo “Cuando vino el cumplimiento del tiempo.” Ni un minuto después. En el tiempo exacto. Dios es un Dios puntual. El tiempo es un don precioso que Él respeta.

El relato de la creación muestra que Dios organizó su tiempo en días. Para cada día había una tarea. El primer día dijo “sea la luz.” El segundo día creó la expansión y así por delante. Creo que Dios no necesita una agenda escrita pero sin duda tiene todo organizado. Es un Dios de orden.

Eso no significa que estableció un deber más para añadir a la montaña de deberes que muchos cristianos creen que deben cargar. Nada de lo que Dios hace tiene como objetivo hacer de  la vida humana, un fardo. Al contrario, Él sabe que una vida sin una programación establecida es una vida condenada al fracaso. 

Cuando no existe un orden de prioridades las cosas suceden por accidente y por accidente, el éxito solo puede ser fruto de la “suerte.” Hay mucha gente lamentando el hecho de no tener “suerte.” Por tras de esas lamentaciones se esconde la falta de organización y trabajo.

La puntualidad es parte de una vida organizada. Mi padre acostumbraba a decir: “Si alguien marca un compromiso contigo a las dos de la tarde pídele que mejor sea a las tres, pero tú preséntate a la una.” Exageraciones aparte, el consejo de mi padre fue valioso a lo largo de mi vida. La puntualidad no cuesta nada y trae muchos beneficios.

Pero el texto de hoy tiene un segundo pensamiento. Llegado el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su hijo, nacido de mujer. Quiere decir, lo hizo humano, carne. Para siempre. Pablo dice que hoy tenemos en el cielo un intercesor que es Jesucristo hombre. ¡Qué amor inmensurable! La encarnación de Cristo hablará sin palabras, por toda la eternidad, acerca del valor del ser humano. A pesar de su rebeldía, Dios lo buscó. Jesús dejó su trono y vivo a este mundo de sufrimiento y dolor para buscar lo que se había perdido. Y todo eso, a su debido tiempo.

Por eso hoy, si por algún motivo encuentras en tu camino alguna razón para sentirte solo y sin valor, piensa en el misterio de la encarnación, levanta la cabeza y sigue enfrente, rumbo al glorioso destino que Dios estableció para ti.

Y no te olvides: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Reflexiona

Está vida es una lucha permanente entre el bien y el mal. El campo de batalla es el corazón del ser humano. El enemigo hará todo lo que pueda para apoderarse de tu corazón y para eso echará mano del dolor. Le gusta ver sufrir a los hombres. Sabe que cada vez que sufres, él toca el corazón de Dios. Pero el Señor permite que a pesar de eso tú atravieses por el valle del sufrimiento.

En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él. Eclesiastés 7:14

Lo vi sin querer. Sentado en la escalinata de la estación del tren. Alto, cabello castaño hasta los hombros, ojos pardos. Estaba desecho. Jamás podría reconocerlo si él no gritase mi nombre.

Me contó la historia triste de su vida. Había fracasado, en los negocios y en la vida. Dos matrimonios deshechos, tres hijos que se avergonzaban del padre, esclavo del alcohol, en fin. El típico ser humano destruido por las circunstancias.

Todo empezó, me dijo, con la muerte de su hijo en un accidente. “No estaba preparado para el dolor” balbuceo, mientras bajaba la mirada como si el dolor volviese sin querer. 

¿Sabes? Nadie está preparado para la adversidad. Pero el consejo del sabio es “En el día de la adversidad, considera.” Otras versiones dicen, reflexiona. Reflexionar es el acto de parar y pensar. ¿Pensar en qué? Que Dios hizo tanto el bien como la adversidad. ¿Cómo? 

En el texto de hoy, el escritor atribuye a Dios el bien y el mal. Eso es típico de la literatura hebrea. En realidad es típico del ser humano. Finalmente, todo lo que sucede en este mundo se le atribuye a Dios porque al fin de cuentas Él es Dios. Nada sucede debajo del sol sin su consentimiento. Él podría evitar que el dolor tocase la vida de sus hijos pero muchas veces no lo impide porque es la única manera de hacernos crecer.

Recuerdo cuando era joven y me gustaba el deporte. Las horas de entrenamiento eran terribles y dolorosas, pero era la única manera de adquirir fuerza física para el momento del partido.

Está vida es una lucha permanente entre el bien y el mal. El campo de batalla es el corazón del ser humano. El enemigo hará todo lo que pueda para apoderarse de tu corazón y para eso echará mano del dolor. Le gusta ver sufrir a los hombres. Sabe que cada vez que sufres, él toca el corazón de Dios. Pero el Señor permite que a pesar de eso tú atravieses por el valle del sufrimiento.

Del otro lado, saldrás más maduro. Como la piedra bruta que fue lapidada y se transformó en un bello diamante. Por eso hoy, no te desanimes, si hay nubes en tu cielo o si el sol parece que se ha ocultado. Tómate de la mano de Jesús y enfrenta las dificultades. “En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¿Bueno o malo?

