DEVOCIONALES

Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Compasión divina

Me emociono, cada vez que pienso en el amor maravilloso de Jesús por mí. Nada soy, nada merezco y sin embargo, Él es capaz de entender las agruras de mi corazón y de extenderme la mano, cada vez que me siento solo.

Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos. (Mateo 14:14)

¿Alguna vez te has preguntado cómo el Señor Jesús podría entender tu sufrimiento humano, si Él es un ser divino? El texto de hoy habla de la compasión divina. Jesús se compadeció de la multitud aquella mañana en Capernaún, y se compadece también de ti, hoy. Pero esa compasión no es pena. Jesús no siente pena de ti. La “compasión” mencionada aquí, es más bien empatía, capacidad de entender el drama del ser humano. La palabra en el original griego es splagnizomai, que literalmente significa mover el contenido de una olla. O sea, los sentimientos de Jesús fueron movidos como por un remolino, al observar el dolor de los hombres.
Jesús tiene la capacidad de entender tu dolor porque un día se hizo hombre. No se disfrazó de ser humano, se volvió semejante a nosotros, cargó en su cuerpo la naturaleza física deteriorada por cuatro mil años de pecado, sintió dolor, hambre, frío, sed y calor. Fue rechazado, traicionado, despreciado y al fin, muerto injustamente. ¿Por qué no podía entonces, entender el dolor que sientes en este momento porque alguien te traicionó? ¿Por qué piensas se mantendría indiferente al sufrimiento que se apodera de tu corazón, cada vez que te menosprecian?
Me emociono, cada vez que pienso en el amor maravilloso de Jesús por mí. Nada soy, nada merezco y sin embargo, Él es capaz de entender las agruras de mi corazón y de extenderme la mano, cada vez que me siento solo.
El problema es que para estar seguro de su amor, inclusive en las horas de tristeza, necesitas conocerlo. Y no es posible conocer a alguien con quien no convives. ¡Convivir con Jesús! Esa es la clave de una vida feliz, aún en medio de las tormentas.
¿Cómo se convive con Jesús? Separando todos los días tiempo para meditar en su amor, como lo estás haciendo hoy. Ora, lee la Biblia, gasta tiempo meditando en su vida y en su amor, y al terminar esos momento a solas con Jesús, verás que aunque tu cielo parezca oscuro, el Señor colocará en tu corazón una fuerza capaz de andar por encima del mar, o de pisar las espinas que encuentres en tu camino.
Haz de este día, un día de confianza en Jesús. Deposita sobre sus hombros las tristezas de tu corazón, no tus responsabilidades. Después de haberlo hecho, parte para enfrentar los desafíos de un nuevo día recordando que un día “Saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Predestinados

Dios tiene un plano maravilloso, predestinado para tu vida, pero que ese plano solo se cumplirá si tú aceptas la promesa divina y confías en ella.

En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad. (Efesios 1:5)

Mirna se detiene frente a un lugar dónde venden loterías. Observa cómo la gente compra, capta el brillo de expectativa en los ojos de esa gente. Quiere entrar y comprar porque el premio de esa semana es de varios millones. “Ojalá tenga suerte,” piensa, y entra.
Muchas personas, como Mirna, creen que las cosas suceden por suerte. Por ejemplo, una coincidencia que surge en el exacto momento que se la necesita, una persona que se conoce en el momento justo, elementos sueltos que de pronto se organizan para resolver un problema, en fin.
Al fin de cuentas, ¿qué es la suerte? Algunos piensan que los fenómenos de la vida ocurren por azar, o sea que nos puede pasar cualquier cosa sin ningún propósito, un cambio radical en la vida, pero ajeno a nuestra voluntad.
Hay otros que creen que existe un destino predeterminado y que la vida se orienta hacia el cumplimiento de ese destino, sobre el cual no tenemos control.
Bueno, Creer en la suerte o en el destino, hace que las personas se sientan libres de su responsabilidades y culpen a infortunadas circunstancias, o al destino, de las dificultades que aparecen por ahí.
Pero si tú revisas la vida de gente victoriosa vas a notar que aunque muchas de ellas encontraron coincidencias extraordinarias, no alcanzaron el éxito solo por esas coincidencias, sino por el trabajo, el optimismo y la fuerza de voluntad que pusieron en lo que hacían.
Lo que determina la victoria o la derrota, el éxito o el fracaso, no es la suerte ni el destino, sino la confianza en Dios y el trabajo. El versículo de hoy afirma que fuimos predestinados para ser hijos de Dios. Eso no significa que aunque no quieras vas a terminar siéndolo. Existen muchos otros textos que declaran con claridad, que la voluntad humana es soberana. Dios la respeta. Por ejemplo, en Juan 3:16 no se dice que todos tendrán vida eterna, sino solo aquellos que creen.
Sal hoy a cumplir tus deberes, seguro de que Dios tiene un plano maravilloso, predestinado para tu vida, pero que ese plano solo se cumplirá si tú aceptas la promesa divina y confías en ella. “En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.”

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Del corazón de la tierra

¡No temas aunque todo te parezca perdido! No desesperes aunque tus ojos no vean la salida, aunque tu día no tenga sol, ni las aves canten en tu jardín; aunque el corazón te repita una y otra vez que llegaste al fin, no le creas. Dios continúa en el comando de la situación.

Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches. (Mateo 12:40)

¡Por favor, no me digas que estás fracasado, si crees en el Señor Jesucristo! Estás herido talvez, has recibido un golpe tan fuerte que hasta perdiste las ganas de vivir, es posible, pero fracasado nunca.
Este es uno de los mensajes del versículo de hoy. La declaración de Jesús es más que una simple profecía relativa a su propia muerte y resurrección. Es también la promesa profética de que, mientras vivas en este mundo de dolor, el sufrimiento y los ataques del enemigo te pueden alcanzar, pero lo que el enemigo te haga, por más terrible que sea, no es el punto final de la historia.
Jonás descendió a las profundidades más tenebrosas del mar. Quién podría decir que un hombre tragado por un pez gigantesco podría volver a la vida. Era imposible. Jonás estaba acabado. ¿Acabado? Desde el punto de vista humano, tal vez. Jamás desde la perspectiva divina. Después de tres días y tres noches, sucedió lo improbable. El pez lo arrojó vivo en la playa y la misión interrumpida de Jonás fue cumplida.
Con Jesús sucedió lo mismo. Había sido crucificado en la cruz del Calvario y Satanás pensó que había vencido. Jesús estaba muerto. ¿No es la muerte, el fin de todo? Sí, para los seres humanos. Jamás, para Jesús. Pero al tercer día, el cuerpo del Maestro todavía se encontraba en el seno de la tierra y el enemigo continuaba dando carcajadas de victoria en el universo.
Era el primer día de la Semana. Amaneció como cualquier otro día, pero repentinamente, la tumba se abrió, la muerte tuvo que dar lugar a la vida y Jesús resucitó.
¿Sabes lo que Jesús de dice hoy? ¡No temas aunque todo te parezca perdido! No desesperes aunque tus ojos no vean la salida, aunque tu día no tenga sol, ni las aves canten en tu jardín; aunque el corazón te repita una y otra vez que llegaste al fin, no le creas. Dios continúa en el comando de la situación. Dios es vida y mientras te refugies en sus brazos, no hay lugar para la muerte.
¿Te sientes hoy en el fondo del mar o en el corazón de la tierra? Vuelve los ojos a Dios. Reconoce tu insignificancia, pero al mismo tiempo reconoce el poder de Dios y sigue en frente, a pesar de las circunstancias “Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.” ¿Por qué no lo estarías tú también?

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Preparar el camino

Sal hoy para andar por los extraños senderos de esta vida, pero sal a “preparar”; atrévete a servir. Deja que los otros busquen el fulgor de las luces y el calor de las pantallas; tú, simplemente prepara. Pero, prepárate para una sorpresa.

Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. (Mateo 11:10)

El versículo de hoy se refiere a Juan el Bautista. Jesús dijo en cierta ocasión que no se ha levantado en todos los tiempos un profeta más grande que este siervo humilde, morador del desierto. Pero si te pones a investigar la vida de Juan, verás que él nunca predijo ningún acontecimiento extraordinario. Desde el punto de vista humano, no brilló, no desfiló con una corona de oro, ni recibió laureles. Todo lo que hiso, fue preparar el camino para la llegada del mesías.
Un día, lo vio aparecer en una colina y señalándolo, les dijo a sus discípulos: “Eh ahí, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Y después de su bautismo, desapareció, fue hecho preso y en la prisión, dijo del Maestro: “Conviene que el crezca y que yo disminuya.” Finalmente fue decapitado, sin aparente pena ni gloria.
A los ojos del mundo podría ser un fracaso y sin embargo Jesús dijo que fue el más grande. La página gloriosa que escribió fue simplemente preparar. ¡Extraño! Porque al ser humano natural le gusta aparecer, ser la estrella de la fiesta. ¿Preparar? ¡Deja eso para los peones! Las estrellas solo aparecen a la hora del espectáculo.
Pero en el reino de Dios las cosas no son como en el reino de los hombres. El mismo Señor Jesús nos enseñó eso. Su palco fue una cruz, su gloria la humillación, sus aplausos, los gritos ensordecedores de una multitud histérica: ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! ¿Por qué con Juan podría haber sido diferente? ¿Por qué tendría que serlo conmigo o contigo?
Sal hoy para andar por los extraños senderos de esta vida, pero sal a “preparar”; atrévete a servir. Deja que los otros busquen el fulgor de las luces y el calor de las pantallas; tú, simplemente prepara. Pero, prepárate para una sorpresa. Los que buscaron el brillo a cualquier costo, podrán brillar por un instante, pero se apagarán, y el tiempo se encargará de hacerlos desaparecer en el polvo del olvido.
Tú sin embargo, brillarás por toda la eternidad, al lado de Juan y del Señor Jesús. Entonces ¡prepara! Porque: “Éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti.

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Autoridad

Si te sientes esclavizado a algún vicio o hábito destructivo esta aniquilando tu vida confía en lo que dice la Escritura.

Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. (Mateo 10:1)

La joven cayó arrojada por una fuerza descomunal. La audiencia asustada, no sabía si correr, quedarse, llorar, gritar u orar. Una cosa era cierta. Aquella bella joven estaba poseída por el demonio. Y cuando esto sucede el demonio se cree la estrella del espectáculo.
Mientras Jesús peregrinó en este mundo cumpliendo su misión se confrontó muchas veces con casos semejantes, seres humanos que por un motivo u otro habían entregado su voluntad al poder del enemigo. ¿Y qué hiso el Maestro? En su presencia las fuerzas demoniacas temblaban. El mal no podía resistir la presencia del bien, ni las tinieblas lograban soportar el brillo de la luz. ¿Qué podría hacer la muerte delante de la vida? ¿Qué poder maligno sería capaz de oponerse al creador del cielo y de la tierra? La biblia está llena de relatos que muestran el poder libertador de Cristo.
Pero antes de irse, el Maestro reunió a sus discípulos y les dio “autoridad” para expulsar demonios. Este versículo no habla solo de exorcismo. Habla de libertad. El poder libertador de Jesús está disponible hoy para todos los que con sinceridad lo buscan. Aquella noche mientras predicaba y el poder del maligno se manifestó, también se manifestó el poder libertador de Cristo y aquella joven que durante 3 años había sufrido horriblemente, retornó a su casa, feliz y libre en Cristo.

Muchos quedaron impresionados con este incidente y nadie percibió que el milagro más impresionante de aquella noche no fue la liberación de la joven, sino la entrega de uno de los más peligrosos delincuentes de Río de Janeiro. Joven, fornido, lleno de cicatrices en el cuerpo, me buscó al fin de la reunión y me dijo: “Pastor, yo entré peor que esa joven. Es verdad que a mí el demonio no me hecha al suelo ni me martiriza, como lo hacía con ella, pero yo soy un pobre esclavo de las drogas y de la violencia que asola esta ciudad, pero me he entregado a Jesús y siento paz en mi corazón.”
Así son las cosas con Jesús. Por eso, si te sientes esclavizado a algún vicio o hábito destructivo esta aniquilando tu vida confía en lo que dice la Escritura: “Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Sígueme!