Haz de este día, un día de humildad y entrega. Confía tu vida a Dios, sométele tus caminos, déjate llevar de la mano por Él. Y recuerda: “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.”

Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Génesis 3:22

Se va el sol, anaranjado, asfixiado e insistente en el horizonte. Desde el terrazo de mi hotel en Río de Janeiro, veo la “ciudad maravillosa” muriendo a las alegrías del día para renacer a los “encantos” de la noche.

¡Ah Rio de Janeiro! Dios te hizo tierra linda, paisaje encantador donde el mar y la montaña coquetean en un juego de amor imposible, pero los hombres desfiguraron tu corazón, te hicieron violenta y llenaron tus calles nocturnas de pasiones perversas.

¿Qué es pecado? –Pregunta el hombre- “Cada uno sabe lo que es bueno o lo que es malo”-concluye.

¡Mentira! El texto de hoy pone en evidencia la insensatez del hombre. Después del pecado dios dijo que el ser humano debía salir del Edén porque era conocedor del bien y del mal. Ora, no hay nada de errado en saber lo que es bueno o malo. Antes de pecar Adán y Eva ya sabían que obedecer a Dios era bueno y desobedecerle era malo. ¿Qué es lo que quiso entonces decir Dios?

La palabra conocedor, en el versículo de hoy, en el original hebreo es yadá, que entre otras acepciones, significa decidir, determinar, llegar a la conclusión. El motivo porque el Creador dijo que no era bueno que el hombre continuase en el Edén fue que él se había apropiado del derecho de decidir lo que es bueno o lo que es malo.

Ese derecho solo le pertenece a Dios. La criatura puede aceptar o rechazar lo que Dios determina, pero no puede usurpar el lugar de Dios. Y sin embargo el hombre, desde el Edén hasta hoy, se siente en el derecho de decir:”La vida es mía, nadie tiene que decirme lo que debo hacer, yo decido lo que es bueno o malo para mí.”

De todas las actitudes rebeldes, ésta es la más perniciosa, porque expresa el atrevimiento de un corazón que decide ser su propio Dios. En el texto de hoy Dios, afirma refiriéndose al hombre. “Se ha hecho como uno de nosotros.” ¿En qué sentido? En el sentido de decir, “yo no necesito de Dios para decirme lo que tengo que hacer. Yo soy mi propio Dios.”

Haz de este día, un día de humildad y entrega. Confía tu vida a Dios, sométele tus caminos, déjate llevar de la mano por Él. Y recuerda: “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Nueva criatura

El secreto está en no separarte de Jesús, ni un minuto, aprender a relacionar todo lo que haces con Jesús, pensar todo lo que necesitas pensar contándole mentalmente a Jesús. No pares de vivir. Continúa con tus actividades diarias pero ten en cuenta que si eres un cristiano jamás estás solo. Jesús está a tu lado.

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5:17

La promesa de Jesús es que si tú lo aceptas como tu salvador, Él hace de ti una nueva criatura. Esto es diferente de lo que mucha gente piensa. El otro día un joven me contaba las fechorías que había hecho cuando no conocía a Cristo y en un momento de su testimonio, se emocionó y me dijo: “Yo agradezco a Dios porque Él me cambió.” 

Pero la promesa de hoy no es solo que Jesús te cambia, sino que te hace de nuevo. No se puede construir un edificio bueno encima de fundamentos deteriorados. Hay que limpiar todo, hay que echar a un lado lo que no sirve. Y tal vez aquí esté lo más difícil de aceptar por el hombre de nuestro tiempo dominado por el humanismo.

Lo que somos no sirve. En el jardín del Edén, Adán y Eva lo echaron todo a perder. A partir de ese momento todos los seres humanos venimos a este mundo trayendo la naturaleza pecaminosa que nada más es sino la tendencia a hacer el mal.

David dijo un día en desesperación que había sido formado en el vientre de su madre, en pecado. Pablo lloró en otra ocasión, diciendo que con esa naturaleza quería hacer el bien pero no podía. Jeremías enseñó que el corazón humano es desesperadamente malo y corrupto. ¿Cómo se puede construir algo bueno encima de eso?

Pero entonces viene la promesa del Señor: “Te haré de nuevo.” Las cosas viejas pasaron. No existen más.  Esto es maravilloso porque si el pasado no existe, nadie puede condenarte. Por otro lado, lo que te arrastraba hacia el mal ya no existe. En Jesús no existe. Si te separas de Él, vuelves a hojas cero. El secreto está en no separarte de Jesús, ni un minuto, aprender a relacionar todo lo que haces con Jesús, pensar todo lo que necesitas pensar contándole mentalmente a Jesús. No pares de vivir. Continúa con tus actividades diarias pero ten en cuenta que si eres un cristiano jamás estás solo. Jesús está a tu lado. 

Por eso, no te atrevas a salir esta mañana para cumplir tus deberes diarios sin la seguridad de estar en Cristo, porque: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Ángeles

Sal hoy de tu casa en el que te hospedas con la seguridad de que en ningún momento estás solo. Dios tiene un equipo de ángeles enviados a la tierra para trabajar a favor de los que le temen y le buscan de todo corazón.

“¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” Hebreos 1:14

El brillo de esa mirada de ojos azules desapareció en la puerta dibujando  una sonrisa. El joven médico salió del cuarto dejando a la familia sin entender nada. El médico anterior les había dicho que el niño ya estaba con muerte cerebral. Inclusive, les había sugerido que ese era el momento, si deseasen hacer la donación de los órganos. Por eso todos quedaron atónitos con la llegada del otro médico. El joven rubio, de ojos azules y guardapolvo blanco entró sin dar explicaciones, acarició la frente del niño, le tomó el pulso y salió.

Pero el brillo de la mirada de aquel hombre, les trajo alivio en medio al dolor. Nadie dijo nada. Se miraron uno al otro percibiendo inexplicablemente que la esperanza había regresado a sus corazones.

Un minuto después, el niño se quejó. Como un relámpago, todos volvieron los ojos hacia él. Gritos de alegría y emoción invadieron los corredores del hospital. El pequeño paciente continuó quejándose mientras médicos y enfermeras invadieron el cuarto respondiendo a los gritos de la familia. 

Jamás se pudo entender el milagro. Mucho menos la presencia de un médico joven, rubio, de ojos azules, en el cuadro de médicos, de aquel hospital. “Fue un ángel”, afirma la familia. Y el texto de hoy declara que los ángeles existen y son espíritus ministradores a favor de los hijos de Dios en esta tierra.

Muchas veces esos ángeles cobran forma humana para presentarse a los seres humanos. Como en las oportunidades en que los ángeles se presentaron a Abrahán y a otros personajes bíblicos.

El peligro que corremos con relación a los ángeles es el de caer en el misticismo y creer que toda persona buena es un ángel, o en la incredulidad y creer que los ángeles no existen. 

Sal hoy de tu casa o del hotel en el que te hospedas con la seguridad de que en ningún momento estás solo. Dios tiene un equipo de ángeles enviados a la tierra para trabajar a favor de los que le temen y le buscan de todo corazón. No te olvides de la pregunta que el autor de la epístola a los hebreos hace, respecto a esos seres celestiales: “¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Rescatados!

Estábamos vendidos al pecado. Le pertenecíamos al diablo. Nos habíamos entregado a él voluntariamente. Quedaríamos así de por vida, pero apareció la persona maravillosa de Jesús y pagó el precio de nuestro rescate. ¿Cuál es ese precio? La vida. Su vida. Nosotros habíamos pecado y merecíamos morir, pero el señor Jesús murió en nuestro lugar y ahora nosotros estamos salvos.

Y sabiendo que fuisteis rescatados… no con cosas corruptibles… sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. 1 Pedro 1:18,19

Rescate es el precio que se paga para devolverle la libertad a un prisionero. En los tiempos de Pedro había por lo menos seis millones de esclavos en el imperio romano y era fácil entender el concepto de rescate.

Un esclavo le pertenecía al dueño de por vida. El esclavo no tenía derecho de soñar, de anhelar,  ni de hacer planes futuros, no tenía el derecho de ir ni de venir y ni siquiera de amar porque hasta sus hijos le eran arrebatados por el Señor para ser vendidos. El esclavo nacía, vivía y moriría así, a no ser que una persona bondadosa, lo comprase y le devolviese la libertad. Había esa gente buena. Eran pocos pero los había. Y ese acto de comprar a un esclavo para dejarlo en libertad era llamado de rescate o redención. 

La biblia usa la misma palabra para definir lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz. Estábamos vendidos al pecado. Le pertenecíamos al diablo. Nos habíamos entregado a él voluntariamente. Quedaríamos así de por vida, pero apareció la persona maravillosa de Jesús y pagó el precio de nuestro rescate. ¿Cuál  es ese precio? La vida. Su vida. Nosotros habíamos pecado y merecíamos morir, pero el señor Jesús murió en nuestro lugar y ahora nosotros estamos salvos.

Aquella noche en el Getsemaní, el Señor Jesús sudó gotas de sangre por causa del sufrimiento. Jesús no era un loco suicida que quería morir. El era un ser humano como tú y como yo y como todo ser humano tenía el instinto de conservación, no quería morir. Pero su amor por ti fue más grande y aceptó la muerte. Era la única forma de rescatarte. Como un cordero fue llevado al matadero y murió en silencio.

La pena por el pecado ya fue pagada. Ahora solo te resta aceptar el sacrificio de Cristo en tu favor.