Recuerda que Jesús pasa. Y aunque Él te espera, la vida no lo hará, se irá, inexorablemente.

Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. (Mateo 9:9)

La Biblia es un libro que llama. Una permanente invitación. Desde el jardín del edén, cuando Adán y Eva se escondieron del Padre y el Señor llamó: “Adán, ¿dónde estás?” Hasta el último libro de la Biblia que termina diciendo “Y el Espíritu y la esposa dicen ven.”
La Biblia, también presenta la respuesta de las personas a la invitación divina. Muchos aceptaron. Otros rechazaron. Hubo un tercer grupo que postergó la decisión. Ellos, sin querer, pasaron a formar parte del primer grupo. No decidir, es rechazar. El propio Jesús lo dijo: “El que no es conmigo, es contra mí y el que conmigo no recoge, desparrama.”
El versículo de hoy presenta el llamado de Mateo. Este hombre fue uno de los que se levantó y siguió a Jesús, sin vacilar. Aceptar la invitación de Jesús era cambiar completamente el rumbo de su vida. Él tenía una vida cómoda, dinero, empleo y buena posición social. Es verdad que el pueblo lo despreciaba por ser un funcionario público, pero eso no le afectaba mucho. Al fin de cuentas, tenía todo lo que el dinero es capaz de proporcionar. Pero no era feliz. Tener no es ser. Puedes tener abundancia de cosas pero no ser un hombre o una mujer feliz.
Pero Jesús llegó a Mateo y le presentó la invitación: “Sígueme.” Y Mateo no dudó. Se levantó, dejó todo y siguió al maestro. ¿Por qué tanta prisa? Porque Jesús “pasaba” afirma el texto. Jesús siempre pasa. En realidad, todo pasa en la vida y las oportunidades también son pasajeras, se van y raramente vuelven. Bueno Jesús se iba, pasaba; le presentó la invitación, lo llamó, pero se iba, continuaba su camino, y Mateo no lo pensó dos veces. Se levantó y lo siguió.
¿Hace cuanto tiempo Jesús te llama y tú postergas la decisión de seguirlo? ¿Cuántas veces más crees que el Señor te va a esperar? Recuerda que Jesús pasa. Y aunque Él te espera, la vida no lo hará, se irá, inexorablemente.
Acaba la primavera y el otoño llega. Y después el invierno. Solo que tratandose de las estaciones del año, tú sabes que la primavera regresará, pero con el corazón humano no sucede lo mismo. Cuando se endurece, se endurece para siempre.
Por eso, hoy, decide hacer lo que hiso Mateo. Recuerda: “Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.”






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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¿Quién es?

¿Por qué temer? Busca el poder de Dios en oración, conversa con tu Padre y después sal a enfrentar la tempestad y verás como todo se aquieta.

Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? (Mateo 8:27)

La noche estaba oscura. Más oscura que nunca. Y había vientos fuertes, truenos y olas gigantescas. Todos los ingredientes necesarios para causar temor y llevar a la desesperación. Los seres humanos somos así. La naturaleza pecaminosa nos lleva a buscar las tinieblas pero al mismo tiempo las sombras y la oscuridad nos atemorizan. Corremos hacia la tempestad pero nuestro espíritu huye de ella. ¡Incoherencias de la vida! Aquella noche, en el mar de Galilea, los discípulos creyeron que la muerte había llegado. ¡Pobres seres humanos! Jesús, la propia vida, dormía en el barco, pero ellos pensaban que la tempestad traía consigo, a la muerte.
Muerte y vida. Vida o muerte. Son alternativas después que el pecado entró. Los discípulos corrieron en dirección de la vida y le dijeron a Jesús: “Despierta Señor, ¿no ves que perecemos?” Fue entonces que el milagro sucedió. Jesús ordenó que el mar se calmase y la naturaleza obedeció. Los vientos pararon de soplar, el mar se aquietó y el espíritu de los discípulos se inundó de paz. Pero al ver el hecho maravilloso, las personas se preguntaron, ¿Quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen?
¿Quién es este? Era el propio creador de los cielos y de la tierra. ¿Por qué su creación no se sujetaría a Él? Pero lo que me impresiona es que Jesús no realizó este milagro por su poder divino. Él era Dios. Plenamente Dios y plenamente hombre. Pero al venir a la tierra hizo un pacto con su padre. En esta tierra nada haría sin su consentimiento. Por lo tanto, Él no calmó la tempestad usando su divinidad, sino por el poder que recibía del Padre, mediante la comunión y de compañerismo que vivía con Él.
Jesús vino a este mundo, no solo a enseñarnos que es necesario obedecer, sino también a mostrarnos el camino que nos lleva a la obediencia: la sumisión completa a Dios, la entrega de la voluntad a Él, la vida de comunión permanente con la fuente de Poder que es Dios.
Por eso hoy, no te asustes con las tormentas que amenazan tu vida. Tu mar puede estar lleno de oscuridad, vientos fuertes y olas gigantescas. ¿Por qué temer? Busca el poder de Dios en oración, conversa con tu Padre y después sal a enfrentar la tempestad y verás como todo se aquieta. Talvez entonces, los hombres digan también de ti: ¿Quién es este que hasta los vientos y el mar le obedecen? Y tú respondas: Es solo un hijo humilde que busca al Señor todos los días.

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Ámate!

Amate a ti mismo y proyecta en los otros la gratitud que sientes en tu corazón porque Dios te amó primero. No te olvides, ama a tu prójimo, pero como a ti mismo.