¿No te parece que este es motivo para vivir agradecidos a Dios eternamente?

Haz de éste, un día de gratitud, de adoración y de alabanza a Dios por su amor infinito. “sabiendo que fuisteis rescatados… no con cosas corruptibles… sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

El camino

¡Jesús es el camino! ¡Búscalo hoy, en humildad! ¡Sométete a Él! Síguelo por donde quiera que vaya y tu vida cobrará el brillo de las vidas victoriosas. Amanecerá un nuevo día y no tendrás miedo de vivirlo. Marcharás en la fuerza del que te llamó para escribir una página en la historia de los vencedores.

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Juan 14:6

Les acababa de hablar de mansiones celestiales, sin dolor y sin tristeza. Un mundo perfecto de eterna felicidad. Les acababa de decir que Él estaría preparando esas mansiones y que vendría a llevarlos.

 La promesa era demasiado bonita para ser verdad. Especialmente cuando se vive en un mundo dónde todos los días enfrentas las agruras de la vida y de la muerte.

Entonces Tomás, el discípulo al que le gustaba tener pruebas de todo lo que se le decía, preguntó. “Señor, no sabemos cómo llegar allá. Por favor, muéstranos el camino.” Fue en estas circunstancias que el Maestro les respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.”

Es triste querer llegar a algún lugar sin conocer el camino. Pierdes tiempo y esfuerzo. Te frustras, te desengañas y hasta llegas a pensar que te han mentido. Entonces abandonas tus sueños y esperanzas y caes en el terreno del cinismo. El cínico finge que vive y no vive. Hace de cuenta que ama pero odia. Parece que sonríe y sin embargo llora. Y no se incomoda con lo que los otros o él mismo piensen. Pierde la sensibilidad.

-¿Para qué seguir luchando?  -me preguntaba el otro día una persona. -Me he esforzado para ser feliz y nada he logrado. ¿Vale intentar de nuevo en un mundo lleno de injusticias?

¡Vale sí! El secreto es encontrar el camino, en medio de tantos caminos engañadores, seductores y atractivos. Caminos que te prometen luces y fuegos de artificio, fama, poder y placer, pero te llevan al pozo de la angustia, a las cuevas tenebrosas de la culpa y del cinismo.

En medio de todo eso, suena la voz mansa de Jesús diciendo: “Yo soy el camino.” ¿Es este mismo “Yo soy” que se le presentó a Moisés en las arenas del desierto? Sí, es este el mismo Dios eterno que le da sentido a una vida escondida en la montaña de los errores humanos. Es el mismo Dios que saca a Moisés de entre las ovejas y lo lleva a conducir un pueblo rumbo a la tierra de sus sueños.

¡Jesús es el camino! ¡Búscalo hoy, en humildad! ¡Sométete a Él! Síguelo por donde quiera que vaya y tu vida cobrará el brillo de las vidas victoriosas. Amanecerá un nuevo día y no tendrás miedo de vivirlo. Marcharás en la fuerza del que te llamó para escribir una página en la historia de los vencedores. 

Por eso hoy, no te atrevas a enfrentar las luchas que el día te trae sin recordar las palabras de Jesús: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Salvará!

Jesús también desposó a su iglesia después de haberla encontrado abandonada y haberla salvado. Por eso hoy, vale recordar que “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Mateo 1:21

Jacinta no pensó dos veces para aceptar la propuesta de atravesar la frontera y partir en busca del sueño americano. Sabía de los peligros que la aguardaban pero su indómita naturaleza de mujer sufrida le decía que no hay recompensa sin dolor. Y partió.

Fueron días terribles de hambre, sed, cansancio, miedo, terror y abuso. Los primeros días acompañó el ritmo de los hombres, en las largas caminadas nocturnas, a través del desierto. Después fue perdiendo las fuerzas y en una oportunidad quedó retrasada. Un “coyote” aprovechó la oportunidad y abusó de ella.

Con la autoestima por los suelos y la dignidad como papel estrujado, Jacinta llegó a pensar que no había valido la pena aventurarse. Fue violada cuatro veces y después abandonada en el desierto. Los “coyotes” pensaban que la joven no sobreviviría al calor infernal del desierto. Pero se engañaron.

Un día, cuando ella misma pensaba que la muerte se aproximaba inexorable, un extraño la encontró y la salvó. Las autoridades los encontraron y ambos fueron presos y deportados. Aquel hombre que la salvó podía haber seguido su camino solo y habría alcanzado su objetivo, pero decidió ayudar a Jacinta. El precio de su nobleza fue la prisión. Jacinta vivió para contar la historia.

El versículo de hoy afirma que la misión de Jesús era salvar. Nos encontró un día muriendo en el desierto de esta vida, sin ideales y sin sueños. A veces, sin dignidad ni respeto propio. Podría haber seguido su camino de largo, pero paró, lo dejó todo allá en el cielo y aceptó pagar el precio de nuestra redención.

Éramos esclavos. Todos estábamos condenados a morir puesto que la paga del pecado es la muerte, pero el Señor Jesús te amó tanto que acepto morir en tu lugar.  

Jamás podremos entender amor como ese. Que alguien muera por un justo, dice Pablo, es razonable, pero Jesús mostró su amor por nosotros en el hecho de que siendo pecadores él aceptó morir en nuestro lugar.

Jacinta y el desconocido que la salvó, hoy son esposos y tienen tres hijos. Un año después del triste incidente, volvieron juntos a los Estados Unidos y hoy se alegran en la belleza del evangelio.

Jesús también desposó a su iglesia después de haberla encontrado abandonada y haberla salvado. Por eso hoy, vale recordar que “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Todo viene de Él

Por eso, no importa cuál sea la lucha que tú enfrentas, comienza este día seguro de que “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:13

La noche avanza y avanzan también sus pesadillas. Braulio no Duerme. Fantasmas imaginarios invaden su noche solitaria y la transforman en preámbulo de muerte. Siempre es así, desde los quince años, cuando empezó a usar cocaína. Ya pasaron siete largos años. Tiempo de dolor, de promesas no cumplidas, de lágrimas y de abandono.

Braulio sufre más, al ver el sufrimiento de sus padres. Los ama, aunque ellos no lo crean. Daría la vida para verlos felices y orgullosos del hijo primogénito, pero no tiene voluntad. El vicio se ha apoderado completamente de él.

Pero esta noche es diferente. El hombre que habla en la televisión habla de esperanza, de restauración, de una nueva vida. Cuenta historias de vidas destruidas por los vicios y de la manera maravillosa cómo Dios restauró esas vidas. Y Braulio quiere creer y no puede. Ya creyó en tanta cosa y nada dio resultado. Tiene miedo de seguir frustrándose y engañando a sus padres. Por eso decide mudar de canal. Entonces sucede algo imprevisto. Las cámaras cierran en el rostro de la persona que habla en la televisión y sin querer, el joven drogadicto se encuentra cara a cara  conmigo y oye mi voz:

-No eres tú, es Dios el que lo hará. Tus promesas son promesas de arena. Tú no tienes fuerza de voluntad. Lo que estás sintiendo en este momento ya es el trabajo del Espíritu Santo en tu corazón. Deja que Dios termine lo que está comenzando a hacer.

Y Braulio cree. Acepta el milagro divino, y continúa viendo el programa. Cuando termino de hacer el llamado, el muchacho se arrodilla delante de la televisión y llora. “Señor, dice, yo no tengo fuerzas, no soy nadie, no puedo ni quiero. Pero si el querer y el hacer es tuyo, entonces opera el milagro en mi vida y libértame de este vicio.”

Conocí a Braulio años después. Un día, mientras esperaba mi vuelo en el aeropuerto de Dallas, un joven elegante, maletín de ejecutivo en la mano, se aproximó de mí y me preguntó:

-¿Usted es el Pastor Bullón?

Al oír mi respuesta, me abrazó con emoción y me dijo: No sabe cómo le agradezco a Dios porque aquella noche triste, de mi triste vida, Él lo usó a usted como instrumento para traer esperanza a mi corazón.

Por eso, no importa cuál sea la lucha que tú enfrentas, comienza este día seguro de que “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Dios sabe

En vez de rumiar tus tristezas y preocupaciones, sólo, dando lugar a la ansiedad, cuéntale a Jesús, lo que te está perturbando. El versículo de hoy dice “No hagáis como ellos” ¿Quiénes ellos? Los que no conocen a Jesús. Los que tratan de resolver sus problemas solos, creyendo que la fuerza de voluntad o la disciplina mental son suficientes para salir de las dificultades.

No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. Mateo 6:8

Si Deus conoce tus necesidades antes que le pidas cualquier cosa, ¿Por qué necesitas orar? Muchos piensan que la oración tiene como propósito informar a Dios la situación difícil por la que están pasando pero, no es así. El propósito principal de la oración es la comunicación con Dios.

¿Imaginaste como sería la vida si las personas se aproximasen unas de las otras solo para pedirse cosas? Sería una aproximación egoísta y sin significado. Las personas conversan por el simple placer de conversar, para cultivar el compañerismo, la amistad y para conocerse mejor.

La oración nada más es sino conversar con Dios. ¿De qué? De todo. Orar es abrir el corazón a Dios, como a un amigo. ¿De qué conversan los amigos? De todo: Deportes, noviazgo, cocina, trabajo, carro, finanzas y a veces de cosas insignificantes e irrelevantes, solo para pasar tiempo con el amigo.

¿Es Jesús para ti el mejor amigo? Entonces ábrele tu corazón. Pasa tiempo con él a solas. Sepárate de las multitudes y en tu cuarto dile a tu mejor amigo todo lo que estas sintiendo. Tus tristezas, dolores, alegrías, sueños y frustraciones.