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Mateo 22:39)

Esta es una orden divina. Ama a Dios, pero ámate también a ti. Si no te amas tú mismo, no podrás amar a los otros. Pero amarse a sí mismo con equilibrio, resulta difícil después de la entrada del pecado a este mundo. Necesitas sentirte digno de ser feliz y de realizarte como persona. Parece fácil pero no lo es. Implica reconocerte en condiciones de ser querido tal como eres.
El pecado hace dos cosas terribles. O te lleva a creer que eres el centro del universo, o hace que te sientas sin ningún derecho de ser feliz. Existe mucha gente que cuando se mira en un espejo no puede evitar compararse con los demás y cree que no vale nada y no sirve para nada. Eso es lo que aprendió desde niño, con la ayuda de padres exigentes que a veces le enseñaron a compararse con los demás.
Lo triste de todo esto es que el cuerpo expresa constantemente lo poco que te quieres, con malestares, y enfermedades. Los problemas de relación también son una evidencia de falta de autoestima, porque lo que haces contigo mismo, lo haces también con los demás. Gente querida, que vive a tu lado, termina siendo víctima de tu frustración y descontento.
Sí no te amas a ti mismo, ¿Cómo estarás siempre conforme, disfrutando de la vida y valorizando a los demás?
Tu vida se transformará en un calvario de calamidades y en una cadena de desencuentros, errores, fracasos y accidentes, que te harán sentir miserable.
Todo lo que parece estar mal a tu alrededor es resultado de un proceso autodestructivo inconsciente, de una forma de pensar negativa que solo crea problemas.
Pero la buena noticia es que Jesús vino a este mundo, no solo a morir por tus pecados, sino también, a devolverte el equilibrio de tu valor. Ama a Dios con todo tu corazón y el resultado natural de esa entrega será tu propia valorización.
Con este pensamiento en mente, sal para enfrentar las luchas de este nuevo día. Por donde vayas, valoriza a las personas, reconóceles la dignidad, enséñales a crecer. Quiere decir, ámate a ti mismo y proyecta en los otros la gratitud que sientes en tu corazón porque Dios te amó primero. No te olvides, ama a tu prójimo, pero como a ti mismo.

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Cada día

Sal con tu confianza depositada en alguien que jamás sufre derrotas. Pero concentra todas tus fuerzas para solucionar los desafíos de hoy. Deja los de mañana, para mañana.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. (Mateo 6:11)

Hay dos expresiones que están colocadas, no sin motivo en la oración maestra de Jesucristo. Las expresiones son “cada día” y “Hoy”. Tienen que ver con el tiempo. Con vivir el tiempo. Saber vivir el tiempo. Jesús sabía que uno de los males del ser humano a través de todos los tiempos, sería el mal de la ansiedad. La ansiedad es la extraña y obsesiva preocupación por problemas que, en la mayoría de los casos, todavía no existen. Los inventamos, los imaginamos y morimos a los pocos porque no podemos solucionarlos.
En la famosa oración del Padre Nuestro, Jesús nos enseñó a pedir para hoy, el pan de cada día. Deja para mañana el problema de mañana. Basta a cada día su afán. ¿Por qué deberíamos confiar en el pan de hoy? Porque ya es nuestro. “Danos nuestro pan,” dice la oración.
A lo largo de los tiempos esta fue una dura lección de ser aprendida por los hijos de Dios. En el desierto, mientras el pueblo de Dios peregrinaba, tuvo lugar un incidente que muestra la exagerada preocupación del pueblo por los problemas de mañana. Sucedió cuando Dios les envió maná del cielo para alimentarlos. El Señor les había dado la orden de recoger solo para el día. Pero los israelitas quisieron cuidar también del pan del día siguiente y recogieron el doble.
La historia dice que a la mañana siguiente, el maná del día anterior se había malogrado y solo encontraron gusanos. Lección fuerte la de Dios, en aquella ocasión. Pero también lección mal entendida. Porque mucha gente cree que el pueblo simplemente estaba siendo previsor y no desobediente.
¿Cuál es la diferencia entre previsión y ansiedad? Previsión es guardar algo que vas a necesitar mañana. Ansiedad es preocupación por lo que no necesitas todavía. Deja que llegue el momento. Confía en Dios y en sus promesas.
Un nuevo día nace para ti. Como todos los días está lleno de desafíos. No los subestimes, no te escondas de ellos, no huyas de tu responsabilidad. Enfréntalos en el nombre de Jesús, sal con tu confianza depositada en alguien que jamás sufre derrotas. Pero concentra todas tus fuerzas para solucionar los desafíos de hoy. Deja los de mañana, para mañana.
Ah, y ora, diciendo: “El pan de cada día, dánoslo hoy.”

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¿Para qué vives?

¿Cuál es el propósito de tu vida? Jamás lo sabrás si no vas a la Palabra de Dios. Ella es la fuente de sabiduría. La Biblia te muestra de dónde viniste, por qué existes y para dónde vas.

Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. (Mateo 5:15)

Hay dos pensamientos en el versículo de hoy. El primero es que todos venimos a este mundo con un propósito. No “se enciende una luz y se pone debajo de un almud.” La luz existe para alumbrar, no puede permanecer oculta; si por algún motivo pierde su propósito, de manera natural pierde también su razón de existencia.
Si esto es verdad con relación a la luz, mucho más con relación a ti. Tú eres la luz del mundo. Lo dijo el propio Señor Jesús. Por tanto, para que puedas ser feliz y realizado en la vida, necesitas descubrir para qué viniste al mundo. Nadie nace por coincidencia. Si estás vivo, tienes una misión a cumplir.
El segundo pensamiento es que el cumplimiento de tu misión requiere dedicación. No es simplemente porque tu vida tiene un propósito que ese propósito será alcanzado. Hay que colocar la luz “sobre el candelero.”
Un día le preguntaron a Tomás Edison, dónde estaba el secreto de tanta productividad. “Diez por ciento de inspiración y noventa por ciento de transpiración.” Fue la respuesta. Edison, no se conformó con ser luz sino que puso la luz sobre el candelero. El cumplimiento de cualquier propósito requiere esfuerzo. Nada que valga la pena, sucede por acaso. Detrás de cada victoria existen horas de preparación y ejecución.
¿Cuál es el propósito de tu vida? Jamás lo sabrás si no vas a la Palabra de Dios. Ella es la fuente de sabiduría. La Biblia te muestra de dónde viniste, por qué existes y para dónde vas. Ve a ella en busca de inspiración. Dios te infundirá fuerza y valor a través de su lectura. Pero después atrévete a pagar el precio de tus sueños. Coloca el candelero.
¿Y si no hay candelero? Búscalo, invéntalo, fabrícalo. No sé. Lo único que no puedes hacer es quedarte de brazos cruzados esperando que las cosas caigan del cielo.
Con estos pensamientos en el corazón, sal esta mañana a buscar el candelero, seguro de que Jesús está a tu lado, pero recordando el consejo del Maestro: “Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Escrito está

La Palabra de Dios es vida. Te lleva a la vida eterna, te muestra el camino, te alumbra, te enseña. Es el mapa para que no te extravíes en este mundo de dificultades y tristezas.

Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. (Mateo 4:10)

El enemigo de Dios es también tu enemigo. En realidad, tú nada le hiciste. Su odio es gratuito. No puede con Dios y se las agarra contigo porque sabe que tú eres precioso a los ojos divinos y la mejor manera de tocar el corazón de Dios es hacerte sufrir.
Pero en fin, ese no es el problema. El pensamiento del versículo de hoy es que la mejor manera de derrotar al enemigo es la Palabra de Dios. Lo interesante de la historia es que a veces, la mejor arma que el enemigo usa para derrotarte, también es la Palabra de Dios. A Jesucristo, el enemigo se le presentó citando los escritos de los profetas; pero fuera del contexto, arreglados a su manera, haciéndoles decir lo que él deseaba y no lo que el texto decía. Pero Jesús conocía bien el texto y lo confrontó con la verdad.
El tema central de hoy es la adoración. Desde el cielo Lucifer quiso la adoración para sí. Cuando no logra que los seres creados caigan en sus trampas, intenta llevar la adoración humana hacia cualquier cosa, menos a Dios. Adorar cualquier idea, filosofía de vida, u objeto ya es adorarlo a él.
Pero, ¿Por qué esto es tan importante para el diablo? Por la sencilla razón de que si retiras tus ojos, tu atención y tu adoración de Dios, ya perteneces al reino de las tinieblas y consecuentemente al reino de la derrota, de la mentira, de la mediocridad y de la muerte.
Tú única seguridad en esta vida es saber lo que la Escritura dice. No se trata solo de memorizar versículos y repetirlos como si fuesen un amuleto contra el mal. Se trata de encarnar la palabra de Dios en tu experiencia. Hacerla realidad, vivirla en las varias circunstancias del día. La Palabra de Dios es vida. Te lleva a la vida eterna, te muestra el camino, te alumbra, te enseña. Es el mapa para que no te extravíes en este mundo de dificultades y tristezas.
Haz de este día un día de comunión con Jesús. Abre la palabra de Dios, graba sus consejos en tu corazón y cuando tengas que enfrentar al enemigo, que puede presentarse disfrazado de adversidad, o enfermedad, o pruebas, haz como Jesús y dile: “Escrito está.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Arrepentíos!

¡Para de correr! ¡No te escondas en tu moralismo, ni en tus promesas, ni en tu dominio propio! Solo déjate encontrar, porque desde la eternidad Jesús salió a buscarte.

Y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. (Mateo 3:2)

La voz que clamaba en el desierto era la voz de Juan. Su mensaje era directo, claro, sin medias palabras. Él no estaba preocupado en ser políticamente correcto. Tampoco era grosero, al punto de no importarse con el sentimiento de las personas. Era un hombre de Dios y sabía que su misión era preparar el terreno para la llegada de Jesús. Su mensaje era el arrepentimiento. Arrepentirse, en griego metanoeo, significa cambiar de manera de pensar, dar media vuelta, reconocer que la senda que estás siguiendo está equivocada y regresar.
Para los judíos significaba devolverse a Dios. ¿Por qué devolverse? Porque te hiciste tuyo, cuando le perteneces a Dios; te apoderaste de la vida que el Señor sólo te prestó. Dijiste como el hijo pródigo. “Dame la parte de la hacienda que me pertenece,” cuando nada es tuyo.
Pero el pensamiento del texto de hoy, no es apenas un llamado al arrepentimiento, sino que muestra el secreto para el arrepentimiento. Porque el arrepentimiento genuino no es fruto del esfuerzo humano; ningún ser humano es capaz de reconocer que está errado y mucho menos de dar la media vuelta. El ser humano es terco por naturaleza. Y torpe. Porque, aunque sus intenciones sean las mejores, solo corre atrás de lo que le causa dolor.
Juan dice que el arrepentimiento es el resultado del acercamiento del reino de los cielos. Los otros evangelistas, llaman al reino de los cielos, “reino de Dios”. El Bautista se refiere a Jesús. Jesús se acerca y el resultado es el arrepentimiento. La iniciativa es divina. El señor no me deja abandonado a mi triste decisión. Es verdad que yo había escogido el camino del mal, pero Jesús se acerca, el reino de los cielos viene a mí para mostrarme cuán insensato soy y para mostrarme un camino mejor.
No intentes cambiar de vida solo. No lo lograrás. Morirás sangrando en el desierto de tus buenas intenciones. Simplemente deja que el Señor te alcance. ¡Para de correr! ¡No te escondas en tu moralismo, ni en tus promesas, ni en tu dominio propio! Solo déjate encontrar, porque desde la eternidad Jesús salió a buscarte.
Enfrenta este nuevo día confiando en Jesús y no en ti. Deja que el Señor trabaje en ti y por ti. Recuerda el mensaje de Juan: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Vino

Levanta los ojos y mira en el cielo un Dios capaz de mostrarte la solución cuando piensas que todo está perdido.

Y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno. (Mateo 2:23)