Al hacer eso no le estás informando de nada. Jesús ya sabe lo que te está sucediendo, pero cuando tú se lo cuentas algo extraordinario sucede dentro de ti. Al levantarte de tus rodillas, ves las dificultades de una perspectiva diferente. El temor, las dudas y la desconfianza desaparecen y te sientes con valor para enfrentar los embates de la vida.

En vez de rumiar tus tristezas y preocupaciones, sólo, dando lugar a la ansiedad, cuéntale a Jesús, lo que te está perturbando. El versículo de hoy dice “No hagáis como ellos” ¿Quiénes ellos? Los que no conocen a Jesús. Los que tratan de resolver sus problemas solos, creyendo que la fuerza de voluntad o la disciplina mental son suficientes para salir de las dificultades.

Hoy es un nuevo día. Ayer ya se fue. Puede haber sido un ayer lleno de momentos tristes, pero ya es pasado. Abre las ventanas de tu corazón a los nuevos desafíos que la vida te presenta. Nada está perdido cuando estás con Jesús, pero no salgas sin recordar el consejo del maestro: “No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Dios te librará

Pobre no es solo el que no tiene que comer sino también el que tiene demasiado para comer pero que llora el vacío del alma. Lo maravilloso es que Dios se preocupa por ambos. ¡Clama a Él! ¡Suplica su ayuda! El está siempre listo a extender la mano a los que buscan su auxilio. Él conoce tus necesidades mejor que nadie, sabe tus dolores y tristezas, la soledad de tu alma, la angustias de tu corazón.

Porque él librará al menesteroso que clamare, Y al afligido que no tuviere quien le socorra.  Salmos 72:12

Estoy en la esquina de las calles 7 de setiembre y ouvidor, en el centro de Rio de Janeiro. Hay mucha gente. Gente de todos los colores, formas y tamaños. Estudiantes con cuadernos y libros en la mano. Gente apresurada que corre al trabajo, gente que anda, vendedores ambulantes, compradores y personas que simplemente pasean. Unos tristes, otros alegres. Serios, sonrientes, amargados, en fin. Gente de todos los tipos y todas las razas.

En la misma esquina, sentado en el suelo, hay un mendigo que levanta la mano pidiendo auxilio. Nadie lo mira, las personas están demasiado preocupadas con sus propios problemas para darse el trabajo de siquiera mirar a alguien que extiende la mano.

Es la escena de todos los días y todos los lugares. Gente necesitada de un lado. Personas indiferentes, del otro. ¿Qué hacer? “La vida es así” Parecen pensar las personas. “Es el pan cotidiano de los mortales” “Nadie puede hacer nada por nadie”. Y cada uno sigue el ritmo de su vida huyendo de la pobreza, ajeno a la pobreza de los otros.

Hay momentos en la vida en los cuales literalmente no tienes a dónde ir. Necesitas de ayuda, sientes que tu embarcación se está hundiendo. Las tinieblas de la desesperación rodean tu vida y el miedo te paraliza. Menesteroso y afligido, no sabes a quién pedir socorro. 

En el mundo hay personas que no ayudan porque no quieren. Otras no ayudan porque no pueden. Pero el versículo de hoy habla de un Dios que puede y quiere ayudarte. Un Dios que se preocupa por tus necesidades físicas y emocionales. La palabra menesteroso, ebyoun en hebreo, se refiere a alguien que necesita ayuda material, pero la palabra afligido, anyi, está relacionada con las carencias del espíritu y de las emociones.

Pobre no es solo el que no tiene que comer sino también el que tiene demasiado para comer pero que llora el vacío del alma. Lo maravilloso es que Dios se preocupa por ambos. ¡Clama a Él! ¡Suplica su ayuda! El está siempre listo a extender la mano a los que buscan su auxilio. Él conoce tus necesidades mejor que nadie, sabe tus dolores y tristezas, la soledad de tu alma, la angustias de tu corazón.

Ni un gorrión muere, ni un hilo de cabello cae, sin que Dios sepa. ¿Por qué no correría en tu auxilio? Por eso hoy, a pesar de las circunstancias difíciles que puedas enfrentar, recuérdate de la promesa divina: “Porque éllibrará al menesteroso que clamare, Y al afligido que no tuviere quien le socorra.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

El fin del dolor

Llegó la hora de volver a casa. Y ese día está llegando. La concretización final de nuestra esperanza. El sueño, hecho realidad. Hoy aceptamos todo eso por la fe, pero pronto, más pronto de lo que piensas, la trompeta sonará y nadie más te hará llorar, nadie más te hará sentir inferior, no más desempleo, no frustraciones, no más dolor ni lágrimas.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. 1 Corintios 15:54

La esperanza del cristiano no se limita a la resurrección sino que va hacia la eternidad. Una vida eterna sin los problemas de este mundo. San Pablo dice que cuando resucitemos, “esto mortal, será vestido de inmortalidad y esto corruptible, será vestido de incorruptibilidad.” 

¿Sabes lo que eso significa? Resucitaremos con una naturaleza transformada. Las tendencias pecaminosas habrán llegado al fin. No existirá más la lucha interior que te lleva a la desesperación de querer servir a Dios y no poder. Creo que de todas las bendiciones de la vida eterna, esta, es la más significativa. Volveremos a tener la naturaleza de Adán antes de la caída. Nahúm dice que el pecado no se levantará por segunda vez.

Claro que también habrá una transformación física. El cojo saltará, el ciego verá y el mudo hablará. El que murió consumido por el cáncer, resucitará completamente curado y con un cuerpo sin ningún tipo de molestias. Pero para que todo esto sea una realidad, es necesario que Jesús vuelva. Nuestra esperanza está centralizada en Jesús y en su retorno triunfante a este mundo. Ese será el punto final a la historia del pecado. La salvación y todo lo que Jesús hizo en la cruz del calvario, no tendría mucho sentido sin la segunda venida. ¿Cuál sería el mérito de la salvación? ¿Viviríamos salvos, por la eternidad en este mundo de dolor, pecado y muerte? ¿Continuaríamos enterrando a nuestros seres queridos arrancados por la muerte? ¿Continuaría la explotación, miseria y traición del ser humano? ¡No! Jesús viene para decir: ¡Basta! 

Llegó la hora de volver a casa. Y ese día está llegando. La concretización final de nuestra esperanza. El sueño, hecho realidad. Hoy aceptamos todo eso por la fe, pero pronto, más pronto de lo que piensas, la trompeta sonará y nadie más te hará llorar, nadie más te hará sentir inferior, no más desempleo, no frustraciones, no más dolor ni lágrimas.

Yo quiero prepararme para ese día. ¿Lo quieres tú también?

Despierta aun nuevo día pero recuerda que pronto, muy pronto, cuando “esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Dios no falla

Deposita toda tu confianza en Dios. Conócelo. Cree en él. Dios jamás desamparó a los que lo buscan. Y recuerda: “En ti confiarán los que conocentu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscan.”

En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron. Salmos 9:10

La voz de Douglas sonaba a tragedia cuando me llamó. El reloj indicaba exactamente 9:50, hora del este. Para él sin embargo, ya era noche. El fin de los tiempos había llegado. Los ahorros de toda su vida estaban aplicados en la bolsa de valores y de repente todo se desmoronaba delante de sus ojos sin que pudiese hacer nada para salvar su patrimonio.

Por eso me llamó. Se acordó de Dios y quería que yo le ayudase a orar para ver si podía salvar algo, en medio de todo aquel terremoto financiero.

En Nueva York, las bolsas parecían enloquecidas. Como un carro sin dirección, precipicio abajo. En Europa el caos no era menor. Rusia y Brasil tuvieron que cerrar el pregón de la bolsa después de una caída brutal de 15% para ver si los ánimos se calmaban. 

En Portland, donde yo estaba, el tránsito en medio del día sombrío, se me antojaba el desfile fúnebre de muchas carrosas, al ritmo insistente de una llovizna gris e sin vida.

EEUU vive uno de los peores momentos de su historia. Se perdió la confianza en el sistema financiero. El país del sueño americano parece un gigante herido, tambaleante, tratando de descubrir qué es lo que está sucediendo. El fantasma de la recesión avanza implacable. Familias de clase media están devolviendo sus casas porque no tienen condiciones de pagar. Todos, de una forma u otra, se ven amenazados por un futuro sombrío e incierto a corto plazo.

En medio de toda esa turbulencia como es bueno escuchar la voz de Dios diciendo: “En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscan.” 

Confiar en el Señor es el secreto para salir victorioso de todos los embates de la vida. Tal vez el consejo te parezca muy simple. ¿De qué sirve confiar en Dios cuando todos los ahorros de tu vida se están haciendo humo? ¿La caída de la bolsa va a parar solo porque confías en Dios? No. Tal vez no. Seguramente no.

Pero los que confían en el Señor no desesperan, no enloquecen, ni piensan que la única salida es la muerte. Los que conocen a Dios saben que Dios puede levantar a sus hijos de las cenizas, como lo hizo con Job.

Deposita toda tu confianza en Dios. Conócelo. Cree en él. Dios jamás desamparó a los que lo buscan. Y recuerda: “En ti confiarán los que conocentu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscan.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Transformación

Mirar a Jesús no es algo romántico. No necesitas quedarte absorto, contemplando el retrato de Jesús. Mirar a Jesús significa buscarlo todos los días a través del estudio de la Biblia, de la oración y de la meditación. Si haces eso el carácter de Jesucristo irá reproduciéndose lentamente en tu vida y serás cada día más semejante e Él.