¿Quién vino y de dónde? En el contexto del versículo de hoy, Jesús venía de Egipto. Antes de Egipto, venía de Belén. ¿Y antes de Belén? El problema con los seres humanos es que solo vemos las cosas de la carne. Somos incapaces de entender las cosas del Espíritu, a no ser que Dios opere en nosotros, el milagro del nuevo nacimiento.
En cierta ocasión Felipe le habló a un amigo, acerca de Jesús y la pregunta del prejuicioso Natanael fue: ¿Puede venir algo bueno de Nazaret? Todos estaban equivocados. Jesús no venía ni de Egipto, ni de Belén, ni siquiera de Nazaret. Él venía del cielo. Desde la eternidad y por la eternidad había sido uno con su Padre y lo había dejado todo, por amor al ser humano.
Nadie tiene el derecho de verlo como un simple ser humano. Fue el más extraordinario de los hombres, sí. No hubo, ni habrá jamás, maestro como Él. En Él, la historia converge, pero a pesar de todo eso, Jesús no era un simple ser humano. Era Dios hecho hombre.
Jamás podré entender la maravilla de su amor. ¿Cuánto valgo yo, para que Él lo haya dejado todo y haya venido a buscarme? No lo sabré. Ni necesito. Porque lo único que Jesús desea es que yo crea y lo acepte, a pesar de no entenderlo.
El texto de hoy afirma que los profetas habían dicho que Jesús sería llamado Nazareno, por vivir en Nazaret. Es verdad. Pero esto no era un simple asunto de gentilicio. En el fondo era también un asunto de incomprensión. Natanael representaba a la humanidad al preguntar si de Nazaret podía salir algo bueno. ¡Pobre ser humano que solo puede ver las cosas de la tierra! Mientras tus ojos vean apenas el plano horizontal de la vida estarás limitado a la confusión y a la desesperación de este mundo.
El mensaje de hoy es un desafío a ver la vida desde la perspectiva vertical. Levanta los ojos y mira en el cielo un Dios capaz de mostrarte la solución cuando piensas que todo está perdido.
Sal hoy a enfrentar los desafíos, pensando en el sentido espiritual de lo que dice Mateo: “Y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¿No te comprenden?

¡Sigue adelante! No permitas que la incomprensión ajena interrumpa tu comunión con Jesús. Él te oye. Sabe lo que necesitas. Conoce tu dolor. Eso es lo único que importa.

Y Ana le respondió diciendo: no Señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. (1 Samuel 1:15)

El diálogo con su madre la había dejado en pedazos. Ingrid se preguntaba cómo, una mujer tan inteligente y a la que había admirado siempre, se mostraba incapaz de aceptar la decisión de la hija.
-¡Te estás volviendo loca! ¡Te han hecho un lavaje cerebral! –le gritó.
Los ojos de aquella mujer dulce y amorosa destellaban fuego.
El único delito de Ingrid era haber descubierto verdades bíblicas y querer respetarlas. Si al menos, la madre aceptase estudiar la Biblia con ella para ver lo que la Palabra de Dios decía, pero la señora se negaba y simplemente respondía:
-¡Necesitas respetar la tradición de la familia!
¿Hasta qué punto la tradición está correcta? Ingrid se sentía incomprendida. Quería ser una persona mejor y la madre insistía en hacerla sentir peor. 
La joven se encontraba sola. Como una flor del desierto tratando de resistir el vendaval. ¿Alguna vez te sentiste así? Las personas te juzgan sin entender las razones de tu corazón. Te condenan injustamente. Te niegan el derecho de explicar.
El texto de hoy trae la historia de una mujer incomprendida, como Ingrid. Ana había ido al templo a orar, suplicar y clamar. Lo está haciendo en silencio aunque sus labios se movían. El silencio es el templo sagrado del alma, que mucha gente trata de profanar. En el silencio de su corazón, Ana conversaba con Dios.
El sacerdote la vio de lejos y pensó que estaba ebria. La juzgó y la condenó. A pesar de ser un líder religioso, fue incapaz de comprenderla.
Si hasta un ministro de Dios no logró entender el dolor de un corazón angustiado, ¿Qué podrías esperar de otras personas? ¡Sigue adelante! No permitas que la incomprensión ajena interrumpa tu comunión con Jesús. Él te oye. Sabe lo que necesitas. Conoce tu dolor. Eso es lo único que importa. Olvídate de lo que los otros piensan.
En tus horas de tristeza. Cuando sientas el corazón a punto de explotar dentro de ti. Cuando te veas inclinado a retrucar la agresión humana, piensa en la respuesta de Ana: “No señor, yo no he bebido vino ni sidra, sino que soy una mujer atribulada y estoy derramando mi alma delante de Jehová.”

 

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Contigo

Ten la seguridad de que tus decisiones no son solamente tuyas. Pide la aprobación divina y después, parte para las grandes victorias que el Señor tiene preparadas para ti. Porque “Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra.”

Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra. (Josué 6:27)

¿Cómo definir con palabras el dolor de Jaime? ¿Cómo explicar la causa de sus lágrimas? No es fácil. Los sueños son sagrados. Nacen en el alma, se van formando como un niño en el vientre materno. Esperas ansioso el día de verle el rostro, pero ¿Qué sucede si pasa el tiempo y la realidad no aparece? Miras hacia dentro y allí, en lo recóndito de tu ser, solo encuentras restos de algo que se negó a ver la luz. Y te asustas y sientes que tu sueño se transformó en una horrible pesadilla.
Jaime soñaba ser rico y famoso. Pensaba que para eso, el primer paso sería liberarse de los “tabús que el cristianismo le imponía.”
“A final de cuentas –pensaba- vivimos en un mundo donde no hay lugar para los melindres de la consciencia.” Y partió como el águila, rumbo al infinito de sus aspiraciones. Voló, voló y voló en busca del sol. Y de repente sintió las alas chamuscadas en el fuego de la fama, y volvió solo y triste para su realidad de dolor y lágrimas.
Realidad diferente la de Josué. “Su nombre se divulgó por toda la tierra,” afirma el texto. El joven líder de Israel no buscó fama, busco servir y el resultado fue la fama. Diferente de Jaime que buscó la fama y encontró el dolor.
“Estaba pues Jehová con Josué.” Esta frase expresa el secreto de Josué. Dios controlaba su vida y sus decisiones. Él era el principio, el medio y el fin de su experiencia. En el poder de Dios, enfrentó a los ejércitos enemigos de Canaán y los derrotó. Cada victoria alcanzada lo preparaba para la siguiente victoria. Su confianza en Dios aumentaba. Aumentaban también su dependencia e sumisión.
Pero esta sumisión, lejos de convertirlo en un debilucho lleno de “tabús”, lo volvía un guerrero intrépido, capaz de ver la victoria, antes que los enemigos surgiesen. La preocupación que dominaba sus actos no era alcanzar la fama sino servir a Dios y a su pueblo. La fama fue la consecuencia natural de ser guiado por el Señor.
Haz de este día un día de confianza y entrega a Dios. Ten la seguridad de que tus decisiones no son solamente tuyas. Pide la aprobación divina y después, parte para las grandes victorias que el Señor tiene preparadas para ti. Porque “Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

En todo

Verás que vale la pena vivir, aunque el dolor toque la puerta de tu corazón, aunque las dificultades aparezcan como nubes cargadas de lluvia. Aprenderás a sonreír, mientras los otros lloran y a tener esperanza cuando los demás se desesperan.

Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro. (Deuteronomio 4:39)

En las instalaciones internas del ala nacional del Aeropuerto Benito Juárez de México, se encuentra el “Taba bar,” un restaurante, donde las personas comen algo mientras esperan su vuelo.
Faltan dos horas para el mío. Voy a Minatitlán, en el estado de Veracruz. Mientras no llega la hora, abro el computador y escribo este devocional. “Aprende y reflexiona” dice el versículo. El aprendizaje es resultado de la reflexión. No existe aprendizaje sin reflexión, pero vivimos en un mundo apresurado y no hay tiempo para detenerse y pensar por qué las cosas son, como son o, qué lecciones podemos aprender de lo ocurrido.
El consejo de hoy es que debemos reflexionar y aprender que el fundamento de una vida realizada y feliz, es saber “Que Jehová es Dios, arriba en el cielo y abajo en la tierra y no hay otro.” Simple. Y al mismo tiempo complicado. Simple para el alma simple que abre el corazón a Dios. Complicado para la mente extraviada en los recovecos del racionalismo.
Con frecuencia Dios permite que el ser humano siga su propio camino. No discute con él. Lo deja avanzar por los caminos arriesgados que su naturaleza escoge. Quisiera intervenir, detenerlo, decirle: “Hijo, esa trilla te va a llevar a la destrucción.” Pero no puede. Te dio libertad, inclusive para abandonarlo, consciente de la temeraria actitud que escogiste.
Sería tan fácil buscar a Dios y llevar a serio sus enseñanzas, pero el hombre moderno prefiere escoger sus propios dioses. Pequeños, manipulables, dioses de plástico, incapaces de determinar lo que es bueno o malo. Que se limiten a dar el visto bueno al extravío humano.
Reflexiona y aprende, es el consejo de hoy. Para. Deja de correr como si tuvieses miedo de tu propia sombra. Piensa en la manera cómo estás viviendo. Reflexiona. Vuelve a pensar una y otra vez.
Si lo haces, tus noches tendrán el brillo de las estrellas y tus días, el resplandor del sol. Verás que vale la pena vivir, aunque el dolor toque la puerta de tu corazón, aunque las dificultades aparezcan como nubes cargadas de lluvia. Aprenderás a sonreír, mientras los otros lloran y a tener esperanza cuando los demás se desesperan.
Por eso hoy, no empieces el día sin recordar la amonestación divina: “Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

¡Aprende a pedir!

No te atrevas a enfrentar los peligros de la vida sin pedir, buscar y llamar. Jesús está allí, a tu lado, dispuesto a oír tu voz. Quiere hacerte grande, pero necesitas sentirte pequeño. Si te consideras grande, ¿Qué puede Él hacer por ti?

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Mateo 7:7-8)

“No necesito de Dios”, decía Augusto, lleno de orgullo. “Dios es una muleta que los débiles usan para esconder su fragilidad y falta de valor para enfrentar los problemas de la vida”.
Brillante, como pocos. Inteligente, al punto de discutir con los profesores y dejarlos en malos lienzos. Respiraba soberbia. Miraba a los otros como si él estuviese en un pedestal, por encima de los pobres mortales. La vida, sin embargo fue cruel con él. Una noche mientras regresaba de una fiesta, su automóvil salió de la carretera y tuvo un accidente casi fatal. Llevó meses para recuperarse pero jamás volvió a ser lo que era. Quedó condenado a una silla de ruedas para el resto de su vida.
Tres meses después regresó al hospital por causa de otro accidente. La silla de ruedas resbaló por una rampa y cayó de una altura de 3 metros. Los testigos dicen que no aceptó ayuda, no pidió, no buscó, no llamó.
Pedir, buscar y llamar, son tres verbos que expresan dependencia. Tú solo pides cuando necesitas, buscas cuando no tienes y llamas cuando deseas entrar. ¿Sabes lo que Jesús quiere decirte? Qué el primer paso del vencedor es reconocer sus limitaciones. Tú eres dependiente. No solo de Dios sino también de las otras personas.
No eres una isla en este mundo. Nadie lo es. Todos dependemos de todos. Puedes ser bello como un par de ojos azules, pero necesitas de los pies por inferiores o detestables que te parezcan. Jamás subestimes a los otros. No los consideres desnecesarios. Por abundantes que sean tus talentos, por brillante que seas. Eres mucho más productivo, más noble y más grande, cuando aprendes a pedir, a buscar y a llamar.
Pero evidentemente, cuando Jesús pronunció estas palabras estaba hablando de su infinito amor, listo a ser derramado en la vida de los que lo reconocen como Dios.
Por eso hoy, no te atrevas a enfrentar los peligros de la vida sin pedir, buscar y llamar. Jesús está allí, a tu lado, dispuesto a oír tu voz. Quiere hacerte grande, pero necesitas sentirte pequeño. Si te consideras grande, ¿Qué puede Él hacer por ti?

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Haya luz

Hoy puede también ser un nuevo día para ti. Hecha las tinieblas de lado. Sacude el polvo de tus pies. Naciste para brillar.

Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. (Génesis 1:3)

Antonia salió de la casa, respiró hondo y miró al cielo. Le hubiera gustado que fuese una noche limpia como tantas otras a la orilla del mar, pero notó que no había luna, ni estrellas. Tal vez los astros estuviesen allí como siempre, pero ella no los veía. Estaba oscuro. Más oscuro que las oscuras páginas de su historia. Entonces tuvo miedo y entendió que para ver no basta tener ojos; es necesario que haya luz. Poco valen los ojos en la oscuridad.
Su vida, cubierta de sombras desde la adolescencia, carecía de alegría. Si pudiese definir el día en que empezaron sus agruras se remontaría al momento triste en que sus padres le dijeron: “Hijita, el amor entre nosotros acabó pero tú sigues siendo nuestra hija y te vamos a amar siempre.”
Ella sabía que a partir de aquel instante nada sería igual. Y no lo fue. Su vida, que hasta entonces había sido un día de sol esplendoroso, empezó a nublarse. Conoció las sombras, la tristeza, el dolor extraño de sentirse sola y jamás supo decir cómo, sin percibir, se descubrió hundida en la arena movediza de las drogas.
Los errores desfilaron, uno tras otro. Cada vez más trágicos y grotescos. Quedó embarazada, provocó un aborto, vendió su cuerpo para sustentar el vicio. Fue descendiendo como una piedra arrancada de la montaña. Bajando a las profundidades de su autodestrucción. Hasta el día en que sus padres, sin saber más que hacer para ayudarla, se volvieron a Dios, restauraron su matrimonio y decidieron hacer de la recuperación de la hija amada, el objetivo de su vida.
Antonia contemplaba la oscuridad aquella noche, sin ver nada. De repente, el cielo se iluminó con la fugaz luz de un relámpago. Dos segundos, suficientes para observar la belleza de las olas en el mar agitado.
En ese momento el Espíritu iluminó sus pensamientos y clamó a Dios buscando luz. “Señor, dijo en su corazón, mi vida está llena de tinieblas, necesito de tu luz. No quiero seguir viviendo asustada, por favor ilumina mi vida.”
Conocí a Antonia en una reunión donde personas que un día habían sido destruidas por las adversidades de la vida, relataban la manera maravillosa cómo Dios, las rescatara.
Hoy puede también ser un nuevo día para ti. Hecha las tinieblas de lado. Sacude el polvo de tus pies. Naciste para brillar. Tu Dios es el Dios que un día dijo: sea la luz. Y fue la luz.

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Sujeción

Con estos pensamientos en mente enfrenta los desafíos de un nuevo día en el poder y la sabiduría que vienen de Dios. Que tu presencia en la calle, en la escuela, en la familia o en el lugar de trabajo sea una fragancia suave de olor agradable, que las personas sean atraídas a Jesús por el poder de tu vida y no solamente por la fuerza de tus palabras.

Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones. Tito 2:9

Escuche una vez la historia de un hombre que en la empresa donde trabajaba era el primero a llegar y el último a salir. Trabajaba como si la empresa fuese suya. Era, de lejos, el empleado que más producía y que menos reclamaba.

Al llegar el mes de diciembre, el patrón lo llamó a parte y le dijo:

-Estoy muy agradecido por tu trabajo. Cuidas de tus deberes como si la empresa fuese tuya.

-No señor –le respondió el empleado- cuido de todo como si la empresa fuese de Dios.

Evidentemente este hombre había entendido que el cristianismo no se limita a la iglesia. Es bueno cantar, orar y estudiar la biblia. Es maravilloso cuando el pueblo de Dios se reúne para alabar su nombre, pero es un argumento contundente a favor del cristianismo, cuando los cristianos hacen de su lugar de trabajo, un púlpito de donde se predica el evangelio sin palabras, donde la retórica son las acciones y el cumplimiento fiel del deber.

Lo interesante es que la fidelidad a Dios en los mínimos detalles beneficia al propio cristiano. El no busca el beneficio, pero las bendiciones aparecen.

En el caso del hombre de nuestra ilustración el patrón le dio una buena cantidad de dinero extra como gratificación por sus servicios y lo ascendió de puesto dentro de la empresa.

Este día puede ser un día de trabajo diligente, de esmero en la práctica del deber, de iniciativa para ir más allá de lo que el deber impone. La mejor manera de hacer del trabajo una tarea agradable es tornarlo un acto de adoración, cultivar la idea de que no trabajas para seres humanos sino para Dios.

Con estos pensamientos en mente enfrenta los desafíos de un nuevo día en el poder y la sabiduría que vienen de Dios. Que tu presencia en la calle, en la escuela, en la familia o en el lugar de trabajo sea una fragancia suave de olor agradable, que las personas sean atraídas a Jesús por el poder de tu vida y no solamente por la fuerza de tus palabras.

Y recuerda el consejo de Pablo: “Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones.”

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Alejandro Bullon Alejandro Bullon

Intercede

Hoy es un día para aceptar ese sacrificio en tu favor. Dios no fuerza la voluntad humana. Nadie será salvo solo porque Jesús murió. La salvación solo tiene valor para ti, si la aceptas.

El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. Hebreos 1:3

El cielo se viste de gala. Millones y millones de seres angelicales se preparan para dar la bienvenida al héroe que vuelve de la guerra después de haber vencido al maligno y haber rescatado al ser humano. Jesús aparece glorioso con su cuerpo resucitado. Ha vencido a la muerte y al pecado. Se sienta ahora al lado del Padre.

La escena que acabo de describir no es imaginaria. La biblia lo afirma. El texto de hoy lo dice de manera explícita. Muestra que existe relación entre la muerte expiatoria de Jesús en la cruz y su obra mediadora en el cielo, al lado del Padre.  El autor de la epístola a los hebreos dice que después de haber efectuado la purificación de nuestros pecados en la cruz, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. 

Jesús ya murió, subió a los cielos, está a la diestra del padre y desde ahí, añade hebreos 7:25, “Puede salvar a los que por él se allegan a Dios.” ¿Por qué crees que el verbo salvar está en el infinitivo? Si solo bastase su muerte, el verbo estaría en el pasado, diría Salvó y “no puede salvar.” Lo que Pablo quiere decir es que a pesar de que la muerte de Jesús en la cruz, fue completa en lo que se refiere al sacrificio. Esa muerte no le sirve al ser humano, a menos que él vaya a Jesús con fe, reconociendo que pecó y que necesita de salvación. Entonces, Jesús que en la cruz, fue el sacrificio, se transforma ahora en el mediador para interceder delante del Padre a favor del pecador arrepentido.

Solo entonces, lo que Jesús hizo en la cruz del calvario tiene valor para el ser humano. Está salvo, porque creyó en la muerte de Cristo y aceptó su mediación delante del Padre.

Hoy es un día para aceptar ese sacrificio en tu favor. Dios no fuerza la voluntad humana. Nadie será salvo solo porque Jesús murió. La salvación solo tiene valor para ti, si la aceptas.

No te olvides: “El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.”

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