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. 2 Corintios 3:18

Mirar a Jesús todos los días, como en un espejo. Ese es el secreto de la transformación. El Apóstol Juan es el mejor ejemplo de esa metamorfosis espiritual. Llegó un día a Jesús, cargando una personalidad deformada por el pecado. El pecado deforma las cosas bellas que Dios creó. Al salir de las manos del creador, Adán y Eva eran semejantes a Dios en su carácter. Pero el pecado deterioró en ellos esa imagen. Así, cuando Juan se aproximó de Jesús traía la deformación del pecado. Un temperamento explosivo, egoísta y orgulloso. Su apodo era “El hijo del trueno”. ¿Te imaginas cómo era el carácter de este hombre para que llevase ese apodo?

Gracias a Dios que, lo que realmente importa en la vida no es lo que eres, sino lo que llegarás a ser transformado por el poder divino. Juan buscó a Jesús de todo corazón. Lo buscó en todos los momentos. Lo observaba, lo contemplaba, lo miraba y lo admiraba. Se quedaba a su lado en los momentos de paz y de conflicto. En las horas buenas y en las horas malas. El resultado es que cuando Juan llegó a ser un anciano y estaba solo en la isla de Patmos, su apodo ya no era más “El hijo del trueno” sino, el discípulo del amor.

¿En qué momento cambió la vida de Juan? Nadie podría decirlo. La transformación que el Espíritu Santo opera en el ser humano, es lenta, progresiva e inadvertida por el propio ser humano. Los otros ven. Los que están a tu vuelta perciben. Tú no. Tú te sientes cada vez más indigno e insuficiente.

Mirar a Jesús no es algo romántico. No necesitas quedarte absorto, contemplando el retrato de Jesús. Mirar a Jesús significa buscarlo todos los días a través del estudio de la Biblia, de la oración y de la meditación. Si haces eso el carácter de Jesucristo irá reproduciéndose lentamente en tu vida y serás cada día más semejante e Él.

Por eso hoy, antes de salir para las luchas de un nuevo día, lleva a Jesús tus cargas. Llévale la montaña de promesas que no cumpliste, tus decisiones de arena, tus determinaciones humanas y dile: “Señor, yo solo no puedo, necesito desesperadamente de ti, ven y habita en mí.” Porque “mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Sufrimientos

El dolor es una realidad del mundo de pecado en el que vivimos. Puede ser grotesco, irracional e injusto, pero es el pan de nuestro día a día. Sufren los justos y también los injustos. La diferencia es que el sufrimiento de los justos es gloria. Te purifica, te burila, te limpia, trabaja el bello diamante que se esconde en ti.

Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas, si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.  1 Pedro 2:20

Aquel día amaneció triste. Más triste que cualquier otro. La neblina densa que envolvía la ciudad parecía el presagio de algo funesto. Por lo menos a Susana, le daba la impresión de que aquel día marcaría su vida para siempre.

El reloj de pared indicaba tres de la tarde en la escuela donde ella trabajaba. Repentinamente se oyó un rumor lejano como el lamento triste de muchas voces. A medida que los segundos transcurrían y las cosas empezaron a ser agitadas Susana percibió que se trataba de un terremoto.

Lo primero que la joven maestra hizo, instintivamente, fue correr en dirección de los niños como la gallina busca a sus polluelos para protegerlos. Fue inútil. Los niños, desesperados no obedecían la voz de la maestra y corrían, como cabritos enloquecidos, de un lado para otro. Los segundos parecían una eternidad y la tierra temblaba como un gigante herido. Cuando el peligro pasó solo restó un coro de gritos de dolor y un escenario fúnebre de sangre, cuerpos heridos, y muerte.

Conocí a Susana años después del terremoto. Todavía cargaba en su inconsciente el peso de la culpa. Como si ella hubiese sido la causante de aquella tragedia.

-Hice todo lo que pude pero no logré protegerlos- me dijo, refiriéndose a los seis niños muertos en aquella ocasión. Y después, con los ojos bien húmedos me preguntó:

-¿Por qué es necesario sufrir en este mundo?

Tal vez el versículo de hoy, sea tu respuesta Susana. El dolor es una realidad del mundo de pecado en el que vivimos. Puede ser grotesco, irracional e injusto, pero es el pan de nuestro día a día. Sufren los justos y también los injustos. La diferencia es que el sufrimiento de los justos es gloria. Te purifica, te burila, te limpia, trabaja el bello diamante que se esconde en ti.

Ya el dolor de los injustos no tiene sentido. Es como la herida purulenta que va destruyendo lenta, imperceptible pero completamente. 

El cristianismo no te protege del dolor. Le da una nueva orientación a tu sufrimiento. Te hace grande, te ennoblece y te prepara para conquistas más grandes. Solo ten la seguridad de que en el momento del dolor estés en los brazos de Jesús. Pues “¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas, si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.”

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